lunes, 30 de marzo de 2026

Si la emoción viene por la ausencia de recursos...

A veces se empeñan en derechazos y naturales, lo cual está muy bien, pero no siempre. Y para dar trallazos, mejor evitárselo.


Segundo domingo de temporada, toros de Dolores Aguirre, pero a veces resulta complicado ponerse a relatar sobre el festejo, cuando en el ruedo se ha rozado la tragedia; entonces los bajonazos, el pico, el escaso trapío, las malas lidias, todo pasa a segundo plano. Y eso ha sucedido cuando en el sexto de la tarde el de Dolores Aguirre ha levantado a Cristian Pérez para darle una tremenda paliza. Le ha zarandeado como si fuera un muñeco, un derrote y cuando parecía que no iba a seguir haciendo por él, ha seguido en unos momentos interminables, la cogida, la caída, otro viaje y... Que en cualquiera de los embates podría haberle causado... yo qué sé, ni pensarlo quiero. Que parece mentira, por no decir que es de locos el que después de los puntazos y destrozos en la pierna del torero, tengamos que sentir alivio, pero... es que ha sido tan fuerte la cogida. Que cuestiones taurinas aparte, que se recupere bien y con prontitud y que podamos volver a juzgar su actuación vestido de luces.

En esta segunda de la temporada los espadas han tenido que enfrentarse a una corrida justa de presentación de Dolores Aguirre y un viento feroz que no se ha presentado, simplemente no ha parado de soplar, levantando telas a capricho, a veces en el peor de los momentos, si es que hay alguno en que el aire venga bien. Ganado con genio, manseando en bastantes momentos, que incluso alguien pudo ver bravura, pero siempre había algo en los toros que desmentía tal apreciación. Buscando la querencia de manso, saliendo huyendo, del peto, no queriendo capotes y sí buscar la salida en terrenos de toriles, pero con genio que había que dominar y que nadie dominó. El primero, una raspa cornalona, ya empezó amenazando por el pitón derecho, cruzándose y dando algún susto. Le pusieron de lejos al caballo, pero él estaba con la puerta de toriles en la cabeza, adónde se marcho sin disimular. Al final el caballo fue al toro y no al revés; eso sí cundo más se crecía en el peto era cuando no notaba el palo. Recibió capotazos y más capotazos, pero parecía que tenía energías para mil más. A pesar del defecto ya señalado, tampoco es que acusara tanto mantazo, aunque sí que tiraba arreones y en cuanto podía, buscaba sus terrenos. Cristian Pérez se limitaba a estar, trapazos eléctricos, venga trallazos, sin mandar jamás en las embestidas y por ese pitón derecho ya señalado, un derrote seco que le levanto del suelo, aunque sin consecuencias. En su segundo, el sexto de la tarde, le costó que tomara el engaño, echando las manos por delante, acudió con prontitud al caballo, para ir una segunda vez ya pensándoselo más, Volvió a la cita con el mismo ímpetu, pero a nada se dio la vuelta y se fue suelto a otras zonas más calmadas. Esperaba con peligro a los banderilleros, notó los palos y ya en el último tercio a Cristian Pérez le di tiempo a poco, un trasteo desordenado por abajo, un par de trallazos por el derecho en el que era evidente que el toro se le comí y al siguiente cite, se le vino encima y ya es sabido el resultado. La única conclusión que se puede sacar es que no se puede venir a Madrid en un “a ver qué pasa”, porque luego puede ser que lo que pase... Se deshizo del toro Antonio Ferrera.

Y Antonio Ferrera, padrino de ceremonia, poco tuvo que ofrecer, quizá en ese sexto toro actuando como director de lidia auxiliando al confirmante. Y aparte de esto, parecía que el extremeño no se había adaptado al cambio de hora, ni al viento, ni al ruedo, ni al frío, ni que si en barrera había uno que le miraba mal, ni a que un señor derramara el gin tonic, ni... a nada. Que sujetó bien a su primero, que en el caballo solo mostraba cierta fijeza cuando le tapaban la salida. La faena de muleta fue un pruebo por aquí y ahora por allí, enganchón, que no lo veo, pues nada, a por la espada. Que si cien veces hubiera entrado a matar, ciento una se habría salido descaradamente de la suerte. En su segundo, el cuarto, uno zancudito, más de lo mismo. El animal se dejó sin más, que si ahora parece que peleo, que me voy al de la puerta, que no me dejan, otro encuentro y si acaso que se dejara; y de nuevo que si con la muleta me lo pienso por aquí, que si le pongo a dar vueltas, cuidado que se me cae, y más trapaceo, para no quererlo ni ver. Nuevo mitin con la espada en la suerte de tú a Cuenca y yo a la Coruña.

Isaac Fonseca, ese torero que de novillero parecía que se iba a comer el mundo, pero que de matador se puso a régimen, ya mostró de salida que la tarde se le podía hacer un poquito larga. Manteo y más manteo para no parar a su primero, que a nada miraba el camino de chiqueros, mucha carrera y que nadie se hacía con al de doña Dolores. Se arrancó el animal con alegría de lejos, para que le picaran trasero, una segunda vara en la que se podría llamar la suerte de la gasolinera, allí lo dejan adónde sea, a su suerte, a ver qué pasa, abandonado. Y el toro que se fue acercando él solito, bien cogido, para que en un segundo saliera como alma que lleva el diablo. Una tercera vara desde lejos, va con alegría, para volver a escapar del envite. Inicio de faena desde los medios, que cualquiera podría decir que se lo iba a pasar por el trasero y quizá alguien se enfadaría porque le habían destripado la sorpresa y es que hay gente pa to. Y a partir del alarde inesperado, que si miro por aquí, por aquí no, mejor por allí, pero no había un aquí ni un allí que le cuadrara, dejando pasar el tiempo y el de Dolores, enterándose de todo. Y fue en el quinto, su segundo, en el que muchos creyeron que la cosa iba a cambiar de signo. Quizá el más toro de los que salieron hasta el momento, que el animal hasta metía la cara y pese a eso, Fonseca se tuvo que girar para perderle terreno hacia los medios. Tres veces fue al caballo y las tres se estampó contra el peto, le tiraba derrotes, para después marcharse suelto, en la tercera vara, a todo correr. Y llegó la hora final, sin desmonterarse, allá fue Fonseca, citando de lejos para recibir al animal con imperiales trallazos que hacían las delicias de algunos. Trapazos sin rematar, sin bajarle la mano, banderazos, pero como citaba dando distancia, parece que se perdona todo, ¿no? Venga enganchones, que quita el trapo de repente y empezaba a verse que el amo del cotarro no iba de luces. Y a cada trapazo, a cada tanda, peor, todo se iba complicando para uno y para el otro... pues todo crecidito. Dando aire, por si no teníamos bastante, telonazos finales y si no llega a ser por la espada, todavía algunos votarían para que le pusieran una placa al torero. Al toro no, que le había dejado con las vergüenzas al aire. Para uno que a poco que se hubiera puesto, le hubiera mandado, porque había que mandar y le hubiera llevado, lo mismo estaríamos en otras cosas. Que esto no puede ir de a ver si no me coge, que esa no es la emoción que se busca en los toros y sí la del torero con cabeza, poderoso, con criterio y que es capaz de hacerse con el toro y conducir los viajes, por mucho genio que tengan, como los de esta tarde de frío y viento. Y repito, que Cristian Pérez se recupere lo más pronto posible, pero Si la emoción viene por la ausencia de recursos...


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lunes, 23 de marzo de 2026

La fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es

 

Se esperaba un encierro de un tipo y salió... solo esperamos que esto siga siendo la excepción

Pues ya empezó la temporada. Anda que no tenía ilusión el personal, empezar el curso encontrándose con el toro, ni más ni menos que con una de Cuadri; pero al acabarse le festejo quizá más de uno aún se preguntaba que dónde estaban los Cuadri, porque lo que habían visto no se parecía en casi nada a lo que ellos tenían en el recuerdo. Que la memoria puede ser frágil y ya llegados a una edad, lo mismo hasta deforma los recuerdos, pero eso le pasa a los mayores, no a los mayores, a los jóvenes, a los de mediana edad, a los jóvenes pero con entradas, ni a los jóvenes con achaques. Y qué cosas, esta y la que vino hace dos años, resulta que si las recordaban con más parecido entre ellas de lo que se esperaba de este hierro. Que no se puede decir que los de luces hayan ayudado para lucir lo que salió por chiqueros, porque no han ayudado. Con esa desconfianza, esa nula lidia, por mucho que por momentos se empeñaran en poner a alguno de lejos al caballo, pero es que la lidia es mucho más, echar los capotes abajo, mandar en las embestidas, enseñarles a embestir, cuidar al toro en el caballo, no para que se les dé un picotacito, sino para medir el castigo, estar atentos para sacarlos del peto y no deambular por allí como Marco buscando a su mamá. Y para acabar, con ese encimismo que ahoga las posibles arrancadas de cualquier toro, ese meterse entre los cuernos como en plaza de carros, ese arrimón para sacar la muleta desde atrás mostrando el pico y echándolo para fuera. Que sí que les han puesto de lejos, pero si un toro tardea más que el chachachá del tren, si va al paso mientras se distrae con el mundo, a excepción del sexto, que sí, que fue, de la misma al más decidido, sin alharacas, para que el señor de aúpa soltara sobre él todas las tensiones de la comida de Navidad con el cuñado y los suegros. Se quedaría a gusto. Pero con todas las pegas que podamos poner a la corrida, lo que es un hecho es que los de luces tampoco han podido con ella.

Pepe Moral ya debió desnortarse al querer ir a portagayola y verse en un brete rodando por la arena. Citando desde fuera con la muleta, estirando el brazo, venga pico y aperreadito, porque no sabía por dónde mandar al toro y menos con ese trapaceo por arriba. Mal con la espada, al menos habrá tenido el detalle de mandar una caja de bombones al usía por no sacarle el blanco una tercera vez; aunque mejor que los bombones, con un reloj bastaría, uno de los chinos mismo, que para contar diez, tres y dos minutos no hay que llamar a los suizos. Su segundo daba la sensación de que tenía unos andares raros. Hasta tres veces fue al caballo, para pelear solo con un pitón y en la tercera vara irse suelto. En el último tercio empezó Pepe Moral a bailar y bailar, cazando trapazos por aquí y por allá, casi perreando detrás del toro, pero sin saber por dónde tirar, para ponerse encimista y vulgar. Que se decía de este torero que era muy irregular, pero ya se puede afirmar sin temor a equivocarse que eso es historia, ahora es tremendamente regular, la regularidad de la nada, al menos cuando aparece por Madrid.

Damián castaño, un torero resultón, con ese bullir que hace parecer que hace, pero... casi mejor que no hiciera tanto, o al menos que aplicara a su quehacer un poquito de sosiego de firmeza de... vamos, que toreara, así de simple. Pero, ¡oiga! Mientras se lo jaleen, él dirá que mí plim. Si hasta le aplaudían el darse la vuelta para perder terreno. El Cuadri solo tiraba derrotes en el peto o peleaba con un solo pitón. Después de tanto mantazo, cómo no iba a echar la cara arriba, a lo que también contribuía ese pasar al toro sin bajarle la mano jamás. Mucha carrera, tanta, que antes de acabar el muletazo, ya estaba moviéndose; alborotado, con el pico, encimista y sin parar quieto un momento, pero quizá los cinco descabellos nos libraron de un medio triunfo de bochorno, porque los había que bieneaban sin pudor. Quizá los amantes de Travolta y el muchacho de rizos de Bony M. Pero salió el quinto y allí los hubo entusiasmados con los lances de capote, quizá por esa gracia al echar el pasito atrás en cada mantazo, que también es de mérito. Puso al toro de lejos, para que el animal fuera andandito, como sin ganas, hasta tres veces. Que lo de poner un toro tres veces y de largo está muy bien, pero muy requetebién, pero al menos con criterio, con un poquito de sentido común, no ponerlo por ponerlo. Acabó con un homenaje al clasicismo, sin desmonterarse con la muleta, pero... lo del encimismo, el respingo, el pico, estirar el brazo y no pararse o salirse de la suerte descaradamente con la espada, clásico, lo que se dice clásico... y de buen gusto ya ni hablamos.

Cerraba la terna Gómez del Pilar, que un día se aprendió una lección y te la suelta allá por dónde va, que le da lo mismo si le preguntan de historia, geografía, matemáticas o el catecismo del padre Astete, él a piñón fijo, venga o no a cuento su tema. Que hasta una voz le soltó que así no se viene a Madrid, pero yo me pregunto, ¿cómo ha venido siempre? Que igual esa voz esperaba otra cosa. Que el confundido no es solo el torero, es quien así, por las buenas, le pide peras al olmo. Que su repertorio dice que hay que poner a los toros de estos hierros de lejos y allí que va y tres veces; que ninguna de las dos cosas es mala, pero estamos en lo de siempre. Con la muleta venga y venga a buscar el sitio y a pensarse por dónde, para acabar encimista, tirando de pico. Cambio de pitón para hogar aún más al de Cuadri, con muchas dudas y venga arrimón, vulgaridad y más vulgaridad, que si el péndulo, para no llegar nada, quizá porque el camino no era ese. Y en el sexto, el castaño, lo de siempre, tres veces al caballo, quizá en este caso porque el presidente consideró que una entrada no debía contarse por haberse roto el palo, aunque el jinete no tuvo miramientos y si hubiera tenido que picar con una escoba, sin dudarlo que tiraba de escoba. El animal escarbaba, olisqueaba, que no estaba para caballos, pero... Y en el último tercio, pues sin saber encontrar ni terrenos, ni distancia, cambiándose la tela de mano, miraba por aquí, ahora por allí y se fue a por la espada, que si encima el personal no iba a saber apreciar su arte, “pa qué más”. Y con un bajonazo culminó esa tarde tan esperada u deseada, que quedó en lo que quedó, en que tres de luces pasaron por allí sin responder a lo que algunos creían que podían responder y un ganado del que unos aún siguen esperando, pero que cada vez parecen estar más lejos de lo que fue, que una mala tarde, dos, hasta tres, las puede tener cualquiera, pero al meno siendo fieles a lo que fueron y que parece que están dejando de serlo. Ni la lámina, ni el comportamiento y aquello de la casta... Que nos llamarán pesimistas o nada positivos, pero la fe no puede ser ciega, porque la realidad no lo es.


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jueves, 19 de marzo de 2026

El negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico

 

Pues si esto está cómo está, quizá mejor sea una ilustración que lo exprese sin palabras


En estos tiempos que se nos avecinan, quizá de crisis, de incertidumbre, de un futuro algo turbio, muchos se preguntarán cómo poder encontrar un lugar seguro, dónde invertir los ahorros. Seguro que encontrarán mil y una opinión, que si en las eléctricas, que si bonos, que si las "matildes" de Telefónica, pero a poquito que veamos el panorama, hay dos territorios inexplorados, el de los girasoles piperos, los gusanos de seda y el de las bañeras de plástico para contener combinados alcohólicos; estos van a crecer como nunca nadie imagino ¿Qué quién me ha dado el chivatazo? Nadie, simple observación. Tómense su tiempo y párense a contemplar el panorama. Y paso a revelarles mi teoría macroeconómica para asegurarse un futuro de solidez y estabilidad económica. Si nos sentamos delante de una televisión y vemos cómo ha empezado la temporada taurina, quizá muestra del presente y el futuro de los toros, muy torpe hay que ser para no darse cuenta del beneficio, del negocio que tenemos ante nuestros ojos, el abastecimiento de esas masas devoradas por el fervor taurómaco triunfalista, que devora pipas, engulle yintonis y agita pañuelos blancos como si de ello dependiera la paz del mundo. Que otro posible filón sería el de las pastillas para aclarar la garganta, porque con esos alaridos aclamando a sus héroes, las cuerdas vocales necesitarán un suplemento para mantenerse en su sitio.

Que el que no quiera, que no lo vea, pero si esto es producto de un genio empresarial como es el de plazas como Valencia, ¿qué no pasará en Madrid durante casi un mes de tardes de locura y embriaguez supina? Con esos animalicos colaboradores como un pinche de cocina que le deja las verduras bien lavaditas y cortadas para que el maestro se exprese. Ese ganado menguado, con cara bonachona, con pitones a los que solo les falta la pegatina de “plátano Canarias” y con la acometividad de un caracol en día soleado. Pero claro, ahora viene lo mejor, los maestros, esos que se atreven a todo, lo mismo a ponerle caras a un presidente, que al osado que no le bata palmas con entusiasmo y arrebato. Esos maestros que con sus eternos trapaceos permiten que mientras ellos se expresan, el personal acabe con un saco de pipas y dos bañeras de alcoholazo, que por supuesto deben haberse consumido para el momento en el que hay sacar los pañuelicos, pura seda, y hacerlos flamear al viento cálido de los vapores etílicos. Que delicia de torería, que una década después de su doctorado aún lucen como principiantes y los que ya pasean las canas en la castañeta, con casi veinte años o más de alternativa, insisten en aburrir como el primer día. Eso sí, ¿cuál es la fórmula mágica contra el aburrimiento? ¡Bingo! Las pipas, la bañera y rematar con el pañuelo, pura seda, flameando al viento. Y por si fuera poco, para animar más a consumir esa fórmula mágica, solo se necesita alguien en el palco que se ponga serio unos días y otro que no se ponga serio ni en un funeral y que anime regalando despojos a diestro y siniestro, lo que provoca que el personal tenga la creencia de que vociferando más y más rato, se puede conseguir el gran objetivo, llegar a los más elevados grados de chabacana y vulgar adefesio. Pero que esto no acaba aquí, ¡no! Que luego nos quedan esos satélites a los que no se les puede poner delante un micrófono delante, porque o se lo comen o empiezan a lanzar exabruptos o muestran con todo lujo de detalles su falta de afición al toro, su afición al parné, su absoluto desprecio por algo que algunos consideran sagrado y y que lo de la dignidad, honestidad con la fiesta y el toro les importa... ¡qué les va a importar! Si ya lo dicen ellos, que venden productos y firman contratos, pero, háganme caso que si quieren invertir su dinerito, los ahorros de toda la vida, háganlo en el negocio son los girasoles, los gusanos de seda y bañeras de plástico.


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