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| A veces se empeñan en derechazos y naturales, lo cual está muy bien, pero no siempre. Y para dar trallazos, mejor evitárselo. |
Segundo domingo de temporada, toros de Dolores Aguirre, pero a veces resulta complicado ponerse a relatar sobre el festejo, cuando en el ruedo se ha rozado la tragedia; entonces los bajonazos, el pico, el escaso trapío, las malas lidias, todo pasa a segundo plano. Y eso ha sucedido cuando en el sexto de la tarde el de Dolores Aguirre ha levantado a Cristian Pérez para darle una tremenda paliza. Le ha zarandeado como si fuera un muñeco, un derrote y cuando parecía que no iba a seguir haciendo por él, ha seguido en unos momentos interminables, la cogida, la caída, otro viaje y... Que en cualquiera de los embates podría haberle causado... yo qué sé, ni pensarlo quiero. Que parece mentira, por no decir que es de locos el que después de los puntazos y destrozos en la pierna del torero, tengamos que sentir alivio, pero... es que ha sido tan fuerte la cogida. Que cuestiones taurinas aparte, que se recupere bien y con prontitud y que podamos volver a juzgar su actuación vestido de luces.
En esta segunda de la temporada los espadas han tenido que enfrentarse a una corrida justa de presentación de Dolores Aguirre y un viento feroz que no se ha presentado, simplemente no ha parado de soplar, levantando telas a capricho, a veces en el peor de los momentos, si es que hay alguno en que el aire venga bien. Ganado con genio, manseando en bastantes momentos, que incluso alguien pudo ver bravura, pero siempre había algo en los toros que desmentía tal apreciación. Buscando la querencia de manso, saliendo huyendo, del peto, no queriendo capotes y sí buscar la salida en terrenos de toriles, pero con genio que había que dominar y que nadie dominó. El primero, una raspa cornalona, ya empezó amenazando por el pitón derecho, cruzándose y dando algún susto. Le pusieron de lejos al caballo, pero él estaba con la puerta de toriles en la cabeza, adónde se marcho sin disimular. Al final el caballo fue al toro y no al revés; eso sí cundo más se crecía en el peto era cuando no notaba el palo. Recibió capotazos y más capotazos, pero parecía que tenía energías para mil más. A pesar del defecto ya señalado, tampoco es que acusara tanto mantazo, aunque sí que tiraba arreones y en cuanto podía, buscaba sus terrenos. Cristian Pérez se limitaba a estar, trapazos eléctricos, venga trallazos, sin mandar jamás en las embestidas y por ese pitón derecho ya señalado, un derrote seco que le levanto del suelo, aunque sin consecuencias. En su segundo, el sexto de la tarde, le costó que tomara el engaño, echando las manos por delante, acudió con prontitud al caballo, para ir una segunda vez ya pensándoselo más, Volvió a la cita con el mismo ímpetu, pero a nada se dio la vuelta y se fue suelto a otras zonas más calmadas. Esperaba con peligro a los banderilleros, notó los palos y ya en el último tercio a Cristian Pérez le di tiempo a poco, un trasteo desordenado por abajo, un par de trallazos por el derecho en el que era evidente que el toro se le comí y al siguiente cite, se le vino encima y ya es sabido el resultado. La única conclusión que se puede sacar es que no se puede venir a Madrid en un “a ver qué pasa”, porque luego puede ser que lo que pase... Se deshizo del toro Antonio Ferrera.
Y Antonio Ferrera, padrino de ceremonia, poco tuvo que ofrecer, quizá en ese sexto toro actuando como director de lidia auxiliando al confirmante. Y aparte de esto, parecía que el extremeño no se había adaptado al cambio de hora, ni al viento, ni al ruedo, ni al frío, ni que si en barrera había uno que le miraba mal, ni a que un señor derramara el gin tonic, ni... a nada. Que sujetó bien a su primero, que en el caballo solo mostraba cierta fijeza cuando le tapaban la salida. La faena de muleta fue un pruebo por aquí y ahora por allí, enganchón, que no lo veo, pues nada, a por la espada. Que si cien veces hubiera entrado a matar, ciento una se habría salido descaradamente de la suerte. En su segundo, el cuarto, uno zancudito, más de lo mismo. El animal se dejó sin más, que si ahora parece que peleo, que me voy al de la puerta, que no me dejan, otro encuentro y si acaso que se dejara; y de nuevo que si con la muleta me lo pienso por aquí, que si le pongo a dar vueltas, cuidado que se me cae, y más trapaceo, para no quererlo ni ver. Nuevo mitin con la espada en la suerte de tú a Cuenca y yo a la Coruña.
Isaac Fonseca, ese torero que de novillero parecía que se iba a comer el mundo, pero que de matador se puso a régimen, ya mostró de salida que la tarde se le podía hacer un poquito larga. Manteo y más manteo para no parar a su primero, que a nada miraba el camino de chiqueros, mucha carrera y que nadie se hacía con al de doña Dolores. Se arrancó el animal con alegría de lejos, para que le picaran trasero, una segunda vara en la que se podría llamar la suerte de la gasolinera, allí lo dejan adónde sea, a su suerte, a ver qué pasa, abandonado. Y el toro que se fue acercando él solito, bien cogido, para que en un segundo saliera como alma que lleva el diablo. Una tercera vara desde lejos, va con alegría, para volver a escapar del envite. Inicio de faena desde los medios, que cualquiera podría decir que se lo iba a pasar por el trasero y quizá alguien se enfadaría porque le habían destripado la sorpresa y es que hay gente pa to. Y a partir del alarde inesperado, que si miro por aquí, por aquí no, mejor por allí, pero no había un aquí ni un allí que le cuadrara, dejando pasar el tiempo y el de Dolores, enterándose de todo. Y fue en el quinto, su segundo, en el que muchos creyeron que la cosa iba a cambiar de signo. Quizá el más toro de los que salieron hasta el momento, que el animal hasta metía la cara y pese a eso, Fonseca se tuvo que girar para perderle terreno hacia los medios. Tres veces fue al caballo y las tres se estampó contra el peto, le tiraba derrotes, para después marcharse suelto, en la tercera vara, a todo correr. Y llegó la hora final, sin desmonterarse, allá fue Fonseca, citando de lejos para recibir al animal con imperiales trallazos que hacían las delicias de algunos. Trapazos sin rematar, sin bajarle la mano, banderazos, pero como citaba dando distancia, parece que se perdona todo, ¿no? Venga enganchones, que quita el trapo de repente y empezaba a verse que el amo del cotarro no iba de luces. Y a cada trapazo, a cada tanda, peor, todo se iba complicando para uno y para el otro... pues todo crecidito. Dando aire, por si no teníamos bastante, telonazos finales y si no llega a ser por la espada, todavía algunos votarían para que le pusieran una placa al torero. Al toro no, que le había dejado con las vergüenzas al aire. Para uno que a poco que se hubiera puesto, le hubiera mandado, porque había que mandar y le hubiera llevado, lo mismo estaríamos en otras cosas. Que esto no puede ir de a ver si no me coge, que esa no es la emoción que se busca en los toros y sí la del torero con cabeza, poderoso, con criterio y que es capaz de hacerse con el toro y conducir los viajes, por mucho genio que tengan, como los de esta tarde de frío y viento. Y repito, que Cristian Pérez se recupere lo más pronto posible, pero Si la emoción viene por la ausencia de recursos...
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html


