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sábado, 17 de junio de 2017

Iván Fandiño, D. E. P.


Iván Fandiño, D. E. P.

Poco sentido tiene ponerse a hablar de corridas de ningún tipo, todo pasa a segundo plano, hoy ha muerto un torero, Iván Fandiño, que descanse en paz. Perdonen que no cumpla con mi compromiso de contar lo que he visto en una calurosa tarde en Madrid. Volvía a casa cruzando mensajes comentando el festejo, charlas telefónicas, cuando de repente se ha colado la fatal noticia. Un tremendo golpe, muy fuerte y que de momento no se puede asumir, aunque la realidad sea la que es. Aparecerán ahora por un lado esos mensajes tan inoportunos, como parece que inevitables; los que también buscarán responsables dónde no los hay. Allá cada uno con la tarea que quiera iniciar, otros simplemente nos quedamos dando vueltas a algo tan tremendo, rumiando la pena y queriendo recordar lo bueno del torero y del hombre. 

Ruego me disculpen, ruego me perdonen, pero no puedo decir más, no encuentro más, ni tampoco tengo fuerzas para buscarlo, simplemente el deseo de que Iván Fandiño, el matador de toros, el hombre, descanse en paz, la paz que los suyos han visto desgajada, ese consuelo que en ningún sitio encontrarán y el sentir que les han abierto en canal para arrancarles el corazón. A ellos todo el cariño del mundo, que desafortunadamente les sabrá a muy poco. Iván Fandiño, D. E. P.

lunes, 30 de marzo de 2015

¡Cataplum¡

Algún toro hubo que esperaba un torero que le dominara y pudiera, pero a esas alturas Fandiño ya había decidido hacer mutis por el foro


Pocas veces se habrá montado un espectáculo taurino con más mimo y cuidando detalles que a muchos pasarían inadvertidos; convertir la expectación en un lleno, primero con la venta masiva de todo el sol y luego la más escalonada de la sombra; dando difusión a los pensamientos del torero ante tal compromiso; la permanente presencia en las redes; hasta se repartían pañuelos blancos antes de entrar a la plaza, no fuera a ser que las orejas no fueran cayendo a pares, simplemente porque el respetable no tuviera tan valiosa arma en su poder. Hasta los toros tuvieron que pasar un concienzudo casting antes de lucir sus carnes en el ruedo de Las Ventas, justo en la primera del año. Pero... Tanto mirar lo accesorio y se nos olvida lo importante, que en esto del toreo, igual tiene que ver con el torear. Torear, que no es pegar pases, sino otra cosa muy distinta y si en este punto el que se calza las medias rosas no llega al aprobado, pues igual debería pensarse otras cosas y no pagarlo con el primero que se le pone delante. Eso es cosa de niños malcriados, soberbios y poco dispuestos a mejorar.

No sé si habrá algún punto de España del que no haya habido una persona que no se haya presentado en la plaza de Madrid o que no se hayan quedado con las ganas de ver la corrida en directo. Ha sido algo admirable, los aficionados llegando empujados por una ilusión infinita, pero que han dejado algunas cosas claras. Han dejado en evidencia a una famélica afición de Madrid, que se bastaba ella solita para poner el “no hay billetes”. Habrá que agradecérselo a esos taurinos que desde hace tiempo vienen pegando sablazos al abonado capitalino. Pero al tiempo, los señores de Taurodelta habrán podido comprobar que si hay carteles, la gente va a los toros. Si hasta los antitaurinos han sacado unos tendidos bajos de sombra, sería que no se lo querían perder, pero se lo perdieron; ¿a quién se le ocurre? No se había roto plaza, cuando ya estaban en la calle en compañía de las Fuerzas del Orden.

Salió Iván Fandiño liado en el capote de paseo y la ovación fue de órdago a grande; la plaza estaba con él, no había dudas. Podía parecer todo un poco festivalero, pero también hay que entenderlo, la ilusión y ganas de toros y de corrida grande, eran muchas. Así es el aficionado a los toros, le apalean tarde tras tarde, pero vuelve y vuelve las veces que sean necesarias y tres más. Ovacionaron de salida al gordinflón del Partido de Resina, al que no se le pudo ni picar. No se aguantaba en pie el animalito que se dolió de los palos y que acudía a la muleta arrastrándose. Cara arriba, acusando la notable flojedad, con el agravante de la falta de temple de Fandiño con la muleta. Posturas muy gallardas, pero algo a destiempo con el moribundo cárdeno.

El de Adolfo Martín tenía la apariencia de una raspa cornalona; salió apretando para los adentros, empezando a dejar entrever flojedad. En el caballo otro simulacro de suerte de varas, con el toro recostado en el peto y pegando empellones por el pitón izquierdo. Fue a su segundo encuentro andando, sin ninguna codicia, para llegar al segundo tercio sin tan siquiera poder arrancarse a los banderilleros. Fandiño inició el trasteo citando de lejos, atravesando la muleta, sin templar, algo ya casi marca de la casa, con demasiadas carreritas para recolocarse y un desarme que el cariñoso público no dudó en aplaudir. Se le quedaba en todos los muletazos, lo que no desanimó al diestro para alargar la faena innecesariamente, hasta llegar a aburrir. Y eso que íbamos por el segundo. Mal con la espada y el verduguillo, lo que se convirtió en la tónica de todo el festejo.

Paso al Cebada Gago, un cruce entre vaca gallega y charolesa, chico, pero cebadito. Le ofrecían capotes y él buscaba los toriles, ¡vaya! Muy suelto, y sin que nadie pusiera remedio a tal condición, se fue al picador que hacía la puerta; se dejó sin más mientras se le tapaba la salida. En la segunda vara, al pasito, recibió cierto castigo, mientras solo planteaba pelea por lado derecho. Se dolió de los palos y ofrecía la dificultad de vencerse por el pitón derecho. Algo pegajosito, impedía estar cómodo y poderse colocar a gusto a Fandiño, que por otra parte no mandó nunca en la embestida del coloradito. Mucha carrerita para poder recolocarse a cada pase, para acabar queriendo ahogar las escasas embestidas del animalito.

Había que levantar la tarde, esto no podía seguir así. En estas que salió el que mandaba don José Escolar. Hasta remató en un burladero. Mantazos de bienvenida, más para quitarse aquello de encima, que con la intención de enseñarle a tomar los engaños convenientemente. Le costaba al matador quitárselo de encima a la hora de ponerlo al caballo; al segundo intento le quiso poner de lejos, aunque sin cuidar la colocación del animal. Buscó el peto al paso, para empujar primero con fijeza y acabar pegando cabezazos en el momento en el que se le tapaba la salida. Para el segundo puyazo le llevó más lejos, pero de nuevo sin cuidar la colocación, pues no es aconsejable dejar a un toro con la querencia de las tablas próxima. Ya desde los medios se arrancó al caballo pensándoselo mucho, con demasiadas precauciones. Más allá de la raya del tercio dio comienzo a la faena de muleta entre enganchones, falta de mando y no correr la mano. El de Escolar era un toro de triunfo rotundo, pero que nadie interprete que estoy hablando de un toro bravo, con clase y docilidad, ¡qué va! Tenía mucho que torear, pero se le podía torear, eso sí, sin la más mínima concesión, porque ese podría ser el inicio del calvario. Trapazos, dudas, poca decisión y el toro enterándose de lo que allí había. Más carreritas, más mantazos y el toro haciéndose el amo. La lid empezaba a caer del lado del Escolar, sin que Fandiño pudiera oponer más que vulgaridad y desgana. Cuando el toro dobló, la sensación de muchos era la del que piensa que las cosas podrían haber discurrido de otra manera, si se le hubiera cuidado la lidia y no se le hubiera permitido tanto. Los hubo que ovacionaron el arrastre del toro y puede que en ese preciso momento se le atravesara del todo la tarde al de Orduña.

Al de Victorino Martín le recibió con mantazos acortándole el viaje y teniendo que darse media vuelta para ir cediendo terreno hasta los medios, lo que siempre hacían los buenos peones, mientras que ahora se entretienen en juguetear con el toro desde el burladero entre el 6 y el 7, haciendo a veces que derrote inútilmente contra las tablas. La cosa se animaba, el toro empujó bien en la primera vara, llegando casi a derribar, mientras Fandiño andaba por allá lejos, dejando hacer a la cuadrilla, ya ven, se intercambiaban los papeles. Lástima que el toro se dañara una pata y que el presidente optara por mandarlo a los corrales. En su lugar apareció otro de Adolfo Martín, una cabra, pero que se comía a su matador. Otra vez a darse la vuelta en dirección a los medios. Fue alegre al caballo, poco castigo y carioca, en la segunda vara desde más lejos, pero mal colocado, se arrancó primero andando para después avanzar con más codicia. Marronazo en el lomo, mientras el espada andaba preocupado por otras cosas, dejando claro que aquello había dejado de ser de su interés. Ya ven, si el maestro se enfurruña se acabó la fiesta. Trapazos para llevarlo con la muleta de aquí para allá, naturales con tirones, sin correr bien la mano, sin mando, sin temple... y sin ganas. Quiere acortarle las distancias, le desarma y a por el acero, pinchazos casi a paso de banderillas, hasta que lo echó abajo con una entera.

El Palha iba a ser el bueno, aunque fuera feo de estampa, gordete como la mayoría y pobre de pitones. Larga de rodillas, sin preocuparse en fijar al toro, este acabó deambulando por el ruedo como los adolescentes por el parque alrededor de las mocitas. Mantazo por aquí, mantazo por allá, carreras y más carreras, dando una clara idea de lo que es una lidia caótica y sin sentido. Tres puyazos, el segundo y tercero acudiendo con alegría, dándole cera en el último y tapándole la salida. Se dolió de los palos, mientras aquella locura proseguía. Fandiño tenía que estar por allí, pero esto es algo que está por confirmarse. Sí asomó para mantearle levemente y en el momento en que vio que el toro se le iba para las tablas, ni corto, ni perezoso se fue a por la espada, sin tan siquiera intentar sacarlo de allí con un mínimo de ganas. Lo tuvo que ver muy claro, pero quizá debería pensar que los de los tendidos también lo querían ver, es más, puede que hasta les hubiera gustado ver los recursos del matador para hacerse con el Palha.


Una mala tarde, muy mala, que ni de lejos respondió a lo que los muchos querían ver. Tanto cuidar los detalles, pero puede que se le pasara uno fundamental, que no es otro que el pensar que matar seis toros nunca puede ser tan solo dar más posibilidades a la estadística con el único objetivo de cortar dos orejas y salir a hombros. Esto normalmente no suele salir bien. Una encerrona es desplegar la torería que uno lleva dentro, sin estar pendiente de la casquería. Y si el señor Fandiño se vio defraudado, que piense que no es el único y que por muy mal que se pudiera sentir, jamás, repito, jamás, puede encararse con el público, con el que le paga, con el que le mantiene, con ese mismo que otras tardes le ha aclamado y que le ha llevado al puesto en el que está, pero quizá no acabe de ser el que le corresponde por los méritos hechos ante el toro. Hubo quien incluso tuvo el buen humor de aplaudirle al marcharse, los menos, como si quisieran reconocerle no sé que absurdo logro. Pero, ¿es esto ser justo con los que se entregan y torean jugándosela de verdad? Pues creo que no. Tanto se infló el globo, tanto se infló, que cuando todos pensaban que agarrados a él cruzarían los site mares, el globo de repente hizo ¡Cataplum¡

domingo, 22 de marzo de 2015

Valor y huevos


 
Vaciarse sobre el morrillo echando la muleta al hocico del toro y salir airoso de la suerte, eso sí que es valor y valía

El valor siempre ha sido una cualidad muy valorada en un torero, a veces llegaba con este a dónde no llegaba con sus otras virtudes, más bien escasas, pero en estos casos se ponía el valor sobre la mesa y esto se convertía en el salvoconducto que le permitía ser matador de toros. El valor, esa fuerza que te impulsa a afrontar los peligros, aún sabiendo que estos están ahí, esperando y que pueden cambiar la incertidumbre en tragedia en menos de lo dura un pestañeo. Así los toreros valientes eran admirados, pues no dudaban en irse al toro con garbo y decisión aunque el marrajo mostrara las peores intenciones. Asumían con naturalidad el que se podían quedar en el intento, pero no solo se atrevían, sino que hacían alarde de ello con naturalidad y torería, cumpliendo con lo que se le debe exigir al que viste taleguilla y medias rosas.

Pero eso del valor son dogmas antiguos y trasnochados, esas cosas de los ingenuos de antes o de los pasados de moda de ahora, que ya no tienen cabida en este mundo de dioses, ídolos, figuras de la torería, maestros rebosantes de técnica y almas sensibles que saben apreciar lo bueno, hasta cuando no se produce. Esos privilegiados que encuentran lo excelente hasta en la vulgaridad. Lo que pita y pita de verdad son los huevos. Si el valor suplía las carencias de los toreros antiguos, los huevos directamente crean y licencian maestros. Basta con “¡Qué huevos tiene!” y ya no hay lugar para responder o plantear más argumentos posibles. ¿Falta saber ver al toro? Huevos. ¿No es capaz de lidiar de forma medianamente aceptable? Huevos. ¿Sus maneras son más propias de matarife, titiritero o chalán? Huevos. No hay nada que no arreglen estos atributos en la tauromaquia que hoy sufren muchos aficionados.

El Domingo de Ramos Iván Fandiño se enfrenta a seis toros de diferentes ganaderías, habrá que esperar acontecimientos, pero el comentario más extendido acerca de este acontecimiento es el referido a los “huevos”. Sobre todo porque este torero ha hecho siempre por basar sus actuaciones precisamente en esto. Ya puede estar a merced de un toro, sin saber como poderle, que si hay huevos, ya todo se minimiza. ¿Que se encuna para entrar a matar de una forma muy bien estudiada y dando la sensación de estar viendo a un atleta del Cirque du Soleil y no a un torero? No importa, porque allí ha habido eso que tanto gusta al respetable. Haciendo memoria ahora mismo no recuerdo a un Fandiño lidiador, poderoso, con temple, mandando las embestidas y luciendo a los toros, pero de huevos estoy sobrado. ¿Eso es el toreo? Pues permítanme que tenga mis dudas.

Ya ha pasado la feria de Valencia y tengo que reconocer que ha habido momentos en los que yo también he apreciado la notable presencia de esto que se llama “huevos”. Pondré solo dos ejemplos; uno el de Jiménez Fortes, un chaval que deambula por esas plazas del mundo lo mejor que puede y que le echa muchos, pero muchos de estos a lo que hace. ¿Valor? Pues eso no lo tengo tan claro. Precisamente los huevos los veo en como un torero con tan escasa preparación se planta delante del toro. Pega los pases dando la salida antes de tiempo, sin importarle por donde se ande el toro, eso no va con él. Se queda al descubierto él solito y al toro no le queda otro remedio que hacer por él. Eso son huevos, no sabe torear y sale al ruedo con intención de hacerlo. En esas circunstancias la sensación de peligro es más que evidente y los modernos taurinos no solo no le piden que se haga a un lado, sino que encima se permiten la injusticia de jalearle y repetirle a voces eso de “¡Qué huevos!” Pero los mamporros se los lleva el torero, no los jaleadores entusiasmados.

Otro caso de “¡qué huevos!” es lo que sucedió el día de la reaparición de El Soro. Yo admiro la afición demostrada, esas ganas de querer volverse a vestir de luces, incluso con mucho esfuerzo el afán desmedido de sus fieles, que tras tanto penar, querían verle hacer el paseíllo de nuevo. Pero eso no puede ser excusa para permitir que se rebasen los límites de la cordura, del respeto por la Fiesta, el respeto por el toro, por el aficionado y por lo que significa el traje de luces, el rito y la historia. A mí muy personal modo de ver lo que allí ocurrió es que un señor muy limitado físicamente, creo que no tan siquiera llegaba a los mínimos exigidos para poder torear y llevar la lidia, se mantuvo a merced de un animal, que por otra parte tampoco cumplía los requisitos de trapío que se deben exigir en una plaza de primera. Todo giraba en torno a si El Soro aguantaría o no, si podría dar más o menos pases y en provocar y mantener una atmósfera de locura desmedida y sin razón. Si nunca fue un torero dominador, con recursos y artista, ahora no lo iba a ser por ciencia infusa. Fue un torero que todo lo basaba en su poderío físico, carreras, saltos y un derroche de facultades portentoso, pero, ¿y lo de torear? Pero claro, ahora, después de todo el calvario que lleva pasado, no pretendamos que mantenga esta forma. Desgraciadamente, esto es imposible. Y no culpo a Vicente Ruíz, que tantas veces habrá soñado con vestirse de torero en su tierra, a quién culpo de este descalabro es a los que le anunciaron y a los que con sus alabanzas desmedidas le perjudican más que otra cosa. ¿Qué habría pasado si en ese revolcón las lesiones hubieran sido más serias? Entonces todo sería un “y si” acusador. ¿Y si no le hubieran permitido torear? ¿Y si el médico de la plaza hubiera tomado cartas en el asunto y hubiera certificado que el torero no estaba apto para la lidia? Y si, y si. ¿Y si nos tomamos esto un poco en serio?


Pues a todo esto, a tanta inconsciencia los hay que lo llaman valor. No hombre, esto son lo que muy bien dicen ustedes “huevos”. Los mismos que le echa un señor que se sube a once kilómetros con un paracaídas, sin saber si se le saldrán los ojos de las órbitas y se tira en paracaídas, los que un descerebrado le echa a eso de subirse a un rascacielos para caminar por unas estrechas vigas y encima lo graba en vídeo o los que le echa un chalado metiéndose entre los leones en un parque zoológico. El valor es otra cosa, el valor es cuando un torero ve el peligro que tiene un toro, las dificultades que ofrece y aún así se va a por él y salvando todas las dificultades, a base de lidiar, saber torear y sabiendo ver al toro, acaba llevándole por dónde este no quería, hasta que se le acaba entregando. Vamos, que para imponerse tiene que pasar un verdadero quinario, consciente de lo que hay allí. Eso sí es valor, bueno, valor y huevos.

domingo, 1 de marzo de 2015

Expectación por Fandiño

Por favor, no más harakiris y sí más toreo reposado y profundo


Si ustedes no han sentido el bulle bulle que se vive, que se palpa en el ambiente, que se transmite por el aire, es porque no tienen corazón, ni alma torera. Vamos, si es asomar la gaita y el viento te pega un sopapo en toda la jeta de Fandiñismo y encerronismo que no se “pué” aguantar. La sociedad se mueve, el mundo se mueve, ¿qué digo? el universo entero del mundo se mueve. Y no se crean que estoy hablando de los muchos aficionados que ya están planeando el viaje a Madrid, noooo, eso es pecata minuta,  menudencias, naderías.

Me han llegado noticias de gentes de altos vuelos que quieren acudir a las Ventas y no me refiero a Pedro Duque precisamente. Será por eso de que estamos en período electoral, por lo que los políticos quieren dejarse ver en los lugares de interés, allá dónde se da cita la élite más elitista y dónde se podrán recaudar votos a paladas. Se dice que el mismísimo presidente de Gobierno, don Mariano Rajoy ha dado plantón a doña Angelita Merkel, y le ha dicho que tenía una cita inexcusable en Madrid, ¿en Soto del Real? Le preguntó la Canciller; ¡No coño, en los toros! Ahora le falta saber con quién irá acompañado. En seguida que supo de las intenciones del jefe, se apuntó Esperanza Aguirre, pero parece que no será posible, que en Ventas y en tarde de tanto relumbrón lo de aparcar va a estar jo...robado y no es cuestión de montar otro pitote por un quítame allá esa moto. Igual se tiene que conformar con don Ignacio González, aunque ya se sabe que si la plaza no tiene capota, no le acaba de gustar. Pues nada, que se acompañe de los candidatos al ayuntamiento y Comunidad de Madrid... ¡Ah! ¿Qué no se sabe quienes son? Pues vaya.

Quien parece muy animado, o no, es don Pedro Sánchez, que hasta parece que ya ha contactado con Jorge Javi para ir a un burladero del callejón, que es donde a Jorge le gusta ir. Eso sí, habrá que estar muy atento, porque lo mismo por la mañana te suelta que a él no le verán nunca en una plaza de toros, que por la tarde se te pone a cantar el “Francisco Alegre y olé” vestido de faralaes. Se rumoreaba que iba a acudir también Tomás Gómez, pero fue oír la palabra “encerrona” y echó a correr para subirse al tranvía, y es que al bueno de Tomás le pierden los tranvías. Hasta Pablo Iglesias podría asomarse por el metro de Ventas para saber lo que es una corrida de toros. Vale que no tiene ni idea de lo que es esto del Toreo, pero eso no va a ser impedimento, no sería el primero que va a los toros sin tener ni idea de lo que ocurre allí. Pero no pasa nada, conociendo de sus inquietudes y sus carencias, el señor Monedero se ha adelantado y ha invitado a Sharon Stone y a Madonna para que le expliquen que es esto de la Tauromaquia. La preocupación de la actriz de Instinto Básico es saber si podrá hacerle entender el significado más profundo de los Toros, si podrá hacerle entender ese sentido poético que a ella le ha enamorado y si llegará a hacerle ver la magnitud y la influencia de este espectáculo en el medio ambiente, la economía y en el propio ser de la gente de esta parte del mundo.

Pero no todo va ser que vayan los políticos, reconocidos próceres y apasionados del arte del Toreo, que tanto se esfuerzan en disimularlo, para que nadie les pueda acusar de favoritismo o de beneficiar al mundo del toro por interés personal. Que no me dirán que no se les da bien, que digo bien, de perlas, porque, ¿quién podría afirmar que a la clase política le molan los toros? Nadie, pero nadie y eso es porque se aguantan las ganas. Aunque ya digo que no serán los únicos que vayan, también se espera que vayan a los extras que van de público al “Tú sí que vales”, por aquello de animar al torero, para que no se enfurruñe y se tire a matar sin trapo, que así, cualquier día nos da un disgusto y se nos disloca un tobillo. También parece que acudirán las “miembras” de las Majas de Goya que ven de lo más normal del mundo el plagio artístico, junto con los ediles del Ayuntamiento de Valdemorillo que cumplen la misma función. No se sabe de momento en que consistirá su próximo “robo” de la propiedad intelectual, pero seguro que sorprenderá e indignará al incauto por igual.


Eso sí, bastaría con que tanto aficionado que está pensando en acercarse a Madrid, en gastarse su dinero, en emplear un día entero a su pasión de toro, dejando a la familia en casa ese último domingo de marzo, no se vieran defraudados, que no se sintieran estafados y que al menos se volvieran mínimamente satisfechos. Que el viaje se les hiciera más corto recordando que han visto torear y sin tener tiempo para pensar en la hora en que llegarán a casa, para madrugar al día siguiente, que es lunes. Estas son las cosas que se hacen cuando se tiene una ilusión tan fuerte y una pasión tan potente como es el toro, esa que les está alimentando tanta “Expectación por Fandiño”.

lunes, 17 de noviembre de 2014

Fandiño contra Fandiño


Parece que Fandiño quiere colocarse en todo lo alto de la Fiesta

Ya hemos entrado en el invierno taurino y sin más demora ya se abre la caja de los rumores, de las noticias a medio confirmar y de las ilusiones que desearíamos que se hicieran realidad, por muy descabelladas que pudieran parecer. Ahora díganme dónde metemos la noticia de Ivan Fandiño sobre su encerrona anunciada para Madrid, al comienzo de la temporada, y ante toros de diferentes ganaderías, hierros de esos que revalorizan al que se enfrenta a ellos y que también provocan que todo lo que se haga con toro sea digno de tener en cuenta: Victorino Martín, Adolfo Martín, Pablo Romero (ahora Partido de Resina), Miura, Palha, Cuadri, Escolar, Baltasar Ibán y Cebada Gago. No me negarán que no tiene buena pinta y además nos impulsa a reflexionar sobre los motivos, consecuencias e intenciones del matador.

Fandiño siempre ha sido un torero considerado de valor, que por momentos hasta se le incluía entre los elegidos que quería agarrarse a la verdad del toreo y que no volvía la cara a nada que tuviera cuernos, mientras él tuviera muleta y espada en la mano. Pero la temporada pasada tuvo una sucesión de lunares negros que nos hacían pensar que definitivamente se había sumado a la comodidad que trae la modernidad y los nuevos tiempos del toreo. Hasta parecía darse cuenta él mismo y se esforzaba en querer ocultar lo que parecía más que evidente. Recuerdo ahora aquel día de Madrid en que tras un concierto de suma vulgaridad, no exenta de precauciones, despreció la muleta y se tiro a matar a cuerpo limpio. Pero no aquello fue valorado como el vasco pretendía. Daba la sensación de que tal ejercicio circense estaba “demasiado” estudiado, con movimientos muy bien ensayados para minimizar los riesgos, aparte de la precaución de echar la tela en dirección a la salida del toro. Pero bueno, no es momento ya de volver a aquello. El caso es que estos alardes y otros propios de su repertorio se producían con corridas de las llamadas comerciales, las del medio toro, las de Juan Pedro y derivados, las que eligen con mimo las figuras, esas que hacen que el toreo deje de ser tal y se convierta en una danza burlesca, caricatura de lo que es esto de la tauromaquia. No debió ser un buen año para Iván Fandiño. Si nunca ha sido un torero estilista, si más que poderoso es “aguantador”, si el temple no es algo que esté entre sus condiciones de torero y si la lidia tampoco es uno de sus valores a mostrar; ¿qué quedaba? Pues ese querer y demostrar lo que es la verdad y lo que es enseñarle los dientes al toro; algo casi imposible cuando no hay toro.

Y en estas que no ha acabado el año, sí la temporada y salta la noticia de esta espectacular encerrona. No voy a declararme yo ahora partidario de estos gestos, o gestas, como en seguida se califica esto de los seis toros, pues yo soy más partidario de hacer temporadas serias. Díganme si no estarían como locos si esas nueve ganaderías las matara en corridas de tres espadas en plazas como Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona y las que surgieran. Y retando públicamente a otros compañeros de los puestos altos del escalafón y a los que gozan de una comodidad extrema por ser considerados figuras, artistas o inventores de los huevos pasados por agua. La cosa se animaría, ¿no? Que no pretendo yo quitarle valor a esto de los seis toros, pero a mi modo de ver, las encerronas deberían ser más un broche, que un trampolín. Y me explico. Si tal y como decía antes, tras una temporada fuerte y compitiendo con todo el mundo, va y se anuncia con seis toros, cuando ya no tiene nada que ganar, pero sí quiere demostrar que es un verdadero matador de toros, entonces es para echarle la capa al suelo y pedir que pase por encima para no manchar las suelas de sus zapatos. Eso sería como si después de hacerse la maratón cuesta arriba, va y esprinta en el último kilómetro, para rebajar su marca. Pero si esto se toma como trampolín, queriendo llegar lo más arriba posible, para después, pasarse el año hacia abajo hasta la zambullida final en octubre, pues, ¿qué quieren que les diga? Pues que no, que así no.


Seis toros de entre nueve ganaderías de compromiso, ¡cuidado! que esto tampoco se puede despreciar gratuitamente, sería una falta de respeto al que quiere ser torero y una injusticia, sea o no oportuno el llevar a cabo tal “gesta”. Ya me gustaría a mí que todos los que vistes medias rosas se plantearan responder de esta forma a las críticas recibidas por el aficionado, queriendo espantar las sombras de duda tomando la vía del toro. Dice mucho del amor propio de Iván Fandiño, como si él no acabara de estar conforme con el Fandiño de 2014 y decidiera competir consigo mismo. La verdad es que esta actitud responde muy bien a la imagen que de él hemos tenido muchos, un torero con muchas limitaciones, pero con un ansia por ser más y más, envidiable. Pero claro, esto me plantea a mí otra duda y grande. Si hay un torero capaz de enfrentarse a si mismo, queriendo demostrar que quiere ser alguien y que no le importa correr estos riesgos, ¿quién es el que le dirige, el que lleva su carrera que no sabe aprovecharlo? Personalmente tengo la sensación de que este pura sangre está en manos de alguien que no sabe ni subirse al caballo. Le revienta cuando no es necesario y cuando tiene que apretar el galope le hace ir al trote y además, pegando un rodeo. Pero esa es otra cuestión, simplemente es la reflexión de alguien que está fuera de todo este embrollo y al que no le toca andar en esas cosas. Lo que sí que me llega a despertar la curiosidad es saber en que quedará esta lucha de Fandiño contra Fandiño.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Fandiño, la S.D. Eibar y el señor Andueza, don Eneko

Los toros de primera que no ven los de la primera


Estaba yo asomado a mi ventana, esta desde la que llego a ver de todo, lo mismo los ecos de las Corridas Generales, que la Liga de Fútbol, que las hazañas de los grandes fenómenos de la tauromaquia delante de esos animales colaboradores que tanto aprecian y tan poco respetan, y me he quedado sorprendido con los logros conseguidos por Iván Fandiño y la Sociedad Deportiva Eibar, así como la reacción de Eneko Andueza un muy buen aficionado a los toros y entusiasta entregado al equipo de su pueblo.

Quizá sea yo quién no acabe de entender los mecanismos que mueven el mundo y mucho menos la sección toros y fútbol; no solo no me sirven los paralelismos para aclararme, sino que me enredan más, es como si el caos me absorbiera por los pies y me tuviera dando vueltas en un remolino semántico, semiótico y filosófico durante siglos. Déjenme que me explique, aunque si a mitad de lectura ustedes saben la respuesta, por favor, háganmelo saber, no lleguen al final, iluminen mi camino.

Resulta que los toreros, tal y como está esto montado, cuando no son maestros consumados y reconocidos por el orbe taurino, se ven obligados a enfrentarse a ganado de toda clase y condición excepto con los facilones. No ven un mojicón desmochado ni en las retransmisiones del Canal Más y no será precisamente porque ahí haya escasez de ellos, pero yo creo que les deben prohibir ver las corridas de los Cuvillitos, Garcigrandes, Victorianos, los Neovictorinos, Jandillitas, Juanpes y demás piezas de la colección de “hierros artistas/colaboradores”; ideales para indultos, hazañas de arte taurino vanguardista y hasta para completar una colección de torillos llavero, si guardas los cupones que se publican cada día en Mundotordo y Burlardero. En apariencia hay toreros de estos que parecen querer convencernos de que su propósito es mantener en todo lo alto su orgullo de matador de toros, cultivado a base de vérselas con los Cuadri, Escolares, Adolfos y todo lo que no se deja tocar las orejas componiendo poses de bailarín de opereta. Pero la realidad nos demuestra que son muchos más los que ven esto como un calvario irremediable por el que tienen que pasar para poder optar a carteles más... más... más redondos, que no me salía la palabra.

Puede parecer un contrasentido, que las figuras no toreen toros y que los aspirantes se las ven con ellos una tarde sí y la otra también. Siempre hay quien ingenuamente pide que las figuras se anuncien con lo que se ha dado en llamar hierros toristas, encastes minoritarios o ganado imposible. Pero no han terminado de hacer la petición, cuando ya te salta el taurino de turno diciendo que es que las figuras están en primera división y que por eso se han ganado el derecho a matar todas las camadas de los mojicones con cuernos. Fíjense en el caso de Iván Fandiño, el último que parece haber ascendido a esta división de honor, sin promociones ni nada, directamente. Ha pasado de tener que tragar con lo que le echaran a estoquear casi en exclusiva el toro domecqsticado. Pasó por lo de Parladé, forjándose esa leyenda de gladiador que no conoce el miedo, aunque fuera con corridas que no aguantaban un puyazo, pero consiguió su propósito, el hacer creer que era un torero de una pieza, alimentando su leyenda con detalles como el entrar a matar sin trapo. Luego ya sabemos lo que vino después, lo del “baja tú aquel. ¿Qué nos creemos? Igual nos pensamos que se le puede exigir que se enfrente al toro, pero, ¿desde cuando? El de Orduña ya ha subido a primera división y ahí la comodidad es mucho mayor y la exigencia casi ni debe considerarse.

Y aquí viene lo del Eibar. ¿Cómo es posible que tras su histórico ascenso a la Primera División, tenga que enfrentarse a los mejores equipos del país? No es lógico. Gana a todos los de la división de plata y ahora encima pretenden que juegue contra el Barcelona, Real Madrid, Valencia, Sevilla y hasta con el campeón del curso pasado, el Atlético de Madrid. Siguiendo la lógica taurina, esto me parece un timo, un abuso. Lo lógico sería que una vez arriba, este año jugara contra el Sestao River, Aurrerá, Amurrio, Athletic B o el Real Unión, y no contra los mayores, sino contra el equipo juvenil. Y si a alguien le parece mal, que reclame al maestro armero. Pero no, yo veo en las redes sociales a Eneko Andueza, que por el contrario, está encantado con que pasen por su casa los mejores, aunque goleen al club de sus amores. ¿Estamos locos? ¿Nadie tiene dos dedos de frente en este país? O sea, que suben a Primera, como Fandiño y quieren jugar contra los equipos más difíciles, que incluso algunos tienen títulos europeos, copas y supercopas y cuentan con jugadores que son de lo mejor del mundo.


No soy de dar consejos, ni de decirle a nadie lo que tiene que hacer, pero en este caso creo que se hace necesaria mi intervención y pedir enérgicamente a las fuerzas vivas de Eibar y más concretamente a don Eneko Andueza, que eleven una propuesta a la Liga de Fútbol profesional, a la federación, a la UEFA y a la FIFA, si hiciera falta, para que acaben con este despropósito, con este abuso, con esta injusticia y esta desconsideración al Eibar y a sus seguidores, que por otra parte, repito, están encantados con la situación, para que dejen de enfrentarse con este tipo de equipos. Hasta ahí podíamos llegar. Que seguro que me sale el listillo de turno que lo lógico sería que Fandiño y todas las figuras del escalafón de matadores se enfrentara también a todo tipo de ganado, el cómodo, para demostrar su arte y el complicado para ver la dimensión de torero que puede ofrecer cada uno. Precisamente porque son los mejores y a los mejores es a los que más se les puede exigir que lo demuestren. Que pensándolo bien, la idea no es tan descabellada, si hasta parece lo más normal, que los buenos... Porque entonces..., si los borreguitos bobones y facilones van para las... Y si los aspirantes tienen que vérselas con el toro complic... Creo que me estoy liando, estoy sufriendo un cortocircuito en mi ser más profundo. Igual lo razonable es lo del Eibar y no lo de... ¡Ufff! Espero que Eneko Andueza no haya mandado la carta a la FIFA, porque si no... ¿Por qué en el mundo de los toros hay tanto sin sentido? ¿Por qué no se deja sitio a la lógica? Ahora sí que necesito que me alumbren en mi camino. ¿Alguien me presta un casco de minero?

domingo, 14 de septiembre de 2014

Fandiño ingresa en la Cofradía del Baja Tú

Baja tú y si quieres, me toreas, aquí te espero.


Ahora sí que se puede afirmar con rotundidad y sin miedo a equivocarse, que Iván Fandiño es un figura. Ya ha alcanzado las cotas que otros ni sueñan rozar con los pensamientos. Él, el de Orduña, el que lo mismo entra matar sin muleta, que torea a unas velocidades que le permitirían pasar dos toros a un tiempo, el que fue censurado por un caballero, que previamente había pasado por taquilla y que no estaba de acuerdo con algún aspecto de su actuación, ni corto, ni perezoso le espetó con esa expresión tan del toreo de estos días: “Baja tú”. Ahí queda eso, con un par. Una sentencia que encierra mucho más de lo que aparenta a simple vista. Todo un compendio de filosofía taurina en solo dos palabras, “Baja”, “Tú”. La expresión del sentimiento que a un genio le emana de dentro, como el manantial lo hace de la roca. la lava del volcán o la ventosidad de entre las posaderas de la grosería.

Ya hubo otros que le precedieron, pero no vestidos de luces y ante la queja de un espectador, si acaso era un lugar común de la dialéctica de los faltos de argumentos taurinos para iniciar un diálogo sobre un hecho sucedido en el ruedo. Pero vestidos de luces no han sido tantos los oradores que se han expresado de semejante modo. El gentil Morante de la Puebla ya ofreció los trastos a un señor del tendido en la plaza de Madrid, pero aún siendo el fondo idéntico, no se atrevió a liberar esa expresión en la atmósfera madrileña: “Baja tú”. Hay que tener mucha decisión, mucho valor, mucha ignorancia y escaso respeto para espetar semejante rebuzno a quien paga por entrar a ver una función de toros.

Admiro este supremo gesto de humildad, este reconocimiento público de la incapacidad de un torero para hacer lo que se espera de un torero, que sin pensárselo pide el socorro de quién simplemente aspira a ser un mero espectador. El que cobra, el que se supone que debe saber resolver la papeleta que le presenta el toro, no puede cumplir con su función y clama porque se le tienda una mano con más pericia que la propia. Ya se adivinaban señales que hacían pensar que Fandiño era presa de carencias en el manejo de los trastos de torear y un profundo desconocimiento de los recursos que se le suponen a un matador de toros. Con decisión suple una perseverante ausencia absoluta de temple, lo que dificulta eso que se llama Toreo, teniendo que conformarse con intentar apartar como sea las telas del hocico del toro, lo que no es sinónimo de torear; si acaso digamos que ejecuta con destreza la suerte de la zanahoria.


Se decía hace muchos años, muchos, allá en los tiempos en los que los matadores de toros paseaban con gallardía su torería y fama bien ganada ante el toro, que lo no conseguido con capote y muleta se lavaba con la espada, en la suerte suprema. Pues resulta que don Iván, el señor Fandiño, ante esa poca maña para manejar la tela y la espada para dibujar la cruz que acabará con el toro, ha tenido que poner en funcionamiento la máquina de cavilar e idear unos modos y maneras que más parecen números circenses o tretas de matarife, que suertes del arte de torear. Será porque se le apelotonan los trastos, que las manos se mueven a su antojo, que no se ve capaz de dominar a un tiempo estoque y muleta. Y que conste que no me refiero únicamente a eso de tirar con desprecio un atributo reservado para los maestros, como es la muleta, antes de perfilarse, sino de ese mal gesto de en el momento del embroque soltar el palo a las manos del toro para conseguir que descubra la muerte y así poder meter el acero por el hoyo de las agujas, o dónde caiga, que esa es otra. Como si contempláramos un truco de prestidigitación, arranca con espada y pañosa y sale sin ninguna de las dos, así, ahora lo ves, ahora no lo ves. Creo que quedan claros los méritos adquiridos por don Iván Fandiño para ser reconocido como firme aspirante portar birrete y banda de la poco honrosa y reconocida Cofradía del Baja Tú. Sea.

viernes, 30 de agosto de 2013

Iván Fandiño no es glamouroso, ni falta que hace

Parece que Fandiño va desterrando eso de tumbarse sobre el morrillo a lo que salga, bienvenido sea


Don Iván, ¿qué vamos a hacer con usted? Anda que no ha sabido usted colarse en todas las ferias, con esa carita de bueno que tiene, muy serio, pero que cuando sonríe desarma al más duro de corazón. Pero usted a lo suyo, a abrirse paso  y de tal forma lo ha conseguido, que ya hasta eclipsa los mano a mano entre las deidades tauromodernistas, cuanto más al resto de divinidades del Olimpo de la Tauromaquia 2.0. Perdóneme usted, pero así no se hacen las cosas, que resulta que Talavante, don Alejandro, se enfrentó en Madrid a seis de Victorino, aunque parecieran cualquier cosa menos Albaserrada, en una gesta digna de llenar los anales del toreo con letras de oro; ya se encontraría el motivo para ello, pero de momento se escribiría con áureas palabras. Que fue capaz de trapacear a un animalito como para que el pueblo le pidiera las orejas del animalico. Que de las mismas el señor Perera manteó hasta la desesperación a otras bregas con plátanos en la testa, Castella nos deleitó con su misticismo, Manzanares se mostró, Mora puso caras y alguno más crecido por las veleidades orejinales de la plebe, pero resulta que la afición se queda con su labor en un toro, pues el tener que pasar a la enfermería le impidió enfrentarse a ninguno más. Así que haga usted el favor, no vayamos a tener que tomar medidas, porque estando así las cosas, igual tendremos que prescindir de los servicios de… toda esa panada triste, aburrida y tramposilla que se llaman artistas.

Uno piensa en su trayectoria y no puedo negar sus progresos, ni mucho menos su disposición para querer ser torero. Eso sí que es empeñarse y no conformarse. Hace un tiempo casi toda su labor la basaba en el pundonor, el valor y a veces, hasta el desprecio por su integridad. Esto último sorprendía y era digno de admiración, pero tengo que reconocerle que no acababa de convencerme eso de que en el caso de ver próxima una oreja, sólo viera como única opción el tirarse sobre el morrillo de forma más suicida que torera. Uno pensaba que quizá sería más fácil y aconsejable aprender a ejecutar la suerte suprema con pureza y verdad. Y según lo visto en los últimos tiempos, debe haber destrozado más de un carretón. Le alabo el gusto, pues esta es una buena muestra de que usted prefiere ser torero antes que matarife, y que no es lo mismo pretender dejar la espada en todo lo alto, que quitarse de en medio al toro, aunque sea de infame bajonazo, porque para la mayoría basta con enterrar el acero, lo demás no les importa.

Al contrario que en otros casos, uno no puede poner pegas a eso de la colocación, a eso que se dice de adelantar la pierna de salida. Casi todos la ponen por delante al citar para el primer pase, aunque despidan el toro para afuera, pero a continuación y exageradamente, la esconden sin temor a que les llamen tramposos. Pero usted, en ese empeño de dejar mal a los trileros, mantiene esa actitud de verdad de dar el medio pecho al toro. Unas veces más y otras no tanto, por supuesto, pero lo que creo que debe ser tenido en cuenta es la actitud. Que esto de la actitud no es cosa a despreciar pues uno ha visto como después de no conseguir trofeos en su primer toro afirma que será en el siguiente y cumpliendo sus palabras y precisamente por la actitud, al final ha de salir en volandas en brazos de la cuadrilla, areneros y demás dispuestos, camino de la enfermería. No piense de mí que soy un carnicero, nada más lejos, pero uno valora estos esfuerzos, aunque nunca querría que tuvieran que ir al hule, eso mejor lo evitamos, para usted y para todos los que se visten de toreros. Igual que hasta parece sentirse orgulloso de que en Bilbao no se le conceda una oreja, porque en su plaza no hay favoritismos.


No se crea que le voy a jalear aquí a la vista de todos el que descubra a tanto… a tanto… a tantos otros, pero no crea que no se lo voy a agradecer, pues siempre está bien eso de desenmascarar a quien se oculta detrás de excusas, cosas que no son verdad, pamemas y cuentos chinos. esos que dicen que templan una barbaridad, cuando la verdad es que sus toros no se pueden arrastrar a mayor velocidad y entonces nos quieren convertir de que templan. Nada más lejos de la realidad. Peo si me permite el atrevimiento, quizá estaría bien que intentara templar un poco más a sus toros de usted, más que nada por eso del parar, templar y mandar, que decía el otro. Aunque no sé si el origen de todo esto se puede buscar en esa costumbre de no picar a los toros. Hay que reconocerle el valor de dejárselos muy crudos, pero si en el caballo dejara que les pegaran un poco más, igual los animales embestirían con menos violencia y menos brusquedad, pero no tome esto ni como un consejo, ni como una exigencia, simplemente es el parecer de alguien que osa escribir y mostrar lo escrito para que lo lea el que quiera. Ya ve usted, uno que se pone a decirle que hay que mejorar, cuando sabe de sobra que en esto del toro no se deja de mejorar y aprender nunca. Eso sí, hay una cosa que si le pido, no compare los comentarios que le he dedicado a usted y su toreo con los que se debería hacer a la mayoría de los alternantes con los que comparte paseíllo tarde tras tarde. No hay comparaciones posibles, pues a estos hay que empezar por aplicarles eso de verdadero o falso, de toreo o manteo, de toreo o pantomima, sembrados en los que no nos gustaría verle, porque ya sabe eso de que Iván Fandiño no es glamouroso, ni falta que hace.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Fandiño la has “cagao”, pero muchas gracias



Señores, en cuanto tengan ocasión, vayan a ver a Iván Fandiño, que no es que haya anunciado ni su retirada, ni que se vaya a inmolar realizando la suerte suprema. Pero leyendo sus declaraciones que me permito rescatar desde “El Retoñal”, se podría afirmar que está muy cerca de un sacrificio profesional dentro de los despachos. Si no era suficientemente molesto para los mandones el tener tirándoles de la gabardina a un tío que se enfrenta al toro de verdad, que basa su toreo en la verdad, en cruzarse, en cargar la suerte, en no dar ni un paso atrás y en la pureza y decisión al entrar a matar, ahora va y dice lo que todo el mundo está pensando. Tales palabras han sido las que siguen:

“Creo que al final todo camina en torno a los intereses personales. Cada sector, cada colectivo, busca lo mejor para si mismo, busca lo que mejor le puede convenir, y en definitiva nos estamos olvidando de lo verdaderamente importante, de hacia dónde camina la Fiesta, hacia dónde camina esta profesión. Más allá de reuniones y uniones de unos y de otros, creo que lo que hay que plantear es una Unión de Aficionados que se pregunte cómo plantearse la Fiesta y que la beneficie y ayude en estos momentos tan complicados”.
Y como corresponde a un torero, solo le falto decir “ahí queda eso. Pues sí señor, sí señor Fandiño, en unas líneas ha plasmado con toda claridad cual es el principal mal de la Fiesta, que cada uno va a lo suyo y lo fundamental les importa un pito. Una vez más se ha cruzado, ha adelantado la muleta y ha cargado la suerte, pero que tenga cuidado, porque este toro es bastante menos claro, más peligroso y con un peligro sordo que le puede costar muy caro. Detrás de unas sonrisas y manifestaciones de que “todos somos compañeros”, se puede esconder un marrajo “pregonao” y traicionero.

Si las cosas fueran como deben, después de estas manifestaciones de Iván Fandiño solo cabrían dos reacciones lógicas. Una, que los taurinos le exigieran explicaciones públicas y que le permitieran darlas cara a cara, por si fuera necesario aclarar algún detalle; o en su defecto, que más de uno, de dos, de tres o de una docena de taurinos se marcharan con las orejas gachas, dejando paso a otros que vengan para trabajar a favor de la Fiesta. Pero me temo que la lógica saltará por los aires y que Fandiño recibirá como pago el desprecio y aislamiento por parte de los que manejan todo esto. Lo mismo la temporada que viene hay que hacer una colecta para comprar unos toros y ver juntos al vasco y a Diego Urdiales. Si el primero ya molestaba por su forma de entender el toreo, ahora puede que algunos lo hayan convertido en enemigo.

Como decía la canción, no es que sea dura la verdad, lo que pasa es que no tiene remedio. Una realidad grosera y malencarada en la que lo que prima son los intereses particulares antes que el bien común. ¿Qué nos importa que la Fiesta se acabe desintegrando o reduciéndose a una atracción turística para japoneses con inquietudes antropológicas? Esto se ha convertido en un coge el dinero y corre.


Lo que no se puede hacer ahora es dejar a Fandiño solo ante esos ogros llenos de poder que son los que dicen “tú si, tú no”. Hacía mucho que nadie del mundo del toro se manifestaba a favor del aficionado, teniéndolo en cuenta como parte de la solución y no como el problema, que es lo habitual. Al fin un torero cree que hay que tener en cuenta lo que piensa aquel que paga, el que mantiene todo esto. Por eso hay que decirle al bueno de Iván Fandiño que la ha “cacao”, aunque se lo agradecemos en el alma y que todos sus “deslices” sigan en esta buena dirección. Ahora sí que me creo yo eso de que se torea como se es y el vasco torea, antes que nada, con la verdad por delante.