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jueves, 31 de agosto de 2023

Tanta paz lleven, como…

Si el gran mérito de alguien es  sustituir a un semental, es para pensárselo.

Uno de los acontecimientos de la temporada es la ronda de despedida de Julián López, El Juli, de las plazas de España. Que habrá triunfos épicos, triunfos de esos, heroicos, de los que luego cuesta acordase y si no es por que se tenga al lado un entusiasta del torero, lo mismo ni te acuerdas. Que los hay que se lamentan por esa despedida temporal y otros precisamente por eso, porque sea temporal y no definitiva. Un personaje que lleva un cuarto de siglo de alternativa y que aparte de orejas cortadas aquí y allí, incluso en Madrid, con salida a cuestas incluida, ha dejado un legado bastante poco halagador. El inventor del julipié, esa forma tramposa y más de matarife que de matador de toros de deshacerse de sus oponentes. Ese toreo de horroroso contorsionismo, cuyo único mérito es que el lomo aguante, para poder pasarse el toro lo más lejos posible llevado por el pico de la muleta. Eso que llaman bajar la mano, muy del momento, que es citar agachado y dar el trapazo igual de agachado, que no es lo mismo que bajar la mano, que no nos quieran confundir. Ese gran mérito de ser el mejor semental de Garcigrande, el de enfrentarse solo a un puñado de hierros dejando escandalosamente de lado a otros muchos, llevándolos a una situación a veces muy complicada. Esos bailes de corrales matutinos, esas fotos denigrantes con animales con los pitones como puños y hasta sujetos con alambres. Ese desentenderse de las lidias y basarlos todo en la muleta, con algún alarde de generosidad de regalar al respetable un quite que decían inventado por él y que ya todo el mundo conoce por zapopinas y no por lopecinas.

Tantos años en los que como positivo, para un aficionado de Madrid, es un natural profundo y unas imágenes por televisión de cuanto debía tener nueve años. Que ya desde aquel debut de novillero encerrándose con seis ejemplares ya dejó ver lo que se nos podía venir encima. Listo como ninguno, porque eso es innegable, pero que empleó su inteligencia taurina en aliviarse, no comprometerse e ir lo más cómodo posible por todas las plazas del mundo. Un personaje, o quién lo llevara, que han hecho un daño tremendo a la fiesta y que habrá que ver si es irreparable o no, aunque todo pinta que… A ver si la fiesta se repone, lo que no parece posible, porque los que le secundan son igual o peor, con todas las mañas bien aprendidas, mañas ya institucionalizadas y que algunos hasta no solo no se atreven a discutir, sino que las justifican. Siempre le ha acompañado la frase de que si él quiere, puede, pero lo malo es que nunca ha querido. Igual es que no puede, o no puede tanto como el optimismo generalizado piensa. Que me contarán que un día toreó una de esto o de lo otro, pero ya saben ese dicho tan castizo, que un garbanzo no hace un cocido. Que está muy bien para contarlo, pero poquito más. Nada que sirva de ejemplo y si hay algo que podría marcar el camino a otros muchos, es precisamente el apartarse de los ruedos. Que se rumorea que otros también andan en las mismas, pero es que al tiempo también los hay que amenazan con volver, por aquello de despedirse. Que ya se sabe, que las giras de despedida dan sus buenos dineritos. Puede que una vez retirado, o apartado temporalmente, le ocurra como a todos los que se han retirado de esta hornada modernista, que luego nadie se acuerda de ellos, nadie los echa de menos, que se les ha echado de más cuando estaban en activo, pero que una vez en su casa, que descansen. O quién ha echado de menos a Ponce, padilla, hasta el mismo Cid y tantos otros, que parecen amenazar que vuelven, quizá a ver si así les dan un poquito de cariño, pero es difícil. Han hecho tanto daño. Si ni tan siquiera han sabido defender esto de palabra, que les llaman asesinos en un show televisivo y a todo lo que llegan es a balbucear. Pero claro, si no lo han sabido defender con un trapo en la mano y delante de un toro, van a saber hacerlo con otros argumentos. Que había uno o dos que hasta sabían expresarse, pero que bien por lo hecho en los ruedos o por lo dicho una vez retirados para ganarse cuatro duros, mejor ni mentarlos.  Así que ya sea el Juli o el que sea de esta generación de la modernidad, el esperpento, el fraude y la trampa institucionalizada, si deciden apartarse por un rato o irse para siempre, solo queda desear que tanta paz lleven, como…

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

 

martes, 15 de enero de 2019

Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fíiiigaro


Tanta evolución resulta insoportable

Ya han pasado las fiestas, pero da lo mismo, siempre habrá ocasión de arreglarse y de ir presentable y para eso hay que empezar por el barbero y si no, pregunten a los maestros Ponce y Juli y les darán las pautas a seguir. Que ellos, como figurones de tronío, seguro que tienen que pensar muy a menudo en eso de ir arreglados, lo mismo ellos, que sus acompañantes. Ya no hace mucho, saltó la noticia de que le habían arreglado unos toros de una corrida, pero la historia no cesa y se vuelven a escuchar ruidos de navajas, en este caso para Huesca, seis toros, seis arreglos. ¿Qué desean los señores? ¿Lavar y marcar o solo cortar y embetunar? Solo cortar, sin medida, y embetunar, como si fuera para rejones. Y esto sale con las fotos de una corrida en Manizales en la que se anunciaba el señor Ponce. De verdad, no te dejan ni respirar, se nos acumulan los escándalos, no hemos hecho la digestión de una vergüenza y ya nos estamos avergonzando por otro lado.

Seguro, segurísimo, que el señor Ponce no sabía nada, no tenía ni idea y el Juli, pues tres cuartos de lo mismo. Si es que, ¿para qué quieren enemigos, teniendo los amigos que tienen? Que es lo mismo que podría decir la fiesta de los toros, ¿para que queremos antitaurinos, teniendo los taurinos que tenemos? Que luego estos son de los que se llenan la boca con que los aficionados piden imposibles, con que así no se puede hacer arte, con que hay que estar unidos. Que viendo lo que vemos, parece ser que el señor Ponce pone todo de su parte para poder “expresarse”. Y don Julián no duda en ponerse a su altura, para poder mostrar todo su magisterio y poder.

Que quizá esta sea la manera en que estos dos maestros insignes desplieguen todo su magisterio infinito de la tauromaquia moderna, aquella Tauromaquia 2.0 que ya se va quedando obsoleta, pero si es así, avisen para quitarnos de la foto, porque que a uno le identifiquen como aficionado de eso, cuando menos, sonroja. Que difícil resulta convencer a nadie no cercano al toreo de que eso nada tiene que ver con los toros. Que serán casualidades, pero que con tanta frecuencia aparezcan firmando la infamia Ponce, Juli y el Vellosino hacen que uno no pueda pensar en que son cosas del azar, en que estos señores nada sepan de que una tarde sí y otra también, el ganado que va a salir por toriles sale intencionada y artificialmente mermado en su condición física y muy especialmente en lo tocante a la integridad de sus defensas. Que el descrédito, la vergüenza de esta merma de la integridad del toro coincide plenamente con el daño que se produce a la integridad, al buen nombre de la fiesta. Y así, poco a poco, con estas actitudes delictivas se va negando cualquier posible futuro a esto que unos llaman rito, otros fiesta, los más modernos “tauromaquia” y los más desencantados, pantomima, vergüenza.

Señores taurinos, maestros magistrales Ponce y Juli, junto con su cómplice del Vellosino y todos los Vellosinos que campan por la fiesta, por favor, dejen ya de evolucionar, que cada paso que avanzan en esto que ustedes llaman evolución, es un paso más hacia el abismo. Su evolución no es más que un ahondar en la búsqueda de su comodidad, sin importarles otra cosa que el negocio, su negocio. Que si tanto confort necesitan, puede ser que hayan equivocado el camino, que ustedes no nacieron para ser matadores de toros, sino para ser provadores de colchones o sofás cama en el IKEA. Eso sí que es comodidad y sin riesgo. Eso sí, está peor pagado. Allí no les hará falta que ningún mandado sin escrúpulos siegue la integridad y la honra del toro. Que donde ustedes leen arreglar, otros ven insidia, mentira, trampa, fraude, vergüenza. Que lástima que aparte de al ganadero, no les sancionen a ustedes con una temporadita sin poder torear en España, que lástima que los aficionados sean cuatro y que no se puedan hacer oír en las plazas para que todo el mundo les llame lo que son, aparte de los verdaderos verdugos de la fiesta de los toros. Pero claro, ese público entusiasta se pasa el tiempo queriendo amordazar a los que les intentan abrir los ojos, en lugar de abrirlos y ver en qué consiste el magisterio de estos dos fenómenos que emborronan la historia del toreo, la tradición, una tarde sí y siete también. Si al menos en lugar del Gato Montes se les recibiera por esas plazas de Dios jaleándoles a coro el Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fígaro.

A Jorge Guevara, QEPD

Enlace programa Tendido de Sol del 13 de enero de 2019:

martes, 17 de abril de 2018

La gente lo pide: argumento para un indulto


Después de ciertos acontecimientos, ciertas reacciones, no sé si deberíamos replegarnos

En esto de la libertad del hombre, de los derechos del ciudadano, los hay que piensan que no deben existir los límites, al menos para lo que ellos quieren, porque para lo que quieren los demás, jaulas y vallas con pinchos. Que si yo digo pum, el resto que diga pum purrumpumpum y, si además es la muchedumbre la que corea, a los leones con aquel que no siga la cadena. Que me habría gustado ver a los que negaran en la plaza el indulto y triunfo triunfalista del Juli en Sevilla. Que si no salieron escoltados por las fuerzas del orden, igual fue porque tales fuerzas también andaban metidos en esa orgía de orates indultadotes.

Que igual alguien no tuvo la suerte de ver tal acontecimiento y le gustaría saber qué ocurrió allí. Pues bien, quizá si prestan atención a los partidarios, igual no les queda la cosa muy clara, a no ser que sepan leer entre líneas, incluso que sepan leer en lo que no se dice. Se ha oído que fue cumbre, y hasta cunvre se ha leído por ahí; que quién no esté de acuerdo es un antitaurino; eso de ¿qué es lo queréis?; el que más se detiene en detalles te dice que el matador no se retorció tanto cómo otras veces y que a la vez arrastraba la muleta una enormidad, lo que es cierto, pero no confundamos eso, con bajar la mano. Bajar la mano es citar a una altura y someter al toro obligándole, bajando la mano, cuando llega a jurisdicción y se le embarca en la embestida. Arrastrar la muleta es eso, arrastrar la muleta, con el mérito que eso supone de resistencia lumbar. También se ha oído lo de histórico, que no es ya nadar en la originalidad; hasta hay quién habla de las francas y humilladas embestidas del animal, pero esto serán los mismos que repararon en lo del arrastre muleteril. Y cuándo esos amargaos de la vida, antitaurinillos, que no antitaurinos, les responden con lo del escarbar, la deficiente suerte de varas, la escasa presencia y el vicio ventajista del espada, quién en ese toro no puso en práctica eso del julipié, entonces te salen con que lo pidió el público y que el público es soberano. Sí,  es verdad, el público a veces es Soberano, Fundador, Johnny Walter, Beefeater y muchas más cosas, pero eso es salirse del tema, allá cada uno con la forma de alegrarse.

Si lo que manda es la muchedumbre, ¿qué pinta el presidente? ¿Para qué un reglamento? Dejemos que la masa decida, que ya habrá quién se emplee a fondo para manejar a tal marabunta, lo que resulta bastante más fácil que convencer a los individuos uno por uno y cara a cara. Que si dejamos el mando y las decisiones a estos arranques multitudinarios, lo mismo podemos ser testigos de que ese enjambre de voces pidan que se ajusticie a un tío que pasaba por allí, un método patentado por un tal Lynch. Que la masa puede pedir, puede vociferar, puede echar las manos al cielo, pero ahí tiene que haber quién imponga la cordura, no interpretando, sino aplicando una reglamentación existente. Que puestos al absurdo, que esto ya bastante absurdo es, por ese empuje colectivo, siempre tendrían que ser campeones en el fútbol los que más hinchas tuvieran, los de los estadios más grandes, los de la masa más sonora y enfurecida. En los Juegos Olímpicos, las medallas para China, la plata para la India y el bronce, pues de momento para los estados Unidos. ¿Absurdo? Al extremo. Pero aquí, en esto de los toros, tiramos por el poder de la masa, que por otra parte es jaleado por el poder. Pero que si un día cambian las tornas y esa masa no nos cuadra, tiramos a degüello contra ella y si no saben cómo, consulten al maestro Esplá disparando al corazón de la afición de Madrid, la misma que le mantuvo vestido de luces durante años.

Y siguiendo con lo del indulto de Sevilla, el primero, porque ya nadie se atreve a asegurar si no habrá más, ¿cómo es posible que en ese momento de euforia el señor don Emilio Muñoz jalee y empuje para que se saquen los pañuelos blancos y luego repliegue velas afirmando que la cosa no era para tanto? Aunque igual servidor es demasiado ingenuo esperando que este caballero sea capaz de opinar y luego mantener esa opinión. Que si aplicamos eso de que rectificar es de sabios, este señor es de Nobel, pero quizá esa sabiduría que se le supone también tendría que ir acompañada de buen juicio, de reflexión y sobre todo, muy especialmente, de honestidad para no acabar en convertir en dogma eso de que la gente lo pide: argumento para un indulto.

Enlace programa Tendido de Sol del 15 de abril de 2018:


martes, 13 de febrero de 2018

Los quehaceres de la ONU


Siempre habrá que agradecer que un día alguien creyó oportuno el llevarnos a los toros, una y cien veces

Agradezcamos a las sesudas mentes de la ONU su preocupación por la infancia hispana o quizá mejor debería decir por la infancia ibérica, aunque así puede que excluya a parte de la infancia gala y americana, con las dudas que esto plantea, pues puede ser que esas infancias puedan sentirse excluidas y discriminadas de las preocupaciones de las mentes pensantes de la ONU. ¿No les parece un lío? No he hecho más que empezar y ya me he perdido. A ver si esto va a ser para minar la trascendencia de la nueva medalla de las Bellas Artes. Que igual lo señores ONUdios se han visto ninguneados por esa medallita a don Julián López Escobar y en represalia nos salen por estas de los niños, las corridas de toros y lo dañino de los bocadillos de chorizo para merendar, en detrimento de una ensalada de quinoa con pipas de girasol, brotes de canguingos y rebrotes de aire. Pero claro, ¿qué niño pueden estar jugando y corriendo con una ensalada en una mano y la tizona del Cid en la otra? ¡Aaaaah! Que ahora no va así la cosa, que ahora no corren y para picar en la ensaladita les vale pulsar la pausa.

Lo que han cambiado las cosas, tanto que algunos nos perdemos casi tanto cómo con el asunto de las medallitas y los méritos obtenidos para que a uno se la den. Uno que siempre había pensado que esto de los toros tenía un aspecto educativo, que tenía unos valores que los mayores intentaban inculcar a los niños para la vida y ahora resulta que no. Pero que no digo yo que los señores ONUdios no tengan razón y no se sepan lo que se hacen, pero… Porque a ver cómo me explican a mí cómo se le enseña a un crío algo en principio tan contradictorio como es el que a un señor, en este caso un torero, hay que reconocerle el enorme mérito de enfrentarse voluntariamente a la muerte, con todo lo que esto conlleva, sin desear, sin tan siquiera querer imaginar, no solo que esta llegue, sino que se evite el más mínimo percance; pero claro, esto bajo la premisa de la exigencia y el respeto a su oponente, el toro, que es quién tiene entre sus pitones la gloria o la muerte y al que no se toma cómo enemigo. Dirán que vaya lío, ¿no? Pues no quieran ni pensar en lo de las medallitas de las Bellas Artes.

A ver cómo se les enseña a los niños que la vida es vivir y morir, que la vida es gloria y fracaso y que este puede implicar censura, crítica, pero siempre el respeto a quién se enfrenta a esta circunstancia con gallardía, nobleza, verdad y miedo, un miedo absoluto, que se vence con afición, con amor al toro, ¿qué cosas? Y a ese rito que un día aprendieron de sus mayores. A ver cómo se le puede educar a un niño en eso de enfrentarse a una dificultad con verdad, dando en cada embestida la opción de ser cogido, pero al mismo tiempo salvándola a fuerza de experiencia, conocimientos y el saber que fueron acumulando generaciones de toreros, ganaderos y aficionados. Que no digo yo que no haya un tutorial en youtube que explique todo esto, porque ya hay tutoriales hasta para quitarse las legañas de buena mañana, pero permítanme algunas reservas.

Que igual resulta fácil de enseñar eso del respeto a la experiencia, el reconocimiento absoluto a la antigüedad de los mayores, los que antes se iniciaron en este camino y que en su momento, hasta ceden paso, le dan la alternativa a los jóvenes que vienen detrás, admitiendo que un día serán los que les aparten del camino. Eso ocurre con los matadores, que puede ser que cedan los trastos al chaval que un día les mostrará la salida, igual que los aficionados, los padres o los abuelos, ceden un día su puesto a los que les seguirán, los que puede que les superen en saber, aunque es complicado que se dé el caso, haciéndoles sentir ese inmenso orgullo de haber sabido y podido transmitir el amor al sacramento del toreo. Verán cómo sus pupilos caminarán solos y con solvencia por el ruedo o los tendidos, aportando su óbolo a mantener viva su pasión. Pero hasta en esto, cómo en la vida, aparece esa contradicción del que parece ya valerse por si mismo y de repente, cuanto más profundiza en el toreo, en la vida, más echa de menos a sus maestros, más necesidad tienen de saber qué habrían hecho, que habrían dicho ellos, cómo lo habrían visto y cómo lo habrían contado. Que ya digo que habrá tutoriales magníficos que puedan enseñar todo esto y hasta con infografías explicativas de los porcentajes de sentimientos contradictorios que se puedan dar en cada fase del proceso, siempre avalados por la experimentación de prestigiosas universidades de por allá lejos, pero de lo que no me cabe duda es que el alumno, por muy aventajado que sea, no sabrá por esta fuente de amores, pasiones, sentimientos, emociones y hasta identificación con las raíces, con la tierra y sus ancestros. Quizá tampoco acaben de asimilar eso del sentido crítico, del rigor al enjuiciar las causas por las que unos señores bien pensantes de un Ministerio son capaces de otorgar la medalla de las Bellas Artes a don Julián López Escobar, siendo él un ejemplo tan aventajado de la vulgaridad, la trampa y el despropósito torero, experto en esquivar el toro; no en el ruedo, sino en los despachos, procurando no encontrarse con este ni en un callejón oscuro y de forma sorpresiva. Pero no creo que esto se incluya de ninguna manera en lo que esos señores ONUdioses cuenten como parte de los quehaceres de la ONU.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Ni quito, ni pongo rey

Empezamos por citar y...


Ha habido ocasiones en las que he escuchado aquello de la torería de no sé quién, el empaque de no sé cuánto o el poderío de El Juli. Que no seré yo quien ahora me ponga a decir que no, aunque no es que me cueste creerlo, es que no puedo, por mucho que me esfuerce, pero ya digo que eso lo dejo de momento. Pero ya que uno se sujeta por ahí, tampoco me pidan que me quede quieto. Que luego pasa que uno se pone a enredar, que le mandan unas fotos dónde el maestro Juli está desplegando todo su jarte, todo su poderío y, ¿qué quieren que les diga? Pues que servidor no es de piedra y como todo el mundo, uno tiene sus debilidades. Así que en una de estas me llegaron tres fotografías en los que se podía ver esa idea del natural que el de Velilla vas desplegando por esas plazas del mundo.

Y uno, que anda en eso de aprender a ver toros, como aún no ha llegado a eso de la fluidez conceptual de la tauromaquia, como no lo vea, se me escapa a mi entendimiento y entonces, para apreciar todos los detalles mucho mejor, me puse a ver en qué se parecía el magisterio de El Juli a lo que mis mayores me contaron. Eso sí, como uno de los dos tenga razón, el de enfrente anda muy, muy alejado de lo que debería ser el toreo. Que ya digo que no voy a inclinarme ni por uno, ni por otros.

Si empezamos por la forma de citar, ahí ya empiezan a fundírseme los plomos. Siempre había entendido que el cite debería ser natural y sin forzar posturas más propias de contorsionistas tailandeses del circo Ringling. Que hasta he oído lo que se valora ese bajarle la mano a los toros, pero, ¿eso de bajar la mano no viene después, una vez que se ha metido al toro en la tela? Que hasta tiene más mérito eso de conducir la embestida de arriba a abajo y no guiar simplemente de abajo a abajo. Pero no me hagan mucho caso, que o bien mis maestros no se explicaban bien o es que servidor no se enteraba, que es lo más probable; y así sigo, que cada día me entero menos y menos y menos y... Lógicamente, para agachar la muleta y ponerla manteniendo la distancia de seguridad entre toro y torero hay que agachar todo el cuerpo, dándose origen al bonito fenómeno de la L invertida, más conocido como la alcayata; no traten de hacerlo en sus casas, pues puede resultar peligroso para sus lomos. Solo si lo hacen bajo la supervisión de un profesional, y de los buenos, de la fisioterapia, con una bote de kilo y medio de Voltadon, eso de los dolores musculares. Pero aquí no acaba todo, que luego está lo de ofrecer la muleta, que puede ser echándosela a la cara con gracia para que el animal se engatuse en las bambas de la pañosa o que groseramente se le ponga el pico por delante, con ese clavo tan feo que asoma en el extremo del estaquillador.



¡Ay, señor! ¿No me podía haber quedado quietecito? Qué lío esto de fijarse en las fotos de don Julián, pero en el pecado llevo la penitencia. Porque, ¿qué me dicen de eso de pasarse el toro por la faja, corriendo la mano y sometiendo al toro ofreciéndole la panza de la muleta? Pues a mí me dirán lo que quieran, pero al Juli parece que no se lo han dicho nunca. Porque si en el cite ya se apuntaba la alcayata, en la ejecución, y nunca mejor empleado este término, decía que en la ejecución del natural ya no es alcayata, ya es la ferretería Hnos. López al completo, con sus tres plantas y todas sus estanterías al completo. Aquí sí que venía que ni pintado lo de bajar la mano, pero no, seguimos con las agachaditas, las lejanías y ese feo y obsceno pico de la muleta. Que cómo en lo del cite, en lo de pasarse el toro aún es posible superponer las imágenes de lo que hace el maestro y de lo que me contaban mis maestros. Al menos aún se puede encontrar un eje a partir del cual se puede establecer esta odiosa comparación. Eso sí, en lo del remate del muletazo, eso es harina de otro costal.



Si el remate es abajo y hacia adentro, ¿cómo se puede casar con el pa’ fuera y a lo lejos? Pues la cuestión queda entre el “malamente” y el “imposible”. Que no hay problema, porque don Julián arregla con una carrerita lo que no solventa mandando con la muleta. Pero ya digo que cuándo me puse a intentar encontrar algún punto en común, un arranque del que partiera una forma y otra, un camino que luego se bifurcara, lo que hallé fueron dos carreteras con origen en mundos diferentes y muy distantes, una me recordaba aquellas autopistas norteamericanas en las que sus rectas se perdían en el horizonte sin tan siquiera asomo de curvas y la otra una de esas carreteras de montaña enredadas entre sus faldas en busca de la cumbre, rodeada primero de bosques y según va tomando altura, rozando las nubes con los labios. Pero no quieran ver en todo esto ni rastro de adoctrinamiento, pues a cada uno le gusta lo que le le gusta y por eso, ni quito, ni pongo rey.


Enlace programa Tendido de Sol del 13 de noviembre de 2016:

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Hristo el antitaurino ventajista

Otro año más, el gordito gracioso da rienda suelta a su afición


Estos ataques ya están pasando de castaño oscuro, como diría el otro, “hasta aquí hemos llegao”. El señor Mejide ha sobrepasado todos los límites en sus ataques a la Fiesta de los Toros. ¿Por qué? Pues porque no se puede llevar al Juli a un programa de la tele, esperando que con su verbo defienda nada. Eso es abusar. ¿Qué nos queda ya? ¿Qué llamen también a Ponce, a Jesulín, al lotero de doña Manolita? Anda que no podían haber contactado con Esplá, por poner un ejemplo, que en esa marea de diálogo entre amable y venenoso se maneja como pez en el agua, que no solo explica, sino que rebate y desecha argumentos tan vacíos como sobados. Uno tira de tópicos sin demasiado convencimiento y el otro los desmorona y además ofrece argumentos sólidos y que sorprenden a los propios antis, que también tiran de su propia retórica, ignorante, pero que cala en los espíritus cándidos del ciudadanos amigos de los animales... que hablan.

Resulta una utopía el pensar que la mayoría de los toreros sean capaces de defender la Fiesta, ni son capaces, ni tienen convicción. Ellos lo que sí saben defender a bocados es su negocio y de ahí no les saquen. Que así pasa, que nos llega el indignadísimo Castella, ese que dice que no hay derecho a lo que están haciendo con ellos y que en su día confesó la lástima que le producía un toro antes de entrar con la espada. O el último, Miguel Rodríguez, que aboga para que no se maten los toros. ¿Estamos locos? ¿De que estamos hablando? Nos quejamos de los animalistas, falsos naturalistas y transitamos por el mismo carril que ellos. Quizá nuestra propia ignorancia y desconocimiento del toro sean los que nos lleven a creer que los Toros se salvarán, precisamente cuando dejen de ser los Toros, lo que ahora los finos llaman Tauromaquia. Salvemos el fútbol, a partir de ahora, para evitar el sacrificio de vacas proveedoras de piel para balones, se jugará sin pelota, si acaso con una de trapo, pero no siempre, que las plantas de algodón también se crispan cuando se las corta. El cine será cine sin películas, la vendimia sin vino, la Nochebuena sin cordero, la natación sin agua y la estupidez sin seso.

La verdad es que cuando uno ve que los toreros se disponen a hablar, salvo contadísimas excepciones, o cuando van a un programa no taurino, me echo a temblar. Mi primer impulso es recoger todos los libros de toros, los cuadros, las películas, los dibujos, los recuerdos y la tarjeta de abono de Madrid y meterlos en un baúl del tiempo, enterrado a cinco metros de profundidad, debajo de un piedrolo de mil toneladas y sin dejar pistas de lo que allí hay. Y a ver si con el paso de los siglos, alguien lo encuentra y se anima a descifrar el significado de todo aquello. ¿Se imaginan? Encuentran esta caja precisamente cuando una máquina excavadora removía los terrenos sobre los que se iba a construir una plaza de toros; la Nueva Plaza de Madrid, con cabida para 80.000 personas, junto al parque arqueológico de la antigua villa de Coslada, ya desaparecida. Estaría bien, puestos a imaginar.


Y es que los que se supone que más saben de esto, los únicos con derecho a opinar, porque ellos si se han puesto delante, los artistas sublimes, los genios, los héroes absolutos del toreo, les quitas lo de la tradición, la cultura y los puestos de trabajo que genera el toro y se nos pierden. Pero tampoco nos sorprendamos, esto no resulta tan ilógico, pues si es verdad esa máxima de que se es cómo se torea, ¿qué podemos esperar? Le echan un toro encastado y se lo quita de encima cómo puede, le echan un Mejide con genio y le aplica la misma medicina, le insinúan que es un asesino en serie y le salta por lo del arte, en fin, que los del pico, la pata retrasada, los retorcimientos y el julipié asoman de igual manera en un ruedo, que en un set de televisión. Y el Hristo crecido y más encantado de conocerse que nunca. Que si el Toro de la Vega, que si se disfruta matando animales mientras los bárbaros sanguinarios disfrutamos con la crueldad gratuita. Un poco más y hace que el torero se trague lo de Sodoma y Gomorra, sin decir ni pío, si acaso, que las estatuas de sal son arte y que forman parte de la tradición escultórica del Mar Muerto. No hace mucho un aficionado de los buenos me decía que a él los toreros le gustaban toreando y no hablando, o cómo responde otra máxima, los de luces, dónde tienen que hablar es en el ruedo. Así que mientras que nuestras figuras no se manejen adecuadamente en eso de la retórica, que también es un arte, por favor, eviten enfrentamientos innecesarios con Hristo el antitaurino ventajista.


Enlace Tendido de Sol del 14 de diciembre de 2015:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-14-dic-2015-audios-mp3_rf_9716436_1.html

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Julián I, el Generoso, abrirá los carteles a los jóvenes

Se abre la puerta a los alumnos aventajados

Por mucho que se quiera disimular, al final cada uno se pone en su lugar y basta con dejarle abrir la boca, para que nos aclare lo que sospechábamos o lo que tanto quisieron ocultar; y si hay alguien que se retrate con una nitidez fotográfica, ese es Julián López Escobar, el Juli. No es el único, pero si uno de los más destacados miembros de la cofradía de “Por la boca muere el pez”. Parece ser que se le queda chica la hermandad de los de “Por sus hechos les conoceréis” y de tanto en tanto nos regala sus enseñanzas en forma de perlas cultivadas, dentro de las ostras que él tanto cuida y aburre con su insufrible “magisterio”.

Debía pensar que no teníamos bastante con su colección de grandes éxitos de la literatura, la trilogía formada por “Historias de corrales”, “Relatos en los despachos”, “La lejanía y el dolor de lomos” y “Cuando me callo, mejoro”. Vale, son cuatro, pero para los maestros, las trilogías pueden ser de tres o más clases magistrales. De la cuarta de la trilogía procede su última enseñanza, esa en que nos ilumina afirmando que a partir de ahora va a abrir los carteles, porque así se ha posicionado el público y así lo demanda. Que dice que es el momento de alternar con los jóvenes, que ahora el interés se genera incluyendo a estos en los carteles. Vamos a ver; a veces uno se cree que está quedando como un marqués y la realidad es que queda como la Chencha. O sea, que hasta ahora, él, el gran maestro, se permitía el lujo de poner o quitar a otros compañeros a su antojo, que se anunciaba con él, aquel al que su magnanimidad se lo permitía, importantándole un bledo el aficionado y sin que se atisbara el más mínimo asomo de dignidad, vergüenza torera y orgullo de querer ser el mejor y demostrarlo en el ruedo en competencia con todos. O sea, que según parece, eso de la comodidad y el veto a los que le podían molestar, es tal cual muchos suponían. ¡Caramba! Y se queda más ancho que pancho tras confesar semejante tropelía que se ha convertido en norma a lo largo de los años. No, si ya nos parecía que algo de todo esto había en el mundo del toro y más concretamente en las altas esferas, en esas supremas instancias de las figuritas.

Que nos suelta que los jóvenes han mostrado su capacidad y que interesan y que por lo tanto ahora es el momento de competir con ellos. ¡Ah! Señor supremo, que ya ha decidido que esa plebe coletuda puede gozar del privilegio de respirar el mismo aire que el más grande. A ver si hay borregos para todos y no tienen necesidad de echar mano del toro alguna tarde perdida. Pero seguro que en las tardes en las que don Julián haga el paseíllo, siempre habrá un mojicón que echarse a la boca y si estos escasean, pues no se sortea y punto. Que tampoco va a ser la primera vez que esto suceda. Al final cundirá el ejemplo de algunas tardes de la temporada pasada. Y no es que uno se lo invente, que fue un hecho reconocido hasta por los mismos que perpetraron semejante atropello.  

Lo que ahora nos preguntamos muchos es si este virus, que no sé muy bien si es el de la verdad o el de la necedad, seguirá afectando a Julián López Escobar o si le habrán administrado el oportuno tratamiento. A ver si ahora nos suelta que ha decidido dejar de torear la mona y que va a empezar a ponerse delante del toro de verdad, del toro íntegro, que abandona esa filfa del monoencaste y que va a empezar a sentirse torero y no asalta plazas, toreando ganado de todo tipo; no quiero decir encastes, porque me niego a seguir ese juego de la encastefilia. Basta con que asuma torear el toro en toda su variedad. ¿Se lo imaginan con una de Moreno Silva, Pedraza de Yeltes, Fraile, Adolfo, Escolar, Miura, Ibán, Cuadri y hasta Parladé o Juan Pedro, pero de los complicados, no de los de siempre. Que sí, que son de diferentes encastes, claro que sí, pero empecemos a recuperar el sentido de la ganadería, a reconocer la mano del criador y dejémonos también nosotros de adorar al santo por la peana pidiendo tal o cual hierro por ser de un encaste determinado, cuando sus reses no soportan el más mínimo grado de exigencia como toros de lidia.

Puestos a elucubrar, quizá El Juli nos anuncie que ya no va a montar las peloteras matinales a las que nos tenía acostumbrados por esas plazas de Dios a la hora de los reconocimientos, que eso ya es historia y que como un niño bueno, se arrepiente y no lo volverá a hacer más, que va a respetar los criterios de cada plaza, las decisiones de los veterinarios, presidente y al tiempo mantendrá una máxima observancia de la dignidad de la Fiesta y del respeto por el aficionado. A ver si ya puestos, también decide que abandona esas trampas que tanto ha perfeccionado a lo largo del tiempo, que no habrá más retorcimientos, ni toreo periférico, ni pases en línea recta, ni ese arrastrar la muleta desde antes de iniciar el muletazo, ni el no cargar la suerte, ni mucho menos esa forma traicionera de sacrificar al toro en el momento en que tendría que hacer honor a eso que se dio en llamar la suerte suprema. Estaría bien, así igual podríamos disfrutar por un lado de esta transformación deseada y por otro del espectáculo de ver como los palmeros justificaban lo nuevo sin desdecirse de lo viejo. Pero tranquilos, no hay que aventurarse demasiado al pensar que no habrá nada de todo esto, porque nada de todo esto parece importarle, al menos mientras no le afecte a su negocio al señor Juli. Así que de momento, que se nos quite la cabeza cualquier asomo de mejora, olvidemos cualquier posibilidad de transitar por los caminos de la verdad y meditemos sobre un hecho que en si mismo dice más de lo que su autor habría imaginado jamás y es que Julián I, el Generoso, abrirá los carteles a los jóvenes.


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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Julián I de Velilla y V de Mejorada, fustiga a la afición mexicana

Al final no se va a saber si se abrirán nuevas escuelas en América o si se cerrarán las ya existentes en España.


Los taurinos se quejan y sienten cierta desconfianza por la presencia de Beilleres por estos lares hispanos, pero claro, si les mandamos para allá a don Julián, ¿qué esperamos? Pues tendrán que contraatacar. Si les tocas la moral a los aficionados aztecas, no podemos esperar que se queden de brazos cruzados. Anda que no se han perdido amistades por ofensas mucho menores que la de don Julián. Se hace presente en el embudo del DF y como si nada, pretende simular el toreo ante animales orejones y desmochados; aunque quizá lo correcto sea decir animales desmochados que parecen  orejones. Ahí lo tienen, el poder hecho hombre, el defensor de los novilleros, el titular de una escuela taurina propia, el elegido por el dedo divino para la defensa de los toros, se cisca en todo poniéndose delante de una vergüenza impresentable. Eso sí, al menos tuvo el detalle de no permitir que su hazaña se “gozara” en el Viejo Continente. ¡Ayyyy! No nos niegue sus clases magistrales de desgobierno taurino, del reino del trapazo, la contorsión ridícula, el fraude insultante y la trampa institucionalizada y admitida bajo esa coartada de que cada uno tiene su forma de hacer las cosas. No confundamos personalidad con marrullería, ni mando con ratonería.

Se pasan la vida piándolas y exigiendo respeto, respeto a ellos que se juegan la vida, respeto a su arte, respeto a la cultura que ellos dicen representar y respeto callado para permitirles llenar la saca sin tener que escuchar el más mínimo asomo de descontento y discrepancia con ese acto en contra del toreo que perpetran una tarde sí y mil también. Pero como las mayorías se rinden a sus pies, entonces a callar, pues amparados en la masa, se arrogan el derecho a desmantelar la Fiesta de los Toros y dejarla escaparse por el desagüe, simplemente para que a ellos les caigan sus treinta monedas de la traición.

Se quejan como plañideras de los ataques que sufren de los antis, los políticos, los ignorantes, los que no se han puesto nunca, los que van a desahogarse, los que no saben lo que quieren, los que todo lo ven mal y no encuentran nunca nada bueno, de los del Sálvame, de los de Podemos, de los de Jod..., pero sin reconocer jamás, pero jamás, que ellos llevan ventaja a todos en esto de acabar con este enfermo que son los toros. En la Plaza México, Julián I de Velilla y V de Mejorada, quizá sin pretenderlo, expuso un denso compendio de lo que él y sus secuaces suponen para la Tauromaquia: los caricatos que convierten en ridículo y patético este rito del toro. Díganme si cabe otra explicación, estoy abierto a cualquiera que se me presente con un punto de razón, pero yo solo veo que unos señores, encabezados por otro que calza medias rosas, se agencian unos animalejos infames, la pura imagen del bochorno, desmochados, exageradamente anovillados y fofos como muñecas de trapo, a los que les cuesta un mundo tenerse en pie. Siempre se hacen acompañar de alguien que no les moleste, que no les incomode ni un poquito, alguno de la familia o aspirante a pertenecer a ella. Hay que evitar sobresaltos, no vaya a ser que asome uno con alma de torero y ganas de mojarle la oreja. Y el público con ese desquicie que lo mismo pide orejas que protesta el borrego y hace que lo echen para atrás.


Pero, ¿ustedes creen que todo esto le importa a Julián I de Velilla y V de Mejorada? Y quién dice el Juli, dice cualquiera de las figuras, esas de las que se dice que torean mejor que nunca, el toro más bravo y encastado que nunca y con más trapío y romana que nunca. Si no fuera el escándalo que es, sería para echarse a reír a carcajada limpia. ¿Cabe mayor descaro? Lo malo es que estas mañas tienen pinta de hacerse eternas y perpetuarse en el tiempo, al menos mientras esto dure. Ya se ocupan los taurinos de inculcarle toda esta majadería y desprecio por la Fiesta a los “nuevos valores”. No llevan diez minutos de alternativa y ya se quieren llevar los torillos debajo del brazo, ni sorteos, ni rifas, hay que asegurar. No consienten la menor crítica, ni tan siquiera un mohín de desaprobación y a nada que te descuidas, tiran de lo del respeto, el arte, la cultura y lo de jugarse la vida, sin que ellos respeten lo más grande, los toros; sin que sean capaces de crear arte ni por asomo; sin tener nada que ver su pantomima con nada similar al hecho cultural; y jugándose la vida, sí, pero en la mayoría de los casos más por su incapacidad lidiadora, que por la condición del toro. Pero claro, si el público, y a veces algunos aficionados, aplauden al que simplemente se abandona a merced del toro, al que se ve desbordado ante cualquier asomo de genio o de casta y que con su negligencia bien se ocupan de hacer malo al bueno y mucho peor al complicado. Ya ven que todos los males son de uso exclusivo y personal de El Juli, simplemente él, al ser uno de los máximos exponentes de la torería actual y gracias a su desahogo manipulador, pues por momentos se convierte en el principal objeto de nuestros cabreos y por si no le bastara con los de acá, consentimos y contemplamos como Julián I de Velilla y V de Mejorada, fustiga a la afición mexicana.


Enlace programa Tendido de Sol del 9 de noviembre de 2015
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lunes, 28 de julio de 2014

Con lo que yo he sido para ti

Como si hubiera perdido a El Juli o a su Roberto, el toro busca en las profundidades de la Tierra


Ahora decides dejarme de lado, apartarme de tu destino y empezar otro camino por tu cuenta. Está bien, esa es tu decisión, la respeto, pero eso no quiere decir que no pueda borrar tantos recuerdos contigo, tantos momentos dulces, esos instantes en que te veía en la cima del mundo, yo era feliz, porque sentía que tu gloria se apoyaba en mis espaldas, en mis esfuerzos y, si me apuras, hasta en mis vergüenzas, pero valía la pena. Todo se me hacía poco si era para ti, porque tú eras mi razón de vivir. Tantas tardes susurrándote cosas al oído, tantas veces gritando al viento ¡ya, ya, ya, ahoraaaa! Y esa cara de satisfacción que vencía a tu agotamiento empapado en el sudor que brotaba de tu entrega, de esa generosidad que solo podía nacer de un ser como tú. Yo te veía como un Dios al que los ángeles se llevaban en volandas camino de la gloria.

¿Qué haré ahora sin ti? Pues seguiré adelante, porque eso es ley de vida. Quizá encuentre otra persona que ocupe tu puesto, pero no tu sitio, tú eres y serás único para mí. Ya sé que te costaba y te cuesta explicar tus sentimientos con palabras, a veces te cuesta hasta hablar, no eres un consumado orador, pero da lo mismo, tus hechos ya eran más que suficientes, con tus hechos yo ya me sentía enriquecer, tenía la sensación de estar acumulando un tesoro digno de un rey. Porque tú eres un rey, heredero de una dinastía de héroes de la antigüedad. Un ser todopoderoso y juntos podíamos dominar el mundo, nada se ponía en nuestro camino, nadie osaba hacer tal cosa, porque si así fuera, lo apartábamos desterrándolo a los confines del mundo. Nuestra fuerza iba más allá de nuestra tierra, atravesaba mares, océanos y se desplegaba en nuevos mundos, con la autoridad y decisión que solo ostentan los elegidos.

Quisieron hacerte sombra, quisieron empequeñecer tus méritos, pero no pudieron. Tú y yo juntos podíamos con todo, nuestros lazos eran tan fuertes que no había espada que los pudiera romper. Ni las palabras de los necios, ni el dinero de los adinerados, ni los argumentos de los que se dicen sabios, porque el pueblo, ciego por tu resplandor, solo obedecía a tus mandatos. Reunías a toda tu corte para anunciarles las buenas nuevas en tu trayecto, tus apariciones casi milagrosas, heroicas, sublimes, divinas. Ni finos artistas, ni dementes sin razón, ni delicados oribes, ni tan siquiera destajistas a sueldo podían acceder a tu trono.

Pero ya todo se ha terminado, tú has querido que me apee en la próxima estación, que coja mi maleta y me marche. Buscaré otra compañía, buscaré otra pareja intentando volver a sentirme rico, me entregaré sin escamotear un gramo de mis energías en esas mañanas en las se empezaba a jugar el futuro, intentaré poner mis exigencias por encima de la razón si es preciso, hasta por encima de las leyes, la honestidad y el decoro, igual que hice contigo, pero no creo que sea lo mismo y no lo será porque quien te suceda no tendrá esa fuerza, ese apoyo incondicional, hasta ciego de tantos a los que hechizaste con tus juegos malabares. Trucos que parecían casi mágicos, aunque no lo fueran, pero que embelesaba a las masas, a esas mismas que los voceros encandilaban con razones que ni ellos se creían, que ni ellos entendían, pero que deleitaban a todos.

Hasta aquí hemos llegado, esta ha sido la última etapa. Nos quedan varios puertos en los que atracar, pero sabiendo que esta vez, el final no es un punto y seguido, esta vez será un punto y final. Julián, siempre tuyo:

Rober.


PD: Con lo que yo he sido para ti

jueves, 24 de abril de 2014

Joselito, Belmonte, el Juli, Morante, la Chata, doña Esperanza Aguirre y la madre que parió a Panete

¿Estaría conforme Joselito con las comparaciones a las que ahora se ve sometido?


A ver por donde empiezo sin que me enrede a la tercera línea; y es que servidor lleva unos días que ya sin escribir se enreda solo y luego necesita el auxilio social de voluntarios y buenos samaritanos para que me deslíen y me pongan cada cosa en su sitio, quitar el brazo derecho del ojo izquierdo y ponerlo en su sitio, no sin antes quitar de ahí la pierna izquierda, que no puede recolocarse sin que se desenganche el brazo izquierdo, ya que en su sitio esta otra pierna izquierda, ¿o es la derecha? No sé, va a haber que empezar otra vez. El brazo derecho…

Perdonen mi desorientación, pero es que no hay manera, fue escuchar eso de que El Juli es poco menos que la reencarnación de Joselito y Belmonte, que no digo yo que no, pero tampoco digo que sí, y se me hizo un nudo todo mi ser. De Joselito tiene el querer mandar en la Fiesta, pero muy a su pesar, se limita solo en manejar en beneficio propio, huyendo de lo que es la verdad del Toreo, de la torería del que se viste de luces y de la vergüenza torera del que se atreve a enfundarse el vestido de torear. Si será osado su afán de manejo, que al no conseguir alcanzar esa autoridad que conquistan los más grandes, pretende adueñarse de la ganada con honra por dos de los pilares sobre los que se edificó la Tauromaquia moderna, sin tan siquiera plantearse si, además de hacer el ridículo, estaba profanando el mausoleo del Toreo. Qué más da, todo con tal de ganar adeptos a su fe, que como todas, exige ceguera y creencia sin reparos de los dogmas que dicha fe impone. Pero lo que igual no acaba de entender es que con estas salidas de tono, al aficionado le hace encastillarse más en su postura, quizá intransigente para unos, pero para otros no es más que la fidelidad a los principios del Toreo que fue mamando desde niño a la sombra de sus maestros.

Resulta chocante, quizá demasiado burlesco el ver como estas figuras, estas pretendidas reencarnaciones de Joselito y Belmonte, se devanan los sesos para elevar a la categoría de idea magistral y transcendental, las simples ocurrencias de una tarde de botellón, jaleadas por esos incondicionales del maestro, siempre y cuando el maestro les “obsequie” con un “gesto” que premie su servilismo. Que la torería no reside en el saber estar delante de un toro, ni mucho menos, la torería es llegar a la plaza subido en un coche de los años veinte del siglo pasado, en fumarse un puro entre toro y toro, justo cuando los compañeros andan faenando con su lote, en tomarse un cafelito, por aquello de calentar el buche. Y qué me dicen de eso de llevar cada uno sus toros, sin necesidad de sorteo, ni na’ de na’, o anunciarse en una plaza de primera sin que se le diga a los señores aficionados la ganadería que va a ser lidiada. ¿Es eso torería? ¿Es eso emular y no faltarle al respeto a la memoria de José y Juan? Pues parece ser que sí, que hasta los profesionales de la pluma le quitan importancia a eso de callarse el hierro a lidiar, total, ¿qué más da? Si lo importante son las figuras, que irán en automóvil de hace casi cien años. Luego ya pueden salir cabras montesas desaliñadas, que si el artista pega una media de esas hipnotizadoras, cualquier engaño está más que justificado.

No sé dónde vamos a ir a parar, pero yo me pregunto, ¿nadie se sonroja con estos derroches de falta de respeto, bravuconería pandillera y desprecio por el rito? Parece ser que no. Que yo no digo que un señor periodista, uno de esos que tanto hacen por su fiesta, la de los billetes y privilegios a cambio de vaya usted a saber qué, no pueda declarar sus amores taurinos; eso es muy digno y muy respetable, por supuesto, pero hay una frontera que no se debería traspasar, la de la dignidad de este espectáculo y por supuesto, la del toro, el único imprescindible en todo esto y que puede poner el mundo patas arriba. Que luego vendrán esos acomodados o los que mendigan un lugar en  el taurinismo y dirán que posiciones como estas pretenden que se acaben los toros, que somos el gran problema y mucho peores que los antitaurinos. Pero tranquilos, no hombre, no sean ustedes tan simples y maniqueístas, no vean en nosotros una amenaza para la continuidad de la Tauromaquia, y perdón por atreverme a incluirme en este grupo que quiere que la Fiesta recupere su esencia y los fundamentos clásicos. Eso sí, tengan por seguro que lo que sí queremos que se derrumbe, y por ello lucharemos aunque les escueza más que el vinagre en un ojo, es su negocio, esta infamia que se han preparado con tanto descaro y que pretenden perpetuar por los siglos de los siglos. ¿Qué se les acaba el chanchulleo? Pues lo sentimos mucho, ¿qué se le va a hacer? Que igual echan ustedes de menos ese compadreo untuoso y apestoso, pero hace falta que corra el aire puro en el mundo del toro. Lo que son las cosas, tanto los taurinos, como Julián y Morante coinciden con José y Juan en su idea de perpetuar y engrandecer una idea. Estos, especialmente José, vivía en una continua búsqueda por la mejora y acercamiento del espectáculo a la mayor cantidad de gente. Belmonte aceptaba lo dispuesto por José y no volvía la cara ante los compromisos que el momento exigía. Aquellos, los que soportamos mientras nos tapamos la nariz, lo único que quieren perpetuar es su negocio, mientras ellos estén dentro de él, lo que venga detrás ya no es cosa suya. Comodidad al precio que sea, aunque para ello haya que vender el alma al diablo.


Pero que nadie se piense que los “arrimaos” terminan con esta panda de taurinos y aspirantes, ni mucho menos, siempre nos encontraremos con el político aprovechado que eche su cuarto a espadas para sacar tajada a cuenta de los Toros. Y en esto que va doña esperanza Aguirre, la otrora lideresa, y como resulta que la Fiesta no tiene suficientes detractores, ni gente que no sabe de que va esto pero que a poquito que les meneemos se nos ponen en contra, va  y suelta eso de que el que va contra los Toros lo hace porque quiere atacar las esencias y la identidad española, y por si no fuera suficiente, que representa la identidad propia de lo español. Demasiado simplismo, ¿no? Doña Esperanza se arremanga la mantilla y como si fuera la Chata, la Infanta doña Isabel de Borbón, se erige en campeona del casticismo más rancio y astracanado, como si anduviéramos allá en los años veinte, en la época del coche con el que los dos maestros se presentaron a las puertas de la Malagueta. No se puede negar la maniobra política de los políticos catalanes a la hora de vetar las corridas de toros en Cataluña, ni que el toro es uno de los símbolos más reconocibles de nuestra cultura, pero no hagamos una bandera exclusiva de ello, entre otras cosas, porque dicho acerbo cultural y las tradiciones de esta península son mucho más que solo esto. Pero ya sabemos que esto enerva a las masas y se las puede manejar como arma arrojadiza contra el oponente político, sin que importe que ocurre después con el Toreo, porque para entonces ya habrán pasado elecciones, disputas políticas o situaciones que se pretende que pasen lo más desapercibidas que se pueda. La Chata se presentaba una tarde en los Toros en la plaza de la Carretera de Aragón, en la de San Sebastián o en la Pradera de San Isidro y ya se tenía ganado el favor del pueblo, hasta tal punto que hasta los republicanos la eximían de tener que marcharse al exilio. Igual que doña Esperanza, que de repente decidió declarar los Toros Bien de Interés Cultural en la Comunidad de Madrid, mientras por otro lado permitía y auspiciaba los abusos de Taurodelta, temporada tras temporada. Y que no se me enfaden los simpatizantes del partido de doña Esperanza; quizá se quedarían más satisfechos si les pegara un buen palo a sus oponentes políticos, que ya me gustaría, pero de momento ya saben que ni están, ni se les espera en esto del toro. Quizá cuando se quiten ese complejo absurdo de que los progresistas no pueden ser aficionados al toro. Allá ellos. Igual es verdad para los políticos que no se quieren bajar de la silla, pero como en tantas cosas, el pueblo, nosotros, llevamos las aficiones como mayor naturalidad y, será porque hacemos las cosas guiados por nuestra conciencia, no tenemos que andar constantemente con absurdas componendas, que al fin y al cabo, no es otra cosa que vivir zambullidos en la mentira y ya se sabe, en la vida y en el Toro, las mentiras no llevan a ningún sitio.

jueves, 27 de febrero de 2014

Julián Tour 2014. Un futuro con demasiadas certezas

¿Imaginan a Diego Urdiales con 60 contratos ya firmados a estas alturas y presentando su gira estilo Hollywood?


La certeza de lo que se nos viene, de que tal día de tal mes nos embolsaremos un pastizal, cinco días después otro tanto, nueve días de reposo y venga a sumar, tres días de trabajo en una semana, dos de promoción de un trabajo que va a ser exitoso, viaje en avión con billete cerrado para volver a los tres días en el vuelo de las 16:35, puede resultar para unos la tranquilidad de saber lo que se les viene encima, para otros la angustia de tener todo medido al segundo, pero para un torero debería ser algo inverosímil, un imposible, un sueño utópico que el toro tendría que aceptar y los compañeros permitir. Pero y si decimos que estamos hablando de Julián López o alguno de sus compañeros de Grupo de Presión, a excepción de Manzanares, igual la cosa ya se entiende un poco mejor.

Lo que nos quedaba por ver, ahora va y se pone de moda el que los maestros presenten su temporada, lo que quiere decir que o se ven muy seguros de si mismos, de su poder en los despachos o que son unos perfectos ignorantes que quieren dejar en evidencia su falta de respeto, torería, afición y amor por esto que se llama Fiesta de los Toros. Finales de febrero, la temporada gateando aún, que ni tan siquiera andando y estos próceres del taurinismo, los que exigen respeto hasta al Papa, los que se desmadejan la sesera para poner los Toros en el sitio que ellos creen que debe estar, ya tienen su calendario confeccionado de aquí a octubre, en la Feria del Pilar. Estos son unos fenómenos, unos acaparadores y unos oficinistas del Toreo, lo que se viene llamando unos stajanovistas, unos profesionales que diría aquel. No sólo me hacen rememorar aquellos tiempos en los que un torero, una verdadera figura, empezaba en Castellón o Valencia y a partir de ahí iba ganando contratos, se iba haciendo sitio en las ferias que se iban sucediendo, cobrando en cada momento a razón de lo hecho en la arena. Ni que decir tiene el ánimo con el que salían cada tarde, pegando dentelladas, porque de allí  saldrían más actuaciones y mayores dineros, si la cosa se daba.

Si es que ya no deben ni firmar los contratos, deben rubricar al final de una lista de plazas y andando. Incluso pueden hacerse el calendario a modo para aprovechar los viajes y no tener que atravesar España tres veces en dos días. Ya pueden planear lo que será la “Julián Tour 2014”, por poner un ejemplo, o la “Miguel Ángel Tour”, para que nadie se sienta discriminado. Pero qué puede pensar un torero que se quiere abrir camino y quiere hacerse con un nombre en el Toreo. Que como no se disloque un pie uno de los fenómenos, lo más cerca que van a estar de un toro va a ser en Guisando, y eso no les cuenta como festejo toreado. Da igual que cojan una sustitución un día, que rompan con la pana, que parezcan Belmonte, Joselito y el Espartero todo en uno, que no hay sitio, y esto lo saben ya desde el mes de febrero. Y dicen que los plantes, las extorsiones y las negociaciones son para favorecer a los toreros modestos. Pues casi mejor que no les ayuden, porque una ayudita más y me les veo en el paro de por vida.

Pero se les da mejor el copar todos los puestos posibles hasta en plazas de talanqueras, el quitar de los carteles a quién pueda resultar molesto y como a alguno se le ocurra torear una corrida al año por menos de lo estipulado, les ponen de hoja perejil y les tildan de tuneleros. Eso sí, ni se les ocurre hacer intento de sacarle los colores al ruin empresario que ofrece cuatro duros a un hombre por jugarse la vida de verdad, con verdadero riesgo, aprovechando la circunstancia de que este es capaz de lo que sea por vestirse de torero y por llevar algo de dinero a su casa.

No es que el pasado fuera mejor, pero quizá resulte más atractivo eso de hacer la temporada tarde a tarde. Esto exigía dar la cara muy a menudo, el demostrar la valía con el toro bueno, con el malo, con el regular, con el duro y el pastueño y por eso lo de torear de todos los encastes habidos y por haber. Que no era sólo el orgullo de sentirse matador de toros y salir triunfante en cada envite, sino que esa variedad también les permitía a unos y a otros llevarse a los demás coletudos a su terreno. Así, si uno se gustaba con lo de Santa Coloma y se le daba especialmente bien este toro, era lógico pensar que en las tardes de compromiso prefiriera este ganado, igual que aunque no le fuera tan bien con lo de Núñez, no podría quitarse de en medio, porque su competidor le dejaría en mal lugar en el ruedo. Eso del hoy por ti, mañana por mí, pero llevado al terreno de la competencia, esa palabra que un día significó algo en los Toros y que ahora parece vacía de significado. Unos toreros destacaban por la lidia, otros por su arte, por la variedad, por el poder, por dominar todas las suertes, por saber ver al toro, y apretaban a un a costa del riesgo cierto que suponía la enfermería. Pero en estas fechas que merodeamos, tal y como declaró un día en Madrid el señor Finito de Córdoba, ¿para qué se van a arriesgar? ¿Para perder 20 o 30 contratos? Eso es dinero, mucho dinero y una empresa no se puede permitir un bajón en la producción, simplemente por arrimarse un poco más una tarde. Por eso pueden permitirse el lujo de a estas alturas hacer una presentación de lo que va a ser la temporada. Habrá percances, por supuesto, pero igual no los hay y si se deja de cumplir algún compromiso, igual es porque el maestro está cansado y decide cortar la temporada. Que me dirán que el Juli no toreó los Miuras en Sevilla por aquel cornalón, pero también tendrán que admitir que esto suele ser la excepción.


Así se creen con derecho a pedir comprensión al que paga, porque si dan ese paso adelante que a veces exige el toro, pueden ver comprometidos contratos posteriores, y esta comprensión se compensa con una gesta, que puede ser encerrarse con seis borregos de diferente ganaderías, que siempre son las mismas, o ya rizando el rizo, con unos Victorinos de Domecq o unos Miura, aunque de momento este caso no se ha dado. Da lo mismo, la cuestión es que alguien se plantee hacer una temporada seria, construyendo una feria sobre otra y la siguiente a partir de las anteriores, pero claro, esto ahora es algo utópico, pues ya se ve que los figurones tienen todo atado y bien atado, como muestra ya tenemos bastante con el “Julián Tour 2014. Un futuro con demasiadas certezas”.

viernes, 31 de enero de 2014

El Juli: Respeto a todos los valores que representamos



Los toreros que representaban valores del Toreo


Tengo que reconocer que no sé por donde coger a Julián López, motejado como “El Juli”, no acabo de saber si está mal aconsejado, si le obligan las circunstancias y pactos firmados con sus compañeros de profesión o si su entorno le mantiene en una burbuja, una nube de vanidad y extrema egolatría que le mantiene alejado de la realidad y el sentido común. O una carga sobresaliente de cinismo, aunque no creo que esta circunstancia se dé en el torero de Velilla; otra cosa sería si habláramos de Roberto Domínguez, quien parece encontrarse sumamente cómodo en su maquiavélico papel de un Yago taurino que cambia la oreja de Otelo por la de Julián y sus allegados. Aunque si alguien asegura que no hay razonamiento menos real que este, tendré que darle la razón, pero de momento prefiero seguir creyendo en el buen fondo del espada.

Otra cosa es la opinión que me merecen los comentarios, actuaciones en el ruedo y fuera de él y toda esa bruma asfixiante que acompaña al Juli en su deambular por el mundo del toro. A lo largo del tiempo ha interpretado a la perfección el papel de figura dominante; allí está él cuando hay que entrevistarse con los políticos, ofreciendo su apoyo con su presencia a las puertas del Congreso el día en que se votaba la admisión a trámite de la famosa ILP, defendiendo los derechos de imagen de los toreros en las corridas televisadas, formando parte de los sucesivos grupos de presión compuestos por toreros, asumiendo su soledad ante varios de estos compañeros que le dejaron abandonado a su suerte frente a empresas y televisiones, hasta sacando la cara por los novilleros, solicitando mayor comodidad para los chavales o abogando por la modernidad de la Fiesta que tanto le preocupa. Son muchas sus aportaciones, aunque para el aficionado más bien parece todo un deseo inagotable por alcanzar mayor comodidad, menor riesgo y esa desmedida sed de  idolatría a su persona, la de la figura de la Tauromaquia 2.0 que dicen que es, de esa modernidad devastadora que predica sin vergüenza.

Su última hazaña ha sido lo de Sevilla, ese plante que si no te lo explican muy bien, pero mucho, tiene toda la apariencia de una extorsión perpetrada por cinco toreros que se creen con derecho a todo, a decidir quien lleva una plaza, si se televisa una feria o no, quién la retransmite, los compañeros de cartel, el ganado y hasta cómo se debe comportar el público, siempre rendido a sus pies, por supuesto. Unas fuentes de arte primoroso que hay que cuidar y mimar. Y en estas melopeas de arte y divismo, a don Julián no se le ocurre otra cosa que intentar explicar la causa última, el origen de esa autoexclusión de la Maestranza durante la Feria de Abril de 1014. Nos han vomitado varios motivos, pero yo me quedo con una frase que encierra tanto la falta de modestia, como la lejanía con respecto a la realidad, como la ignorancia de lo que ha sido el Toreo. Julián López exige a la empresa de Sevilla El “Respeto a todos los valores que representamos”. Aparte de la constante de “el respeto”, esa gran obsesión de las figuras actuales, quizá las más contestadas de la historia; el respeto que se les tiene como a todo hombre que se viste de luces, aparece eso de “los valores que representan”. “Pa’bernos matao”. Que no digo yo que no representen algún valor, pero a mi juicio distan años luz de los que siempre han presidido el mundo de los Toros. Valores que por otro lado no han dudado en pisotear tarde tras tarde desde hace años. Valores que pretenden subvertir y sustituir por la entronización de la vulgaridad, la trampa, el fraude, la mentira y la corrupción en los Toros.

Confunden “respeto” con “idolatría”, con sumisión absoluta y acatamiento de los caprichos de unos señores que están en el polo opuesto de lo que siempre se ha considerado una figura del toreo. Morante es la encarnación del arte por un par de quites en la plaza de Madrid y poco más, pues desde que le acogió Curro Vázquez, su trayectoria quedó marcada por el escándalo y la permanente presencia del mojicón con cuernos domecqsticado. Manzanares es el desencadenante de la locura entre un público más preocupado por otros factores que parecen camuflar ese toreo crispado desde las lejanías, aunque según dicen, compone muy bien; esperemos escuchar pronto alguna de sus sinfonías. Talavante, el torero que sorprendió por su quietud, que hasta podía recordar a José Tomás, pero que como muchos, tomó el camino de la facilidad y se aprovechó de la inercia de sus buenos inicios, hasta alcanzar unas elevadas cotas del ridículo aullando delante de un moribundo en Mérida. Perera, un caso con cierto parecido a Talavante, sin cante y bastante más vulgar, pero que cree caminar dos palmos por encima del resto de los mortales, con unas gestos y unas maneras que dejan ver hasta asomos de soberbia y desprecio hacia el público que no le es afín. Y Julián, el niño prodigio, al que creo que se le ha valorado más por o que se pensaba que podría llegar a ser, que por lo que realmente ha sido. Se le supone poder para enfrentarse con todos los toros, pero se cuida muy mucho de hacerlo.

Estos son los que valores que representan estos señores que visten traje de luces, pero que pueden parecer cualquier cosa, menos toreros, porque los toreros, aún embutidos en un saco de patatas, siempre se ven toreros. Confunden la soberbia con la majeza, el orgullo y la chulería que debe rebosarles. Esa misma majeza la mudan en burda astracanada. Quieren disfrazar de torería el histrionismo más propio de una revista de varietés y pretenden que pase como Toreo, como arte, la monotonía insoportable que nace de su escasa capacidad, nula afición y exagerado egoísmo y preocupación por su bolsillo. Pero nada, aún así tendremos que escuchar como Julián López, El Juli, tiene el valor de reclamar “Respeto a todos los valores que representamos”. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

El Juli, anclados en el pasado, anclados en la trampa

Para los no anclados en las cosas del pasado


Me rindo ante las mentes clarividentes, las que te muestran el camino, las que te dan la solución a tus búsquedas de años, las que tienen ese don de iluminar el mundo con su presencia, con ese pisar seguro y elegante y esa palabra que embruja y que subida en una voz angelical te hace sentirte en el paraíso. Llevamos una eternidad intentando clasificar a los que visitan una plaza de toros, que si toristas o toreristas, taurinos o no taurinos, público o aficionados, maleducados o cívicos ciudadanos. Tantas y tantas divisiones que nunca satisfacen a nadie. Pues ha tenido que ser Julián López el que nos ponga a cada uno en nuestro sitio. ¿Quién si no, podría conseguir tal hazaña?

En unas declaraciones que han circulado por el mundo de los Toros como un reguero de pólvora, el maestro de Velilla de San Antonio ha afirmado que el mundo del toro se ha quedado anclado en muchas cosas antiguas. Si es que no se puede decir mejor. Se acabó la cuestión, la separación definitiva y que perdurará por los siglos de los siglos será la de anclados en las cosas  antiguas y lo que no se han anclado, lo que no quiere decir que necesariamente vayan a la deriva. Ahí está don Julián para marcar el rumbo hacia los puertos de la modernidad. Pero claro, no todos tenemos esa visión tan rápida y certera del Toreo, algunos a pesar de todo seguimos devorados por las dudas. ¿Lo del ancla y lo antiguo es bueno o es malo? ¿Qué ley o que criterio dice que lo pasado es malo por definición y lo moderno es bueno? O viceversa. ¿Quién está capacitado para decidir esto o quién le ha permitido revestirse con esa dignidad de máxima autoridad taurina? ¿Quién es nadie para decidir sobre los gustos personales de cualquier hijo de vecino? ¿Qué mal ven en ese pasado del que tanto se reniega y que tan peligroso parece para el futuro de la Fiesta de los Toros? Que don Julián lo tendrá muy claro, para eso es un iluminado del Toreo, pero para los simples paganos, esto se nos queda muy lejano y demasiado oscuro.

Que uno pensaba abrazar la modernidad, pero ahora empiezo a pensármelo; y es que no es la primera vez que me ocurre esto con don Julián, que de primeras me emociona y me pongo de hinojos ante su majestuosidad, pero a nada que me empieza a doler el espinazo empiezo a encontrarle pegas a su filosofía taurina y paso al polo opuesto. Me vence esa sensación de sentir que me están queriendo colar una milonga, con el único fin de que veamos el presente llenos de benevolencia y sentida y ciega idolatría hacia don Julián y sus compañeros. Mucho pedir, ¿no? No digo yo que eso no sea posible, ni mucho menos, pero claro, si uno se pone a hacer memoria, pues la cosa se pone muy cuesta arriba. Resulta que en los últimos años ni a El Juli, ni a ninguno de la patrulla de los modernizadores se les ha visto con un toro, que entre todos se matan camadas enteras de ganaderías descastadas, criaderos en serie de mojicones desmochados, con un tipo anovillado que echa para atrás. Que a pesar de todo son habituales los mítines matinales en los corrales de las plazas que han osado cometer el delito de contratar corridas que a ellos les parece que no entran en la muleta y sacadas de tipo, sin importarles dar un espectáculo más que lamentable, como el que se ha producido en las últimas fechas en las plazas de la América taurina. Que hay encierros que ofenden a la vista, al aficionado y a cualquiera que tenga alguna inclinación favorable hacia la Fiesta.

El ver escenificado este progreso, esa evolución, el arte que tanto reivindican, es para que te pille bien merendado, porque si no, igual sufres un shock catatónico irreversible. Esos bailes con el capote, esa filfa de tercio de varas, esas faenas insulsas y vulgares aderezadas con estrambóticos retorcimientos y como cierre, las estocadas por la espalda. Todo quiere recordar eso que llamamos toreo, pero tiene tanta trampa, tanta mentira y ofrece tan escasas oportunidades al toro, que resulta ofensivo para los espíritus con una mínima sensibilidad. Eso sí, reconozco que si esto le gusta a alguien, es casi imposible que le guste lo de siempre, y por lógica, así debería ser. De la misma forma que el aficionado del toreo eterno se tiene que sentir incómodo, estafado, incomprendido y hasta agredido. Es fácil que el torero madrileño ande por México firmando fotografías de sus últimas actuaciones por aquellas tierras. Se sentirá tan orgulloso como avergonzado y escandalizado el aficionado que ve esos cebones con unos pitones de media cuarta escasa. Eso es modernidad.

Resulta curioso, pero cuando escucho esa cantinela corporativa de la torería del momento de la modernización, que lo moderno es lo bueno, que venga y venga con la modernidad, me suena a esos discursos de los regimenes totalitarios que auguran un nuevo orden, un nuevo status en el que todo el mundo vivirá en esos paraísos soñados para los más desfavorecidos. De repente todo se convierte en la más maravillosa de las utopías. Pero en el toro además hay que tomar en consideración que esta “evolución”, que es otro de esos eufemismos con que nos quieren colar el sapo, será manejada y llevada a término por una pandilla de chavalines que se autoproclaman artistas, que deciden por todos lo que tiene que gustar, que de pronto todo lo pasado no sirve, porque como sólo les ocurre a los grandes hombres, piensan que nuestros ancestros eran bobos perdidos y que los listos son ellos. Vamos, que nos ponemos a enumerar sus logros y es para echarse a correr; si es que no se puede aguantar tanta “evolución” de golpe. Ni se plantean que de tanta ocurrencia pueda ver algo que no sirva, si a ellos y a sus satélites les va bien y sacan su buena pasta con el menor riesgo posible, entonces la cosa marcha y pasa el control de calidad.


Siempre me pasa lo mismo, si es que al final acabo encabritado con las cosas que este chico y sus camaradas dicen cuando se ponen filósofos. ¡Ay Señor! Pero como no quiero pecar de imprudente y precipitado, voy a hacerme una lista con los éxitos que les han permitido deshacerse de ese pesado ancla del pasado: Desprecian cualquier hierro que no sea de su confianza, imponiendo estas ganaderías allá donde van; han convertido su toro en una caricatura de lo que siempre ha sido; no dudan en atacar e intentar echar abajo la historia del toreo, con tal de verse favorecidos; han llevado mucho más lejos de lo permitido la minimización del riesgo; han creado un guetto en las ferias, no permitiendo que ningún otro matador, especialmente los que les pueden hacer sombra, alternen con ellos; no dudan en enfrentarse a los presidentes, al público o a cualquiera que no les dore la píldora, exhibiendo una soberbia más que sobresaliente, auspiciada por una evidente ignorancia que sus aduladores se encargan en disimular; entre estoques de carbono, muletas más ligeras que la gasa, esos proyectos de puyas con tallas, puyas retráctiles y vaya usted a saber qué, han convertido el toreo en un baile grotesco; han eliminado la suerte de varas; han desterrado la lidia del toro, pues lo que les sale a ellos ya viene lidiado del campo; han empujado a la Fiesta hacia el rincón donde los antitaurinos, los políticos, los asépticos, los aburridos, los charlatanes, los oportunistas y cualquiera que se preste, se ceban zurrándola de lo lindo y convirtiéndola en la culpable de todos los males de la Humanidad; urden en la administración pública para pasar de uno a otro ministerio, para que se hagan declaraciones oficiales que no sirven para nada y para que progresen proyectos vacíos que sólo se detienen en lo accesorio y no en lo fundamental; enredan y enredan con iniciativas que no arreglan nada, pero que les sirve para intentar dar una imagen de cercanía que no tienen, algo parecido a esas fotos y películas en las que un señor se hacía fotografiar rodeado de niños, pobres o enfermos, sin que estos le importaran lo más mínimo. Y creo que voy a parar, porque veo que me va a salir una lista mayor que la guía de Teléfonos, eso sí, a ver si don Julián nos aclara donde estamos, anclados en el pasado, anclados en la trampa.

lunes, 28 de octubre de 2013

Don Julián y la lealtad como gran preocupación

También es lealtad adelantar la pierna delante del toro, ¿o no?


En estos días he podido leer como Julián López, más conocido por “El Juli”, mostraba su preocupación por la figura de los apoderados/ empresarios/ ganaderos y por la falta de lealtad de estos hacia el resto de agentes del toreo. Una reflexión muy adecuada y oportuna, si nos paramos un segundo a ver lo que ocurre feria tras feria durante una temporada. Así podemos comprobar como varias ganaderías están en todos los ajos, con el vergonzoso bagaje de ver sus toros arrastrándose por los ruedos o con una presencia peor que infame; de la misma forma que nadie se explica por qué tal o cual torero suma y suma actuaciones. En ambos casos no sólo se producen estas presencias en las plazas propias, sino que también se dan en la de otros “colegas”, eso que desde hace tanto tiempo se llama “cambio de cromos”.

Si se mira este fenómeno desde el punto de vista del aficionado la consecuencia es que este paga su entrada para sufragar estos Holdings taurinos y no para poder disfrutar con lo mejor que hay en el campo y con los coletudos que más interesen en cada momento, lo que no deja de ser un fraude y una absoluta ausencia de lealtad hacia el que mantiene fincas, coches y familias de todos los que viven del toro, el público. Pero el ángulo desde el que El Juli parece observar este hecho se acerca más a esa idea de que esta forma de actuación quita puestos a toreros y ganaderías que se creen con más derecho que otros a verse anunciados en los carteles. Que no digo yo que tal postura no sea legítima, pero quizá se la pueda considerar demasiado restrictiva y personalista.

Está claro que El Juli se considera capacitado para hacer todo tipo de reclamaciones en lo referente al mundo del toro, lo mismo para que progrese una ILP, que para solicitar el trasvase de los Toros a Cultura, que para mostrar su molestia con las líneas editoriales de medios de comunicación, que para preferir a un comentarista en las retransmisiones de televisión, que para decidir lo que se televisa y lo que no. Es lo que suele pasar con los mandones del toreo, que al final pretenden intervenir en todo. Habrá quien me diga que esto ha sido siempre así que las grandes figuras han hecho y deshecho a su antojo, decidiendo y marcando el rumbo de la Fiesta. Salvando las distancias, que son muchas y variadas, igual que José decidía y Juan aceptaba, conformándose con poner los pelos de punta a los aficionados, ahora tenemos a El Juli como urdidor de tramas y a José Tomás dejando hacer y vistiéndose de luces sólo en fechas muy, muy determinadas.

El Juli ha decidido tomar el bastón de mando y se ha marcado como meta la modernización de la Fiesta. Y que Dios nos pille confesados.  Pero hay un punto en el que no coincide con José, es más uno piensa que se ha colocado en el polo opuesto al maestro de Gelves. Este pretendía mejorar el espectáculo, hacerlo más lógico y hacer del toro un animal no tan brusco, quizá podamos decir fiero, al que a veces resultaba imposible pasarlo de capa o muleta. Digamos que su deseo era eliminar inconvenientes innecesarios. ¿Para qué hacer que los caballos esperaran en el ruedo la salida del toro? Pues realmente sólo servía para que fueran heridos al recibir los derrotes descompuestos de las primeras embestidas del negrillo antes de fijarlo en los engaños. Pero lo que pretende Julián López a muchos se nos antoja como una maniobra destinada a oficializar su comodidad y así decidir sin complejos siempre en beneficio propio, dejando de lado al resto del mundo y muy especialmente al aficionado, considerado como un enemigo de los toreros y de la Fiesta. “¡Pa’bernos matao!”.

¿Dónde está esa lealtad al toreo? ¿En que tipo de lealtades piénsale Juli al hacer ciertos planteamientos? ¿Cree que él está siendo leal a la Fiesta de los Toros, a su tradición, a su historia y, lo que es más importante, a los fundamentos clásicos? Pues deben andar por esas dehesas de ganaderías que ni el maestro, ni sus compañeros frecuentan, no vaya a ser que un novillo les mire mal y se incomoden. Igual don Julián se pone a seguir exigiendo supuestas lealtades, esa que él y su gente no tienen las mañanas de corrida en los corrales de las plazas, ni tampoco en los ruedos, con torillos que ofenden la sensibilidad taurina de tanta gente, que a la más mínima protesta hacia el torero pasan a convertirse en una seria amenaza, quizá la peor que pudiera imaginarse, además de unos maleducados sin respeto.


También podría Julián López mostrar un poco de lealtad con la Fiesta, evitando esos espectáculos bochornosos, próximos al abuso y a una imagen que no corresponde con lo que debe ser el Toreo. Los hay que se sienten muy orgullosos de protagonizar una pantomima, tanto que incluso llegan a afirmar que casos como el de ese festival recientemente celebrado, cuya fotografía de cinco señores rodeando con pose de matones a un novillote desmochado y agotado, es el modelo a seguir en un futuro inmediato. Un poco de lealtad al toro, la columna que debe sostener todo este mundo, a una historia gloriosa que no merece un capítulo tan negro y funesto como el que estamos viviendo, y a todos los maestros, pero maestros de verdad, no esa legión que ahora se mueve por ahí, que fueron construyendo este bello edificio que es la Tauromaquia, el Toreo, los Toros o como prefieran nominarlo y que no exige ni lealtad, ni culto, ni respeto, ni mimitos, pero díganme, ¿No creen que lo merece como pocas cosas en este mundo? Así que si El Juli se preocupa por la lealtad, que empiece aplicándose el cuento en carnes propias y que no se adjudique esa dignidad de máxima autoridad  en el toro, porque puede que esto sea el primer atentado contra eso que ahora tanto parece quitarle el sueño. Ya saben, Don Julián y la lealtad como gran preocupación

lunes, 22 de abril de 2013

La felicidad de ver a El Juli cogido

Vicente Pastor, pasado por el filtro de una mala cabeza


Lo que ha avanzado el mundo, el pensamiento científico y filosófico, se ha vencido a un gran número de enfermedades que en otro tiempo eran sinónimo de muerte, se han alcanzado unos niveles de bienestar inimaginables hace años, hasta el mundo tiene la apariencia de ser más seguro, pero no sé qué será lo que tiene la estupidez humana, que su desaparición parece una empresa imposible. Y anda que no molesta y por si fuera poco, destroza todos los logros del hombre y siembra la discordia entre estos, en un abrir y cerrar de ojos. Vaya como ejemplo la cogida sufrida por El Juli en Sevilla; anda que no han tardado poco en salir los memos en avanzadilla, para acusar a los aficionados que no son afines a su forma de hacer ante el toro como culpables de semejante desgracia. Resulta que al pedir que salga el toro íntegro, uno ya es cómplice de un intento de… Vaya usted a saber de qué.

Esta cornada ya deshabilita los argumentos de los que exigen la verdad en la Fiesta, de los que critican el destoreo ventajista y de los que en tanta desvergüenza y corrupción taurina ven el fin de los Toros. De la misma forma que se ve legitimada la Tauromaquia 2.0, porque, según ellos, lo que llamamos medio toro también pega, y a veces con malas consecuencias. No creo que este sea un buen campo para la batalla dialéctica, porque igual se encuentran delante los argumentos que utilizaron para desprestigiar a José Tomás y su forma de torear. Igual que en aquel momento eran una estupidez, una insensatez y un ataque injusto y desmesurado al de Galapagar, con El Juli siguen siendo una barbaridad, y además, el torero no se lo merece.

No he visto la cogida, ni la pienso ver, igual que no vi la de Padilla, porque no me interesa y porque desde el momento en que un torero tiene que ir a la cama sólo me importa su recuperación. Pero no caeré en el error de calificar la valía del torero por el hecho de que el toro le eche mano. Yo sigo pensando lo mismo sobre el toreo de Julián López, El Juli, al que alegremente se le ha colgado el cartel de figura, gran torero y de no sé cuantas cosas más, me sigue pareciendo un torero que basa su labor en tomarse todas las ventajas para él. A pesar de anunciarse con los Miura, únicamente mata un tipo de toro que lleva bajo el brazo allá donde se acartela y todo lo que sea salirse de los Zalduendos, Garcigrandes, Cuvillos o Victoriano del Río, por decir unos nombres, comporta una sonora excepción que se jalea por los cuatro confines y que genera grandes esperanzas hasta en los disidentes de la fe julista. No le ha importado montar o que se monten lamentables espectáculos en los corrales, las mañanas de corrida, ni defender sin rubor el toro chico, los novillos chicos y la saca grande, que es una figura. Pero ahora creo que no es momento de profundizar en estas cosas, caería en el mismo error de los que creen que nos felicitamos por verle ir a la enfermería, pero desde el punto opuesto. El caso es que ahora está con la pierna abierta, que a pesar de todo nos tenemos todavía que felicitar porque la cosa no haya sido peor y que lo mejor que puede pasar es que vuelva a vestir de luces y a salir al ruedo a torear. Que hay que ser muy tonto para desear que cojan a nadie, para que un torero se vea obligado a dejar el toro por una desgracia o para que los toreros, ganaderos o quien sea que no son santo de nuestra devoción se tengan que hacer a un lado por otro motivo que no sea su santa voluntad. Pero pensar que estas situaciones desgraciadas puedan alegrarnos, aparte de ser un ruin y una mala persona, lo que deja muy claro es que es un pobre bobo infeliz. Así que no se gasten ustedes, señores taurinos y afines, que jamás podrá llegar a ser posible encontrar la felicidad en ver a El Juli cogido. Es mucho más gratificante verle vestido de torero y en la plaza, y luego juzgar si es capaz de entusiasmar al respetable, al aficionado o a cualquier hijo de vecino.