
Parece que va camino de convertirse en tradición que cuando el aficionado ya empieza a mascullar el inicio de la nueva temporada, se hace público el cartel de la Beneficencia de Madrid. Antes se componía el cartel casi antes de que finalizara San Isidro y se cerraba definitivamente al concluir la feria. ¿El motivo? Pues una tontería, un detalle sin importancia, el que en lo que era la corrida más importante del año actuaban los tres matadores más destacados del ciclo. Pero bueno, esto es un pequeño detalle que podemos pasar por alto. Y además me parece estupendo, pues si no, sería posible que las figuras no torearan nunca esta tarde, así que está bien darles una oportunidad a los que tiran del carro de la tauromaquia, ¿no creen?
Estoy de acuerdo con este tipo de decisiones porque si se espera a la feria de Madrid, nos podemos encontrar con desagradables situaciones que nadie desea. Imagínense que salen triunfadores tres toreros de esos molestos que no respetan la jerarquía del G10, ni su experiencia, ni las preferencias de la tele. Lo mismo hay que pagarles una pasta por estar en la cresta de la ola, que igual deciden torear gratis y rompen el mercado. Así evidentemente no se dinamiza la economía nacional. Esto hay que procurar que no pase. Bien, es verdad, ahora se ha extendido el uso se que la gente trabaje gratis. Pero los toreros son otra cosa y eso, aunque debería ser de dominio público, no es comprendido por la mayoría de los espectadores que acuden a las plazas; claro, como no se han puesto nunca delante de un toro o una vaca, no pueden tener criterio sobre el tema.
Pero casi puede ser peor que entre las figuras se nos cuele uno de estos desarrapados e irreverentes. Sería un tremendo escándalo que cualquiera del G 10 tuviera que subir a saludar al rey acompañado de un Diego Urdiales o Iván Fandiño. Que falta de tacto y delicadeza. Y si encima han cortado alguna oreja, su majestad, el del G 10, tendría que aguantar las chinches que viajan en esos desperdicios bovinos. Incluso hasta puede que pertenecieran a un toro de Cuadri, Adolfo o Dolores Aguirre. ¡Válgame el payo! Eso sería el descabale mundial. Una corrida de la Beneficencia con ganado imposible, sin toreabilidad y que ha desarrollado más picabilidad que durabilidad. No si encima habría que aguantar la suerte de varas, esa pérdida inútil de tiempo.
Que me diga a mi alguien si esto tiene alguna posible ventaja. Ninguna. No me cabe en la cabeza pensar que allí, delante del Rey, se pusiera a contar sus verdades Iván Fandiño o Morenito de Aranda y que Su Majestad se animara en esa charla. O Diego Urdiales, que prefiere hablar con capote y muleta en la mano. Eso no se puede consentir. Que no, que no y que no.
Menos mal que entre la Comunidad de Madrid y la renovada Taurodelta, siempre alerta, han impedido que se produjeran estos conflictos. Han estado ojo avizor y según se oye, ya tienen cerrada la Beneficencia de este año. Por un lado los siempre amables torillos de Núñez del Cuvillo. Vale, que habrá algún intransigente que diga que el año pasado trajo dos corridas, perdón, se anunció dos días y entre todo lo que salió por toriles no se componía ni una sola corrida medio discreta. ¿Y qué? La cosa es que haya arte y alegría ¿no? Ya está uno cansado de esos talibanes puristas que reclaman el toro íntegro. Es más, yo pediría que vinieran con las fundas y todo; o mejor, con los colores de las diferentes comunidades autónomas taurinas en dichas fundas. O ¿por qué no? Con estas mismas fundas patrocinadas por alguna marca comercial. ¿Se imaginan? Troglodita, 489 kg. Castaño, listón y bragado, de junio de 2008, con fundas verdes y azules, patrocinado por Movistar tarifa plana en ADSL. O fundas rojas, patrocinado por Coca Cola, la chispa de la vida, ahora Zero sin azúcar y sin cafeína para toda la familia; o a franjas amarillas y rojas de la Oficina de Turismo de Cataluña, Catalunya, vive la libertad. Si es que hay que abrirse a nuevas ideas, no podemos estar ahí dale que te pego a lo del toro íntegro, encastado y con trapío y toreros que toreen de verdad.
Los encargados de hacer arte con los Cuvillitos serán Morante de la Puebla, el arte más excelso y descansado, con su número estrella: la silla de José Antonio. A quien se le pedirá que durante la lidia la vaya montando siguiendo las instrucciones de montaje de IKEA. José Mari Manzanares, que toree o no, siempre es una delicia para la vista, con ese porte, ese empaque y esa elegancia ¡ay! es para comérselo. Estamos de acuerdo en que esconde la pierna más que el Cojo Manteca, que no carga jamás la suerte, que embarca al toro con el pico de la muleta y que lo despide de la suerte mientras le vacía la embestida, siempre guardando una prudente distancia de seguridad que oscila entre el metro y medio, medio y tres cuartos. Y como cierre Alejandro Talavante, el nuevo Hernán Cortes que viene de conquistar el Nuevo Mundo con su toreo aparente, pero sin sustancia. Que parece que es, pero que no aguanta un mínimo análisis detallado. Basta con ver donde pone la pierna a partir del segundo pase de cada serie y como se echa el toro para fuera cuando parece que cita con el medio pecho.
Que bien pinta la temporada que entra. Repito que yo estoy encantado, ya me estoy frotando las manos al pensar en el curso que haré en mayo por las tardes, de 7 a 9 de la noche. Estoy entre el punto de cruz o el migajón para modelar toros y toreros. Eso sí, les garantizo que ni los unos ni los otros serán los del más que probable cartel de la Beneficencia. A estos que les aguante… el que quiera. Eso sí. Este anuncio de la primavera más que al calorcito, al buen tiempo, a los paseos al aire libre, al parque con los niños, recuerda a la alergia, la Renta, el seguro del coche, el impuesto de circulación o la final de copa, en la que no estará tu equipo.
