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jueves, 9 de febrero de 2012

La Beneficencia anuncia la primavera



Parece que va camino de convertirse en tradición que cuando el aficionado ya empieza a mascullar el inicio de la nueva temporada, se hace público el cartel de
la Beneficencia de Madrid. Antes se componía el cartel casi antes de que finalizara San Isidro y se cerraba definitivamente al concluir la feria. ¿El motivo? Pues una tontería, un detalle sin importancia, el que en lo que era la corrida más importante del año actuaban los tres matadores más destacados del ciclo. Pero bueno, esto es un pequeño detalle que podemos pasar por alto. Y además me parece estupendo, pues si no, sería posible que las figuras no torearan nunca esta tarde, así que está bien darles una oportunidad a los que tiran del carro de la tauromaquia, ¿no creen?

Estoy de acuerdo con este tipo de decisiones porque si se espera a la feria de Madrid, nos podemos encontrar con desagradables situaciones que nadie desea. Imagínense que salen triunfadores tres toreros de esos molestos que no respetan la jerarquía del G10, ni su experiencia, ni las preferencias de la tele. Lo mismo hay que pagarles una pasta por estar en la cresta de la ola, que igual deciden torear gratis y rompen el mercado. Así evidentemente no se dinamiza la economía nacional. Esto hay que procurar que no pase. Bien, es verdad, ahora se ha extendido el uso se que la gente trabaje gratis. Pero los toreros son otra cosa y eso, aunque debería ser de dominio público, no es comprendido por la mayoría de los espectadores que acuden a las plazas; claro, como no se han puesto nunca delante de un toro o una vaca, no pueden tener criterio sobre el tema.

Pero casi puede ser peor que entre las figuras se nos cuele uno de estos desarrapados e irreverentes. Sería un tremendo escándalo que cualquiera del G 10 tuviera que subir a saludar al rey acompañado de un Diego Urdiales o Iván Fandiño. Que falta de tacto y delicadeza. Y si encima han cortado alguna oreja, su majestad, el del G 10, tendría que aguantar las chinches que viajan en esos desperdicios bovinos. Incluso hasta puede que pertenecieran a un toro de Cuadri, Adolfo o Dolores Aguirre. ¡Válgame el payo! Eso sería el descabale mundial. Una corrida de la Beneficencia con ganado imposible, sin toreabilidad y que ha desarrollado más picabilidad que durabilidad. No si encima habría que aguantar la suerte de varas, esa pérdida inútil de tiempo.

Que me diga a mi alguien si esto tiene alguna posible ventaja. Ninguna. No me cabe en la cabeza pensar que allí, delante del Rey, se pusiera a contar sus verdades Iván Fandiño o Morenito de Aranda y que Su Majestad se animara en esa charla. O Diego Urdiales, que prefiere hablar con capote y muleta en la mano. Eso no se puede consentir. Que no, que no y que no.

Menos mal que entre la Comunidad de Madrid y la renovada Taurodelta, siempre alerta, han impedido que se produjeran estos conflictos. Han estado ojo avizor y según se oye, ya tienen cerrada la Beneficencia de este año. Por un lado los siempre amables torillos de Núñez del Cuvillo. Vale, que habrá algún intransigente que diga que el año pasado trajo dos corridas, perdón, se anunció dos días y entre todo lo que salió por toriles no se componía ni una sola corrida medio discreta. ¿Y qué? La cosa es que haya arte y alegría ¿no? Ya está uno cansado de esos talibanes puristas que reclaman el toro íntegro. Es más, yo pediría que vinieran con las fundas y todo; o mejor, con los colores de las diferentes comunidades autónomas taurinas en dichas fundas. O ¿por qué no? Con estas mismas fundas patrocinadas por alguna marca comercial. ¿Se imaginan? Troglodita, 489 kg. Castaño, listón y bragado, de junio de 2008, con fundas verdes y azules, patrocinado por Movistar tarifa plana en ADSL. O fundas rojas, patrocinado por Coca Cola, la chispa de la vida, ahora Zero sin azúcar y sin cafeína para toda la familia; o a franjas amarillas y rojas de la Oficina de Turismo de Cataluña, Catalunya, vive la libertad. Si es que hay que abrirse a nuevas ideas, no podemos estar ahí dale que te pego a lo del toro íntegro, encastado y con trapío y toreros que toreen de verdad.

Los encargados de hacer arte con los Cuvillitos serán Morante de la Puebla, el arte más excelso y descansado, con su número estrella: la silla de José Antonio. A quien se le pedirá que durante la lidia la vaya montando siguiendo las instrucciones de montaje de IKEA. José Mari Manzanares, que toree o no, siempre es una delicia para la vista, con ese porte, ese empaque y esa elegancia ¡ay! es para comérselo. Estamos de acuerdo en que esconde la pierna más que el Cojo Manteca, que no carga jamás la suerte, que embarca al toro con el pico de la muleta y que lo despide de la suerte mientras le vacía la embestida, siempre guardando una prudente distancia de seguridad que oscila entre el metro y medio, medio y tres cuartos. Y como cierre Alejandro Talavante, el nuevo Hernán Cortes que viene de conquistar el Nuevo Mundo con su toreo aparente, pero sin sustancia. Que parece que es, pero que no aguanta un mínimo análisis detallado. Basta con ver donde pone la pierna a partir del segundo pase de cada serie y como se echa el toro para fuera cuando parece que cita con el medio pecho.

Que bien pinta la temporada que entra. Repito que yo estoy encantado, ya me estoy frotando las manos al pensar en el curso que haré en mayo por las tardes, de 7 a 9 de la noche. Estoy entre el punto de cruz o el migajón para modelar toros y toreros. Eso sí, les garantizo que ni los unos ni los otros serán los del más que probable cartel de la Beneficencia. A estos que les aguante… el que quiera. Eso sí. Este anuncio de la primavera más que al calorcito, al buen tiempo, a los paseos al aire libre, al parque con los niños, recuerda a la alergia, la Renta, el seguro del coche, el impuesto de circulación o la final de copa, en la que no estará tu equipo.

sábado, 22 de enero de 2011

La Corrida Extraordinaria de la Beneficiencia

La Beneficiencia de Madrid
Que alegría que ya tenemos cerrado el cartel de la próxima Beneficiencia de Madrid. Gracias a los señores de Taurodelta nos hemos quitado un gran peso de encima y ya tenemos una preocupación menos. Así, el tiempo que pudiéramos gastar con esa pregunta de, ¿se sabe algo de la Beneficiencia? Lo podemos emplear en comentar el último capítulo de Amar en tiempos Revueltos. Que nadie me diga que no hemos salido ganando y que no es más interesante saber qué le echa Manolita al bacalao, que quiénes son los que le brindarán un toro al Rey.

Yo estoy encantado, y soy de los que piensan que para evitarnos penosas tareas ya podrían hasta hacer entrega de las orejas y rabos pertinentes, otorgados según el certero juicio de la empresa, el presidente y los apoderados. Así los matadores podrían hacer el paseíllo exhibiendo sus trofeos ganados en buena lid en los despachos, fruto de los ecos de aquella tarde en Villaluenga del Monte, Cascarrobillas y Guadalmazo. Que espectáculo lleno de emoción y sentimiento. En lugar de romper plaza con el gesto preocupado, podrían ir con una sonrisa que no les cupiera en la montera y darse varias vueltas al ruedo, al modo de los rejoneares, recogiendo los parabienes de un público entregado.

La pena es que en un mundo en el que ya casi no queda ningún rastro de competitividad en el que se premiara el esfuerzo, se ha cerrado la puerta de la Beneficiencia. No diré si esta es un fórmula mejor o peor, pero por esta regla de tres en otros años se habrían quedado fuera un tal César Rincón, que contó su San Isidro por clamorosas salidas a hombros, y que antes de la feria casi era un desconocido que se pasó por las Ventas en marzo y al que se le vieron cosas, pero sin imaginar lo que traía en la maleta desde Colombia. Y, si buscamos, seguro que nos encontramos muchos casos en los que los más humildes pegaron un golpe en el ruedo delante del toro para poderse ganar la recompensa de torear ante el Rey. O de figuras consagradas, de las de verdad, no de las prefabricadas, que reafirmaron su maestría y la rubricaron en una tarde que era la más importante del año, precisamente por esto. Una tarde en la que el aficionado iba a ver a los toreros a los que días antes sacó en volandas de la plaza enfrentándose a la ganadería que el año anterior les había hecho perder el sentido, esa a la que pertenecía el toro del azulejo del Batán y del desoyadero de las Ventas.

Pero no seamos ingenuos, eso ahora no es posible. Quitando el caso de Juan Mora, que ese sí que se ganó el estar en la Beneficiencia, la Prensa, San Isidro, Otoño y hasta en la cena de Nochebuena si quiere, los otros no han hecho aún ningún mérito para estar ya anunciados para esta corrida. Don José Antonio, al que da gusto ver torear y ante el que tiene que caer rendido cualquiera con cierta sensibilidad taurina, el año pasado no fue el de hace dos temporadas. Fuera por los motivos que fueran, no estuvo a su altura. Es verdad que nos regaló gotas de su arte, que le sobra, pero no fue el matador que nos rindió a todos a sus pies. Seguro que este año volverá a hacernos perder la cabeza, pero por el momento no es el caso.

Luego está don Julián López, que en Madrid no ha triunfado de forma incontestable todavía. Y quiero que se lean bien mis palabras y lo quiero decir. Ha podido cortar orejas, salir por la Puerta de Madrid y ser aclamado por locutores televisivos, por la prensa especializada y por las aficiones de todas las plazas del mundo, incluso que en Madrid no se aprecie su arte y que se considere que su torero es ventajista desde que coge el capote hasta que suelta la espada tras el ya famoso julipié; pero la afición de Madrid no se le ha entregado y la corrida de la Beneficiencia es en la plaza de Madrid y para el público de Madrid, y que no nos quieran hacer tragar con el mochuelo de que triunfó en todo el orbe taurino. Pues que toree todas las corridas Extraordinarias de todo el orbe taurino, menos la de Madrid, al menos hasta que se lo gane. Y si esto año se lo gana, pues le aplaudiremos e iremos a verle tan contentos.

¿Y los toros? ¡Ay amigo, los toros! Como siempre, ese podría ser el pequeño detalle que arreglara todo y que redimiera a los enchufados de su trato de predilección respecto a sus compañeros. Si en lugar de elegir una corrida de “garantías” de esas que no son borregos, ni toros encastados, sino todo lo contrario, ni sardinas, ni elefantes, pero que valen para que pasen, hubieran optado por una de las ganaderías triunfadoras del año pasado en Madrid, pues a lo mejor admitíamos pulpo como animal de compañía. Imagínense un cartel con los tres matadores elegidos y toros de Cuadri o Dolores Aguirre o de Moreno Silva en su defecto, aunque fueran novillos, daría igual. Entonces sí que sí. Pero eso no; eso no entra dentro de los planes de Curro Vázquez o Roberto Domínguez. ¡Quita, quita!

Seguro que no ha habido otros toreros que el año pasado hubieran hecho méritos suficientes. Ni Morenito de Aranda, ni Curro Díaz, ni Diego Urdiales. Yo me pongo en su pellejo y entiendo la frustración que tendrán. ¿Qué tienen que hacer para poder torear esta corrida? Pues a lo mejor deberían subirse a lomos del toro y tirarle fuerte de las orejas, al tiempo que nos deleitan con una amplia sonrisa y entonando el “O sole mio” a capela.

Lo único que deseo es que esta corrida Extraordinaria, esa en la que antes se apuntaba el que quería previo paso triunfal por el ruedo de la calle de Alcalá, no sirva para estrellar al único torero que puso de acuerdo a todo el mundo y que en ese mismo momento en que la afición de Madrid le subió a sus altares de la torería eterna, otros le pusieron la cruz como torero incómodo y al que hay que borrar del panorama taurino para evitar que descubra las carencias de esa troupe incompetente y vulgar que van de sublimes. Tiempo al tiempo y a ver si la Beneficiencia es esa corrida Extraordinaria que nos han prometido.

PD: Señores de Taurodelta, ¿es qué nunca se van a cansar de atropellar a la razón y a la afición cautiva de Madrid? Y este año ¿también van a hacer el esfuerzo de dar a la feria de San Isidro la categoría que merece y que ustedes con tanto empeño tiraron por el retrete?