Mostrando entradas con la etiqueta Suerte de varas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Suerte de varas. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de agosto de 2025

Lo que pesa un caballo de picar

Contaban los más viejos del lugar que un día vieron a un toro romaneando


Si preguntamos cuánto debe pesar reglamentariamente un caballo de picar, la respuesta es sencilla, si no tiene la cifra en la cabeza, usted se va al reglamento y ahí lo tiene bien clarito. Pero si la pregunta es cuánto pesan los caballos que salen a la plaza, ahí la cosa cambia. Ahí lo más probable es que nadie se atreva a dar una cifra. Unos, porque ven que el peso sobrepasa el reglamentado y otros... otros que lo último que harían sería reconocer que el peso oficial y el real no coinciden. Que cuentan que se pesan todos los caballos al principio de temporada, si hablamos de Madrid, pero uno piensa en pesarse antes de las Navidades y después y quizá no necesite ni pesarme, me basta mirar el agujero del cinturón.

Pero el peso de los caballos no es solo lo que mide la báscula, hay otros elementos que influyen y no se pueden medir en kilos o arrobas. Factores que, además de los kilos, influyen y mucho en el primer tercio. Nos encontramos en primer lugar con el peto, que podrá ser ligero como una pluma, que no lo es, pero que es rígido y demasiado largo, lo que impide que el toro pueda meter la cabeza y hacer eso que tanto echa de menos el aficionado, romanear. Ahora es casi un imposible, el peto no cede, no es nada flexible, lo que lo convierte en un muro con el que los animales están claramente en inferioridad, aparte del aspecto psicológico, en el que no voy a entrar. Y el que llegue hasta casi la pezuña de los equinos, pues se convierte en un inconveniente más. Así como tampoco vamos a incluir el factor jinete, que esa es otra. Pero claro, dejando de lado esto y lo otro, quizá estamos obviando demasiadas cosas, que dirán, con razón, que no se pueden obviar tantas cosas. Pero también digo, ateniéndonos exclusivamente a estos estadios primarios, tal y como está esto, ya es un verdadero abuso en el que el toro sale perdiendo.

Pero sigamos avanzando aparte de pesos y medidas, nos topamos con la forma en que se realiza el primer tercio, un señor aupado en un acorazado, con todas las ventajas a su favor, para además interpretar la suerte como el cantante de ópera que suelta gallo tras gallo, hasta completar el corral. Puyazos traseros, cuchilladas en la paletillas, navajazos traicioneros haciendo ojales en la piel del toro y por si fuera poco, esa nefasta, y a veces tan aplaudida, costumbre de agarrar el palo con el pulgar hacia abajo y mover y mover como si fuera una tourmix, una trituradora que tritura al animal, que por otro lado, y volvemos al principio, lucha contra un muro infranqueable que no cede de ninguna de las maneras. Un círculo vicioso que empieza en el momento en que el picador no para al toro, lo deja estamparse contra el muro, con la seguridad en que este se ampara, porque si no fuera así, ¿ustedes creen que levantarían el palo con tanta ligereza, que marcarían levemente el puyazo? Que sí, que los que esto lo piden y lo aplauden, pero si nos empezamos a dejar llevar por lo que se pide y se aplaude, ustedes me contarán.

Y si seguimos con más factores añadidos que vician y corrompen el primer tercio, vayamos con lo de hacer la carioca o tapar la salida, con un toro que se encuentra por un lado las tablas y por otro, y vuelta a empezar, con el muro con kilos, rigidez, volumen y malas mañas del que pica. Que siempre volvemos al inicio, al peso de los caballos y podríamos seguir hasta el infinito, como sería la inhibición de los matadores en este primer tercio, en el que lo mejor que se les ocurre es ponerse allí casi en su casa levantando el brazo y con la horrorosa excusa del vale, vale. Que eso es algo que ya casi nadie se cree y que más bien creen que la indicación es dale, dale. Pero los taurinos no paran de idear y proponer reformas de la puya, reformas los trastos, hasta unos dicen que por qué no decide el matador si salen los caballos o no, pero todo a favor para tapar un toro cada vez más blando, menos encastado, menos toro. Pero, ¡oiga! Que de eso del peso, el peto telón de acero, las sanciones a los que no piquen bien, a los que no actúen como se debe en ese primer tercio, de eso, ni mu. Y quizá hasta les viene bien que nos enredemos en lo del peso del caballo. Pues démosles gusto y sigamos enredados en el peso de los caballos, que ya vemos que no es poco, pero también con el peto, los puyazos, la colocación y... son tantas cosas. Pero tantas cosas, que sumadas, al final nos dará con casi plena exactitud, lo que pesa un caballo de picar.


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

jueves, 5 de marzo de 2020

Lo que mande el señorito Josantonio


Quizá ya hemos llegado al límite de aguantar excentricidades y caprichos sin sentido. A ver si dejamos de jugar con las cosas importantes

Para unos, quizá los profesionales del timo taurino y los afines y palmeros de tal estafa, los caprichos de los incapaces que se autoproclaman artistas son una evolución, progreso y caminar hacia el valhalla de estos pícaros del toreo. Y para otros, seguramente los que nada sacan de los toros, aparte de satisfacer su afición, esas “aportaciones” no son otra cosa que un lento y firme caminar hacia el abismo, absolutamente confiados en que no existe tal abismo.

Mis felicitaciones al señor de la puebla del Río, que él solito ha conseguido que la Junta de Andalucía humille ofreciéndose para recibir la traicionera puntilla de este caballero, maestro del show y vergüenza del toreo. Todo capricho es poco para este señor, nada le es suficiente. Se maneja como nadie en eso de irse a comer pipas entre los antitaurinos y ponerse flamenco sacando pecho con ellos. Se presenta, sin pretender ser discreto, en el tendido siete de Madrid con aire más que intelectual, del que se cree el listo del pueblo. Que no duda en agarrarse a la furgoneta y decir que va a luchar por la “tauromaquia”. Eso sí, en cuanto puede, nos suelta dos trapazos por la cara y nos suelta un bajonazo infame que solo puede originar que la fiesta se desangre con el acero atravesado desde la paletilla.

Que a este señor, ni al resto de taurinos, no se le pasa por la cabeza optar por un toro íntegro y con poder que soporte una lidia lógica. Ni mucho menos. Mucho mejor adaptar el girar de la Tierra a las innumerables carencias del toro actual. Que ya que vamos al hoyo, vayamos todos al mismo son. Y marcando el paso según la música que le dicen, la Junta de Andalucía. Esto es lo que los nuevos gobernantes iban a luchar por el toro. Que poquito han tardado en descubrirse. Que como dirían los mayores, obras son amores y no buenas razones. La palabra contradice los hechos con descaro y desmesura. Todo para el negocio y por el negocio. Su fiesta es la bolsa y lo que no incremente sus haberes, queda excluido de la fiesta. Creíamos algunos que habría que esperar más para ver por dónde iban a tirar estos defensores de la “tauromaquia”, pero no, si nos descuidamos, nos llevan por delante atropellados por esa actitud injuriosa. ¿De verdad creyeron que algún partido iba a luchar por esto? ¿De verdad creen que todavía van a mover un dedo por esto?

Todavía habrá partidarios del caballero de la Puebla que salgan no solo a defenderle, sino que se agarrarán el cesto de las chufas en cuanto vean que alguien afea la actitud de su ídolo. Encontrarán mil y un argumentos para apoyar la causa de este señor, mil un insulto para los que se pongan enfrente de él, pero eso no querrá decir que estén en posesión de la razón. Y no es porque tal o cual hecho sea o no razonable, eso sería otra discusión, sino porque él mismo se descubre y se le ven las costuras al pretender hacernos comulgar con ruedas de molino. No hay debate, no lo propone, simplemente atropella la razón y nos quiere convencer de que eso es lo que hay que hacer, porque lo manda él. Rayas de un color, ruedos planos, riegos a petición, estoques a discreción, masacres desde el burladero, burlas en los corrales, burlas en la arena y todo ello queriéndolo disfrazar de arte y erigiéndose en sucesor legítimo de alguien grande. Pero todo está meridianamente claro. Este señor jamás ha sido capaz de mostrar el más mínimo compromiso con la fiesta, siempre ha presionado para conseguir que se atendieran sin reservas sus caprichos y nada le ha importado más allá de su comodidad, de su bolsa y de mantenerse en ese lugar que le permite seguir navegando en ese empalagoso amaneramiento de pseudoartista. Y seguro que aguantará casi por los siglos de los siglos, porque parece que no le faltará su cohorte de fieles en busca de un artista que echarse a la vista y que al menor ademán de su ídolo le responderán siempre lo mismo: lo que mande el señorito Josantonio.

Enlace programa Tendido de Sol del 1 de marzo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-1-marzo-de-audios-mp3_rf_48398478_1.html

miércoles, 25 de octubre de 2017

Suprimamos la suerte de varas


Aunque haya a quién no le parezca bien, preservemos el primer tercio, exijamos una suerte de varas íntegra, exijamos que nos permitan ver al toro en el caballo, que no nos quiten una tercera parte del espectáculo.


Cada día me felicito más por no tener la costumbre de ver el panfleto taurino que una vez a la semana se emite en la televisión pública, esa que controlan unos señores que dicen que defienden la fiesta de los toros. De verdad, no sigan defendiéndola, porque me veo que en dos patadas cierran las plazas de toros y las convierten en macrodiscotecas para goce y disfrute del personal. Aunque quizá no tengamos que quedarnos en que los señores de la tele digan ahora que los toros ya salen picados o que no les importa el castigo que se infrinja al toro. Quizá el origen de todo esto tengamos que ir a buscarlo a aquel lejano 1992, en que el señor Corcuera, que se decía aficionado, permitió la reducción de tres a dos varas, porque a los toros les costaba ir tres veces al caballo, así que con todo su sentido común, el suyo, se legislaba en favor de un puyazo menos, en lugar de hacerlo para que se cumpliera el reglamento vigente en aquel momento, tres puyazos en plazas de primera y dos en las demás. Y mire usted por dónde, que la “evolución” en la cría del toro de lidia, ahora nos dice que una vara o incluso ninguna. Y ya puestos, ¿por qué no modificamos las banderillas y las ponemos velero? ¿Por qué no hacemos que el toro sea de tres años, luego de dos, luego de uno y luego un bonito carretón patrocinado por aceitunas la Española y empujado por el Jacin, que siempre tuvo mucha chispa? 

Pero si aún no estábamos ya rebosados de todo, hay que escuchar las sesudas opiniones de supuestas voces autorizadas. Empezando por una señora veterinaria de la plaza de Murcia, que con ese donaire mediterráneo, aunque igual es Navalperal del Sonso, afirmaba que a la gente no le gusta que piquen a los toros, que pitan cuándo va al caballo. ¿Una señora veterinaria taurina suelta semejante… cosa sin abochornarse, ni ponerse ni un tantico así colorá? Que solo espero que el paisanaje murciano no se lo tome en cuenta, pues igual tilda de menguados mentales a toda la provincia y ofendería menos, pues todavía se podría tomar como un insulto y aún se podría echar mano del no ofende quién quiere, sino quién puede; y está claro que esta señora no puede. Ella simplemente se limitaba a contar una barbaridad como si el público de la Condomina no diera para más ¡Válgame! Pero, ¡ojo! Que la cosa no acaba aquí, que aún va el señor presidente y en ese empeño de arreglarlo, lo condecora para una fiesta, que suelta lo mismo, que el público pita, pero aclara que el aficionado no. Moraleja, que a los memos que no saben se la podemos meter hasta la cepa, que no se enteran. Eso sí, a los señores aficionados no, que esos saben lo que se traen entre manos. Muy bien, señor presidente, o sea, que cuándo usted se sube al palco no lo hace para hacer cumplir el reglamento, salvaguardar la integridad de la fiesta y defender los intereses de todos, aficionados y asistentes eventuales a una plaza de toros, sino para ver si se la cuela, bien colada. Pero si a quién se hace caso es al público, ese que tantas veces dicen que es soberano y por agradarle se obra en contra del reglamento, en contra de esos aficionados que supone que saben, entonces está actuando deliberadamente incumpliendo una norma. ¡Caramba! Y esto dos autoridades de una plaza de toros, la señora veterinaria, cuyo criterio, el buen criterio, se hace imprescindible no solo en las operaciones previas a la celebración de un festejo, sino, también, durante el transcurso de este. Y el señor presidente, al que se supone garante del buen nombre y buena fama de la fiesta de los toros. Pero tranquilos, que si esperan que sean los señores de la prensa los que les censuren sus actuaciones y les pongan los puntos sobre las íes, búsquense acomodo, porque ya saben como opinan, que total, ¿para qué el caballo? Si ya sale el toro picado, nos lo evitamos y si en lugar de picar se hace que se pica, pues también vale. Y se quedan más anchos de Pacorro en una tinaja.

Afortunadamente, a su manera, Sebastián Castella puso un poco de sentido común, de cordura, en este galimatías de la estupidez auspiciado y proyectado al mundo por ese programa de toros de la televisión pública estatal. Pues bien, el matador francés aparte de justificar las caídas de los toros como un síntoma de bravura, que eso es otra cosa que nos podría explicar, aunque en según que casos, hasta le doy la razón, admitió la necesidad irrenunciable del tercio de varas, la necesidad de picar a los toros y no para quitarle fuerzas, que es otro de los peregrinos y simplones argumentos de los seguidores de la Tauromaquia 2.0, sino para asentar al animal, para ahormar las embestidas., algo a cumplir en todas las plazas en las que se den corridas de novillos y de toros, además de eso ya tan en desuso de ver la bravura y esas cosas que decían los antiguos. Pero si prescindimos de esto, al final va a ser que es verdad que se creen que lo del caballo es para quitarle fuerza al animal y ya puestos, si el toro sale ya picado, si sale sin fuerzas, si sale arrastrándose, podremos concluir que este será el fin de la fiesta, pero de momento vayamos corriendo a dar gusto a tanto taurino sin afición, que solo busca engrosar su bolsa y no le demos más vueltas, antes de que todo acabe, suprimamos la suerte de varas.


Enlace programa Tendido de Sol del 22 de octubre de 2017:

miércoles, 19 de enero de 2011

La suerte de varas: de fundamental a vital


Que la suerte de varas nos saque del pozo.
Es una frase multitud de veces repetida el que la suerte de varas es fundamental en la lidia del toro bravo, fundamental para apreciar el comportamiento del toro y ver lo que lleva dentro y para ahormar su embestida de cara al último tercio de la lidia. Es algo tan evidente como indiscutible, aunque la tendencia postmodernista parece querer empujarnos a un punto en el que este tercio es más una molestia que algo esencial, que lo es, aunque de momento solo estamos en eso del mal menor y del trámite previo a la faena de muleta.

Pero la suerte de varas ha dejado de ser algo fundamental en la corrida para convertirse en un aspecto vital de la fiesta. Desafortunadamente es así, y digo desafortunadamente porque si no se le dota del valor que nunca debió perder, la fiesta se nos puede desintegrar entre los dedos.

Nadie se escandaliza cuando sale un toro arrastrándose por el ruedo y al que no se le puede casi ni arañar con el palo, si no es a riesgo de que se desplome definitivamente bajo el peto, y que el resto de la lidia sea un ir y venir de los señores de las medias rosas ante un marmolillo incapaz de dar un paso y mucho menos de embestir contra todo lo que se mueva a su alrededor.

Yo solo voy a hablar de lo que veo en la plaza de Madrid, donde puede que sea el sitio donde por el momento mejor se simula la suerte de varas. Aparte de por ser la plaza que más frecuento, porque tampoco creo que aguante demasiado análisis esos esperpentos en los que el toro topa una vez el peto, el picador apoya el palo suavemente y lo levanta inmediatamente, mientras el matador ya lleva un buen rato pidiéndole que levante la puya y que le cambien el tercio. Y no quiero afirmar que en las Ventas se pique como Dios manda, fíjense que he dicho que es donde mejor se simula.

En los tendidos de la calle de Alcalá es frecuente escuchar durante o después de la simulación de varas eso de “a picar” o “hay que picar” y por las mismas también hay quien salta como un resorte y afirma “si le pica se cae”. Pues que se caiga. Con un gesto tan sencillo como hacer que el toro vaya tres veces al caballo, dos desde el reglamento infame del señor Corcuera, se adelantaría mucho para limpiar la fiesta. Yo no digo que a los toros se les masacre debajo del caballo, pero una cosa es eso y otra el que el castigo que reciben no llega ni a regañina.

Pero si tarde tras tarde se le dota al primer tercio de la seriedad que éste precisa, y la consecuencia es que los toros rueden y rueden, solo pueden pasar dos cosas: que la gente se ponga como un basilisco y que los taurinos se decidan a arreglar el tremendo desaguisado de ahora, o que ese mismo público se amotine y se proponga pegar fuego a las plazas de toros, con lo cual igualmente habría que hacer algo para sacar del pozo a las corridas de toros.

¿Y qué ganaríamos con eso? Pues poca cosa, que los toros no fueran unos cadáveres que se arrastraran por la arena, que los matadores tuvieran que aprender a lidiar contra un animal con poder y pujanza, no como el de ahora, y a lo mejor hasta veíamos lo que las figuras pueden dar de si, o como si se tratara de los tiempos de la eclosión del cine sonoro, de la desaparición de los ídolos postmodernistas y la ascensión de nuevos toreros más capaces y con mejor timbre de voz. Entonces sí que el toro sería el elemento decisivo que recompondría el escalafón y daría a la fiesta ese impulso que muchos tercamente buscan en las corridas sin sangre, en la saturación de triunfos vacíos o en los indultos de bobalicones sin malicia.

Por el momento parece sacar ventaja la tendencia “humanista”, que prefiere que al toro no se le lidie y sí que se le “cuide”, incluso a costa de arrinconar una parte vital de la corrida, con el casi único y exclusivo objetivo de fabricar triunfos de cartón piedra. Triunfos construidos sobre una base falsa en la que se simula un aspecto fundamental como es la suerte de varas, pero que hoy en día ya ha pasado a ser vital para curar a una fiesta enferma, aunque para muchos está en un estado de salud envidiable. Pues adelante con los faroles.



PD: Mi recuerdo para José Manuel Sánchez, aquel que cuando estaba en el palco llamábamos "el de la pajarita". QDEP.