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domingo, 21 de junio de 2026

A ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado

Deseandito estoy de apuntarme a un cursillo para saber cuándo y a quién aplaudir, que así no podemos seguir.


Ya volvimos a la rutina de la rutinaria temporada de Madrid. Vuelta a los autobuses, vuelta a la plaza casi desierta de aficionados de Madrid y ocupada en parte por paisanos, seguidores y amistades de los actuantes. Que dirán muchos, agarrándose a este clavo ardiendo de unos tendidos demasiado despoblados, que es que la temporada no interesa, que no es rentable, o que no es rentable, porque no interesa. Pero, por favor, no se hagan trampas al solitario, que la temporada claro que interesa, pero si esta la componemos con carteles infames, con carteles que solo interesan, y no por el contenido taurino, sino por otras causas, por otras afinidades ajenas a lo puramente taurino. Si el interés reside en que acudan los paisanos, los partidarios o los amigos, mala cosa. Que si se confeccionaran carteles de interés y la empresa se preocupara de publicitarlos, igual otro gallo nos cantaría, pero no, porque entonces se les des montaba el argumento de que la temporada no interesa. Que suena a galimatías, pero todo se reduce a que esta empresa, auspiciada por la Comunidad de Madrid, solo quiere dar festejos con sus figuras y con los toros de estas figuras, sin importarles lo más mínimo ni la plaza, ni la afición de Madrid. Y si no, echemos un vistazo al cartel de la noche en cuestión, toros de Valdefresno, con dos parches de Couto de Fornilhos, sin entrar en juego y presentaciones, para Juan Pablo Sánchez, Cristian Pérez y Alejandro Peñaranda. Que hay que ir con la mente muy en blanco, con el espíritu absolutamente virginal, como para pensar que se nos avecinaba un festejo de época. Eso sí, si usted es del grupo de los paisanos, seguidores y amistades de los actuantes, entonces ya me callo, que uno no es nadie para entrar en cuestiones personales de cada uno; o quizá sí, sí, si alguien de esta gente me obliga a que me guste y aplauda a su paisano, seguido y amistad actuante, entonces la cosa cambia. Que ustedes no se lo creerán, pero está muy complicado eso de ir a los toros ahora a las Ventas, que antes tienes que conocer las relaciones de cada uno con cada uno. A este se le puede protestar y además, se le debe protestar; a este no, que es colega, a este, ni fu, ni fa. A este otro... Que uno no sabe a qué atenerse. Que antes, los legos en la materia echábamos un vistazo al líder que nos amparaba y ya sabíamos, si él aplaudía, todo quisque a batir palmas, si él se quedaba mohíno, todos mohínos. Y así nos orientábamos, pero es que ahora no hay quién se aclare, que hemos perdido a nuestro líder espiritual, que el gps del “afisionao”, nos ha dejado de funcionar, que vamos a devolverlo porque no va y nos dicen que aquello es un convento de clausura.

A ver qué decimos de lo que ha salido por toriles, que si decimos que la presentación a veces no ha llegado ni a justa, igual no deberíamos, pero es que no ha llegado ni a justa, que alguno, como ese castaño, era lo que por tierras del ganadero llaman un vaco. Corrida mansa, pero de manual, a lo que hay que añadir que los maestros han carecido de todo intento lidiador. Les dejaban a su aire y que se apañaran, que ellos habían ido a sentirse a gusto. Mansos en el caballo, tirando derrotes cuando no saliendo de najas, sueltos, sin que nadie hubiera hecho por fijarlos mínimamente, aunque fuera intentar echarles un capote al suelo; que igual no se habría conseguido nada, pero al menos así veríamos que ni por esas. Mal picados, aunque el personal hasta ha aplaudido a uno de aúpa, por un picotacito en el segundo encuentro, después de haberle pulverizado los lomos previamente. Solo en el quinto, Santiago Pérez, ha picado aguantando a ese que daba muestras de manso. Le ha hecho la carioca, sí, pero ha impedido que se le fuera del peto, que ya era mucho pedir. Que los recursos hay que utilizarlos cuando son necesarios y no convertirlos en norma. Que dirán que qué barbaridad es esta, pero es que les confieso que en ese momento no he podido fijarme en lo que decidía nuestro líder. Que a uno le ha dado por ponerse a comentar lo sucedido con los compañeros de localidad. Y así pasa, que no estamos a lo que teníamos que estar y nos enredamos con lo que sucede en la arena. Mil perdones.

De los actuantes, a ver cómo me explico yo sin ofender, si es que no he ofendido ya lo suficiente. Juan Pablo Sánchez, pues a lo de todos, que si me lio a pegar trallazos con el trapo al bies, que si enganchón por aquí y por allá, que si ahora me recoloco y después también. Que si voy de aquí para allá con la muleta en la mano y el toro va a su aire, para al final no decir nada de nada. Cristian Pérez ha entusiasmado a muchos, con los defectos de todos, con una incapacidad más que manifiesta, pero según dicen, le pone mucha voluntad. Pues cuidado, que con tanta voluntad y tan poco conocimiento, con tanta actitud y tan escasa, nula, aptitud, cualquier día se puede llevar un disgusto. Que estamos en la de siempre, que ahora en Madrid se aplauden las carreras, la incapacidad con los engaños, que lo que no se hace con la pañosa, hay que corregirlo a base de carreritas. Que los enganchones, abusar del pico y los trallazos se aplauden como si fuera toreo, sin ser otra cosa que destoreo. Que en su primero, al que aburrió, le dio trapazos y más trapazos hasta que el animal acabó buscando las tablas descaradamente. Y tras una estocada trasera y caída, aunque remoloneando, el del palco le regaló el despojo. Cómo aplaudía la masa, que con eso ya les valía la pena el viaje hasta las Ventas. En su segundo quedó más evidente esa falta de aptitud, con un toro con un pitón derecho que o se triunfaba o te comía, porque exigía mando, toreo y nada de trapazos al aire. Pero en la primera tanda ya se le vio a Cristian Pérez muy, muy perdido y al segundo trapazo le levantó mientras intentaba huir, cayendo de muy mala manera. Entró en la enfermería y volvió a salir dispuesto a pegar más trallazos, adornos, pico y enganchones, sin parar quieto un instante, para culminar la sinfonía con manoletinas. Y habrá quién se moleste, pero solo el mal manejo de la espada impidió una nueva salida a cuestas que avergonzara una vez más a Madrid. Que lo mismo ya hay que ponerse así, unos jalean a sus ídolos pase lo que pase y otros intentamos defender al nuestro, la plaza de Madrid, sin reparar en paisanos, seguidores y amistades de los actuantes.

Alejandro Peñaranda hacía tiempo que no asomaba por aquí y visto lo visto, igual tendría que pasar una temporadita para volverlo a ver. Un prototipo de esta modernidad que nos asfixia. Su primero no quería nada con nadie, siempre buscando sus terrenos, tablas, chiqueros, sin que el espada intentara al menos doblarse para así poder entrar con la espada y no andar como anduvo, a ver si le cazaba, gazapón, acabó casi aculado en tablas. En el sexto venga trapazos y más trapazos, venga a recuperar el sitio una y otra vez, pico, brazo largo, que ni el iniciar de rodillas le valió para calentar los ánimos, sobre todo y en ese trance acabas liándote tú solito. Pero al final uno se queda que no sabe si sorber o soplar, que esto de ir a los toros nos lo están complicando más de la cuenta. Unos que solo íbamos a ver toros y a ver torear, ahora te tienes que enterar de demasiadas cosas ajenas a lo que sucede en la arena, así que urge que nos guíen, que nos marquen el camino y a ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado.


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viernes, 10 de enero de 2025

Este año tiene que caer un rabo en Madrid

Mientras unos maquinan cómo hacer para cortar un rabo en Madrid, los toros estarán preguntándose, ¿seré yo, maestro?

Ya está bien de tanto esperar, ya está bien de tanta intransigencia, trabajemos a fondo para que finalmente se corte un rabo en Madrid, ¿qué digo? Dos, tres, cien rabos en la plaza de Madrid, un rabo casa tarde, que los rabos son la alegría de vivir, son la razón de todo esto. Que ya les digo, dónde hay rabos, hay alegría, pero alegría de la de verdad, de esa de perder el sentido. Y esto sí que es verdad, en Madrid se acabará dando, tarde o temprano, un rabo, cuando se haya perdido definitivamente el sentido. Que habrá quién diga que este hecho no se da porque hay una serie de individuos que lo impiden, esos a los que llaman intransigentes, amargados y a veces hasta antitaurinos. Pero no, no se equivoquen, entre otras no se ha cortado un rabo porque quizá los supuestos artífices la han pifiado, porque anda que no lo llevan preparando desde hace tiempo. El borrego al uso que va y viene, los trapaceros que suman los mil doscientos veintisiete trapazos de media, los palcos más generosos que un borracho en una tómbola, esa prensa del movimiento que canta loas hasta llegar a una melosidad que pringa y pringa todo lo que toca y el público, ese público verbenero que entiende que la diversión es ver despojos a tutti li mundi, siempre bien empapados en alcoholazo a cargo de las empresas cuyo mayor reclamo es ese, el gran botellón permitido y alentado en las plazas de toros.

Que estoy seguro que si nos ponemos a hacer un pronóstico de la ganadería que va a ser desrabada, seguro que muchos coincidiríamos y quizá hasta acertaríamos, entre otras cosas, porque los candidatos a agarrarse a un rabo con verdaderas ansias sean los que solo torean esas ganaderías que ahora dicen que son las que “embisten”. Que tengo yo ganas de que esos que hablan del embestir me expliquen que entienden por tal cosa. Ya hemos leído que la gran ilusión de la joven promesa marco Pérez es la del rabo, su gran sueño, un rabo, un rabo en Madrid. Que eso realmente sería la culminación de un camino tan bien planificado, como poco ilusionante para el aficionado, aunque los públicos estén que no caben en si de gozo y entusiasmo al pensar en ver al muchacho paseando un rabo por Madrid. Pero este no es el único, que a esta corriente se ha apuntado entre otros el señor Ortega, que no duda en dorar la píldora a esos tres ganaderos, de los que no da nombres, pero que igual... volvemos a lo mismo, los que todos tenemos in mente y que crían un toro para que esa utopía se haga realidad, un rabo en Madrid. Y ahora yo me pregunto: ¿Qué ganamos con esto? ¿Por qué tanto empeño en que se corte un rabo en Madrid? Quizá para así hacer creer a los más incautos que estamos viviendo un renacimiento de la Edad de Oro, quizá para utilizarlo como un elemento publicitario intentando captar nueva clientela, quizá pretendiendo borrar la historia pasada y así reivindicar la nueva realidad de esta gloriosa vulgaridad. Y todo, por un rabo, ¡Viva los Rabos! ¡Gloria eterna a los Rabos! ¡Ni un día sin Rabos!

Y así, toda esta panda de insignes maestros podrá acumular esas grandes estadísticas y después pedir más dinero en un futur... Perdón, perdón, que se me ha ido la cabeza al rabo. Que esto a ellos les valdrá de poco, pero a los empresarios, ¡ay los empresarios! Esto les servirá para poder poner a Juanín o Juanón con nómina en la casa y así justificar los carteles que son realmente injustificables y al precio que ellos decidan y que los del rabo tendrán que decir que sí y que bueno. Si es que todo está más que pensado. Que esto se nos irá por el desagüe, pero no me negarán que no es mucho mejor una hecatombe agarrados a un rabo, que sin nada que echarse a la boca. Así que nada, amarrémonos bien los machos, hagamos de tripas corazón y abramos con júbilo el portón de la casquería, porque este año tiene que caer un rabo en Madrid.


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viernes, 3 de enero de 2025

El “regalito” de los Reyes para empezar Madrid

Se anuncian toros de bella lámina, pero... Ya empezamos la juerga


Ya se oyen los primeros cantos de sirena para la temporada que se avecina, especialmente para Madrid. Que los hay que ya se frotan las manos encantados y le ponen ese calificativo tan bonito, tan ilustrativo, tan... tan necio, de los “toristas”. Pues hala, señores “toristas” mi enhorabuena, disfruten de su “torismo” con la de Adolfo Martín para abrir plaza en Madrid. Que me dirán que una vez echó el toro Dominguito, el toro Joaquinito, pero... ¿Alguna vez ha echado una corrida de toros de verdad y para el aficionado? Que sí, que el ganadero es buen tío, que entrega a sus amigos como nadie, pero, ¡hombre! Que aún somos unos pocos que esperamos una corrida que se pueda picar, una corrida con fiereza, con casta y que hablen con acento cacereño y no de las tierras de allá la mar océana, con esas embestidas mexicanas. Que viendo como han transcurrido los acontecimientos, ustedes podrán responderme a unas pocas preguntas. Estos toros para esta inauguración grandilocuente, ¿los dejó apartados el ganadero el año pasado o son unos toros que no consiguió colocar ni en las calles? Que sí, que serán cinqueños, según dicen las malas lenguas a un pasito de soplar seis velas, pero, ¿estaban ya pensados para Madrid tiempo ha? ¿Quizá no vienen a San Isidro por esa cuestión de la edad? Que oiga, si el ganadero tiene tanta confianza en ese ganado y está tan bien seleccionado para abrir temporada, igual se podría intentar solicitar los permisos oportunos, tal y cómo sucedió hace unos años con el precedente de Reta en una plaza francesa. Aunque honestamente, no creo que se dé el mismo caso.

Que las malas lenguas son, como su propio calificativo indica, muy malas y hasta se ha difundido el comentario de que al propio ganadero no le gusta la corrida ¿Cómoooor? Espero y deseo que eso solo sea un rumor sin nada objetivo que lo sustente y el que lo haya puesto a circular tiene bastante mala fe. Un ganadero no puede estar a disgusto con una corrida que lleve a Madrid, eso va contra todas las normas éticas, de aficionado y de buen ganadero del mundo. Porque si no le gustara, eso podría querer decir alguna cosa y podría provocar más preguntas. En ese caso, ¿el ganadero traería a las Ventas adrede una corrida que no estaría a la altura de esta plaza? ¿El ganadero estaría colando el timo del tocomocho a la afición de Madrid con plena conciencia de ello? ¿Al ganadero solo le preocuparía el que le den sus dineritos por un encierro rescatado del desguace sin mirar para dónde va? O también podría haber otra lectura, que al ganadero le dijeran los contratantes que sí o sí, tenía que tener seis toros para el mes de marzo. Que el propio ganadero dijera que no tenía toros para esta plaza, pero que visto el panorama y las maneras de la empresa de Madrid, no le hubiera quedado otra que... Pero todo esto es especular, porque claro, si nos vamos a hacer caso de un rumor que corre por ahí.

Que luego está la segunda parte, los de luces. Que no me veo yo a los Roca, Perera o ¿Ponce? Ah, no, que dicen que Ponce se ha retirado. Que igual sí que me veo a un Rufo, Robleño, Castaño o Adrián, no porque les guste el caramelito, si no por eso de o vienes o... que ya sabemos que funciona a la perfección para eso de presionar al personal. Que los amigos, familiares, allegados, vecinos, conocidos y saludados les dirían que adónde van, que es una locura, pero igual los que les llevan les dirían eso del “tú sabrás, pero si nos obligan...” Vamos, que la cosa pinta de maravilla. Eso sí, que no faltará quién esté encantado porque se abra Madrid con una “torista”, perdonen que me ría, que aún siguen emplazados en eso de toristas y toreristas y que hasta disfrutan declarándose toristas, que está muy bien, cada uno ambiciona a lo que cree que puede llegar, los de luces con ser figuras, los de los tendidos con ser “toristas”, cuando los más ambiciosos anhelan ser matadores de toros unos y aficionados a los toros, otros. Y quizás los unos y los otros, figuras y “toristas” aparte, le estén dando vueltas y más vueltas a esto y no vean nada claro el “regalito” de los Reyes para empezar Madrid.


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lunes, 23 de septiembre de 2024

Los límites de la paciencia del taurino y del aficionado

Lo de Bañuelos, bellas estampas tan vacías que se oía el eco dentro de ellas.


Toros en Madrid, como decían los carteles en otro tiempo, en ese tiempo en que se veían carteles de toros por las esquinas de las ciudades. Y bueno, hay que reconocer que hay anuncios que son ejemplo palpable del optimismo. Toros en Madrid y sale lo de Bañuelos… y lo de Montalvo y lo de Carmen Valiente y lo de … ¿Pero esto qué es? Que si Plaza 1 quiere desinfectar los corrales de Madrid, que aproveche ahora que estarán vacíos, que luego llega la feria de Otoño y con las figuras anunciadas no va a haber quién encuentre un rincón en los corrales de las Ventas, que ya deben tener preparada la línea directa desde las fincas a la plaza y viceversa.  Que todo lo que puede venir puede ser glorioso. Que habrá quién quiera ver la corrida de Bañuelos como un prólogo a la ya inminente feria de Otoño, pero verán como los taurinos lo tienen todo atado y bien atado, aunque los bailes de corrales igual son inevitables. La última previa a esta feria fue un festival de inválidos, pero claro, todo depende del color del cristal con que se mire. Unos echan la culpa al ganadero que mandó una corrida bochornosamente inválida. No entramos en causas, solo nos podemos detener en los resultados, que solo tres permanecieron en el ruedo, aunque también podían haber tomado el camino de los cabestros y uno de estos tres se rompió una mano en el inicio del trasto y hubo que ser estoqueado sin preámbulos.

Pero claro, si seguimos ese patrón que algunos ya han proclamado en público, como don hablo Aguado, de que el toro bueno para el toreo artista es el inválido, pues uno entiende que los vástagos de laureadas dinastías de toreros y periodistas, muy unidas ambas, clamen contra el presidente por darse demasiada prisa en sacar el pañuelo verde ¡Demasiada prisa! Si parecía que lo tenía electrificado y le costaba un disgusto sacarlo. Que hubo casos en los que hasta el mismo toro parecía ponerle ojitos diciéndole: ¿no ves que no puedo con mi alma? Que ni la divisa puedo arrastar. Que igual es por eso por lo que alguno salió sin ella, o igual es que se le agotó a Plaza 1 las telas de colores y a esa hora, un domingo por la tarde, las mercerías de Pontejos, junto a Sol, ya estaban cerradas. Y el presidente, un impaciente, según estos taurinos de pedigree, venga a sacar el verde. Pero lo de la paciencia va según lo vea cada uno. Que el personal que ya de salida ve al toro con unos andares raros, que no se puede apenas girar, que lleva un braceo de caballo cartujano y que a nada que la arena le hace un guiño el animal se tira en plancha sobre ella, pues entonces vienen las protestas. Que unos dicen que si el siete, que no fue solo el siete, que hubo alguno más, alguno que no era ni chino, ni turista, ni partidario de los toreros, ni un despistado que pensaba que todavía se podía cenar las Ventas, o sea, cuatro protestones más mal contados ¡Hay que tener paciencia oiga!

Que el que diga que lo de Bañuelos no estaba presentado para ganar el título de Miss Toro de las Ventas 2024, es que no se fijó bien; vaya láminas; unos auténticos torazos, pero… ¡Ay los malditos peros! Que hasta parecía que iban a dar juego. El primero se medio mantuvo en pie, lo justo para que Juan de Castilla le diera aire con la pañosa, distante, pico, latigazos, sin poder hacerse con él, aparte de que el animal entrara como un burro a la muleta. De lo que vino después, de la invalida corrida, poco o nada hay que destacar, solo un par comprometido de Curro Javier y como el mismo Juan de castilla metió en los capotes al manso quinto que correspondía a Isaac Fonseca. Un Isaac Fonseca que recibió medio aseado a su primero, que, por aquello de ganarse el aplauso fácil, hasta puso al toro de lejos en el penco, pero nada, el Bañuelos no estaba para lejanías, le bastaba aguantarse en pie. Que desde el tendido se oían voces de levanta la vara para citar, de llámalo, pero a poco que uno se fijara en el animal, el olisqueo, el distraerse y las poquitas fuerzas eran síntomas de que no iba a acudir al peto. Y estando cómo estaba, José Fernando Molina se fue a hacer su quite, quite al que tenía derecho, pero… ¿No se enteró de cómo andaba el toro? Pues no y se puso a pegar mantazos hasta que aquella lámina se derrumbó definitivamente. Y a partir de ahí, Florito haciendo horas extras, cabestros para fuera, toro para dentro, cabestros para fuera, toro para dentro. Fonseca se diluyó en la nada, Juan de Castilla recibiendo al de Bañuelos, Carmen Valiente y Las Ramblas, al que no devolvieron quizá porque el presidente estaba viendo La Revuelta y no se enteró de la invalidez de este, lo que aprovechó el espada para intentar aplicarle la modernidad ventajista de siempre, autopremiada con una vuelta al ruedo, quizá para agradecer a los catorce que pidieron la oreja el que tuvieran que pasar la vergüenza de verse señalados por sacar el pañuelo blanco.

La comparecencia de José Fernando Molina, aparte de ese quite tan inoportuno, como poco certero, poco que destacar. Su primero, al que recibió de muleta incluso con cierta suavidad, se partió una mano y solo le quedó tomar el estoque. Con el que cerraba plaza, ya con la paciencia de todo quisque agotada, otro inválido que también pudo ser devuelto, se puso moderno y tremendamente vulgar, quizá queriendo agradar a los pocos paisanos que le acompañaban. Ponía posturas ventajistas y más posturas, pero hasta los partidarios perdían el entusiasmo al ver al animal besar el ruedo más de lo estrictamente recomendable. Para que luego hablen del pobre e ineficaz presidente. Y solo nos quedaría por definir hasta dónde debe llegar el aguante del personal. ¿Tres caídas son admisibles? ¿Los tambaleos cuentan para poder protestar’ ¿Hay que frotarse las manos esperando la culminación del arte cuando un animal apenas aguanta su propio aliento? ¿A quién hay que pedir permiso para protestar un toro, al de la dinastía torera o al de la dinastía periodística? Que o nos dan pautas para convertirnos en dóciles borregos o lo mismo nos brota el carácter levantisco y mire usted, no vayamos a protestar también en los próximos acontecimientos que se nos avecinan. Por favor, señores taurinos, luz, ilumínennos, se lo rogamos. Que lo que parece evidente, más que evidente, es que no coinciden ni de lejos, los límites de la paciencia del taurino y del aficionado.

 

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lunes, 2 de septiembre de 2024

La catarsis del trallazo

Cómo se han puesto porque un pica no se puesto justo enfrente de esas tres rayas que a todos nos ayuda a saber dónde estamos. Esas tres rayas que nos iluminan y que qué sería de nosotros sin ella.


Que poco dura la alegría en la casa del pobre. Que iban los condolidos aficionados, pseudoaficionados, sesudos, espabilaos y pintones de la fiesta, pintones autoproclamados exigentes y pintones de los otros, de los que conocen a tuti li mondi y se creen que con eso… pues todos, todos, esperaban encontrarse con una corrida encastada, con poder y que les pusieran las peras al cuarto a los de luces. Los hierros pintados en la arena, las imprescindibles tres rayas paralelas sin las que el aficionado no sería capaz de saber si un toro se pone de cerca o de lejos. Tres rayas que si las hubieran puesto en Barrio Sésamo, Epi y Blas se habría evitado mil paseos con el de cerca, poc, poc, poc, lejos. Gran aportación de la tauromaquia gala a este mundo y al mundo en general. ¡Papa! ¿Queda mucho? Y el padre podría decir que más de lo lejos que está la raya cortita. Pues eso, las rayas y además, por si esto fuera poco, para que los amargados no se ofuscaran, hasta lonas con los hierros de esta serie de “Desafíos ganaderos”. Pues todo tan bien embanastado y ¡Catapum! Nuestro gozo en un pozo, en el pozo más profundo de los gozos.

Estaban anunciados tres de Saltillo y tres de Valdellán, pero ya les digo, que estaban anunciados, porque si no nos lo cuentan, igual nadie habría acertado que los seis astados fueran de tales procedencias. Y además se suponía que los iban a enfrentar tres lidiadores curtidos con estos hierros. Pues… ya lo de lidiadores no casaba con ellos. Que me dicen que tres especialistas en poses, carreras, mantazos, trapazos, abuso de pico, de colocarse allá por Méntrida y de pasárselo por Buitrago de Lozoya y lo admito. A propósito, Un pueblo está lindando con Toledo y el otro con Segovia. Y vaya por la cara esta clase de geografía madrileña. Pero, ¡ojo! Que esto es opinión de servidor, que los ha habido que han perdido la chaveta viendo pegar trallazos a velocidad de la luz, casi tan rápido como corría el susodicho coletudo entre trapazo y trapazo. Y si no que se lo pregunten a los que clamaban a cada respingo y exigían a la empresa que pusieran a Damián Castaño, el autor de los mayores trapazos, unas veces erguido y otras… otras menos, pero siempre entre el clamor de los que se han “emosionao”. Que parándonos un segundo a pensar, se me ocurre una terna de nuevos dioses de la tauromaquia en Madrid que lo mismo podrían correr en un ruedo, que en una maratón popular por el barrio de la Guindalera, justo al ladito de la plaza.

Lo de Saltillo y Valdellán la verdad es que han defraudado bastante, ni tipo, ni maneras, ni casta, ni tan siquiera genio. Se les ha picado fatal, lo mismo en una paletilla, que más allá de dónde el lomo ya casi pasa a ser otra cosa, en la barriga, cariocas, tapando la salida, con caballos derribados no por el ímpetu del astado, sino por otras razones que no vienen al caso. Pero como el personal estaba con que había que ver un tercio de varas que jalear, ha sido en el sexto, a distancia y el de Valdellán acabó arrancándose hasta con alegría, pero, he aquí el pero, después de pensárselo y pensárselo, de mirar aquí y allá a ver si había algo qu le interesara más, olisqueando, escarbando y al final… Ninguno se ha empleado metiendo los riñones. Es verdad que alguno ha mostrado cierta fijeza, pero a lo más que llegaban era a pelear con un solo pitón; muchos derrotes, caras altas y hasta saliéndose sueltos por su cuenta. Que lo mismo alguno pensaba ir a echarle la bronca al que pintó los hierros en la arena por haber pintado los que no tacaban, pero sí, sí que tocaban, aunque pareciera mentira, tocaban y salieron tres de Saltillo, los tres primeros, y tres de Valdellán.

Los de luces eran Sánchez Vara, Rubén Pinar y el ya citado Damián Castaño. Sánchez Vara lo más que hizo fue recibir a su primero de capote ganándole terreno y punto. Con la pañosa un recital de trapazos enganchados, distantes y con muchas precauciones. En su segundo, tras una lidia llena de despropósitos, optó por banderillearlo y quizá habría sido un acierto ceder los palos a la cuadrilla. Muletazos escapando, banderazos, el toro se le vino abajo primero por un pitón y luego por los dos; pero debajo de medir la arena con los lomos. Un bajonazo hábil y hasta otra. Rubén Pinar es de esos espadas con una pasmosa regularidad, siempre suelta el mismo repertorio, siempre aburre, siempre tramposo, siempre sin decir nada y casi mejor, porque cuando lo dice, que no en el ruedo, es para mentarle la madre a quién le paga sacando una entrada en taquilla. Pero él tan feliz. Muy fuera, ya no al hilo del pitón, sino hasta el infinito y más allá. Trapazos dando aire, ejemplo paradigmático de lo que me comentaba un aficionado, eso del torero por un lado y el toro por otro, como si estuvieran regañados. Pero no pierdan la esperanza, que si pinar sigue siendo baratito, lo volveremos a ver en esta plaza, faltaría más. Igual que seguiremos viendo a Damián castaño, que me dirán que ha perdido el triunfo por la espada, por el verduguillo y… y por más cosas. Lo de comentar su labor con el capote sería como pretender juzgar la catedral de Burciamuros del Monte, que no existe, ¿no? Pues eso, lo mismo. Con la muleta el hombre tiene cogido un truco que le funciona muy bien y que se le puede aplicar a cualquiera de sus dos toros, él se pone erguidito, cita desde fuera con el pico de la muleta, tira y echa a correr. Otras veces cita de frente, pega el latigazo y de nuevo a correr, o incluso en una tanda los apelotonaba sin rematar, empalmando uno tras otro, lo que no es ligar, solo es eso, empalmar. Incluso, como en su segundo, muy serio y clásico él, con la montera calada, pegaba unos trallazos que tiritaba el mundo, pero, ¡amigo! Si el personal se emociona, no hay más que hablar. Que ya se sabe, esto ahora va de emociones, que muchos se creen que el quedarse quieto es cuando se da el trapazo, aunque no se remate, aunque se pegue un tirón al trapo para echar a correr y recolocarse para cazar el siguiente trapazo. Todo se estropeó con los aceros. En el primero después de media escasa, cuando el toro estaba para entrar de nuevo, pero por aquello de no perder despojos tiró de verduguillo y ahí sí que perdió todo. En su segundo ya no solo fue descabellar, también fue dejar una estocada decente. Unos se mesaban las guedejas, otros se frotaban los ojos, otros se lamentaban, otros… otros no daban crédito de ver esa locura colectiva después de la nada, pero así están las cosas, que el público está deseando encontrar ídolos, aunque sea a lomos de la catarsis del trallazo.

 

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lunes, 18 de septiembre de 2023

Un toro de fondo de pantalla y… poco más

Decían que los Pablo Romero eran así y asao, pero ahora va a haber que empezar a definir cómo son los de Partido de Resina, que a ver cuánto tardan en poner eso de "elimina lo anterior". Igual ya lo están eliminando.


Volvía Pablo de Resina o Partido de Romero a Madrid o vayan ustedes a saber qué es lo que tiene eso. Al menos el hierro y la divisa. Quizá la ganadería más querida por el aficionado, a la que más cariño guarda, dejando de lado muchas consideraciones propiamente taurinas. Lleva muchos años, demasiados, en decadencia y el aficionado parece que cada vez que sale un toro de esta sangre, empuja deseando que eche para arriba de una vez. Los toros guapos, pero ya… uno parecía ser un Pablo Romero, aunque sin poder ser un prototipo de aquellos que enamoraban solo con mirarlos. Toros que han aparecido en otro de estos desafíos ganaderos y que con lo que han dejado en la arena, su mayor gesta era mantenerse en pie y la verdad, que no han logrado tal gesta. No cojeaban, no parecían estar dañados de una mano, todo perfecto, pero al momento se desmoronaban y medían el ruedo madrileño, el que un día fue suyo, arrastrando la badana por la arena. Y lo peor no era eso, lo peor era que los allí congregados ya no pensaban en que esto se pudiera recuperar, sino en que esto ya se había ido para siempre. Que igual consiguen que vuelvan a lidiarse toros de Partido de Resina, no la “omega dentada” y el blanco y celeste en el morrillo, pero esos ya no serán Pablo Romero, simplemente serán Partido de Resina, a los que solo les falta para rematar la pena eso de “elimina lo anterior”.

Pero pronto se nos puso la realidad frente a frente, con ese primero que era una lámina y que, aparte de no ponerlo en suerte y simplemente dejarlo por ahí, en cuanto notó el palo del picador ya no pudo apenas sostenerse en pie. Juan de castilla, confirmante, se empeñaba en darle pases, pero al segundo de nuevo estaba el animal por los suelos. Bueno, pues vamos a llevarlo con la mano alta, pues ahí venían los enganchones. Que si al menos se hubiera visto cualidad lidiadora, pero mantener a ese toro en el ruedo para dar carreras, abusar del pico y hasta a a llegar a un segundo aviso y el tercero asomando por repetidos fallos a espadas y no matar con la espada, sino con el verduguillo, pues se podía haber evitado ese ratito largo. El siguiente de Partido de Resina fue el que hizo tercero, y vean que ya no hablo de Pablo Romero, porque… ustedes ya me entienden. Salió pegajosito y Ángel Sánchez se limitó a mantearle y acabar abandonándolo a su aire, pero la evidente falta de fuerzas hizo que, con las banderillas puestas, fuera devuelto y sustituido por un torazo de Hermanos Collado Ruiz, un grandón, sin gracia. Y de nuevo Sánchez no sabiendo qué hacer con ese telón rosa. Desacompasado, el trapo por aquí y el toro un rato detrás. De salida ya se fue corriendo a buscar toriles. Pues empezamos bien. Mucho capotazo para llevarlo al penco, donde apenas se dejaba, sin meter la cara, le tapaban la salida y ahí seguía, para continuar con un segundo picotazo queriéndose ir. La faena de muleta la principió el madrileño con muletazos por abajo sin parar quieto un momento. Trapazos con mucho pico, desde la lejanía y alargando el brazo, sin parar quieto y no solo sin llevar al animal toreado, es que él toreaba al aire por un lado y el torazo transitaba por otro; menos mal que estos bueyes tardan más en aprender y ni se enteran de que hay un bulto a su lado. El tercero del Partido de Resina fue el cuarto, el segundo de Octavio Chacón, uno que lo sacan hace cuarenta años y de cien a los que preguntasen, ninguno habría dicho que era de la casa que decían que era. Punteando y sin entregarse en el capote, lo pusieron de lejos y puestos a elegir, eligió al caballo de la puerta y no al de tanda. Vuelta, esta vez más cerquita y medio cumplió sin más. Algo más lejos en la segunda vara, donde pasó sin más, para acabarse yendo suelto. Chacón tomó la muleta, que ahora que recuerdo, antes de la ceremonia de confirmación a Juan de Castilla, como hacen ahora muchos muy respetuosos, se fue al palco a brindar al presidente, como si el fuera a darle muerte. Se comentaba que iba a pedir permiso, pero es que los espadas no tienen que pedir permiso alguno, esa es una leyenda. Permiso ya tienen en el momento que salen al ruedo. Lo que dice el reglamento es la obligación de brindar el primer toro de cada espada al presidente, brindar, no pedir licencia, Y se brinda lo que se va a estoquear, no lo que va a espabilar el compañero. Bueno, disquisiciones aparte, Chacón empezó citando desde muy fuera y levantando demasiado la mano. Acortó las distancias, muy desconfiado por ambos pitones, para acabar metido entre los pitones. Banderazos, enganchones y a ver si cazaba un muletazo. Media con habilidad y descabellando en los medios.

Y hasta aquí lo del partido de Resina, que ya no me atrevo a llamar Pablo Romero. Y saló el toro para el fondo de pantalla, un sardo de Sobral impresionante que recordaba aquellas fotos de principios del XX. Y seguimos con Octavio Chacón, que sí que hay que reconocerle el estar pendiente del compañero, del picador, de acercarse si otro alternante está en complicaciones para deshacerse de su toro. Todo eso es de agradecer, pero, ¿es suficiente? Que comenzó ilusionando colocando a su primero al caballo evitándole mantazos. En la primera vara le taparon la salida y en la segunda, a la que acudió de buena manera al caballo, después de un picotazo se marchó suelto. Se dolió en banderillas y esperaba con peligro a los de luces por el derecho. Por el zurdo iba más presto, pero cortando. Con la pañosa Chacón comenzó tirando trapazos con el pico, muy desconfiado, sin torear y sin pararse un momento. Trapazos y más trapazos, para enseguida echarse encima del toro, que eso ya se sabe que gusta a aquellos que piensan que le mérito verdadero es meterse entre los cuernos. Iba adónde le decía el de Sobral, para citarle desde fuera, después entre los pitones, para acabar el animal ya sin pasar. Él insistió, lo que muchos valoraron y aplaudieron. Quizá en otro momento y con otro espada hablaríamos de ponerse pesado, pero no, en este caso se valoraba alargar un trasteo que ya no tenía sentido y dejándose tocar demasiado la tela. Dos sartenazos muy tendidos, en el segundo se le vino al pecho, para concluir manejando el verduguillo en los medios, sufriendo un empellón que casi lo arrolla. Que a Octavio Chacón no se le puede discutir la honradez, pero otros aspectos quizá…

El segundo de Sobral, más toro que su hermano, pero no tan espectacular de capa, lo recibió Juan de castilla con mantazos enganchados. Una primera vara caída, peleando con el pitón izquierdo. Se arrancó bien dándole distancia para el segundo encuentro, peleando, pero ya más dejándose que otra cosa. El animal tenía brío, de un capote hizo un par, en un mal tercio de banderillas que no le favorecía nada. Salió Juan de castilla citando de muy lejos, quizá con más corazón que cabeza y a dar muletazos a lo que dijera el toro. Es una opinión, pero quizá le habría favorecido el atemperar ese brío y después sí, darle distancia, aunque sin esa exageraciones, aunque fuera menos vistoso. Trapazos acelerados, pero efectistas, eso es innegable. Mucho enganchón, le cambia los terrenos, se le viene encima y la realidad es que no pudo con él. Sin mandar en ningún momento, manivolazos para echárselo fuera y el de Sobral cada vez creyéndose más el amo. Faena del gusto popular, aprovechando viajes, que no toreando. Aperreado, carreras al tomar la zurda, trapazos y naturales de frente que casi quedan en puro conato, pero que siempre son efectivos, aunque se dé uno aquí y el otro una carrera más allá. Entera entrando como un rayo, tirando el trapo allá lejos. Otro que nos colarán en tardes futuras.

Y cerraba la tarde desafiante Ángel Sánchez, quien recibió al sexto de la misma forma que a su primero, lo manteo a mi aire y lo abandono al suyo, que ya habrá quién lo recoja. Mal puesto en suerte, picado en mal sitio y el animal que salía despavorido del peto. Bien colocado una tercera vez por Chacón, pero de vuelta a salir pegando coces. Una cuarta a la remanguillé llevado por un peón, pero venga a salir huyendo. Habrá a quién le parezca exagerado, probablemente sí, pero no creo que hubiera sorprendido el que le hubieran condenado a las viudas, para que se aplacara un poco. Se dolió al notar los palos ordinarios, esperando a los de luces. Ángel Sánchez le recibió con trapazos por abajo, sin torear, sin mado y empezó queriendo dar derechazos, que igual no era lo más indicado, pero él sabría. Mucho enganchón, acelerado, de uno en uno, sin tan siquiera acompañar el viaje, para concluir de nuevo por abajo. Un pinchazo sin pasar y el toro le levantó por los aires, parece que sin consecuencias, para cerrar con un pinchazo hondo y una casi entera. Así acababa otro desafío que empezaba con los ciclistas pasando por la calle de Alcalá y que acabó con el ácido sabor de una mala corrida, después de tantas ilusiones puestas en aquellas pinturas de toros. ¿Y qué nos quedó? Pues un toro de fondo de pantalla y… poco más.

 

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lunes, 11 de septiembre de 2023

Más desafío de la lluvia que ganadero

La suerte de varas muchas veces vendría bien un poco de sentido común y ajustada a las necesidades de la lidia, más que a conceptos fijos que se aprenden como el rosario en latín.

En los desafíos ganaderos se respira otro ambiente, son tardes diferentes, te pintan las rayas de siempre y tres más, para que el aficionado se entere de que el toro se pone más o menos lejos, que si no, igual no se enteraba. En los tendidos lo mismo te encuentras una familia vietnamita con el cabeza de familia dando su parecer sobre si el puyazo está más o menos caído, mientras una panda de franceses escuchan con tanta atención, que hasta parecían entender el vietnamita. Un grupo de noruegos que no entendían por qué un señor con un polo azul no les dejaba salir mientras los señores vestidos de colores andaban por allí con un bicho negro haciendo ejercicios gimnásticos. Otros pocos se limitaban a contemplar el espectáculo de los espectadores e intentaban entender el por qué de ese empeño de poner a un toro que ha cantado la gallina más allá de la última raya adicional. Que a esto le llaman cuidar la suerte de varas; bueno, cada uno es cada uno. Y por si esto fuera poco, va y se pone a diluviar y entonces la desbandada lo inunda todo, que unos quieren trepar a las gradas, que otros escapan por las bocanas y entonces deja de interesar todo, si hay toro, si se pica, si se banderillea o si se dan más o menos trapazos. Pero como somos muy cabezotas y no aprendemos, si para de caer agua, otra vez para abajo y si vuelve a llover… de locos. Que luego me vienen estos con que el respeto, con que si allí abajo hay un hombre que… Que al final el respeto no va más allá de no protestar los despojos al pariente, vecino, paisano y poco más.

Respeto que los señores de la ilustre empresa de Madrid, Plaza 1, no se tienen ni a si mismos. Que la semanita ya venía movida con baile de corrales, que si los Valdellán estaban rechazados en pleno, que si a ver unos de Saltillo, que si sí, que si no y al final nos desayunamos con que han pasado los tres del hierro que no parecía tener tres toros para Madrid. Luego se ha visto que alguno tuvo que tragar para aprobar la corrida. Porque los de Fraile no es que no tuvieran trapío, que sí, pero daba toda la pinta de que habían ido al supermercado de los toros cuando solo le quedaban los restos que no habían encajado en ningún sitio. Alguno hasta más parecía carne de calles que de plaza de toros. El primero, de Valdellán, le correspondió a paco Ramos. El animal era un novillo adelantado de Graciliano, pero ya está. Desafío ganadero, rayas ad hoc y en el primer puyazo va el peón y lo mete debajo del peto, no vaya a ser que luego se ilusione el personal y crea que va a ver otra cosa. El animalito parecía hasta querer plantar pelea, pero las fuerzas no le daban para casi nada. Se dolió bastante en banderillas y en el último tercio, paco Ramos inició con un toreo, o cómo se diga, distante, con el pico de la muleta, dejándosela enganchar, vulgar y a ver si el animal aguantaba en pie. Intentó por el pitón izquierdo y le echaba la cara arriba de primeras, pero el castellonense no perdía el ánimo, cambio de pitón de nuevo y la cosa aún peor. Cerró con varios pinchazos y entre medias un bajonazo que sería el que al final haría doblar al primero de la sesión. En el cuarto, el primero de Fraile salió soso, sosísimo y mirando que se cocía por allí. No se entregaba en los engaños y ya en el caballo fue de lejos, con alegría, en el primer encuentro cabeceó, como decían los antiguos, como una devanadera, echando la cara arriba. Que no le gustaba el palo en el lomo. En la siguiente entrada, escarbando mucho, en cuanto vio que allí picaban, salió espantado. Mucho mantazo enganchado y Ramos decidió ponerlo una tercera vez dándole distancia. A ver, que pocas cosas hay mejores que el primer tercio, pero si se ve lo que se ve en las dos primeras varas, no pretendamos ponernos a lucir al toro, que ya bastante ha dejado ver. Que si le hace falta un tercer puyazo, adelante, que no seré yo el que critique las tres varas, todo lo contrario, pero, ¡hombre! Qye ya había cantado la gallina, el pavo, el ganso y todas las aves del paraíso. Prosiguió una lidia desastrosa, para terminar en la puerta de toriles, que igual la familia vietnamita no se lo esperaba, pero el resto, hasta los noruegos… bueno, estos tampoco, pero el resto sí. El fraile se defendía y no había más que machetearlo por abajo y a otra cosa, pero Ramos parecía haber elegido la otra cosa. Le merodeaba, citaba con el pico, pero la cosa no pasaba de trapazos sin criterio. Y a todo esto cayendo agua como si no hubiera un mañana, el toro en tablas y el matador pinchando una y otra vez yéndose en demasía de la suerte.

Damián Castaño parece haber sido nombrado el último héroe de la tauromaquia y muchos había dispuestos a defender ese título. El segundo Valdellán, largo sin remate, se puso corretón y hay que reconocer al espada que lo metiera bien en el capote y lo sujetara en medio del ruedo. Le pusieron de lejos al caballo y fue, pero al paso, sin demasiado ímpetu, más bien ninguno. Pero, ¡oiga! Que se puso a empujar con fijeza, con los dos pitones y en seguida se oyó esa voz caritativa de “levanta el palo”. Como si el palo se pudiera o se debiera levantar. Que quizá ese grito podría cambiarse por otro más de aficionado, como “sácalo”, por lo de sacar al toro del peto, claro ¿no? Que por si fuera poco, encima el animal, con el palo al viento y todo, se enceló en la guata y no se quería ir. Le pusieron una segunda vez, de lejos, cuando se puso a escarbar, muestra de bravura para los americanos en las películas, pero que… Se fue alegre a por el jaco y… ¡ay! Ya solo peleaba con el izquierdo y sin humillar, el toro mentiroso nos quiso hacer creer que era bravo, pero igual la cosa no pasaba de bravucón. Le pusieron una vez más, desde más cerca, venga a escarbar, tardeando demasiado y al topar con el peto se nos viene abajo. Notó las banderillas, él que parecía tan flamenco. Con la muleta, Damián castaño empezó dándole distancia, enganchándole demasiado la tela. Siempre con el pico de la muleta, despegado, pero como se ponía erguidito, pues el entusiasmo se hizo presente.  Muletazos más dando aire que toreando, pero efectistas, aunque sin conducir jamás la embestida, lo que se hacía más patente al final del muletazo, cuando el toro iba por aquí y el engaño flameaba al viento por allí, además de tener que recuperar el sitio para el siguiente. Pero ya se sabe, ahora, después del imperio de la alcayata, viene el poder de la impostada naturalidad y perdemos el caletre. Tuvo la mala suerte de no matar y quizá por ello se enfriaron los ánimos. El quinto, de Juan Luis fraile, de salida se pegó un buen trompazo, lo que pareció acusar a partir de ese momento. Braceaba como si estuviera dolorido y le costaba hasta mantenerse en pie. En el caballo le recibieron con un marronazo, después fue alegre en el siguiente encuentro, pero solo se dejaba. Se dolió en banderillas, cada vez con mayor evidencia. En la muleta no iba de ninguna manera, tiraba el derrote y poco más, mientras Castaño probó de nuevo eso de ponerse tieso, pero un desarme echó a perder las buenas intenciones. Sin poder con el inválido, se empeñaba en eso de ponerse muy derecho, sin torear. El Fraile se le quedaba, cabeceaba y todo hacía creer que allí ya no había nada más, de lo que se percató el padre vietnamita, los noruegos y hasta unos de la Melonera que se pasaron por allí. Más de media quedándose en el pitón, sin pasar, pero ni con revolcón incluido logró despojos el salmantino. Pero me juego las tierras, las del tiesto de mi ventana, que los avispados señores de Plaza 1 nos lo vuelven a poner en próximas ocasiones.

El tercero era Luis Gerpe, al que le tocó el mejor presentado de Valdellán, al que recibió con mucho manteo, pero sin acabar de someterlo. Lo metieron debajo del caballo y peleó con más desesperación que ganas de salir vencedor. No paraba de escarbar y cuando en los siguientes encuentros veía el caballo, disimuladamente se iba escapando, aunque no tan descaradamente como cuando de nuevo sintió el palo en el pellejo. Pero cosas de la vida, van y lo ponen una tercera vez y de lejos, con el caballo en el 6, más a favor de querencia, a lo que el Valdellán reaccionó yéndose en busca del que guardaba la puerta. Echó la cara arriba en banderillas, doliéndose como se esperaba, visto lo visto. Tomó la muleta Gerpe, con trapazos desajustados por abajo, para continuar con la diestra intentando eso de ponerse derecho, pero cualquier intento lo afeaba el abuso del pico, el estar demasiado separado y acabar con muletazos de uno en uno y como queriéndose descarar, como si eso ya fuera el epílogo de una gran faena. Y desafortunadamente, en un intento de manoletinas se vio por los aires. Ahí sí que el manso buscaba la presa. Más de media tirando el trapo por los aires, que luego se demostró que no era un accidente, sino una práctica habitual. El sexto, entre si jarrea o se calma, fue recibido con mantazos varios. Muy mal picado, en la paletilla, en mitad del lomo, sin ponerlo en suerte, mientras el animal se limitaba a estar allí. Empezó el trasteo trapaceándole por abajo, con el peligro de no saber por dónde meterle mano. Enganchones, banderazos al viento, llegando hasta a estar aperreado, pegando tirones y dejando que pasara el tiempo. Y para rematar, de nuevo el trapo al viento al entrar a matar. Serán las nuevas formas. Y mientras pasaba todo esto, unos venga a subirse a las gradas, unos queriendo hacer alpinismo, otros por las escaleras y cuando parecía que ya no caía, vuelta para abajo y luego otra vez para arriba. Qué cansado esto de ir a los toros, oiga. Y al final la cosa quedó en que fue todo más desafío de la lluvia que ganadero.

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miércoles, 16 de agosto de 2023

Iba a hacerte emperatriz de Lavapiés, pero…

Sí que hubo alguien que honraba con su madrileñosmo y torería ala Paloma, al Santo Patrón y a la madre que lo parió, pero...


Madrid en agosto dicen que se queda sin gente, que siempre alguien queda, pero ya les digo que sí, que en verano, la capital se vacía, lo que no quita que los cuatro que quedamos nos empeñemos en disfrutar y honrar a la virgen más castiza y postinera, la de la Paloma. Unas fiestas en las que cabe todo el mundo, porque así es la Villa y Corte. Y la plaza de las ventas no lo iba a ser menos. Que también sucede que esta en verano, quitando los días del canibalismo venteño en los que te invitan a devorar la plaza, las ventas es un desierto; pero el buen ánimo no se pierde y recibimos con los brazos abiertos a todo el que se acerca a visitarnos; si se les recibirá bien, que hasta estamos dispuestos a hacer a las señoras emperatrices de Lavapiés, a bañarlas en vinillo de Jerez y a que disfruten de una grandiosa corrida de toros. Que uno se preguntaba camino de la plaza si no habría alguna cabeza bien pensante que decidiera convertir el 15 de agosto en una fecha típicamente taurina ¿No?

Pero no se crean, que a pesar de esta hospitalidad por bandera de las gentes del foro, todavía los hay que no, que no lo acaban de ver y que prefieren mudarla de un sopapo en la plaza de Toledo, Torrejón de Ardoz o Arganda… ¡Caramba! Casualidades de la vida, resulta que los espadas anunciados procedían de tales sitios a pocos kilómetros de la capital, lo que siempre facilita el traslado para jalear e intentar orejear al paisano de turno, pese a quien pese, haya toreado, destoreado o desesperado a los cuatro ingenuos que aún tenían la pretensión de ver torear y no ver dar pases y pases y pases y más… Álvaro Lorenzo, archiconocido en esta plaza, que un festejo más por aquí y le empadronan en Las Vistillas. Amor Rodríguez, que confirmaba, y Francisco de Manuel, al que ya le pueden avisar que no hace falta ir al registro con un cesto de despojos para que le censen en Madrid, que con que toreara un poquito, ya nos valdría, aunque ¡oiga! ¿Y si los despojos los precisa para que no le echen de su pueblo? Que todo puede ser.

Con ganado de Fuente Ymbro, que a estos no es que los empadronen en la Guindalera, es que se van a hacer dueños del padrón del barrio. Que al señor Gallardo ya le saludan en los bares donde toma el vermut los días que lidia, uno de cada tres domingos; que los de los muebles ya no preguntan si va a haber alguien en casa para llevarle la cómoda, que ya nunca falta en el barrio; que no puede engañar a nadie, porque todo el mundo sabe que a la mínima vuelve a las Ventas… o quizá esto último, lo de engañar… Porque en esta nueva aparición y van… y quedan… Con una presentación sin estridencias, pero flojeando, en el caballo casi ni cumplieron. El que más, intentaba pelear por un solo pitón, el tercero hasta puso en algún apuro al jinete, ninguno humillo, todos con la cara a media altura o apuntando al cielo. El sobrero de Alcurrucén que hizo primero, manseó con descaro, hasta pegando un respingo al notar el palo. En la muleta, hijos de la modernidad, acudían al engaño, lo que le aguantaba el resuello, porque hubo más de un marmolillo, aparte de que los de luces les ahogaran las embestidas citando muy encimistas, pero ya saben, hay a quien le gusta eso de que se le suban a la chepa del bovino. Al final, un encierro que solo le servirá al ganadero para coger antigüedad, pero no de esa de saber cuándo lidió por primera vez en Madrid, no, más bien de la de acumular antigüedad para cobrar los trienios, aunque habría que mirar cuando se puede jubilar un hierro, cuántas veces más tiene que venir no ya en una vida, ni en una temporada, casi mejor en un mes.

De los espadas, pues algo parecido puede suceder con Álvaro Lorenzo y Francisco de Manuel, aunque por mucho que vuelvan, está complicado que puedan sorprender. El mismo sopor de siempre, las mismas ventas de siempre, el mismo trapaceo de siempre, las mismas carreras de siempre y el mismo paisanaje de siempre, que solo vive para el despojo. Que aquí se da vueltas al ruedo todo el mundo, que basta que dos paisanos se pongan brutos, que para allá que va el artista. Y al de Manuel hasta le regalaron un deshecho en el sexto, que no fue tan descarado como esa vuelta que se dio un novillero de Albacete cuando ya se había marchado todo el mundo, hasta el presidente y solo quedaban los amigos y los que recogen las almohadillas. Lorenzo tuvo de personal el acabar muletazos al viento o esos cuarto o menos de trapazo que encandilan al personal que sabe paladear el arte puro del chachachá. Quizá de Manuel le ganó en enganchones, pero bueno, tampoco vamos a discutir por ello. Y Amor Rodríguez, pues parecía que intentaba ponerse gallardo, estirado y hasta natural, pero claro, ponerse finuras cuando el toro no puede dar un paso, pues muy galano no queda, ¿no? Aunque insisto, hay gente pa to. Acelerado, sin pararse quieto, quizá por no torear, que todo puede ser y es habitual en todos, muy perfilero, pero eso sí, ¡qué poses! En el quinto se empeñó en dar pases y pases y quizás antes podría haber probado a hacerse con él. Tanto enganchón, que hasta podía verse enganchado, como lo fue el banderillero Raúl Mateos, que resbaló en la cara del toro en el peor momento y resultó cogido. Una más de la Paloma, con el público esperando acoger a los espadas con los brazos abiertos, quedándose solos los paisanos y afines, que los otros, tan ilusionados ellos, como todos los domingos, peregrinando a la plaza en busca del toro y deseando encumbrar a toros y toreros, pero que al final solo les que decirles aquello de que Iba a hacerte emperatriz de Lavapiés, pero…

 

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lunes, 24 de abril de 2023

A ver quién pierde antes la ilusión

Cuando se reclama un primer tercio de verdad, ¿es para todos o solo para cuando nos viene bien? Si no responde un toro en el caballo, ¿se le puede pedir la vuelta al ruedo?

Uno de los argumentos de peso para supuestamente proteger a los novilleros es que evitar que estos pierdan la ilusión, porque si dejan de tenerla, ¿qué nos queda? ¿El abismos? ¿La nada? El apocalipsis. Pero, ¿es que aquí solo se desilusionan los chavales que quieren ser toreros y que arriesgan todo el capital de la familia, de lo que otros se aprovechan, y de qué manera. Quizá esos que temen que el chaval diga que hasta aquí y con ello vean echar a volar a su gallina de los huevos de oro. Pero nadie piensa en que el que paga, el aficionado, se harte y tire una línea en el suelo y diga que ya se acabó esto de pagar para nada. Cansados de que los novillero solo aprender las triquiñuelas, los vicios de sus mayores, porque según les han enseñado, eso es lo que les hará hacerse ricos. Lo otro no, lo otro son mandangas de viejos que chochean y que seguro que nunca se pusieron, otro argumento de peso que lo que quiere decir realmente es “a mí déjame en paz, que yo voy solo a lo mío”.

Pero los hay que resignan a perder la ilusión y se agarran al clavo ardiendo de un natural aislado, una media, una cara descompuesta, un mohín de aparente gallardía, un animal que va y viene y lo toman por… bueno, no sé por qué lo toman. Pero bueno, allá cada uno, que igual resulta muy duro sobrellevar la carga de que te digan, que te pregunten si es que no te gusta nada. Claro que gustan cosas, pero no nos las dan, ni tan siquiera amagan con hacerlo. Y más difícil parece el no entregarse a quienes llevan el nombre de alguien que una tarde nos regaló la felicidad de ver torear, ¡qué gran felicidad! Que en Madrid hicieron el paseíllo dos jóvenes hijos y sobrinos de toreros de hace años y uno que solo podía decir que venía de Jerez, que ya es bastante decir, afortunado él. Curro Durán, Alejandro Mora y Miguel Andrades. El resultado, pues igual si se hacen un corta y pega mental de otras muchas novilladas, igual se pueden hacer una idea. Que sí que es verdad que a los novilleros no solo hay que perdonarles la precipitación provocada por ese querer comerse el mundo, sino que a veces, hasta habría que jalearlo. Mucho mejor atropellarse, que ir con la galbana del que lo tiene todo hecho. Eso sí, ¿es esto lo mismo que ir acelerado? Que cada uno en su estilo, parecía que querían soltar la lección aprendida de memorieta toda de una vez y cuanto antes, mejor. Más pendientes de sar pases, que se torear, lo que les obligaba a tener que recolocarse permanentemente. Te suelto el trapazo y hala, a por el siguiente dos metros más allá. Quizá Durán fuera el más fiel a la modernidad, Mora el que se acordaba de algo que había oído, pero muy de lejos y al menos intentó unos ayudados a dos manos por arriba. Eso sí, desoyendo lo que le diría un clásico y puede que haciendo más caso a uno de plata, se pegó una vuelta al ruedo por su cuenta y descaro, que como no podía ser de otra manera, también se la pegó casi a paso de legionario. Miguel Andrades, pues dejó muestras de lo que él cree seguro que le dará a ganar dinero. Aquello que se decía de dar espectáculo, bullidor, poniendo banderillas, que al menos no lo hizo con excesivas ventajas, pero tampoco para aclamárselo. Con la pañosa, pues ya saben, apelotonado, se le montaban los trapazos y tuvo la mala suerte de que le tocara uno de Guadaira que acudía a todo lo que le mandaban. La corrida fue un tanto desigual de presentación, unos justos, sin más y un par de ellos que igual pasarían por toros en alguna plaza de relumbrón. El encierro fue entretenido, ni eran barrabases, ni la tonta el bote, sin complicarle la vida a nadie, solo uno se aplicó en el caballo, justos de fuerzas más de uno y sin apenas recibir castigo en el peto. Que había maestros de escuela que pegaban más fuerte que los de aúpa. Menudos eran los maestros de antes con su lógica y expeditiva pedagogía. Pero los picadores de ahora deben ser también de los que el primer tercio tiene que ser lúdico y que entretenga a los toros, pero razonando, oiga, nunca haciendo daño. De entre todos, quizá el que más destacó fue ese último ya señalado, que no se cansaba de embestir, que hasta daba la sensación de que se le estaba viniendo arriba al gaditano, quien no tenía otros argumentos que la vulgaridad adornada de mil y un enganchón, algo no exclusivo de él, sino que también practicaron sus compañeros de terna, como los tirones, el abuso del pico, citar fuera, largar tela… lo de siempre. Lo más espectacular quizá fuera la muerte de este colorado, agarrándose a la vida como lo hacen los bravos. Fue un momento pleno de emoción, lo que quizá empujó a algunos aficionados a demandar la vuelta al ruedo del toro, que no seré yo quién se la discuta, no me atrevería a tanto, pero entonces me salta por los aires lo que me quisieron enseñar de chico, que si en el primero tercio el novillo se limita a dejarse en el primer encuentro amagando pelear solo por un pitón y en el segundo se lía a pegar derrotes al peto, pues permítanme que dude de los méritos para que fuera paseado en loor de multitudes. Eso sí, repito, en la muleta iba adónde le llamaran, lo uno no quita lo otro. Que quizá es que el respetable se había ilusionado en exceso con el animal, lo mismo que los tres alternantes lo habían hecho con verse anunciados en Madrid, de la misma forma que lo hicieron los que escasos asistentes a la plaza para ver lo de Guadaira. Pues al final solo queda por saber, a ver quién pierde antes la ilusión.

 

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