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jueves, 15 de septiembre de 2016

Ustedes no quieren variedad de encastes

Si lo que realmente nos importa no es ni el tercio de varas, ni los quites, ni nada de nada, lo bueno son faenas interminables de 500 pases o más. Así que lo de Veragua, por decir un nombre, sobra, aunque se diga lo contrario, pero los hechos...


Si alguien no ha escuchado alguna vez eso de la variedad de encastes, lo bueno, lo deseable, que nos quita el sentido, que se tire al Manzanares, porque eso es que no está vivo, que hace tiempo que abandono el mundo de los vivos. Lo que no acabo de entender es el motivo de esta demanda, pues por un lado oigo una cosa y por otro veo otra distinta, muy del gusto Domecq, eso de que tanto abominan. Que no digo yo que la cuestión vaya por la bella lámina que presenta el toro cárdeno, el berrendo o el ensabanado, que ya en si mismo es una estampa para enmarcar, pero no creo que la cosa vaya por ahí.

Pero realmente, ¿para qué piden toros de otros encastes a lo de domecq o núñez, si a la postre lo que quieren ver y lo que valoran es esto? ¿Para qué quieren otras cosas si el patrón que aplican es este? Que vemos salir un bobalicón de Santa Coloma, Albaserrada, Veragua o Pablo Romero que sigue la muleta como un perrillo y hasta le echamos valor y afirmamos que salimos contentos y satisfechos de la plaza. ¿Qué espectáculo es el que queremos? ¿El de la variedad que siempre fue seña de la Fiesta de los Toros o el del monotercio del pase, pase y pase? Resulta gratificante ver a un toro arrastrar el hocico por el suelo, pero que sea queriendo coger la tela y no siguiendo la zanahoria. ¿Se puede salir contento cuándo con este tipo de toro nos roban el primer tercio o simplemente el animal no cumple de la forma que se espera que lo hagan los que lucen un hierro de esos tan mal llamados encastes minoritarios? Allá cada uno, pero es cómo entrar a una peli de Kurosawa y que te suelten una de Almodóvar, ¿no? O entrar a “El Imperio de los sentidos” y que te zasquen con “La canción de Bernadette”. Que películas son, no digo yo que no, pero no es lo que esperábamos, ¿verdad?

Cuántas veces hemos salido de la plaza de ver una corrida de esos hierros que todos tenemos en la cabeza y no podemos con la decepción de, después de haber visto cómo se masacraba al toro en tres largos y mal aplicados puyazos, te sale el espabilao domecqticado y cómo no ha aguantado nada más que treinta muletazos, te suelta que no ha tenido fondo en la muleta. Con un par. Pero, ¿hemos venido a setas o hemos venido a Rolex? Que no digo yo que no tenga que ser esto así, que seguro que sí, pero permítanme que me asombre. Y si ya entramos en cuestiones de presencia y trapío, ahí ya nos podemos volver tarumbas. Que a mí me gusta el toro grande, que imponga, pero hombre, con lógica y eso sí, sin que tampoco me quieran engañar, algo muy habitual si hablamos de algunas ganaderías, especialmente la de origen buendía, en que a veces, solo a veces, me quieren hacer pasar el gato por toro. Tampoco es eso. De la misma manera que me quieren hacer por toro de lidia, toro de Madrid, por ejemplo, el animalote con tres metros entre pitón y pitón. Que un día, cómo extrañeza, está bien, es curioso y hasta atractivo para ver cómo se desenvuelve el torero, pero que esta excesiva arboladura no sea el velo que esconde al novillo.

Es complicado todo esto, muy complicado y los mismos matices, finos matices, que rodean esto del toro, pueden hacer que lo blanco no siempre sea blanco, ni el negro, negro, pero lo que no es admisible es que queramos que el verde sea negro, que el amarillo sea negro, que el rojo sea negro y así todos los colores que se nos vengan a la cabeza, porque el negro combina muy bien. Porque, ¿no será que usted solo quiere ver el negro? Que el verde puede conjuntarse muy bien con un tercio de varas con tres puyazos y cumpliendo en el caballo, con arrancadas alegres de desde lejos, otras el malva exige que se le haga todo por abajo desde el primer capotazo, el rojo te pide que todo se le haga muy bien para que lo que podía valer no llegue a convertirse en imposible, el azul igual te pide que estés muy atento y que poco a poco le vayas metiendo en los engaños... Anda que no hay colores, más que en una caja de Alpino de veinticuatro. Y perdonen los lectores de otras latitudes, los Alpino eran las pinturas que los niños españoles nos encontrábamos la mañana de Reyes junto al resto de los regalos. Qué empeño en que pintáramos. Pero vamos, que si me dicen que el único color posible es el negro, pues adelante, uno tragará y tendrá que intentar hacerse a la idea de que en esto de los toros se acabó la variedad y que no hay opción a otros matices, todo negro, negro y negro, nada de verdes, azules o amarillos, pero por favor, luego no me digan que lo que quieren es la variedad cromática del espectro de colores, porque a mí me da que lo que realmente pasa es que ustedes no quieren variedad de encastes.


martes, 15 de septiembre de 2015

Encastes minoritarios, un trágala consentido

Paco Sanz expone en Madrid y su arte merece visitas mayoritarias, no dejen pasar la ocasión


Ya en otras ocasiones he manifestado mi desacuerdo con eso de los encastes minoritarios y mi resistencia a aceptar tal terminología, el concepto y las condiciones en que al aficionado se le sirven una vez al año, a bombo y platillo. Nos enseñan la carnaza, salivamos un rato largo, para al final querernos hacer llegar a la conclusión que los taurinos tienen aprendida desde hace tiempo, eso de que estos toros no embisten, que es la tauromaquia imposible, la tragedia, la fiereza y no sé cuantas cosas más. Aunque si tienen interés en conocer todos los exabruptos que este tipo de hierros reciben, les aconsejo que se lean las obras completas del señor De Córdoba, don Finito, publicadas por canal más ediciones taurinas.

Pero si será caprichoso el toro, que cuando esperaban fracaso ganadero, tras fracaso monumental, les sale al de Moreno Silva y les chafa la juerga, aunque ya verán como tienen excusas preparadas para negar lo que fue una buena corrida de toros. Que tampoco se me vengan arriba esos que pedían desaforados una vuelta al ruedo a un buen toro, buenísimo, en la muleta. Será el afán respondón ante tanto borrego y tanta vulgaridad acumulada. Pero no era mi idea detenerme en esta corrida, así que sigamos el paseo por las nubes. Decía que una vez al año nos regalan a los aficionados esto de los encastes minoritarios, ante la algarabía del personal. Ya admitimos que este tipo de ganaderías no se va a anunciar prácticamente durante el resto de la temporada y mucho menos que las lidien las figuras. Eso ahora mismo, para las entendederas de los modernos taurinos, es un dislate colosal, no resulta lógico, es ilógico, según parece, pedir a unos matadores de toros que maten toros, porque según dicen, con el toro de verdad no hay lugar para el arte. Ahora se lleva eso del toro para el torero. De locos. Pero claro, de la misma forma se admite que el ganado que esas figuras se llevan debajo del brazo de una plaza a otra, no admite ni un puyazo, ni una lidia rigurosa, ni nada exigible a un toro de lidia. Eso sí, esto es arte ¡Ahí va!

Pero resulta que no hay ganaderías. Y va a ser verdad, porque las exigentes caminan para Francia en romería durante toda la temporada. Los aficionados españoles e van para allá detrás de los camiones y vuelven maravillados. ¿Y por qué aquí, en España no exigen lo que se les da allá los Pirineos? ¿Por qué no se puede exigir aquí lo que los de allí aprendieron de las plazas españolas hace tiempo? Que no han inventado nada, si acaso eso de los ruedos diminutos que, me digan lo que me digan, no son los mejores para ver al toro. ¿Emoción? Mucha, pero ya estamos renunciando a una parte de la corrida de toros, ver al toro en toda su expresión. Que manía de negarnos un espectáculo íntegro y completo. Si hasta nosotros mismos nos ponemos excusas para justificar el que nos la estén colando tarde tras tarde. Que si tal chaval lleva una corrida en toda la temporada, que si el ganado estaba afectado por un maíz en mal estado, que si... Pero, ¿va a poder ser que perdamos la vergüenza de la protesta y que recuperemos la dignidad como aficionado exigente? Que no quiere decir que no sea flexible y comprensivo, pero que no se aprovechen para tomarnos el pelo. Cualquier aficionado entiende que un ganadero puede echar una mala corrida en cualquier momento, sin necesidad de que tenga que mandar todo al matadero por una mala tarde. Eso sí, lo que no se puede permitir es que bajo este paraguas de los encastes minoritarios se refugien ganaderos que llevan años sin dar una alegría, amparándose exclusivamente en eso tan sui géneris de la pureza. Así lleva años. por poner un ejemplo, Prieto de la Cal, que no ha presentado una buena corrida desde que reinó Carolo, pero eso sí, él tiene la pureza en sus manos; debe ser el único con algo puro en el campo hispano. Pero bueno, el ganadero ahí sigue trabajando y partiéndose el alma por sacar esto adelante. Bueno, pues dentro de un tiempo le damos otra oportunidad, pero no porque sea lo “único” puro. Aparte del handicap de que sus toros necesitan una lidia que nada tiene que ver con lo de los cuarenta mil y un pases, que es lo único que conocen los coletudos del momento. Son toros para lucir más en el primer tercio, ese que no interesa a nadie, pero que luego van a ver como locos a las plazas francesas. ¡Qué cosas!

Son muchos los casos de los que se agarran a los encastes minoritarios y a la pureza. Si hasta parecen pretender que nos olvidemos de que esos toros, lo de lidia que se supone que crían, son para la plaza, para que el aficionado disfrute y se entregue a su casta y su bravura. Que ser ganadero no es echar pienso a los animales, eso que lo haga el piensero, y relatar los fenotipos, zootipos, prototipos y logotipos. Que una ganadería de bravo no puede ser un parque zoológico, ni un Jurasic Park taurino, que lo de llevar una ganadería tiene mucho trabajo, aparte del propio de mantener a las reses en óptimas condiciones sanitarias; hay que tener una idea de a dónde se quiere llegar y a traves de la tienta, rigurosa, ir seleccionando, probando, dando un pasito para adelante y diez para atrás, hasta ver si esa idea primigenia es posible. Y estar preparado para pegarse algún trompazo de vez en cuando, lo que te lleva a volver a empezar. Vamos, que nada tiene que ver ni con la ciencia y quizá sí más con la conciencia, la de ser buen aficionado.


Me ha asombrado ver como en el ciclo que Taurodelta ha preparado para septiembre, que me niego a nombrar por ese titulillo tan hiriente, detrás del nombre de cada ganadería, a modo de aclaración y entre paréntesis, nos ponen la procedencia de la ganadería. ¡Ay, señor! Así andamos. Aunque no se crean, que hay muchos terminólogos profesionales que se aprenden estos palabros a la perfección, aunque no sepan qué dicen, que lo mismo te llaman preferia en Madrid a lo que hay antes de San Isidro, que asepsia de las protuberancias craneales a las fundas, que hay gente pa’ to. Y te sueltan que lo de Victorino es Saltillo, que lo es, y ya sientan cátedra y te han resumido el árbol genealógico del señor Martín en dos patadas. Y aquí vuelvo al valor de las ganaderías, sobre todo cuando son llevadas por ganaderos escrupulosos que imprimen su sello particular. Porque ustedes me dirán lo que tienen en común la ganadería de don Victorino Martín, don Adolfo Martín y don José Escolar, de procedencia directa Albaserrada, con muchas similitudes en la presencia, pero no tanto en el comportamiento. Pues hala, que son Saltillos. Me veo dentro de podo hablando del encaste Bos Primigenius. Y mientras discutimos de estas cosillas, los taurinos seguirán colándonos lo de los encastes minoritarios solo una vez al año, no el resto de la temporada, como si esto fuera Tauromaquia Underground, excluyendo de la responsabilidad de matar tales hierros a las figuras, figuritas y figurones, porque ellos son artistas y no están para estos fregados. Y por si fuera poco, hasta hacen alarde de ello. ¿Será posible semejante descaro? Pero tranquilos, que al aficionado no se le ocurrirá pedir otro tipo de hierros durante el resto de la temporada, en Madrid y en todas las plazas. No, hombre, eso es una locura, ya me voy a Francia, que allí deben estar de la cabeza todos los que compran lo imposible, lo que lleva la tragedia en los pitones. Ya llegará septiembre en Las Ventas y nos harán ese regalito envenenado de los encastes minoritarios, un trágala consentido.