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miércoles, 31 de octubre de 2012

Toreros de siempre y de entonces III

Granero, Vicente Pastor y Manolete

Hoy el cartel de época está formado por el torero violinista, el que decían que estaba llamado a ser el sucesor de Joselito, Manuel Granero, aquel al que Pocapena de Veragua, le arrancó la vida debajo del estribo de la antigua plaza de Madrid. Le acompaña Manuel Rodríguez Sánchez, "Manolete", el Monstruo de Córdoba, el fenómeno que transformó el toreo, con sus luces y sus sombras, pero que a nadie dejaba indiferente. Si tuviera que referir el testimonio de algunos que llegaron a verle torear, en muchos casos solo recogería exclamaciones, lo único que eran capaces de expresar al nombrarles a este torero. En Linares Islero, de Miura, le lanzó a la inmortalidad, pero privó a todo el mundo de conocer los límites a los que habría podido llegar. Y el tercero es "Er sordao romano", como le apodó El Gallo. Vicente Pastor, "El Chico de la Blusa", la honradez, el valor , la honestidad y el orgullo de ser matador de toros del que figura como el primero que cortó una oreja en Madrid. Pasó de destacar en las capeas que se celebraban después de la corrida, con su blusón azul, a convertirse en uno de los pocos toreros que aguantaron el tirón de Joselito, Belmonte o El Gallo.

En la imagen en color aparece Joaquín Bernadó, quizá el mejor torero que haya dado nunca Cataluña. Elegante, con buen capote, pero con una carrera no tan sonora como puede que mereciera este matador catalán.

viernes, 26 de octubre de 2012

Toreros de siempre y de entonces II

Cúchares y Costillares
Segunda entrega de cromos, que a causa del tamaño del original sale cortado parcialmente. Cúchares, el que muchas veces prestó su nombre para calificar el toreo, junto con el inventor del volapié, "vuela pies", acompañados por nombres más que reconocibles en el toreo en los años 60 y 70. Aunque de ellos me quedo con Mario Coelho, uno de los grandes banderilleros que ha dado Portugal.

martes, 16 de octubre de 2012

Toreros de siempre y de entonces I

Armillita, Antonio Fuentes, Ángel Pastor y Rafael Chacarte


En ocasiones ya hemos hablado de la presencia del toreo en la sociedad como un ingrediente más que compone esta gran ensalada que es el mundo en el que vivimos. Antes, sin tener que retroceder 70 u 80 años, los toros eran una cosa habitual en  la televisión; lo mismo retransmitían una corrida desde Valencia, que se entrevistaba en la hora de máxima audiencia al triunfador en Pamplona, que se montaba un cara a cara para que dos maestros dilucidaran sus diferencias. De la misma forma, la boda de un matador de toros, sin tener que pertenecer este a un grupo especial, era un acontecimiento del que se hacían eco casi todas las publicaciones del país. Y hoy aquí inicio una serie de entradas que se irán asomando por esta bitácora, como le gusta llamar a los blogs a Xavier González Fisher, una colección de posters con toreros antiguos y de los que estaban en activo allá por los sesenta. Algo que ahora sería una extrema excepción, en aquellos días era algo que se contemplaba con mucha más naturalidad de lo que hoy pudiéramos soñar.

El soporte era el diario El Alcázar, que en aquellos tiempos no era visto por los lectores de ninguna forma especial, pues todos los periódicos y revistas mantenían una línea fija de la que no se podían salir, por motivos evidentes. Podía haber empezado por cualquier lado, pero la desaparición hace unos días de Rafael Chacarte me ha impulsado a decidirme por este recorte. Le acompañan Armillita, del que se decía que podía estar a la altura del mismísimo Joselito; Antonio Fuentes, el que iba detrás de El Guerra y de “nadie”, el más elegante del mundo; y completa la foto Ángel Pastor, torero de Ocaña y que el aficionado seguro que diferenciará a la perfección de Vicente Pastor. Pues no hablemos más y démonos un baño de melancolía taurina. Lo único que ruego a los más jóvenes, es que en ningún momento digan que los toreros en color son del año de Mari Castaña, pues a algunos llegó a verles un servidor en la plaza, y tampoco es cuestión de causar una depresión profunda en el ánimo de quién no se siente tan mayor; se lo pido por caridad y misericordia.