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| ¿Será Salamanca la tierra de la nueva voz del toro en la tele? |
No sé a dónde vamos a ir a parar, el país que está como
está, el toreo que anda que vale y una de las cuestiones que más preocupan y
ocupan a los rumorólogos taurinos es que Manuel Molés abandona la televisión.
Si tengo que ser franco, no es algo que me preocupe especialmente, aunque
debería. No sé si a esos rumores se les puede dar crédito o no, el tiempo dirá
y ya nos enteraremos cuando veamos otra cara retransmitiendo las corridas. Pero
hay dos ideas que me rondan la cabeza, o quizá tres, que hoy tengo yo la mente
muy despejada: ¿Alguien le pedirá cuentas a Manuel Molés por el daño que ha
hecho a la Fiesta de los Toros maleducando al público y elevando a los altares
a toreros vulgares y adocenados sin mérito aparente que les hiciera merecer
este honor? ¿Quién será el sustituto y qué forma de actuación será la que le
guíe, si tendrá que devolver favores, que medir el tratamiento a según que
personajes o si realmente defenderá la integridad de la Fiesta? ¿Ha habido
algún motivo o motivador que hayan hecho que Manuel Molés salga de la
televisión?
Son muchas las acusaciones que los aficionados lanzan contra
Manuel Molés; se dice que durante años ha “apadrinado” a toreros, especialmente
a los emergentes, y a lo largo de las retransmisiones les subía a un pedestal y
los mantenía el tiempo que se considerara oportuno, hasta extender la idea de
que el diestro en cuestión era una figura del toreo. Luego la vanidad, la
ceguera de los encumbrados o los intereses de terceros que movían los hilos
desde la penumbra conseguían romper o emponzoñar idílicas amistades de otros
días. También los hubo que por no acceder a los dictámenes de las televisiones,
se encontraron de frente con el todopoderoso periodista, teniendo que aguantar
críticas tan absurdas como encarnizadas, sin importarles que estos pudieran
golpear la más gloriosa historia del toreo. ¿Recuerdan cuando se decía que era
asunto de mal torero el que a este le cogieran los toros? ¿Qué pensarían allí
arriba Joselito, Manolete, Sánchez Mejías, Granero, o los más recientes Antonio
Bienvenida, Paquirri o el Yiyo? Y para estos menesteres se hacía acompañar por
toreros retirados, sin importar que estos mancharan el nombre que se hicieron
delante del toro. No creo que haga mucha falta citar nombres, creo que todos
sabemos de quién hablo, por lo que no creo que sea necesario abundar sobre
ello, especialmente cuando ya no está entre nosotros y cuando es tanta la
admiración que provocó entre la afición, que ya se le ha perdonado todo lo
posterior a su vida vestido de luces.
Se decía incluso, según la rumorología popular, que a veces
no anda desencaminada, que hasta decidía sobre la confección de los carteles,
lo cual no resulta descabellado, basta que tomemos el ejemplo de Madrid, que
por momentos parecía que los sucesivos San Isidros estuvieran más dirigidos a
captar audiencia y abonados por toda la geografía hispana. Aquellos carteles
insólitos de tres manchegos en un cartel, tres toreros de esos que dicen que
dan espectáculo, pero que no eran del gusto de Madrid, que en cambio tenía que
aguantarse las ganas de ver a toreros y ganaderías por los que suspiraban año
tras año. Aunque luego, micrófono en mano, ya se ocuparían otros de justificar
ciertas presencias injustificables. Generosos con los poderosos y cicateros con
los humildes, de mano dura con el aficionado crítico y bailándole el agua a los
dadivosos que no molestan y que siguiendo los criterios televisivos, expresaban
con palmas, vítores y pañuelos lo aprendido ante esa caja de imágenes
espectaculares y a cámara súper lenta.
Pero uno no es nadie para juzgar, ni para afirmar lo que aparentaba ser o lo
que se comentaba desde hace mucho, pero mucho tiempo. Si uno fuera periodista,
quizá se callaría estos rumores, pero como no lo es, ni pretende informar tan
siquiera, pues se puede permitir ese lujo.
Ahora nos queda la incógnita de saber quién será el que se
adueñe del micrófono las tardes de toros por televisión, por la tele de pago,
se entiende. Candidatos no faltan, incluso se oyen nombres de gentes que
vendrán de Salamanca, incapaces de poner un toque altisonante al periodismo
taurino en televisión. ¿Se imagina alguien que la nueva voz fuera la de un
independiente? Alguien que no tuviera ningún problema en decir las cosas como
son y en no disfrazar de arte el amaneramiento, ni de torería las contorsiones
espasmódicas, ni mucho menos de poder y dominio los primeros auxilios a los
moribundos animalejos de las macrofactorías de la Tauromaquia 2.0. Pero eso no
creo yo que lo vayan a ver nuestros ojos mortales. Hagamos apuestas, no me
extrañaría que fuera un peón del poder taurino, que remara a favor de las
figuras, los ganaderos y todo personaje que tenga voz en esa nebulosa del
poder. Eso sí, no esperen que vaya a sacar la cara ni por ustedes, ni por un
servidor, nosotros a lo nuestro, a pagar y a callar, faltaría más. Que
cambiaremos de cara, pero seguimos bajo el régimen tiránico y opresor de los
que sólo piensan en llevárselo todo lo más rápido posible.
Pero todavía me rondan unos pajarillos por la cabeza; el
origen de todo esto, ¿no estará en el mismo lugar y en las mismas personas?
Porque quién nos dice que todo esto no ha partido por la incomodidad que
alguien poderoso podía sentir con Manuel Molés al micrófono y que pidiera, u
ordenara, que le cambiaran a ese señor ipso facto. Igual ese sentido estético
que llevan dentro las figuras del momento les empuja a no querer ver el mismo
rostro mostachudo de siempre, será porque no hace juego con su apolínea figura
que ilumina las sombras de las noches taurinas, como si fuera el amanecer de un
dios; ¿será Julián, Alejandro, José María, José Antonio, Sebastián, Miguel
Ángel o quizá Jesús Manuel? Sea quien sea este demiurgo tauroartístico, habrá
que agradecerle todo lo que venga en un futuro, pero después de haberse
demolido los fundamentos clásicos del toreo, ¿Quién le pide cuentas a Molés?
