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lunes, 6 de junio de 2022

El último, que cierre la puerta

El toro, siempre el toro


Se terminó todo, adiós feria y con ella quizá también tengamos que decir adiós Madrid. No ha habido indultos, ni rabos, como temíamos al principio, pero la ruina en que ha quedado la plaza de Madrid es más que evidente. Ruina moral y física, porque hasta los techos se desmoronan, afortunadamente sin que nadie salga herido. Seguirán esas lenguas envenenadas queriendo confundir preguntando cuál es el toro de Madrid; muy sencillo, el esos taurinos no quieren ni ver. Seguirán queriendo desterrar a los que no se conforman, a los que critican, a los que se ponen de manos ante la mentira, la vulgaridad, el fraude. Y seguirán exigiendo respeto, pero lo que realmente piden es que les dejen seguir mangoneando en paz. También seguirá la pena de los que ven como su plaza, la que viven como una parte de ellos, sigue en caída libre, casi vacía de aficionados y demasiado llena de botellones, alcoholazo y gente que ve en esto de los toros una oportunidad de emborracharse sin límite, de berrear vivas, de mandar callar a quién les plazca y sentirse por unas horas los matones del barrio y una vez acabado el festejo, seguirla en esa discoteca promocionada por los señores Abellán, Casas y García Garrido, mientras desde la presidencia de la CAM los toros solo son un escaparate para lucirse y darse baños de multitudes afines, porque las no afines no pueden opinar, so pena de que te tilden de anti, antitaurino, antiespañol, antilibertad…

Y quizá no había nadie mejor para cerrar esta feria de vulgaridad, monotonía y mal gusto, que la ganadería de Victorino Martín y Antonio Ferrera, acompañados en el cartel de Sergio Serrano y Román. Que decían que era la corrida de la Prensa, lo que en los tiempos que corren no es decir mucho y menos si hablamos de toros. Lo de Victorino, pues vamos a ver, que si echamos cuentas de lo que muchos esperaban, un desastre total y absoluto, pues afortunadamente no ha respondido a esas nefastas expectativas. ¡Vaya alivio! Que a estas horas no he leído el boletín informativo a que nos tiene acostumbrados el ganadero, para quien a buen seguro, ha echado un corridón antológico que quedará en los anales del toreo. Él es así, que celebraba el que sus toros mujan y si además mueven la cola, les pone una calle; calle de Venturosillo. Pero la realidad es que ha sido, sin ser desastrosa, una corrida más, una de tantas, una de cualquier otro encaste y por supuesto de cualquier otro hierro y aquí pueden poner el nombre que mejor les venga; eso sí, no se me vengan arriba y pongan un hierro de su preferencia, mejor uno de los que torean las figuras habitualmente y que a veces no se explican que hacen en ferias como la de Madrid. Con uno de esos, lo clavan.

Se han empeñado algunos en lucir a los Victorinos poniéndolos de largo al caballo, pero estos respondían tardeando una barbaridad, si acaso se iban acercando, otros directamente se iban a dar un garbeo por el ruedo y cuando ya el picador les podía prácticamente alcanzar con el palo, entonces se arrancaban, unos para simplemente dejarse, otros para tirar cornadas al peto desesperadamente. Bueno, hubo uno que se arrancó a cierta distancia y hasta con prontitud, pero no, no tuvo pelea de bravo, se defendía tirando derrotes. Y de presencia, pues fieles a lo que ahora debe ser en exclusiva Victorino, todos cárdenos; eso sí, con un velamen que imponía respeto, algunos incluso cornivueltos. No todo iba a ser malo, que por lo menos nos pudiéramos deleitar admirando los pitones ya que las hechuras eran para el deleite justo.

Iba a decir que Antonio Ferrera se despedía hoy de la feria, pero vaya tontería, hoy se despedían todos, que era la última, pero es que uno tenía tantas ganas de despedirse del extremeño, que llega a caer en lo evidente. Y Ferrera estuvo a lo suyo, a no parar de correr, a abusar del pico, medios trapazos sin templar, trallazos allá dónde pillara y citar siempre desde fuera, siendo un rasgo quizá de honradez el tirar la espada de palo, reconociendo que para lo que le vale, tampoco la necesita. Quizá para cuando aprenda a darle uso, entonces dejará de tirarla a la arena con desprecio. Y cuando sus fans estaban entusiasmados con un arrimón en el cuarto, rompió el jarrón de la abuela estampándolo contara la pared con un tremendo y sublime bajonazo.

Sergio Serrano ha mostrado dos caras, aparte de la de torero voluntarioso con eso de irse a portagayola en sus dos toros, una para ser arrollado al salirle el toro parado y la otra al menos para hacer que pasara el animal. En su primero, un toro que se paraba ya de salida, que le costaba ir al caballo, que esperaba a los banderilleros, que no se entregaba en los primeros muletazos, que se quedaba corto, Serrano citando desde fuera empezó a tirar del toro en un muletazo. Continuó queriendo aprovechar los viajes, pero el toro, que iba con la cara alta, no estaba para ayudar. Quizá hasta estaba demasiado aquerenciado en los terrenos donde se había desarrolla casi toda la lidia hasta el momento. Cambió al pitón izquierdo y de nuevo consiguió tirar del toro, mandarle en la embestida. Intercaló momentos de meter el pico y trazar líneas, pero aquello ni valía, ni era para confiarse y de nuevo con la zurda dos naturales y uno profundo, muy hondo. Parecía que había llegado el momento de tomar la espada, pero no, alargó la faena innecesariamente, sin aportar nada a lo hecho. Falló con la espada, empeñado en matar en la suerte natural, en la que la ayuda por parte del Victorino era nula. En su segundo mostró la cara más conocida en esta plaza, la de la modernidad, la de la sosería, la de las escasas virtudes y los muchos defectos.

Román por su parte, pues lo de siempre y en esta ocasión sin que le arroparan sus partidarios. Centrado solo en el último tercio, sin aportar nada, con muchas carencias finalizando todos los muletazos apuntando a las nubes. Y sin darnos cuenta, la feris del reencuentro, la de la vuelta, se nos había ido entre los dedos, quedándonos una sensación de pena, no porque se terminara este calvario, sino porque se te vienen a la mente los años pasados, las compañías que se fueron y pensando dónde y cómo estaremos el próximo mes de mayo, si nos recibirá nuestra plaza o si ya solo la ocuparán las huestes del botellón, la chusma a la que le sobra todo lo que no sea aclamar al paisano, al vecino, al torero por el que se convierten en hooligans ciegos a cualquier razón que no sea la del jolgorio. ¿Qué será de nosotros? ¿Qué será de todos? Ahora solo queda marcharnos, darles a ustedes las gracias por los ratos que nos han dedicado, recoger nuestras cosas, llevarnos los recuerdos, si es que nos queda alguno de esta feria finiquitada con un bajón traicionero y volvernos cada uno a nuestro sitio. Eso sí, seamos civilizados, dejemos las cosas tal y como las encontramos para los que vengan, nosotros u otros y el último, que cierre la puerta.

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domingo, 5 de junio de 2022

El margen de confianza se sigue estrechando

El que esperara un chispazo de garbo y salero, que espere quizá tanto como para ver los adolfos en alza

Corrida de Adolfo Martín, supuestamente del gusto de los aficionados de Madrid desde hace… Desde hace lo que parecen siglos, casi tantos como parecía durar la penúltima de feria. Que si tenemos que seguir creyendo que es un ganadero que cría para la afición, que cría toros encastados, que mantienen la herencia de Albaserrada, pues hala, lo creemos y ya está. A partir de ahora ya soy un adolfista más, pero si vuelven a anunciarle en Madrid, miraré a ver si tengo un bautizo, una boda o una partida de tute que me impida acudir a la plaza. Ya son muchos, muchos años que se mantiene porque un día le salió el toro tal o el toro cual y, ¡Venga! A seguir tragando Adolfo. Y que nadie me venga con que si prefiero a esas ganaderías de ganado bobo, porque eso es hacerse trampas al solitario. Que ni una, ni las otras, que hay ganaderías que habrían merecido con mucho más estar en esta feria y ni se les ha visto el pelo. Eso sí, la de Adolfo que no nos falte. Y si esperan oír eso de “¡qué asco de ganadería!” o “¡ganadero, no vuelvas!”, esperen sentados y muy cómodos, porque como un día echo el toro tal o el toro cuál. Eso sí, su decadencia avanza con paso firme, sin que parezca querer enmendar la deriva en la que cayó hace tiempo, demasiado tiempo. Y si a alguien le consuela el pensar en otras muchas ganaderías insufribles, pues allá cada uno. Que también ser que esta actitud haga que algunos asimilemos aún peor lo de Adolfo. Eso sí, son cárdenos, que eso ya es un punto a favor. De la presencia poco se puede decir, algunos más que justos y a otros les tapaban los cuernos, pero claro, hace días comentábamos que los ciervos tienen mucha encornadura, pero que eso solo no es trapío, ¿no? Pues eso.

 

De los actuantes tampoco se puede decir mucho, Rafaelillo que sigue en ese hacer peor a sus toros de lo que son, para después ponerse por allí haciendo gestos como si tuviera delante al rey de la selva. Que habrá quien me diga que si se enfrenta a tal o cual ganadería, pero es que si no lo hiciera, no torearía ni en el jardín de su casa y tengan en cuenta que si le ponemos delante a Bambi, acabaría viciándolo, porque ese es su sello por los siglos de los siglos. En el murciano dice mucho su forma de recibir a sus toros, si como en su primero se arrebata pegando mantazos, igual es que está a punto de empezar “Gladiator” y no “Tarde de Toros”. Así dejó al toro a su aire y él solo estorbaba por allí. No se le picó y el animal solo se dejaba mientras le aguantaban apoyando el palo. Comenzó Rafaelillo el trasteo por abajo, para que se le derrumbara en los primeros compases. Con la derecha empezó tirando de pico y el toro sin poder llevar su cuerpo y su alma a la vez. Muletazos con el pico y sacando exageradamente el culo, con perdón. Abanicazos por la cara, dándole aire al animal, siempre muy fuera y lejano, dando más sensación de incapacidad que de pelear y vencer al de Adolfo. En su histrionismo se permitió empujar despóticamente a un peón o tirar la muleta al suelo, lo que también se entiende; para el uso que le da. Eso sí, para pasear el despojo no tenía ninguna prisa, todo era lentitud y sosiego. Su segundo era un cornalón que parecía querer escapar de allí por el camino más corto, saltar. Primeros capotazos y ya tuvo que darse la vuelta de espaldas a los medios, porque no era capaz no solo de ganarle terreno al toro, sino de mantener el sitio. En el caballo, tras marrar con el palo, le taparon la salida y en la segunda vara, dejando al Adolfo arrancarse de lejos, le cogió al pica en buen sitio, pero el toro solo derrotaba en el peto e intentaba escapar de allí. En el último tercio empezó pegando trapazos con el pico. El toro se venía algo bronco y venciéndose , provocando el respingo de Rafaelillo, que no llegaba a más que andar por allí, como si estuviera peleando con una alimaña, empeorando las condiciones del animal. Que si se metía entre los cuernos, que si tiraba la espada de mentira, montándose un número quizá ya habitual en él y que en otras partes surte su efecto, pero quizá equivocó el sitio y el momento.

El primero de Manuel Escribano que salió pegajosillo en el capote, en el caballo solo se dejó y en su turno de quites, Talavante le instrumentó una gaoneras sin pegar tironazos, lo que ya es novedad en esto del toreo de capote de esta postmodernidad. Luego vinieron las banderillas del matador, que bueno, quizá nos privó de ver a sus banderilleros, quienes igual no las ponen tan a toro pasado. También es verdad que así nos perderíamos el par al violín, pero bueno, haremos esa enorme concesión. En el último tercio el conseguir dar un paso al toro ya era todo un logro, aunque Escribano insistiera en lo de siempre, en darle pases y pases, por otro lado siempre con ventaja. Al quinto, al que tapaban su escasez de trapío lo escandaloso de los cuernos, lo recibió a portagayola, desarmándole a continuación. Le llevaba por el ruedo para la primera vara a todo correr con capotazos acelerados, más queriendo quitarse de encima al toro, que guiando su embestida. No se le picó, ni mucho menos, las energías las gastaría el animal en el tercio de banderillas que el propio matador llevó a cabo cuadrando muy pasado. Con la muleta todo eran trapazos y carreras, cuando el toro pedía que se le llevara muy metido en la tela y así intentar evitar los arreones, como el que le desarmó. Pico y más pico, sin dominar al Adolfo, que parecía acusar el trato recibido. Curiosamente, para adentro salía con la cara alta, pero hacia afuera hasta seguía el engaño y se le revolvía. Quizá llegado a este punto solo quedaba la solución de machetearlo y así evitar más desarme y situaciones de compromiso. Muletazos y más muletazos sin mando, lo que quedó evidente al querer tomar la espada, en que el toro estaba demasiado entero para ello.

Y llegamos a Alejandro Talavante, quien no debe estar demasiado satisfecho de su anodino paso por Madrid, sin que el apoyo del paisanaje haya logrado despertarle de esa hibernación en que parece vivir. Limitado con el capote, permitiendo que se lo tocara demasiado. Le dio distancia en los dos puyazos, en el primero se fue acercando poco a poco y en el segundo tardeó un mundo, para no parar de derrotar bajo el peto. Talavante tomó la muleta y ya desde el primer muletazo adoleció de falta de temple, pico, enganchones y un manivolazo para cortar cada muletazo. Lo mismo con la derecha, no haciendo ni intención de rematar, jamás. Tirones y más tirones, con la pañosa hecha un burruño. Al sexto Adolfo hubo que devolverlo por manifiesta invalidez y salió uno de Garcigrande, una raspa corraleada que ya entraba como un borrico. En el caballo simplemente se dejaba, pero una vez le levantaron el palo en las dos varas se quedó en el peto y no había forma de sacarlo de allí, él solo quería guata. En el segundo encuentro, más de lo mismo y el señorito Talavante decidió colear al toro, pitos; le imitó un banderillero, más pitos; rematando un monosabio, sin que los señores de luces fueran capaces de arrancar de allí al toro. La bronca se generalizó y la excusa de los de rojo era que el caballo estaba herido, pero para algo están allí los señores de los capotes, que por otro lado quedaban en evidencia. Y los monos que a nada se agarran a la cola, pues ya la teníamos preparada. Luego en el callejón estos tuvieron sus cosas con la autoridad, lo que puede acarrear sanción, muy merecida. De primeras el toro entraba pegando arreones, pero pronto se paró y los intentos de Talavante de que se arrancara, siempre desde muy fuera, no sirvieron para que el de Garcigrande, amorcillado, diera ni un paso. Mitin con la espada, tirándose desganado, desganadísimo, hasta en ocho ocasiones. Una tarde en la que poco se podían echar en cara toros y toreros y tanto para unos como para otros quizá el margen de confianza se sigue estrechando.

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sábado, 4 de junio de 2022

El Puerto para expertos

Cuentan los cronicones que hubo un tiempo en que no todo eran derechazos y naturales y que con una tela roja unos señores dominaban la fiereza del toro


Cuando anuncian una corrida de expertos hay muchas variables posibles, sobre todo dependiendo de a quién le pregunten. Unos dirán que eso está podrido y que no tienen nada, otros que parecía que últimamente parecían querer sacar la cabeza y hasta les salió alguna corrida que hacía creer que era posible la recuperación o también los hay que piensan que si se aguantan en pie pueden ser interesantes y los hay que hasta hablan de una grandísima ganadería y que nunca debería faltar del abono madrileño, como afirma el señor Garrido. Pero lo que no creo que nadie fuera a poner en duda es el trapío de este hierro. Bueno, pues ya se ha abierto esa vía con la corrida de feria de este año. Toros del Puerto que no parecían del Puerto, justos, justitos, a excepción del sexto. Que habrá quién diga que estando una figura en el cartel, que qué queríamos. Pues muy fácil, el toro del Puerto con la apariencia de siempre del toro del Puerto y luego a poner unas velas a santa Rita para que no se desmoronen en mitad del ruedo. Pero no, ahora parece que también trabajamos la línea “toro para figuras”, que nos lo quitan de las manos. Que ya era sospechoso el que como se ha hecho norma con esta empresa en Madrid, que te anuncien un hierro y el parche que completará con toda probabilidad el cartel. Que si quieren anunciar dos hierros, pues muy bien, pero que digan tres de este y tres del otro y así sabremos a qué atenernos y ya puestos, igual hasta podríamos exigir que hubiera el número de toros anunciados de cada hierro. Que sí, que son de la misma familia, del mismo dueño, pero esas cosas para su casa y para su dueño.

Todo era para el aficionado moderno, el torero moderno, el toreo moderno, la sensibilidad moderna, el triunfalismo moderno. A ver si es a esto a lo que se refieren cuando hablan de “la tauromaquia”. A ver si aquí estriba la diferencia entre los que hablan de tauromaquia y los que seguimos erre que erre en llamar a esto “los toros”. Nunca lo había pensado, pero… Serían esos nuevos aficionados los que empezaron protestando al primero que salió más parado que poste y que daba muestras hasta de mansedumbre. ¿Manso? A devolverlo a todo correr, que somos modernos. Lo recibió Alejandro Marcos comprobando como se frenaba y echaba las manos por delante. Como sucede en esta modernidad, se le dejó corretear, nadie se hace cargo de él, si acaso se hacen cargo todos y montan una bonita y participativa capea. Se fue sin picar y su pelea se limitó a echar la cara arriba en el peto. Se marchó a terrenos entre el cuatro y el cinco. Marcos comenzó el trasteo por abajo sobre ambos pitones; el standard de faena actual. Para seguir la misma norma de todos, pico, pico y más pico, fuera de cacho, sin templar, lo que no ayudaba para que el animal no se fuera al suelo. Muletazos en línea con la zurda, muleta al bies y a recolocarse en cada trapazo, hasta que del diez salió huyendo hasta el cuatro. Pinchazo y espadazo haciendo guardia, más otra entera, pero el mal ya estaba hecho y era más que evidente.

El primero de Manzanares era más justito que un juez, pero le desarmó en el saludo capotero. Que sin presencia, pero el toro tenía mal café, que se permitió hasta levantar al caballo y hasta le castigaron, que eso no está previsto en la modernidad. Quite de Tomás Rufo por gaoneras y al quedarse al descubierto resultó cogido, afortunadamente sin consecuencias que le impidieran seguir en el ruedo. Le costó acoplarse al alicantino y aún y así… Pico, carreras, enganchones, sin conseguir hacerse con el del Puerto, por muchos trapazos que le diera a continuación. En su segundo, otro que apenas se ganaba el nombre de toro, Manzanares lo dejó a su aire, que se lidiara solo, si es que había que lidiarlo. Se quedó sin picar, cabeceaba en el peto con un solo pitón, pero más bien se dejó y nada más. Primeros muletazos y el animal por los suelos, siguiendo con más trapazos, pero erguido, queriendo ponerse elegante, pero a todo lo más solo le daba aire. Más pico solo para acompañar, pero hay dos cosas que en la modernidad hacen que el público enloquezca, una es el pase del desprecio, que no fue el caso, y la otra un cambio de manos. Eso colma todas las expectativas de la modernidad. Lo de las lejanías, los pases en línea largando tela o que el animal se caiga constantemente, eso ya lo dejamos para otro día. Un toro que pedía algo más que trapazos y modernidad, que requería toreo con algo de mando y temple, sin esperar a que se pusiera colaborador, porque al final hay toros que no colaboran, que hay que torearlos, pero… Y aquí acabó la presencia en Madrid de este torero, que ha dejado claro que parece que no tiene nada claro.

Alejandro Marcos volvía a por el quinto de la tarde y haciendo honor a la modernidad, con el capote pasó con mucha discreción, como esperando tomar la muleta. ¡Qué cosas! ¿Verdad? El toro tampoco parecía animar mucho, quedándose descansando apoyado en el peto y sin que el de arriba le mortificara apenas. Ya en la muleta, al animal le costaba hasta dar un paso y Marcos a lo de siempre, pico, muletazos acelerados sin mando ninguno, transcurriendo la faena entre carreras de uno y caídas del otro, para terminar con un continuo desacierto con la espada. Y llega el momento de Tomás Rufo, que en su primera aparición en el festejo ya sufrió el percance ya indicado. A su primero le dejó correteando por allí y cuando se acercó al caballo recibió una puñalada traicionera en la paletilla. Nadie era capaz de cuidar al animal, no para que no se cayera, sino para prepararle para la lidia, porque de todas formas seguía cayéndose igual, aunque no se le picara. Le costaba mantenerse en pie, pero Rufo estaba decidido a soltar su colección de trapazos y a pesar del espectáculo tan deplorable y las protestas del público, él iba a lo suyo, él quería contar su película, que por otro lado era de serie C o peor. Y para mantener impoluto su honor de torero moderno, acabó con un soberbio bajonazo que sonrojaría a cualquier otro, pero no parece que lo hiciera con él. Y fue el sexto el único que parecía de verdad del Puerto, un toro serio sin más, que en el caballo se vino arriba, primero peleando con el pitón izquierdo, levantando al caballo, para acabar echándolo a tierra, cayendo el penco sobre el picador y los de luces, en especial su matador, mirando a ver qué pasaba, sin ser capaces de quitar al toro de allí y poder rescatar a Manuel Sayago de aquella mole que le oprimía contra el suelo. Hubo de ser retirado este caballo y el que guardaba la puerta, circulando en sentido opuesto al reglamentario, ocupó el sitio del anterior. Un nuevo encuentro y los toreros de a pie aguantando al picador sobre la montura para no ser también derribado. Ya en el trasteo, Tomás Rufo empezó con su colección de trapazos abusando descaradísimamente del pico y manteniendo una excesiva distancia de seguridad. El toro entraba una y otra vez al engaño, pero no recibía otra cosa que mantazos atravesados, lo que incluso le provocaron alguna colada. Muy fuera todo el tiempo, alargando el brazo exageradamente, con enganchones, pero el personal estaba por ver pasear un despojo o los que se terciaran. Solo fue uno, incluso a pesar de los mulilleros, que es ver aflorar los pañuelos y su velocidad se ralentiza preocupante y ofensivamente, no atinan ni a enganchar al toro, pero hay que agradecer al señor presidente que aguantara y no sacara por segunda vez el pañuelo. Y así se fue la corrida del Puerto de San Lorenzo en su faceta moderna, esa que igual los más tarrelas ya no entienden, no acaban de pillarle el truco a esto de la modernidad y a lo mejor es que esta corrida venida de Salamanca era una corrida de El Puerto para expertos.

PD: Y que nadie eche la culpa de una mala tarde a quien decida iluminar la plaza vestido de amarillo. Y no lo digo por un servidor.

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viernes, 3 de junio de 2022

La caja “B” del señor Gallardo

El trallazo, el toreo violento parece ser la norma generalizada y sirva el ejemplo de las gaoneras, que ahora se han convertido en un tirón del capote, sin llevar toreado al toro.

Llevamos ya unos cuantos festejos con el hierro de Fuente Ymbro esta feria y ha habido de todo. La novillada salió buena, no tanto cómo nos quisieron hacer creer, pero buena; la primera corrida fue para olvidar, para hacer como que nunca sucedió y ahora nos encontramos con una más del señor Gallardo, impecablemente presentada y con un comportamiento muy diferente al del día de las figuras. ¿Tendrá esto algo que ver? No sé, pero ya es mala pata que lo malo les toque a unos y lo bueno a tres toreros que bastante tienen con verse anunciados una tarde en Madrid y además en feria. Aunque lo malo de que un toro te embista, de que entre a los engaños, es eso, que embistan y te dejen en evidencia, aclarando dudas sobre la incapacidad para sacar adelante con dignidad una tarde de toros. Es como si el ganadero hubiera dejado a un lado la caja que ponía “Toros para figuras” y se hubiera ido a reseñar la corrida echando mano de otro cajón, el que no saca para las visitas de categoría, el que solo saca cuando quiere que los invitados se marchen pronto, donde pone “Caja B”, para que no se quejen.

La corrida no ha lucido en el caballo, primero porque no ha habido nadie que se preocupara de poner los toros en suerte. ¡Qué digo! No ha habido nadie que haya al menos intentado fijar a los toros en los capotes. Matadores y peones parecían haber hecho promesa de no sujetar un toro por nada del mundo. El que lo frene, pierde, el que lo sujete a los vuelos del capote, pierde y el que lo fije y le evite ir a su aire, queda descalificado y se tiene que marchar a su casa. Es como si fuera la tarde de los despropósitos entre los de luces. Bien es verdad que el comportamiento de los seis debajo del peto no ha pasado de dejarse pegar y punto, y dicho sea de paso tampoco han sido castigados, les bastaba con apoyar el palo y poco más. En banderillas se les ha maltratado, con unas lidias infames, por momentos capeas de pueblo, con los de luces muy mal colocados y en el último tercio acudían a la muleta hasta que los matadores de turno decidían ahogarles la embestida, no dejando que se les viera realmente lo que podían dar de sí.

Tomaba la alternativa Rafael González, que ya de salida iba con el capotazo hecho, con el peligro que esto tiene, quedándose al descubierto. Ausente durante la lidia, tomó la pañosa y ya desde los primeros compases mostró lo que lleva dentro, mucho trapazo, toreo ventajista con el pico, muy fuera, dejándose tropezar el engaño y mientras el toro daba muestras de no cansarse en seguir la muleta, González evidenciaba una evidente falta de todo, de gusto, de capacidad y de conocimiento de la plaza en la que estaba, Vulgar, sin parar quieto, dejando el hueco entre el bulto y la tela, lo que le hizo sufrir algún achuchón que otro. Y por si faltara algo, bernadinas atropelladas, saliendo prendido de mala forma de uno de estos telonazos. A pesar de dar claras muestras de no poder continuar la lidia, lo intentó e incluso se le animaba a seguir desde el callejón, ya saben, el señor Guerra, don Julián siempre cree que sus toreros no dan lo que él pretende y solo un desvanecimiento en la cara del toro pareció abrir los ojos a los que allí estaban para llevarse al chaval a la enfermería.

Lo de Juan Leal es algo que cuesta entender. Yo no creo que nadie pueda dudar de su voluntad, pero en el toreo se debe poder proponer mucho más. Empezó de rodillas en los medios, lo que era el anuncio del repertorio que nos esperaba en este y en dos toros más. Ya en pie, muchísimo pico, para pronto ponerse encimista, pagarse el consiguiente arrimón, vulgar y chabacano, sin torear, un desarme y el toro se le iba yendo sin aprovecharlo, ofreciendo solo un toreo que ni para plaza de talanqueras, como si estuvieran llevando a cabo una heroica gesta, cuando solo estaba dejándose ir a un toro que merecía otro trato y que él no entendió. Una entera traserísima y una oreja, que al fin y al cabo es lo que parece importar a este tipo de toreros, despojos y más despojos. Al que hizo cuarto le recibió con la muleta a base de mantazos y carreras, con el consabido enganchón y dando la impresión de que no sabía por dónde meterle mano a ese grandullón. De nuevo acortando exageradamente las distancias, sin entender que el toreo en Madrid se entiende de otra manera. Más repertorio chabacano, que si por detrás, que si un trallazo por aquí, que si el péndulo, que si un desplante entre los cuernos y en un arreón voló sin consecuencias.  Quizá han notado que no hablo de leal con el capote, pero lo único que podría decir de ello es que es rosa con las vueltas amarillas. Lo suyo es la muleta y repetir una y otra vez lo mismo, sin apenas variación, si acaso el número de enganchones o si como en este sexto se coge solo o no estando metido0 en la testuz. Le da lo mismo las protestas, las palmas de tango, los pitos, que él sigue a lo suyo. Y como cierre, el permitir que sonaran dos avisos y no echar mano del descabello. Afortunadamente no le tendremos que aguantar más sus maneras tan vulgares que convierten al Platanito en un exquisito estilista del toreo si lo comparamos con lo que perpetra este señor.

Joaquín Galdós comenzó su tarde con mantazos de recibo y teniéndose que dar la vuelta perdiendo terreno hacia los medios. En la faena de muleta le empezó dudando y el de Fuente Ymbro se lo hizo pagar con un susto. Cuartos de muletazos, trapazos, latigazos, tirones quitándole la muleta, a un toro que se toreaba solo, que iba y venía, hasta que se echó encima para ahogarle y sacarle muletazos de uno en uno, vulgarísimo, sin ver el final de todo aquello. El quinto era un torazo con mucho cuajo, que solo con estar allí organizó una capea en la que los banderilleros solo podían huir, en la que nadie estaba en su sitio y mucho menos Juan leal, que no se sabe dónde pensaría que es su lugar y el peón que sustituía en el ruedo a su matador cogido. Con la muleta Galdós se limitó a trapacearle primero por abajo y ya erguido citando desde muy fuera, metiendo descaradamente el pico y haciéndole pasar muy lejos. Trapazos y más trapazos tropezados, recolocándose continuamente y sin enterarse de otro toro que se le iba sin torear y que no dejaba de ir detrás del trapito rojo. No era un cartel que en cuanto a los de luces tuviera ningún atractivo, pero es que la terna lo confirmó y lo que es peor, no creo que hayan dejado a nadie con ganas de volverlos a ver y más ante un encierro que se merecía otro trato muy diferente. Una corrida que no supieron ver, que lo mismo pensaban que iban a ser como los del día antes en la feria y resulta que no, que estos eran de los otros de los de la caja “B” del señor Gallardo.

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jueves, 2 de junio de 2022

Una tarde histérica para la histeria de la tauromaquia

Ni una verónica salvadora nos ha podido sacar de esa histeria por estar en presencia de los ídolos

Una fecha en que los astros se conjuntaron para que la tarde se convirtiera un hito histérico. Corrida Extraordinaria de la Beneficencia, la que en otros tiempos era la más importante del calendario, no por el nombre, ni tan siquiera porque acudía ekl rey, sino porque en ella se acartelaban los recientes triunfadores de la feria de San Isidro. Hoy en día no pasa de ser un día de domingueros claveleros, de postureo de todo menos elegante y de entradas regaladas para los fieles del gañote. Cartel de lujo, pero lujo de verdad, no de bisutería barata. Cartel con un ganado de máximas garantías para cualquiera que esté dispuesto a hacer el toreo moderno; del otro ni lo esperen, ni lo pidan, que no es posible con este ganado. Y los de luces, el rey del empaque en todo lo que no sea dentro del ruedo, calesas, puros, cafeses, cucuruchos de pipas y un exhaustivo conocimiento de los áridos y estabilidad de los suelos de las plazas. El rey del dominio, sobre todo de la escenificación, del momento y del respetable que tiene delante, a  los que les da lo que piden, lo mismo un cachopo de dos palmos, que una tina llena de alubias con chopped cinco “Ch”, de chopped, pero sin llegar al jamón de bellota, que para un día que nos dejó una virutita con aromas de encina y dehesa, aún lo están recordando los los que lo vivieron. Y el tercero, otro rey, el del futuro, el que se empeñan en que vaya a ser, pero cuando parece que se va a encarrilar y empieza a entonar el “Nessum dorma” con voz aterciopelada, se arranca por “la cabra, la cabra la pu… la madre que la…” Y encima se pone flamenco.

Ganado de Alcurrucén, supuestamente procedencia Núñez, pero que en algún caso habría hecho falta un notario que diera fe de ello, porque les aseguro que no lo parecían, aunque la verdad, si el toro va, qué más da de si es de buena familia, de familia de condes, marqueses o del guardes de la finca. Que los animales tenían kilos, claro que sí, pero igual a más de uno era lo que le sobraban, kilos y les faltaba trapío, aunque solo fuera para que nadie dijera que estaban más que justitos. El primero, al que Morante recibió con esos capotazos a manera de latigazos, como estuviera sujetando al mismísimo Minotauro, en el caballo no había manera de que entrara. Quizá fue un anuncio de lo que iba a ser cuando al picador se le cayó el palo de la mano al citar. Ni se le picó, ni se le castigó, mientras se defendía corneando el peto. Ya en la muleta parecía que el maestro no acababa de verlo claro, que si por aquí, que si por allí, pero para qué darle más vueltas, ya con la espada de verdad decidió abreviar, saliéndose mucho de la suerte. En su segundo, más capotazos cimbreándose como si fuera un domador. Apenas se le picó y se le dejó suelto por el ruedo, que total, tampoco se iba a escapar, ¿no? Y en estas que apareció Morante, recibido entre aclamaciones con los primeros ayudados por abajo, ninguno limpio, pero eso importaba poco, el arte es el arte y da igual como sea si es “sentío”. Medios muletazos con la izquierda dejándosela tocar, sin rematar y pegando el manivolazo al cuarto de muletazo. Con la derecha tiraba del Alcurrucén con el pico de la muleta. Siempre fuera, adornos con la tela hecha un burruño, pero la aclamación era general. Cómo se podía uno permitir el lujo de volver al barrio y no contar que había visto el jarte del de la Puebla. Pues vamos con todo. Muletazos en línea, sin rematar nunca, pero allí la gente se emocionaba, que es el fin último de la actual tauromaquia. Si uno hace arte y el otro se emociona, no hay más que hablar. Y hala, ya hemos visto a Morante cortar una oreja. Pues que sea para bien y a ver si la próxima vez caen dos, con toreo de verdad, con toreo profundo y con mando.

Quizá recuerden que un día de esta misma feria alabamos al Juli una tarde, ¿recuerdan? Pues quédense con ese recuerdo, que será mucho mejor que quedarse con lo de esta tarde histérica; y eso que el público estaba que se los quería comer. A su primero no se le picó y lo poco que estuvo en el peto fue echando la cara arriba. Pero tampoco le hagamos mucho caso a esto, ¿no? Porque tal y como parece, lo importante es la muleta y fuera historias de lidia, tercios, caballo y demás trámites, que solo valen para saborear el yintonis. Trapazos acelerados por ambos pitones, siguiendo con la zurda con enganchones, carreras y más carreras, aquí viene, me paro y se lo pego según voy. Trallazos tirando del pico, enganchones, venga carreras y bastó uno de pecho tropezado para que se desatara la locura en esta tarde histérica. Le desarmaba el toro y la ovación era clamorosa, concluyendo con muletazos citando dándole la espalda, muy fuera y muy vulgar. Y como uno es como es, pinchó en esa suerte que Joaquín Monfil, maestro de aficionados, bautizó como el julipié. Cito, echo a correr para afuera y cuando me parece estiro el brazo y dónde caiga la espada ha caído. El mal uso de esta suerte al julipié nos evitó un despojo y la vergüenza de ese éxtasis despojero que se respiraba esta tarde y todas las tardes en la plaza de Madrid. El quinto le salió corretón, pero enseguida se paró. Se durmió en el peto, donde no se le dio ni las buenas tardes. Empezó con la pañosa despacito, por abajo, para continuar pegando pases y más pases a la velocidad del toro, que andaba muy justito de aliento, pero El Juli no estaba dispuesto a agotarle y mucho menos a agotarle sometiéndole. Muletazos desde fuera, en línea, cambiando de mano a cada serie, sin exigirle lo más mínimo. Pases y más pases y quizá por los repetidos fallos al julipié, cinco, el respetable sintió cierto pudor y no sacó los pañuelos al viento, pero ya digo, porque les dio cosas.

Y cerraba esa gran esperanza que es Ginés Marín, que al menos recibió a su primero de forma aseada a la verónica. A ver si este iba a ser. Pero no, inmediatamente se vio como dejaba corretear al toro por el ruedo. Mucho capotazo, aunque al menos llevó al toro al caballo, donde peleó en la primera vara solo por un pitón y en la segunda se fue suelto. Inició el trasteo con cierto gusto, por abajo, con un cambio de mano aceptable, para ya de pie continuar por ambos pitones, pero hasta aquí, a partir de este momento ya nos cayó un chaparrón de modernidad difícil de digerir, pico, tirones, enganchones, banderazos, toreo en línea, encimista, muy fuera, rematando con banderazos de pecho. Muy mal con la espada, sablazo en mitad del lomo, con el que lo mejor habría sido que no se adornara. Su segundo ya dejó clara su condición, buscaba la salida detrás de las tablas, muy suelto, no quería ni capotes ni a los que los sujetaban. Derrotando mucho en el caballo, donde al menos se le pudo castigar. Embestía a arreones y siempre queriéndose marchar en dirección a toriles. Marín se fue a toriles a querer arrancarle muletazos, muletazos con ventaja, pero en el terreno del toro. Quizá habrían bastado un par de series más, pero el espada se empeñó en seguir y seguir y seguir, cada vez más vulgar y con menos sentido, con un toro que solo quería escapar, que huyó de toriles por el ruedo hasta llegar al diez y para terminar de nuevo en toriles. Y Ginés Marín empeñado en sumar trapazos y más trapazos, pesadísimo, vulgar y pretendiendo que se jalearan cosas que quizá gustan más en otras plazas. Cobró una casi entera caída y empeñado en no tirar de verduguillo, nos regaló un espectáculo a evitar a todas luces, con el toro agonizando y él poniendo poses adornándose, regalando unas magníficas imágenes para que los antis las utilicen y manipulen con ellas lo que quieren hacer creer que es la fiesta de los toros. Y afortunadamente aquí acabó lo que parecía que iba a ser eterno, lo que nunca iba a tener fin, pero sería que el rey tenía prisa, que se terminó, gracias al cielo, una tarde histérica para la histeria de la tauromaquia.

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miércoles, 1 de junio de 2022

Que no nos falte la casta

A veces el cruzarse es una buena forma de defenderse de los viajes de toros con ideas, con malas ideas


Si ustedes me dicen que la de José Escolar fue una gran corrida de toros. Perdonen, pero no coincido con esta idea, porque no creo que fuera eso que se entiende por una gran corrida de toros. Eso sí, si alguien me negara el que ha sido una corrida de toros, con todo lo que esto implica, toros con los problemas que acarrea la casta, soy capaz de citarme con quien sea en el campo del honor al amanecer y dándole la opción de elegir armas, tirachinas, canutillos de arroz, un tiragomas con pelotillas de papel y si lo retrasamos para el invierno, batalla de bolas de nieve, pero con guantes, que la nieve está muy fría. Que no sé si el ganadero lo estará celebrando, imagino que no, pero puede estar tranquilo, porque la casta la tiene y la bravura se puede buscar, no tiene que meterse en esos berenjenales de la mayoría de a ver si recuperamos la casta, a ver cómo hacemos, a ver si…

Una corrida impecablemente presentada, que flojeaba por momentos, pero, ¡ay amigo! Que les parecerá una tontería, pero la casta también hace que los toros se quieran mantener en pie aunque sea a bocados. No se puede decir que fueran bravos, nada más lejos, mansearon, en el caballo no se arrancaron de lejos, aunque fueran de lejos, pero no es lo mismo arrancarse con codicia, que irse acercando, el dejarse pegar, a alguno con ganas, que pelear en el caballo. Desarrollaron sentido durante las lidias, a lo que colaboraron eficazmente esas lidias nefastas que les han dado las cuadrillas, casi siempre con demasiados capotazos desordenados y sin criterio, salvando la lidia de Rafael González en el quinto, midiendo el número de lances, llevando al toro con suavidad.

Octavio Chacón, quien en su día era casi un modelo lidiando, parece haber olvidado todo aquello que le hizo ser elegido por los aficionados, quedando en algún trance manifiestamente descolocado, como en el sexto, en que se quedó pegado al caballo y el toro hizo por él, obviando al del peto. En su favor hay que decir que recogió bien por abajo al cuarto y sexto, aunque fuera perdiéndole terreno de espaldas a los medios. En cambio, en los trasteos de muleta no ha dicho nada, muy aburrido, fuera de sitio, con un arrimón que no le sirvió para nada en el final de faena en su primero; muletazos sosos y aburridos en su segundo, que por el derecho acudía con brusquedad a la muleta y algo más suave por el izquierdo; en el sexto, que tuvo que matar por cogida de Gómez del Pilar, tuvo que enfrentarse a un Escolar que cortaba por ambos pitones, hasta acabar echándosele encima al espada. El animal cortaba por el pitón izquierdo, no pasaba y por el derecho casi era peor la cosa. Ya en los primeros tercios, con una lidia caótica, el Escolar se iba haciendo el amo, se venía encima por izquierdo y la verdad es que les complicó la vida en banderillas, donde Ángel Otero puso dos pares a cara de perro, ganándole la cara al toro, dejándole llegar una barbaridad y clavando los dos palos en las dos entradas. En cuanto a Chacón, no fue su tarde con los aceros, especialmente con el verduguillo, que llegó a dar… no sé, demasiados golpes de descabello.

Alberto Lamelas hubo un tiempo que esperanzaba, pero quizá ese tiempo ya pasó. En su primero con capotazos rectificando en todos y en su segundo dejando que este le sobrepasara ya de salida. Los trasteos de muleta se pueden resumir en muchos trapazos, demasiadas carreras, en su primero saliéndose antes de que el toro pasara, citando siempre fuera y en el segundo con la complicación de los derrotes que le tiraba y que hasta pudieron alcanzarle, además de las continuas coladas, mientras que Lamelas se empeñaba en los derechazos y naturales, no oponiendo más recursos ante las complicaciones de sus dos enemigos.

La emoción, y mucha, corrió a cargo de Gómez del Pilar, que ya mostró sus intenciones al irse en los dos toros a portagayola, lo que en el sexto le costó irse a la enfermería, cogido de gravedad. El toro se le frenó, logró darle la larga, pero el toro se le volvió, se le echó encima y a merced, le empitonó. En el que hacía tercero ya tuvo problemas al parársele delante y casi arrollarle. Se le quedaba por el pitón izquierdo, se colaba, saliendo de l embroque con la cara alta. Se le picó poco y mal en mitad de un gran caos, con capotes por aquí y por allá, mientras el Escolar iba tomando nota de todo, se enteraba de todo, sin parar de corretear por el ruedo y poniéndose cada vez más peligroso. Tomó Gómez del Pilar la muleta y fue dispuesto para pelear como pudiera. Muletazos sin mandarle, ofreciéndose al toro a ver quién ganaba la pelea, muchos muletazos, algunos con mucha emoción, pero sin conseguir doblegar a su oponente, que no cesaba en su deseo de coger. Acabó con naturales de frente, viéndose prendido al tercero al quedarse al descubierto. Se podría decir que salió vencedor, desde luego que entusiasmo a la asistencia, pero pudo faltarle mando, dominio y no solo a ver si no me coge. Entera caída tirando la muleta y una oreja que la verdad, no creo que nadie se atreviera a protestar. EN el sexto, como ya he dicho, fue cogido por no querer reservarse nada, por ir a un todo o nada, por la generosidad de quererse entregar y triunfar sin reservas, pero a veces el toro es el que decide y en este caso… Y esto es lo que pasaría muchas más tardes con una corrida mala, nada brava, pero que era una corrida de toros con las que se cumplía eso que decían los antiguos, que en los toros nunca te aburres, ¿cómo te vas a aburrir? Si de repente te sale un ay y cuando aún no te has repuesto viene dos “ayes” más. Y ojalá que la providencia atienda un único y ferviente deseo, que no nos falte la casta.

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martes, 31 de mayo de 2022

Juran que les oyeron rebuznar

Siempre provoca el aplauso del personal el ver a un peón querer llevar el toro a una mano a punta de capote, pero una cosa es llevarlo templando la embestida y otra a todo correr, como si se tratara de una carrera.


Lo contentos que íbamos a la plaza esperando ver una corrida de toros. Los había que decían: ¡Son de Gamero Cívico! ¡Es un encaste minoritario! Y a la salida solo se escuchaba faltar al honor de unas reses legendarias, la raza morucha. ¡Cómo una moruchada! Ya hubieran querido que lo de Isabel y Samuel Flores se hubieran comportado como moruchos. Que al lado de esto, lo morucho es canelita en rama. Que ha habido bueyes de tiro con más genio que lo que se ha visto en la plaza de Madrid. Que los ha habido que a la salida iban por el patio de caballos para hacerse una foto con las carretas del Rocío. Aunque no crean, que la tarde ha dado para que los aficionados entablaran flamígeros debates sobre el ganado que iba saliendo por la misma puerta por la que habitualmente salen los toros. ¡Que son ciervos! ¡Que son bueyes! ¡Que son…! Y no se ponían de acuerdo. Quizá si hubiera sido en tiempo de la berrea se habrían aclarado las cosas un poquito. Si dicen “Beeeeee” ciervos y si dicen “muuuuu” bueyes. Pero solo nos habría faltado tener que esperar para confirmar algo que ya sabíamos, que eso no pasa por toro de lidia. Y no digo toro bravo, porque entonces podrían llamarme cosas feas y tampoco es cuestión de faltarnos al respeto por culpa de unos engendros. La pregunta que surgía aquí y allá era que con qué había cruzado la ganadería la familia Flores, para que le salieran esos animales con esas cabezas tan, tan desproporcionadas. Que echamos quince o veinte años atrás y perdónenme, pero la historia era bien diferente.  

De los matadores, pues van a decir ustedes que a todo se le ponen pegas, pero es que lo ponen muy fácil, que la verdad, salvo el sobrero de José Cruz, aquello no tenía otra cosa que darles por abajo y poquito más, bastaba con intentar al menos no acrecentar los muchos defectos de lo de la familia Flores. Ellos tenían en la cabeza que solo se torea con derechazos y naturales y en el pecado llevaron la penitencia. El primero ya amagaba con querer echar la cara arriba en el caballo, lo confirmó en el segundo tercio, queriendo llegar a las estrellas y Damián Castaño se limitó a pegarle mantazos rematados con el consiguiente banderazo, permitiendo que le tocara en exceso el engaño. Al contrario de lo deseable, le hizo todo para empeorar la condición del animal.

El segundo, para Fernando Robleño, nada más salir ya presentó su condición, queriendo saltar por dos veces, claro rasgo de mansedumbre, pero en esas escapadas frustradas también dio la sensación de tener algo en la vista, como si no calculara bien las distancias. En el caballo se empleó el pica, dándole en los dos encuentros. El animal perdía las manos repetidamente, lo que continuó, pasando por banderillas en que buscaba como un mulo con la cara a media altura, en el último tercio, con la colaboración de Robleño, pegándole trallazos, sin templar nunca, con muchas carreras, empeñado en dar derechazos y más derechazos. Concluyó con un espadazo haciendo guardia.

A morenito de Aranda le devolvieron su primero por manifiesta invalidez, saliendo uno de José Cruz, un toro con aspecto de toro, con comportamiento de toro, aunque tampoco era don perfecto. En el caballo cabeceaba contra el peto, se fue suelto y para evitar esto, en el siguiente encuentro le taparon la salida. Morenito le recibió con la muleta a base de trallazos, lo que hacía que el toro se cayera. Continuó por la derecha y el toro empezó a meter la cabeza, le citó dándole distancia, pero siempre se repetía la historia del trallazo acelerado. La falta de temple fue el principal inconveniente para que el espada no se hiciera con el de José Cruz, que entraba una y otra vez. Pico, pierna retrasada, enganchones y le bastó una prueba enganchada con la zurda para volver a la diestra con esa sarta de trapazos, mientras el toro acudía al engaño una y otra vez.

El cuarto, de Samuel Flores, asomó por toriles provocando la admiración del respetable, no sé si por las dimensiones de su arboladura o porque lo confundieron con un ciervo, creyendo que detrás aparecería el trineo de Papa Noel. Que cosa más horrorosamente desproporcionada y para colmo, huía de los capotes. Robleño lo sujetó con capotazos tapándole la cara. En el caballo entró como un mulo, sin intención de humillar jamás. La faena de muleta fue una muestra de trapazos sin parar quieto, a un animal que entraba con la cara a media altura, sin meter la cabeza jamás.

El quinto ya arrancó el capote a Morenito de Aranda en los lances de recibo, entraba al caballo cabeceando, pero enseguida empujaba con fijeza, en la primera vara de Héctor Piña, perop tuvo que ser sustituido por haber sido herido el caballo. Tuvo que ir en su lugar el que guardaba la puerta, aunque olvidando aquello de que los caballos circulaban por el ruedo en sentido opuesto a las agujas del reloj. Evidentemente tenía que salir un reserva a guardar la puerta, lo que se demoró en exceso, dando una idea de lo poco pendiente que está todo el mundo de seguir la lidia y de actuar cuando es necesario. A Morenito le costó encontrarse y cuando al final se puso a pegarle derechazos, el toro se le quería marchar. Muletazos por alto, derrotes y enganchones, dando la sensación de que el matador no podía con el mulo. Trapazos y más trapazos, hasta llegar a oír un aviso antes de montar la espada y uno más después de un pinchazo y un bajonazo muy descarado.

El peor presentado fue el sexto, el de Damián Castaño, que ya sembraba dudas entre buey, ciervo o cabra. Corretón, no se le cuidó en el primer tercio en cuanto a llevarle y colocarle en el caballo, donde se limitó a tirar derrotes al peto. El salmantino no cambió el rumbo y desde el primer muletazo ya empezó con lo de siempre, trapazos, pico, muchas carreras, quedando a merced del toro, con el que no se hizo en ningún momento, empeñado en los derechazos de rigor, sin plantearse el lidiarlo, a ver si así dejaba de estar aperreado con el otro de Samuel. Una entera caída haciendo guardia y aquí concluyó su confirmación, diez años después de la alternativa. Una vez hubo doblado el sexto de la tarde, el personal salió corriendo, no fuera a ser que a alguno se le ocurriera echar el cerrojo a la plaza y que fueran saltando al ruedo más de Samuel e Isabel Flores, que eso no hay cuerpo que lo aguante. Y comentaban unos y otros de la corrida y un caballero muy elegante me dijo entre sorprendido, asustado e indignado hablando de los toros: juran que les oyeron rebuznar.

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domingo, 29 de mayo de 2022

¡Aleeeti, Aleeeti, Aleeeti!

Es frecuente que las genialidades ahora se convierten en simples ocurrencias, que nada tienen que ver con el toreo.


La verdad es que siendo como soy un colchonero hasta la médula, nunca imaginé que escuchando los cantos de aliento a mi equipo pudiera sentir bochorno. Pues sí, basta con que los que se creen dueños de lo que no lo son, muestren su ignorancia en público. Porque claro, si nos molesta la actitud un día de lo s que vienen de tal o cual pueblo o provincia, no vamos a pasar por alto cuando los nuestros simplemente hacen el ridículo. Pero claro, todo esto tiene un origen, quizá en alguien que no supo explicarles lo que era la plaza de Madrid, igual porque él mismo no sabe lo que es y además parece creerse que todo le es debido y puede andar por este mundo del toro como el mismísimo Atila, solo para prefabricarse un triunfo, que dadas sus condiciones, casi ni así puede optar a él. Es una pena, pero… Que unos días repartimos pañuelos, otros tiramos almohadillas para festejar un triunfo y otra ponemos en el centro del huracán a un equipo de fútbol, sin comerlo, ni beberlo. Pues nada, don Gonzalo Caballero, en lugar de alentar a unos hooligans para que vayan a sacarle a hombros a toda costa, perdón a cuestas, que intente volver al camino de aquel novillero que prometía al menos entrega. Y más que los colchoneros tengamos que pedir perdón, igual esta gente tendría que pedirnos perdón a los colchoneros, que en los toros primero somos aficionados a los toros.

Pero no era solo Caballero el que traía una cohorte de entusiastas incondicionales; también Román, como también suele ser habitual, vino rodeado de su gente, quienes se hicieron notar desde que el valenciano asomó con el capote para recibir a su primero, muy justito de presencia, al que capoteó como se decía antes, con el pase hecho. Primero de Luis Algarra, que derribó en el primer encuentro, con un puyazo en la paletilla y otro señalado, pero sin picar. Comenzó Román dándole distancia con la mano izquierda, sin conducir jamás al animal. Lo mismo por el lado derecho, con retorcimientos y demasiada aceleración, pico descarado, muy separado y el Algarra que no se cansaba de embestir una y otra vez, una y otra vez, desde dónde le citaran. A medida que pasaba el tiempo quedaba claro que se le estaba escapando un toro de triunfo, al que despidió de una entera caída y trasera, tirando el trapo descaradamente. Y lo que tiene el paisanaje, que con su entusiasmo hizo que se cortara el primer despojo. Con su segundo ya perdió la herramienta en el primer capotazo. Mal primer tercio, picando caído y trasero. Fue al comienzo de la faena de muleta cuando El Soro, ahora consumado trompetista, se atrevió a mortificar nuestros oídos con una especie de fanfarria que afortunadamente duró bien poquito. Más trallazos de Román, que parece desconocer absolutamente lo que significa la palabra temple y su puesta en práctica. Trallazos y más trallazos, permitiendo que le tocara mucho el engaño. Sin parar quieto un momento, siempre fuera, muy fuera y bailando constantemente. En estas que se queda descubierto un momento y el toro le levantó los pies, pegándole una cornada en la pierna. Solo queda desear que no sea de importancia.

Gonzalo Caballero tiene la facultad de generar incertidumbre en cuanto aparece con el capote, que dio tres capotazos y ya estaba en el suelo a merced del toro. Inoperante durante la lidia, a su primero, con la cara alta, le recetaron un puyazo trasero. Puso en apuros al jinete, que tuvo que aguantar para no medir el suelo con los lomos. El animal empujaba, aunque más con el pitón izquierdo. Otra vara trasera y el Algarra seguía buscando pelea. Salió del encuentro con el caballo venciéndose mucho por el izquierdo, lo que acusó el resto de la lidia. Caballero mostró esa inseguridad que da miedo desde los primeros muletazos, acelerados y enganchados. Pico, mantazos, banderazos para rematar las series, quedándose al descubierto en más de una ocasión, dando la salida antes de tiempo. Estocada contraria haciendo guardia y entera caída y perpendicular. Antes del quinto, cuando regresaba de la enfermería, es cuando empezaron los gritos futboleros que a algunos nos pueden sonar de maravilla, pero no allí, una plaza de toros realmente no es el sitio. Y lo que es peor, que no sirvieron para animar al torero, porque si al menos se hubiera removido su espíritu deportivo. Pero no, le costaba hasta llevar el toro al caballo, donde mostró fijeza. Empezó el trasteo al amparo de las tablas con ayudados trapaceros. Siempre con el pico y muy distante, dando la sensación de que ni tan siquiera era capaz de acompañar el viaje y de que en cualquier momento puede resultar cogido. Enganchones, carreras, pico, el repertorio ya habitual, coronado por un arrimón. Pero bueno, a ver si otra vez sus hooligans se informan un poquito y no nos avergüenzan a los que como él, nos tira el rojo y el blanco, pero en cualquier lugar, menos en una plaza de toros.

David de Miranda regresaba a Madrid y con todo merecimiento, pero las expectativas no se han cumplido y hoy nos ha llegado un torero muy distinto a aquel que hizo que al aficionado se le abrieran los ojos de par en par. Si bien es verdad que quizá le ha tocado el lote más deslucido, pero parecía que estaba por la labor de no desentonar con el ganado. Empezó con capotazos desmallados, pero que no lograban sujetar al toro. Luego verónicas lentas y aseaditas. En el caballo el de Algarra se durmió bajo el peto, dónde no se le picó más allá de un picotazo. La sorpresa fue que Román le hizo un quite por gaoneras, sin esos tirones tan horrorosos de los que a día de hoy van por este palo. Estatuarios con los pies inmóviles, para seguir por el pitón derecho y contrario a lo esperado el triguereño empezó a tirar del pico, fuera y muletazos sin rematar. También es verdad que a nada que forzara al toro, este se iba al suelo. Más trapazos con pico con la zurda, cerrando con bernadinas, desarme y vuelta a intentarlo. En el sexto comenzó con verónicas más pendiente de sujetar al toro, pero sin demasiada gracias. En el caballo el toro solo se dejaba, mientras el picador le apretaba. Intentó de Miranda levantar al público desde los medios con muletazos por detrás y por delante, pero para eso hay que tener partidarios que te lo jaleen. El toro era soso, sosísimo y el espada tampoco se alejó de esa línea. Parecía hasta que quería rematar los muletazos, pero lo único que se sucedían eran los enganchones, especialmente en el segundo muletazo. Acabó con un arrimón, metiéndose entre los cuernos, con muletazos de uno en uno, alargando en exceso el trasteo. Quizá ahora le apliquen la ley de los taurinos, que si fallas una vez, ya te tachan para siempre. Esperemos que no, pero antes hay que volver a aquel David de Miranda que se puso en el sitio una tarde de Madrid, cuando Madrid le aclamó como un torero. Y que así sea con todos, que se les aclamen como toreros y no con cánticos que no tienen cabida en la plaza de Toros de Madrid. Y en fecha como esta, igual tendremos que dejar para otro día y para otro lugar eso de ¡Aleeeti, Aleeeti, Aleeeti!

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sábado, 28 de mayo de 2022

Juega al “Rasca y Gana” y le sacan a cuestas

Si no recuerdan cómo toreaba Urdiales al natural, tengan por seguro de que Ángle Téllez no se los harán recordar.


Cuando a alguien se le desea suerte y especialmente a los toreros, siempre se supone que es el deseo de que las cosas salgan bien, suerte con el lote, que no haya sustos y si además las cosas ruedan y hay triunfo, mucho mejor. Pero ahora parece que ese deseo de suerte va más en la dirección de que el azar te sea propicio, como ese “suerte” que te dice el señor de la ventanilla al echar las quinielas, la Primitiva o el cuponazo. Como si fueras al súper de la esquina, por cada diez euros te dan un “rasca y gana” y lo mismo si juntas dos despojos, suena un clamor y el personal del establecimiento te coge en volandas y te sacan a la calle ante la estupefacción de las señoras con el carrito. Y tú allí subido, bien pensando que vaya suerte, que vas a por el pan y la leche y te encuentras esto. Que habrá quién te diga que te lo mereces, porque eres muy bueno y si no tienes la suficiente sesera, igual te crees que eso, en justicia, te debe suceder todos los días. Porque tú te lo mereces. Pero claro, si ahora esto lo trasladamos a esto del toro y después de rascar te dan dos despojos, te sacan a cuestas y además una masa te jalea hasta quedarse roncos, mientras las señoras, señores te dicen que no te engañen que esos despojos son porque la plaza está en el mes de la oportunidad, con las rebajas y las requeterrebajas, que están que lo tiran, que se lo quitan de las manos. Que hombre, no digo yo que no lo disfrutes, que no invites a los más allegados a un menú XXL del Burger Ventas, claro que sí, pero que no se te vaya la cabeza y empieces a reservar mesa en Mugaritz, porque eso, lamentablemente, es tentar demasiado a la suerte.

Quién igual no tiene que probar en el rasca y gana es Victoriano del Río, que si le tendrán consideración que ya hasta anuncian el posible remiendo de Toros de Cortés, que en esta ocasión salió en sexto lugar. Dos primeros toros demasiados escurriditos, lo que se suele llamar vulgarmente una raspa. Al primero apenas le pudieron ni picar, perdía las manos, suelto por el ruedo, con un Urdiales que no estaba, ni para Rascas, ni para la BonoLoto, ni para echarse una al julepe. Demasiado ausente, como si no le fuera nada. Le dejó a su aire por el rudo, casi se le va dos veces al caballo de puerta. A nada que le bajó la mano con la muleta se le venía abajo. Muletazos desgarbados, sin poderle bajar la mano y acelerados. Demasiado trapazo sin quedarse quieto y atravesando la muleta. Su segundo presentado para que no le abroncaran, pero para poco más. Le dejaron corretear por allí y al primer sprint ya no podía con su alma el animalito. Un tercio de varas en que a todo lo más le señalaron el puyazo. Urdiales comenzó con la diestra, con el pico, el toro al suelo; le rondaba a ver si por aquí o mejor allí, un muletazo, a volverse a colocar, naturales insulsos de uno en uno. Aburrido, descolocado, desconocido, mientras el toro andaba por allí como un buey buscando su carro. Lo que estaba claro es que Urdiales no está para jugar a nada, ni “Rasca y Gana”, ni echar la moneda al aire, porque si la echa, seguro que le sale cruz y si le sale cara, la vuelve para que sea cruz.

Resulta evidente que Alejandro Talavante sigue teniendo tirón entre sus partidarios, porque si no, no creo que nadie más le hubiera jaleado los enganchones con tanta fe y entusiasmo. A su primero, otra raspita, le recibió con capotazos de tanteo y ya parecía que se le quedaba. Lo tiró de mala manera al caballo, sin cuidar la colocación y mire usted por donde, al animal le dio por empujar, le taparon la salida y sacó a penco y caballero más allá del tercio. Solo peleaba con un pitón, pero lo hizo en los dos encuentros. Talavante lo recogió pegando trallazos por abajo, para proseguir toreando con el pico, echándoselo para afuera. Pico descarado por ambos pitones y parece que sin reparar en la condición del toro, que merecía algo más, con demasiadas carreras y dejándose enganchar la tela. A su segundo le recetó más mantazos sin parar quieto, para a continuación desinhibirse de la lidia y plantarse en el ruedo sin mover un dedo cuando fue derribado el picador. Dos buenos pares de Miguelín Murillo, el primero ganado muy bien la cara al toro, aunque se pasara un pelín y clavando en la cara en el segundo. El matador comenzó el trasteo dando distancia al de Victoriano, pero siempre con el pico y muy lejos. El toro no podía, arrastraba la pata derecha, pero Talavante seguía a lo suyo y no se le apreciaba la más mínima intención de comprar boletos de nada. Habría que preguntarse si el sabe si ha vuelto o todavía lo duda.

Si alguien parecía haber llevado partidarios, y muchos, ese es Ángel Téllez, que no es que llevaran un cartel, bastó con unas verónicas bailando, para que todos se identificaran a voces. Que no se entusiasmaron tanto al ver cómo lo tiraba al relance contra el caballo desde el centro del ruedo, sin poder hacerse con él. El animal se quería ir, le taparon la salida y aunque daba la sensación de que algunos querían ver su bravura a toda costa, tardeó un mundo para entrar por segunda vez al caballo. Con la muleta Téllez empezó con muletazos destemplados por abajo para sacarlo del tercio y abusando mucho, descaradamente, del pico. Muy despegado, quedándose muy fuera. En un traspiés quedó a merced del toro, que apenas hizo por él, pero no hay nada que ablande y enardezca más al personal que un revolcón. Enganchones, arrimón con poco gusto, trapazos y más trapazos, pero bastó un remate para desatar la locura y a pesar de un feísimo bajonazo, se le regaló el primer despojo. En el sexto, el de Cortés, se limitó a deambular por el ruedo en el primer tercio. EL toro peleó, aunque lo hiciera solo con un pitón, de forma indistinta, recibiendo el correspondiente castigo. Cuando el turno de quites de Urdiales, Téllez decidió meterse él y quitar por gaoneras rápidas como el rayo. Y habría que destacar la actuación durante toda la tarde de Alberto Carrero, siempre atento y bien colocado para hacerle el quite a sus compañeros. Ya en el último tercio el espada decidió llevarse al de Cortés frente al seis. Mucho pico, muchísimo, más de lo mismo, sin rematar jamás, le pasaba por la cara y punto. Pero en este mar de vulgaridad se sacó de la manga un derechazo largo ligado con un natural y el de pecho. ¡Vaya! A ver si lo de la suerte iba a ser para que salieran las cosas bien, pero esto fue flor de un día, al toro, que seguía el engaño sin el menor extraño, le siguió pasando con muletazos con el pico y enganchones, con el peligro de que se le viniera arriba. Pinchazo, estocada entera tirando la muleta, lo que ya hemos visto en otras tardes, lo cual no dice nada bueno del chaval, para al final descabellar, a pesar de remolonear hasta la desesperación para coger el verduguillo. Otro despojo y hala, a correr las cortinas de la Puerta de Madrid, pero es lo que tiene la suerte, el puro azar, que llega un torero pleno de modernidad, vulgar y con demasiadas trampas, que juega al “Rasca y Gana” y le sacan a cuestas

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jueves, 26 de mayo de 2022

Líbrennos de esos amargados reventadores

Sin toreo de verdad no hay arte y solo el toreo puede llegar a ser arte, no las pantomimas amaneradas con novillitos a modo.

Hay tardes llenas de ilusión, a priori, pero que unos reventadores se empeñan y ponen todo de su parte para convertirla en un fracaso monumental. Pero no es solo esto lo malo, porque lo peor de todo es que están los que les aplauden y justifican. Cartel de no hay billetes, pero tal y cómo venían las cosas, era imposible culminar esa ilusión con la alegría de ver el toro y el toreo. El primero de los reventadores de que hablo es el ganadero de Juan Pedro Domecq, que para una corrida de la feria de San Isidro ha tenido que traer más de dos docenas de toros, para al final conseguir que pasara una novillada gorda, que en algunos casos se tapaba un poco por la cabeza. Que una te puede salir mala, pero tantas y desde hace tanto, y cuando vienen a los que llaman figuras, ya es mucha casualidad. Empezamos bien si el primer reventador es el ganadero. Pero claro, además hay que añadir a tres más, los toreros, que eligen y requeteeligen el ganado. No solo el hierro, sino los toros, ese, ese y ese y aquel, ni de broma. Pero claro, aquí hay más reventadores, como es la empresa que monta estos números a conciencia, porque ya digo que no es la primera vez y que encima sacan pecho por ello. Y continúo, porque, ¿qué me dicen de la autoridad competente? Se esos señores con el señor presidente a la cabeza, alguien que debería conocer lo que es el toro de Madrid, pero que o no sabe o se convierte en cómplice necesario y decide aprobar un encierro indigno para esta plaza. Ahí los tienen, y que no se te ocurra señalarles con el dedo o protestar durante la corrida, porque ahí entran en acción los palmeros, los que justifican y alaban a estos reventadores de una tarde como esta y la fiesta en general y que dedican sus peores bilis a los que pagan y se sienten estafados, porque consideran que la obligación de estos es pagar, tragar y callar, porque no les otorgan otra función dentro de sus esquemas de negocio. Ese señor Muñoz, ese Maxi y el otro del que nunca recuerdo su nombre y al que muchos hacen alusión como “el de barbas”. Que ya es triste que estés todas las tardes arrastrando la dignidad de la fiesta y te quedes con “el de barbas”; no llegar tan siquiera a ser “el Molés” o “el Casas”. Y aquí tienen a estos reventadores, que por supuesto no dudan en echarle el muerto al de enfrente. Que te roban y gritas al ladrón, pues la culpa de que el caco no bate el récord de los cien metros lisos es tuya, porque le paró la policía. Que en el restaurante te intoxiquen y le cierren el negocio al guarro del mesón, el culpable eres tú por decir que te estabas muriendo. Ya ven, una forma muy particular de entender la vida. ¡Ay! Esos reventadores que

 Tiran dentelladas y derrotes de manso a todo aquel que se atreve a poner en cuestión sus mentiras y el fraude del que echan mano con tal de mantener su negocio. Quizá ya no habría mucho más sitio para esta gente, pero habrá que hacer un pequeño esfuerzo. Si hablamos de los toros, perdón, de los novillos, pues flojos, protagonizando unos primeros tercios vergonzosos, en los que se les tapaba la salida y alguno, no sin mucho esfuerzo mientras le levantaban el palo o simulaban la suerte, llevaban al caballo hasta el tercio. Otro esperaba a que el picador le arrimara el palo como el que pesca cangrejos con una red. Si hasta se ha visto salir del caballo a algún tambaleándose. Quizá esta sea la mejor y más eficaz manera de reventar una tarde de toros y acabar con la ilusión de mucha gente, que igual otro día ya van predispuestos y con razón, para que luego se lo echen en cara los señores de la tele, el señor Muñoz, Maxi y… “el de barbas”. Si sería grande esa desilusión que se coreó a lo largo de la corrida aquello tan habitual en otros tiempos, cuando el número de aficionados era considerablemente mayor a lo que es ahora.

Los reventadores de luces eran Morante de la Puebla, que a su primero lo vio poco, aunque le jalearan hasta las verónicas enganchadas. Le costó buscar y encontrar el lugar dónde mostrar su arte en la faena de muleta y entre tanto lo mismo le desarmaba el toro, que le enganchaba las telas, estando realmente aperreado con el novillo, al que no sabía dominar. En su segundo parecía tenerlo mucho más, no hubo que buscar ni terrenos, ni querencias, ni inspiración para su arte, un trapaceo por la cara y a por el novillito de Juan Pedro. Sería porque el ruedo estaba duro, porque el ruedo era grande, porque en el ruedo había algo de chepa, porque en el ruedo había un novillo, porque en el ruedo se posaron unas palomas o quizá porque ni quiere, ni sabe estar en el ruedo de Madrid. Pues igual también hay gente que preferiría que no apareciera en un tiempo por el ruedo de las Ventas, al menos con este ganado y esta actitud que hace que pongamos en duda su aptitud.

Que parecía que la tarde podía llegar a algo cuando Juan Ortega recibió a la verónica a su primero, pero ahí quedó la actuación del torero. A este novillote de Juan Pedro apenas le podía bajar mínimamente la mano sin que este besara la arena. Sin fuerzas, apenas le daba el resuello para defenderse, pero el torero seguía, no sabemos con que fin. Su segundo no se aguantaba en pie, toda la lidia fue un simulacro. Lo recibió en el último tercio con banderazos por alto acelerados. Incapaz de pararse, a cada trapazo había de recuperar el sitio, siempre quedándose fuera y siempre jugando con el pico, para otra vez ponerse pesadito y acabar con una serie de molinetes buscando el aplauso facilón o simplemente para desesperar al personal, para contribuir a reventarles la tarde. Y Pablo Aguado, la naturalidad del momento, ofreció muy poquito, es más poco a poco va devolviendo el crédito que un día se le concedió y que no se puede salvar con un quite por chicuelinas para responder a Juan Ortega, ni con multitud de muletazos muy fuera, abusando del pico, teniendo que correr permanentemente. La única variedad del trasteo al tercero y al sexto es que en este comenzó por abajo, mientras el tendido clamaba por el toro, toro, toro. Se ponía flamenco para sacar pases insulsos, cuando en el mejor de los casos se limitaba a girar sobre si mismo cual Giraldillo, sin llevar nunca a su inválido novillo o dándolos de uno en uno, mientras recuperaba el sitio poniéndose flamenco. En la salida de este último surgió una duda, si el pitón derecho, del que circularon fotos en que parecía una brocha, si fue arreglado o qué pasó. Fue una tarde más de modernidad, de toreo vacío con toros vacíos y anovillados, con el patrocinio de la empresa y la anuencia de la autoridad, mientras las ilusiones de los que pagan saltaban por los aires hechas añicos. Como tantas y tantas veces, deseamos que todo esto se enderece, que se vayan para siempre estos negociantes. Líbrennos de esos amargados reventadores.

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Llegó la hora del teletrabajo a los toros

Hay quién jalea los muletazos distantes, pero donde esté el pasárselo por la faja, que me dejen de lejanías tramposas


El mundo de los toros ha entrado decididamente en el futuro. ¿No querían evolución? Pues ya estamos más que evolucionados, nos hemos evolucionado de repente, a base de coscorrones, eso también es verdad, pero nos hemos evolucionado que es un gusto. En esto de los toros ya están pasadas de moda todas esas cosas de la proximidad, el pasárselo cerca, por ejemplo. A ver si ahora hay que empeñarse en cosas del pasado que no nos llevan a ninguna parte. Que vemos a todo un Roca Rey manteniendo una prudente distancia cuando pasa el toro y la gente enloquece. Ese teletoreo en que uno se pone así medio encorvado, con el pico de la muleta adelantado, metido en la testuz del toro, el brazo estirado, el caballero casi agazapado detrás de las orejas del toro y cuando se arranca el toro, siempre dejando que corra el aire, o un huracán, o un tren con las puertas abiertas o el desfile de la inauguración de los Juegos o un velero de canto, se le echa para afuera, pero siempre muy despegado, el toro por un lado y el torero desde su caso y en esto hay verdaderos maestros y en esta ocasión ha venido a divertirse a las Ventas…

Pues habrá que pensarse quién ha podido divertirse en las Ventas la tarde de Fuente Ymbro, no la novillada, que eso ya pasó, sino la tarde de los cinqueños, ese toro que no gusta a los amantes de la bobaliconería. Y menos mal que eran cinqueños, que estos adquieren sentido antes, que en consecuencia proponen más emoción sobre el ruedo, porque si no, ¡qué habría sido de nosotros! Habrá quién diga que los del señor Gallardo eran mansos; bueno, tampoco es para tomarlo así, aunque de bravos tenían poco y de encastados, nada. Feos como un dolor, pero así es este hierro, que son cómo son y no hay más. No todo va a ser el de Juan Pedro, bajito, apañadito, muy torero, con mirada dulce, peluchitos para soñar, unos dicen que el toreo y otros porque pegan unas cabezadas para desnucarse en los tendidos. Pues los de Gallardo no eran ni bonitos, ni armoniosos. La gente esperando la reedición de la novillada, el ganadero que se había pasado por Zara para comprarse un traje nuevo, los calcetines de Primark a estrenar. Pero nada, el exceso del días atrás no se pudo reeditar.

Esperaba el aficionado a Diego Urdiales, uno de los escasísimos toreros de los que se puede decir que hace el toreo de siempre. Pero el riojano no estaba en su mejor día. Que sí, que el ganado no ayudó, pero él tampoco es que derrochara ánimos. En su primero el gran mérito, si se puede hablar de tal, fue el conseguir que no se cayera, capotes por arriba, sin picar y muletazos siempre viendo que en cualquier momento se iba al suelo. En la muleta aguantaba dos muletazos y al siguiente le soltaba un derrote, tocándole la muleta en todos los intentos de natural, acabó poniéndose pesadito y por si tuviera poco, un bajonazo infame. Su segundo aún parecía ya de salida con menos ciencia que el primero, tomando los engaños como un mulo en busca de la carreta; y eso que en el segundo puyazo se arrancó con prontitud, pero nada, la realidad era que no peleaba y se marchaba suelto del caballo. Hasta alguno llegó a pensar que igual este que no tenía nada podía ser uno de esos que Urdiales se inventa, pero demasiado optimismo para semejante engendro. Le probó por ambos pitones, pero el Fuente Ymbro se la tocaba demasiado, echaba la cara arriba y hasta parecía ponerse pegajosillo. Más de lo mismo por el izquierdo, escarbando y cuando quizá lo sensato y lo que habría agradecido el personal era que abreviara, decidió alargar el trasteo, quizá para justificarse.

Roca Rey volvía otra vez a Madrid y la plaza se llenó de entusiastas de la diversión y por lo visto, del teletrabajo, eso de que hablaba, el que el toro está ahí y el señor de luces desde su casa o haciendo la compra o en el gimnasio o echando gasolina al coche, pero eso sí, vestido de luces, que hay que guardar las formas. Y lo que le cuesta a este chico el implicarse en la lidia de los toros de los compañeros, que igual hay que ponérselo en un contrato especial para él, porque como esperemos que calen en él las formas y maneras del rito de la lidia, del toreo, apañados vamos. Algo parecido si esperamos que también le cale el toreo, el llevar al toro y no solo que este pase por aquí, por allá, por delante, por detrás, ahora te doy aire, ahora te doy más, ahora provoco un vendaval de tanto sacudir los trapos. Pero el público, sobre todo del cinco, sí que sabía entender estas cosas de la modernidad. Aplauden al de aúpa por no picar, jalean los trallazos ya de salida de don Andrés, unas chicuelinas trapaceras. Menos mal que al menos Javier Ambel se lució especialmente en su segundo par. Inició la faena de muleta con telonazos, para proseguir con el pico, trallazos sin temple, mucho menos con mando, que ni se sugería, siempre muy fuera y enganchones que no falten. Y para acabar, un bajonazo, que tampoco es para ponerse estupendo, que ya saben, apuntar desde casa tiene su mérito. Más mantazos para recibir al quinto, mal lidiado, dejándolo a su aire, mantazos a mansalva, que lo deja entra las dos rayas, pues entre las dos rayas. El toro buscaba terrenos de toriles y allí acabaron los dos. Antes unos trapazos en el sol, se le va suelto al lado opuesto del ruedo, le desarma y a correr que no te pillen. El público estaba tan predispuesto, que hasta el que cambiara de muleta le jaleaban; no me pidan que se lo explique. Luego ya dónde quiso el toro, sin que él fuera capaz de imponer su mando, se lio a pegar trapazos, siempre con mucho pico, descolocadísimo y daba igual si por delante, si por detrás, que lo que importaba era que el de Fuente Ymbro pasara y punto. El toro se quería ir, pero Roca Rey insistía en el trapazo desde muy fuera, bueno, ya saben, el teletrabajo es lo que tiene. Quizá es mucho pedir que al menos un día mande y tire del toro, que remate un muletazo atrás, solo uno y no delante de la cadera, que es dónde se rematan los trapazos. Falló a espadas y los partidarios no pudieron elevar a las alturas de la “tauromaquia”.

La presencia de Ginés Marín estuvo en el aire hasta hace prácticamente dos días, porque torear un boquete en la pierna no es para tomárselo a la ligera. Quizá podría haber esperado a la siguiente tarde en que está anunciado. Yo no le censuraré por sus ganas de estar, pero quizá quién le lleva sí que podría haber puesto un poquito más de sentido común. Ahora es fácil decir que parecía mermado de facultades, pero eso solo lo sabe el propio torero. La lidia de su primero puede que estuviera marcada por un encontronazo que tuvo el toro contra un burladero, quedando dañado al retorcérselo el cuello de mala forma, aparte de que saltara por los aires la punta del pitón. Mal tercio de varas, con puyazos en mitad del lomo, tapándole la salida. Punteaba en la muleta, siendo indiferente el pitón, pues le costaba mantenerse, perdiendo las manos. Muchos protestaron el que no se devolviera el toro, pero claro, si este se daña en el ruedo, quizá habría que pedir responsabilidades al que lo estrelló contra el burladero. Que es una lástima el perderse un toro por una negligencia como esta, pero si defendemos el reglamento, defendámoslo. En su segundo intentó torear con verónicas de recibo, llevando al toro al caballo al relance, para que se dejara un poco en el primer puyazo y nada en el segundo. Merece la pena la lidia de Rafael Viotti, evitando capotazos innecesarios. Comenzó en la muleta sacándoselo más allá del tercio, para continuar con trallazos destemplados. Adoleció durante todo el trasteo de una alarmante falta de temple. Sin rematar y el animal ya se le empezaba a volver, sin que Marín le alargara el viaje. Enganchones y más enganchones, para acabar con un arrimón, siempre reconocido por unas palmas solitarias, que siempre provocan el entusiasmo de esos sensibles a los que tanto les gusta esta forma de estar. Que tampoco es poca cosa, en la misma tarde se jalea torear desde tu casa y el ahogar al animal. Afortunadamente logró una entera en buen sitio. Eso sí, algunos seguían saboreando, como si fuera chopped pata negra, los trapazos distantes y es que aunque no nos demos cuenta, llegó la hora del teletrabajo a los toros.

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miércoles, 25 de mayo de 2022

Que largo se hizo sin que calentara el sol

El natural es en si la esencia del toreo, pero cuando no se puedo, no se puede y además hay que tirar de otros recursos

Al contrario de lo que ustedes crean, que en los toros primero te da el sol y luego la sombra, hay sitios en la plaza en que la cosa es al revés, y si la tarde es de viento constante, se hace dura la espera hasta que el sol asoma por los tejados. Que podría animarse la cosa si en el ruedo hubiera algo que echarse a la boca. Que tampoco estamos pidiendo la cuadratura del círculo, que nos valen con toros, si no con casta, con genio, y con toreros, sino geniales, con algo más que el dar derechazos, naturales y luego otra de derechazos y naturales y más derechazos y más naturales. Que a veces resulta que salen toros que tienen únicamente su interés en las posibles dificultades, más el añadido de que no son los del monoencaste del que tanto reniegan muchos, pero les sale otra cosa diferente y o se comportan como los juanpes o no nos vale nada. Y que nadie piense que voy a sacar la cara por lo de Valdefresno, porque para locuras ya están otros, pero lo que no eran era lo del encaste al uso, ni de presencia, ni de comportamiento. Que si esa variedad de encastes solo la queremos para los cárdenos y los Cuadri, pues tomamos nota y ya está.

Le salió el primero de Valdefresno a Juanito, el confirmante, que no podía disimular su desgana con el capote y las vueltas que dio hasta que se decidió con la muleta, retorcido, muy moderno, con los mismos defectos que todos, largando trapazos a un toro que aguantó muy poquito el tipo, para ponerse a entrar a las telas como un mulo, pero el luso iba a lo suyo, llegando a citar casi de culo. Ya en el sexto solo era capaz de bailar delante del animal, para acabar echándole el capote a la cara. Un toro abanto al que no fue capaz de sujetar. Peleó con ímpetu en el caballo, pero básicamente solo con el pitón izquierdo. Volvió Juanito dispuesto a cerrar tarde tan especial para él, pero aparte de correr, poco más. Primero en las proximidades de toriles, un desarme y el Valdefresno tirando algún que otro arreón, a lo que respondía con pico y trallazos que en nada ayudaban a arreglar la situación, más bien lo contrario. Una sarta de trapazos, sin dejar atisbar adónde quería llegar, si a dominar al animal o llegar a la centena de trapazos. De postre dos avisos, un mitin con el verduguillo y viendo sobrevolar los cuervos del tercer toque de clarín.

Cerraba Daniel Luque su presencia en la feria de este año, de la que no creo que se vaya a sentir muy satisfecho. Recibió a su primero con capotazos de trámite, si bien es verdad que molestado por el viento, que durante toda la tarde ha sido un obstáculo permanente que añadir a las complicaciones de la lidia. El Valdefresno acudía al caballo al paso, sin que se le picara apenas y deambulando por el ruedo como un mulo en busca de carro. En banderillas echaba la cara arriba, lo que desarrolló durante la faena de muleta, sin que Luque opusiera otra medida que intentar el derechazo y natural. Se la tocaba demasiado, lo que aún agravaba el defecto de derrotar arriba. En el cuarto, de nuevo inédito con el capote, el toro suelto y suelto se fue al caballo, para simplemente cumplir y marcharse del peto. En banderillas apretó mucho a Juan Contreras y Alberto Zayas, que tuvieron que notar como el pitón les llegaba a los alamares. Corretón, le tomó en el comienzo del trasteo por la izquierda, enganchones por un lado y derrotes por el otro. Luque le peleó algunos muletazos a un toro que quería coger el trapo que le ofrecían de nuevo para lo de siempre, cuando quizá le hubiera venido mejor el que le mandaran y frenaran aquellos ímpetus incómodos, pero a lo más que llegó el sevillano fue a tirar el palo e intentar ese numerito tan suyo de muletazos invertidos con las dos manos.

Única actuación de José Garrido en la feria, que la verdad que no ha sabido aprovechar. Inédito con el capote en el tercero, permitiendo que deambulara suelto por el ruedo, enterándose demasiado y poniéndose cada vez más peligroso, llegando a la muleta queriéndose ir al segundo muletazo buscando las tablas. Garrido solo era capaz de querer dar muletazos al uso, muy en línea y largando tela, sin rematar, muy insistente, sin poder al toro, para terminar con manoletinas al tiempo que le avisaban desde el palco. Entera trasera y tendida y a la salida el toro hizo hilo con él y tuvo que pegarse una buena carrera de lado a lado, para evitar la cogida. Al quinto le instrumentó unas verónicas esperanzadoras, pero todo se quedó ahí. Luego un quite por chicuelinas, teniendo que correr él lo que el toro no se desplazaba. Con la muleta empezó cerca de toriles primero, luego más allá del tercio en terrenos menos complicados, pero sin parar de correr, evidenciando su falta de mando, dando la sensación de quedarse a merced del toro. Un paso muy gris de un torero en el que hubo gente que confió. Y el viento que molestaba a los toreros hacía lamentarse al respetable por no haber cogido algo más que una rebequita y con ese frío venteño, en tarde de pocas emociones, la verdad, que largo se hizo sin que calentara el sol.

 

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