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jueves, 16 de marzo de 2017

José Mari homenajeado en la gala anual del PACMA


La Vane, el retonnnno




De nuestra corresponsal, “La Vane”



Tía, ha sido guay, guay, unos señores, muy majos y muy amables ellos, le han dado un homenaje a José Mari, por lo bueno que es y el buen corazón que tiene. No te imaginas, tía, la movida tan chula y tan gorda. Un montón de peña muy, no sé cómo decirte, muy así, muy ellos, ¿sabes? Pero muy guays, todo muy guay. Tan guay, tan guay, que decían que no les gustan los toros y le daban un homenaje a José Mari, incluso, mira qué buena gente, que le nombraron socio de honor de aquello, no sé, debía ser un club de algo chulo, de excursionistas o algo así, que hasta acudieron con sus mascotas y todo. Uno llevaba una serpiente pitón enrollada al cuello, otro iba acompañado de la vaca Manolita, que vive en su casa con él; una señora iba con una familia entera de perritos, quince, y diecisiete gatos, también todos familia, pero familia entre ellos, no de los perros, que no te enteras, tía; que pena que a última hora no pudo estar un señor que siempre iba con un león, pero que según parece, a última hora se indispuso, bueno, mejor dicho, le indispuso el león, que no quería tomarse su brócoli. ¡Qué barbaridad! Con las vitaminas que tiene y lo que ayuda al tránsito intestinal, pero no y además lo pagó el pobre señor, que se perdió la fiesta a José Mari.



Tía, no sabes qué emocionante cuando apareció José Mari y la gente empezó a gritarle ¡Arrojado! ¡ Arrojado! ¡ Arrojado! Que la verdad, yo le veo más bien apocadito, no sé qué le vieron para pensar que era un “echao pa’lante”, todo lo contrario. Pero yo creo que eso era para darle ánimos, porque allí me enteré que parece que se va a la mili, ¿no la habían quitado ya? Y todos a coro ¡Fusilero! ¡Fusilero! ¡Fusilero! Que eso es que se va a la Infantería de Marina, que me lo contó mi vecino, que hizo la mili en Canarias, porque hablaba de La Isla, aunque las Canarias no están cerquita de Cádiz, ¿no? Pero bueno, que la banda no paraba de gritarle esas cosas y José Mari emocionadísimo, pero lo mejor de todo fue cuando le fueron a entregar un recuerdo de aquel día y no sabes quién salió a dárselo. ¡No te imaginas tía! Sebastián Castella. Bueno, bueno, aquello era un no parar, que hasta se volcaban los centros de puerros y rábanos que había en las mesas y tanta era la alegría, que la gente se los comía. Y yo que pensaba que eran para la vaca Manolita.



Luego habló José Mari, aunque yo no entendí muy bien lo que quería decir. Empezó diciendo que respetaba y obedecía la educación taurina que recibió de chiquitín y ahí, como si fuera en los USA, la masa se puso a pitar, a pegar silbidos así como muy fuertes, tía. ¡Fiuuuu, fiuuu! Y cuando dijo que por eso se sentó en el estribo en Illescas, que me enteré de que es un pueblo, otra vez empezaron ¡Fusilero! ¡Fusilero! ¡Fusilero! Qué majos, a pesar de que se sentara, estaría cansado, ellos le seguían animando, tía. Para que luego digan muchos que José Mari solo es un cuerpo y una cara bonita, por no hablar del bullate que tiene, tía. Para que vean, unos señores sí le saben reconocer su valor y le gritan enloquecidos ¡ Arrojado! ¡ Arrojado! ¡ Arrojado! Y son los primeros que se enteran de que se va a hacer soldao y le aclaman ¡Fusilero! ¡Fusilero! ¡Fusilero! Tía, que yo me emocioné. Se emocionó hasta Sebas Castella, que se abrazó a él así como con muchas ganas. Yo creo que con un poquitín de envidia, porque él no es tan valiente como para que se lo coreen, ni se va a hacer soldao. ¿Te imaginas a José Mari con ese uniforme tan chulo, con sus rayas rojas en los pantacas, aunque igual le dejan ponérselas de azul Mediterráneo y espuma de mar, y es que le sienta tan bien ese color.



Luego yo me pensaba que nos iban a dar de comer, al menos unos pinchitos, unas tapitas de callos, su jamoncito y esas cosas, pero, tía, ni unas gambitas, ahí se me pusieron bordes y me decían que me comiera los rábanos; sí, hombre, si les parece me como una cosa de esas de los vegetarianos, un filete de tofu o como se diga. Qué majos y cariñosos con José Mari, lo máximo, que hasta le propusieron ponerle en unas listas del club o lo que fuera, el PACMA, pero de catering, mal, tía mal. Pero a pesar de todo, yo me quedo con esto: José Mari homenajeado en la gala anual del PACMA.

domingo, 2 de noviembre de 2014

José María Manzanares como referente del toreo

Dos matadores de toros que se han ido para torear en el ruedo de los cielos.


De nuevo la muerte ha vuelto a sorprender y como si quisiera demostrar su arrogancia, su poder y hacernos sentir que no somos nada, elige caprichosamente a sus víctimas sin tan siquiera tener la delicadeza de avisar, aunque esto tampoco sería consuelo para nadie; siempre llega en mal momento e inexorablemente recluta otro espíritu para la otra vida. de repente decidió que los marcados serían José María Manzanares y El Hencho, uno de Alicante, rebosante de fama, y el otro cordobés, un torero de esos que aparecían en los veranos venteños, cuando con los calores de julio y agosto salía el toro que ponía a prueba el ánimo de toreros y aficionados. Eran los tiempos en los que la canícula sacaba a flote la honestidad, la honradez y el querer ser de los que se vestían de luces, toreros entre los que figuraba El Hencho, por supuesto.

Pero ya se sabe cómo se mueven las cosas en este mundo y más en el de los toros y quién se ha llevado todos los comentarios y publicaciones ha sido Manzanares, un torero que transitó a lo largo de su carrera con rumbo poco predecible. Figura indiscutible, maestro de toreros, aclamado en muchas plazas, como la de Sevilla, considerado un modelo estético, pero que en otras, como la de Madrid, pasó más de diez años, creo que fueron trece, sin tan siquiera dar una vuelta al ruedo. Se decía que le tenían manía; bueno, hay opiniones para todo, de la misma forma que rompió la racha con un triunfo más que discutible. No es momento para juzgar a un ser que se acaba de marchar o al menos no creo que haya que recrearse en ciertas circunstancias que ya no aportan nada.

Personalmente tengo la sensación de que pudo haber sido mucho más de lo que fue y haberse convertido en una figura rotunda y sin fisuras, pues tal era lo que apuntaba en sus comienzos de novillero cuando asombraba con su toreo allá dónde actuaba; pero después decidió encaminarse por una senda quizá más rentable y efectista que lo que supone el camino de la verdad y aunque se apartara del aficionado, la verdad es que caló hondo en el público y entre los taurinos. Se convirtió en referente indiscutible de toreros que hoy manejan la fiesta y que vieron en él el espejo en que mirarse, dentro y fuera del ruedo, Ponce, Perera, El Juli, y, por supuesto, su hijo, aparte de muchos más. Toreros y aficionados que se aplicaban al pie de la letra sus conceptos taurinos que aparecen muy bien expuestos en un vídeo en el que más parecía justificar sus formas ante los críticos, que desgranar sus fundamentos. Ya sería porque no fue un exquisito del capote o porque no figurara este entre sus preferencias, basó su tauromaquia en el último tercio y siempre en la forma de dar pases, con poca atención a la lidia de toros de todo tipo. Y siempre con esa estética propia y esa personalidad de la que carecen en este momento la inmensa  mayoría de los que se visten de luces. Un toreo que parecía por momentos más crispado que natural. Choca ver esa mano izquierda con extrema tensión, en contraposición a otros matadores en que esta asoma relajada y entregada al toreo.

Dejemos de lado las disputas y oscuros sucesos que le enredaron con las voces discrepantes, porque, ¿hay alguien perfecto? Por supuesto que no. De la misma forma que los hay que pretenden ser aficionados a los toros y que no le consideran entre sus preferidos, lo que no quiere decir que no se le respetara, como a todos los que portan añadido, pero sin esa admiración que se le profesa a los que una tarde nos arrebataron el alma con verónicas y naturales. Quizá fuese a partir de aquella faena de dos orejas a un toro castaño de Manolo González, a finales de los 70, cuando una mirada privilegiada me mostró la diferencia entre dar pases y el toreo verdadero, el mismo que me enseñó el respeto debido a todos los toreros, pues se ponen delante del toro y eso es mucho, lo que no está reñido con que se puedan tener preferencias y gustos por un tipo de toreros esos que te levantan del asiento, o incluso por un tipo de toro, ese que hace que se admire profundamente al hombre que puede con él y además hace arte, arte de verdad. Este señor que me metió muy dentro que fuera de la plaza los toreos ya no están sometidos al juicio del aficionado y que hay que valorarlos como personas que son y que ya sean de tu agrado o no, cuando se van  siempre dejan un hueco y una pena imposible de cubrir. Por eso solo puedo decir que siento la muerte de José María Manzanares y El Hencho y que desde esta grada solo puedo acompañar en el sentimiento a esos familiares que nunca podrán olvidar a los que se les fueron para siempre.


José María Manzanares, El Hencho, Descansen en Paz.

martes, 16 de abril de 2013

A Manzanares se le ha faltado al respeto gravemente

Nos achucha un toro un poco y ya hemos perdido los papeles


Cuánta expectación había por la encerrona del Niño Manzanares, todo estaba dispuesto para encumbrar al joven torero alicantino, al que muchos habían coronado como rey del toreo, del presente, del pasado y del que tenga que venir. Un torero que arrebata por su donosura, por sus maneras, por la forma de componer y por ese mimo con que trata a los animales, como nadie podría imaginar. Qué afortunados somos de ser contemporáneos de semejante fenómeno. Un reconocimiento casi unánime de su hegemonía, exceptuando unos cuantos disidentes a los que no acaba de llenar el ojo. Y para rubricar las palabras de la afición que le sigue, decide encerrarse en Sevilla, en su plaza, con seis toros para él solito, seis toros elegidos para la ocasión, entre los que incluye el aliciente de meter a uno de Victorino Martín.

Pero la cosa no salió como se esperaba, dos orejas al último toro de la tarde, benévolas según muchos, incluidos los más fieles y al haber demostrado muchas carencias en el de Victorino Domecq Martín, aparte de las pintas anovilladas de alguno más de los que salieron por esa imponente puerta de toriles que es la de la Plaza del Baratillo. Y anda que han tardado sus detractores en sacudirle la badana, no había caído el sexto y ya se calificaba aquello como un fracaso. Otros mostraban su decepción, al comprobar y tener que reconocer que su torero fracasó, mostrando además demasiadas carencias. Aunque siempre están los cegados por el amor y que se agarran a que esos toros no se ajustaban a su forma de hacer; él necesita otro tipo de toro, ese que pone lo que le falta al torero. Si el espada no manda, se manda él, si no domina, se domina él, si no templa, se templa y hasta si es necesario, si el de luces no torea, se torea él. Pero de los seis tan minuciosamente elegidos, parece que solo se prestó a colaborar el último, un novillo según las crónicas, del que le dieron las dos orejas, aunque parece que con cierta benevolencia.

Pues bien, yo creo y lo pienso con toda la sinceridad del mundo, que se ha faltado gravemente al respeto al Niño Manzanares. ¡Caray! Dirán algunos, este también nos sale con lo del respeto. Pues sí y añado que tampoco se le ha tratado con justicia, más bien todo lo contrario. Son muy pocos, un escaso número de aficionados, los que le han tratado como debe y como se merece. Llevamos años escuchando que José María Manzanares es un torero único, de una vez, sin macula, casi perfecto. ¡Por Dios!, ni el mismísimo Gallito. Y daba lo mismo que fueran los seguidores a distancia, que a lo mejor no le han visto jamás en la plaza, que los más próximos, pasando por toda esa corte de plumillas y voceadores de radio y televisión. Todo resultaba el ideal de la tauromaquia, dominador de todos los toros nacidos de vaca y artista tocado por las nueve musas, y las de reserva, y nadie echaba cuentas de eso de “Quién bien te quiere, te hará llorar”.

A José María Manzanares se le ha tratado como un estúpido, un débil al que había que mantener ajeno a la realidad, perfecto y que sólo era criticado por los necios, envidiosos y seres dañinos que le querían perjudicar. ¡Qué barbaridad! Lo fácil que lo tendría para caer sobre él y ponerle de inútil para arriba, pero como ocurre con los niños maleducados, la culpa es de los padres, y aquí esta función la han desempeñado esa patrulla de caraduras que han buscado el beneficio rápido, sin importarles que en algún momento el torero se encontrara con una dificultad no prevista. ¿Dónde están ahora toda esa panda? Seguro que también se callarán el que un novillo de Victorino le trajera por la calle de la amargura, a él y a esa “excepcional” cuadrilla que tan bien brega con los Garcigrandes, Núñez del Cuvillo y demás ganaderías de cámara de las figuras. Creo que al que empieza, al que no sabe o al que le falta por aprender hay que enseñarle y no meterle en una burbuja de mentiras. Eso sí, si en los malos momentos estos protectores están prestos a salir en su auxilio, como los papás que les hacen los deberes a los niños y que estarán siempre a su lado incluso cuando tenga la criatura 40 años y tenga que trasplantarle el corazón a un señor más pa’llá que pa’cá. ¿Es eso respeto y confianza?

No se puede estar protegiendo a los hijos toda la vida, ni en todo momento. Ha bastado echar a José María Manzanares un toro que no es de procedencia Domecq, para que pierda los papeles y muestre unas alarmantes carencias. Pero ahí salen corriendo los protectores mal entendidos, con argumentos tan rebuscados como incoherentes y faltos de fundamento que quieren creer al torero que está en la cúspide, no sé si para bien del que expone o de ellos mismos, para continuar “aprovechando el momento”. Que si ese toro no es para él, que si no es su estilo, que no colaboraba y yo qué sé cuánta memez más. Si se oyeran, si les escuchara un aficionado de antes; igual les preguntaba que cuántos años tiene el niño, que si 5 o 6, para después echarse las manos a la cabeza al pensar que un matador de toros no es capaz de poder a un novillo con cierto picante, ni a los que no se adaptan a las condiciones de su toreo. ¿Pero la cosa no era al revés? Pues ya ven. Y estos desahogados nos exigen a los demás respeto. ¿Respeto? Pues que sepan que en el pasado, en el presente y seguro que en el futuro, estos palmeros son los culpables de que “a Manzanares le ha faltado al respeto gravemente”.

viernes, 6 de enero de 2012

Manzanares hijo, el artista del futuro


En multitud de ocasiones escucho estas palabras para referirse al Niño de Manzanares y lo siento, por más que me esfuerzo, mi capacidad taurina no me da para tanto. Los más sabios dicen que es un buen aficionado aquel que más toreros le caben en la cabeza. Pues bien, yo soy muy mal aficionado o mejor dicho, perdón, soy un mal aspirante a aficionado. Pocos habrá con tantas ganas como yo de querer ser agradado por un torero, sea cual sea su nombre. En su día lo intenté muchas tardes con Dámaso González o Espartaco, no lo logré, y ahora entre otros muchos, está José María.
Oigo como gente con conocimientos de sobra sobre el toro y el toreo, hablan del arte y gusto de este torero, pero yo le miro, le vuelvo a mirar y nada, que no. Pero me voy a explicar lo que me echa para atrás. Yo entiendo que el toreo es llevar al toro enganchado a la muleta, tirar de él y dirigirle el viaje con las telas y con una poderosa y frágil muñeca. Que corra y se mueva el toro y no el torero recolocándose a cada pase. Me gusta ver como se pasan el toro por la faja, mientras éste va embebido en las telas, me gusta ver como el torero se rompe al rematar el pase y siempre cargando la suerte. Y con el capote, aparte de la variedad, me emociona ver cuando plantan la pierna contraria y ésta se convierte en el eje del lance, sin haber un previo paso atrás que desluce lo más lucido. Y por favor, cuando haya un indulto, que se simule la suerte de matar con una banderilla y que así nos eviten ese horroroso, irreverente e irrespetuoso palmetazo en el morrillo.
Pues a José María Manzanares yo no le he visto hacer esto nunca, al menos en la plaza de Madrid, donde no faltan los que levantan la voz para proclamar su arte y su toreo majestuoso más propio de querubines celestiales, que de simples mortales. Y que conste que aquí no incluyo los gritos de ¡guapo, guapo! que a menudo se escuchan entre serie y serie. Seguro que mi paladar no está preparado para el arte del alicantino y donde otros ven grandeza yo me quedo en lo accesorio. ¿Y qué es lo accesorio? Pues para mi es ese toreo distante y ventajista, que empieza mal encarrilado desde el momento en que se dispone a citar. En el cite no duda en adelantar el pico de la muleta, mientras, haciendo un arco con el cuerpo, alarga el brazo y troncha la cintura. Cuando el toro inicia la arrancada no duda en meterle el pico entre los dos pitones, haciéndole pasar a gran distancia de su cuerpo, dejando espacio suficiente para que entre ambos pase el expresso de Cádiz, con vía de ida y de vuelta. El trazo del pase es en línea recta, por supuesto, y el remate se reduce a un esfuerzo más en el retorcimieno del cuerpo, pareciendo que remata atrás, algo que sería una honrosa excepción, pero que en verdad solo es vaciar la embestida delante de la cadera. Esto puede alargarse con un circular que acaba retirando la muleta del hocico del toro violentamente y nunca jugando la muñeca, o con una carrerita para recolocarse y remediar lo que no ha sido capaz de hacer con el trapo.
Habrá quien diga que esto no es tan malo como a mi me parece, que hubo una vez que remató un pase, que no lo niego, pero yo no lo he visto. Y bien que lo siento. Pero por esto le dieron una tarde dos orejas en Madrid, la que se supone que es la plaza más seria del mundo y le indultaron un toro en Sevilla, el lugar donde algunos afirman que más sensibilidad se tiene para el arte. Nunca le había dedicado una entrada exclusivamente a Manzanares, pero es que desde hace pocos días ya he escuchado en repetidas ocasiones que Manzanares es un maestro sin discusión. Que no digo yo que no. Lo que pasa es que yo no lo he visto y en los días que me cuentan que se salió del mapa, yo solo vi lo que he descrito.
No quiero entrar en otras consideraciones sobre su repentina ausencia de los carteles o su inexplicable inclusión en otros. Bastante tenemos con los nombres de las ganaderías que preceden al de José Mari Manzanares en los carteles de todas las plazas. Gracias a él, como a otras figuras del “jediez” tenemos que agradecer la presencia en plazas como la de Las Ventas, de hierros como Juan Pedro, Zalduendo, Garcigrande, Cuvillo y tantos más que pueden pasar por cualquier cosa, menos por un toro de lidia. De momento tendré que seguir esperando para ver en Manzanares hijo, al artista del futuro.

lunes, 2 de mayo de 2011

Un acontecimiento histórico


Pepe Luis, el de Sevilla.



Hay muchos momentos al que se le otorga este calificativo. En unos casos los encargados son los historiadores, en otros los medios de comunicación y en otros el tiempo, que es el que realmente hace que un hecho y sus consecuencias prevalezcan por los siglos de los siglos. De la misma forma, también existe la tendencia de pretender que todo acontecimiento histórico es un hecho positivo y de provecho para la humanidad, para las artes, el pensamiento o para el día a día del ciudadano.


Acontecimientos históricos fueron la caída del Muro, el 11S, el vuelo de los hermanos Wright, el cine, las vacunas, la penicilina, la tragedia de los Romannov, Octubre de 1917, el asesinato de Dallas, Woodstock, el atentado de Sarajevo, la Constitución del 78, el 23 F, el Hombre en la Luna, un montón de sucesos decisivos en la historia para unos u otros, incluso hasta el Doblete del Aleti en el 96. La lista puede ser interminable y a cada uno se le ocurrirían unos hechos determinados. Y muchos son los que ya han grabado con letras de oro el indulto de Sevilla, que no sé si denominar el indulto de Manzanares, el indulto de Núñez del Cuvillo o incluso el indulto de Arrojado.


El hecho es que la gran mayoría de crítica y público está encantado y no le importa declarar al matador, que no lo fue, que al final no podía matarlo; le debió coger cariño. Igual esperaba que se lo empaquetaran para regalo y llevárselo a la Explanada de España en Alicante y pasearlo entre el alborozo de los transeúntes. Lo malo sería cuando lo quisieran cruzar con un gran danés o una perrita pequinesa.


Ahora mismo ignoro la trascendencia del indulto y lo que vendrá detrás. Unos lo verán como el inicio de una nueva era y otros como el principio del fin. Ya digo que no sé en qué va a quedar todo esto. Lo que sí tengo claro es lo que he visto, oído y leído. Lo que he visto no me ha gustado, para que voy a decir otra cosa, sería engañarme. Puede que esto sirva para que alguien decida definitivamente dejar Toros Grada Seis de lado, pero, ¿qué le voy a hacer? Lo que no puedo es traicionarme a mí y a lo que me enseñaron. Que no digo yo que lo haya aprendido, pero por lo menos sé lo que me llega y lo que no, y la faena de Manzanares no me llegó. No le quito sus valores, como el temple y la casi perfecta forma de componer la figura, pero… No me disgustó toreando con la mano derecha, poniendo la muleta más recta que nunca, pero al natural ya era usar el pico como una zanahoria con el pobre torillo. Y esa concatenación de redondos que me dicen muy poco. Pero lo que me supera es ese vicio de esconder la pierna de salida, incluso exagerando el gesto, como si dijera “¿Ustedes han visto?” Pero si la gente se vuelve loca, pues adelante faroles y vamos a seguir tirando de vicio hasta que se entere el de la última fila de la plaza. Tan claro vio la locura José Mari que debió pensar que : ¿Para qué entrar a matar, para cagarla? Pues nada, se le pide permiso al usía, se le hace ver que aquello no se podía emborronar y como la gente es solidaria, pues a pedir indultos. ¿Que es Sevilla? Como si es el Aconcagua.


De lo leído hay de todo, unos que han extendido la locura sobre el papel, otros que simplemente se han limitado a exponer unos hechos y algún bloguero que se ha atrevido a decir que aquello no es lo que nos quieren hacer creer. Parece como si el acontecimiento hubiera sido la construcción de un muro muy alto, detrás del cual pretenden esconder a esa minoría disidente. Serán, seremos, unos herejes, pero no pueden mandar en nuestras sensaciones o en nuestra sinceridad, equivocada o no, pero sinceridad, porque no me cabe en la cabeza que tanto buen aficionado esté tan encantado con aquello que se vio el otro día en el Baratillo, no me lo creo. Pero me asombra las energías que han derrochado para atacar a los disconformes, casi más de la que han empleado para enaltecer al de Núñez del Cuvillo, desplegando un loable ejercicio de retórica laudatoria taurina para convencernos de lo que no se creen ni ellos; pero primero había que eliminar cualquier opinión contraria o cualquier atisbo de ello. Pues esto tampoco lo han conseguido.


Pero tanto indulto y tanto acontecimiento y casi no se habla del toro. Es como si se hubieran intercambiado los papeles. Ahora, desde hace tiempo, el indulto de un toro es mérito casi exclusivo del matador, del matador y del nivel del vocerío de los espectadores. Si empezamos por la presencia del animalito, pues no sé, no sé, será que a mi me gustan los elefantes con cuernos y que además no se mueven, con más de 700 kilos y unos cuernos como los de las películas del oeste. Sobre su comportamiento, pues lo del caballo no parece que sea para mandarle al Campo otra vez, sobre todo porque no se le pudo ver en una tercera vara. Y la forma de embestir, pues muy propia de los encastes modernos, una embestida seguidista, que va detrás de la zanahoria como un niño detrás de un sonajero, pero sin ningún afán atacante. O por lo menos eso es lo que me parece a mí.

Pero bueno, creo que hay acontecimientos con más enjundia que el dichoso indulto, hoy especialmente, que no sé si tendrá continuación en Madrid dentro de ya pocos días, bien en forma de salidas a cuestas, que no a hombros, de ese rabo que muchos vaticinan como la llegada del Mesías o vaya a saber usted de qué manera. De todas formas, quiero aprovechar para agradecer a todos los que me han leído hasta hoy su fidelidad hasta el momento y que si deciden que esta es la última visita a esta grada del seis, pues que lo siento, pero que lo primero va antes y lo que va antes es estar en paz con uno mismo; que para algunos tiene que ser realmente complicado.