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| ¡Viva Vulgaria! |
Corrida Extraordinaria de la Benficencia, con asistencia del
Jefe del Estado o del suplente que este considere que vaya, que antes reunía en
un mismo cartel a los triunfadores de San isidro de ese año y que ahora ya se
cierra en diciembre o enero, de acuerdo a los caprichos de la empresa, con el
beneplácito de la Comunidad de Madrid. Y este año nos han regalo regalado un
cartel de verdadero lujo, con la presencia de los reyes de Vulgaria,
acompañados de su corte de palafreneros, palmeros, voceros, guardia pretoriana
y seis elegidos ejemplares de su zoológico de perversidades y degeneraciones
taurinas. O lo que es lo mismo, Julián López, alias “El Juli”, y Miguel Ángel
Perera, con seis de don Victoriano del Río Corporated, que no Limited, porque
no hay manera de que se le agote esa factoría de desechos taurinos, y en caso
de escasez, los Toros de Cortés. Pero ya estamos, siempre hay quien no está
conforme con tantos esfuerzos para poder arrejuntar un mismo día a El Juli y
Perera, los reyes de Vulgaria, algo que se empeñan en recordar a la
concurrencia en cuanto tienen ocasión, obsequiándonos con los productos típicos
de su reino, el destoreo, el trapazo destempaldo y ventajista, el poner la
muleta torcida, pasarse el toro a una distancia mucho más remota de lo
aconsejable y de lo decoroso, siempre con ganado propicio bien seleccionado por ellos y eso
tan suyo de ausentarse durante las lidias de estos animalitos tocados por el
dedo de sus majestades. Dirán que todo esto no sea justo, pero solo dejo un
detalle y es que cuando la ente se les rebela, cuando les protestan y se ponen
levantiscos, como castigo utilizan su propio toreo, alargando las faenas
innecesariamente. Eso sí que es saber lo que uno tiene en casa. El castigo
impuesto por ellos mismos es su propia vulgaridad. Apaga y vámonos.
Para no empezar con sobresaltos, de primeras salió la
sardina Venancia, un bonito ejemplar recién sacado de una lata de conservas,
escurrida ella, a la que tapaban un poco los pitones. Julián I de Vulgaria le
recibió con sus mantazos de compromiso, para inmediatamente desentenderse de
aquello. Primera vara al relance, picotazo y el toro, si me permiten la
expresión, se marcha echando pestes. En la segunda le dejaron por allí tirado.
Muy bien simulado el que picaban, cuando solo le aguantaban el palo apoyado en
el lomo. Recibido por el monarca por abajo, ya asomando el pico de la muleta,
que tanto protagonismo tendría a lo largo de la tarde. Por el pitón derecho o
por el izquierdo, todo se reduce a lo mismo, toreo distante en línea recta,
rematando delante de la cadera, retorcido, sin someter jamás, siempre desde la
pala del pitón y alargaaaaaango la faena como castigo a los disconformes. Media
estocada trasera.
El tercero, el segundo suyo, ya tenía más apariencia de
toro, lo que no quiere decir que lo fuera, que las apariencias engañan.
Mantazos con el pasito atrás, que ya es mala pata el no calcular nunca o no
saber manejar al toro con el juego de los brazos, para dejarle suelto a su
antojo. Cabecea en el peto y se marcha; en la siguiente vara en la que fue al
relance, le cogieron trasero, cabeceaba el peto, le tapan la salida y solo le
aguantan el palo, pero en cuanto vio el campo libre se fue suelto. Aún el toro
volvió a una tercera vez al caballo por su cuenta, mientras que el Juli andaba
por allí, a sus cosas, igual estaba esperando el momento de fijar al de don
Victoriano ya de una vez. Quite por... quite y el toro acaba refugiándose en
tablas. Latigazos en los primeros muletazos, aunque hasta llegó a dar la
impresión de que en alguno de ellos llevó al toro toreado. Sin parar quieto,
derechazos con mucho enganchón, carreras, lo mismo por uno que por otro pitón,
haciéndose el tour de Francia detrás del animal por todo el ruedo. Protestas de
los sublevados extremistas. Pues hala, como castigo, a alargar la faena sin
motivo, ¿qué mayor castigo que una dosis extra de vulgaridad”. Pa’que sepan
quien manda aquí.
A su último toro en Madrid hasta el año que viene, porque no
le veo yo al Juli apuntándose a la del 15 de agosto, se destapó con mantazos
más para quitar la polilla de los capotes, que para fijar y meter al toro en
los engaños y enseñarle a desplazarse lejos y con temple. Sin ponerlo en suerte
le propinan un picotazo y sale espantado; en la segunda vara, en la que sí que
le colocaron debidamente, antes de irse se dedicó a cabecear con descaro al
notar el palo. Vuelve, el picador se agarra con él, le tapa la salida y le pica
algo más. En banderillas iba con la cara alta, sin amago de humillar. Trapazos
por ambos pitones, para volver a lo de siempre, pases y pases abusando del
pico, teniendo que recolocarse a cada pase, estirando mucho el brazo, ya con no
demasiadas ganas, rondando al toro, que por otra parte iba a la muleta como el
que va por un paso a nivel. Otro sablazo yéndose de la suerte y aprovechando su
carrera hacia la izquierda para clavar el acero.
Perera II de Vulgaria, el que le disputa el trono de la
vulgaridad a Julián I, y además con méritos contundentes sobre la mesa, también
se encontró de primeras con una bella cabra de don Victoriano del Río. ¿De
dónde sacaría el ganadero la corrida de hace unos días? Será cosa de la
casualidad. A lo que íbamos, salió la chiva frenándose, mantazos sin fuste,
para dejar al animalito a su aire por el ruedo, para llegar al picador reserva
primero, y pillar al de tanda cuando andaba por el dos. A picotazo por
castoreño, para que el toro continuara su gira, La lidia se convierte en un
auténtico despropósito, a lo que colabora con empeño el matador, que considera
que en esas dos refriegas ya se ha picado al toro y mira como pidiendo el
cambio. ¿Qué sentido de la lidia y el toreo tiene este hombre? Pero ya a
contraquerencia, a la chiva le señalan el puyazo, tapándole la salida y entre
cabezazos al peto del animalejo dolorido. Carreras y más carreras por el ruedo,
un segundo tercio demencial y sin dejarnos respirar nos metemos en los trapazos
al aire del comienzo de la faena de muleta, para que el toro se marche de
nuevo. Podría hacer un corta y pega de cualquiera de las faenas de otros días,
de otras ferias, de otros año o simplemente de las del Juli. Toreo muy
distante, muchísimo pico, el toro suelto y pases aquí y allá, sin parar quieto
un segundo el torero. Se empieza a quedar el chivo, pero Perera sigue y sigue,
carreritas, pases en línea recta, enganchones, aprovechando el viaje del toro
que pasaba por allí. Pinchazo y media en los bajos más profundos.
El cuarto, un torazo con demasiado peso y que cualquiera
podría confundir con un buey. Mantazos y enganchones y es que parece que don
Miguel Ángel no anda demasiado suelto con el capote. Llega el toro al paso al
caballo, picotazo escaso y se marcha pidiendo auxilio. Llega al de puerta y
nota el hierro y, ¡hala! En la segunda vara, la suerte del “arrime el piano a
la silla”, yendo el caballo al toro, que no al revés. Puyazo trasero, solo
señalado, echando el toro la cara arriba. Mientras el toro se entretiene en
escarbar, Julián I y Perera II se
enzarzan en un encarnizado duelo de quites con el capote. Julián por chicuelinas,
Perera por gaoneras, dejando al toro una eternidad en toriles, hasta que se
decide, aunque hay que valorar dos cosas, la primera que se eche el capote a la
espalda dando un lance y la segunda el que no se conviertan en una sucesión de
trallazos desacompasados a base de tirones. Perera pierde el duelo por ser el
rey de la vulgaridad, aunque gana en el de al menos intentar el toreo. Lo uno
por lo otro. Banderazos a una mano, le dasarma, para seguir con con tandas de
derechazos con pico, pico, pico y muchos más pico. Dos naturales y el toro se
le viene, más intentos y según sale del pase, el toro escapa, apuntando hacia
toriles. Entera saliéndose muchísimo de la suerte y según los más agudos de
vista, hasta cantaron a la guardia real de Perera II.
El último de su feria, de la de Perera II, un sobrero de
Montalvo, por estar averiado el de don Victoriano. Sin fijar al toro, le dejan
suelto, mucho capotazo, aunque mostrando alguna buena condición por el pitón
derecho. Puyazo sin castigo ninguno, en terrenos del nueve, desde muy cerca.
Dubitativo, lo tira al caballo para la segunda vara, perdón, picotazo,
ofreciendo pelea el animal, pero cuando no siente el palo. Tiene que irse a
toriles para sacarlo de allí con la muleta. Pases echándoselo fuera y la misma
historia de siempre. Todo con la mano derecha, mucho trallazo, pasa a la mano
izquierda y el mismo panorama. Ya parado el animalito, entra al engaño como un
mulo. Trapazos por los dos lados y estocada entera a capón. Se reúnen el King
de los Whopper, el rey del Pollo Frito, el Rey de Bastos, del de Copas con la
sota y todo, el Rey León, El Rey y yo, El Rey de las Madalenas y toda la
Hartistocracia más harta del Mundo Mundial y al final no se aclara nada, Julián
I Perera II, desparramando su vulgaridad a destajo para alzarse con el título
como más vulgar entre los vulgares, tendrán que seguir compartiendo trono y
convivir en buena armonía como los reyes de Vulgaria.
