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lunes, 6 de octubre de 2014

Mientras Urdiales toreaba, Serafín tiraba el palo

Mientras Urdiales toreaba...


Esta tauromaquia moderna tiene cosas que difícilmente pueden compaginarse con el Toreo clásico y que están solo al alcance de ciertas mentes privilegiadas, a los que les da igual ocho que ochenta, Juana que su hermana o a Urdiales que a serafín Marín; total, si los dos llevan medias rosas, más o menos tirando a fucsia, pero rositas al fin. Esto quizá nos lo podría aclarar Uceda leal, que andaba por allí cerquita de ambos. Anda que no estaba interesado por el verdadero tono rosa, que ni caso hizo a sus dos Adolfos, lo que él quería era aclarar quien las llevaba más fucsias, con cs. Igual también tendría algo que decir don Adolfo Martín, pero en este momento estará preguntándose qué hacer con la ganadería, siempre y cuando resuelva antes lo de encontrarle sitio a esas cornamentas con forma de percheros para paraguas que lucían varios de sus pupilos. Unos feos cornivueltos que parecían quererse dar la puntilla a si mismos.

No me atrevo a decir que la corrida ha sido buena, pero lo que sí tengo claro es que no ha sido como para mandar al matadero, antes tendrían que esperar turno y esperar a muchos otros hierros que irían por delante. Uceda Leal debió quedar impresionado cuando vio como su primero sacaba astillas de un burladero, pero aún así no se arredró para recibirlo con unas verónicas aseadas. Lo de la lidia ya era otra cosa, demasiada tarea como para estar pendiente de si el toro va al caballo o deja de ir. Así este carpintero se marchó suelto al caballo, para cabecear el peto. Querría sacarle un tamo de guata a la protección del penco, mientras el de aúpa le tapaba la salida. Para el segundo encuentro don José Ignacio ya le acompañó y dejó colocado al de Adolfo frente al caballo. Puyazo trasero para que el toro simplemente cumpliera. Se lució Urdiales en unos delantales, pero más lo hizo con la media que fue una pintura. Bonito trincherazo de Uceda en los comienzos de la faena de muleta, que se traducía en un morrón del toro a cada muletazo. Flojeaba el animal y el madrileño parecía falto de sosiego, naturales hacia afuera y ya resultaba un tanto pesado cuando decidió volver por el pitón derecho. En su segundo pareció hacerse presente en el ruedo el fantasma del caos. Muy parado el toro, aunque no era motivo para sujetarle mínimamente. Se fue suelto al caballo mientras este transitaba por el 1. Empujó mientras le tapaban la salida, para después irse a toriles. Quizá esto le pareció motivo al matador para cambiarle la lidia y llevarlo al reserva, donde apenas se le castigo. Fue tal el cúmulo de despropósitos, que el toro fue a peor a pasos agigantados, para llegar a hacerse peligroso; que igual resulta que una mala lidia puede influir en el comportamiento posterior de los animales. hizo un conato de macheteo, con enganchones, dejándose tocar demasiado la pañosa y evidenciando que no sabía por donde atacar a su oponente, si por el norte, el sur, por tierra, por mar o aire. Cualquier intento parecía imposible. Tomó la espada y no recordó ni de lejos a aquel matador que ejecutaba la suerte de forma espectacular, con el sitio muy bien cogido, no en medio de los lomos, como ha sido el caso.

Volvía Diego Urdiales, el de Arnedo, ese torero que encanta hasta al mismo Faraón de Camas, don Francisco -me pongo en pie-. Su primero no acababa de entregarse en el capote, se quedaba a medio lance. Lo metieron debajo del peto en la primera vara y lo mismo que en la segunda, apenas se le picó, intentando evitar que se derrumbara sobre las pezuñas del penco. Con la muleta le tanteo por los dos lados, a ver si le quedaban fuerzas al cornivuelto de don Adolfo. La primera tanda fue con la derecha, un buen derechazo, aunque se la dejaba tocar demasiado, lo que deslucía los pases. Siguió por el mismo lado y dos buenos redondos; en el tercero se vencía mucho y en lugar de dar dos y el de pecho, Urdiales intentó alargar más las tandas, pero siempre era lo mismo, se le venía encima. Cambió de pitón y nos regaló dos naturales muy lentos, para acabar con otra tanda de buen toreo. Lo cerró por trincherillas y ayudados por bajo, para después tirarse recto como una vela para dejar la estocada que le daba derecho a una oreja. Tanto tiempo después volvimos a ver torear en el Otoño venteño. La gente esperaba que se abriera la Puerta de Madrid, pero no hubo opción, el quinto volvió a los corrales para que en su lugar saliera un sobrero del Puerto de San Lorenzo, que bien podría haber sido devuelto por invalidez manifiesta, pero que al no manifestarse demasiado público en contra permaneció en el ruedo. Esa merma le hacía defenderse, tirando derrotes y sin seguir los engaños con franqueza. En el primer puyazo, trasero, empujaba solo por el lado izquierdo y hasta parecía amagar con meter los riñones, pero no había fuerza que aguantara aquello. Para el segundo puyazo el del puerto ya tenía claro que “pa’ tu tía”, que allí hacían pupa. Al final tuvo que ser en el reserva en toriles. ¿no podría decirle nadie a los toreros que el reserva no es para llevar allí a los mansos? Que está muy bien picar allí al que no se deja en otra parte, pero con el de tanda, no con el que hace la puerta. El grandullón se fue a refugiar y a esperar en toriles al que se atreviera a pasar por allí. El toro no tenía nada de nada; Urdiales lo sacó con esfuerzo a los medios, a ver si fuera de su querencia era posible hacer algo. La verdad es que ahí apuntaba más suavidad en la embestida, pero él quería ir a tablas y allí se fueron toro y torero. Cuando la primera opción falló, entonces se pasó al plan B, pero tampoco, muy abanto, no quería saber nada de telas de colores. Y como siempre han hecho los matadores de toros que mantienen íntegro el orgullo de serlos, solo quedaba tirarse a matar al toro, algo que hizo el riojano sin dudar un momento. En su primero demostró que sabe torear y en este que tiene cabeza para poder a los toros. Pero tranquilos, no crean que le van a ver treinta o cuarenta tardes la temporada que viene. ¡Ojalá! Pero no, no vaya a ser que descubra a tantos que sobrepasan de largo esa cifra. No sé las que llevará este año, aunque me atrevería a apostar que no llegan a las quince corridas. ¿No es injusto?


Mientras saboreábamos ese regusto que deja el buen toreo, se nos hizo presente Serafín Marín, apoyado desde el tendido por una senyera en apoyo a las corridas de toros en Cataluña, que podrían servir de sonrojo a muchos, a esos que dejaron al torero solo el día en que el Parlament cerró la puerta de la Monumental. Pero una cosa son estas cuitas políticas y otra lo que se hace en el ruedo. En nada influyen las pancartas cuando al tercero de la tarde se le recibe con mantazos y más mantazos y se le deja deambular por el ruedo, mientras el espada se limitaba a andar por allí. Suelto a la primera vara, le taparon la salida y se fue de najas a seguir su camino. El segundo encuentro fue parecido, el toro a su aire, va al peto desde dentro, para recibir un exiguo picotazo. Con la muleta empezó demasiado encimista, atosigando al animal y ahogando cualquier posible embestida. El darle algo de distancia suponía el tener que aguantar los arreones del toro. Acabó de una estocada que tumbó al marmolillo en un abrir y cerrar de ojos. Su segundo, de aspecto entre caprino y de cérvido, acudió al caballo como un mulo, para dejarse sin más, igual que en el siguiente encuentro. La mala leche la dejó para el segundo tercio, cortando por el pitón derecho y haciendo hilo de tal manera que si no es por un oportunísimo quite de Urdiales, el banderillero del catalán podría haberse visto en un compromiso. Con la muleta Serafín Marín empezó aprovechando las embestidas del Adolfo, pero siempre con el pico de la muleta y la pierna de salida bien camuflada todo lo lejos que podía del viaje del animal. Retorcimientos y pases sin rematar, acabando cada pase quitando la muleta, que no rematando. La misma historia al natural y tras recibir un arreón, en un supuesto gesto de gallardía, tiro el palo lejos de sí, lo que siempre ha sido la de mentira y que ahora llaman no sé de qué manera, y se puso a torear al “natural” con la derecha. Que gran expresión, al “natural” con la derecha. ¿Nadie puede decirle a estos “arrojados” caballeros que un matador de toros no debe despreciar de esa forma los atributos que le hace merecer tal nombre? Ya resulta bastante poco afortunado el no tomar la espada de verdad, como para encima lanzar lejos el palo. Y total, para seguir con su ristra de trapazos echando el toro para afuera. Podrá haber llegado a los mil pases, quizá no, pero era difícil emocionarse con aquello, aunque no digo yo que no hubiera quién sí lo hiciera, tanto que hasta estaban dispuestos a batirse en duelo con el primer disconforme que se les pusiera delante. La cosa era que hubiera otra oreja, una más. Eso sí, ya les digo yo que las dos no sabían igual, “Mientras Urdiales toreaba, Serafín tiraba el palo”.

sábado, 4 de octubre de 2014

Seis pudieron ser demasiados

Quizá el quite de José Antonio Prestel a un compañero que acababa de parear, haya sido de lo mejor de una mala tarde. 


Ya pasó la encerrona de Miguel Abellán con los de El Puerto de San Lorenzo y la Ventana del Puerto. La corrección me obligaría a hablar de hazañas, de un mérito y hasta de éxito por parte del madrileño, pero si me lo permiten, me evitaré toda esa retahíla de lugares comunes que al final no dicen nada. Resulta obvio que la corrida no ha sido exitosa, ni para el espada, ni para el ganadero; Abellán no ha estado bien, eso salta a la vista, pero tampoco ha fracasado, ha echado la corrida para adelante con dignidad, con un planteamientos iniciales muy serios y sin echar mano de artimañas teatrales para ablandar los corazones, algo que es de agradecer. Puede que los seis toros se le hayan hecho un poco cuesta arriba, tanto por el esfuerzo físico que supone tal empresa, como por la brevedad de repertorio del torero.

El ganado no se puede decir que haya puesto demasiadas facilidades, manso, flojo y con dificultad para aplicarle los recursos propios de la lidia, pues se corría el riesgo de que los del Puerto y familia rodaran por el suelo. No creo que los criadores hayan salido satisfechos de la plaza. Al primero lo recibió con el capote sin emplearse, simplemente le movía el telón. No se le picó en la primera vara y en la segunda, desde las tablas, ya se le pegó un poquito más. Escasito de fuerzas, fue recibido por pases por abajo por ambos pitones. Luego se le vio tambalearse al entrar en la muleta, a la que le costaba llegar. Atosigaba un poquito y por esa falta de fuerza no se le pudo bajar la mano, que era lo que pedía el animal. Aseado con la izquierda, incluso enjaretó dos buenos naturales más el de pecho. El segundo, ya del hierro del Puerto, no se le picó prácticamente nada, picotazo en el primer encuentro y en el segundo el toro se dejó sin más. Le dio cierta distancia con la muleta, iniciando el trasteo por el pitón derecho con trapazos sin mando y metiendo el pico de la muleta. Sin acoplarse con la izquierda, en parte debido a un molesto calamocheo del toro que protestaba a cada cite. Al tercero costaba meterlo en los capotes, siempre queriéndose ir y obsesionado con los terrenos próximos a toriles. Allí recibió el primer puyazo, yendo suelto en busca del picador reserva. Una segunda vara en el mismo sitio, esta vez apretando, más para defenderse y salir de allí, que por el impulso bravo de querer imponer su jerarquía en el ruedo. En estos apartados del ruedo presentaba más complicaciones. Se cambió de tercio tras las banderillas y Abellán sorprendió haciendo un quite con el capote. Ya con la muleta empezó por alto y el del Puerto parecía buscarla, pero siempre en su querencia. Sin acabar de ofrecer la muleta plana, sí es verdad que tiró del animal en algún pase, pero a medida que avanzaba el trasteo ya empezaron a aflorar los vicios habituales, pico y pierna salida retrasada. Naturales estirando el brazo en demasía y viendo pasar al toro a mayor distancia de lo que recomienda el buen toreo. Falló a espadas, lo que quizá impidió que el respetable hubiera pedido algún trofeo, aunque honestamente creo que no había lugar. Se ovacionó al manso en el arrastre, igual que se hizo cuando se negaba a doblar, arrimado a la puerta de chiqueros. Imagínense, ovacionar a un manso, cuando quizá el mérito de Abellán fuera ese, el lograr que este animal tomara los engaños, algo para lo que no estaba dispuesto de salida.

El cuarto ya salió queriendo dejar clara su condición. Se frenaba en los capotes y evidenciaba cosas de manso, con la cara alta, entraba a las telas como lo hacen los mulos al tirar de los carros. Notó el primer puyazo y salió a escape. En el segundo ya empujó con mayor convicción, pero solo con el pitón izquierdo. Otro tercer encuentro, con un picotazo trasero, prólogo de una escapada anunciada. Sin hacer ni amago de humillar, soso y aburrido, acabó contagiando a Miguel Abellán. El quinto tomó el capote rebrincado en sus primeros contactos con el espada. Mucho mantazo, el ruedo pareció convertirse en el escenario de una capea. Se picó trasero al toro, se le tapó la salida, de lado y cabeceando en el peto, para acabar marchándose, al igual que en la segunda vara. En el último tercio mucho retorcimiento, enganchones y demasiado pico. En este momento quizá ya estaba el público entregado al aburrimiento y el torero a esa apatía, o apariencia de tal, que hacía creer al respetable que ya no estaba del todo centrado. Salió con bríos el sexto y último, apretando mucho para adentro. Un marronazo por parte del picador, que sin vergüenza le tapó descaradamente la salida. Con la cara muy alta, simplemente se dejó y tras pegar unos cuantos derrotes al peto, acabó marchándose. Trapazos por ambos pitones, retorcimientos y pico al querer torear por ambos pitones, enganchones y el aburrimiento que se había llevado una tarde más en la plaza de Madrid.


No sé si Miguel Abellán es el torero más indicado para pasaportar seis toros él solito, incluso dudo que haya ahora mismo un matador con los recursos y repertorio adecuados para poder llevar adelante una encerrona de este tipo con éxito. De la misma forma que la elección del ganado no ha sido nada afortunada y al final la corrida ha acabado convirtiéndose en una lotería, mientras todo el mundo esperaba que saliera el cupón de Abellán y que al menos nos sacudiera el sopor que ha invadido la tarde. Quizá fueron demasiados los seis toros, pero al menos el matador no ha visto ni caer, ni subir sus valores. 

Fandiño, usted tiene razón, Madrid ha perdido la cabeza

Antes Fandiño tomaba la espada y echaba a volar, ahora parece que las esperanzas en él depositadas, también.


Me gusta coincidir con los maestros, es algo que me anima y me hace pensar que ya estoy a punto de rozar la excelencia y que cuando lo consiga podré mirar de soslayo a todos los mortales, así con ese desprecio que solo podemos manifestar los elegidos. ¡Qué bendición! Hablar de tú a tú con estos privilegiados del toreo. ¿No me envidian? Pero una envidia de esa corrosiva que hace que los que la sufren se ganen el infierno en dos pensamientos y medio. Pues ya ven, uno está completamente de acuerdo con Iván Fandiño, el torero que ha dicho que Madrid no sabe lo que quiere o algo parecido, algo así como que no tiene ni idea, vamos, que esta plaza se ha vuelto majareta, y eso es una verdad absoluta que nadie puede discutir. Ahora bien, en lo que no coincido del todo es que en que esto haya sido cosa de una tarde, ¡nooooooo! Esto viene ya de atrás, si hombre, desde hace ya varias temporadas. Es la misma locura que de forma mecánica les hacía sacar los pañuelos y pedir las orejas cuando usted se liaba a trapazos, sin arte, sin temple y sin mando; pero puede que fuera porque usted tenía la costumbre de enfrentarse al toro, por lo que la emoción les hacía flamear los moqueros. Que la diferencia es grande, no se crea. Esa misma afición que le jaleó lo de matar sin espada, no, perdón, sin muleta, que la verdad, para el uso que le daba, casi mejor lo del número de la cabra, eso de encunarse y apoyarse en el testuz para aprovechando el impulso salir por la culata del animal. En otro tiempo despertó la ilusión de la afición y quizá más por lo que esta esperaba que pudiera ser, que por lo que realmente era en aquellos presentes de cada momento, se le apoyaba; pero si usted decide encaramarse a lo alto del taurinismo y de la vulgaridad, con ganado infame, de ese de la figuritas, pues la gente se enfada y con razón. ¿No cree que el público pueda tener motivos de mosqueo cuando ve su nombre junto al de Núñez del Cuvillo y echando por delante a Finito de Córdoba y por detrás a Daniel Luque? Al menos, no me negará que la cosa no da el pego de estar demasiado preparada.

Pero vamos a lo general, a lo ocurrido en la corrida de Núñez del Cuvillo/ Juan Pedro Domecq/ Fermín Bohórquez/ El Torero/ El Risco; ya saben ustedes eso de que en la variedad está el gusto, ¿no? Pues en Madrid en la segunda de Otoño se han sobrado con lo del gusto. La de matrimonios y relaciones premaritales que se habrán roto en tan nefasto día. Porque no hay quién se trague que tu pareja salga por la puerta de casa a las cuatro y media para ir a los toros y que te diga camino de las nueve que acaba de salir de la plaza. Eso huele a infidelidad, de lejos. Pero no novias, novios, esposas, maridos, amantes y “amantas”, que la cosa ha sido así. Cuatro sobreros, que podrían haber sido otros cuatro más, para remendar la floja, flojísima corrida que mandó don Álvaro, el de los toros colaboradores. Descastados, mansotes, sosos, flojos, bobos y justitos de todo, algunos con mucha cuerna, lo que no es sinónimo de trapío, eso es mucho más que unos pitones medio aparentes. Lo que no puedo confirmarles es si la corrida era picada o sin picar. Si nos atenemos a lo expuesto en el cartel del festejo, era una corrida picada, pero si nos atenemos a lo visto, más bien parecía sin picar. Que el de don Juan Pedro iba y venía, pero, ¿y lo de picar? Fue el del Torero  al que más se picó, pero ¡calma! que eso tampoco quiere decir que se le castigara en el caballo, todo va en comparación a los demás. También fue el más potable de la tarde, pero siempre teniendo como modelo el desastre, la vergüenza y la falta del toro de verdad.

Finito de Córdoba estuvo... ¿Cómo estuvo el diestro de Sabadell? Pues pregúntenselo a él, un diestro siempre crítico y medido en sus actuaciones. Crítico con quien no le jalea todas sus vulgaridades y abulia taurina y medido cuando tiene que valorar su tarea. Que se dedica a mantear a sus toros con el capote, a echarle la tela al suelo a su segundo para ver si se lo echaban para atrás, a desinhibirse completamente de la lidia, sin poner el toro en suerte ni por accidente, con faenas de muleta insultantemente prolongadas como si buscara escuchar voces de desaprobación, saliéndose de la suerte al tomar la espada, pero que cuando le ponen el micrófono de la tele del más, no duda en mostrarse satisfecho como el que más e incrédulo cuando comprueba que hay gente que cuestiona su torería, su capacidad como matador de toros y su afición. Las cosas de don Juan. Y ahora que me digan que se ha ganado figurar en el abono del año próximo.

De lo hecho por Iván Fandiño ya he adelantado algo, pero detengámonos unos instantes. Dejó sin picar al de Juan Pedro, se mantuvo ausente durante su lidia, abusando de capotazos innecesarios. Con la pañosa, aparte de abusar del pico de la muleta y de echar al toro hacia afuera, no aplicó nunca eso del temple, algo bastante habitual en el quehacer de este matador. Mucho pase, de aquí para allá, sin orden ni concierto, apelotonando los trapazos sin lógica. Un bajonazo soltando la muleta y a echar la culpa al respetable. En su segundo, el sobrero, del sobrero, le administró la misma medicina. Se arrancó al caballo con ciertas ganas, aunque luego se liara a pegar cornadas en el peto. En banderillas empezó a dejar ver su condición, lo que aprovechó Miguel Martín para dejar un par más que aceptable, destacando los muy oportunos quites de Neiro a la salida de los pares. A esto siguieron trapazos y más trapazos sin temple de Iván Fandiño, estirando el brazo y entre retorcimientos, lo mismo con la derecha, que al natural. Bernadinas y bajonazo otra vez. Eso sí, el torero no entendía el por qué del disgusto de gran parte de los que se acercaron a la plaza de la calle de Alcalá.

Con Daniel Luque creo que hay que tener paciencia y simplemente esperar el número de toros necesario para convertirse en figura del toreo. No tenemos por qué dudar de la palabra del sevillano. Recibió a su primero con verónicas lentas, tan lentas como el animal se desplazaba con grandes esfuerzos, exprimiendo sus escasas fuerzas ya en el primer encuentro con los engaños. Si alguien piensa que a este tercero de la tarde se le picó, pues que no lo piense más, ni se le arañó con el palo; cosas de la tauromaquia moderna. Este, como otros de los picadores de la tarde practicó la suerte del Moisés, esa en la que el de arriba levanta el palo y lo apoya en el suelo, como si esperara que se abrieran las aguas del Mar Rojo. Escena para un cartel de toros... de los antitaurinos. Quizá el animalito habría hasta embestido a la muleta, pero no le quedaba ni un gramo de fuerza. Imaginen qué pasaría si se le intentara picar medianamente. Ante semejante fiera solo cupo un espadazo caído, total, ¿qué más da? Al sobrero de El Risco le dejó deambular por el ruedo, si sentía el palo y salía a la carrera con dirección a los toriles, pues que saliera, si a la que pasaba le pegaban otro refilonazo y salía de najas, pues venga. Eso sí, no vean con que ceremoniosidad se destocó y pidió el cambio. En el último tercio trapazos, caídas del toro, sosería, aburrimiento y un intentar justificarse que más parecía que pretendieran ofender a los de los tendidos que obtener algo positivo de aquel moribundo.


Pero que nadie se preocupe, ni tenga pena, porque tal y como se desenvuelve la empresa de Madrid, auspiciada por el gobierno de la Comunidad, en mayo volverán los de Núñez del Cuvillo, no sabemos si hasta con dos corridas, puede que salgan tan bochornosamente vergonzantes como en los últimos años, el señor ganadero se quejará, pero seguirá trayendo sus “productos” bien pagados. A Finito le darán una tarde, dos o tres a Luque y otras tantas a Fandiño; y quiera la Providencia que me equivoque y que no vuelvan ni toros, ni toreros, al menos en una buena temporada. Eso sí, a mí nadie me quita esta satisfacción, este buen sabor de boca al poder decir: Fandiño, usted tiene razón, Madrid ha perdido la cabeza

jueves, 2 de octubre de 2014

Ni para hamburguesas valían

No parece que haya quien ilumine el futuro de la Fiesta, más bien e van apagando poco a poco los faroles con que los aficionados guiaban al público en general.


Se abre el telón y se ven seis mulos de Fuente Ymbro, tres novilleros como si ya fuesen figuras y a don Gerardo gesticulando por el callejón, ¿cómo se llama la película? Ultimatum a la Fiesta. ¡Señor mío! Estoy por perdonarles a Taurodelta y todas las empresas de Madrid que puedan venir, la organización de la Feria de Otoño, y que no se preocupen, que no voy a denunciar el incumplimiento del pliego de las Ventas, Aunque... igual es eso lo que pretenden que ocurra, el no tener que organizar festejos fuera de San Isidro. Pues nada, borren lo anterior, perdón, se elimina todo lo anterior y empezamos de nuevo. Exijamos a Taurodelta y a los siguientes, que monten festejos con un mínimo de calidad y según el gusto de la plaza de Madrid y si esto es causa del descontento de la televisión o de los taurinos que pretenden colocar a sus toros y sus toreros, pues se siente.

Hablar de lo de Fuente Ymbro como si fuera una ganadería de lidia después de lo visto en la primera de abono, es como llamar pura sangre al Rucio del señor Panza. El primero fue el que mejor presencia tenía, sin tirar cohetes, pero comparado con los demás era Miss Universo Bovino 2014, categoría señor Gallardo. Mansos como para aburrir, bobones, descastados, con un comportamiento en el caballo infame, a lo que también han prestado su inestimable colaboración los tres espadas. Solo el sexto de la tarde tuvo la ocurrencia de empujar con ambos pitones por unos segundos. En la muleta eran el prototipo de toro zanahoriero, siempre dando la sensación de fenecer a la voz de ya. El primero hasta derribó y acudió al peto al pasito, quizá el rasgo más enrazado que se haya visto en la novillada. El quinto se limitó a cabecear, aunque sin fuerza, al sexto se cree que le rozó el palo, falta por confirmar a la vista de la autopsia y a los demás lo mismo les tocaba con el palo el picador de tanda, como el de puerta, pero que no se nos enciendan los antis, ya que según se oía y se comentaba por las inmediaciones de la plaza, ninguno resultó dañado por la puya, si acaso levemente arañados, pero en contra de la voluntad del de aúpa, los maestros y conformistas espectadores que llegaron a aplaudir. El dato negativo que se ha sabido al acabar el festejo es que de los seis toros no ha podido aprovecharse nada de la carne, ni para hamburguesas. Se intentó sazonar las chichas, pero de tan sosas e insípidas que eran sus embestidas, al final se han visto afectadas todas las piezas de carne, por lo que han tenido que ser desechado el género. Ni los quince baldes repletos de sal con ajo machado y perejil han conseguido dar un poco de gusto a tal amasijo de vísceras. Yo me pregunto si esto será por el maíz, ese alimento tan traicionero que te convierte un mulo de lidia en burro y viceversa.

Y qué decir de la terna, que así me han dicho como se debe hacer referencia a los toreros, pues que han evidenciado una devoción extrema al toreo moderno, han rendido sincero homenaje a sus maestros, perdón, a the maestros del escalafón superior y como si fueran figuras consagradas, han pasado por la arena de las Ventas derrochando abulia, falta de recursos, desconocimiento de la lidia y unas maneras que a cualquiera le hubieran hecho pensar que eran dueños de las fincas de media España y rentistas de las de la otra media. Después de sus actuaciones estivales, se esperaba con ganas a Gonzalo Caballero, pero esta vez no ha habido ocasión de mostrarle la rojiblanca a su paso por la grada. Desinhibido de la lidia, ni tan siquiera amagaba con fijar a sus dos mozos, que lo mismo iban para Cuenca, que para Badajoz. Más bien parecía estar esperando exclusivamente a tomar la muleta, pero ni con esta se ha acercado a lo visto otros días. Despegado, llevando el toro muy fuera, echándolo allá donde pillara. Una lástima que piense que ya ha llegado al final de lo que podía esperar. La verdad que se prefiere mejor al Caballero quizá más atropellado, que a veces se deja tocar los engaños, pero que demuestra las ganas de ser, a este Gonzalo que podría hacer creer que ya lo tiene todo. Solo se le puede jalear un poco la estocada al quinto, pero hasta ahí. Y que no se deje ir, se necesitan toreros que quieran serlo.


Borja Jiménez parece que ha llegado a la plaza echando un sueñecito en el coche y cuando se ha despabilado ya estaba en el patio de cuadrillas. Ni se ha enterado de que estaba en Madrid. Vulgar, ventajista, un calco de los modelos que tienen estos chavales. Trapazos para fuera, trallazos destemplados y poco sentido de la medida, defecto del que no es el único ejemplo. No se pierdan a Francisco José Espada, que hoy me he enterado que fue el novillero triunfador en mayo. debió ser uno de esos días que servidor pasara mala noche el día anterior y luego en la grada me quedé frito como un buñuelo. Ya se sabe, los niños, que si papá agua, papá me duele la tripita, que “gomito” y cuando les da por arrojar te ponen como excusa que el güisqui era de garrafón, que solo tomó uno, pero que no le sentó al cuerpo. Pues eso, Espada es uno más del grupo de novilleros del momento, desprecia la lidia, se desentiende de lo que pueda ser del novillo hasta la hora de tomar la muleta y luego se cree que está en posesión del don divino del buen toreo, cuando no llega más allá de ser un pegapases más. Vulgar, aburrido y sin sentido de la mesura. Y es la primera, eso sí, esto acaba en cuatro días, luego llegará el invierno y para entonces ya se nos habrá olvidado todo, que es una de las características de esta modernidad, que luego uno no recuerda nada, pero nada, si acaso el ver a Curro Robles correr un novillo a una mano, pero nada más. Ni los de luces, ni los mulos de Fuente Ymbro, que “Ni para hamburguesas valían”.