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| Nos enviaron a Gaona y les mandamos a... |
Señores aficionados de ese gran continente, tengo que
reconocer que estoy muy enojado con ustedes, lo siento, pero no puedo por más
que demostrarles mi contrariedad y disgusto. Les enviamos con todo el cariño
del mundo a nuestras mejores figuras del toreo para que ustedes las disfruten y
puedan saborear lo que es el verdadero arte de la tauromaquia y se ponen como
se ponen. Estos les limpian los campos de borreguitos mochos y no les parece
bien, encima que dejan los toros de verdad para los toreros que se atrevan con
ellos y con el añadido de que también les dejan sitio en sus bolsillos para que
puedan ganar más dinero. Pero no, ustedes van y se ofuscan. les ponen el toreo
moderno a la puerta de casa y lo desprecian.
Uno ve esas fotografías de artistas como Miguel Ángel Perera
o el Juli con unos animalillos jibarizados con pitones chiquitos y romos, que
hasta echan sangre por la punta. ¿Qué pasa? ¿Ninguno de ustedes se ha cortado
un poquito mientras se afeitaba? No se imaginan lo que a uno le duele tener que
echarles esta regañina. Y aquí que la idea más común era que ustedes no se
enteraban de nada, que se tragaban todas las trampas como lo hacen los públicos
de este lado del Atlántico y resulta que se enfadan. Agradezcan a El Fandi el
que acabe con esos torillos escuálidos, pues así el señor ganadero ya no tendrá
que echarles más de comer.
Seguro que no les parece bien que las plazas de allá, acá
para ustedes, pasen a formar parte del gran Tour de los jartistas (Xavier
González Fisher dixit), o lo mismo es que están celosos porque estas giras no
se anuncian a bombo y platillo en una discoteca de moda. ¡Ah, no! Eso es
exclusivo de estas tierras, aquellas para ustedes. Ni tendrán autobuses
circulando por sus carreteras. Entiéndanlo, no lo pueden tener todo. Miren si
serán ustedes desagradecidos, que no admiten tan siquiera que nuestros toreros
les quiten puestos en los carteles a los suyos. Pero señores, si no quieren que
esto pase, es muy fácil, pongan toros y verán como salen espantados y dejan
hueco para quién se atreva a ponerse delante de un animal de verdad, no de una
mascota de jardín.
Ya me he desahogado, ¡ea! perdonen el berrinche que me he
pillado, pero entiéndanlo, nos pasamos la vida cuidando a estos fenómenos y
cuando les damos salida para que visiten sus países, lo que no nos parece bien
es que se nos quejen de esa forma. Lo que no puede ser es que solo se arrastre
por el fango el prestigio de las plazas del viejo continente, hay que ser solidario
y echar abajo la buena fama de plazas sabias en otro tiempo, como la México o
Acho. Que ya es mucho pedir esta igualdad en el trato, pues ya se sabe que la
temporada seria es aquí y lo de América son simplemente unas vacaciones muy
bien pagadas. Estoy convencido de que a ustedes no les gustaría que les
hicieran trabajar en su período de descanso; pues a nuestras figuras tampoco.
Aprendan de España y de sus aficionados, el único derecho que se nos concede es
el de pagar, que conlleva la obligación de callar. Un silencio que solo puede
romperse cuando se abre la boca para alabar la divinidad de los maestros de la
Tauromaquia 2.0.
Lo que ocurre es que si me paro a pensar un segundo empiezo
a darme cuenta de algunos detalles que no había tenido en cuenta, o sí, pero
que no me había detenido a ver las consecuencias de todo esto. Porque claro,
imagino que lo de ir a los toros, tanto en su acá, como en nuestro acá (el allá
para ambos) conllevará una cierta ilusión por ver salir al toro y admirar como
se enfrenta a él esa figura de la que toda la prensa y afición entendida
española no puede más que deshacerse en halagos. Y en ese clima de expectación,
ver salir a un novillejo moribundo no debe ser muy gratificante. Tampoco creo
que les regalen los billetes para ir a la plaza, con lo que hasta puede que se
sientan estafados, pues si pensaban ver una corrida de toros y les ponen
delante una pantomima, pues... ¡Uff! Y pobres de ustedes como no empiecen a
jalear a los actuantes, máximas figuras del escalafón de matadores españoles.
Realmente creo que no ha lugar para abroncarles, más bien todo lo contrario.
Quizá lo más razonable sería pedirles disculpas y que sepan que no es nuestra
intención el fastidiarles. No se si les servirá de algo, pero desde mi acá les
hago llegar mis condolencias por tener que soportar en directo la decadencia de
este espectáculo, que un día fue grande. Señores “Aficionados de América,
quéjense, quéjense, ¡hombre!
