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miércoles, 13 de junio de 2012

Epílogo de San Isidro: el problema está en los tendidos


Lo que iba a cambiar la cosa si saliera el toro todas las tardes


Señores ya terminamos la larguísima y absurda feria del patrón de Madrid, y ya puestos, hasta las corridas de toros que deberían haberse celebrado entre los meses de junio y julio, tal y como se supone que debe ser en una plaza de temporada. Otra cosa es que ese afán que la empresa calla, de aniquilar tal temporada, se formalice en un futuro no demasiado lejano.

Y en las que nos andamos, el ser humano no puede evitar ese vicio, esa manía o esa tortura para los demás, de ponerse a hacer resúmenes a sacar conclusiones o vaya usted a saber que patochada puede salir de quien quiere rellenar un espacio para mantener el blog vivo. Y yo no podía ser menos, así que después de este descanso, que aún me parece demasiado corto, me dispongo a exponerles mis razonamientos después de esta gloriosa feria de San Isidro 2012 y la Feria del Arte y la Cultura o del “Jarte” y la Costura (Xavier González Fisher dixit) o las corridas que deberían haber tenido lugar en la Plaza de Madrid en junio y julio; pero los señores empresarios han decidido juntar estos festejos para aprovechar la inercia de San Isidro y hacerse con unas entradas para unas corridas a las que igual no acudirán, pero que Taurodelta se asegura recaudar lo que no sacaría en verano con unos carteles infumables. En estos meses que antes eran en los que se daba la prensa, la Beneficencia y cuando venían a Madrid los excluidos de la feria, ahora nos ponen solo novilladas los viernes a las mil y gallo. Y es que no saben que hacer para que los toros se ajusten a la hora del cubata. Que lo primero es lo primero, a ver si nos vamos enterando.

Pues después de tanto festejo, tanto inválido, tanto borrego descastado, tanta morfología asardinada de los toros que matan las figuras, la prácticamente desaparecida suerte de varas sustituida por la suerte del chotis, en la que el penco hace que de vueltas el animalito a su alrededor mientras que el picador apoya el palo en el lomo, en el suelo o en las nubes; no confundir con la carioca, pues esta suerte fue inventada para picar a los toros, no para acariciarlos, ni para simular que se castiga. Hemos sido testigos de la abolición de la lidia y del desconocimiento más absoluto de esta por parte de los coletudos, que en la mayoría de los casos no saben ni colocarse para la foto, de la incapacidad de estas figuras para solventar el más mínimo inconveniente que presente el toro, que en ese momento pasa a ser imposible. Cuántos animales exigían que se les muleteara por abajo y se ha pretendido pasar solo con derechazos y naturales. Y así podríamos seguir y no acabar. Como ha quedado meridianamente claro que la feria preparada por Taurodelta era un fraude y una pantomima desde que se imaginó en la cabeza del triunvirato, con toreros que nunca debieron venir, con toros que jamás debieron repetir después de lo del año anterior y con un excesivo número de festejos confeccionados para que el coste fuera lo menor posible y el beneficio mayor que nunca. Y a todo esto, la fiel infantería de los plumillas y los de los micrófonos, jaleando grandezas que solo existieron en su imaginación y en las mentes abducidas de los aficionados televisionarios que siguen al pie de la letra las enseñanzas de sus “maestros”, repitiéndolas después como loritos, aunque no sepan lo que dicen.

Pero aún no hemos llegado al verdadero problema que acosa a la Fiesta de los toros, el verdadero mal está en los tendidos, gradas y andanadas de la plaza de toros de Madrid. Sí señores, así es, el problema de la tauromaquia es el público y más concretamente el de Las Ventas y todos los que vienen de fuera y se dejan abducir por ese poder hipnótico que proyecta sobre las mentes débiles y adocenadas. No es de recibo que en una feria que se organiza con motivo de unas fiestas patronales, haya grupúsculos subversivos que piden el toro íntegro, el toreo de verdad y la lidia clásica, sin pararse a pensar en que el prójimo lo que quiere es pasarlo bien, pedir muchas orejas y que el matador mueva mucho el trapo rojo delante de un animal que más bien parece amaestrado y entrenado para seguirlo obedeciendo las órdenes de un contorsionista vestido de colorines.

¿Dónde hemos ido a parar? Como estarán las cosas para pensar que el público que paga y exige que un espectáculo discurra de acuerdo a unos parámetros sobre los que se ha desarrollado durante décadas, como puede ser el problema. Es el problema porque no se resigna a ser timado y engañado, a que esto de los toros sea considerado como algo en que el aburrimiento es parte integral y de mucha importancia, el aburrimiento. No admite que le dicten como deben ser sus gustos y si no, solo le queda callarse y aguantar, aunque pague como el primero y en una temporada vaya sesenta veces más a los toros que esos que cuando salen descontentos de la plaza afirman eso de: “el año que viene no vuelvo”.

Estos culpables del deterioro de la fiesta son atacados sin piedad por los plumillas y locutores, que así esperan hacer méritos suficientes para que el poder tenga una atención con ellos cuando lo necesiten. Reciben las acometidas furibundas de matadores o exmatadores de toros, que o bien buscan asegurarse un plato de lentejas, o prepararse el terreno para cuando ellos mismos actúen por esas plazas del mundo, entre las que ya no está la de Madrid por no tener ni la categoría, ni el interés suficiente para verse anunciado en los carteles de Las Ventas. Y a lo mejor, aunque creo que sería muy ruín, hasta hay alguno que con sus comentarios quiere satisfacer su rencor hacia una plaza en la que nunca o casi nunca fue aceptado, y que conste que en este apartado no incluyo a Emilio Muñoz, matador de toros que nunca estuvo acertado por estas tierras, pero que años después ha tenido el valor y la vergüenza torera de afirmar que ahora entendía mucho mejor a la afición madrileña. Pero claro, ¿Dónde está ahora? Pues en su casa, porque hay otros que se ajustan mejor al guión de la tauromaquia moderna, lo cual dice mucho a favor del trianero.

Lo que son las cosas, unos señores que no dudan en gritar libertad, libertad cuando ven las orejas al lobo de la abolición, que recogen firmas y rubrican con su nombre las hojas exigiendo esa libertad para poder seguir acudiendo a las plazas, son los que niegan cualquier manifestación contraria a sus ideas. Lo mismo da que se les expongan argumentos razonados a los que ellos solo saben responder con las consignas de sus amos taurinos, eso de “Baja tú”, “Un respeto” o que se exprese la opinión cuando ya ha caído el toro. ¡Amigo! Si nos callamos cuando se está co0metiendo el atropello, una vez cometido ya no hay vuelta atrás y entonces pasará a imperar la dictadura de la mayoría sobre la razón y los usos que sobradamente han mostrado su conveniencia y su capacidad para construir algo tan grande como es el toreo. No me resulta fácil decir tauromaquia, pues es un término excesivamente manoseado por esta gente que se inclina ante el becerro de oro de la Tauromaquia 2.0. Ahora que cada uno saque sus propias conclusiones de lo ocurrido en la feria, de la situación de la fiesta y que piense si realmente es posible que el problema esté en los tendidos. A ver si no s centramos ya un poquito y recuperamos la cordura.

domingo, 3 de junio de 2012

Va a haber que pensarse algo



No sé si a la autora de este dibujo le quedarán muchas ganas de seguir acompañando a su papá a los toros

Está claro que esto está a punto de acabarse, la feria claro, aunque si hacemos balance de lo que ha pasado en la primera parte con toreros y ganaderías y lo que se nos viene encima con eso del Arte y la Cultura, podríamos creer que también puede que estemos a punto de echar el cierre a esto de la Fiesta de los Toros. Estamos hablando de recortes y a lo mejor le metemos mano a uno de los símbolos más conocidos de nuestro país en el Mundo. Ahora tenemos dos días de descanso y luego seguiremos, aunque sin demasiada ilusión, para qué decir otra cosa. Después de la de Cuadri, esta se nos puso a cien. “Y mañana los Adolfos” se oía entre el público a la salida de los toros, pero ese mañana llegó y el entusiasmo ha sido sustituido por una pequeña decepción..

Ya llevamos años en que el hierro de don Adolfo Martín discurre por unas regiones neblinosas, caminando en círculo por una ciénaga y sin acabar de encontrar la forma de salir de ese fangal. A veces parece como si quisiera mantener esa reserva de casta que nos despierta de la apatía generalizada, pero otras es como si intentara adentrarse en eso de la Tauromaquia 2.0, con ciertos toques más comerciales. Que no es algo tan descarado como en otros hierres señeros que ya se han entregado a los brazos del lado oscuro y ahora en lugar de criar toros, se ocupan en buscar excusas. No digo yo que don Adolfo vaya por ahí, pero en cuanto se quiere suavizar un poquito puede que se te vaya la mano demasiado. De primeras la corrida salió muy desigual, que no es nada malo, pero es un signo donde se pueden leer muchas cosas. El primero, una lámina, engatillado, se cruzaba muchísimo por el pitón izquierdo, tanto que parecía de primeras que iba al bulto, pero solo fue una apreciación errónea de inicio. Mal colocado en el caballo, se le picó trasero, empujó con fijeza y derribo al montado, para después irse suelto. En la siguiente vara el picador se vengó a base de barrenar. Se dolió de las banderillas, donde esperaba una barbaridad por el pitón derecho. José Luis Moreno, que no es que se empleara demasiado durante la lidia, empezó con medios pases y al ritmo que le marcaba la violenta embestida del Albaserrada. Toreo a base de pico, muy pesado, como si no se diera cuenta de que el toro solo escarbaba y no tenía intención de gastar ninguna arrancada más. Tuvo complicaciones para hacerle doblar, llegando a escuchar dos avisos y tener encima la amenaza del tercero.

En el segundo se apreció más movilidad en el Adolfo, pero a costa de no castigarle en el caballo. Lo recibió Juan Bautista con unas verónicas más que aceptables, en las que creo que solo se enmendó en una de ellas. Lo llevó al caballo con un galleo muy airoso por chicuelitas, rematado con una revolera que dejó al toro en su sitio. Empujó de lado mientras le tapaban la salida. Otra revolera para dejarlo en el sitio en el segundo encuentro, y cuando la gente empezaba a crecerse, el palo resbaló por todo el lomo del cárdeno y después no se puede decir que le picara. Quite de Fandiño siempre con el paso atrás y respuesta del francés con un ceñidísimo delantal y otra revolera. Estupenda intervención de Curro Robles con los palos de los que se dolió el animal. Todo parecía propicio para que ocurriera algo grande, pero ¡aaay! Comenzó Juan Bautista abusando del pico y escupiendo al toro de la suerte. Al natural todavía se empleó con más sosería aún, unos naturales de frente, pero con el feo vicio del pico. El toro ya se paró y de lo esperado nada de nada. Una media rinconerilla eficaz y a pensar en el siguiente.

El tercero, que correspondía a Iván Fandiño, del que tanto se espera, empezó yendo al caballo después de que el vasco lo pusiera al caballo con la suerte del “Ahí te quedas”, que si acaso venga el caballo a buscarte. Puyazo trasero casi solo señalado, refilonazo en el segundo, tapándole la salida y apoyando el palo trasero. El comienzo de la faena fue con el toro en terrenos del 8, junto a las tablas y con el matador en la boca de riego adelantando la muleta, a donde llegó aquel al paso y sin codicia. Tanda de derechazos sin torear, dando más aire que sensación de poder, sin rematar los pases. Continuó dándole distancia al Adolfo, algo más ajustado, pero a lo que decía el toro, noble y acudiendo a toda tela que se le mostraba. Consiguió templar algo más, pero también metió más el pico y banderazos para cerrar las series. Por el izquierdo no tenía ni un pase, por lo que hubo que volver a tomar la derecha. Llegó la hora de entrar a matar, para lo que Fandiño encontró más dificultades de las previstas, pareciendo imposible lograr cuadrar al toro. Un primer intento recibiendo que pegó en una banderilla y luego otro infierno para acabar lo que se estaba convirtiendo en una pesadilla. Dos avisos y fue un bajonazo casi en la paletilla, un metisaca, lo que puso punto y final.

José Luis Moreno tuvo que bregar con el abanto cuarto de la tarde. Se le picó mal, trasero y tapándole la salida al toro, que empujó de lado, para acabar saliendo moribundo de debajo del peto por lo recibido en la segunda vara. El cordobés ya poco pudo hacer, quizás lo podría haber hecho antes ordenando que su picador midiera el castigo. Quizás es falta de ambición de un torero respetado, con buena imagen, pero que en sus visitas por Madrid no ha refrendado lo que se dice de él. Al quinto Juan Bautista le aplicó la típica lidia moderna, dejarle a su aire en el primer puyazo, donde aunque el Adolfo empujó, no disimuló sus ganas de quitarse el palo. En la siguiente ocasión se dejó sin más. En el último tercio se derrumbó sobre la arena y el galo se limitó a merodear por los alrededor, más para justificarse, que para intentar hacer realmente algo. El que estuviera aburriendo al personal, sin pensar en lo que ya llevábamos a las espaldas, no tenía sitio en su cabeza, porque él es un profesional y se notó.

Y llegamos al final de la feria en honor del Santo, San Isidro Labrador, que según lo visto en el ruedo, los taurinos no le deben tener demasiado aprecio. Cerraba la feria Iván Fandiño, que entró en pleno proceso de ascenso y que no ha acabado de confirmar todo lo que se esperaba. Trepó a los primeros puestos a base de pundonor, valor y con toros de esos que no quiere nadie, pero con otro tipo de ganado parece que ha evidenciado sus limitaciones para bregar con otro ganado. El sexto salió defendiéndose y hasta pegando algún que otro tornillazo. Fue bien al caballo en la primera vara, donde se le picó trasero y más bien poco, y tardeó para ir una segunda vez, en la que el picador se agarró bien. En la última faena, Fandiño no se puede decir que se acoplara, comenzó por el pitón izquierdo levantando la mano al final del pase, muchos pases insustanciales y enganchones ante un oponente que no tenía nada, Un pinchazo y un bajonazo casi a cámara lenta y se acabó. Ahora viene eso del Harte y la Incultura, eso que nos quieren hacer creer que no tiene nada que ver con la feria, cuando realmente con lo que no tiene que ver es con la Fiesta íntegra y mucho menos con eso del Arte y la Cultura; ¡qué empeño! De tanto repetírmelo y según quien lo repite uno va a acabar por no creérselo de ninguna de las maneras. Quizás el mejor título para este miniciclo sería el de “Las Corridas que antes se daban en junio y julio, pero que ahora reducimos a la mitad y las juntamos, para que los señores empresarios y del clavel se puedan marchar de vacaciones y de rondón, la Beneficencia. La corrida más importante del año, porque reúne a los triunfadores de San Isidro, con el ganado triunfador del año anterior. ¿No? ¡Huy! ¿En qué estaría yo pensando?  Si esto ya se cierra allá por Diciembre o Enero. Olvídense de todo lo dicho, ahora los criterios se han modificado, aunque yo no logro olvidar como se entraba en esta corrida. Otro bodrio, otro insulto a la Fiesta de los toros, donde la única variación es la decoración de las banderillas. Si al final va a ser verdad que ante este panorama, después de tanta farsa y pantomima, bien por parte de los aficionados, los taurinos o los políticos... va a haber que pensarse algo.

PD: Perdón por tanta tardanza, pero después de tantos días ausente de casa, el primero que me han visto libre me las han hecho pagar todas juntas.

sábado, 2 de junio de 2012

Los Raperos del Sur


Los picadores quedaron ensombrecidos por los toros de Cuadri y perdieron una buena oportunidad de lucirse.


Iban unos toros vestidos de negro, rascacarrás, y tres toreritos, perdidos que te mueres, runcurruncurruncu runcurruncurrú, Una plaza llena esperando la bravura, pumpumpum tratritrés, Y en dos horitas la emoción se hizo la jefa, runcurruncurruncu runcurruncurrú, Casta, bravura y que aguante el que pueda.

Esto lo he oído en la radio del coche según volvía de la plaza, o eso me parecía entender a mí. Bueno, tampoco ha sido así exactamente, lo confieso, para darle dramatismo he añadido algo de mi cosecha, aunque con esa parte no sé si se diferenciará el dramatismo de la comicidad o del más espantoso de los ridículos. Pero es que para un día que uno sale feliz de la plaza, ¿no puedo dar rienda suelta a mi indomable creatividad? Pues Ea. Ya que los tres matadores no lo han hecho, pues lo hago yo, y mira que han tenido ocasión. Con esos seis Cuadri podían lo mismo montar un grupo de rap, que un coro rociero, que un equipo de baloncesto. Seis toros, después de todas las desgracias posibles y ni se ha notado. Es como si a Del Bosque se le lesionaran Torres, Juanfran, Adrián y De Gea, ¿en qué se queda la selección? en nada. Pues don Fernando y sus sobrinos no tienen esos problemas. Ya hablando en serio, uno encuentra muchos motivos para alegrarse, primero por lo que se disfruta cuando sale el toro de verdad, encastado, por lo que el toro engrandece la Fiesta, tan mal apuntalada en la actualidad, y por último, porque este es el premio a un trabajo minucioso, con extrema dedicación y que contradice a los grandes industriales del toreo.

La fiesta empezó con un primer toro que empujaba al caballo como un titán, fijo, aunque de lado mientras le tapaban la salida. Una segunda vara desde algo más lejos, con cierta alegría, otra vez metiendo la cabeza y empujando con los riñones, más una tercera desde más lejos, cuando ya tenía muy claro que allí hacían pupa. Bravo y noble, es posible que a él solo le hayan picado más que a corridas enteras en esta feria. Pero Rafaelillo esperaba un marrajo, como es habitual en él, y se encontró con esta joya. Ya con el capote lo recibió con mantazos, metiéndose en la oreja del toro, enseñándole a revolverse prematuramente. Con la muleta más de lo mismo, para acabar ahogándole la embestida al animal y acortándole el mismo la embestida. Si el pase es pegar abanicazo con la muleta en la cara del toro, lo bordó, pero creo que esto no es así. En el cuarto le tocó otro Cuadri que se comía el capote, al que sujetaba el capote y hasta a Justo Algaba enhebrando la aguja. En la primera vara empezó con un ligero cabeceo, para continuar con fijeza y empujando, encelándose mucho con el caballo. En la segunda, le taparon la salida picándole trasero y el picador acabó picando más allá del tercio. A continuación, en el último tercio, lo que no puede hacer un torero es querer hacer malo a un toro. Si a una bobona se la trapacea por la cara con mal estilo, pues igual no pasa nada, pero a estos, que de tontos tienen lo justo, esas cosas pueden costar muy caras, porque tienen la buena o mala virtud de que aprenden rápido. Y si el murciano no había pasado bastantes agobios, le toca pasaportar al que Castaño no pudo torear por resultar cogido. El animal salió con una codicia increíble, le dio una larga de rodillas, repetía magníficamente por los dos pitones y fue entrar al caballo y salió arrastrando las patas. Cosas que pasan. En el segundo encuentro se arrancó con alegría y le picaron trasero, la verdad es que no recibió demasiado castigo. Capotazos a tutiplén para ponerlo en banderillas y luego banderazo tras banderazo, sin ver claro el camino por donde entrarle al toro. Con tanto banderazo, un día van a estrellar un avión en la puerta de toriles, haciéndole creer que le dan pista en Cuatro Vientos. Mientras, el animalito iba a donde el engaño le marcara. Que era arriba, pues arriba, a un lado, pues a un lado, pero a Rafaelillo se le metió en la cabeza de que el toro no valía y de ahí no se apeó jamás.

A Javier Castaño se le esperaba con ilusión, si a un manso le hace ir cuatro veces al caballo, con estos nos cierran el metro y hay que volver a casa haciendo autostop. Imagínense a los aficionados más veteranos de las andanadas. El toro salió con ganas de comerse el mundo y de primer plato tenía a un torero con un telón rosa. Lo quiso colocar lejos para la primera vara, pero el toro le seguía allí donde fuera; otro intento y el toro ya se quedó con el caballo. Bien parado por Fernando Sánchez, empujó con la cara alta y a punto estuvo de derribar al montado. En la segunda fue desde más cerca y solo recibió un leve picotazo y cuando Castaño estaba jugando a las películas con el usía del palco, se le arrancó el toro y le dio un revolcón muy feo. El espada cayó recibiendo todo el golpe en el cuello, lo que a más de uno le recordó imágenes pasadas que hacían pensar en algo ciertamente grave. Pudo seguir la lidia de este toro, que no la del quinto, empezando dándole distancia para citarle con la muleta. El toro se arrancó pronto y con codicia, pero los muletazos no eran templados, ni mandones. Era complicado parar aquel vendaval, lo que motivó que la cosa se fuera complicando poco a poco. Por el izquierdo parecía embestir con más suavidad, pero como con la derecha, los muletazos siempre acababan levantando la mano. Luego el salmantino pasó a la enfermería después del segundo tercio del siguiente toro.

Luis Bolívar, ese torero que en un tiempo se caracterizaba por su valor, ahora más hecho y más curtido, parece que en él predomina más la idea de aplicar el toreo moderno con todas sus cositas que tanto nos disgustan. El tercero de la tarde acudió a la primera vara casi al paso, como a ver qué pasaba allí, para medio empujar de lado. En el segundo encuentro se arrancó de lejos para encontrarse con el palo que muy bien le lanzó Ismael Alcón para pararlo, aunque en su contra hay que decir que le citó demasiado cerrado y refugiado en las tablas. Mucho trallazo sin temple alguno de Bolívar, marcándole la salida antes de tiempo, trapazos acelerados y dejándose tropezar la muleta. Muy despegado en el toreo al natural y alargando demasiado el trasteo. El quinto, su segundo, se quería quitar el palo al llegar al peto, empujando de lado. En el siguiente encuentro se dejó sin más. En el tercio de muerte se quería comer la muleta, lo cual era casi imposible, como mucho podía alcanzar el pico que tan generosamente ofrecía el colombiano, estirando el brazo todo lo que le daba de si y lo que los retorcimientos le permitían. Dejó que le tocara demasiadas veces la muleta, repitiendo la misma canción por el pitón izquierdo, dando la sensación de que se le estaba yendo el animal sin torear.

Esto es lo que dio de si la corrida de Cuadri, en el 30 aniversario de la que se llamó la Corrida del Siglo. Si tradujéramos el resultado de esta a la nomenclatura futbolística, se diría que el marcador fue TOROS: 6, TOREROS: 0. Ya acabado el festejo salió a saludar José Escolar, el mayoral de Cuadri y hay quien dice que canturreba una cancioncilla, pero no parece ser que fuera un rap, más que nada porque seguro que no podría estar cantando, rayando el vinilo y sujetando el puro al mismo tiempo; pero quien lo escuchó asegura que decía: “Con los toros que traigo desde Trigueros, estos niños no saben ganarse el cielo…” Que cosas, una tarde en que salen seis toros seis y al personal le da por el cante y los más cantarines… Los Raperos del Sur.


PD: Quiero dedicar esta entrada todos los que han estado en el primer encuentro internacional del Grupo Soy de Vicente Pastor, donde de una manera o de otra han estado todos presentes, para hablar un buen rato de toros. Y agradezco su fidelidad y el cariño mostrado por Gloria y su familia.

viernes, 1 de junio de 2012

Para figuras que componen… sinfonías




Ahora es frecuente escuchar eso de componer, como una de las virtudes más grandes del toreo moderno; ¡Cómo compone! ¡Si es que compone que…! Como si estuviéramos en un concierto de la sinfónica de Chiva o en la pasarela Cilebes poniendo posturas con los modelitos del artista de turno, o ¿por qué no? delante de una bobona moribunda, desmochada y sin casta de las ganaderías comerciales. Esas de los toros artistas. Pero claro, si uno va una tarde en la que se anuncian toros, toros, como es el caso de los de José Escolar, allí no compone ni Mozart y si acaso, a lo más que llega es al Requiem.

Puede que no se le diera ni un pase limpio a los Escolares, también puede que no lo permitieran, no fue una corrida buena, más todo lo contrario, mala tirando a peor, pero la casta mantuvo al personal atento y con la emoción siempre presente. Los matadores estuvieron dignos, sin más pero no bien. Los toros pedían ser cocinados a fuego lento para que se fueran ablandando poco a poco, pero los toreros se los querían comer a la plancha, vuelta y vuelta y estos, hasta en el plato tienen peligro.

No acabaron de entregarse los Albaserradas de don José. El primer fue al caballo con una vara de menos, al paso, con la cara alta y corneando el peto, siguió igual en banderillas quedándose con quien le clavaba los palos. Precisó de mayor castigo, bien en el caballo o con la muleta. Al final se puso hasta gazapón, complicando la faena de muleta y cuadrarse para entrar a matar. El veleto segundo anduvo suelto por el ruedo. Empezó fijo en el caballo, pero luego ya corneó el peto, luego ya flojeó en su ansia en el caballo. Esperaba con la cara alta en banderillas, escarbaba y en la muleta entraba con unos tremendos arreones; como manso que era, se fue marchando buscando el refugio de los toriles, los únicos terrenos donde se encontraba medianamente a gusto. El tercero salió rematando en tablas, muy pegajoso, revolviéndose muy rápido. Luego en el caballo le tuvieron que colocar de cerca, se dolió mucho en banderillas y como su hermano, pegaba arreones y no metía jamás la cara. El cuarto, abanto, se fue solo al caballo en el primer puyazo como una flecha. De lado, acabó por empujar con los dos pitones, cuando precisamente le tapaban la salida. En el segundo solo se dejó y se marchó suelto. Siguiendo la norma de los demás, en banderillas les puso los pitones en el pecho a los toreros. Acabó venciéndose por el pitón derecho y haciendo más exagerado el defecto de levantar la cabeza. El quinto, con aspecto de ciervo, muy vareado y con una exagerada arboladura, fue tres veces al caballo, pero que nadie lo tome como una virtud, en el mejor de los casos solo cumplió, si se le tapaba la salida o se dejaba en el caso opuesto. Esperaba mucho en banderillas y hacía hilo con todo lo que se metía en su jurisdicción. Escapó a terrenos de chiqueros y acabó entrando a arreones. El último se limitó a dejarse sin más con el picador, no se empleó nunca, ni metió la cara abajo, comprometió a los banderilleros y tampoco su matador le supo quitar el defecto de embestir bronco a ráfagas y cruzándose por el pitón izquierdo.

Los matadores se limitaron a estar dignos, pero no entendieron que a estos toros no se les podían hacer florituras, no permitían eso tan en boga de componer la figura. López Chaves no se confió en su primero, al que se empeñó en dar derechazos y naturales que el animal no admitía. A su segundo lo recibió con aseadas verónicas, después empezó con pases por ambos pitones doblándose sin demasiado convencimiento. De nuevo pretendió lo de dar pases, perfilero, pero tampoco era el día con este de Escolar. Un toro que a estas alturas de faena estaba como una rosa.

Fernando Robleño, al que ya hemos visto con ganado de este tipo, empezó con unas verónica precipitadas, más al ritmo del toro, que al que este mismo necesitaba para calmar su empuje. Tanteo inútil con la muleta, sin acabar de saberse muy bien lo que pretendía. En su segundo, quizás por lo que ocurrió en el anterior, salió a machetearle por bajo y a meterle la muleta en los riñones, que era lo que pedía el cornalón, pero eso habría que haberlo hecho con más decisión y energía. Prosiguió con esos pases de castigo, al menos para poder dejar la estocada atravesada que cobró con mucha habilidad por su parte.

José María Lázaro se encontró con un ganado para el que a lo mejor no estaba preparado, citando y apartándose para que pasase el toro, siempre en movimiento y en el último a lo más que llegó fue a pegar unos trallazos sin temple, que no pudieron con la violencia de la embestida del Escolar. Seguroq que habrán aprendido una cosa, que torear no es pegar pases sin más, es algo más complicado y que en ciertas ocasiones hay que olvidarse de eso que tanto valoran algunos, eso que llaman componer.

jueves, 31 de mayo de 2012

El mansote quiere marcha, marcha…


La suerte de varas siempre que se hace de verdad, emociona


Esto no hay quien lo entienda, el día anterior íbamos a ver una bronca y casi acabamos con los pañuelos secándonos las lágrimas y en la de Carriquiri íbamos pensando en la despedida de Frascuelo y nos encontramos con un manso que acude de lejos al caballo. A ver si esto de los toros no es matemática pura. ¿En qué libros pone que un manso puede ir así al caballo? Los bibliófilos se hacían cruces, buscaban y buscaban en su móvil estratosférico y por bravucón no les venía nada. ¿Aplaudimos? ¿Abroncamos? Pues nada a aplaudir. Y el de al lado encima le pega la bronca y les echa en cara que en Madrid se ovacione un manso en el arrastre. Mier… de libros.

La mansada de Carriquiri, de no demasiada cabeza, largos y algunos entrados en carnes, no han sido demasiado colaboradores, que eso sí que viene en los libros. El primero solo se dejó en el caballo, echando la cara arriba y además parado en banderillas. Sosito en la muleta, acabó en la puerta de toriles. El segundo muy suelto, tomó las dos varas en el reserva, fijo, pero sin empujar, ya lo hacía el picador por él. Flojo, casi moribundo, se caía a poco que se le bajara la mano. El tercero, abanto, parecía jugar al pilla, pilla, siempre buscando los espacios sin señores con capotes. Bien colocado en la primera vara, rehusó la pelea, hubo que ponerlo más cerca y se limitó a cabecear y a salir espantado a la primera de cambio. En la segunda fue al relance, flojito, solo se defendió. A mitad del pase echaba la cabeza arriba con mucho peligro, se defendía por ambos pitones y si se le bajaba la muleta para intentar solucionar este problema, caía rodando por la arena. El cuarto vivió lo que se llama vulgarmente una capea, muy suelto por el ruedo, pero sin que nadie intentara sujetarle con un capote. La primera vara la recibió casi en toriles, según salían los caballos, para marcharse en cuanto notó el palo. La segunda fue al que hacía la puerta, marchándose con un respingo. Hubo tres entradas más, levantando mucho la cara, corneando el peto y yéndose suelto. El quinto fue otro que se paseó por el ruedo a su voluntad. Se le picó primero tapándole la salida, pero acabó marchándose; en la segunda vara el de a caballo se salió picando hasta el mismo centro del ruedo. Se emplazó en los medios esperando a los banderilleros. En la muleta pegó arreones de manso y por el izquierdo buscaba las tablas a la salida de cada pase, hasta que acabó en la puerta de chiqueros. Y salió el toro marchoso, un manso que despertó a todos los presentes. Se fue a por el caballo según salían los montados al ruedo, tirando derrotes al cielo, para acabar saliéndose suelto. Castaño lo recogió bien y lo puso de lejos al caballo. El animal se arrancó, le picaron trasero y continuó cabeceando. La tercera vez, más lejos, pero con el mismo comportamiento. Acudió bien al caballo, pero con menos alegría. Hubo un cuarto encuentro, esta vez desde la misma boca de riego y con más alegría que las ocasiones precedentes, empujando como siempre echando la cara muy arriba. Se dolió de las banderillas. En la muleta se fue parando poco a poco, quedándose a mitad de viaje y derrotando peligrosamente, acrecentándose estos defectos a medida que avanzaba el tiempo. Se defendía descaradamente, pero hubo quien en el arrastre solo se quedó con las arrancadas al caballo y le ovacionó como si fuera bravo.

Frascuelo, el torero de Madrid, empieza a distanciarse demasiado de la tauromaquia que otras veces ha mostrado. Sin acabar de entregarse, parece que está más merced de las circunstancias y sin ser él que controle lo que pasa en el ruedo. Más inhibido de la lidia que lo que era habitual, soso con la muleta, no pareciendo demasiado capaz de estar a gusto en la cara del toro. Seguro que el maestro tiene suficientes argumentos para decidirse a seguir en los ruedos, pero la sensación del espectador es que quizás debería pensarse si le merece la pena emborronar la imagen que se ha ganado después de muchos años de sacrificio e injusticias. Yo siempre he sido un fiel seguidor de este torero, pero desde hace ya un tiempo, no le veo a gusto, ni con recursos y eso no me agrada.

Ignacio Garibay es un torero mexicano que vino el año pasado, recibió una cornada y ha vuelto este para intentar revalidar la aceptable imagen que dejó en la mente de algunos aficionados. En su primero estuvo reservón, tanto con el capote, con el que no se pudo hacer con el toro, como con la muleta, dando vueltas alrededor de su oponente, como si no supiera por donde atacar. En su segundo tuvo que aguantar los arreones del manso, a veces para echarse a temblar, pero tampoco supo oponer ninguna solución para amainar el temporal.

Castaño era esperado en Madrid. Sus últimas actuaciones le han presentado como un seguro lidiador en franca progresión. En su primero quiso empezar luciendo al toro, aunque después tuvo que echar mano de la efectividad y si para ello era necesario meter al toro debajo del peto, pues se metía. Luego con la muleta siempre citó cruzado, muy asentado y sabiendo lo que se traía entre manos, un manso complicado que quería coger las nubes con los pitones. En el último de la tarde, aunque el de Carriquiri empezó campando a sus anchas, enseguida se hizo con el mando. Todo hacía indicar que era un manso más, pero sin dar nada por supuesto, lo puso al caballo de lejos y ¡Oooh! sorpresa, el toro se acercó. Bien es verdad que no dio la talla en el caballo, ni mucho menos, pero lo volvió a colocar dos veces más, una incluso desde el centro del platillo y el toro seguía yendo al peto. En este apartado merece la pena señalar el toreo a caballo de Tito Sandoval, aunque no estuviera demasiado afortunado a la hora de clavar el palo, generalmente trasero, cuando no caído. Con la muleta, Castaño estuvo firme, aguantando la progresiva complejidad que ofrecía la embestida del toro. Volvió a cruzarse en cada cite, jugándosela en cada envite. Realmente corroboró todo lo que se venía oyendo de él; no es un torero artista, ni pinturero, porque eso no es lo único, pero demostró que tiene cabeza y que quiere torear con la verdad.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Se apagó el toreo


Julio Aparicio, el toreo que se va consumiendo


El torero ya no está, pero no por eso dejará de ser torero. Julio Aparicio enseñó a todo el mundo que el toreo no se aprende en los libros, que no es solo pegar pases, cortar orejas y salir de cualquier manera por la puerta grande, el toreo es mucho más, es un sentimiento, es una filosofía y una forma de vida. Aunque unos viven para el toro y otros del toro, pero eso ahora queda aparte. Todo queda a un lado cuando un torero decide cortarse ese exclusivo distintivo que identifica a los toreros. Muchos verán que solo es un añadido, una parte del vestido de torear, pero la coleta simboliza lo que es ser torero; torero no se es de la noche a la mañana, como el que decide cambiar de camisa, de zapatos o de bar para tomar el café. El torero se va haciendo poco a poco, a fuego muy lento, tan lento como tarda en crecer esa coleta, después de mucho tiempo, después de muchos enganchones, para al final acabar portando esta extensión como el que carga con una larga vida delante del toro. Por eso al pedir a tu peón de confianza, a un familiar o amigo de verdad que tome las tijeras es pedirle que te ayude a cerrar una historia llena de ilusiones, sufrimientos y que el torero vive como un sueño, una lucha contra la muerte para sentir la vida. Pero el torero, cuando alcanza llega a serlo, nunca se despoja de esta distinción. Y Julio Aparicio lo será para siempre, igual que Julio Aparicio padre, con quien me crucé a la salida, y que como los grandes, como los toreros buenos, no podía reprimir el que los ojos se mojaran las mejillas de los recuerdos del niño vestido de luces. Será por esto que el toreo es tan grande.

Pero ya digo que esto no se aprende en los libros, ni lo pueden enseñar los que ven en esto solo un negocio o la satisfacción de una vanidad mundana alimentada por la ignorancia y la estupidez. Quien no sé si ha aprendido o no esta forma de vivir es David Fandila, El Fandi, uno de los toreros más toscos del escalafón y de lo que menos pureza tienen a la hora de mover los engaños. También puede ser que no dé para más que para lo que hace. Muchas facultades, simpático como el que más, pero autor de un toreo superficial y vacío. Recibió a su primero con una larga de rodillas y varias verónicas rectificando siempre. Galleo por chicuelinas citando y apartándose un paso a un lado, en lugar de desviar la trayectoria del animal. A su primer inválido de las Ramblas no se le pudo ni picar, le colocó bien en el segundo encuentro, para recibir un segundo picotacito. Luego en banderillas solo confirmó una cosa, que corre mucho. A toro pasado, a veces pasadísimo. Pero lo malo no son las carreras en el segunde tercio, lo peor de todo es que cuando coge la muleta tampoco se para, se mueve hasta cuando está pasando al toro, es como si sufriera vigorexia taurina o el baile San Vito, versión muletera. Luego si nos ponemos a añadir, podríamos hablar de esos pases en los que no torea y que vacía allá a lo lejos, apuntando a las Alpujarras. Al segundo, que empujó con la cara muy alta en el caballo y que le dieron para ir pasando en la segunda vara mientras le tapaban la salida, le tanteo con mantazos de capa. De nuevo cogió los palos y demostró su ansia de superación, si en el primero ya estuvo para taparse, en el segundo estuvo aún peor, con un tercer par en que se fue tanto que no encontró toro ni en la primera, ni en la segunda pasada. Faena de muleta casi calco de la del segundo de la tarde. El toro iba y venía a su voluntad, pues jamás el granadino le indicó “por aquí”. Se puede decir que lo mejor de su actuación fue el momento en que cortó la coleta a Julio Aparicio, aunque una voz mal pensada cerca de mi le decía que esta vez no se desviase tanto como lo hace con los palos, no fuera a ser que le cortara una oreja al compañero.

Miguel Ángel Perera, este torero que se llama igual a uno que hace unos años interesó al público de Madrid, no se sabe si vino a torear o a castigar a la parroquia venteña. Exquisito tomándose precauciones y aliviándose hasta para mojar las telas, no vaya a ser que tengamos un disgusto que no buscamos. Bastante disgusto demuestra él durante toda la tarde; parece que viene “obligao”, y no se da cuenta que para venir así, preferimos que no venga, que no hay que pasar malos ratos sin necesidad. Al tercero, pobre de cabeza, lo recibió a pies juntos, no vaya a ser que al abrir el compás suceda algo irremediable y bochornoso. Lo de llevar al toro al caballo no entraba en sus planes, así que no insistiremos sobre ello. En el primer puyazo, perdón, en la primera simulación de puyazo le taparon la salida, mientras el animalito se quedaba roque apoyado de lado contra el peto. En el segundo no llegaron ni a señalarle el puyazo. Quite por chicuelinas de Perera, con menos sentido que una nevera en el Polo, como los muletazos que siguieron, esparcidos en cantidad por la arena de Madrid. Con una parsimonia desesperante para ensalzar su labor, lo malo es que lo que ensalzaba era para esconderlo debajo de la alfombra. Pero fue en el sexto en el que se encontró a gusto, con novillote entrado en carnes, como nos gusta en esta plaza, los cebones más propios del matadero e ideales para sacar filetes gorditos. El pobre animalito iba escasito de fuerzas y tropezaba con el aire, aunque también puede ser que los areneros dejaran hoyos intencionadamente; esto habrá que analizarlo detenidamente. Suerte tuvo el matador de que el animalito no tuviera ni casta, ni malicia, sino podría haberse lamentado de sus dudas con el capote, haciéndole garabitos en la cara, pero el de Las Ramblas ni se enteró. Fue tocar el peto y ¡brrroooummmm! se derrumbó. Venga otra vez al caballo, a ver si ahora va a ser posible. Allá que fue y ya el picador tomó sus precauciones y casi ni le tocó con el palo. Eso es consideración. Acto seguido el extremeño tomó la muleta y comenzó el segundo pase de su actuación. Mantazos con el pico, mandando al toro allá a lo lejos, incluso más lejos de lo que se lo pasaba, retorcido. Al natural imagínense un corta y pega de lo anterior y de lo anterior y de lo anterior y… Lo siento, me contagié. Solo acompaña las embestidas y tanto abría la ventana, que el toro se le viene al hueco, pegándole un incómodo achuchón. Pero ya estaba caliente, se desmelenó y empezó con su repertorio más popular, alcanzando las más altas cimas de la vulgaridad, el destoreo y el sinsentido. Arrimón y mantazos que hacían vibrar a los paisanos que tanto le quieren y que no le tienen en cuenta los defectos, le quieren como es, que así debe ser el cariño. Pinchazo y entera, petición de oreja que el presidente no concedió, con toda la razón del mundo, porque a veces se nos olvida que un pinchazo o estocada defectuosa hacen que se pierda un trofeo, precisamente el que otorga el público y que la segunda oreja, o la primera en este caso después del fallo, es por decisión del usía del palco.

El que abría plaza, que hoy lo he dejado para el final, era Julio Aparicio. Volvía a Madrid en una situación incómoda después del escándalo del último día. Se decía que no vendría, pero allí estaba. Empezó con ganas, parecía que estaba decidido a limpiar su imagen, unas verónicas a su estilo, pero con pasito atrás, excepto en una por el pitón izquierdo. El manso fue al caballo para no parar de cabecear el peto, queriéndose quitar el palo como fuera. Mientras el matador andaba por allí, mal colocado. Más cabezazos en la segunda vara, en la que el toro se rompió un pitón; ¿de qué estará hecha la guata de los petos? Los pitones parecían dos platanitos inofensivos. Bien Ángel Otero con los palos, para dar paso a los muletazos de tanteo, más para perder tiempo que para ver cómo iba el animal. Bajonazo fulminante y se acabó. Al inválido cuarto le sustituyó uno de Fraile Mazas; corretón, bien parado por Ángel Otero, mientras el matador se inhibía de la lidia. En los dos encuentros con la acorazada de montar le dieron más castigo del esperado y hasta del necesario. Trapazos de aliño para machacar al toro, media estocada, dos descabellos y fin de una historia. Este Madriledo, número 15 de Fraile Mazas, 527 kg., ha sido el último toro que ha matado Julio Aparicio.

No nos quedaremos ni con la escasa fuerza, presencia y mansedumbre de sobra de los de Las Ramblas, ni con el continuo ir y venir y volver a venir de El Fandi, ni con la parsimoniosa vulgaridad de Perera, hoy será el día en que Julio Aparicio se cortó la coleta, el día en que al abandonar la plaza unos le aplaudieron como reconociendo a una carrera, al torero que ha sido, mientras otros no veían más allá de sus almohadilla y abroncaban al torero que apagó el toreo.

martes, 29 de mayo de 2012

Cuidadito, que luego crecen


La torería de Fernando Sánchez y David Adalid con los palos


Que alegría da ver a los novilleros cuando están en eso, en novilleros que es lo que son. Y da más alegría cuando la norma habitual sea que se comporten como figuras ya consagradas a punto de cortarse la coleta, con una dilatada carrera en el toro. Pero cuando salen a comerse el mundo, a hacer quites, a buscar el triunfo y a no dejarse ganar la delantera por el compañero, pues hay algo dentro que te sube el ánimo. Pero cuidado, vale que a los novilleros hay que darles un margen, que tienen que aprender, que están empezando y que hay que criarles con mimo, pero tampoco se les puede malcriar. Si desde niños ya dan muestras de ciertos vicios ahora universales, pues habrá que intentar reconducirlos y no aplaudirle las gracias, no vaya a ser que de matador siga en las mismas y empiece con que hay ciertos sectores en la plaza que no le entienden. De la misma manera que si hace algunas cositas de mérito, convertirle en un genio, o en este caso en una figura del toreo; que son varios los casos de novilleros que en un momento determinado agradaron al personal y con eso solo bastó para convertirles en los herederos de Mazzantini.

los novillos de Gavira, bien presentados, en un principio nos hicieron dudar, pensando que era día de figuras del G- 10 y no de una de las novilladas de feria. Tantos días seguidos, tanto toro y tanto mantazo, que al final te pierdes y no sabes ni quién torea, pero no, al final fueron tres los novilleros que se las vieron con este encierro. Los tres primeros mansearon en el caballo y se dolieron en banderillas, sin ningún complejo, flojitos y sin malicia, aunque el primero no cesaba de echar la cara arriba por el pitón izquierdo. El cuarto en cambio, mostró de principio cierta fijeza en el caballo, para luego declarar lo que era, cabeceando el peto sin parar. Se arranco pronto en la segunda vara, pero su actitud ya estaba clara. Luego siguió echando los pitones al cielo, gracias a la colaboración de Alberto Durán. El mejor de todos fue el quinto, muy bueno en los engaños, aunque en el caballo simplemente se dejó, o si queremos ser bondadosos, digamos que cumplió sin más. El sexto tardó algo más en declaran su mansedumbre, aunque al final no pudo por más que mostrarnos su condición.

De los novilleros, Alberto Durán, Gómez del Pilar y Damián Castaño, quien más decidido estuvo fue el madrileño Gómez del Pilar, quien desde el primer momento hizo su declaración de principios al irse a la puerta de toriles. No es que yo sea muy partidario de este número, donde no hay nada que ganar, pero se acepta como eso, como el querer decir “esto va en serio”. Intentó estar variado, incluyendo en el repertorio un quite por zapopinas, lopecinas en España, retirándose de un respingo cuando venía el novillo. Inicio de rodillas con la muleta, que acabó un poco embarullado. Muchos derechazos y naturales, pero siempre largando el toro hacia fuera, llevándolo enganchado en el pico, pasándoselo a lo lejos. Mucho trapazo y nada de toreo. Acabó con unas bernadinas y dos de pecho sacándoselo por la hombrera, que fue lo mejor de su actuación. Dos pinchazos y un bajonazo y punto. En el segundo volvió a portagayola, esta vez con mejor fortuna, aunque lo mejor fueron las emocionantes verónicas que siguieron a la larga de rodillas. Insistió en esa variedad con unas chicuelinas apartándose y con demasiado amaneramiento. Con la muleta empezó instrumentando unos naturales templados con la pierna retrasada, una tanda más con las mismas características, aunque en ambos casos el mejor muletazo fue el segundo de cada serie, cuando se quedaba mejor colocado y sin retrasar la pierna, intentando rematar atrás. Y como norma, los de pecho buscando la hombrera contraria. En unos casos saldrán mejor y en otros peor, pero la intención de llevarlo toreado ya es de agradecer. por el pitón derecho había menos limpieza, con enganchones, mientras abusaba del pico y de esconder la pierna contraria. Para cerrar quiso tirar del repertorio populista, que si algo podría conseguir era soliviantar a parte del personal, aunque los isidros siempre se entregan al arrimón, los invertidos y esas cosas que entienden y valoran más en otros sitios. Cerró con abaniqueo, algo ya caído en desuso, pero que sirve para mostrar al público que el novillo se ha acabado de entregar sin reservas. Y sin reservas se tiró sobre el morrillo, para pinchar feamente. Después una estocada rinconera y tendida y una oreja. Oreja que habría perdido con ese fallo con la espada, pero que ni el público ni el presidente tomaron en cuenta. ¿O es que pensaban haberle dado dos orejas? Ahora a ver si su entorno, la prensa y los taurinos le dejan tranquilo y no empiezan a tener las prisas que no harían más que perjudicar al chaval. Déjenle que se acabe de formar, y luego ya veremos.

Alberto Durán estuvo menos en novillero que su compañero, mantazos con el capote, descolocado durante la lidia, más trapazos con la muleta, fuera de cacho, sin torear y simplemente acompañando la embestida, lo que luego le costó un susto al ver como el novillo se le venía encima, recordando un vicio antiguo, el de echar la cara arriba por el pitón izquierdo. Quiso calentar la parroquia con un arrimón que no venía a cuento, pero lo mejor fue el intento de matar recibiendo, cobrando una media muy eficaz y de buena colocación. En su último novillo en la feria se complicó él solo la vida con un novillo que se le coló una y otra vez al ver el hueco que quedaba entre el engaño y el bulto, de tanto que torcía Durán la muleta. La indecisión se apoderó de él, agravada por el defecto del novillo de levantar la cabeza. Acabó de un triste golletazo.

Damián Castaño puede que esté pagando ahora aquellos triunfalismos de otra época cuando le consagraron como el rey del natural, cuando otros creían que tenía mucho que aprender y más todavía que pulir. En su primero tomó la muleta tras un espléndido par de David Adalid entrando en los terrenos del toro más pendiente de no abandonar los terrenos próximos a las tablas, que de los que andaban a su alrededor con los trapos rosas. Castaño empezó la faena echándose de rodillas para dar unos derechazos más templados que los que a veces se dan de pie. Después se perdió en la vulgaridad y defectos de la Tauromaquia 2.0, con excesiva presencia del pico y la lejanía entre toro y torero. Su manso segundo fue la continuación del primero, con retorcimientos, pico y sin tan siquiera intentar rematar los pases.

Quizás en junio, julio y agosto volvamos a ver a todos los novilleros de esta feria en un ciclo al que llamen “la Oportunidad”, “El 40 Naciones”, “Madrid busca un torero”, “Oé, oé,oé, el torero ya está aquí” o como se le ocurra al departamento de marketing de Taurodelta. Pero que tampoco se agobien, que piensen que si avanzan los planes que parece que tienen sus jefes, siempre según dicen las malas lenguas, porque no hay nada oficial, por supuesto, pues los señores marquetinianos tendrán que pensar en un futuro en “Los veranos de Tauroidelta”, incluyendo un ciclo de bandas de música, folklore finlandés, el reguetón en la Villa y Corte o la orquestina de gogos y coristas vestidas de areneros y personal de plaza, más que nada para rentabilizar los uniformes actuales; pero no se hagan ilusiones, porque estos no parece que los hayan renovado desde bastante tiempo. Bueno, habrá que esperar.

lunes, 28 de mayo de 2012

El chucuchú del tren, que oímos al pasar


Solo El Chano dejó buen sabor al aficionado, excepto cuando porta ese capote tipo ala Delta


Uno no sabe en que quieren convertir Las Ventas los señores de Taurodelta. Aparte de ese club de alterne que se ve en la lejanía deshaciéndose de todo lo que pueda oler a toros, a la fiesta de siempre y dinastías de trabajadores transmitiendo un sentir que no se estudia en los libros, ahora parece que también van a poner una estación de tren. Pero no del AVE, ni el de la Fresa, ni tan siquiera de RENFE; será la estación de las grandes oportunidades, pero ¡ojo! que este tren no espera a nadie, hay que subirse en él con decisión, precisamente la que les ha faltado a Fermín Spínola, Serafín Marín y Rubén Pinar, para empezar a salir de ese pelotón de los indiferentes en que se encuentran ahora.

El tren, marcado con el hierro de Baltasar Ibán, tenía vagones de primera, de cómodas y repetidas embestidas, con un magnífico servicio de cafetería, donde se ofrecían fincas a tutiplén, servidas con hielo triturado, unas cucharaditas de azúcar y el ligero picante ce un grano de pimienta. Así han sido el 2º, 3º y 4º, uno por pasajero, para que ninguno pudiera reclamar ningún agravio comparativo, llevando el mismo tipo de billete. El segundo, que en la primera vara fue al relance, empujó bien en el caballo y recibió su buen castigo, especialmente en el primer encuentro. Se dolió en banderillas, pero quedó con un dulce sabor en la muleta, aunque no empalagoso. A medida que fueron pasando los trapazos, y por no ir removiendo el azúcar del fondo con mando y dominio, el de Ibán empezó a achuchar a su barman, que poco a poco veía como le rebosaba la casta de su oponente. El tercero se arrancó con alegría al caballo, luego empujó de lado y acabó marchándose suelto, como en la segunda vara, donde se limitó a cabecear el peto. En el último tercio siguió arrancándose de lejos, lo que le daba un sabor fresco y revitalizador al cóctel; con un buen pitón derecho, pero que no fue aprovechado por Rubén Pinar, quien desparramó todo sobre la mesa en una curva del itinerario, por aplicar un mal torero, ventajista y en el que el toro nunca se sintió sometido. El cuarto cabeceó en el peto primero, para después arrancarse con alegría, aunque con poca fuerza. Se dolió mucho al mezclarlo con dos buenos pares de banderillas de El Chano, pero otra zona de curvas hizo que Spínola derramara la casta y nobleza por el suelo. El Ibán on the Rocks que pedía que le torearan de verdad, con mando y bajando la mano y se encontró con un cursillo rápido de banderazos y pases sin poder.

En los vagones de segunda no se crean que los asientos eran de listones de madera que se clavaban a lo largo de todo el espinazo. El primero estaba pegadito a los coches de primera y casi contaba con los mismos servicios y comodidad que estos. Muy parado de salida, escarbando y cruzándose por el pitón derecho, empujó con fijeza en el caballo, soportando el castigo que estaba recibiendo. Tras el marronazo en el segundo encuentro, se limito a estar allí debajo, sin codicia ninguna, doliéndose y sin entregarse en banderillas, aunque si dejaba ver el dulce sabor de su pitón izquierdo, aunque había que aprovechar los primeros tragos por ahí, antes de que la falta de fuerzas hiciera aflorar un  sabor insípido, para quedarse completamente parado. El quinto pudo parecer que un tanto esaborío en los primeros achuchones en el capote, pero luego se le vio su alegría para ir al caballo, empujando con fijeza, aunque se le tapara la salida. Luego en la segunda vara ni el del caballo picó, ni el toro empujó. En la faena de muleta quizás el catador no supo saborear lo que llevaba dentro y en lugar de tomarlo a la temperatura adecuada, con sorbitos cortos, lo mezcló con gaseosa y se lo pretendió embuchar de un trago. El que cerraba el festejo fue más desabrido y áspero, con ese sabor amargo de los toros que mansean y que piden una lidia firme y eficaz. Ya apretó en los primeros lances con el capote, desarmando a Rubén Pinar. En el caballo ya estaba parado, cabeceando aún más en el segundo encuentro, mientras se le tapaba la salida, que en el primero, escarbando y tardeando. Se dolió muchísimo en banderillas, para acabar esperando a ver que decidía su matador, que no acababa de tener claro como se tomaba aquella mezcla con fuerte sabor a licorazo de quemar.

A lo largo del viaje el tren cesó en su chucuchú efectuando varias paradas. En la primera a Fermín Spínola se le esperaba con cierta ilusión, a ver si repetía lo hecho en la última corrida de la temporada anterior, pero quizás se dejó obnubilar por ver la estación hasta los topes de gente, que se limitó en su primero a dar derechazos sin temple, desde la pala del pitón, dejando que el toro le tropezara la tela. Con lo bien que le había ido en los primeros y suaves pases de tanteo con los que se lo sacó un poco más allá del tercio. Gastó las pocas embestidas que tenía en el pitón derecho, ignorando que el más potable era el contrario. Demasiado encimista, se pasó el toro muy lejos, estirando demasiado el brazo. Al menos acabó con una estocada hasta los gavilanes, yendo muy derechito y haciendo rodar al toro en segundos. Ahí casi pierde el tren, al que se subió como pudo, sin poder ocupar de nuevo su cómodo asiento, quizás en el otro, pero en ese otro empezó embrollado al final de las primeras tandas y otra vez por el pitón derecho. Brazo largo y banderazos, abuso de pico y carreras para recuperar su sitio, citando siempre desde muy fuera. Un bajonazo descarado fue el triste final de una de las pocas esperanzas que algunos teníamos en esta feria.

Serafín Marín, el solitario del Parlament, no acaba de remontar el vuelo. Ya a la verónica en el segundo, exhibió una serie de mantazos a la verónica, con pasito atrás incluido en algunas de ellas. En su inicio de faena continuó con más trapazos por ambos pitones, para seguir por trallazos con el pico, basto, acabando el pase con banderazos, estirándose mucho, pero sin mando, ni poder. El toro venía en los coches de primera, pero tan mal se le hicieron las cosas, que empezó a venírsele arriba y a decir aquí estoy yo. La misma canción al natural y unas manoletinas zarrapastrosas para acabar. y si en los vagones de primera se dedicó poner los pies en la tapicería, a tirar papeles al suelo y a apagar los cigarrillos en la moqueta, con el quinto la cosa se complicaría. Ya empezó apretando al entrar al capote. Con la muleta se limitó a ese toreo moderno con los vicios ya conocidos y tantas veces repetidos, muy encimista y teniendo que colocarse a cada momento pegando una carrerita. Acabó con un medio mitin con la espada, no echando la muleta al suelo y un definitivo bajonazo vergonzante.

Rubén Pinar, la joven esperanza de Tobarra a la que hay que soportar año tras año, sí o sí, corrió suerte parecida a sus compañeros de viaje, pero según el estilo propio del albaceteño, ese del toreo vulgar y más apto para otras plazas que para la de Madrid, aunque esto ya ha cambiado mucho. A su primero tuvo la generosidad de darle distancia, aunque ese rasgo de torería se desbarataba en cuanto se apartaba y metía el pico de la muleta, para acabar los pases desairadamente y por alto. Cambio al izquierdo y más de lo mismo y lo que podía haber sido algo importante, acabó convirtiéndose en un “a ver como me quito esto de encima”. Conclusión: el Ibán se le fue sin torear, pero muy trapaceado. En el sexto, que era más complicado, tras tener que tomar el olivo en los primeros capotazos, ya decidió que aquel viaje no era para él, que bastante tenía con el cercanías de su pueblo a Albacete y vuelta. Con la muleta se limitó a dar vueltas a ver por dónde le metía mano a aquello, sin ocurrírsele por un momento intentar lidiarle con la muleta para ver si le ablandaba un poco el corazón y ese carácter de manso con casta.

Y así se nos fue la tarde viendo pasar el tren haciendo chucuchú y como, al querer volver a subir los tres espadas, el revisor les frenó y les echó de los vagones de primera de segunda y de cualquier compartimento del tren en el que se pudieran acurrucar. Y allí se quedaron los tres, sin poderse subir de nuevo para seguir ruta y, lo que es peor, sin saber si volverá a pasar otro o no, aunque seguro, seguro, que no será ni tan cómodo, ni tan lujoso como el de Baltasar Ibán Railways.

sábado, 26 de mayo de 2012

El futuro es la huelga


¿Habrá que ir a ver los toros a los museos de ciencias?


Novillada de feria con toros de Fuente Ymbro, remendados con dos de Navalrosal y un sobrero de Espartaco, para Sergio Flores, Javier Jiménez y Fernando Adrián. Muy probablemente estos nombres corresponderán a algunas de las más destacadas promesas de la novillería del momento. Pues estamos arreglados. Quizás ellos y sus mentores, más sus seguidores, familia y paisanaje no pensarán lo mismo, pero repito, estamos arreglados. Todos estos habrán salido felices con la actuación que más directamente les toca y seguro que no habrán hecho oídos sordos a la convocatoria de huelga del personal de plaza, para varios días de aquí al final de la feria.

pensarán que qué tienen que ver el cu… con las témporas, pues tiene que ver y paso a darles mi versión de todo esto. Hasta el momento, en muchos casos, este personal está unido a la Plaza de Madrid desde tiempos de sus padres, abuelos o tíos, desde la plaza de la Carretera de Aragón. Lo mismo areneros, que monosabios, porteros, mulilleros, chulo de banderillas, de toriles, corraleros y tantos otros que hacen posible que se celebre una corrida de toros sin que tengamos que preocuparnos de nada más. Seguro que dependiendo a quien se escuche, tendremos una versión distinta. ¡Qué barbaridad! En los tiempos que estamos y estos querrán más dinero, trabajar menos o vaya usted a saber. Seguro que hay quien lo piense y además nos fastidiarán los toros de esos días. Conociendo como conocemos a la empresa Taurodelta ¿ustedes creen que la huelga es para pedir dinero o para conservar privilegios? Conociendo como conocemos a la empresa Taurodelta ¿No creen que detrás de todo este jaleo los empleados de la plaza saben o adivinan movimientos extraños que primero irán directamente contra ellos, después contra el aficionado más fiel y por último contra la Fiesta de los Toros? Y además, después del último pliego, no creo que podamos tener esperanzas en que la CAM y su presidenta doña Esperanza Aguirre vayan a mover un dedo por el mundo del toro. Eso sí, se llenarán la boca con lo del Bien de Interés Cultural y por detrás apuntillarán a una fiesta viva y llena de emociones, para convertirla en un sainete “Tipical Spanish” para los turistas. Primero cambiaron al personal taurino por otro, para los días de concierto. Claro, es mucho mejor tener de porteros y acomodadores a jóvenes modernos con pinta de poligoneros y a espléndidas veinteañeras de cacha lustrosa, que a los señores que te cortan la entrada ahora o que te dicen cual es tu sitio. Pero claro, ¿por qué no dejamos a estos pimpollos también para los días de toros? Y además, también podríamos renovar el parque de los demás empleados, el equipo humano que dicen los emprendedores. Cuéntenme para que queremos areneros. Firmamos con una contrata y que nos manden becarios o voluntarios, que además en un momento determinado pueden hacer de ”boys”y “gogos” en los tiempos muertos de los espectáculos. ¿Y los de las almohadillas? Fuera también. Se encargarán risueños jóvenes que te ofrecerán el cojín como la solución anatómica para disfrutar cómodamente del espectáculo. O los mulilleros, se contratab unos chavales con quads y o se llevan al toro o te dan un sesión de suido, polvo y batacazos. Lo siento por los monosabios y mozos de cuadra, porque como la suerte de varas va a ser de lo primero que desaparezca, pues directamente se quedan en sus casas, aunque estos ya vayan por una contrata aparte y no por Taurodelta, pero que al final seguro que correrían la misma suerte; los trabajos indirectos que dicen en las noticias.

Y después de todo esto, ¿para qué mantener la temporada de Madrid? Si lo interesante son las ferias, porque a los abonados se les obliga a comprar cualquier porquería, y así solo se trabaja dos veces al año, en mayo se repiten los bodrios del año pasado y en otoño los que no interesan a nadie. ¿Y la temporada? A la temporada ya le pueden ir dando mucho por ahí. En verano montarán conciertos sin tener que montar y desmontar escenarios, pondrán terrazas Vips en las terrazas exteriores de la plaza, restaurantes en las salas ya abiertas y quien nos dice que no pondrán una guardería con piscina de bolas y todo, en las cuadras de caballos y en el desolladero. Y andando el tiempo, esto será una verbena para turistas y emprendedores que se quieran lucir, pero que aplaudirán encantados todo lo que pase en el ruedo, entre otras cosas, porque no les importa. ¿Entienden ahora porque molesta tanto el aficionado crítico y protestón.

Pues ese aficionado protestón ve que en el ruedo no se plantea ninguna solución al futuro de la Fiesta y que además sienten el aliento de la avaricia e inmoralidad de los que rigen todo esto. Después de esta parrafada, espero que entiendan que hoy no me extienda demasiado con lo que ha pasado en la novillada. Los de Fuente Ymbro han flojeado bastante en los caballos, no se les ha picado prácticamente, aunque luego en la muleta se han venido arriba, siguiendo el modelo Tauromaquia 2.0, aunque con un escasito puntito de casta, que les ha hecho complicados para los verdes novilleros, que ignoran que es eso de mandar y poder al toro. De ahí las coladas, el que los novillos se acostaran por un pitón para acabar cruzándose peligrosamente sin que nadie pusiese remedio a eso. Mansearon buscando las tablas y hasta los toriles para ir a morir y campearon a sus anchas sin que nadie les dijera que aquí, así y por aquí. Faltaría más. Y lo que son las cosas, los de Navalrosal y Espartaco tuvieron un comportamiento casi calcado; curioso ¿no? Viva la variedad de encastes.

Sergio Flores fue el único que en unos naturales abrió el cofre de la esperanza, llevando al toro metido en la muleta y mandándole a base de bajar la mano, pero poco dura la dicha en casa del pobre. Luego vinieron las carreras, el pico, los estiramientos, el no rematar los pases y esa larga letanía de defectos modernos de todos los días. Javier Jiménez, con complejo de guardiamarina, se hinchó a pegar banderazos, si bien es verdad que en una tanda de derechazos, aunque muy toscos, pudieron con el novillo, pero rápido volvimos a las andadas, a las carreras, los retorcimientos, pico… Fernando Adrián demostró dos cosas, que sabe poner posturas muy galanas y artificiales y que cuan do se arranca el toro es capaz de pegar un respingo y echar a correr para salir de allí. Muy moderno, casi pasado de moderno, digno discípulo de la escuela de El Juli. Esto resume una novillada en la que mucha gente estaba más pendiente de el por qué de esa huelga y el dónde quieren colocar la fiesta Taurodelta, doña Esperanza Aguirre, el Partido Popular que prometió ayudar a la fiesta y de momento solo lo hace de palabra y permanece con los brazos cruzados, el PSOE, que teme que por apoyar mínimamente a la Fiesta alguien les acuse de no ser progresistas y que esto les haga perder más votos todavía, IU, que le importa un pito esto de los toros, porque ellos son muy del futuro y así, entre todos la mataron y ella sola se murió. Y seguiremos escuchando esas bobadas de que esto es muy español, es una tradición de siglos, que es arte y cultura y que además nunca va a desaparecer. Pues esperemos que todo esto no haya que ponerlo en pasado y decir que era una tradición, propio de la península ibérica y demás. Al final… el futuro de los toros igual está en dos o tres plazas de Francia, pero que tampoco se anime mucho el personal, que si algo puede empeorar, llegará Taurodelta y lo empeorará.

viernes, 25 de mayo de 2012

Como apiolar mascotas


Manolo Martínez, un torero mexicano que sí sabía lo que se hacía

Esto está tomando un rumbo tan extraño, tan impredecible, que a priori es complicado atisbar donde está la meta; por no saber, no se sabe si hay meta o no. Algunos dicen que al final hay un precipicio, otros que cuanto peor, mejor, pero lo que sí es cierto es que uno cada día se acuerda más de aquello de “ver para creer”. En la corrida de los Cuvillitos escuché como una señora pedía que no se le picara más al torillo, que pobrecito; mientras jaleaba todo lo que hacían los de las medias rosas, como si estuviera viendo a su niño y sus amigos del colegio jugando en el patio con un perrito al que mareaban. En cualquier momento esperaba que la señora les regañara a los toreros y les dijera que ya valía con jugar con el toro.

Visto así, como si estos traviesillos estuvieran molestando al perro de la vecina, esto de los toros se parece ya más a una travesura de niños; los que meten la mano en la pecera, los mismos que molestan a un gato, le dan chocolate al hamster, sueltan al canario por la habitación, o le dan vodka al conejito blanco de la abuela. La corrida de toros es simplemente como fastidiar a una mascota. Una mascota dulce, bonachona y de peluche.

Algo así han son estos animales de Cuvillo que tanto se seleccionan; aunque que no se me malinterprete, que no es que sean minuciosos en la tienta, que no lo parece, sino que para juntar seis hay que ver la intemerata, para luego echar al ruedo una cosa indecente que quieren que pase como toro de lidia. ¡Qué bromista es este chico! Ya sabemos que hoy los toros no se pican, ese es un mal muy extendido, ya sabemos que cuando aparecen las figuritas, la tónica es hacer que se aprieta, pero sin apretar, pero estos rebasan el límite de largo. El primero, que fue el que más lámina de toro lucía, más por la cara que por la caja, recibió un puyacín de lado y trasero y otro ni señalado. Molesto con las banderillas, muy flojito, iba y venía mientras se esperaba que se fuera al suelo en cualquier momento. El segundo no se aguantó en pie y fue sustituido por uno de Carmen Segovia al que nadie logró fijar en los capotes, se quiso quitar el palo, primero fue al relance y luego lo metieron casi debajo del peto, al que corneó sin compasión. Esperando en banderillas, doliéndose de estas, entraba a la muleta como un mulo, sin humillar y sin codicia. El tercero, con pinta de ciervo, inmediatamente se refugió en tablas; dos picotazos y a dejar pasar el tiempo bajo el peto. En la muleta incluso llegó a molestar a su matador. El manso cuarto apretó un poco al salir, aunque más por la falta de pericia del matador, que por su mala condición. Picotazo trasero del que escapa y vuelve de nuevo, cabeceando, y un arañazo trasero como segunda vara; en el último tercio se hartó de ir y venir, permitiendo que el matador diera un curso completo de vulgaridad, llegando el público a aplaudir a este manso en el arrastre; quizás por ser la mascota que querrían tener en su casa para ponérselo sobre las piernas mientras ve la tele. Al quinto ni se le regañó en el caballo, a lo que respondió dando cabezaditas al peto. Siempre amenazando con echarse, al final aguantó en pie hasta que recibió un pinchazo trasero. El sexto, una sardina abecerrada fue devuelto y suplido por otro de Salvador Domecq. Mal lidiado o mejor dicho, nada lidiado, empujó en el caballo con la cara alta y cabeceando. Aunque manso, al final se vino arriba en la muleta y le complicó las cosas a Diego Silveti, entre coladas y desarmes.

Los matadores estuvieron a la altura de las circunstancias, o sea vulgares, superficiales y sin dar un solo pase bueno de verdad, tanto con el capote como con la muleta. Monsieur Castelá se mantuvo en esa burbuja místico artística en que vive, ajeno a todo lo que pasa a su alrededor. Él llega, se pone delante de este ganado infame y se pone a pegar pases echándose para atrás con el capote, escondiendo la pierna con la muleta, sin templar, a base de trallazos y sin idea de confeccionar una faena con algo de lógica. Pases y pases sin orden ni concierto, siempre sin rematar, estirando el brazo, lejos del toro y por supuesto siempre con el pico de la muleta. Descolocado durante toda la lidia y permitiendo que el ruedo sea un mercado persa en el que se echan el toro de unos a otros, sin preocuparse de fijarlo o de colocarlo en el caballo. Pero él a lo suyo, unas chicuelinas apartándose siempre o un bajonazo tras el cual se adorna como si hubiera matado como Mazzantini. En su segundo se hartó de pegar pases. Empezó citando de lejos y pegando banderazos ante las embestidas del Cuvillito. Pases sin rematar, retirando la muleta de golpe, los pases por detrás, derechazos y naturales citando muy fuera de cacho, mucha carrera, arrimón final, vulgar, aburrido, hasta oír el primer aviso antes de entrar a matar. Un bajonazo y una entera trasera, lo que no desanimó al público a pedir la oreja. Un vecino de localidad afirmaba incluso que era la mejor faena de la feria ¡Vágame Dios! Y volvieron a ovacionar, esta vez calurosamente, a un manso.

Daniel Luque no sé si debería hacerse banderillero o sacárse una carrera con futuro, una de esas de CCC, para que no tenga que salir de casa, no vaya a ser que se encuentre con alguien que le anime a volver a torear. Solo unas verónicas aseadas, lo demás toreo moderno en toda su plenitud incurriendo en todos sus males imaginables, sin hacer caso al toro y retorcido; arrimones, pico, lejanías y esa larga retahíla tan repetida. Hasta hizo eso de matar con el descabello y no con la espada. Un primor.

El confirmante, otro más, Diego Silveti, se puede aplicar el cuento de los demás, aunque aún cabe la esperanza de que mejore. Parece difícil, pero no imposible, bastaría con que aprendiera a dominar a los toros y que no se le subieran a las barbas al tercer muletazo. Lo de la variedad con el capote está muy bien, pero haciendo las suertes como se debe, no al aliguí. Otra tarde más en la que muchos aficionados se plantean muchas cosas sobre esto de las corridas de toros. Quizás la primera debería ser la segregación de la fiesta de siempre de este espectáculo vacío de contenido y sin sentido. Apartarnos de todo lo que se parezca a esos torillos que podrían alimentarse con Catshaw, de esos toreritos de pitiminí, tan ignorantes como inoperantes, necios y soberbios, y por supuesto de esos ganaderos a los que les vale todo y que sacan pecho cuando una masa ignorante les aclama mientras se hinchan a pipas y cubatas.

jueves, 24 de mayo de 2012

¿De Cruz Roja y oro o de fraude y azabache?


Toros en el campo (Obra de Luis López. Tercio de Pinceles)

Uno ya no sabe si le están birlando la cartera, si le están tomando el pelo, si no dan más de sí, si son unos míseros arrastrados o si un poco de todo. A lo visto en la tarde de los Juan Pedros, ¿qué hacemos? Podemos guardar silencio y al acabr cada toro callarnos o hacer ¡Uuuuuuuuuh! Y nos vamos a casa y a quién nos pregunte que qué tal en los toros, le podemos decir bajito al oído: no ha sido una tarde óptima, ni está dentro de los parámetros de lo deseable, según el paradigma de la corrida de toros enunciado por Heideger. Y nos vamos a casa, cerramos la puerta y nos ponemos a cag… en todo lo que flota; En el Titanic no, por supuesto. No me negarán que no es una actitud cuanto menos, cívica aunque también un tanto cínica.

Pero no todos tenemos el temple a prueba de bombas, porque claro si uno va oyendo y leyendo que logran completar una corrida a duras penas, lo que menos puede esperar es una gran corrida de toros. Ya te hueles que te la están liando para que no haya tres toros de otra ganadería y para que así no se pueda devolver la entrada en taquilla. Y que curioso, todos estos fastos de la Tauromaquia 2.0 se producen justo el día en que nos visitan las figuras, en este caso los dos pilotos estrella de la escudería de Curro Vázquez. O sea, que me vais a pegar el timo del siglo, trayendo una corrida impresentable y con unos torerillos con los que no se puede ir ni a la puerta de casa. El año anterior medio nos engaño la casa madre de esta franquicia de la desvergüenza que es lo de Juan Pedro, pero este ya no han podido y han acabando sucumbiendo a lo que realmente son, una basura con aspecto de toro, siendo muy benévolo. Una corrida en la que la mayor preocupación era la de auxiliarles para que se derrumbaran sobre la arena, que no podían dar un paso, fofos, blandos, mansos, descastados, feos y muy anovillados. Habrá quien me explique lo del trapío y lo de no sacarles de tipo, pero hombre, visto lo visto, les podían sacar un poquito, a ver si al menos aparentan ser toros. Que no se preocupen, porque es complicado que puedan parecer elefantes, como dicen algunos. Igual que es complicado que los de luces puedan parecer toreros.

En esta ocasión no quiero separar el comportamiento de los toros, y que estos me perdonen por tratarles igual que a esos seres de Juan Pedro, junto con la evolución de los que salieron con medias rosas al ruedo, para que no se pueda aislar el fracaso y la responsabilidad compartida de unos y otros. Encabezaba el cartel Morante de la Puebla, el máximo exponente del arte taurino, ese al que comparan con Curro Romero. ¿Cómo se puede ser tan ignorante y desinformado para afirmar semejante cosa? No insultemos a uno de los más grandes de la historia. Un señor que lo más que ha dado en Madrid son unas verónicas; casi perfectas, pero ya está, el Faraón las daba perfectas con una sublime imperfección. Y la gente tan tranquila con el petardo del de la Puebla, como es artista. Un aprovechado y un desahogado es lo que es, una bailarina sin afición, que pone poses y caras como si estuviera haciendo algo.

A su primer bichito, muy justo de trapío, lo recibió a la verónica, echando el paso atrás. Sería para que pasase la “tremenda” arboladura que lucía. No se fijó al toro, que andaba a su aire por el ruedo. Se puso a duras penas delante del caballo, donde al final recibió un puyazo trasero y sin apretar. En la segunda vara solo se puede hablar de un raspalijón. Se dolió en banderillas y para cerrárselo al maestro, los peones lo estrellaron contra un burladero. Derechazos al hilo del pitón, trapaceo por la cara al moribundo que ya aguantó demasiado para lo que se esperaba. Seis pinchazos y una estocada trasera. Una filfa, pero como es un artista, hay que aguantárselo. A su segundo, que ya salió parado y oliendo la arena, costó sacarle de toriles y cuando tomó los capotes lo hizo echando las manos por delante. En el primer puyazo se quedó dormido bajo el peto y en el segundo hizo intento de empujar, pero si no hay fuerzas, no hay suerte que valga; a mantenerlo en pie y que no se caiga. Dos pases mayestáticos y ridículos al animalejo que tenía delante, lo que no era óbice para que el sevillano no se confiara. Mantazos pseudoartísticos al hilo del pitón, con el pico  y la pierna escondida. A la hora de entrar a matar el novillo no podía ni levantar la cabeza, demasiado humillado.

La figura estelar que suplía la ausencia de Cayetano fue Alejandro Talavante, aquella esperanza que se pensaba que podía descabalgar a José Tomás, se ha quedado a vivir en el reino de la vulgaridad. Recibió a la primera cabra con mantazos sin convencimiento. El Juan Pedro fue al caballo al relance, sin que poder ni apretar el palo en la primera vara y en la segunda casi ni se le señaló. Y si lo s arañazos los consideramos un puyazo, pues entonces recibió dos varas, pero teniendo muy en cuenta esta premisa. Recogió al moribundo con unos estatuarios, para seguir con naturales y derechazos todos llevando al animal con el pico, citando al hilo del pitón y con bellos desplantes cuando el toro se despanzurraba en la arena. Muy encimista, como si quisiera transmitir algo de emoción, lo cuál no fue posible. Un pinchazo y un bajonazo, tirando la muleta en los dos encuentros. A su segundo, con un lamentable trote cochinero ya de salida, apenas le enseñó el capote. El animal en el peto cabeceó, mientras el de arriba no picaba, solo mantenía el palo, trasero, por supuesto. Si seguimos el criterio del arañado, también recibió una segunda vara, que no fue más que un picotazo. Al mansito, que se dolió de los palos, lo sacó Talavante hacia fuera con trapazos desangelados, para seguir con el pico, sin entregarse y queriendo convencer al respetable de aquella farsa era algo importante, mientras el moribundo bastante hacía con aguantar en pie. varios intentos con la espada, con una media atravesada, una entera y cuatro pinchazos.

Juan Pablo Sánchez venía a confirmar la alternativa aprovechando ese puente aéreo México- Madrid, Madrid- México. Y uno no está en contra de este intercambio de coletudos, pero tanto para allá, como para acá, se debería exigir un mínimo de cualidades para que merezca la pena el viaje. Y si no, que confirme en agosto. En su primero, un novillo feo y encorvado que corneó el peto mientras le acariciaban el lomo y que en el segundo encuentro solo le señalaron la caricia, no hizo más que bajarle mínimamente la mano, cuando se le vino al suelo. Juan Pablo no oreaba, agitaba la tela echando el toro hacia fuera. Pico, carreritas, soso en consonancia con su oponente y demostrando ser fiel seguidor de las figuras. Estocada muy derechito y en buen sitio, que hizo que el toro rodara inmediatamente. Al segundo no fue capaz de ponerlo en el caballo y decidió dejarlo para que el picador fuera a buscarle. Aunque se podían haber evitado tanto esfuerzo si solo le iban a dar un rasponazo trasero y un picotazo. Con la muleta muy torcida y toreando hacia fuera, igual por la derecha que por la izquierda, alternó el pico con más carreritas que delataban su falta de mando y mala colocación. Acabó metido entre los pitones, aburriendo al personal, vulgar y empeñado en querer dar pases a un mueble.

Gran tarde toros y toreros, pero grande, en que a unos les faltaba llevar la bata blanca y las vendas y a los otros el lucir un SOS en el lomo, a ver si alguien se apiada de ellos y les invita comer una buena fabada. Pero no pasa nada, todo va bien, estupendo y podemos estar orgullosos del estado de esta fiesta, una fiesta que podría desaparecer mañana mismo. y si hubiera referéndum yo votaría que sí, porque creo que siempre hay que votar contra los antitaurinos y estos, los taurinos, son los más eficaces y destructores enemigos con los que tiene que luchar la fiesta de los toros.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Clases de teoría taurina para intransigentes


Si los descendientes de Gaona pidieran derechos de autor...

A menudo se dice que si el público de Madrid es tal o cual cosa, que es difícil decir como es en realidad; pero sí que tiene buenos conocedores que saben de sus necesidades y su condición, especialmente a aquellos a los que esta plaza encumbró y puso en circulación en el orbe taurino. Y si no, solo hay que ver a dos de las figuras del G-10, que preocupados por lo que había en los tendidos, no se enteraron de lo que tenían delante. Es que no se puede estar a todo, si te entretienes en charletas, no te centras en el toro, y si te centras en el toro, ¿para qué hacen falta las charletas?

Se anunciaban los Núñez de Alcurrucén, quizás de los mejores de la Tauromaquia 2.0, esa en que el toro saca los colores a sus criadores, pero que son aplaudidos en el arrastre por las cabezas sin memoria. Es un toro que hasta casi podría valer para la tauromaquia de siempre. Si serán buenos, que las figuras los siguen pidiendo, aunque les acaben dejando en ridículo y con el pandero al aire. La tónica general fue que mansearan en el caballo, pareciendo incluso que en cualquier momento iban a expirar junto al peto, pero después de las banderillas revivían comos los bebés con una cucharadita de jarabe y no tenían ojos nada más que para la muleta.

Al primero hasta se le intentó hacer la lidia como manda la ley del toreo; se le colocó en el caballo, yendo una primera vez pronto, aunque al notar el palo buscó el estribo izquierdo del caballo; En la segunda tardeó y hubo que ponerle de nuevo antes de que se arrancara y cuando lo hizo y notó el palo en sus lomos cantó la gallina. Parado en banderillas, doliéndose de los palos, pero cómo buscaba la muleta; ni el bálsamo de Fierabrás. Iba y venía detrás del pico de la muleta de él Cid, que no supo agradecerle la resurrección de otra forma que con un bajonazo que podría acarrearle cárcel. El segundo arrastraba las patas ostensiblemente, se fue al caballo al relance para recibir un puyazo trasero, saliéndose como alma que lleva el diablo, aunque acto seguido volvió contra el peto, para liarse a pegarle cabezazos. Unas cucharaditas de bálsamo y a embestir detrás de los picos, sorprendiendo en más de una ocasión al matador con sus alegres arrancadas. El anovilladito tercero fue suelto al caballo a por una vara en medio del lomo, solo señalada. Un picotacito trasero y cambio de tercio. Será mentiroso el de Alcurrucén, que hizo pensar que se moría y lo que le hacía falta era un puyazo más, pues las dos caricias le dejaron muy entero, lo que unido al poder hipnótico y revitalizador que produce la muleta en estos toros, hizo que al matador se le complicara un poco más de lo previsto el trasteo. El cuarto fue por su cuenta al caballo, ya que nadie le sujetaba, pues él solito se lidiaría. Ahora entro aquí y empujo de lado, ahora me voy, vuelvo una segunda vez y como no me pinchan ni para un análisis, me vuelvo a marchar suelto. Y a esperar el último tercio; ¿A qué no adivinan que pasó? ¡Bingo! Es la hora de embestir y seguir el trapito sin parar. El quinto, al que no se picó, escapó de los caballos, aguanto dos quites, tardeó en banderillas, pero nada más que para guardar energías para el tercio final. Lo que no quiere decir que el encargado de su lidia y muerte supiera valorar el esfuerzo del animal para llegar a este momento en las mejores condiciones. El último de nuevo a su aire por el ruedo, se encuentra al picador y lo derriba del caballo, y eso que al notar el palo ya estaba pensando en la huída. Segunda vara testimonial, que deja al Núñez sin picar. Se duele al ser pareado y para la muleta se queda un poco crudo, le faltaba un vuelta y vuelta más, pero Fandiño no aprendió en testa ajena y tuvo que aguantar la bronca embestida y la codicia del toro.

La terna actuante es o ha sido en algún momento torero de Madrid, pero ya se sabe, no hay peor cuña que la de la propia madera. Primero les mimas y cuando se ven mayorcitos se te revuelven. Cría cuervos y tendrás muchos más. O ¿por qué no? también puede ser que algunos señores de Madrid se hayan quedado anclados en el pasado y no han sabido evolucionar al ritmo de los tiempos y carecen del entendimiento necesario para saber saborear esta Tauromaquia 2.0. El Cid incluso nos obsequió con unas medio aceptables verónicas, pero donde se vació fue con la muleta. Todo un recital de toreo con el pico de la muleta, acelerado, repitiendo el mismo show varias veces, tanto con la derecha como al natural, tomando todas las ventajas para si y mostrando toda la vulgaridad que le mana de dentro. Un bajonazo insultante, el de la cárcel de antes. Pero para limpiar su imagen le sacudió otro más, aunque este no llevaba cárcel, solo era para presentarse todas las semanas en la comisaría. En su segundo tuvo un comienzo aseadito, pero la pierna retrasada y el pico lo enfangaron todo de nuevo, pases sin rematar, vueltas y más vueltas como si fuera el Giraldillo, más pico aún al natural, hasta llegar al punto en que ya no sabía por dónde seguir; tanto esfuerzo para que nadie se enterara de lo buen torero que es. Afortunadamente él se ofreció por televisión a darnos unas clases de teoría taurina. Ya le tomaremos la palabra.

Miguel Ángel Perera hizo el esfuerzo de enfrentarse cara a cara con esta panda de intransigentes que pueblan los tendidos, gradas y andanadas de la plaza de Madrid. Yo añadiría que además, también es desagradecido, porque no valoraron el quite eterno por chicuelinas al primero, ni el que aunque su primero le sorprendiera varias veces viendo la tele, acababa poniendo la muleta para que pasara por allí. Pero creo que estos intransigentes le reconocieron el mérito de ser uno de los geses más ventajista de todos. Y ese no es un mérito menor, que ahí hay mucho aprovechado. Y puestos a ponerle medallas, también se gana la del más pesado del orbe taurino. Vulgarote, no supo apreciar las repetidas embestidas del toro, que iba a todo trapo que le pusieran por delante. Bajonazo y a otra cosa. En el quinto Perera se calentó, vaya si se calentó; hasta entró en competencia con Fandiño al responderle con uno de frente por detrás, previa colocación del capote a modo, para acabar haciéndonos pensar lo guapo que estaba quietecito a pie de burladero. El original comienzo de faena pasándose el toro por detrás, por delante y por detrás y… con el añadido de quitarse como pudo del viaje del toro. Igual no sabe como hacerlo con la muleta en la mano. Luego un curso rápido de toreo de talanquera, con invertidos incluidos, metido entre los pitones, cosa que siempre es muy eficaz si antes no se ha estado a la altura, para acabar con un pinchazo y un solemne bajonazo.

Es posible que en algún momento Iván Fandiño se pensara “¿qué hago yo aquí?”. O eso es lo que creeríamos algunos y él simplemente tenía la creencia de ya estar en la órbita de los elegidos, de las máximas figuras del momento, los que tienen derechos e imagen. Se mostró demasiado perfilero en líneas generales, aunque no quita que intermitentemente diera algún buen muletazo, pero pocos y de forma aislada. Tirando del toro con el pico de la muleta y acabando los pases delante de él. Menos de perfil al natural, consiguió instrumentar al menos uno con calidad, bernadinas aturulladas y sin limpieza, pinchazo y entera tirándose encima del morrillo, que quedó trasera e hizo que el toro tardara en doblar. en el sexto no pudo con el toro ya de salida, permitiendo que esta campara a su antojo por el ruedo. Se equivocó al pedir el cambio en el caballo y luego tuvo que tragar con las violentas y repetidas embestidas del de Alcurrucén. Enganchones, carreras para recuperar el sitio, mientras el toro iba tomando el mando de la situación. Evidentemente, no pudo con él, más bien al contrario. Estocada muy trasera y para casa. Seguro que los tres soñarán con los toros y sus inagotables embestidas y pensarán que aunque este hierro es de los que gustan a las figuritas, tienen su guasa y no siempre son tan… bobonas como otros que campan por ahí.