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miércoles, 25 de julio de 2012

Gonzalo, tus penas y tus alegrías son las mías



Uno de los dibujos que Gonzalo quería ver, este afarolado con faroles

Un día te presentan a un compañero de Opinión y Toros, Gonzalo Ortigosa Yoldi, y lo recibes con el agrado y afabilidad de los que comparten una afición, momentos de enfado, instantes sublimes y una pasión por ese animal mágico y grandioso y por los que de verdad se ponen delante de él a crear. Recuerdo que de primeras me pareció un tío educado, para ir descubriendo que era una persona culta, prudente, con mucha sensibilidad y muy atento con los demás. Lo de buen aficionado se daba por hecho, aunque después he tenido muchas oportunidades de comprobarlo.

Si alguna cosa mala tiene Opinión y Toros, OyT como escribimos algunos internamente, es que no es muy factible el poder encontrarnos todos al mismo tiempo, ni casi por separado, pues la universalidad es lo que tiene. Pero un tiempo después de conocerle, me planteó una idea, tomar sus textos, sus magníficas reflexiones sobre los espacios en el toreo, e ilustrarlos. Estupendo, pues vamos a ello. En una mañana, tomando un café detrás del Reina Sofía, me descubrió parte de lo mucho que guarda dentro. Yo recuerdo que le veía serio y hasta a mí me costaba bromear sobre según que cosas. Fuimos avanzando, con lentitud, por supuesto, y fue descubriendo más cosas sobre Gonzalo; no era otro Gonzalo, era el mismo, pero después de haber leído más páginas del gran poema y esa lírica que es él. De repente me empapaba con su fino sentido del humor en voz baja, pero con la fuerza de una galerna.

Llegó el maratón de San Isidro y tuvo la generosidad de compartir casi toda la feria a mi lado. No es de mucho hablar, se fija, comenta alguna vez y te deja clavado. Los compañeros de grada empezaron a pasar alguna tarde alguna bandejita con esas cosas que tan ricas están a las ocho de la tarde en la plaza de Madrid y en seguida le pasaron también a él la bandeja, ya era de los nuestros. Si llegaba tarde preguntaban por él, si no había sitio empezaban todos a estirar el cuello para colocarle cerquita. Todos comentábamos la corrida, cuando nos aburría el panorama comentábamos otras cosas. Él tan serio me contaba un chiste en voz baja y mientras él mantenía el tipo, yo me reía a carcajadas como si me hubieran dado una descarga.

El Gonzalo que yo conozco te habla de los suyos como algo importante, te muestra lo suyo con la modestia y el orgullo de los que quieren compartir algo íntimo contigo. Algo tan íntimo que te hace estremecer, igual que cuando te lleva de la mano de tapas por Logroño y ves el placer con que disfruta lo mismo un pincho que un natural rematado detrás de la cadera. O cuando te enseña sus trabajos como si fuera una mera ocurrencia y te das cuenta de lo pequeñito que eres al lado de un artista. Un artista siempre peleando, pero sin faltarle el buen humor, ni el ánimo; debe comprarlo por toneladas o igual lo planta en su jardín y lo cuida con el mimo de una madre, lo poda, lo riega y hasta le debe poner música para que crezca con la frescura y el aroma que desprende allá por donde va.

Hablé con el hace unos días y me contó la situación, no era como otras veces, cuando su hermano estaba luchando y hasta parecía que podría salir adelante; me dijo que solo quería estar en Logroño, en su casa y solo salía de allí cuando era absolutamente necesario, teniendo siempre un pie allá donde estuviera su hermano. Me dejó helado cuando le escuché decir que se le estaba yendo un hermano, Armando. Como siempre, en voz baja, pero la dureza no dependía del tono de esas palabras, esta era solo cosa de la empecinada realidad. Todavía le quedaban fuerzas para sonreír a través del teléfono y mostrar su afabilidad natural. Ahora estará pasando por un momento que solo él y su familia saben lo difícil que es. Los demás podrán ayudar, pero solo son ellos los que han perdido un hijo, un marido, un hermano y un padre. Cuantas formas de sufrimiento, que son una sola. Gonzalo, ya sé que nadie podrá darte consuelo, pero solo quiero que sepas quien está dispuesto a hacer el esfuerzo para que lo tengas. Un abrazo muy fuerte y sentido, maestro.

P.D.: Nunca antes había publicado un mismo texto en Opinión y Toros y en este blog, pero en este caso no me salen dos versiones diferentes sobre un caso tan serio. Pido perdón desde ahora mismo. Y también recomiento que visiten el portal y lean lo que escribe Gonzalo en él.