Uno que esperaba celebrar mi entrada número 400 con los
fastos que merece el caso, con un corrida goyesca, con presentación del cartel
a los medios de comunicación, con asistencia de las máximas figuras luciendo
sus excéntricos ternos de calle que a veces llevan en el ruedo, luego en la
plaza con todo el bullicio de los “importantes” de la fiesta, Carmen Lomana,
Miguel Bosé, los políticos que tanto hacen por ella, Vittorio & Luchino, la
de Alba, Carlos Herrera, vamos, el sustento de todo esto. Pero de esa idea,
nada de nada.
Incluso se me pasó por la cabeza lo de intentar hacernos
pasar todos por jovencitos y acudir a una de las plazas en las que actúe el
Juli. Después solo nos queda lo de la merienda en un pan de dos metros de
lardo, una bota de 50 litros con el logo de la peña santiaguesa de Tobarra y
una camiseta verde puñeta para cada uno. Lo del pañuelito y sombrero de paja ya
es opcional, como el cubata o cerveza, por si la bota no da para todos o cuando
uno quiere pasar esa barrera que separa a los festivaleros de los claveleros.
Ojo, que eso ya son palabras mayores.
También tuve la tentación de organizar algo que limpiara la
imagen de los buenos aficionados, esos que reciben los dardos, tomatazos y
hasta escupitajos, dependiendo del lanzador, de antitaurinos de taurinos, de
palmeros de las figuras, de feligreses de la iglesia del padre Molés y demás
pancistas que no perdonan su dosis de toros, una vez al año. Mira que resulta
difícil convencer a todos estos señores que no somos tan malages como ellos nos
ven. Que cada uno decida de quién es la autoría de cada una de estas ideas;
unos están convencidos de que nos frotamos las manos viendo como se le clavan
al toro pinchos y puyas, hasta convertirle en un monigote sangrante que nos
provoca el delirio, la carcajada y el desenfreno orgiástico en los tendidos,
mientras corre el alcohol y la pitanza, al tiempo que los asistentes dan suelta
a sus más bajos instintos, sean del tipo que sean. ¡Mi madre! Eso no lo he
visto yo ni en una película de Buñuel. Y uno sin enterarse, creyendo que ya era
bastante lujo el llevar la almohadilla de casa y una botellita de agua fresca. Será
que uno no es muy de ir de un lado a otro para ver toros y que en la plaza de
Madrid somos unos sosos incorregibles.
Pero ojo, que por el contrario, también corre el rumor de
que algunos aficionados, de los que muchos son habituales de Las Ventas,
exigimos toros descomunales, fuera de toda razón, más próximos al uro
primitivo, con un cruce del Minotauro, que a poco listo que ande el torero,
acabará devorado por semejante criatura. Y no conformes con ello, nos pasamos
la tarde, que digo la tarde, la vida entera, empujando y achuchando al pobre
coletudo a ser engullido por este monstruo de las cavernas. Incluso, los que
aún conservan su condición de sensibles seres humanos, cuando un torero es
volteado y llevado a la enfermería, no paran de gritar a esos talibanes de
corazón de piedra eso de: “¿Ya estaréis a gusto, no? Ya lo habéis conseguido”.
Que mala entraña tiene que tener uno para desear que un toro empitone a nadie
¿no? Casi tan mala como los que piensan que esos deseos puedan caber en el
corazón de otras personas. Y todo, porque unos quieren volver a ver aquello con
lo que otrora se emocionaron y otros porque quieren saber que era eso que a
esos raritos les impulsa a seguir yendo a la plaza a pesar de lo que ahora se
ve los días de corrida.
Ya ven, me ponga como me ponga, no voy a ser capaz de
agasajar a todos esos que tienen el vicio de pasarse por esta Grada del 6.
Aunque si hacemos caso de lo que dicen esas malas lenguas, taurinos y locutores
de la tele incluidos, me parece que no se merecen muchos homenajes. Que estoy
por inflingirles el más duro castigo que una mente cruel y retorcida pueda
imaginar. No sé ¿Una semana seguida viendo a los geses sin parar con toda la
camada de Cuvillitos, Zalduendillos o Garcichicos? Mañana, tarde y noche. Solo
pensarlo hace que me salga esa carcajada cavernosa de las películas de terror,
cuando se ríe el malo. Pero quizás es demasiada crueldad la mía. Pido perdón;
no solo no les ofrezco la celebración que merecen, sino que encima les castigo
de esta forma. Ya me gustaría poder contarles tardes de gloria, como aquella de
Juan Mora, como la de las verónicas de Morante o la de las cuatro orejas de
José Tomás. Seguro que ahí sí que disfrutábamos.
Siento no poder estar a la altura de los visitantes, de esos
que lo mismo quieren curar aquí su demencia, viniendo desde México, otros
tienen la santa paciencia de ver lo que pasa en la plaza y luego leerme, otros
por la tele desde toda España, los hay que incluso se pegaron una buena tunda
de kilómetros para acompañarme en Linares, los amigos de siempre de la grada
que hasta leen lo que escribes, como si no fuera bastante soportarte dos horas
cada día. Los que te visitan en tu localidad, los que viajan desde sitios como
Sevilla, Logroño o Estremera. Cuanta gente, maestros que saben de verdad de que
va esto, familias a las que no puedes agradecer todo el cariño que te dan. Todo
esto es lo mejor que he sacado de este Toros Grada Seis. Aficionadas ejemplares
que luchan contra la adversidad de la incomprensión, los que viajan en
Tartanillas, los que les acompañan, los del otro lado del mundo, del otro lado
del Atlántico, de la grada del 7, del 8, de los tendidos y andanadas, desde la
Malagueta, la plaza de Pignatelli, el Bocho, Iruña, el Mediterraneo, los
artistas, el maestro de Pontevedra, del Cabaco, de toda la Andalucía taurina,
la Rioja, Aragón, Portugal, Castilla y hasta de Madrid. Por el blog he conocido
verdaderos sabios del toreo, he hecho amigos, muy buenos amigos, he disfrutado
con las opiniones de los demás, con sus respuestas, he sentido su respeto, su
cariño. Me han mantenido vivo en momentos muy malos, he podido compartir también
las alegrías y hasta me han regalado sus críticas para hacerme más fuerte,
menos soberbio y engreído y para darme cuenta que de esto, del toro, no sabe
nadie y servidor menos que nadie.
Pues nada, damas y caballeros, ya que lo del homenaje no
parece estar a mi alcance, me tendré que conformar con el agradecimiento,
aunque si veo la más mínima posibilidad de hacer algo grande, no duden que les
avisaré. Igual no le importa a la Comunidad de Madrid cederme las Ventas para
organizar un evento lúdico taurino; para que se hagan a la idea, algo parecido
a la Beneficencia o la corrida de la Prensa. Ya les avisaría yo en caso de que
la cosa progrese. Habrá más entradas, espero que superen otras 400, aunque eso
sí, de estas próximas 400 entradas, espero que al menos veamos una salida.
