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viernes, 7 de febrero de 2020

Ilusión, ilusión y después… más ilusión


Al final, parece que todo llega. Una ilusión más, cumplida. Muchas gracias a todos

Esto de los toros, y quizá también sea cosa de la vida misma, es ilusión, la que nos mueve a levantarnos por la mañana, a caminar, a hacer posible lo que creíamos imposible y ni tan siquiera llegábamos a imaginar como posible. En el toro, en los toros, todo lo mueve la ilusión. Un caballero que se hace con una punta de vacas y con un semental, con la ilusión de embarcarse en esa maravillosa aventura de criar toros bravos. El aficionado que cada tarde se encamina a la plaza con la ilusión de reencontrarse con el toro y el toreo, compartiéndolo con los de siempre, con los que también comparte ilusión. Y por supuesto los chavales que un día tienen la ilusión de querer ser toreros. Y ahora contéstenme, ¿conocen una ilusión mayor que la ser torero? ¿Quién, aficionado a los toros, no ha acogido dentro de sí la ilusión de ser torero? Cuestión aparte es que el sentido común, la realidad, tarde más o menos en aparecer, pero, ¿quién no ha deseado cumplir la ilusión de verse vestido de luces? Pocas manos veo levantadas, si acaso un señor allí al fondo… pero no, el señor estaba pidiendo un café.

Pues uno también tuvo su ilusión, ya que con la muleta y frente a un animal con malas intenciones no me hacía, no me veía, pues intenté torear a mi manera, con pinceles, con lápiz y papel y me lié a veroniquear, a dar derechazos, naturales, de pecho, estocadas hasta la bola, pero sobre el papel. En mi cabeza nació un chaval, Javi, que sí que quería ser torero y partiendo de una estructura clara y bien estructurada, me dispuse a hacer un cómic. Y no llevaba ni dos páginas, cuando esa idea, esa estructura saltó por los aires, porque el toro, ese chaval, Javi y todo lo que le rodeaba, se apoderaron de mi cabeza, de mi mano e hicieron que la historia circulara por los caminos que ellos decidieron y bendita hora. Pocas cosas pueden resultar más seductoras, atractivas y gratificantes que el que una obra te conduzca por dónde ella decida. Fueron años de trabajo, sin realmente saber dónde estaba la meta, dónde estaba la estación término de este cómic, o tebeo. La pena fue que se acabó, se cumplieron las páginas previstas en origen y se culminó el trabajó. Un momento tan deseado, como temido, porque como en esto de los toros, casi se disfruta más recorriendo el trayecto de querer descubrir el misterio del toro, que desvelando este de una vez por todas, lo que además no es posible y el que crea lo contrario, se engaña. Y no lo voy a negar, fue grande el disfrute de ir dando forma a esa ilusión del chaval que quería ser torero.

Dos años de trabajo y alguno más en el cajón esperando su momento. Pues ese momento llegó, que ya se sabe que en esto de publicar o vas con la mosca por delante o no hay tu tía. Pues fueron unos póster y la generosidad de muchos amigos los que hicieron que haya sido posible que el “Quiero ser torero” viera la luz definitivamente. Se cumplió la ilusión y aunque uno sabe de la generosidad de los amigos, me quedé corto, pero muy corto. Y aquí estamos mi cómic y yo, sin ser capaces de agradecer a tantos que se han movilizado para tener este trocito de mí en sus manos y seguir dando esos grandes empujoncitos para que me vea obligado a tener que reeditarlo en una segunda tirada. La ilusión de hacerlo, la ilusión de publicarlo, esperando la lectura de esa ilusión que es el querer ser torero, la más grande ilusión del mundo. Muchas gracias y antes de pensar en disfrutar del silencio hasta que empiece el lío de los toros, piensen en lo que realmente mueve el mundo, que no es otra cosa que ilusión, ilusión y después… más ilusión.

Enlace programa Tendido de Sol del 2 de febrero de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-2-febrero-de-audios-mp3_rf_47250216_1.html

martes, 29 de septiembre de 2015

La ilusión de ser torero y el sueño de llegar a serlo


 
La portada de un sueño



Es posible que la mayoría de los aficionados a los toros en algún momento dijeron aquello de “Quiero ser torero”, a los cuatro, cinco, seis años o algunos, ya los menos, a los 16 o 17. Es una de esas ilusiones que aunque la realidad las mantenga a raya de por vida, dejan un regusto que con nada se puede comparar. ¿Cabe cosa más grande en el corazón de un crío? ¡Ser torero! Emociona y conmueve con solo oírlo decir. Con el paso de los años, unos vieron sin dificultad que la providencia no les había llamado por esos caminos y se apartaron, aficionados, pero alejados de posibles mamporros y dejando brotar su arte solo con las toallas, manteles o paños de cocina; y no me lo van a negar, ¿verdad? Pero los hay que no solo no se les calma esa fiebre, sino que sube la temperatura y sube y sube, hasta que no tienen otro remedio que irse a una escuela de tauromaquia. Les abren la puerta del toreo y entran sin hacer ruido, pero con toda la intención de poder atronar en todas las plazas delante del toro. Eso es ser torero, humildad, ambición y querer ser, con unas dosis infinitas de afición.

Y, ¿por qué todo esto? Pues porque en estos días tan tormentosos para la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda, de Madrid, uno ha decidido sacar a la luz un adelanto de un trabajo que de momento duerme en un cajón a la espera de que se puedan reunir los recursos suficientes para su publicación o de que un espíritu aficionado se decida a hacer posible otra ilusión, la mía de ver impreso este mi “Quiero ser torero”, una historia en cómic que quiere contar una de tantas de muchos chavales que se sintieron atraídos por el toro. Ni responde a una realidad concreta, ni deja de hacerlo. Aquella idea que surgió un día en una cena con amigos y que trazo a trazo fue tomando cuerpo, me permito presentársela, deseando mostrar mi apoyo a todos los chavales de la escuela, a todos los que entraron un día en aquel rincón del Batán, independientemente de que luego vistieran de luces o no. Luego, esta historia, mi “Quiero ser torero”, seguirá reposando a la espera de que algún día mi sueño se vea hecho realidad.


A todos los que han vivido esa ilusión y ese sueño en todas las escuelas taurinas, escuelas de hombres y también de toreros. Va por ustedes, por los toreros y por todos los que un día, una vez en la vida dijeron eso de “Quiero ser Torero”.