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viernes, 1 de diciembre de 2017

Aclárese, señora Carmena


La señora Carmena parece que ha decidido no terminar con la ilusión de los chavales de hacerse toreros en el Batán. Esa ilusión que así interpretó hace mucho una niña que se acercaba a esto de los Toros

Estos políticos quieren que perdamos el sentido, que no encontremos el camino. Y en este caso, la señora Carmena, doña Manuela, que ahora va y destina un dinero a la Escuela de Tauromaquia de Madrid y contrata a José Miguel Arroyo, “Joselito”, para impartir sus enseñanzas a los jóvenes aspirantes a toreros, en compañía, entre otros, de José Luis Bote. ¡Caramba! A ver ahora con qué cara van a salir todos aquellos que la pusieron de hoja perejil, porque si aquello era un ataque frontal a la fiesta, ¿debemos concluir ahora que se ha convertido en una decidida defensora de los toros? Pues creo que tampoco hay que cargar las tintas, moderación. Que lo mismo que unos no vieron bien aquello, seguro que tampoco verán bien esto. Pero igual que aquello no se encajó bien, ¿por qué no vamos a ver con buenos ojos la medida actual, esta marcha atrás? Pues gracias, señora Carmena. 

Me atrevo a agradecer a la señora Carmena esta rectificación, pero que tampoco se me venga arriba en banderillas, no, que cómo también dice el refranero, una golondrina no hace primavera. Queda mucho por hacer por parte del Ayuntamiento de Madrid para que los aficionados a los toros estemos completamente satisfechos. En primer lugar, a algunos nos gustaría que aquellos ediles que perdieron la compostura por ir corriendo a argumentar que se retiraba la subvención a la Escuela porque no estaban dispuestos a apoyar actividades que fomentaran el maltrato animal. Tampoco estaría mal que esos mismos ediles reconocieran que en dicho centro docente ni tan siquiera se capean reses por parte de los alumnos, ¡ya les gustaría a los chavales! Porque por el momento, el carretón no está considerado como bien semoviente, ¿no? Ni tan siquiera rumiante por parte de madre. 

Pero no creo yo que los señores ediles, ni tan siquiera la señora Carmena, se retractarán de aquellas manifestaciones, lo cuál tampoco es necesario, basta con que actúen respetando a las minorías, no excluyéndolos, no pretendiendo imponer ciertas moralidades particulares, que por otro lado es muy legítimo que cada uno tenga las suyas, igual que sus gustos personales, pero al ciudadano eso no le importa. A mí no me importa si a los ediles y equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid les gustan o no los toros, me basta con que se dispongan a prestar ese servicio público, cómo así lo han definido, que supone el poner medios y profesores para que la Marcial Lalanda pueda seguir siendo un lugar dónde aprender a ser torero.

Que hablando de gustos, igual que no me importan los de unos, tampoco me importan los de la señora Cifuentes, pues más allá de manifestar su taurinismo y regalarnos su presencia en la plaza de Madrid en las tardes de mayor pintoneo, es la misma que entrega sin reservas la gestión de las ventas a los señores de Plaza 1, que ya sabemos quiénes son y un año después, hasta cómo se las gastan; una empresa rácana en montar carteles, continuista aunque se presenten como innovadores, que desprecia y hace alarde de ello a los aficionados, paradigma del poder taurino y que se ha convertido en el prototipo de lanzar promesas e incumplirlas, casi al mismo tiempo en que las lanza al aire. Aunque si de gustos hablamos, en este aspecto, sin que la señora Carmena sea aficionada, parece tener mucho mejor gusto y hasta más conocimiento taurino que la señora presidenta o quizá sea que cuenta con mejores asesores, porque, ¿qué quieren que les diga? No hay color. Entre el Fundi, Miguel Rodríguez y Rafael de Julia por un lado y Joselito y el Bote por otro, ¿con quién se quedan? Yo, personalmente, con el del barrio de Ventas y el de Canillejas.

Ojalá esto sea solo un primer paso. ¿Se imaginan que el Ayuntamiento de Madrid acondicionara la venta del Batán y llegara a dejar aquello niquelado para que volvieran a poderse exhibir allí las corridas de San Isidro? Que sí, que sí, que ya sabemos que eso tendría que contar con el beneplácito de la propia Plaza 1, cosa que no parece muy viable, no vaya a ser que los señores figuras se lo tomaran a mal. ¿Se imaginan que el Ayuntamiento de Madrid apoyara el fenómeno social y cultural que supone no solo la feria de Madrid, sino la de otoño, la temporada, los festejos veraniegos y demás eventos culturales que orbitan alrededor de la fiesta? Que si las cosas vienen mal dadas y hay que retirar de nuevo la subvención, adelante, pero que el motivo sea que no hay dinero para nada y no que no apoyan actividades que generan maltrato animal, pues, aunque esos señores políticos lo crean así, sobre eso habría mucho que discutir, largo y tendido. Eso sí, que esta rectificación, esta vuelta atrás, estas contrataciones de Joselito y Bote no dejan de sorprender y entiéndanlo, que a veces cuesta asimilar eso del bofetón y la caricia; y antes de pegar un nuevo volantazo a esto de los toros en el Municipio de Madrid, por favor piénselo y sobre todo, con todos mis respetos, aclárese, señora Carmena.


Enlace programa Tendido de Sol del 26de noviembre de 2017:

domingo, 27 de septiembre de 2015

Lo que se puede hacer con 61.000 euros

¿Violencia? ¿Maltrato? Ignorancia


¿A quién no le han hecho alguna vez la pregunta de qué harías si te tocara la Primitiva? Me compraría una casa, un coche con elevalunas eléctrico, haría un viaje a todo tren a Marina D’Or e invitaría a gambas a los colegas, la casa por la ventana. Pero claro, eso es cuando te tocan tropecientos millones, pero, ¿y si solo te llevaras 61.000 euros? Habría que empezar a recortar, que si fuera elevalunas, nada del balneario urbano más grande del mundo mundial y lo de las gambas, de eso ya ni hablar. Acabaríamos con eso de que con 61.000 pavos no da pa’ na. Pues les digo yo que sí que da, da para mucho. Basta esta cantidad para conseguir que muchos saquen a ese Barón Ashler que llevan escondido, esa personalidad que el cinismo esconde, pero que la ambición y el dinero desnudan. Ya se sabe, el dinero todo lo puede.

Se nos descuelga el ayuntamiento de Madrid con que retira la subvención de 61.000 euros a la Escuela de Tauromaquia de Madrid. No me gusta, pero bueno, está en su derecho. Bastaría que hubieran dicho que no les daba la gana y punto. Ahí entraríamos en otro debate, ese de por qué a la escuela nada y a otras cosas sí. Se entraría en eso de las preferencias personales, en cuál es la causa de apoyar otras actividades que puede que tampoco sean del gusto de unos cuantos. Si nos ponemos así, no habría subvenciones para nada, lo cual también podría ser un camino a transitar. Aunque tampoco me gustaría caer en eso de que se lo dan a los amigos de los belenes y a mí no, se lo dan a la asociación marisquera del Manzanares y a mí no, a los dobladores de cine mudo, a ... a quien quieran. No creo que haya que mirar a los beneficiados y enfrentarnos a ellos, hay que mirar a quién da las subvenciones y pedirle cuentas por no atender las reclamaciones de un grupo de ciudadanos. Ni tan siquiera voy a detenerme en el posible beneficio que la escuela podría aportar a la sociedad, si aparte de enseñar a dar verónicas y naturales enseña algo más a los chavales. Eso sería intentar dar una justificación que de momento no han pedido para decidir el sí o el no a esos 61.000 euros.

Pero en estas que una señora concejala del susodicho ayuntamiento se descuelga con que: 
La hemos retirado porque una actividad como una escuela de tauromaquia, en la que se produce maltrato animal, no debería estar financiada con dinero público

¡Ahí queda eso! Pues si es maltrato animal, perdóneme, pero ustedes están pecando de absentismo, inmediatamente tendrían que ponerse manos a la obra y prohibir las corridas de toros, pero que están tardando, ¡Vamos! ¡Vamos! Pero no, decide que con el dinero público, entre el que está el que pagan muchos aficionados a los toros, no va a apoyar lo que no le guste a ella. ¡Uff! Qué miedo me da eso, porque como asome un partido que le parezca que la pintura atenta la capa de ozono o que la escultura es un atentado contra el medio ambiente por la explotación de canteras de mármol o granito, me veo que el Prado no nos dura ni medio minuto. Que es que no les acaba de entrar en la cabeza a los políticos que están para servir al ciudadano o mejor dicho, a los ciudadanos, a todos los ciudadanos, les gusten las corridas de toros, el cante flamenco o el manga, que nos importan un bledo, pero un bledo muy grande, sus apetencias, que se las guarde para usted. ¿Son los toros una actividad legal en España? Sí. ¿Hay gente que es aficionada a ellas y hay instituciones que supuestamente trabajan por ellas? Sí. ¿Y hay personas humanas (Jesulín sic) que quieren seguir disfrutando de ellas? Sí. Pues poco más hay que hablar. Que hay muy poca diferencia entre pretender eliminar todo lo taurino de Madrid y entre ceder suelo público a un colegio privado del Opus Dei o de la asociación de milicianos anarquistas. ¿Será posible que nos olvidemos de una santa, o laica, vez de estos prejuicios interesados?

Y ahora viene lo de los taurinos. Chico, cómo se han puesto por los 61.000 euros. Ni que les hubieran mentado a las madres. Que quiero yo pensar que la cosa es que ha sido la gota de agua que ha colmado el vaso, quiérolo yo pensar. Que resulta que la señora Carmena y su concejala van a contar con el dudoso honor de enterrar los toros en Madrid. No hombre, seamos justos y no le demos todo el mérito a quién solo puso la última corona de flores sobre la lápida que otros trabajaron con esmero, y que antes cavaron un foso hondo, hondo. Que llevamos una eternidad con gobiernos del partido defensor de la fiesta en la capital y en la Comunidad de Madrid y si hacemos balance de su apoyo a los Toros, igual no salen demasiado bien parados. Basta echar un vistazo al estado de la plaza de Madrid, que ha alcanzado un nivel de degradación que nadie podría haber imaginado hace unos años. La calidad y la exigencia son ínfimas, han expulsado al aficionado de la plaza, durante años han ido concediendo la explotación a una empresa que se ha limitado a arañar hasta el último céntimo, comprando y contratando corridas y toreros con el único criterio del dinero. Empeñados en acabar con la temporada y limitarse exclusivamente a la feria, con entradas fuera de San Isidro que si llegan al cuarto de plaza ya es un llenazo, preparando carteles a años vista sin tener en cuenta las novedades que puedan surgir a lo largo del año, confeccionando ferias tirando de fotocopia y obedeciendo a cualquier interés, menos al del aficionado, lo que se ve en el preocupante descenso de los abonos y así un larguísimo y bochornoso etcétera. ¿Y qué hacía y que hace un gobierno del partido defensor de los Toros en Madrid? Nada de nada.

Pero si nos ceñimos a lo que ha hecho el ayuntamiento anterior, tenemos tarea. Permitieron que la Venta del Batán, dónde casualmente se encuentra la escuela, donde se exponían los toros de San Isidro, se ha convertido en una absoluta ruina, con paredes desconchadas, puertas venidas abajo y hierbajos enseñoreándose por todo el recinto. Muchas fueron las voces que reclamaron que aquello se recuperara, pero la señora concejala del momento se lavó las manos y pretendió que un raquítico lavado de cara le salvara los muebles. Se permitió a la empresa el que no se volvieran a llevar allí los toros, una vez resuelto el problema de la lengua azul, pero como siempre, prevaleció más el criterio de los taurinos, que no querían que hubiera comparaciones entre los toros de las figuras y las novilladas, que el interés del aficionado, el que paga, el que mantiene todo esto y el que más se sofoca ante atropellos como el de los 61.000 euros.


Y ya para acabar, un último ejemplo de los desvelos que tradicionalmente ha tenido el ayuntamiento de la capital en favor de los Toros. ¿Recuerda el desencanto que causó la no concesión de los Juegos Olímpicos a Madrid? Sí, lo del “Relaxing cup of café con leche”. Pues algunos respiramos aliviados al ver cómo nos echaban para casa en la primera votación. A la señora alcaldesa anterior, que Dios provea goce y disfrute allá donde esté, no se le ocurrió melonada mayor que presentar la plaza de Las ventas como sede del baloncesto. ¡Qué bonito! Toda la NBA en pleno reventando las Ventas a base de mates y triples. Pero claro, esto no era el pasar el mocho por los toriles, poner unas planchas de madera sobre el rudo y darle una manita de pintura a las rejas de fuera. El necesario acondicionado del recinto obligaba a que durante dos años al menos, no se celebraran festejos taurinos. El techado del edificio ya precisaba de ese tiempo. ¿Se imaginan lo que habría supuesto la desaparición momentánea de los toros en Madrid? A mí se me antoja que podría haber supuesto la puntilla definitiva a la existencia de lo que llaman la primera plaza del mundo. Pero de todo esto ni una palabra. Todos callados como p... Todos callados. Y ahora han bastado 61.000 euros para que salten todas las alarmas y la indignación explote como una mascletá taurina y papanatas. Y ya han salido algunos matadores de toros sacando pecho como los rescatadores y retando a la señora alcaldesa, amante de los animales, a que o les desahucian o de allí no les mueve nadie. Eso antes y de forma continuada, porque la norma general es que una vez salen de allí, de la Escuela Marcial Lalanda, se olvidan de todo y si acaso, de vez en cuando asoman para bañarse en la admiración de los chavales que entran allí para cumplir una ilusión y esperan algún día salir para cumplir un sueño, el sueño más grande, el de querer ser torero. Pero hasta para eso hay que tener posibles, porque tal y como está esto montado, sin parné no hay nada que hacer y es entonces cuando los ponedores empieza a cavilar, y a echar cuentas para ver lo que se puede hacer con 61.000 euros.

lunes, 30 de junio de 2014

Escuelas que no enseñan a ser torero


Ser torero es mucho más que dar pases o torear


Lo de las Escuelas de Tauromaquia ha sido una constante en la historia del Toreo, desde aquella que mandó crear el rey don Fernando y de la que hizo cabeza visible a Pedro Romero, rectificando su decisión inicial en la que nombraba director a Jerónimo José Cándido. Escuela cuyo único fruto a destacar fue un tal Francisco Montes, “Paquiro”, que ya por aquel entonces llamó la atención del maestro rondeño. Famosa es la lámina en la que se ve a Pedro Romero corrigiendo al alumno en la misma cara del novillo, haciéndole las oportunas indicaciones. Incluso si atendemos a las cartas que don Pedro hacía llegar a Su Majestad para informarle de los progresos de la escuela, se observa como hace hincapié en las condiciones de los aspirantes según sus aptitudes ante el toro; siempre bajo la óptica de lo que marcaban unas reglas no escritas de lo que debía ser un torero, dentro y fuera de la plaza, ante los compañeros y ante el aficionado.

Perdonen esta introducción apoyada en hechos recogidos en los anales de la Fiesta. No he pretendido otra cosa que situarnos en el tema, sin ánimo de utilizar la historia como una coartada ventajista para justificar, validar y alabar lo que se hace en la actualidad, queriendo ganarme el favor de los maestros de estas instituciones, ni de otras amistades de entre los taurinos, con los que por el momento no tengo ningún trato amigable, y que Dios lo prolongue muchos años, no por nada sino porque eso dificultaría la independencia, podría ser causa de conflictos y motivo de disgustos. Pero puedo estar tranquilo, pues los señores taurinos con toda seguridad que no saben de la existencia de este blog, ni mucho menos de la de su responsable. 

Lo que yo me pregunto ahora, a raíz de una conversación con mi amigo Xavier González- Fisher, quien sabe retorcerme la sesera obligándome a pensar un paso más allá, en la que concluimos que a los chavales se les enseña a dar pases, pero no a torear, ni a ser toreros. Una circunstancia que siempre está presente frente a nosotros, pero en la que no siempre reparamos, nos quedamos un escalón por detrás de la exigencia que debe pedírsele a las Escuelas y a los docentes que tratan a los aspirantes a toreros. A todo lo más que llegamos es a pedir que les enseñen a torear, a conocer las claves de la lidia y a saber que argumentos utilizar ante el toro, pero no demandamos el que se les enseñe el camino de ser toreros.

En los colegios a los niños se les enseña primero cuales son las letras, cómo unirlas, cómo suenan y cómo forman palabras, estos aprenden los números, las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Van avanzando y van ampliando sus conocimientos, pero con todo lo importante que es saber que España limita al norte con el mar Cantábrico y los Pirineos, a los niños se les enseña a comportarse en la clase, a no correr por los pasillos, a no gritar, a saber esperar su turno en la fila, a hablar pidiendo la vez, a compartir las cosas y el espacio, a llamar a las puertas, a presentar los trabajos limpios, con claridad, a no pintar en los libros o a utilizar la papelera. Que si juntamos todas estas piezas, nos damos cuenta de que lo primordial, el principio de todo es convertirse en personas, en ciudadanos, para que cuando sean adultos, aparte de saber de integrales, fórmulación, sintaxis o sobre lo que supuso la revolución industrial, tanto en inglés, como en español, no se pongan a llorar cuando un compañero de trabajo les pide la grapadora, ni se líen a tortazos con el que les ha cogido el boli, ni que se toquen los pies con las manos, se metan los dedos en la nariz y en el culo de forma alternativa, para luego metérselos en la boca justo antes de estrecharte la mano.


Pues bien, la torería hace todas esas cosas con sumo descaro, sin entender por qué alguien no accede a estrecharles la mano después de haberse explorado los esfínteres rectales en forma de pases desabridos, vulgares y aburridos, deambulando por los ruedos con aire despistado guiado por la soberbia que impulsa la ignorancia, ante unos animales indignos, inválidos, moribundos, con una presencia insultante, que dan más pena que miedo y que más que respeto despiertan lástima. Pero estos señoritos que se disfrazan de toreros, que a veces sobrepasan lo grotesco con pleno convencimiento y que no escuchan otra música que la del “¡Bien torero!” cantada por los aprovechados a los que esto de la Fiesta les importa un pito y que solo se preocupan de llenar su bolsa, su panza y la talega de la vanidad. Les convierten en figuras, pero nunca llegan a conseguir que sean toreros, matadores de toros. Una legión de mediocres que se tapan entre si, a veces esperando verse beneficiados por el abrazo divino de los de arriba, aunque su día a día discurra esquivando la inmundicia que circula por las cloacas a las que se ven condenados. Como esos niños caprichosos que están aprendiendo a ser adultos, echan la culpa a los demás, nunca asumen responsabilidad alguna y si un inculpado se les hace presente, de la misma forma que esos mocosos de parvulitos, niegan todo y dirigen sus insultos a un tercero. Eso sí, dónde coinciden todos es en elegir a los que pagan como culpables de todos sus males, porque parecen darse cuenta de que los aficionados les han descubierto con los deberes por hacer, los cuadernos manchados de grasa, los libros pintarrajeados y desencuadernados y una colección de pinturas y lápices que han quitado al compañero. Quizá todo esto nos lo podríamos evitar si en esas escuelas taurinas los maestros fueran tal cosa y empezaran enseñando algo tal sencillo y tan complicado como es ser torero. No se trata de ser profesional, ni figura, ni nada parecido, no, esa es una confusión interesada que muchos de los que viven del toro pretenden alimentar. Pero ya nos dicen algo, ya se delatan ellos solitos,  cuando se ponen tan serios para proclamarse profesionales. ¡Ay! Qué mala cosa cuando algo tan grande como ser torero o matador de toros, lo queremos reducir a ser figura, a ser... profesional. Eso sí, mientras subsiste esa plaga de aprovechados que sigue viviendo del dinero que paga el aficionado. Pero nada, que sigan a lo suyo, que si no se deciden a cambiar el rumbo puede que pronto se encuentren por los caminos buscando a ver si quedan primos que sigan permitiéndoles vivir de la sopa boba del toreo. Es muy difícil ser torero, vivir en torero, dentro y fuera de la plaza; los hay que no lo consiguen ni en el ruedo, que ni llegan a adivinar ese sentimiento único que solo se encuentra en el toreo, que solo se consigue con el toro. Y yo que pretendía alejarme de todo esto. 

jueves, 9 de septiembre de 2010

Las Escuelas de Tauromaquia se ponen en su sitio


Sólo les ha hecho falta reunirse cinco minutos en Albacete y ya han empezado a tomar decisiones. Perdón que no he dicho quién; pues nada más ni nada menos que las escuelas de toreros, las fuentes de la sabiduría taurina, el sancta santorum donde se guarda celosamente el germen de la fiesta futura, las Escuelas de Tauromaquia de todo el Mundo.

Ya el otro día me adelantó la noticia nuestro buen amigo Xavier González Fisher y me quedé un tanto perplejo. Leyendo los cuatro puntos de las conclusiones de este III Encuentro Mundial, he podido comprobar cómo sienten la fiesta, cómo darían un brazo a favor de ésta y cómo sólo les guía su desinteresado amor a ella. No se me saltan las lágrimas, se me rebotan en los carrillos de la emoción. Y nosotros ahí, acusándoles de que no enseñan a lidiar, que los aspirantes a figuras del toreo sólo aprender a dar pases, y mal, Somos unos desalmados.

Si entramos en analizar las conclusiones finales, podemos apreciar cómo se preocupan del futuro, del suyo, solicitando una normativa que les garantice que no se van a ir a las colas del paro mañana mismo y además exigen que se les trate cómo verdaderos maestros, dando a sus enseñanzas categoría de formación profesional. ¿Qué menos para tanto saber derramado sobre los cacúmenes de esos veletas jovenzuelos que no se dan cuenta de que están delante de los herederos de Pedro Romero, director de la antigua Escuela de Sevilla?

En este sin vivir por la situación actual de Cataluña, exigen que los jóvenes puedan elegir en libertad el querer ser toreros. Hasta ahí podíamos llegar, y si alguien no se da por aludido, le recordamos el artículo 35 de la Constitución Española. Pues, ¡no somos nadie pidiendo libertades en nuestro beneficio!

Y ya puestos a asegurarnos el sustento de aquí en adelante, vamos a pedir lo que nos corresponde, y perdón que hable en primera persona, pero es que cuando me ciego, no veo, luego ya sí, pero de momento no veo nada. ¡Por favor, una vela que nos alumbre! Pues a lo que íbamos, ¿qué es eso de que los figurones del toreo nos saquen las entrañas y se nos lleven todo el saber torero que llevamos dentro? Nos exprimen como a un limón y luego, si te he visto, no me acuerdo. Pues no, hay que exigir que paguen por lo que se les da desde tan dentro. A partir de ahora se va a exigir que los matadores destinen una cantidad a determinar en la escuela de la que salieron al mundo taurino.

En el cuarto apartado del comunicado sólo se anuncia el nombramiento del nuevo responsable de los destinos de este Ateneo de la tauromaquia. Lo que se desconoce es si después se dan instrucciones sobre no avisar a la policía por la seguridad de la fiesta o si dan las señas suficientes donde depositar el rescate, pero si me entero de algo, que nadie se preocupe que lo haré saber.

No me digan que no es para pensárselo. Igual hasta se les debería hacer caso, pero con una serie de puntualizaciones. Porque a raíz de estas demandas se supone la suficiente capacitación del personal docente para impartir clases de tauromaquia, sin necesidad de tener que superar examen alguno ante el correspondiente tribunal. No hay tribunal bastante sabio que pueda juzgarles a ellos. De la misma forma se da por hecho que el temario es lo suficientemente amplio y exhaustivo para garantizar que todo alumno que salga con el diploma de torero, o de figura el toreo, eso aún hay que meditarlo un poco más, sabrá plantar cara a cualquier toro que salga de chiqueros. Con un perfecto conocimiento de las suertes, de su ejecución, del momento de ponerlas en práctica, de las querencias del toro y de los terrenos, de los diferentes comportamientos de cada encaste y por supuesto de la historia del toreo. Aunque todo esto no quiere decir que desaparezcan figuras tan necesarias como el veedor o el ponedor, tampoco hay que confundir a la gente.

Creo que son unas medidas tan acertadas que podrían extenderse a todo el ámbito laboral. A partir de ahí, ¿no se debería premiar al maestro que nos enseñó las primeras letras, poniendo en nuestras manos el arma imprescindible para poder aprender todo lo se nos enseñaría en nuestra vida? Esa profesora de lengua y literatura que enseñó a Vargas Llosa, Gala, Pérez Reverte o Ken Follett; el profesor de física de Pedro Duque; el profesor de gimnasia de Messi o Fernando Torres; el de la autoescuela de Fernando Alonso. Por favor, un poco más de respeto para esos maestros que nos pusieron en el buen camino.

Ahora vemos a esas figuras del toreo pasearse por las plazas sin echar ni un segundo la vista atrás para acordarse de sus maestros. ¿Quién se acuerda de quien enseñó a El Fandi a banderillear? ¿Quién sabe el nombre del que enseñó a Ponce a torear al natural? ¿Y quién reveló los secretos de la profundidad y el dominio a Perera y a Castella? ¿Y quién perdió el sueño convirtiendo a El Juli en el estoqueador que es? Pues en estos últimos casos todas estas figuras se ahorrarían una pasta, porque no parece que estos semidioses tengan que agradecer nada a nadie en esto de torear, pero el día en que los identifiquen a lo mejor les corren a gorrazos por la calle de la Estafeta y lo podremos ver con la cámara superlenta y narrado por Manuel Caballero y el maestro Molés.

PD.: Os dejo con este enlace de un vídeo en el que José Ignacio Sánchez da una clase de cómo torear con la muleta, tal y como lo hacía él en aquellos años en que se echaba la pañosa a la zocata y levantaba al público de Madrid de sus asientos. Creo que resulta suficientemente elocuente.


http://www.youtube.com/watch?v=bThh9w6RRtM

sábado, 3 de julio de 2010

Nuestro reconocimiento a las escuelas taurinas

Se podría asegurar sin demasiado temor a equivocarnos, que la inmensa mayoría de la torería actual han pasado por el filtro de las escuelas de tauromaquia. Y lo que nadie puede negar es el sello que éstas han impreso sobre la personalidad de las figuras, las casi figuras y los aspirantes a serlo. Después de años de trabajo con los chicos, al final han conseguido hacer clones de toreros, haciendo que todos respondan a un canon muy estricto, con unos límites muy marcados, del que difícilmente se salen los profesionales del toreo.

Tanto la novillería como los matadores de toros suelen tener un amplio, que no profundo, conocimiento de las suertes con el capote. Todos saben que en tal quite el capote pasa por aquí, se agarra por allá y se le hace volar como una cometa y el toro dónde caiga. Otra cosa es el momento idóneo para tal quite o si el toro está para ese otro.

Los taurinos se empeñan en llamar pomposamente a estos centros “Escuela de Tauromaquia” y a veces ponen a continuación el nombre de una figura del pasado, como es el caso de Madrid en que le añaden Marcial Lalanda. Pero la realidad es que es una factoría del pegapasismo imperante, castradora de cualquier atisbo de personalidad de los aspirantes a coletudos, a los que se les enseña a meter el pico y a rematar el pase delante de la cadera, eso sí, con mucho retorcimiento. Y al aventurado que intenta seguir las reglas del toreo eterno, le quitan las ganas diciéndole que así te cogen los toros. Y que conste que esto lo he visto yo, y no hace falta que lo cuenten, aunque tampoco hace falta ser un lince para darse cuenta de esto: no hay más que acercarse a una plaza de toros y contemplar las evoluciones de los figurones "asaltaplazas".

Parece como si toda su labor de las escuelas se redujera a preparar a unos chavalillos para ganar dinero, sin importar que sea a costa de ir contra los fundamentos de la propia fiesta. Puede que hasta el mismo nombre este mal puesto y en lugar de Escuela de Tauromaquia, sería más propio denominarlas Escuela de Toreadores, que ni tan siquiera de toreros. Por los resultados parece que no reciben enseñanzas ni sobre la lidia, ni sobre los comportamientos del toro, ni sobre su evolución en el ruedo, ni sobre la historia del toreo, ni nada de nada, sólo se enseña a pegar pases. Y además les convencen de que saber que un quite se llama zapopina, chicuelina, tafallera o perejilera, es ser torero.

Seguro que habrá quien saque la cara y que me diga que no hay nada de todo eso y que se les enseña el toreo con toda profundidad, y no lo niego, seguro que tienen razón, pero si es así, les luce muy poco. La sensación que se tiene ahora dista mucho de aquella ciertamente romántica, la de aquellos años en los que un tal Andrés Vázquez estaba inmerso en la ardua tarea de hacer toreros. Ese tal Andrés Vázquez, que se empeñaba en transmitir su experiencia a los jóvenes aspirantes. Pobre iluso, se burlarán muchos de los docentes actuales. Si de lo que se trata es de ganar dinero, que eso de hacer el toreo no da dividendos. Y esta situación se proyecta a toda la fiesta, los toreros de antes, los que sólo vivían del toreo de verdad, están enclaustrados en sus casas y se les intenta mantener con la boca bien cerradita, a no ser que se dobleguen al poder establecido, aunque el aficionado mantenga vivo su recuerdo. Como este mismo Andrés Vázquez, al que le niegan el pan y la sal hasta en su pueblo, Villalpando, pretendiendo borrar de la historia sus hazañas con los Victorinos, cuando estos eran Victorinos de verdad y aquel toreo basado en la pureza y en poder a un toro que no sería tan maravilloso como las bobonas de Juan Pedro, pero que daban la medida real del torero.

Las Escuelas ya habrán terminado el curso, habrán dado sus diplomas y estarán preparadas para abrir las matrículas del nuevo curso, pero quizás deberían plantearse dar una vuelta a todo, sacar los muebles viejos, pintar las paredes, tirar a la basura el temario actual y volver a recuperar las viejas tauromaquias, mientras los ganaderos van recuperando el toro bravo y van deshaciéndose de ese engendro que tiene aspecto de toro, pero que no lo es. En ese momento quizás volveremos a manifestarles a todos nuestro reconocimiento a su labor. Pero eso será después de las vacaciones, ¡hasta pronto a todos!