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martes, 25 de febrero de 2014

Cargar la suerte y destorear

¿Y por qué los niños cargan la suerte y adelantan la pierna cuando nadie les ha enseñado a torear? ¿Será esa la forma natural de torear?  Misterios del Toreo


Mucho se habla de qué es eso de cargar la suerte, eso que muchos equiparan con adelantar la pierna, pero que no siempre es así, pues en esto también puede haber ventajas. Si nos dedicamos a buscar las sentencias que dejaron los maestros del toreo, todo lo que no sea cargar la suerte, no es torear, incluso algunos emplean el término destorear, que tanto ofende a aficionados con la sensibilidad a flor de piel, y que sienten como propias, como si en ello les fueran sus lentejas, cualquier ofensa a sus ídolos, pues como tales los tratan.

De siempre el toreo ha sido poder al toro, dominarle y si se conseguía además hacerlo con arte, ¿para qué más? Pero siempre cumpliendo esa condición imprescindible, cargar la suerte. Uno tiene su opinión, que no teoría, sobre este concepto, que si huimos de la terminología propia del taurinismo y para que todo el mundo nos entienda, no es otra cosa que citar al toro, hacerle arrancarse hacia un trapo y conseguir desviar su trayectoria toreando, haciendo que soporte el peso la pierna más próxima al animal, que por otra parte suele coincidir con la pierna contraria, la de salida. O sea, que como no estés muy ducho en lo de mover las telas, te puedes ir a los lomos en na’ y menos. Es la entrega total en todo momento durante el pase. Y quizá sea ese adelantamiento de la pierna contraria la forma más evidente de darse cuenta de lo que es este enigma del Toreo. Luego habrá quién afirme que toreros como Manolete no cargaban la suerte, y que además toreaban de muleta con esta retrasada. Bien, no voy a declararme fan incondicional de ese de esperar con la muleta atrás, pero tampoco les voy a hacer trampas y afirmar que el Monstruo no toreaba, pues sólo hay que ver como metía la cabeza en la pañosa y se lo llevaba hasta atrás, haciendo que su oponente describiera un arco en torno y muy próximo al torero.

¿Es cargar la suerte adelantar la pierna contraria? Pues sí y no. Si tal adelantamiento se produce antes de que el toro se arranque, entonces la preciada virtud se convierte en trampa, pues lo que se produce es que el torero desplaza lejos de si al animal. Otra cosa es lo que se ha dicho antes, que se cite con la panza de la muleta, o con el capote, y que a toro arrancado se eche la pata pa’lante, que así lo dicen los castizos, haciendo que este se desvíe de su trayectoria inicial, para volvérselo a llevar hacia adentro. ¡Eso es ventajismo! Puede que sí, no se lo niego, pero para que la cosa salga con bien, hay que saber manejar muy bien los trastos y mandar mucho en la embestida, porque en caso contrario, el riesgo de ser atropellado es más que cierto y evidente. Para acabar rematando atrás y quedando colocados toro y torero para el siguiente encuentro. No me dirán que la cosa no es fácil, en dos palabras, como diría Manolo Morán en Tarde de Toros.

Que no me voy ahora a valorar si lo que hacen la mayoría de los toreros de ahora tiene mérito o no, claro que lo tiene y servidor no sería capaz de hacerlo ni soñando, pero aún con esa meritoria labor reconocida, lo que no me parece bien es que eso que hacen de tanto valor, me lo quieran hacer pasar como toreo, ¡Noooo! Por ahí sí que no. Que hay mucha gente que se siente timada, engañada y estafada, que ven lo de corrida de toros y se animan y luego eso de que los toros serán lidiados y ya están yéndose para la plaza. Para luego que no haya toros, ni lidia, ni nada de nada. Que me dicen los que saben que es mucho más peligroso dar pases en línea recta con el extremo de la tela y con la pierna de salida haciendo la tijerilla (D. Joaquín Cantero dixit), que los toros chiquitos tienen más mala baba que los otros, que los afeitados hacen más pupa, lo que quieran, que puestos a elegir, uno no quiere que pasen tan malos ratos y que prefiere que tomen el camino cómodo de cargar la suerte, torear con la panza de la muleta, toros íntegros y de verdad, que pasar por tantas penurias como dicen que pasan con los toros del monoencaste.


¿Y para qué vale eso de cargar la suerte? Pues muy sencillo, como decían grandes maestros, para torear, para poder y someter a un toro con complicaciones, un toro al que había que ponerles las cosas en su sitio desde el primer capotazo y con el que un error era la diferencia entre pasar a la enfermería o salir andando de la plaza. Quizá todo esto no tenga tanta importancia con el toro moderno, pues es un animal mucho más dócil y al que no sólo los toreros, sino que el propio público exige muchísimo menos. Si no aguanta un puyazo no pasa nada, si se le pegan mil trapazos, tampoco y si la faena llega a los doscientos muletazos en lugar de cien, mejor que mejor, sin que estos sometan mínimamente la embestida. Incluso si el toro se vence por un pitón o tiene alguna revuelta extraña, todo el mundo entiende que no es apto para el lucimiento y entiende que el matador no tiene nada que hacer con semejante ejemplar. Algún extremista me dirá que esto es una barbaridad; no digo que no. Que esos inconvenientes se arreglan durante la lidia, y tiene toda la razón del mundo, pero claro, quizá el error parta de que usted considera que a los borreguitos hay que lidiarlos en los tres tercios y que si no aguanta al menos en dos y algo en el tercero, eso ni es toro, ni nada. Pero claro, igual es que lo de los animalejos estos no es la Corrida de Toros de siempre y estamos hablando de un show completamente distinto. Quizá entre una cosa y otra exista una diferencia parecida a lo de “Cargar la suerte y destorear”.