sábado, 19 de septiembre de 2026

La reventa se agiganta en Madrid

Hágase con su carés de afisionao y seguro que la reventa tendrá un detalle con usted, además del boli, un cuaderno rayado, para que no se tuerza.


Quizá algunos recuerden los reventas ofreciéndote entradas para los toros en los alrededores de la plaza. Los días más flojos te abordaban desde bastante antes de llegar a la plaza y en los que la cosa estaba que echaba humo, en los mismos lugares se te acercaban preguntando que si te sobraba algo para esa tarde. Y cuando ya estabas a pie de plaza, si preguntabas a alguno, casi todos más que conocidos, te pedían el oro, el moro, un ojo, una pierna y hasta años de vida, para poder entrar a los toros. Eran otros tiempos, aunque estos personajes no han desaparecido, pero ya no son tan... tan... son de otra manera. Eso sí, si algún incauto, algún espontáneo se ponía a vender una entrada, lo mismo te llegaban por detrás unos señores uniformados, aunque sin gorra, y te trincaban, pero bien; que a lo peor los propios reventas “profesionales” le habían dado el “queo a la pasma” De todo, menos competencia ajena a los habituales. Y esto era un gran problema para todo el mundo, para los que querían ir a los toros, para la autoridad y según decían, que lo decían, también para la empresa de turno. Que reventa solo la legal, la del 20%, esa de los quioscos que se ponían frente a la plaza.

Ahora los tiempos son otros, todo esto ha cambiado y de qué manera; vaya si ha cambiado. Pasamos de que te vendían unas cerillas o un bolígrafo por una tela y te regalaban una entrada a los toros. Joer, que era para decirles que se quedaran con el boli y te regalaran la entrada, que según el anuncio, esa era su intención, ¿no? Pues no. Pero estamos en tiempos en los que todo se mueve por las redes sociales. Sí, redes en las que caes y te trincan como a un besugo. Que ahora te inundan los anuncios de ventas de entradas para los toros en Madrid, no ya una vez que se han puesto a la venta, lo mismo para abonados, que para público en general, sino mucho antes, semanas antes. Y te las venden de cualquier sitio de la plaza, dónde quieras. Y en algunos casos, más baratas que en taquilla ¿Cómo es eso? ¿Algo parecido a lo del boli? Pues muy sencillo, si a un abonado le cuesta seis y en taquilla cuestan quince, te la venden por doce y negocio redondo. No me digan que no está bien pensado. Aunque hay días, como el marcado en rojo porque viene el genio de las genialidades, que si la entrada vale quince, te piden... yo qué sé una barbaridad, lo mismo cuarenta o cincuenta y sin boli, ni nada. Que no se tomen al pie de la letra las cifras, es simplemente un ejemplo, porque por esas cantidades, hoy en día, en las Ventas, no te dan ni el boli, ni casi la bañera de alcoholazo para amenizar el festejo.

Que además la empresa anuncia que se ha alcanzado una cifra récord de abonados; cifra que se va superando feria a feria. Todos abonados, pero que llega uno y resulta que la plaza cambia todos los días. Que sí, que están los de siempre, los que nos conocemos unos desde que éramos jóvenes y a otros desde que se vinieron por allí cuando eran jóvenes. Que sí, que hay alguna contada incorporación, pero el resto unos días te vienen de Colmenar, otros de Extremadura, otros del Barrio del Pilar, otros de Toledo, otros de vaya usted a saber, pero nunca, nunca se repiten. Y si hay tanto abonado, ¿es que llega el día de los toros y se le quitan las ganas de ir a la plaza y se la pasan a un amigo? Que si es así, los abonados de Madrid son como Roberto Carlos, el cantante, que quería tener un millón de amigos. Vamos que tienen que ser los más populares y con fama de ser más generosos que la mar. Pero claro, si no todo son amigos, la gran pregunta es: ¿Quién está detrás de tanto abono? ¿Quién, cómo y por qué disponen de tantas entradas, que las ofrecen incluso antes de que se pongan oficialmente a la venta? Y otra cuestión es si la propietaria, la Comunidad de Madrid, el Centro de Asuntos Taurinos tiene noticia de esto o no. Que si nos enteramos las almas cándidas que nos limitamos a ir de casa a la plaza y de la plaza a casa, ¿cómo es que ellos parece que están a verlas venir? Que luego dicen que si pensamos mal ¡Hombreeee! Es que no lo ponen fácil. Que una de dos, o están más que al tanto y miran para otro lado o es que son tan torpes que les pasa un elefante por la cara y no se enteran. Que no sé cuál de las dos opciones es más bochornosa. Que oiga, que haya abonados está muy bien, pero mira que trabas amistad con alguien una tarde, esperas con ilusión el reencuentro al día siguiente y en lugar de ese o esa tan majos, te aparece un sargento de caballería. Pero la conclusión es que si no eres abonado, al que venga de fuera, le rompen el lomo del estacazo que les pegan. Que ya lo decía el señor Casas, que esto es un artículo de lujo. Pero cuidado, que los hay que están encantados con esto y hasta parecen gozar viendo como esquilman a los que vienen de fuera, pensando que a ellos, privilegiados y exclusivos, no les va a tocar nunca. Si es que al final no van a tener que hacer obras solo en la plaza, al final va a resultar que a más de uno le van a tener que apuntalar y encalar la sesera, aunque si el mal es estructural no hay hormigón que remedie lo de las grietas. Que los hasta que están encantados de esto de revender, porque ellos, con dos tres, cuatro o seis abonos, haciendo sus chanchullos y sacándose unas perrillas, no caben en si de gozo, que ya tiene pagada la bañera de alcoholazo para las tardes de feria. Pero lo más preocupante y que parece que no tiene remedio, es que la reventa se agiganta en Madrid.


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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Que nadie toque Madrid, que me enfado un montón

Los hay que se quieren erigir en dueños únicos de Madrid, sin ser capaces de tener la intención de mirar a su lado y aprovechar lo que puedan aprender de la compañía. Allá ellos.


Seguro que si usted es habitual de la plaza de Madrid, vean que no digo aficionado, no consienten por nada de este mundo que nadie venga a contarnos cómo deberíamos actuar en esta plaza. Y luego, enfrente, están los que se creen con derecho a querer cambiar Madrid y adaptarlo a lo que a ellos les viene bien, quizá a lo que conocen en otras partes. Bueno, es una forma de ver las cosas. Que anda que no se preocupan por lo que sucede en esta plaza. Pero no se preocupan por la plaza, ni mucho menos, se preocupan por los que frecuentan la plaza de las Ventas. No entienden que detalles que son señas de identidad de la plaza se mantengan por los siglos de los siglos. Pero entienden que esas cosillas solo hacen que amargarnos el carácter y no se crean, lo mismo hasta tienen razón, porque anda que no somos unos siesos esaboríos. Si es que estamos todo el día con el ceño fruncido, si es que no nos gusta na. Bueno, hay a quién le gustan muchas cosas, que no todos van a ser unos amargaos. Esos ajenos quieren que en nuestra plaza se toque la música cuando haya algo sobresaliente, aunque la cualidad de sobresaliente varía según a quién se le pregunte. Pero no me digan que la música no animaría el cotarro, pues claro que sí. Lo malo parecería regular y lo regular excelente, ¿qué digo? Histórico, pero histórico, histórico, aunque eso de histórico nos aguante en la memoria diez minutos. Pero esto no puede ser, hay que encontrar algo que recordar, a ver qué se nos ocurre. ¡Ya está! A dar muchas orejas y así seguro que nadie se olvida de aquella tarde en que fulanito cortó... entre mil y dos mil despojos. Estuvo grandioso. Eso sí, no pregunten más, que igual no saben dar más razones de lo grandioso. Eso, despoj... perdón, orejas. Pero, a estas alturas, ¿nos vamos a poner límites? ¿Madrid no tiene derecho a merendar? Instauremos la merienda en las Ventas. Solo tienen que ver el éxito del “Cénate las Ventas”. Que la plaza no se llenará, pero ese olor a fritanga tan nuestro, tan popular, tan de verbena del pueblo en verano, ese trajín de gente con bandejitas sin importarles que el toro esté en el ruedo o en la luna, con las bañeras de alcoholazo y con los ánimos dispuestos para... para solicitar despojos con vehemencia. Eso sí, no intenten llevarse las bebidas de casa, que en esos días hay un caballero en la puerta que se empeña en registrarles bolsos, mochilas y baúles, porque no dejan meter bebidas, que hay que consumir dentro. Pero el clímax llegaría en el momento en que ese entusiasmo por lo divertido nos llevara a que se diera un rabo a uno de los mediáticos. Y si además llegara el indulto, ¡no lo quiero ni pensar! No sé si lo resistirían nuestros cuerpos, no sé si tanta emoción cabría en nuestras molleras. Nos explotaría la cabeza ¡Un indulto! El cielo en la tierra. O quizá... Igual hasta podría ser entrar al infierno sin poder salir ya nunca más.

Pero que nadie piense que este abrir las puertas a la diversión es un imposible, ni mucho menos; no se me desanimen los animosos, por mucho que escuchen a unos clamar que si esta es la primera plaza del mundo, que si son muy exigentes, que si hay que picar, ¡naaa! Ni caso. Esos igual serían los primeros en querer pasar un rato bien divertido. Háganme caso, que se quejan de que los demás merienden, pero ellos, quizá sufriendo un taurino síndrome de Estocolmo, en cuanto pueden se preparan una merendola de toma pan y moja y no dejan de pasar tupperwares hasta que no se ve el fondo. Aunque esto son pequeñeces. Lo malo es cuando sale el toro y mientras gritan eso de hay que picar, cuando al toro no se le pica, por lo que sea, si este acude a la muleta como un bendito, sin un mal gesto, sin un mal derrote, ya están con que si es el toro del año, que si hay que darle una vuelta al ruedo, por aquello de la diversión y hasta alguno con el fervor que provoca el morapio, hasta repite eso de “es un toro de vacas”. Y no les pregunten motivos, que igual se llevan un rapapolvo dialéctico. Que a nada que uno no les baile el agua, lo más suave que te sueltan es que no tienes ni idea; ellos sí, por supuesto. Y no digamos cuando llega el amigo vestido de luces, el vecino del pueblo de al lado, que entran de lleno en el divertimento y se ponen a airear el pañuelo como posesos y si no logran el despojo, ya se encargarán de hacerle pegarse un rulo por el ruedo y que lo carguen a su cuenta, que pagan ellos. Como si ellos fueran dueños de lo que no tiene dueño, al menos solo uno o unos pocos. Ni tan siquiera son los amos que decidan quién y cuándo uno tiene que divertirse. Se creen tan, tan exclusivos, que actúan como si fueran socios, panas, coleguitas de la empresa y se alegran de sus supuestos éxitos, como si fueran suyos propios. Que verás cuando se enteren de que nadie va a compartir con ellos los beneficios. Eso sí, que como alguien se ponga como no se debe poner, ya saben, que nadie toque Madrid, que me enfado un montón.



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lunes, 14 de septiembre de 2026

El toro sorprende y los de luces... ya ni pueden decepcionar

Y esos toros pensando a ver quién les va a trapacear, quién les ha tocado en mala suerte. Venga a derrochar embestidas, para que un caballero le largue tela sin garbo.


Los más viejos igual recordarán aquello de la maldición de la gitana: “ojalá te salga un toro bueno”. También los había, tiempo ha, que juzgaban la labor de los de luces de acuerdo a las condiciones de lo que tenían delante. Pero todo esto ya no vale, hay que olvidarlo, ¿no? Pues que pierda la memoria el que quiera, pero uno intenta mantenerla, aunque para ello tenga que atiborrarme a rabos de pasa. Y los desmemoriados o los que nunca conocieron de estas cosas de gente mayor, ven toreo en no poder con un toro, ven arte en la trampa, ven poder en no parar quieto y bailar más que un sobrepasado en un after. La cosa es ensalzar al torero y soltar los ¡Bieeeejnnn! Que nos salgan de ahí mismo. Que qué será lo que a esos entusiastas les hace jalear hasta los enganchones. Que no entremos en que si el pico, que si el trallazo o el ventanazo retorciéndose, que con que nos quedemos con los enganchones ya tenemos tema para poner peros a los que ellos perciben como genios de la tauromaquia. Que igual lo son, que no digo yo que no, pero desde luego lo que no son, ni de lejos, medianamente interesantes para el toreo. Que lo dela tauromaquia parece admitir lo ya comentado y exige que si eres paisano o amigo, tengas que mostrar no admiración, verdadera devoción. Si hasta música han pedido. Y ya saben, pedid y se os concederá; y la música ha llegado en forma de avisos, así, como si fuera el vals del segundo. Pero no, a los caballeros no les ha debido parecer bien. Pero siéntense, que esto da para más. Que ya puestos a hacer vergüenzas, los amigos, conocidos o lo que sean, no dudan no solo en hacer que el incapaz se de un giro por el ruedo, sino que encima se ofuscan contra los que opinan muy diferente. Damas y caballeros, es que no todos tenemos amigos toreros a los que ponen para rellenar una tarde de septiembre en Madrid.

Que empezaba la tarde con toros de Valdellán y Juan Luis Fraile y más de uno acudiendo a la plaza con un “verás tú” en la cabeza. Que no digo que lo de Valdellán no se espere siempre, pero lo de Juan Luis Fraile despertaba cierta desconfianza. Pues para que nos vayamos enterando, si no es por el ganado, alguno dudaría entre cortarse las venas o dejárselas largas. Que a la salida todo el mundo comentaba la grata sorpresa de lo de Valdellán y Juan Luis. Pero... siempre hay un pero, la terna actuante... quizá era para refrescar la memoria de los habituales a esta plaza, ni mucho menos de los afines a los toreros. Tres toreros que desde hace tiempo ya no decían nada y... A Pérez Mota parece que nos lo ponen para que no se nos olvide su plomiza incapacidad. Alberto Lamelas, confirmando que lo de hace ya demasiados años parece que fue un espejismo y que su normalidad es el no poder con los toros, ni tener el más mínimo sentido de lo que es lidiar, aunque esto es común a esta terna y a mil que se nos puedan ocurrir. Y José Carlos Venegas, pues dejándose ir dos dulces que exigían toreo y no trapaceo. Pero él a lo suyo, a poner poses y trampear como Dios le dé a entender, con más trampas que Daniel Boon (famoso trampero del far west americano)

Como es habitual, se ha picado penosamente, lo mismo en la paletilla dirección a la pezuña, que más allá de mitad del lomo; imaginen todas las posibilidades para acuchillar a un toro, sin que ninguna de las opciones sea en lo alto del morrillo. Eso sí, como los picadores no tienen padre, ni madre, ni parientes, ni paisanos, se les pueden decir todas las barbaridades que a uno se le pasen por la cabeza en un momento de ofuscación transitoria. Que no sé que iba a ser de esto si no hubiera picas a los que mentarle lo más sagrado. Eso sí, pocos caen en la cuenta de que quien le paga es... y el que le paga es que el que manda, el que da las órdenes y curiosamente suele ser el mismo que no pone los toros en suerte con un mínimo de cuidado y los mismos que no acuden a sacarlo de debajo del peto cuando el de aúpa está zurrando al animal, que uno no sabe como no les falta el riego en el brazo a algunos partelomos que visten de oro. Si vamos por hierros, el primer Valdellán peleó con fijeza, aunque le costara un mundo decidirse a ir al peto. El segundo, tercero de la tarde, fue sustituido por un sobrero del Montecillo que no quería cuentas con el tío del palo. Queriéndose ir en todo momento, escarbando, para acabar yendo el caballo al toro y no al revés. Y el tercero, que hizo quinto, se acercaba al caballo andandito, sin convencimiento, para que no se le picara, aunque el picotazo casi al final del lomo, se lo llevó. Y de los de Juan Luis Fraile, el primero, segundo de la tarde, muy suelto, sin humillar y sin codicia, para acabar en el que hacía la puerta. El segundo, q7ue salió cuarto, medio cumplió en la primera vara y en la segunda, desde lejos, volvió simplemente a cumplir. Y el tercero de Fraile, el que cerraba plaza, tras un primer puyazo sin más y después de pensárselo mucho, en el segundo encuentro hasta empujó con ganas. Pero en la muleta la cosa fue bien diferente, aunque no me gustaría que olvidáramos lo sucedido en estos primeros tercios, porque luego viene el entusiasta de turno y te dice que porque no se cansaba de ir al trapo, este o el otro era el toro de la temporada. Moderación, señores, moderación. Que a veces tenemos la memoria más a corto plazo que un pez.

Pérez Mota empezó con ciertas precauciones con el capote. Inseguro en los primero compases con la muleta, iniciando por enganchones, trapazos acelerados y sin ser capaz de poder con el Valdellán, lo que se evidenciaba con un no parar de bailar entre trapazo y trapazo. En su segundo, insulso con el capote, manteo de compromiso, para luego dar un concierto de muletazos con el pico, mucho enganchados y tomando ese camino que denuncia el no poder, pero que oiga, los hay que se entusiasman con ello y hasta piden música, que no hay nada que les ponga más felices que un buen arrimón, pero que a otros desespera hasta el clímax de la desesperación. Y a ver si otra vez que se piensen ponerle ya se nos ha olvidado lo poquito que da de sí este torero. Eso sí, al entrar a matar por segunda vez salió prendido, siendo zarandeado una eternidad por el toro, recogiéndolo de la arena y volviendo a tenerle a su merced.

Alberto Lamelas recibió al primer Fraile con el capote, mientras este lo punteaba por ambos pitones. No fue el más fácil de la tarde y quizá pedía otra cosa que no fueran derechazos y naturales, al menos de primeras.. Por el izquierdo se vencía, por el derecho tiraba derrotes y lo único que se le ofrecía era un no parar quieto, dejarle enganchar la tela y que el toro fuera el que mandara. Al de Valdellán lo recibió a portagayola, para acabar de cara en la arena. En el último tercio fue una sucesión de trallazos, enganchones, abuso del pico y sin poder hacerse con él, lo que provocaba en el respetable una sensación de emoción, la del que no puede y está a merced de su oponente, que iba una y otra vez a cada cite. Pico exagerado y el animal que se le venía por el hueco entre bulto y engaño. Pero eso parece ser que gusta, que no se imaginan lo feliz que estaba una señora venida de más allá de los Pirineos, que hasta se quería echar al ruedo para agasajar a su torero/ ídolo/ amigo/ váyase a saber.

Y el tercero era José Carlos Venegas, que al que me diga que no se pone estiloso, la tenemos. Eso sí, que cuide las lumbares, que con esas poses tan... que la espalda es muy traicionera. En el recibo a sus dos toros hubo de darse la vuelta para perder terreno. Como todos, mucho trapazo, siempre sacando el culo fuera, muletazos nalgueros, que dicen. Siempre atravesando la muleta, venga a colocarse, salpicado de enganchones muy celebrados, sin percatarse de que el manso en el caballo no paraba de acudir adónde le llamaran. Y dos avisos, ¿no querían música? Pues toma música. A su segundo empezó dándole distancia, igual que le daba ventanazos, siempre muy fuera. El toro no se cansaba de embestir, embestidas que no merecían tanto trallazo, tanto dejarse enganchar la tela y tan poco mando, manifiesto en carreras y más carreras. Que si no pincha cuatro veces, para que el toro acabara echándose solo, igual alguno agitaba el pañuelo, aunque igual en lugar de para pedir la oreja era en señal de rendición, que ya no había quién aguantara más. Eso sí, si la cuadrilla es incapaz de poner cuatro palos y casi deja caer al suelo una docena, por mucho que se mire al palco, señor Venegas, no se puede cambiar el tercio. Que si fuera el caso de que el toro fuera una alimaña, igual podía ser, pero porque los de luces sean unos incapaces, por eso no ¡No, hombre, no! Y al final resultó que el toro sorprende y los de luces... ya ni pueden decepcionar.


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lunes, 7 de septiembre de 2026

A los toros con la fresca

La montada acorazada se está convirtiendo en un espectro sombrío, cuyo única función parece ser masacrar tapando la salida o no recetar ni tan siquiera un picotazo. O Juanín o Juanón, sin querer encontrar la medida justa.


Pocos elogios ha recibido la empresa de Madrid, para lo que se preocupa por los que insisten una y otra tarde en acercarse a la plaza de las Ventas. Que lo mismo deciden que nada mejor que un jueves por la noche para ir de toros, con merienda servida en la propia plaza, sin importarle si un señor de Toledo, Alcalá de Henares o Fuenlabrada tiene que levantarse pronto para ir a trabajar. Y ahora, aún con los calores, y vaya calores, del verano, te ponen la novillada a las seis de la tarde, que aún a estas horas igual hay alguno al que aún le sigue tostando el Lorenzo; y eso que ya han pasado de largo las horas de la cena, pero es que los de sol han debido acumular calorías de aquí hasta el mes de enero. Pero claro, si estamos en septiembre, los toros a las seis, aunque estén lloviendo candelas como melones. Que habrá quien diga, uno de esos que con tanta facilidad se ponen en lugar de la empresa, algo ya muy habitual, que el que no quiera sol, que afloje la mosca y se vaya a la sombra, que estaba vacía. Que ya nos quejamos de vicio.

Y dirán ustedes que si esta es forma de comenzar el relato de una tarde de toros; que igual no, pero que opinen los de las localidades de sol. Festejo con seis hierros distintos, que al final fueron ocho. Guadajira, La Machamona, Chamaco, José González, Ángel Luis Peña, que fue devuelto, un sobrero de El Cotillo, también devuelto, otro de Couto de Fornilhos y uno de José Cruz, que sustituía al anunciado de Jiménez Pasquau. Para los espadas, todos nuevos en esta plaza, Adrián Centenera, Tomás González y Andrés García. No sería novedad decir que se ha picado mal, tapando la salida, sin poner los novillos en suerte; que esto no quiere decir el dejarlos allí a su aire, abandonarlos como el que deja un perro abandonado en una gasolinera, que hay que colocarlos con un cierto criterio, preferiblemente después de un remate garboso, aunque esto ya sí que es pedir peras al olmo. Y que una vez que el animal acuda al peto, estar atentos para sacarlo del caballo con acierto. Sí, que dirán que me ha afectado el sol, que seguro que sí, pero es que uno a veces delira. Que no digo nada de esos matadores, tanto novilleros, como los figuras y aspirantes, que no saben cuál es su sitio y se dedican a... ¡Yo qué sé a qué se dedican! A merodear por ahí. De los novillos, el de Guadajira quiso pelear en la primera vara, el de La Machamona solo con un pitón, el de Chamaco tirando derrotes a la guata, el de José González dejándose sin más, el de Couto acudiendo en huida primero al de la puerta y el de José Cruz aguantando al de encima del mulo, a ver si acababa de atinar con el palo. Novillos que no aburrieron, que para eso estaban otros. Es más, alguno ofrecía embestidas que en el mejor de los casos solo fueron acompañadas, aunque sin ajuste.

Adrián Centenera muy perdido, con la idea bien aprendida de iniciar los trasteos por abajo, pero eso de pegar trallazos afeaba lo que podrían ser buenas ideas. Luego mucho abusar del pico, mucha carrera y en el caso de su segundo, ligando enganchones en demasiados trapazos. Tomás González, debió escuchar lo torero que es empezar con ayudados, pero volvemos a lo mismo, que no es lo mismo templar, que tirar trallazos. Un novillo que era un dulce que no merecía esos trapazos al aire con la muleta al cielo, ni permitir tanto enganchón, concluyendo en su primero con una dosantina muy bailada, o lo que también llaman un invertido. En su segundo, el quinto, aparte de proseguir con su serie de banderazos, se pasó el rato venga a colocarse como para empezar lo bueno, pero nada, que no se acoplaba y al final, pues no se acopló. El tercero era Andrés García, que a su primero, un novillo huidizo, se lo llevó a los medios y consiguió sujetarlo. Después vinieron ventanazos y muletazos con la zurda iniciados con un tirón. Después prosiguió con un toreo demasiado moderno, con las fallas de todos y las carreras como todos. El que cerraba plaza parecía salir con la lección de torearse solo y el espada se mostró más efectista que eficaz, con un inicio por abajo gustoso, pero sin llevar al toro, que ya se llevaba él. Prosiguió con muletazos que cortaba antes de tiempo, sin rematar ninguno y escuchando como la cla le jaleaba hasta los enganchones, algo ya muy habitual, con esos ¡Bieeejjjnnnn! Trompicados. Para terminar con una serie al natural de frente, en el que se hacía más evidente ese pasarlo en línea y largando tela, que por supuesto caló entre los partidarios., que si no es por el pinchazo hondo o menos de media, depende de a quién pregunten, y los ocho golpes de verduguillo, lo mismo contagiaban a alguno más y le pedían un despojo. Y así terminamos una novillada que se hizo demasiado larga, sin aire acondicionado, que debía estar en reparación, con las radiaciones del Lorenzo aún a flor de piel y encantados de que esta empresa decida que esto empiece a las seis de la tarde y que vayamos llenos de optimismo y con la mente limpia, virgen, a los toros con la fresca.


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