Hoy me ha venido a visitar un vídeo de uno de los toreros más importantes de la historia de la tauromaquia. No tuvo más popularidad que la que procedía de los toros, ni se caso con una actriz de moda, ni tuvo un lío con esta o aquella y ni tan siquiera se le recuerda una polémica con algún compañero. Quizás lo más sonoro fue cuando rompió con su apoderado de toda la vida, pero aparte de esto, de este torero sólo se le recuerda su mano izquierda, su pase de pecho, la pureza con que ejecutaba todas las suertes y el clasicismo de su toreo. Este torero se llamaba y se llama Santiago Martín El Viti. En el ruedo no tenía cara de contar chistes, pero es que no era eso para lo que la gente le iba a ver. Fue el torero que más cobró en su época, algo digno de reseñar si se tiene en cuenta que alternó con El Cordobés, el referente máximo de aquellos años y al que yo me resisto no sólo a llamar maestro, sino que casi me niego a llamarle torero. Entiendo y comprendo que muchos no estarán de acuerdo con esta opinión muy personal, pero si hago caso a quien me metió en el alma este veneno que se llama fiesta de los toros, no puedo pensar de otra forma.Para mí el ser torero y el ser aficionado a los toros no puede pasar por un fenómeno social como fue El Cordobés. Al comenzar a escribir este texto nunca pensé que fuera a acabar hablando de Manuel Benítez, es más, nunca pensé que fuera a hablar de él en este blog, pero tampoco es malo dejarse llevar de vez en cuando.
Pero ahora creo que lo mejor es disfrutar del reportaje que presenta otro torero de Salamanca, Juan Diego, para el que seguro que El Viti ha sido un referente, como para todos los toreros de Salamanca y para todos aquellos que quieran caminar por la senda de la pureza, la verdad y el toreo de siempre, el toreo eterno no sujeto a modas, ni excentricidades de torero malo.
Hace unos días me llegó un correo de un muy buen aficionado de Linares, José Luís Bautista y que me dijo una frase que me encantó, que en seguida le dije que se la iba a plagiar y que ahora la aplico constantemente como baremo para clasificar a los toreros. Me decía José Luís que hay toreros que sienten el toreo y otros que lo practican; pues bien, El Viti lo sentía.



Este tercio, el de banderillas, que algunos matadores banderilleros desprecian, aunque pueda parecer una incoherencia, resulta decisivo para el matador, a quien se le revelan las condiciones en que queda el toro ante la faena de muleta. Pero como decía, los jóvenes maestros no deben tenerlo muy en cuenta a juzgar por la forma en que lo desarrollan. En primer lugar parece ya instaurado el par por un solo pitón, el derecho generalmente, y el desprecio de los terrenos para ejecutar la suerte dependiendo de las condiciones del toro. Lo habitual es que se especialicen en dos o tres tipos de pares y que se los enjareten a cualquier toro: a la carrera cuarteando, a la carrera después de subirse al estribo y bajarse de él sin ningún sentido y sin darle ventajas que se suponen al toro, que no se ha enterado de eso del estribo, o si las palmas no echan humo antes del tercer par, pues éste se pone o al quiebro o por los adentros o ambas cosas a un tiempo. Además a esto hay que añadir siempre muchas carreras, las aportaciones propias del matador, violines incluidos, y no cuadrar nunca delante de la cara del toro.







