martes, 31 de mayo de 2016

Unos hablaban japonés y los otros en ornitorrinco arcaico, cerrado

Si el toro se complica y sale respondón, hay más recursos que ponerle una velita a san Modorro mártir y esperar a ver qué pasa


Pretender que alguien se entienda con otro, cuando cada uno se expresa en una lengua diferente y además sin que ninguno haga el menor intento por aprender a hablar como el otro, puede ser un rasgo de locura o de estupidez. De locura por pretender un imposible y de estupidez, cuando ambos, o al menos el de la mente superior, siempre va a querer mantener que eso siga siendo un perfecto imposible. Que los hay que se manejan por señas y cuando tienen hambre agitan las manos muchos, abren los ojos como lunas y emiten sonidos guturales y les ponen un pollo, cuando ellos querían un simple filete con patatas, pero bueno, comen, no les gusta el pollo, pero comen. Pues eso le pasa a Rafaelillo, que agita los trapos, se agita él, y mucho, y hasta el público se agita, pero al toro que ofrecía macarrones, así por las buenas le tiró el plato a la cara y se puso a comerle las pezuñas. ¡Qué valor eso de comerle las pezuñas al toro! Pero, ¿no eran más apetecibles los macarrones, así con su queso, sus tropezones de carne y ya puestos, hasta un vasito de vino, de brick, pero vino al fin y al cabo. Por su parte, Castella y Escribano no quisieron ver ni los macarrones, ni el vino, ni na’ de na’, decían que ellos eran más de angulas, perdón, de gulas del norte y no estaban para pastas.

Rafaelillo es un torero, murciano para más señas, que se ha investido de un halo de santidad, valor y honestidad que pasea por los ruedos del mundo, como si se lo creyera y todo. Y aquí voy a expresar mi opinión personal, muy personal. Rafaelillo es un torero muy limitado tanto para lidiar, como para intentar hacer el toreo y se limita a estar por ahí, esquivando derrotes mortíferos que tiran a la yugular. Igual hay alguien que esté de acuerdo en esto, pero en lo que viene a continuación, lo mismo no coincide nadie. Y es que esa cortedad de recursos le lleva a que si el toro no pega derrotes, hay que hacer que los pegue, porque lo de correr la mano y hacer el toreo templado y con mando, eso no va con él, Me dirán que soy excesivamente duro y hasta injusto y lo tengo que admitir, pero realmente uno está cansado de este número que repite una y otra vez. Y metámonos en harina. Su primero, pobre de cabeza, al segundo capotazo ya le obligó a darse la vuelta y a ceder terreno hacia los medios. Rafaelillo, lejos de intentar alargarle el viaje, se lo acortaba retirándole el capote de golpe, al tiempo que echaba a correr para atrás. En segundos en el ruedo se organizó una magnífica capea, el toro fue suelto al caballo, le hicieron la carioca, sin que se le castigara, se salió suelto por la grupa y prosiguió su vagar por el ruedo. Una segunda vara con el pica atrincherado en tablas, para ya pegarle algo más mientras le tapaba la salida, un vicio que se repite permanentemente. Yo tengo la sensación de que es como si a un boxeador le agarran entre tres, le vendan los ojos y le ponen frente a un muro a reventarse a pegar puñetazos, para que luego Giulianni Kid le sobe el morro a placer. Hubo un tercer encuentro con el caballo, en el que Rafaelillo intentó ponerlo en suerte, para que al final lo hiciera el peón con bastante mayor destreza. Al pasito, para que el de aúpa descargara un poquito el brazo. Trapazos por abajo para comenzar la faena de muleta y hacer que el de don Adolfo diera con sus huesos en la arena. Me llamó la atención el que muchos recibieran con agrado el abuso del pico y los retorcimientos lumbares. Muy fuera, mucho enganchón, carreras, trallazos, que solo servían para que fuera pasando el tiempo.

Y salió el cuarto, del que me van a permitir que no emita juicios, simplemente voy a intentar contar lo que yo vi, que por otro lado, también puede ser que tenga que agarrarme a una oferta de esas de “Progresivas a 199 €”. Recogió Rafaelillo al toro con capotazos por abajo, intentando alargar el viaje estirando los brazos, todo lo que este torero puede alargar. Eficaz y sin echárselo tan encima como en otras ocasiones. De nuevo se montó la capea, dándose capotazos por decenas. Sin pararlo fue al caballo, puyazo trasero que el animal recibió simplemente dejándose. El matador lo quiere dejar lejos y pierde el capote; más capotazos y capotazos de todo el que pasaba por allí, hasta el cocacolero casi se anima. Puyazo en mitad del lomo haciéndole la carioca. Pidió Rafaelillo el cambio, pero el usía no se lo concedió, picotazo leve en buen sitio. El toro iba bien en banderillas, franco, permitiendo incluso cierto lucimiento de José Mora. Y ya en la muleta, el murciano le soltó un trapazo y el Adolfo al suelo. Trapazos por abajo quitándose de repente y haciendo que el toro se revolviera a buscar el trapo. Le acorta las distancias de repente, pases escapando a las orejas, quitándole la muleta antes de acabar el pase y huyendo a las orejas. Sí es verdad que el toro se vencía por el pitón derecho en este momento. Cambió a la mano izquierda, con más de lo mismo, pico y a medio camino, respingo y a quitarle el engaño de repente. Pero curiosamente, cuando no daba el respingo, el animal hasta medio seguía la tela. Pases de uno en uno, desplantes histriónicos y tras una lidia peor que nefasta, el matador se sentía en ese barullo como pez en el agua. Además, si esto gusta y se lo jalean, pues adelante con los faroles. Pinchazo y entera, soltando la muleta, que hizo rodar al toro. Y Rafaelillo se sintió plenamente satisfecho, aunque esta vez no hubo lágrimas.

También andaba por allí monsieur Castelá, que por lo menos hacía dos días que no venía a Madrid, nos tenía “abandonaos”. Verónicas sin echar la pata para atrás, echaba las dos. Al toro le dieron poco castigo en el caballo, aunque le taparon la salida en los dos encuentros, yendo dándole distancia en la segunda vara. Con la muleta, monsieur Castelá le aplicó una conferencia en turco osmanlí, que el toro escuchó atentamente, pero sin enterarse de nada. Pases y más pases, sosísimos, aburridísimos, despegadísimos, con la muleta atravesadísima, mientras el toro ofrecía nobles embestidas, pero al que estaba delante no le sonaba de nada eso de torear con verdad, templando y mandando, sometiendo al toro. Parece ser que al finalizar uno de sus toros, por canal amigo de la fiesta manifestó que no se puede torear más despacio. Bueno, monsieur Castelá, usted domina muy bien el castellano, de forma envidiable, pero a ver, no es lo mismo pegar pases despacio a un toro que lleva el ritmo de un caracol, que torear con temple y despaciosidad. Pero seguro que se apunta al curso “Mejore su Castellano, de CCC” y seguro que en nada le queda claro el matiz. Y al matricularse le regalan la guitarra y unas medias para favorecer la circulación.

Su segundo le hizo darse sus carreritas entre capotazo y capotazo, para inmediatamente hacer que el matador se diera la vuelta de espaldas hacia los medios. Mil capotazos, aproximadamente, para acercar el toro al caballo, para que este se durmiera bajo el peto mientras le tapaban la salida. El peón de brega andando por allí por el ruedo a ver si lo ponía al caballo de nuevo y monsieur Castelá allí parado como una estatua de sal, viendo como pasaban toro y torero por sus inmediaciones. Luego ya vino el repertorio de siempre, con muletazos muyyyyyyyy lentos, con un toro que no podía caminar más rápido, que el espada no paró con la muleta, ni le templó, ni le mandó, simplemente acompañó al animal que se arrastraba en busca del trapo. No paraba de embestir y al pobre no le dieron ni un derechazo, ni un natural, diciéndole por dónde. Será que monsieur Castelá es tan delicado que no quiere imponer nada a nadie y menos a animal tan extremadamente noble.


¿Sabían que Manuel Escribano quiere poner banderillas en todos sus toros? Pues díganle que las ponga, pero que no las tire. A portagayola en ambos toros, el primero muy parado de salida, lo que le obligó al matador a aguantar allí de rodillas hasta que el toro hiciera por él. Muy corretón, frenándose ante los engaños. Gazapón, de gira, pasaba por el caballo y le daban un puyazo mientras le tapaban la salida, él cabeceaba, al paso en la segunda y solo se dejó, y luego lo de las banderillas de Escribano. Pues vale, pues ya está dicho. Se le quedaba corto por el derecho en la muleta, tiraba arreones y don Manuel a lo de todos, al pico y sin saber por dónde echarle mano a un toro incierto. Acabó de un bajonazo mucho más abajo de dónde caen los bajonazos. En el sexto más de lo mismo, el toro suelto, se fue al caballo al hilo de las tablas para que le zurraran a modo, se fue suelto de nuevo, para otra segunda vara en la que también recibió el de don Adolfo. Inicio de muleta por detrás, que la parroquia agradeció, pues ya eran demasiados días sin ver a un señor doblarse cómo un arco los lomos; carreras, pico, el toro se le mete por dentro, pico, corto, a correr y menos mal que la cosa terminó, porque aunque pueda parecer divertido, resulta muy estresante presenciar una representación en la que unos hablaban japonés y los otros en ornitorrinco arcaico, cerrado.

lunes, 30 de mayo de 2016

O me toreas o nanay, pero trapazos, ni medio

Los toros esperaban otra trato y los aficionados, también


Lo que es el toro bravo, que si no te pones en el sitio no hay nada que hacer, que si no le mandas, quedas como la Chencha y que si te pones tolay, hasta se aburre de ti y te deja más “tirao” que una colilla. ¿Qué no? Pues si no me creen, baste recordar la corrida de Baltasar Ibán en esta feria de Madrid. Siempre se les espera con cierta ilusión, pero después de lo que ocurrió en sus últimas comparecencias, había dudas razonables. Pues la corrida ya pasó y las dudas se disiparon y han dejado a los tres matadores en mal lugar, porque ni Iván Vicente, ni Alberto Aguilar, ni Víctor Barrio parecía que se presentaban a torear una corrida de toros, más bien sus pretensiones eran las del pegapasismo al uso. Quizá ese fuera su primer y gran error. La casta no admite componendas, ni medias tintas, o estás o no estás. No ha sido tarde de triunfos, a pesar del despojo cortado, incluso hasta puede que el festejo se alargara un poco, pero tampoco lo puedo asegurar, porque lo que sí les garantizo es que no me dio tiempo a mirar el reloj, creo que ni el público, ni servidor,  nos hemos aburrido. ¿por qué? Porque el toro y el aburrimiento son como el agua y el aceite, no casan. Otra cosa es con el borrego, ahí ya me callo.

A los que les hubiera gustado que aquello fuera más aburrido, quizá sea a los tres matadores que se las vieron con la de Baltasar Ibán. Sin ser alimañas, nada más lejos de la realidad, mostraron sus dificultades, dificultades que eran perfectamente subsanables con el buen transcurrir de la lidia. Se comenta que Iván Vicente, o su espectro, anduvieron por el ruedo. Las verónicas de saludo, más bien lejanas, igual podían dar una idea de los ánimos con que se venía. Bien puesto al caballo, el toro se arrancó con decisión, para que le clavaran en la paletilla. Otra vara también de lejos, arrancándose con alegría, para recibir una vara solo señalada, en mitad del lomo. En el último tercio, Iván Vicente se limitó a tandas aburridas abusando del pico, cazando muletazos por el derecho y con la izquierda, aparte del inevitable pico, ahogando la embestida del toro, acortando en exceso las distancias. El cuarto, que se frenó peligrosamente en la primera embestida, luego hasta parecía querer ir largo. Le llevaron al caballo en la primera al relance, mostró fijeza, tampoco demasiado ímpetu peleando en el peto y cuando lo sacaron aún estaba pendiente del jinete. Segundo puyazo sin colocarlo, ya escarbando y corneando el peto al notar un puyazo trasero. Tanto en este, como en los demás toros, se habría agradecido mucho una tercera entrada al caballo, para así ya aclararnos definitivamente su condición, pero aquello de reducir la suerte a dos puyazos, con todo nuestro reconocimiento al señor Corcuera, que aparte de patadas en la puerta, a la Fiesta se la dio unas veces en el trasero y otras en la entrepierna. Pero estábamos en el cuarto de la tarde, que se dolió en banderillas y que cortaba una barbaridad por el lado izquierdo. Vicente ni tan siquiera hizo amago para alargarle el viaje al Ibán, que a pesar de lo feo que había hecho, seguía el engaño, al que buscaba al volver tras cada muletazo. Muchos pases y mucho enganchón, que era lo que menos le convenía al animal. Luego un desagradable mitin con once descabellos, lo que los vikingos aprovecharon para herir sin misericordia alguna a los maltrechos corazones de nosotros los indios. ¿Qué creían, que no les iba a sacar el tema? Si no pienso casi en otra cosa, pero en fin. Prosigamos.

Quizá haya a quién todavía le dé la memoria para recordar a aquel Alberto Aguilar valiente, voluntarioso y que al menos intentaba hacer el toreo. Pues sigan recordándolo, porque la realidad de ahora es muy diferente. Le salió el que hasta el momento podía ser el toro de la feria, que no cuidó nada en el caballo, siempre hablando de ponerlo en suerte, mal en la primera, correctamente en la segunda, que tras verle empujar con fijeza en la primera y el piquero dándole estopa, un segundo encuentro en el que se arrancó pronto y de lejos, aunque apenas recibió castigo, cuando el público pedía que fuera una tercera vez, el matador decidió cambiar el tercio. Cuentan que es que decía que si no, solo iba a durar tres tandas; ¿y qué? Más valen tres buenas, que los mil trapazos que nos atizó. Acudió a la muleta de largo, citándole Aguilar dándole distancia, para después embestir con codicia, comiéndose la pañosa y casi al que la sujetaba. El matador no daba más que para meter el pico, carreras para recolocarse, no puediendo impedir que se la tocara constantemente y a cada muletazo daba la sensación de que el toro se le iba yendo. Acabó acortando las distancias, a ver si así cesaba ese aluvión de embestidas, ese torrente de boyantía, al que incluso se atrevió a matar a la suerte contraria. No sé por falta de pericia, porque no se enteró de lo que tenía delante o para ver si así se arrancaba menos. Y los que creían hacerle un favor concediéndole una oreja, incluidos los mulilleros, hoy especialmente poco hábiles, le obligaron a pasear esa oreja de la vergüenza y a tener que ver la cara de tantos que le dijeron que no, no y no. Al quinto le recibió con capotazos sin criterio, lo llevó al caballo a base de tirones, sin templar esas primeras embestidas. Lo dejó de cerca, puyazo trasero, tapándole la salida, mientras el de aúpa se aplicaba con el palo. Igual en la segunda vara en la que el animal se arrancó con alegría, aunque tardeó un poco, quizá más por la mala colocación y la poca fortuna del picador. Muchas dudas cuando el matador tomó la muleta, el Ibán con tendencia a quedarse corto, sin que el matador intentara evitarlo. Revolcón montado sobre el pitón y afortunada y milagrosamente, el pitón no le caló. Tras una primera tanda con ímpetu, el toro acabó aburrido y no pensaba en otra cosa que irse a tablas. Mis dudas es si este hecho se produjo por mansedumbre, de lo cuál no estoy muy convencido o por hartazgo y a consecuencia de la nefasta lidia que se le aplicó.


Víctor Barrio volvía a la plaza en la que tantas tardes, quizá demasiadas, actuó en el pasado. Le tocó un toro que rara avis, remataba y todo. Puyazo trasero en la primera vara y metido debajo del peto en la segunda. Se dejaba sin más, sin que el castigo fuera nada extraordinario. A las embestidas claras y nobles respondía el segoviano con pico, retorcimiento, enganchones, cite fuera de cacho y carreras para recuperar el sitio. Una lidia nefasta, dejando la sensación de que el de Baltasar Ibán se fue sin torear. Larga de rodillas como bienvenida al sexto, para después no poder quitárselo de encima. Dos puyazos traseros tapándole la salida y apretando con el palo. Se dolió en banderillas y en la muleta se puede afirmar que el matador no le entendió, no lo vio. Entre pases adocenados se le iba yendo el toro, que al final se le aquerenció, mientras él ya solo pensaba en péndulos y arrimones, para ver si conquistaba con vulgaridad lo que no había podido con toreo. Y es que ya de salida la de Baltasar Ibán se lo dejó muy claro a los matadores “o me toreas o nanay, pero trapazos, ni medio”.

Enlace programa Tendido de Sol del 30 de mayo de 2016:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-del-30-mayo-de-audios-mp3_rf_11711793_1.html

sábado, 28 de mayo de 2016

Rayo McQueen gripado

Puestos a correr, que sea con alegría


Ya estamos, ya estamos, ¿qué creen que voy a hacer el chiste fácil del Fandi echándole carreras a un coche de dibujos animados? Pues están ustedes muy equivocados, yo no infravaloraría así a este torero y ustedes no deberían hacerlo, porque merece un respeto y ese respeto se lo voy a otorgar yo ahora mismo. Ya vale. El Fandi no va a correr con un coche de los dibujos, El Fandi es mucho más, El Fandi le echa una carrera a Alonso, Hamilton o Lorenzo, Pedrosa y Rossi y en dos vueltas les saca tres de ventaja. Y eso con zapatillas de mojado, que con las otras, las lisas, ni salen de la parrilla. Pero, ¿qué creen, que este es el único rayo veloz? Eso es porque no han visto los trallazos, aparte de El Fandi, de David Mora o López Simón. ¡Chico! Que velocidad al correr la mano; si tienen que acabar con las bielas descalibradas. Y lo mismo con el derecho que con el izquierdo.

Que el Fandi tiene fama de correr rápido, pero es que también corre mucho rato seguido y los trastos los mueve muy rápido, es pura velocidad. El hombre quiere agradar, lo pone todo, pero es que tiene muy poquito que poner y como decían los clásicos, lo que Natura non da, Salmantica non presta, y de voluntado solamente no se puede vivir. Larga de rodillas a su primero, verónicas rodilla en tierra y el toro suelto por el ruedo, se fue suelto al caballo y fue notar el palo y salir pegando brincos como alma que lleva el diablo. Fue una tercera vez en el nueve, que a ver si alguien les enseña a los picadores y a los maestros cuál es el sentido de la lidia, al contrario de las agujas del reloj. ¡Aaayyy! Si ahora son digitales. Pues nada. En esa tercera vara cabeceó como un desesperado. Ya apara entonces no parecía que se pudiera arreglar aquel caos en el ruedo. El granadino puso banderillas, por ambos pitones, y ahí lo dejo, las clavó y punto. Del cómo es mejor callar. Con la muleta nos hizo añorar las banderillas. Imagínense ustedes. Y en este y en el siguiente, al entrar a matar se le cayó la muleta al suelo, ¡la pulserita de Wii! En el cuarto se vio sobrepasado ya de salida. En la primera vara el toro se derrumbó bajo el peto y en la segunda le pegaron bien mientras le tapaban la salida. Y no piensen que intentó poner el toro en suerte, déjense de bobadas. Más banderillas y... Pasemos a la faena de muleta o quizá casi tampoco. Pico, banderazos, carreras y trapazos, sin parar quieto ni para pedir un taxi.

Las ganas de ver a David Mora que tenía el público, pero al madrileño le cambiaron la tila por valeriana y, ¿qué quieren que les diga? Con una Puerta Grande ya vamos tirando unos meses, tampoco hay que ser avaricioso. Incluso hubo algunos que recordaron al Mora de antes, a aquel al que se le iban los toros a medio hacer, casi ni vuelta y vuelta. Capotazos al aire, mal colocado en la lidia, achuchón comprometido por el derecho y al toro ni se le reprendió en el caballo. Incómodo en la muleta, sin pararse y metiendo pico desde fuera y con la muletita retrasada. Revolcón y hasta se pensó en que eso acarrearía trofeo, pero tanta fue la sosería, que el personal no se animó. Al quinto le recibió con unas verónicas “esaborías”, le puso de lejos, puyazo muy trasero y el toro queriendo meter los riñones, más cuando le tapaban la salida. El animalito no se aguantaba de pie, pero tomaba bien la muleta. Lástima que en lugar de encontrar temple, se le ofrecían trallazos, lo que dificultaba aún más el quedar en pie. Con la buena medicina que es el temple, pero para extender estas recetas hay que ser doctor en tauromaquia y no un simple ATS (Ahora toreamos separaos).


Seguro que ustedes recordarán las tardes verbeneras del año pasado, ¿a que sí? Igual hasta recuerdan que López Simón fue uno de los más beneficiados de aquel desquicie colectivo. Pues hoy, un año después, el madrileño parece que ha tirado por lo fatuo y no por lo fundamental, por la teatralidad y no por el toreo. ¿Tendrá que agradecérselo a quien le debería guiar y aconsejar? Su primero se le metía encima, incapaz de ponerlo al caballo, entre otras cosas para no picarle. Pasó mucho tiempo acoplándose y no sé si lo consiguió. Pico, trapazos que hacen que el toro se desmorre contra la arena, muy fuera de cacho, el toro tambaleándose mientras él se limita a acompañar la embestida y como no daba para más, pues arrimón que te crío. ¿Realmente esto es necesario? Eso sí, siempre hay un palmero autorizado que en solitario comienza a aplaudir, para ser secundado por el resto de la plaza. ¿Ustedes conocen Benidorm? Y como si fuera un grande entre los grandes, ante las protestas por ese toreo tan... Bien, ante las protestas, castiga al personal con su toreo. Ahí lo llevas. Entera muy, muy, pero que muy trasera. Y el caballero se queda plantado en el tercio del uno, mientras el toro ya andaba buscando dónde caer allá por el cuatro. Grotesco. Le tocó el sobrero de Salvador Domecq, al que dejó corretear a placer, algo que ya viene practicando demasiadas veces. Fue al caballo las dos veces al relance, no se le picó y el toro se durmió bajo el peto. Con la muleta acabó toreando en toriles, sacudiéndonos en toda la jeta una faena eterna, insustancial, insulsa, aburrida, vulgar. El respetable entre cabezada y cabezada podía comprobar con desesperación que allí seguía el chaval. ¿Es que esto no se va a acabar nunca? Si al menos se hubiera templado algún toro en toda la tarde, pero no aquí todo eran prisas y más prisas. Ya ven así no cabía otra y solo sacamos en claro que con tanta exigencia, al final, Rayo McQueen gripado.

viernes, 27 de mayo de 2016

La pulserita del mando de la Wii

Los montados se van perdiendo en la penumbra


Estábamos allí reunidos en contubernio en la grada del seis, discutiendo y aportando soluciones a esa plaga que asola los ruedos de España, Francia, América, Sebastopol y planetas adyacentes: las muletas que salen volando de las manos de los matadores a la hora de entrar a matar. Que es perfilarse y el trapito ya está volando, o mejor dicho, cayendo entre las pezuñas del toro. Con lo feo que eso queda. Que yo sé que el público lo aplaude, lo jalea y hasta lo comenta por guasapp: Chari, que ha tirado la muleta al suelo LOLOLOL, Jajajaja. Me parto xq es lo + de lo +. Y la Chari lo flipa. Pero es un mal a remediar y por eso andábamos allí arriba ofreciendo soluciones. Ha habido cosas interesantes, pero difíciles de poner en práctica, como el que se le clavara la muleta con chinchetas a la palma de la mano, pero se desechó por el engorro de la sangre; Pegar un trozo de velcro con loctite, a la palma, pero lo malo era que el velcro ya hacía masa con el pellejo e imagínense esa mano acariciando la carita de la novia, la madre, la hija, la hermana... No resultaba operativo. Pero llegó Daniel, chico con estudios y que sabe lo que se hace y nos dio la solución, ¡Eureka! Pues que se les ponga una pulserita como en el mando de la wii. ¿Ustedes se imaginan? Se acabaron las penas para Fandiño, Garrido, Padilla, Roca Rey, Ureña, El Juli y tantos y tantos afectados de ese mal de “la tiro porque me da la gana”.

Que no se crean que el invento de la pulserita es la solución a todos nuestros males, pero bueno, ya estudiaremos como vencer eso del pico, la pierna atrás, el trapazo destemplado, las carreras, los enganc... ¡Uff! Mucho que arreglar, ¿no? Casi mejor empezamos por algo mucho más sencillo, como acabar con la golfería en España. Pero mientras se solucionaban estos problemillas, se hacía presente en Madrid Juan José Padilla, ese torero que tan buena conexión tiene con la plaza de Madrid, ese torero tan del gusto de la afición de las Ventas. ¡Eeeh! Oiga a mí no me digan nada, yo solo me remito a las palmas y olés que le han dedicado mientras correteaba para banderillear  peor que un peón o para pegar trapazos quitándose a los toros delante como podía. Henchido de valor se fue a portagayola en el primero de la tarde. Empezábamos fuerte, un órdago en toda regla. El de Parladé salió despistado y casi le hace una cobra taurina al maestro de Jerez. Verónicas con el pasito atrás y hay que destacar una cosa, Padilla no pone a los toros en suerte, lo hace el peón de brega, además muy eficazmente. Así debe ser. Lo que ocurre es que el matador debe sacarlo del caballo y este se inhibió, pero que conste que se fijaba mucho en como lo hacían los de su cuadrilla, ¿eh? Que no andaba por allí como despistado. El de Parladé cumplió sin más en la primera vara, dejándose pegar. En la segunda ya no hubo castigo. Padilla tomó los palos y en el primer par, incomprensiblemente se quedó en la cara del toro, encunado entre los pitones, llevándose un buen trompazo. Otro de dentro a afuera y el del violín. Con la muleta anduvo un pelín perdido, pero no mucho ¿eh? Que luego dicen que si... Mucho trapazo, pico y carreras a cada momento, no corriendo bien la mano y quitando el trapo de golpe de la cara del toro. De repente, como si se sintiera poseído por un alma adocenada, se puso a hacer el péndulo y a dar pases invertidos, más un bajonazo de cuidado. Pero la gente aplaudía a aquello y a esto, ¡Fiestaaaaa!

Al cuarto le saludó rodilla en tierra, lo que empieza a agradecerse, porque así los toreros no tienen forma de echar el paso atrás. Otra cosa es como maneje el capote y que al final, acaban poniéndose en pie. En el caballo le pegaron al toro, que se dejaba, en el primer puyazo y ya en el segundo se redujo a cumplir el trámite. Más banderillas, siempre manteniendo la distancia de seguridad, bien apartándose, bien clavando a toro pasado. Volvió a echarse de hinojos, recordando a la troupe del Bombero Torero. La de siempre con la muleta, para acabar ahogando la embestida del toro, echándose casi encima de él. Una faena de dejar pasar el tiempo, hasta el momento en que con la espada, el toro desarmó a Padilla. Y hasta aquí el San Isidro del jerezano, del que seguiremos disfrutando en los programas del señor Molés, mostrando esa dureza en los juicios tan propia del equipo de los toros en la radio. Si es que se me ponen los pelos de punta con esa crudeza con que no dejan títere con cabeza. Son tan duros, tan duros, como la crema pastelera.

Fandiño volvía y se iba al fin de este San Isidro, que da la sensación de haberle sorprendido; es como si hubiera pasado del día de San Antón al mes de mayo, así, en una noche. Muy desorientado, se lió a trapazos con su primero, dándose la vuelta para ceder hasta los medios. El animal fue al caballo con la cara alta y cabeceando, saliéndose suelto. La segunda se redujo a un cabezazo y a escapar. Se dolió una barbaridad en banderillas, casi tanto como lo hizo el toro que el año anterior fue premiado como el más bravo de la feria. Tomó Fandiño la muleta, así como desafiante, como soltando un “aquí estoy yo” y fue asomar el toro y no pararse quieto un segundo, enganchones continuados, carreras y el toro que le comía terreno a cada pase. Se vio absolutamente superado por el de Parladé y muy poco confiado. La montó con la espada y el toro acabó echándose de aburrimiento.

En el quinto, un pavo, hasta se quedó quieto en alguna verónica, las del pitón izquierdo. No está mal, el 50%. Como el picador, en el primer puyazo e agarró en buen sitio y hasta parecía medir el castigo, pero en el siguiente, solo hizo que dejar el palo trasero. Comienzo de faena en los medios, tanda un poco acelerada, pero que recordaba a aquel Fandiño en fase ascendente, con carencias, pero queriendo, pero enseguida se le pasó el arranque, ¡Uff! Se habían sobresaltado, ¿verdad? Pues nada, cálmense, el de Orduña sigue en ese bache en el que parece que se metió el día de los seis en Madrid. Siempre citando desde fuera, tirando del pico de la muleta, teniendo que recuperar el sitio, se lo llevó al tercio y allí el toro no apretaba tanto, pero se defendía más y se le echaba más encima. Pases de uno en uno, arrimón, martinetes y el rapo a volar a cobrar una entera caída.


Y llegamos al que para algunos era una de las pocas esperanzas que nos quedan en este mundo, José Garrido. No sé si le habrá aclarado las cosas al personal, pero se ha definido y de forma categórica y concluyente, como un torero pesado, vulgar y chabacano dónde los haya. Latigazos de rodillas a la verónica, acelerado y unos tirones que además de feos, pueden ser peligrosos. Dejó al tercero sin picar y puede que al final acabara pagándolo, o al menos esa era la sensación, cuando en los primero muletazos el Paladé iba comiéndoselo pase a pase. Estaba demasiado entero y el extremeño no parecía ni dispuesto, ni capaz, de arreglar con la muleta lo que no se hizo en el caballo. Mala colocación, carreras, banderazos y cuando la parroquia creía que ya terminaba, otra retahíla de trapazos. El sexto tuvo que sufrir a un picador que en el primer encuentro marró con la vara, para después dormirse en el peto; en la segunda vara le tiro el palo y le cogió en buen sitio, pero ni le picó, ni le regañó, ni tan siquiera le puso mala cara. Eso sí, los aplaudidores se ganaron el sueldo y si algunos vislumbraban un toro bravo, lo confirmaron en banderillas cuando el Parladé se dolía con descaro. No, no, no me miren así, ¿no se han enterado que los que se retuercen al notar las banderillas son los bravos? Y vuelvo al Alcurrucén premio de la feria del año anterior. ¿Que no lo entienden? Toma, ni yo tampoco. Pero cosas de la modernidad, el toro iba con bondad a la muleta, pero había que estar firme y torearle, mandarle en las embestidas y a partir de ahí, cualquier cosa y además buena. Pero lo de Garrido parece que nada tiene que ver con eso, con torear. Multitud de trapazos como tantos y tantos que vemos, con los mismos defectos de todos, que ya son norma y que muchos se resignan con que es lo que hay y hay que adaptarse a ello. Yo no puedo y miren que lo intento. Llevo intentándolo desde que asomaron los grandes pegapases, Espartaco, Ojeda, Juan Cuéllar, Litri... Y a José Garrido, además hay que añadirle lo de la sosería, ¡qué aburrido! Que pan sin sal. Enganchones, trapazos y de repente un desplante de rodillas, para coronar ese canto a la ramplonería, en la que el toro iba a más, sin parar de embestir, comiéndole la merienda y empezando a acusar ese no saberle hacer las cosas cómo el animalito exigía. Arrimón, pases de uno en uno, para terminar soltando la muleta al entrar a matar. Y quizá ya sea hora de poner en práctica la solución que aportó Daniel: la pulserita del mando de la Wii.

jueves, 26 de mayo de 2016

Vosotros sois los antitaurinos

Y con la matrícula, le regalamos una faja para prevenir lesiones lumbares


Lo que se nos han contrariado las figuras en la corrida de Jandil..., perdón, El Vellosino. Lo que se nos ha contrariado don Julián López y toda esa caterva de seguidores interesados, algunos a pie de micrófono, que ven la realidad como todos, pero que se aplican en su función de confundir y decir lo que les puede ser más beneficioso. Y esta claro que la verdad no les viene demasiado bien. Tienen muchos que tapar y que quieren seguir tapando, ante la aquiescencia de los aplaudidores que se pegan con su padre por defender las doctrinas del oficialismo taurino, sin pararse a pensar que esto, la tauromaquia, como a ellos les gusta llamarlo, los toros, el toreo, como se le ha llamado siempre, se nos va. Perdón, mejor dicho, lo están enterrando. Mientras esos aplaudidores dan palmas con las orejas cuando ven dos trapazos seguidos, que intensifican su ardor cuando protestan los de enfrente y que se afanan en pedir silencio, como si estuvieran en misa o en la ópera, pero no. Cuando vayan a entrar en ese edificio tan bonito, párense un momento y miren que dice: Plaza de Toros” .

Ya de inicio arreciaron las protestas, ¿están locos? No, no están locos, simplemente era el hartazgo de tanto abuso, del cambio de ganado porque lo anunciado era impresentable, porque es una historia que se repite año tras año, año tras año, año... siempre cuando asoman las figuras y en los últimos tiempos, especialmente, cuando asoma don Julián, quién sigue en su empeño de manejarlo todo para su comodidad y si detrás de él deja la Fiesta sembrada de sal, pues que la desalen, ¿qué más le da a él? Esta divinidad de la Tauromaquia 2.0 que da muy pocas muestras de esa sabiduría que le cantan. Es más, en la Plaza de Madrid aún estamos por verle algo, un rasgo, un leve asomo. Un figurón que en sus dos toros se limitó a trapacearle con el capote, de lejos y sin meter en el engaño a ninguna de las dos fieras corrupias. Ni ponerlo en el caballo, que lo mismo lo tiraba por ahí, que lo encerraba entre las dos rayas. Incapaz de fijar a ninguno de los dos, a los que, por supuesto, no se les picó, se les simuló la suerte, ¿para qué más? Pasados estos trámites, don Julián toma la muleta para soltar una retahíla infumable de trapazos, sin gusto, basto, sin marcar y seguir una línea sobre la que construir una faena, pero no da para más que un toreo adocenado, vulgar, con mucho pase lo mismo por uno que por otro pitón, retorcido, largando tela para echárselo fuera, en los terrenos por los que ande el toro, no en los que marque el buen sentido lidiador que se le supondría a un maestro. Para culminar todo con esa forma tan “personal” de apiolar al toro, que muchos piensan, que pensamos, que es digna de cualquier matarife y no de un matador de toros, pues los toreros tienen que procurar no verse cogidos, claro que sí, pero dando una opción al toro. Eso es el toreo, esa es la tauromaquia, que nada tiene que ver con el engaño, con la trampa, ni con esos ardides tan “personales”. Y me gustaría poder relatar lo que fue su toreo, pero lo que no me apetece es pararme en estas formas que no entiendo, ni quiero entender. Pero nada, el año que viene otra vez. Pues aquí seguiremos.

Pero lo peor de todo esto es que estos males no son exclusivos de don Julián, porque desafortunadamente la trampa tiene fervientes seguidores y destacados discípulos de la pantomima. ¿Qué me dicen de don Miguel Ángel Perera? Lo parecidos que será, que hasta en eso de la lidia parecen un calco, sin fijar al toro, sin ponerlo en suerte, que si al relance, entre las rayas, metiéndolo debajo del peto, para que ni se roce a los toros con el palo. ¿Esa es la maestría? Eso es lo que ellos se creen, esa es la idea que tienen de este negocio, que no Fiesta. Lo reducen a un ir dejar pasar el tiempo, hasta el último tercio. Imaginen ustedes lo pendientes que estarán de lo que es la lidia, que igual Roca Rey, que López Simón, en el segundo tercio, cuando debían estar pendientes de los banderilleros, no se les ocurrió otra cosa que ponerse a torear de salón en medio del ruedo ¿Cabe mayor...? Pero es lo que aprenden de estos maestros. Maestro como Perera, que lleva soltando el mismo repertorio desde hace años, con el ceño fruncido y como si no quisiera estar en Madrid. Pues muy fácil, que no venga, que no vuelva. Que ese liarse a pegar sartenazos nos cansa, nos aburre. Nos desespera el que un toro se quiera ir a tablas después de dos muletazos, porque nadie lo ha lidiado, nadie le ha mandado y al final acaban cansándose, como ocurrió en su primero. Que estos caballeros se piensan que el toro tiene que salir ya dispuesto para aguantar su “arte”. Ese arte que ellos mismos usan como arma ofensiva. Que no puede ser señor Perera que tras aburrir, tras desesperar en el quinto de la tarde y ante las protestas de los tendidos, como castigo no se le ocurra otra cosa que seguir toreando. ¿En tan baja estima tiene su labor que la utiliza para castigar al crítico? Pues ya me lo ha dicho todo. Lo de los bajonazos ya lo dejo aparte, porque ya saben, de dónde no hay...


López Simón quizá se extrañaría de las reacciones del público, más cuando parece dar la sensación de querer ser un alumno aventajado de estos pseudofigurones del toreo. Hasta puede que se extrañe de que, haciendo algo muy parecido, a él le piden las orejas y a estos les tiran de las idem. Y razón no le falta, porque algunos le jalearon su labor, siguiendo el camino de dejar corretear por ruedo al toro hasta que se aburra; hasta tres vueltas le conté y todavía no paraba. Nadie era capaz de echar un capote y fijar al Vellosino. El primer tercio fue una capea en toda regla, quizá solo faltó la rubia atrevida que en todas las fiestas camperas se echa a la arena. Aquí no hubo rubias. Suelto, le llevaron al caballo al relance para no picarle ni en la primera, ni en la segunda vara, mientras echaba la cara arriba. Si el toro andaba justito, justito de fuerzas, ¿qué es lo mejor? Pegar trapazos por abajo hasta que se caiga. Su toreo de muleta es un corta y pega de lo que hacen sus maestros, pico, tirones, brazo estirado, pierna escondida, ante un toro con la cara a media altura. Que si no pincha, los había que ya pensaban en el despojo de turno. Tuvo que lidiar un sobrero de Domingo Hernández, feote, que como decía mi compañero de grada, parecía un novillote serio. No se le picó, si apenas se le rozó. En la muleta la tomaba bien por los dos pitones, pero el de Barajas se limitó a torear con el pico y a ahogarle la embestida. Mucho pase y ninguno bueno, aperreado por el lado izquierdo, sin pararse quieto, pegando tanda tras tanda, que no eran más que la evidencia del fracaso. Y así acabó el esperpento, toreros que no lo parecen y toros que no lo son, aparte de unas actuaciones que deberían ser respondidas por la empresa con la no presencia en ferias sucesivas, que a muchos les iba a alegras. Os quejáis, os quejáis y no os queréis dar cuenta de la realidad, y es que vosotros sois los antitaurinos.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Si ustedes lo dicen, me lo tendré que creer... o no

Cruzarse y dar el pecho, ¡Qué gran ilusión!


Si tantos lo dicen, será verdad, pero, ¿si lo dicen menos, es menos verdad? ¿La verdad se mide por la cantidad de adhesiones que consiga? Han sacado a David Mora por la Puerta de Madrid, tras haber cortado dos orejas a un bravo toro de Alcurrucén. Le ha aclamado la plaza, la petición ha sido mayoritaria, así que no hay más que hablar. Que no puede ser que tantos se equivoquen a la vez, ¿no? Si tantos aclamaron a Roca Rey hace unos días, ¿quién soy yo para dudar? Si otros tantos encumbraron a Ponce, ¿quién soy yo para dudar? Si también lo hizo Juan Bautista, ¿quién soy yo para dudar? Si en otras ocasiones esto lo vivió Castella o el Juli, ¿quién soy yo para dudar? Pues alguien que escucha lo que le dicen unos por un lado y lo que le cuentan después, que encuentra una gran contradicción entre hechos y palabras y entonces, duda.

Segunda de Alcurrucén, que nada tuvo que ver con la anterior que mató El Juli, Castella y Garrido. Una corrida muy pareja, con comportamiento variado y que, exceptuando al segundo, le ha venido muy mal el que les lidiaran de una forma tan nefasta. Empezando por Diego Urdiales, quién ha pasado por la feria como un fantasma sin alma, no sé si reservón o escaso de capacidad. Seguro que lo de que el peón recibiera a su primero fue una casualidad, que algunos agradecimos. Primer puyazo en mitad del lomo, mostrando el de Alcurrucén fijeza, pero sin pelear. Ausente de la lidia, empezó el trasteo con trapazos, mientras el toro le iba acorralando. Se dejó tocar mucho la muleta el riojano, enganchones y pico. En su segundo más ausente si cabe, permitiendo que la cuadrilla se entretuviera trapaceando a este cuarto. Muy suelto en el caballo, tras un picotazo en el segundo puyazo se inició una persecución del pica detrás del toro. Una lidia bochornosa por parte de la cuadrilla, que el espada no supo enderezar. Lo de la muleta no merece ni ser reseñado.

El segundo salió frenándose ante el capote de David Mora, haciendo regates al matador. Verónicas aseadas de recibo, cumplió en la primera vara y desde más lejos, por accidente, para recibir un picotazo en buen sitio. Replicó Mora un quite de Roca Rey, este por todos los palos, aquel por gaoneras a trallazos. Comenzó la faena intentando uno por detrás, pero el toro le arroyó y le levantó por los aires, cayendo de fea manera. Se rehizo el espada y siguió con tanteo por ambos pitones, con la muleta atravesada. Derechazos con mucho pico y dejándosela tocar demasiado. Otra tanda del mismo corte, uno toreando, pero retrasando mucho la pierna de salida. Pases apelotonados, uniendo uno con otro sin acabar de rematar el primero. Mejor al natural, algo mejor, mientras el toro no se cansaba de embestir. la muleta siempre atravesada, estocada más que caída y dos orejas, más vuelta al ruedo al toro. Y no digo nada, ahí está lo que yo vi. Eso sí, no se me quejen de que fulanito o menganito meten el pico y esconden la pierna de salida, ni que en Sevilla se indulta o se deja de hacerlo, porque vale que quieran pedir las orejas que quieran y las vueltas al ruedo que les apetezcan, eso no es cosa mía, pero lo de las ruedas de molino, no, por ahí no. Con los dos trofeos en el esportón, David Mora levantó el pie y decidió no complicarse la vida, mucho mantazo, el toro sin picar y con la franela, que ya no lo es, derechazos sin someter el calamocheo del Alcurrucén, que además salía con la cara alta en cada muletazo. Poca ambición y como no lo veía claro, tocó abreviar.


Roca Rey se despedía de Madrid hasta el año próximo, porque no creo que se apunte a ninguna sustitución, ni a Otoño. Tras el esperpento de su primer día, poco han variado sus formas, lo único que no hubo despojos. El tercero iba rebrincado y ante eso y tras un desarme, la solución del peruano era apartarse. Empujó en el caballo en el primer puyazo, con fijeza, pero no le castigaron apenas, igual que en la segunda vara, trasera. Luego muletazos de todas las formas posibles, pero con un denominador común, pico, falta de mando, tirones y el Alcurrucén sin saber de qué iba aquello, su matador no fue capaz de vislumbrar su condición. Roca Rey le hizo peor de lo que pudiera ser, que por otra parte tampoco lo era, pues cuando le movían la tela con reposo, aún por accidente, la seguía y todo. El espada se vio sobrepasado en todo momento, pues dónde se le pedía toreo, él ponía chabacanería. Al sexto le sacudió un latigazo con el capote que le dejó descoyuntado al pobre animal. Medio se rehizo y aguantó una lidia de trámite, picotazo para irse suelto hasta el de puerta, donde le dieron lo suyo mientras le tapaban la salida. A raíz del primer mantazo se mostró descoordinado en varios momentos, pareciendo incapaz hasta de dar un paso. Luego lo de siempre, sin dar la sensación de poder ni con el inválido. Su truco parece que es el dejar que el toro pase de un lado a otro, sin molestar y aprovechando para acompañar, porque si de poder y mando hablamos, ahí sí que se nos pierde el elegante y garboso Roca Rey. Pero si me quieren contar que es un joven maestro en el cuál tendremos que depositar nuestras esperanzas, pues hala, nos tapamos la nariz y lo hacemos, igual que si me afirman que Mora hizo el toreo del mismísimo Cagancho, pues uno pondrá todo de su parte para hacerse a la idea, porque si ustedes lo dicen, me lo tendré que creer... o no.

martes, 24 de mayo de 2016

Novilleros LOMCE, ¿los derogarán tras las elecciones?

¿Tan escondido está el hoyo de las agujas?


Si no fuera porque vienen las elecciones y todo se nos va a arreglar, incluido esto de los toros, estaría que no me llega la camisa al cuerpo. Para que luego digan de los políticos, que no hacen otra cosa más que crear problemas, que enredan lo que no está enredado y lo que lo está, lo prohíben y así es como si dejaran de existir. ¿Saben eso de los niños que cierran los ojos y ya se creen a salvo? Pues eso, pero legislado como se debe. Después de pasar por las urnas, seguro que se derogará la LOMCE taurina y harán un nuevo plan de estudios. Porque eso es lo que se hace siempre, ¿no? Un plan por cada legislatura. Aunque no parece que podamos albergar esperanzas en que se recupere el latín, seguiremos sin toros que sepan latín; ni la filosofía, esa que hace entender lo que es vivir y sentir en torero.

Los de la Ventana del Puerto ni sabían latín, ni se plantean matricularse en una academia del plan antiguo. Alejandro Marcos, Joaquín Galdós y Juan de Castilla, más bien parecen aspirar a hacerse doctores en Trigonometría Aplicada y Ciencias del Universo por la Universidad de Berkley, despreciando eso de aprender el oficio de torero, que es menos rimbombante, pero jodí... de cojo... Si será difícil este oficio, que muchos han quedado en el intento. Alejandro Marcos, salmantino, criado en tierra de bravo , se debió de marchar con una beca Erasmus a Lovaina dónde eso de la lidia, el mando y el poder, además del temple no lo trabajan; igualito que Marcos, que tampoco lo trabaja. Con el capote anduvo por allí, bailando al novillo con capotazos insulsos. El castigo en el caballo fue nulo, echando la cara arriba y peleando de lado. Con la muleta pico y más pico pasándose el animal a una distancia más que considerable, para que las embestidas de mulo no le alcanzaran. Multitud de pases por ambos pitones, sin saber aprovechar la escasa mejora por el pitón izquierdo, torciendo demasiado la muleta. Una faena eterna, aburrida, sin garbo alguno, que culminó en un revolcón que le propinó el de la Ventana, arrollándole, haciendo caer al chaval de muy fea manera, saliendo visiblemente conmocionado del percance. Hubo petición y vuelta al ruedo, quizá más por la sensibilidad a flor de piel del momento, que por los méritos contraídos. En su segundo hasta medio manejó el capote con cierta soltura, pero solo hubo que esperar al momento de ponerlo en el caballo, para darse cuenta de que no. Se le castigó más de lo habitual en las dos varas, estando a punto el ventanero de descabalgar al montado. En el último tercio Alejandro Marcos daba la sensación de estar a merced del animal, que entraba en le engaño pegando cabezazos. Ausencia total de temple y dejando que le tocara mucho el engaño. Una faena larga en exceso, pero sin ofrecer nada de valor al aficionado.

Joaquín Galdós veroniqueó a su primero con quietud, incluso medio llevó el toro al caballo, para que el novillo se retorciera sin disimulo al notar el palo, para una vez hecho a la idea, acabar empujando. Lo de la segunda vara fue un esperpento en el que el picador casi descabella a su oponente, que buscaba sin cesar el refugio de las tablas. Muy soso en la muleta, siempre con la pierna de salida retrasada. Por momentos incluso la presentaba plana, pero retrasada y citando al hilo, para continuar estirando el brazo en demasía. Unas maneras que le valdrían para convalidar la lengua de primero, pero que nada le ayudaban a eso de torear y torear bien. En el quinto volvió a mostrar soltura con el capote con un novillo que cabeceó mucho en el peto, sin que se le picara apenas. Con la muleta lo de siempre, pico, enganchones, cite muy fuera, mientras el toro solo pensaba en marcharse al abrigo de las tablas. El bajonazo final no es posible calificarlo, si acaso lo correcto habría sido castigar a este novillero sin recreo para todo lo que le queda de vida de aspirante a matador de toros. Algo infame.


Juan de Castilla se ganó su presencia en su anterior comparecencia en este ruedo, aquel día de los cuatro novillos y las cuatro estocadas. Vueltas y más vueltas a su primero, sin saber por dónde meterle mano y permitiendo que le acribillaran con dos puyazos muy traseros. El novillo tenía mucho que torear e incluso hasta le aguantó, pero sin ser concluyente. Quizá un tanto acelerado y sin acabar de decidirse por el sí o por el no. En el que cerraba plaza cabe destacar un intento de llevar el toro al caballo con un vistoso galleo, pero o se le hizo demasiado largo el trayecto o le faltó galleo para cubrir la distancia hasta la guata. Muy mal picado, lo mismo en la paletilla, que en mitad del lomo, aparte de eso tan feo de la carioca. El final llegó tras un trasteo larguísimo y aburrido y la sorpresa de no haber podido reeditar la maña con la espada del día de las cuatro estocadas. Y ahora, cada mochuelo a su olivo y si aún creen en las hadas, quizá les quede la duda sobre los novilleros LOMCE, ¿los derogarán tras las elecciones?