martes, 22 de septiembre de 2020

Y nos llamarán…

 

La suerte suprema, esa que el señor Pinar intenta esquivar, porque un pegapases mo llega más allá de los trapazos 


 
En momentos de ofuscación cualquiera puede decir cualquier cosa, que el calentarse es lo que tiene. Nos acaloramos, nos encendemos y es como si se nos desconectara la boca del corazón por unos instantes. Eso creo que siempre puede tener perdón, si las disculpas son sinceras, si todo es producto de eso, un momento de cables cruzados. Pero hay veces en las que esa conexión se hace más intensa y lo que brota como un volcán en forma de palabras, o palabrería, es lo que de verdad siente la persona, lo que quizá lleve tiempo censurando, porque si se enteran de los sentimientos reales, igual uno empezaría a tener mala fama, muy mala fama.

 Que el bueno de Rubén Pinar, quién heroicamente fue el ejecutor del último indulto a un Victorino, se desbocó en un programa de radio y a todo aquel que no estuviera de acuerdo con tal indulto le regaló un calificativo poco edificante. Porque las madres siempre tienen culpa en lo que hacen los hijos, en si no saludan a las visitas, si meten los dedos en el plato, si hacen ruido al tomar la sopa, si no ceden el paso a las personas mayores, sin no son considerados con los demás, esas cosas que las madres y los padres, por supuesto, deben enseñar a sus crías en la edad temprana. Pero hombre, el que no estén de acuerdo con un indulto. Es responsabilizar en exceso a las madres del mundo. Eso sí, lo que parece que Rubén Pinar no aprendió en su infancia es a no ser desconsiderado con el prójimo, a entender que no todo el mundo coincide con las ideas propias y que estas ideas hay que, si no respetarlas, al menos no despreciarlas. Porque sí que es verdad que hay ideas que no admiten el más mínimo respeto, sobre todo las que se basan en el no respeto e intolerancia hacia el vecino.

 Poco ha tardado en emitir un comunicado el señor Pinar pidiendo disculpas por sus palabras. Disculpas aceptadas, lo que no quiere decir que no tengamos en cuenta sus pensamientos más íntimos, que por otra parte no son de exclusividad suya; es más, aunque lo oculten es una idea muy extendida entre los taurinos, entendiendo como tales los que viven del toro y los palmeros de los que viven del toro, que no para el toro. Que hay qué ver cómo se ponen por no bailarles el agua. Que no es que les lleves la contraria, les basta con que no muestres tu absoluto acuerdo con sus ideas y ocurrencias, para que renieguen de ti y te aparten como si tuvieras la peste o como si fueras portador del COVID 19 y les fueras tosiendo en la chepa sin parar. O conmigo o contra mí, a veces defendiendo intereses ajenos, esperando que el poder le reconozca los méritos y algún día se lo recompensen, pero aparte de no haber tanta recompensa para tanto arrastrado de la vida, bien les vendría saber un poquito de historia y recordar aquello de ”Roma no paga traidores”. Se vacían con el que a la postre es quién les paga y aunque intenten hacer como si no existieran esos que no son de su cuerda, están, son y hasta seguirán siendo los que alimenten este negocio. Eso sí, siempre habrá palmeros, periodistas y hasta directoras de programas, que no solo no se inmuten al escuchar semejante exabrupto, sino que hasta le reirán la gracia al chico. Vaya con los libros de estilo de los medios de comunicación. Parece que se los van pasando hoja a hoja por ese lugar tan…

 Que mal está recordar las madres y ponerlas cómo y dónde nunca debieron estar, pero por si quedara alguna duda de la condición de este caballero, el señor Pinar, por si alguien pudiera pensar que fuera un calentón y nada más, a pesar de que la situación era de lo más amistosa, aún le quedaba una perla. La prueba del nueve que no deja lugar a dudas de lo que lleva dentro y de la idea que tiene del ser humano. Sin venir a cuento suelta que estos señores a los que les mentó la madre, no dudan en ponerse sensiblones cuándo un torero cae en la arena. ¡Vaya! El típico recurso del que piensa que todos los humanos están hechos de su misma pasta. No, hombre, no. Quizá que lo venga a decir un ignorante, alguien que asoma por una plaza de toros de higos a peras, pues no es bonito, pero bueno, no se les tiene en cuenta y punto. Pero un señor que se supone que sabe lo que son los toros, lo que se vive en una plaza, un señor ya con ciertos años de experiencia que vaya y diga esto, pues no da señales de que uno pueda fiarse demasiado de él, porque lo que alimenta en su interior, brillante, lo que se dice brillante, no es. Que luego será el primero que exija respeto cuando un aficionado le afee el no saber qué hacer con un toro, el que aburra al mismo tedio con esas eternas faenas de trapazos, trapazos y más trapazos. Pero claro, si no entiende que el que paga puede opinar de acuerdo a criterios taurinos, si no llega a interpretar el sentimiento de nadie al ver o saber de una cogida mortal, no esperemos que sepa lo que es el toreo. Es mucho pedir y a veces el error no es suyo, sino de los que quizá por un momento le creímos matador de toros, sin enterarnos que simplemente es un vulgar trapacero pegapases que no se viste de torero, más bien se disfraza de ello. Que no es lo mismo investirse de, que disfrazarse de. Y cuándo se crea una tarde cualquiera que está sublime, habrá quién le diga que así no, que eso es una mascarada impropia del toreo y entonces él y sus corifeos se ofuscarán mucho y nos llamarán…

 Enlace programa Tendido de Sol del 20 de septiembre de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-20-septiembre-2020-audios-mp3_rf_56772846_1.html

martes, 15 de septiembre de 2020

Tauropía, una isla en tierra de nadie



Aislados, esperando que llegue la gloria


Parece evidente y quien no lo vea es que no quiere verlo,  que el mundo está, si no desquiciado, sí descolocado, sin saber para dónde tirar. Y si el mundo está cómo está, qué podemos decir de los toros. Si en el mundo unos tiran para acá y los otros para allá, en los toros unos no saben para dónde tirar y los otros para lo suyo, pero exigiendo, y de qué manera, que tires tú también, que no hay más mundo, más solución que lo suyo. No hay más futuro que el que ellos quieran, aunque la evidencia nos diga que por el camino que ya habían tomado hace tiempo, tal futuro se diluía a muy corto plazo. Eso sí, los que parece que igual no tiran de la cuerda para ellos, quizá con otras maneras, también lo hacen, con esa sutilidad del “haz lo que quieras”, pero nada que pueda contrariarme.

Son malos tiempos para las minorías; de hecho, siempre han sido malos tiempos para estas, pero ahora parece que o blanco o negro, sin admitir el menor guiño a lo que unos consideran blanco o negro. Que en la mayoría de los casos, la ignorancia hace que unos u otros no acaben de saber que hay cosas sin color, si acaso, el color que marquen los sentimientos de cada. Pero puede que en unos y otros impere ese sentido de simplificarlo todo, etiquetar a diestro y siniestro y así poder rechazar de plano cualquier cosa que se nos ponga delante, sin tan siquiera mirar la mercancía, se mira la etiqueta y andando. Que les daría lo mismo que se les ofreciera la octava maravilla del mundo, que ellos la cubren con un velo de prejuicios que solo les permite ver la etiqueta. Como si estuviéramos en las rebajas de enero, se mira la etiqueta, se ve el precio y si es barato, a la bolsa. Que a lo mejor es una chaquetita para un bebé y el comprador mide casi dos metros, pero a euro y medio no se puede rechazar. Y lo mismo en sentido contrario, un magnífico Goya con una escena de su tauromaquia, pero a cien euros. ¡Aaaah! Eso no, se sale de mis parámetros y no lo puedo admitir.

Hay que cumplir lo que dice la mayoría, hay que seguir las normas del grupo, no se puede distorsionar el rebaño y que mientras todos pacen en un lugar, que haya uno que se vaya seis palmos más allá porque la hierba sea más sabrosa. Si se paran a pensar, ¿quién no pertenece a alguna minoría? Basta que a usted le gusten las motos de carreras, ya es algo que no gusta a todo el mundo, o si colecciona sellos, monedadas, abanicos, si escala montañas, si pasea por el monte, si es amante de la música barroca, si le gusta el cine japonés, si… Lo que quieran y hasta me podrán decir que son muchos los que comparten su afición, pero no son mayoría. Es más, el mundo seguiría girando sin esas minorías. O quizá no, bueno, sí, pero seguro que el mundo no sería lo mismo; las mayorías serían más potentes, quizá hasta más sólidamente unidas, pero, ¿sería esto mejor?

Pues ahora pónganse a pensar en el mundo de los toros. ¡Carambaaaa! Aquí no sé si tenemos dos mayorías o una mayoría con poder, una nebulosa de seguidores que siguen los dictados del poder y luego, allí a lo lejos, unos que luchan contra ese poder y al que esta mayoría, incluidos los de la nebulosa, se empeñan en arrinconar. ¡Fuera, quita bicho! Que ya pueden gritar que para dónde corren tan frenéticamente hay un acantilado de miles de metros y desde donde no se ve el fondo, que no se sabe si es acantilado al borde de un mar bravío o son las puertas del Averno. Pero nada, que se callen y no nos perturben nuestra feliz y alegre carrera hacia donde nos marcan los que manejan todo esto, sin caer en la cuenta que estos, como si fueran dibujos animados, al final del trayecto tienen ya preparada una rama de un árbol para agarrarse en el último momento y ver como todos los del rebaño se despeñan, muy felizmente, pero se despeñan. Y luego echarán la culpa a un tercero por no poner ramitas para todos. ¿Cabe mayor descaro?

Y los del rincón, ahí están, en tierra de nadie, pero que al ver como algo que ellos tanto amaban se despeñaba, hasta les darían ganas de dar ese definitivo paso adelante y abrazar el abismo por decisión propia. Quizá para estos habría que imaginar, pensar y crear una isla en el Mediterráneo en la que se criara el toro bravo, fiero y encastado, esperando a un héroe dispuesto a ponerse delante sin ventajas, con verdad, dispuesto a conquistar la gloria, a hacerse rico, ¿por qué no? Y a raptar el sentido de todos los que se reunieran en esa enorme plaza en mitad del mar, en la que nadie te llamara ninguna barbaridad por gustarte los toros, por exigir el toro, por esperar el toreo eterno, sin que cuestionaran ni si tus ideas son de aquí, de allí o más hacia un lado u otro, ni tus opiniones, que nadie te dijera eso tan feo de si tú te has puesto, si no te has puesto, ni tan siquiera eso de tan mal gusto y pocas entendederas de “disfruta lo votado”. Pero igual estamos pidiendo demasiado. Lo mismo tendríamos que empezar a darles vueltas seriamente a lo de imaginar, pensar y crear una isla en el Mediterráneo, quizás Tauropía, una isla en tierra de nadie.

Enlace programa Tendido de Sol del 13 de septiembre de 2020:

jueves, 11 de junio de 2020

Las propuestas del sector

Si queremos preservar la fiesta, solo hay un camino, el que marca el toro, siempre el toro, el toro íntegro, fiero y encastado. Esa es la única bandera posible en el toreo.


Sería de locos, de ciegos que ven pero que no quieren ver, el negar que al igual que todo el mundo, todo occidente y toda España, también el sector taurino está sufriendo un arreón que ha llegado más allá de lo esperado y de lo soportable. No hay un colectivo dentro del mundo de los toros que no se haya visto afectado. Este manso pregonao del virus nos ha levantado del suelo y sin parar de tirar cornadas, un viaje tras otro, nos ha sacado a los medios, nos ha vuelto a las tablas y debajo del estribo aún no se ha hartado de buscarnos la femoral. Pero insisto, como a toda la sociedad. Que forma tan  cruel de mostrar lo frágiles que somos, que un virus nos pone en jaque; de mostrar lo egoístas que somos, que nos damos cuenta de lo que es el sufrimiento solo cuándo nos toca directamente, cuando nos creíamos inmunes a los males que asolan otras latitudes; de mostrar lo estúpidos que somos, que no logramos llegar a entender que los remedios no son un castigo para sacarnos de nuestra supuestamente merecida comodidad, nos atrevemos a pontificar soluciones mágicas, pero no por su efectividad probada, sino por creer que lo que vale en estos casos es la danza del viento, sacrificar 40 vírgenes al amanecer o colgar el ajuar de los balcones y ventanas.

Nos cuesta entender lo que nunca seremos capaces de llegar a entender y será por ser conscientes de nuestra ignorancia, de nuestras limitaciones, que nos encabritamos como niños caprichosos, malcriados, que se creen que todo se les debe, simplemente por ser, porque el chamán de la tribu nos ungió al nacer con los óleos del “a mí no me toques”. Eso sí, no tardamos ni medio suspiro en encontrar a quién culpar de nuestros males y acto seguido corremos en procesión, eso sí, salvando las distancias preceptivas, pidiendo el desmembramiento de todo quisque que no nos siga la corriente. Y en estas, igual podíamos pensar que la gente del toro iba a actuar de otra manera, aunque solo fuera por seguir esos tópicos, quizá ya trasnochados a la vista de los hechos, de la serenidad y saber estar, en contraposición a esos energúmenos futboleros; que de nuevo iba a brotar con más fuerza que nunca la solidaridad de la gente del toro, sí, ¿recuerdan? Esa que desapareció hace… Ni sabemos cuánto hace. Pero que no nos falten los besos y abrazos. Esa solidaridad que nunca se pone en marcha cuando se trata de facilitarle algo las cosas a los que apenas lidian y a los que casi ya no torean.

Una circunstancia excepcional, esta del virus, en la que la única medida eficaz demostrada es eso de mantener las distancias, el evitar las aglomeraciones, pero que muchos han tomado, vaya usted a saber de acuerdo a qué mecanismos mentales, como un ataque frontal. Como si fueran críos chicos a los que su madre no les deja salir a la calle en mitad de una tremenda granizada, porque “mamá es mala y ya no la ajunto”. Pero ellos, tan ofendidos, tan molestos porque ni les ajuntan, ni les dejan juntarse, reunidos en cónclave deciden tomar una serie de medidas que van a arreglar su mundo, porque el resto del mundo les importa un bledo, en un abrir y cerrar de ojos. Que si nos paramos a reflexionar dos segundos, más parece que quieren asustar, acogotar, como si fuera un enorme “usted no sabe con quién está hablando”, antes que encontrar soluciones que posibiliten que todo esto, el mundo del toro, pueda encontrar una salida viable que no va a resolver el problema, porque de momento es imposible, pero sí que minimice en la mayor medida que se permita, el gran descalabro ocasionado por el virus.

Las grandes medidas son el ponerse una mascarilla con un lema que allá cada cuál y subirlo a todas las redes sociales. ¡Vayaaa! Estos apuestan fuerte, ¿eh? ¿Cuál era el fin? ¿Qué les oigan? ¿Quiénes? ¿Dónde? Otra medida, la más inmediata ahora mismo, es irse a paseo, eso sí, todos a la misma hora y en el mismo lugar. ¿Para que se les vea? Pues sí, se les verá. Pero, ¿qué más? Que si necesitan que las ayudas lleguen a los trabajadores del toro y hay en alguna delegación del SEPE que sin justificación alguna desestiman sus peticiones, si lo que se pretende es solucionar el problema, actúen con la ley en la mano, pongan reclamaciones, documenten esas actuaciones y pónganselo delante a los ministros de trabajo, cultura o al sumsum corda. Datos y eficacia. Que si se ven realmente discriminados, que se muevan para ver al ministro que sea y que no esperen a que este les llame. Que luego le podrán echar en cara lo que quieran, pero vayan a su puerta. Que al final, para que alguien del toro hablara con el ministro, ha habido que llevarle a empujones, y no creo que haga falta dar nombres. Eso sí, seguro que este dejó alguna carta de protesta a medias, pero al final habló. Que ahora resulta que no les parecen bien las medidas de ocupación de las plazas de toros. Pues muy fácil, que exijan lo mismo que en el fútbol o el baloncesto. Sin nadie, aunque igual eso tampoco les importaría mucho, bastaría que cambiaran de fuente de ingresos, que en lugar de pagarles los que ocuparían los tendidos, que lo hagan los de la tele, a ver si el número de abonados y lo que estaría dispuesta a pagar la tele de los toros les vale para cubrir sus “gastos”. Que no sería otro el inconveniente, por mucho que digan con la boca pequeña que si el ambiente del público, que si el respetable y demás. Y si de estas se quitan del medio a los que les exigen, mucho mejor. Que no les vale nada, que llegan en Andalucía a proponerles unas medidas provisionales, con las que se puede estar de acuerdo o no, pero que ellos niegan de plano, no hay tiempo para hablar. Pero cuidado, que la cosa no acaba aquí, que ahora van las gentes del toro extremeñas y que quieren que las plazas se puedan ocupar al cien por cien de su aforo, que ellos son más que nadie y allí no ha afecta el virus y al que le afecte, igual es que no es un extremeño como Dios manda. Puro estilo medieval con aquello de la prueba de Dios y esas cosas tan “lógicas.

Y pensando, pensando, ahora mismo tampoco se me ocurren más planteamientos desde este ilustrado, comprensivo y generoso mundo del toro para intentar solventar en alguna medida este destrozo sanitario y económico. Vaya panorama, como para esperar algo de esta gente, que si te empiezas a creer lo de la unidad, esa tan cacareada y te decides a apuntarte a uno de esos paseos, lo primero que tienes que hacer es decidirte a cual te apuntas, que en sitios como Madrid, hay dónde elegir. En fin, valoren ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones acerca de las propuestas del sector.

Enlace programa Tendido de Sol del 7 de junio de 2020:
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jueves, 4 de junio de 2020

Si llega el fin de los toros


Me cuesta pensar en algo que haya generado tantas ilusiones, tanta dedicación, tanas cosas buenas y que puedan llenar tanto una vida, como los toros. Quizá por eso si llega el fin de los toros...

Nadie quiere pensar en que algún día pueda faltarle algo o alguien a quién tanto quiere, algo que tanto siente, algo que le da la vida. Que no era su vida, no lo necesitaba para respirar, ni para ver, ni para hablar, ni para oír, sentir, caminar, pero que por voluntad propia, o quizá más por voluntad de la fiesta, los toros, como si fuera alguien muy cercano y muy querido, te dio el aire para respirar, te abrió los ojos para poder ver, te permitió escuchar el ruido de la casta, la bravura, el entusiasmo de un pueblo, de tu plaza, mientras tú no tenías voz, ni podías dar un solo paso, ni expresar esos sentimientos que el toro y el toreo hacen que broten dentro de ti.

Son malos tiempos, los peores, dicen que esto se va, se acaba, se nos escapa de las manos lo que conocimos, lo que nos atrapó con extremada delicadeza con las ligaduras de la emoción, la entrega, el amor. Un cordón dorado, invisible, sólido, incorpóreo, que nos une a los nuestros, de generación en generación, trepando por la montaña del tiempo hasta perder el rumbo y los nombres de aquellos que desde hace siglos nos precedieron en esta aventura del toro. Y dicen que esto se acaba. Pero si llega el fin de los toros, que no me lo dejen ver, que me tapan los ojos, que me pongan una venda que no me deje ver ni un rayo de la infamia que se los acabe llevando por delante. Si llega el fin de los toros, miéntanme, alimenten mi ignorancia, con mentiras piadosas o crueles patrañas, pero no me dejen ser testigo del final. Si llega el fin de los toros, no busquen culpables, no busquen causas, que ya de nada servirán, nadie pagará por ello. Nadie se quedará para excusarse, para pedir perdón, para expresar cuánto lo sienten.

Tantos años de gloria, de pasión y, ¿por qué nos tiene que tocar a nosotros? ¿Será que ya no te quieren? ¿Faltará ese amor incondicional? ¿Se habrá diluido esa entrega, esa afición que empujaba una tarde y otra y otra y así hasta mil y mil más, con la única excusa de que iba a salir el toro? Será que el amor sincero se ha convertido en simple atracción carnal para unos instantes de sucio desahogo, el que provoca la gula qu8e se ha adueñado de una tarde de toros, en conjunción con los zafios alaridos de supuesto entusiasmo, sin importar el honor del toro, el prestigio de una plaza, ni mucho menos el rito que el toreo ha ido modelando desde que el tiempo no tenía medida, solo tenía sensaciones. Virutas de plata enroscadas sobre si mismas como si la mano del orive las guiara en volutas de plata, oro y azabache.

Si llega el fin de los toros, no me lo digan, no me lo cuenten, tómenme por un ingenuo, un estúpido, un imbécil, una cabeza perdida, sin rumbo, pero no me digan que se ha muerto una parte de mí, esa parte que igual que un día me hizo sentirme vivo, otro día me arrancó de las garras de un perro negro que me quería devorar por dentro hasta vaciarme de mi mismo. Si llega el fin de los toros, no me lo digan, no hará falta, porque estoy convencido que lo sabré, algo habrá que me diga que sin poderlo evitar, se me habrá ido una vida. Muchas vidas, todas las que se viven en una plaza de toros, las que se viven hablando de toros, sintiendo los toros, viéndolos salir de un pincel, leyéndolos desde lo más profundo del alma. Si llega el fin de los toros…

Enlace programa Tendido de Sol del 31 de mayo de 2020:
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jueves, 28 de mayo de 2020

Marginados


Los marginados solo queremos poder revivir sensaciones que nos hicieron saber que estábamos vivos.

Corren malos tiempos, malos tiempos para la sociedad que primero ha tenido que enfrentar una crisis nunca imaginada y que tendrá que padecer las consecuencias de esta; malos tiempos para la verdad, que unos buscan y buscan esperando que sea la solución para abatir a ese virus, a veces dando palos de ciego, pues ciegos están, con el agravante de los que se empecinan en embarrarla, que si echan falsedades sin pudor, que si tiran de datos inventados, sin otro fin que su propio beneficio. Malos tiempos para todo y por supuesto para el toreo, que está siendo un fiel reflejo de lo que nos está pasando. Pero lo malo no es solo eso, que ya bastante malo es, sino que hay un afán constante y creciente para marginar a todo aquel que no está conmigo. El conmigo o contra mí está viviendo sus días de mayor gloria, para tormento de los simples mortales.

Si empezamos desde lo general, transitando a lo particular, y visto lo que se dice y se lee, el toreo parece que está condenado, incomprensiblemente, por parte del gobierno de la nación. Marginación que niega en algún medio el ministro de Cultura. Está bien, si no es así, ¿por qué no se explica con absoluta claridad para que todo el mundo se entere? ¿Qué problema hay en decir quiénes sí y quiénes no y en qué condiciones van a llegar las ayudas que se anuncian y que parece que están llegando a trabajadores de otros sectores? Que el dar esta que sería una buena noticia, no tiene que ser muy complicado. Que tampoco hay que acomplejarse por auxiliar a ciudadanos a los que les ha caído un problemón sin comerlo, ni beberlo. Y si estas explicaciones no se dan por no ofender o no encender a ciertos sectores de la sociedad, o grupos políticos, que no ven con buenos ojos esto de los toros, pues entonces no solo tenemos un problema más, sino que se crea una circunstancia en la que la incertidumbre está servida sobre un campo sembrado de interpretaciones sesgadas y malintencionadas en beneficio de otros intereses completamente ajenos a los toros. Dirán que nos estamos liando; y de qué manera. Así, ¿cómo nos podemos sentir los aficionados a la tauromaquia? ¿Marginados? Pues quizá sí y con razón.

Y aquí podría acabar el relato y todos tan amigos, pero claro, quizá, involuntariamente, estaría marginando a muchos aficionados que tampoco se sienten cómodos con ciertas actitudes y ciertas campañas que han partido del mundo del toro y más concretamente de los taurinos que desde hace ya demasiado tiempo están manejando todo lo que tiene que ver con el toro. Que no creo que haya que recordar recientes acontecimientos, pero la verdad es que resultan chocantes ciertas posturas y por quiénes son protagonizadas. Ahora resulta que hay que estar a pie firme al lado de quiénes, utilizando su propia terminología, han censurado a compañeros, ganaderías, públicos, plazas, aficiones, medios. Que han manifestado sin pudor alguno que a aquellos que no tragaban y no cantaban con entusiasmo sus supuestas hazañas había que expulsarlos de la fiesta, e incluso, un reconocido nieto se atrevió a desear en público que se pusiera una bomba en cierta plaza. Ahora, arropados de ese victimismo tan falso como ofensivo, nos quieren hacer olvidar no solo su pasividad al contemplar la desaparición de hierros históricos, sino su activa participación en ello. Quieren que ignoremos ese desprecio al afirmar que tal o cuál ganadería no la matan, porque ya no están para eso. Que no es ser rencoroso, eso jamás, pero tontos, tontos del todo, tampoco.

Estas víctimas que ahora se quieren convertir en abanderados de los humildes son los mismos que unas veces se olvidaron de sus compañeros más modestos, los que menos toreaban, y otras directamente pidieron que se les apartara del cartel para ponerse ellos o que se les sustituyera por un torero que no les molestara para alternar con ellos. Estos son los que se pasan por el forro eso del “respetable” y el “distinguido público” encarándose con él arrogante y chulescamente, los que sin ocultar su incapacidad invitan a los de los tendidos a bajar al ruedo, los que se permiten recomendar el uso de un megáfono, los que generan los bailes de corrales, los que quieren echar abajo todo fundamento del toreo para mayor comodidad suya y para que no se les vean las costuras de su escasa torería y nula afición. Y pobre de ti como no olvides todo esto y no te hinques a sus pies. No sé cómo va a acabar todo esto. La sensación es que los cambios van a ser pronunciados y si algunos ya pensamos que nuestra fiesta se acabó hace tiempo, ahora da la sensación de que los que ya eran los dueños se van a fortalecer aún más, que los factores ajenos a la fiesta pueden quizá estar más presentes que nunca y que no habrá sitio ni para los disconformes, los críticos, los sin clasificar y todo aquel que no trague con los dictados del poder y las presiones de las masas, por mucho que nos pese y por muy necesarios que algunos creamos que son, irremediablemente solo tendrán una opción, lamentablemente, quedar marginados.

Enlace programas tendido de Sol del 17 y 24 de mayo de 2020:
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Enlace programa Especial Joselito, 16 de mayo de 1920:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-especial-16-mayo-1920-audios-mp3_rf_51081461_1.html

miércoles, 13 de mayo de 2020

El triunfo del arte y la cultura


Hay que reconocer la labor de los científicos, que han logrado un artefacto que en su imagen recuerda mucho a aquellos ancestros que se dieron en llamar toros de lidia

En la tarde de hoy se ha celebrado un festejo taurino en el Centro Multicultural “Shopping Ventas”. Una tarde agradable, soleada, que ha obligado a retirar la cubierta retráctil por las muchas solicitudes de los espectadores a través de su dispositivo móvil, con el hastag #quitalatapaquenospongamosmorenitosjoer. Hecho que al producirse ha provocado el jolgorio general de los nativos, chinaponeses, neoropeos y rubimericanos. Una mezcla de modernidad y tipismo que nos ha trasladado a otros tiempos, con ese sabor añejo, esas evocaciones que nos retrotrae a los años en que todos a una entonaban esa graciosa cancioncilla del “Resistiré”. Que ya ninguno de los asistentes vivieron aquello, pero basta echar mano de la tradición escrita en los twits, watshapps y demás mensajes del pasado, que ustedes pueden consultar en el Historical Spanishquischen File.

Hay que destacar que en el desfile de los actuantes participó el cantante Julius JJ Machina, que provocó la alegría de la chavalería, que agitaban al viento sus dispositivos Apple Delco.PN, mientras grababan el momento y los enviaban a todos sus contactos. Y salió el primer artefacto, llamado Corchaíto; que gusto da ver como aunque sea en el nombre de los artefactos se respeta la tradición taurina. Realmente, emociona. El artefacto era manejado por Carmelo Jones de la Fuente, campeón de su localidad de taurodriving. El primer actuante Andrew Stone, “The King”, le acompañó en sus giros por la arena con vistosos volatines que provocaron, aparte de un gran regocijo, que despertaran las palomas que dormitaban al calor de las baterías de recarga de seguridad de los artefactos. Llegó el momento del primer tercio y apareció la reina de las fiestas del Villa Torres del Eresma Ciborg, que airosamente saludo con cariñoso cachete al artefacto, que dado el brío y como consecuencias de una sobrecarga energética, tuvo que recibir dos cachetitos más de la bella señorita. A continuación salió el grupo de bailarines Band. Erilleition 2200, que deleitó a los presentes con una coreografía inspirada en danzas ancestrales del segundo tercio. Y finalmente surgió de su cámara de relax el artista, el gran Andrew, que una vez más dejó claras evidencias del manejo de telas y telones de todos los tamaños y colores, destacando los de tonos bermellones, rojos y colorados, que hizo rugir al público, siempre tan sensible a cualquier referencia a la tradición. Que importante es que no se pierda esa tradición y que este show siga manteniendo la esencia de una cyborg confederación, manteniéndose ajeno a esas corrientes modernistas que pretenden socavar los fundamentos de un country y sus cities.

En el segundo artefacto no decayó ni mínimamente el despliegue extremo de arte y tecnología tradicional, con una única variación, que fue que para el hecho del cachete, en esta oportunidad fue el Master Party de Sotocarrero de las Pozas, Micky Mazas, que con su belleza arrebató a toda la asistencia al Shopping Ventas. Y por si faltara poco, toda la concurrencia, incluidos los artistas, levantaron su recipiente de alcohol y de un trago se lo endilgaron todo al coleto, sin más ni más, sin respirar y sin pensar, aunque, ¿para qué pensar? Estamos de fiesta y el que no lo quiera ver, que no participe de esta muestra cultural y artística, tan arraigada en nuestras tradiciones y nuestras esencias. Y quién quiera saber más de nuestra identidad, ya sabe, que vaya a beber en las fuentes del Historical Spanishquischen File y que se empape. O en su defecto, que vaya a la cantina del Historical Spanishquischen File, que beba hasta empaparse y luego… luego todo le parecerá estupendo, que esto sí que es una tradición muy nuestra, el acabar empapados. Que hay que vivir la fiesta más festiva con un extremado sentimiento festivalero y no hay que darle más vueltas. Desde siglos atrás hasta el día de hoy 18 de nurgbumbiembre de 2185. Y así viviremos en directo el triunfo del arte y la cultura.

Enlace programa Tendido de Sol del 10 de mayo de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-10-mayo-de-audios-mp3_rf_50900903_1.html

miércoles, 6 de mayo de 2020

La liberalización a modo de Pandora taurina


La liberalización no nos traerá riadas de arte, no tiene nada que ver, lo que provocaría es una ausencia total de exigencia y la caída irremediable del arte de los toros.

Cuenta la mitología que Pandora, la primera mujer para los griegos clásicos, recibió como regalo de bodas una caja en la que se encerraban todos los males de la humanidad y que ella, curiosota dónde las hubiera en el Olimpo, no pudo aguantar la tentación y hala. La abrió y allá que se expandió el mal por todo el orbe. También, no podría haberse desahogado con el juego de café que te regalan en todas las bodas o el jarrón chino que nunca falta; se tuvo que tirar por la cajita de marras. Y es lo que tienen los caprichos, que unos se empeñan y se empeñan y luego a ver quién asume  y quién sufre las consecuencias. Que si en esto de los toros nos ponemos a asignar papeles, los caprichosos, Pandora, son los taurinos y la cajita serían todas las peticiones que relatan una y otra vez y que solo buscan su comodidad y el beneficio propio. Todos los males del mundo de los toros que se encierran en la caja de la “liberalización”. Que así dicho, todo término que empieza por “libera”, suena bien, pero la cosa no es cómo empiece la palabrita, sino como acaba. Vamos, lo mismo que la idea en sí, que lo malo no es cómo empecemos esa liberalización, sino en que acaba y, lo que es peor, en qué termina.

Lo de liberalización siempre ha sido una forma pretendidamente elegante y cargada de razón de decir “ a mí déjame en paz, que yo ya haré lo que me dé la gana” y que a la postre no haya nadie para pedir cuentas, porque cómo estábamos liberalizando, no caben censuras. Por un lado tenemos a los toreros, que están muy empeñados en que lo que salga por toriles es suyo de su propiedad y pueden hacer con ello lo que les dé la gana, negando a nadie la posibilidad de opinar y arrogándose a si mismos todo poder de decisión e infalibilidad que uno se pueda imaginar. Ellos deciden si se le pica o no a un toro, si se le banderillea o no o si se ponen el toro por montera o no, con el inexcusable resultado de que pase lo pase y hagan lo que hagan, el resultado será su triunfo innegociable. Pero claro, la primera liberalización que no tiene un pase es esa de que no haya veterinarios que puedan decir que tal o cual animal no pasan. De tal manera que ellos, toreros y taurinos eligen el ganado que mejor les venga, sin limitaciones por abajo que les puedan incomodar, que para eso estamos liberalizando, y dando por hecho que todo lo que salga por toriles es válido y admisible.

Pero no son los únicos que demandas tales medidas que les exima de cualquier forma de control, que a esto se unen también los señores ganaderos, que según dicen, junto con los toreros, son los que saben de verdad de esto, los demás ni saben, ni pueden saber, ni tienen que opinar. Entonces, ¿para qué un reglamento? Ellos dicen que al arte no se le pueden poner cadenas, que el arte debe ser libre y a lo mejor hasta se puede estar de acuerdo en eso, pero claro, eso si admitimos pulpo como animal de compañía y tragamos con que el arte se da absolutamente todas las tardes en una plaza de toros, seis veces, dos veces por coleta. Que eso ya es mucho suponer, por mucho que liberalicemos, ¡No, hombre, no! Que en esto del arte de la tauromaquia, el arte aparece de vez en cuando y últimamente, muy, muy de vez en cuando. Es más, habrá toreros que no hayan hecho arte en su vida, ni lo harán, por mucho que ellos se crean. Que no se puede tomar una consecuencia como el todo, ni reducir el todo, los toros, a una consecuencia que se da contadas veces, el arte.

Que si nos paramos a echar cuentas, estos caballeros quieren algo muy sencillo, que les dejen a su aire, que unos paguen una pasta para que estos vayan a su aire y que nadie les rechiste por querer ir a su aire. Ellos siempre a lo suyo y quieren hacer creer que pelean por evitar que se hunda un barco, sin importarles si se va a pique el resto de la flota. Así no es de extrañar que les sobre la autoridad, que les sobren los aficionados y que les sobre todo el que no vaya con la pasta por delante y las palmas y el jolgorio por detrás. Y resulta que ahora a eso le llaman liberalización. Y es que uno escucha la palabrita y le entran unos escalofríos por la espalda, que no me llega la camisa al cuerpo. Que solo nos faltaría eso, un Leman Brothers a lo cañí, que se llevara por delante la fiesta de los toros. Porque bien es cierto que los públicos, los menos exigentes, que pueblan todos los tendidos de todas las plazas, aunque sena cada vez menos, son los que sustentan este espectáculo, porque son los que más aportan económicamente, pero los aficionados, los que estos liberalizadores no quieren ver ni en pintura, los que según unos caben en un autobús y según otros en un taxi, son los que mantienen a la fiesta en su sitio, en el lugar en que debe estar, con el toro, toro, con la verdad en el toreo, con la integridad en los tres tercios y haciendo que la gloria se gane de verdad y que esté al alcance solo de los elegidos, porque si la juerga se da todos los días, será de todo menos la gloria. Y a ver si por atender los caprichos de unos ególatras que se creen que la fiesta son ellos y nada más, vamos a acabar lamentándolo si llega la liberalización a modo de Pandora taurina.

Enlace programa Tendido de Sol del 3 de mayo de 2020:
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