jueves, 11 de junio de 2020

Las propuestas del sector

Si queremos preservar la fiesta, solo hay un camino, el que marca el toro, siempre el toro, el toro íntegro, fiero y encastado. Esa es la única bandera posible en el toreo.


Sería de locos, de ciegos que ven pero que no quieren ver, el negar que al igual que todo el mundo, todo occidente y toda España, también el sector taurino está sufriendo un arreón que ha llegado más allá de lo esperado y de lo soportable. No hay un colectivo dentro del mundo de los toros que no se haya visto afectado. Este manso pregonao del virus nos ha levantado del suelo y sin parar de tirar cornadas, un viaje tras otro, nos ha sacado a los medios, nos ha vuelto a las tablas y debajo del estribo aún no se ha hartado de buscarnos la femoral. Pero insisto, como a toda la sociedad. Que forma tan  cruel de mostrar lo frágiles que somos, que un virus nos pone en jaque; de mostrar lo egoístas que somos, que nos damos cuenta de lo que es el sufrimiento solo cuándo nos toca directamente, cuando nos creíamos inmunes a los males que asolan otras latitudes; de mostrar lo estúpidos que somos, que no logramos llegar a entender que los remedios no son un castigo para sacarnos de nuestra supuestamente merecida comodidad, nos atrevemos a pontificar soluciones mágicas, pero no por su efectividad probada, sino por creer que lo que vale en estos casos es la danza del viento, sacrificar 40 vírgenes al amanecer o colgar el ajuar de los balcones y ventanas.

Nos cuesta entender lo que nunca seremos capaces de llegar a entender y será por ser conscientes de nuestra ignorancia, de nuestras limitaciones, que nos encabritamos como niños caprichosos, malcriados, que se creen que todo se les debe, simplemente por ser, porque el chamán de la tribu nos ungió al nacer con los óleos del “a mí no me toques”. Eso sí, no tardamos ni medio suspiro en encontrar a quién culpar de nuestros males y acto seguido corremos en procesión, eso sí, salvando las distancias preceptivas, pidiendo el desmembramiento de todo quisque que no nos siga la corriente. Y en estas, igual podíamos pensar que la gente del toro iba a actuar de otra manera, aunque solo fuera por seguir esos tópicos, quizá ya trasnochados a la vista de los hechos, de la serenidad y saber estar, en contraposición a esos energúmenos futboleros; que de nuevo iba a brotar con más fuerza que nunca la solidaridad de la gente del toro, sí, ¿recuerdan? Esa que desapareció hace… Ni sabemos cuánto hace. Pero que no nos falten los besos y abrazos. Esa solidaridad que nunca se pone en marcha cuando se trata de facilitarle algo las cosas a los que apenas lidian y a los que casi ya no torean.

Una circunstancia excepcional, esta del virus, en la que la única medida eficaz demostrada es eso de mantener las distancias, el evitar las aglomeraciones, pero que muchos han tomado, vaya usted a saber de acuerdo a qué mecanismos mentales, como un ataque frontal. Como si fueran críos chicos a los que su madre no les deja salir a la calle en mitad de una tremenda granizada, porque “mamá es mala y ya no la ajunto”. Pero ellos, tan ofendidos, tan molestos porque ni les ajuntan, ni les dejan juntarse, reunidos en cónclave deciden tomar una serie de medidas que van a arreglar su mundo, porque el resto del mundo les importa un bledo, en un abrir y cerrar de ojos. Que si nos paramos a reflexionar dos segundos, más parece que quieren asustar, acogotar, como si fuera un enorme “usted no sabe con quién está hablando”, antes que encontrar soluciones que posibiliten que todo esto, el mundo del toro, pueda encontrar una salida viable que no va a resolver el problema, porque de momento es imposible, pero sí que minimice en la mayor medida que se permita, el gran descalabro ocasionado por el virus.

Las grandes medidas son el ponerse una mascarilla con un lema que allá cada cuál y subirlo a todas las redes sociales. ¡Vayaaa! Estos apuestan fuerte, ¿eh? ¿Cuál era el fin? ¿Qué les oigan? ¿Quiénes? ¿Dónde? Otra medida, la más inmediata ahora mismo, es irse a paseo, eso sí, todos a la misma hora y en el mismo lugar. ¿Para que se les vea? Pues sí, se les verá. Pero, ¿qué más? Que si necesitan que las ayudas lleguen a los trabajadores del toro y hay en alguna delegación del SEPE que sin justificación alguna desestiman sus peticiones, si lo que se pretende es solucionar el problema, actúen con la ley en la mano, pongan reclamaciones, documenten esas actuaciones y pónganselo delante a los ministros de trabajo, cultura o al sumsum corda. Datos y eficacia. Que si se ven realmente discriminados, que se muevan para ver al ministro que sea y que no esperen a que este les llame. Que luego le podrán echar en cara lo que quieran, pero vayan a su puerta. Que al final, para que alguien del toro hablara con el ministro, ha habido que llevarle a empujones, y no creo que haga falta dar nombres. Eso sí, seguro que este dejó alguna carta de protesta a medias, pero al final habló. Que ahora resulta que no les parecen bien las medidas de ocupación de las plazas de toros. Pues muy fácil, que exijan lo mismo que en el fútbol o el baloncesto. Sin nadie, aunque igual eso tampoco les importaría mucho, bastaría que cambiaran de fuente de ingresos, que en lugar de pagarles los que ocuparían los tendidos, que lo hagan los de la tele, a ver si el número de abonados y lo que estaría dispuesta a pagar la tele de los toros les vale para cubrir sus “gastos”. Que no sería otro el inconveniente, por mucho que digan con la boca pequeña que si el ambiente del público, que si el respetable y demás. Y si de estas se quitan del medio a los que les exigen, mucho mejor. Que no les vale nada, que llegan en Andalucía a proponerles unas medidas provisionales, con las que se puede estar de acuerdo o no, pero que ellos niegan de plano, no hay tiempo para hablar. Pero cuidado, que la cosa no acaba aquí, que ahora van las gentes del toro extremeñas y que quieren que las plazas se puedan ocupar al cien por cien de su aforo, que ellos son más que nadie y allí no ha afecta el virus y al que le afecte, igual es que no es un extremeño como Dios manda. Puro estilo medieval con aquello de la prueba de Dios y esas cosas tan “lógicas.

Y pensando, pensando, ahora mismo tampoco se me ocurren más planteamientos desde este ilustrado, comprensivo y generoso mundo del toro para intentar solventar en alguna medida este destrozo sanitario y económico. Vaya panorama, como para esperar algo de esta gente, que si te empiezas a creer lo de la unidad, esa tan cacareada y te decides a apuntarte a uno de esos paseos, lo primero que tienes que hacer es decidirte a cual te apuntas, que en sitios como Madrid, hay dónde elegir. En fin, valoren ustedes mismos y saquen sus propias conclusiones acerca de las propuestas del sector.

Enlace programa Tendido de Sol del 7 de junio de 2020:
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jueves, 4 de junio de 2020

Si llega el fin de los toros


Me cuesta pensar en algo que haya generado tantas ilusiones, tanta dedicación, tanas cosas buenas y que puedan llenar tanto una vida, como los toros. Quizá por eso si llega el fin de los toros...

Nadie quiere pensar en que algún día pueda faltarle algo o alguien a quién tanto quiere, algo que tanto siente, algo que le da la vida. Que no era su vida, no lo necesitaba para respirar, ni para ver, ni para hablar, ni para oír, sentir, caminar, pero que por voluntad propia, o quizá más por voluntad de la fiesta, los toros, como si fuera alguien muy cercano y muy querido, te dio el aire para respirar, te abrió los ojos para poder ver, te permitió escuchar el ruido de la casta, la bravura, el entusiasmo de un pueblo, de tu plaza, mientras tú no tenías voz, ni podías dar un solo paso, ni expresar esos sentimientos que el toro y el toreo hacen que broten dentro de ti.

Son malos tiempos, los peores, dicen que esto se va, se acaba, se nos escapa de las manos lo que conocimos, lo que nos atrapó con extremada delicadeza con las ligaduras de la emoción, la entrega, el amor. Un cordón dorado, invisible, sólido, incorpóreo, que nos une a los nuestros, de generación en generación, trepando por la montaña del tiempo hasta perder el rumbo y los nombres de aquellos que desde hace siglos nos precedieron en esta aventura del toro. Y dicen que esto se acaba. Pero si llega el fin de los toros, que no me lo dejen ver, que me tapan los ojos, que me pongan una venda que no me deje ver ni un rayo de la infamia que se los acabe llevando por delante. Si llega el fin de los toros, miéntanme, alimenten mi ignorancia, con mentiras piadosas o crueles patrañas, pero no me dejen ser testigo del final. Si llega el fin de los toros, no busquen culpables, no busquen causas, que ya de nada servirán, nadie pagará por ello. Nadie se quedará para excusarse, para pedir perdón, para expresar cuánto lo sienten.

Tantos años de gloria, de pasión y, ¿por qué nos tiene que tocar a nosotros? ¿Será que ya no te quieren? ¿Faltará ese amor incondicional? ¿Se habrá diluido esa entrega, esa afición que empujaba una tarde y otra y otra y así hasta mil y mil más, con la única excusa de que iba a salir el toro? Será que el amor sincero se ha convertido en simple atracción carnal para unos instantes de sucio desahogo, el que provoca la gula qu8e se ha adueñado de una tarde de toros, en conjunción con los zafios alaridos de supuesto entusiasmo, sin importar el honor del toro, el prestigio de una plaza, ni mucho menos el rito que el toreo ha ido modelando desde que el tiempo no tenía medida, solo tenía sensaciones. Virutas de plata enroscadas sobre si mismas como si la mano del orive las guiara en volutas de plata, oro y azabache.

Si llega el fin de los toros, no me lo digan, no me lo cuenten, tómenme por un ingenuo, un estúpido, un imbécil, una cabeza perdida, sin rumbo, pero no me digan que se ha muerto una parte de mí, esa parte que igual que un día me hizo sentirme vivo, otro día me arrancó de las garras de un perro negro que me quería devorar por dentro hasta vaciarme de mi mismo. Si llega el fin de los toros, no me lo digan, no hará falta, porque estoy convencido que lo sabré, algo habrá que me diga que sin poderlo evitar, se me habrá ido una vida. Muchas vidas, todas las que se viven en una plaza de toros, las que se viven hablando de toros, sintiendo los toros, viéndolos salir de un pincel, leyéndolos desde lo más profundo del alma. Si llega el fin de los toros…

Enlace programa Tendido de Sol del 31 de mayo de 2020:
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jueves, 28 de mayo de 2020

Marginados


Los marginados solo queremos poder revivir sensaciones que nos hicieron saber que estábamos vivos.

Corren malos tiempos, malos tiempos para la sociedad que primero ha tenido que enfrentar una crisis nunca imaginada y que tendrá que padecer las consecuencias de esta; malos tiempos para la verdad, que unos buscan y buscan esperando que sea la solución para abatir a ese virus, a veces dando palos de ciego, pues ciegos están, con el agravante de los que se empecinan en embarrarla, que si echan falsedades sin pudor, que si tiran de datos inventados, sin otro fin que su propio beneficio. Malos tiempos para todo y por supuesto para el toreo, que está siendo un fiel reflejo de lo que nos está pasando. Pero lo malo no es solo eso, que ya bastante malo es, sino que hay un afán constante y creciente para marginar a todo aquel que no está conmigo. El conmigo o contra mí está viviendo sus días de mayor gloria, para tormento de los simples mortales.

Si empezamos desde lo general, transitando a lo particular, y visto lo que se dice y se lee, el toreo parece que está condenado, incomprensiblemente, por parte del gobierno de la nación. Marginación que niega en algún medio el ministro de Cultura. Está bien, si no es así, ¿por qué no se explica con absoluta claridad para que todo el mundo se entere? ¿Qué problema hay en decir quiénes sí y quiénes no y en qué condiciones van a llegar las ayudas que se anuncian y que parece que están llegando a trabajadores de otros sectores? Que el dar esta que sería una buena noticia, no tiene que ser muy complicado. Que tampoco hay que acomplejarse por auxiliar a ciudadanos a los que les ha caído un problemón sin comerlo, ni beberlo. Y si estas explicaciones no se dan por no ofender o no encender a ciertos sectores de la sociedad, o grupos políticos, que no ven con buenos ojos esto de los toros, pues entonces no solo tenemos un problema más, sino que se crea una circunstancia en la que la incertidumbre está servida sobre un campo sembrado de interpretaciones sesgadas y malintencionadas en beneficio de otros intereses completamente ajenos a los toros. Dirán que nos estamos liando; y de qué manera. Así, ¿cómo nos podemos sentir los aficionados a la tauromaquia? ¿Marginados? Pues quizá sí y con razón.

Y aquí podría acabar el relato y todos tan amigos, pero claro, quizá, involuntariamente, estaría marginando a muchos aficionados que tampoco se sienten cómodos con ciertas actitudes y ciertas campañas que han partido del mundo del toro y más concretamente de los taurinos que desde hace ya demasiado tiempo están manejando todo lo que tiene que ver con el toro. Que no creo que haya que recordar recientes acontecimientos, pero la verdad es que resultan chocantes ciertas posturas y por quiénes son protagonizadas. Ahora resulta que hay que estar a pie firme al lado de quiénes, utilizando su propia terminología, han censurado a compañeros, ganaderías, públicos, plazas, aficiones, medios. Que han manifestado sin pudor alguno que a aquellos que no tragaban y no cantaban con entusiasmo sus supuestas hazañas había que expulsarlos de la fiesta, e incluso, un reconocido nieto se atrevió a desear en público que se pusiera una bomba en cierta plaza. Ahora, arropados de ese victimismo tan falso como ofensivo, nos quieren hacer olvidar no solo su pasividad al contemplar la desaparición de hierros históricos, sino su activa participación en ello. Quieren que ignoremos ese desprecio al afirmar que tal o cuál ganadería no la matan, porque ya no están para eso. Que no es ser rencoroso, eso jamás, pero tontos, tontos del todo, tampoco.

Estas víctimas que ahora se quieren convertir en abanderados de los humildes son los mismos que unas veces se olvidaron de sus compañeros más modestos, los que menos toreaban, y otras directamente pidieron que se les apartara del cartel para ponerse ellos o que se les sustituyera por un torero que no les molestara para alternar con ellos. Estos son los que se pasan por el forro eso del “respetable” y el “distinguido público” encarándose con él arrogante y chulescamente, los que sin ocultar su incapacidad invitan a los de los tendidos a bajar al ruedo, los que se permiten recomendar el uso de un megáfono, los que generan los bailes de corrales, los que quieren echar abajo todo fundamento del toreo para mayor comodidad suya y para que no se les vean las costuras de su escasa torería y nula afición. Y pobre de ti como no olvides todo esto y no te hinques a sus pies. No sé cómo va a acabar todo esto. La sensación es que los cambios van a ser pronunciados y si algunos ya pensamos que nuestra fiesta se acabó hace tiempo, ahora da la sensación de que los que ya eran los dueños se van a fortalecer aún más, que los factores ajenos a la fiesta pueden quizá estar más presentes que nunca y que no habrá sitio ni para los disconformes, los críticos, los sin clasificar y todo aquel que no trague con los dictados del poder y las presiones de las masas, por mucho que nos pese y por muy necesarios que algunos creamos que son, irremediablemente solo tendrán una opción, lamentablemente, quedar marginados.

Enlace programas tendido de Sol del 17 y 24 de mayo de 2020:
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Enlace programa Especial Joselito, 16 de mayo de 1920:
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miércoles, 13 de mayo de 2020

El triunfo del arte y la cultura


Hay que reconocer la labor de los científicos, que han logrado un artefacto que en su imagen recuerda mucho a aquellos ancestros que se dieron en llamar toros de lidia

En la tarde de hoy se ha celebrado un festejo taurino en el Centro Multicultural “Shopping Ventas”. Una tarde agradable, soleada, que ha obligado a retirar la cubierta retráctil por las muchas solicitudes de los espectadores a través de su dispositivo móvil, con el hastag #quitalatapaquenospongamosmorenitosjoer. Hecho que al producirse ha provocado el jolgorio general de los nativos, chinaponeses, neoropeos y rubimericanos. Una mezcla de modernidad y tipismo que nos ha trasladado a otros tiempos, con ese sabor añejo, esas evocaciones que nos retrotrae a los años en que todos a una entonaban esa graciosa cancioncilla del “Resistiré”. Que ya ninguno de los asistentes vivieron aquello, pero basta echar mano de la tradición escrita en los twits, watshapps y demás mensajes del pasado, que ustedes pueden consultar en el Historical Spanishquischen File.

Hay que destacar que en el desfile de los actuantes participó el cantante Julius JJ Machina, que provocó la alegría de la chavalería, que agitaban al viento sus dispositivos Apple Delco.PN, mientras grababan el momento y los enviaban a todos sus contactos. Y salió el primer artefacto, llamado Corchaíto; que gusto da ver como aunque sea en el nombre de los artefactos se respeta la tradición taurina. Realmente, emociona. El artefacto era manejado por Carmelo Jones de la Fuente, campeón de su localidad de taurodriving. El primer actuante Andrew Stone, “The King”, le acompañó en sus giros por la arena con vistosos volatines que provocaron, aparte de un gran regocijo, que despertaran las palomas que dormitaban al calor de las baterías de recarga de seguridad de los artefactos. Llegó el momento del primer tercio y apareció la reina de las fiestas del Villa Torres del Eresma Ciborg, que airosamente saludo con cariñoso cachete al artefacto, que dado el brío y como consecuencias de una sobrecarga energética, tuvo que recibir dos cachetitos más de la bella señorita. A continuación salió el grupo de bailarines Band. Erilleition 2200, que deleitó a los presentes con una coreografía inspirada en danzas ancestrales del segundo tercio. Y finalmente surgió de su cámara de relax el artista, el gran Andrew, que una vez más dejó claras evidencias del manejo de telas y telones de todos los tamaños y colores, destacando los de tonos bermellones, rojos y colorados, que hizo rugir al público, siempre tan sensible a cualquier referencia a la tradición. Que importante es que no se pierda esa tradición y que este show siga manteniendo la esencia de una cyborg confederación, manteniéndose ajeno a esas corrientes modernistas que pretenden socavar los fundamentos de un country y sus cities.

En el segundo artefacto no decayó ni mínimamente el despliegue extremo de arte y tecnología tradicional, con una única variación, que fue que para el hecho del cachete, en esta oportunidad fue el Master Party de Sotocarrero de las Pozas, Micky Mazas, que con su belleza arrebató a toda la asistencia al Shopping Ventas. Y por si faltara poco, toda la concurrencia, incluidos los artistas, levantaron su recipiente de alcohol y de un trago se lo endilgaron todo al coleto, sin más ni más, sin respirar y sin pensar, aunque, ¿para qué pensar? Estamos de fiesta y el que no lo quiera ver, que no participe de esta muestra cultural y artística, tan arraigada en nuestras tradiciones y nuestras esencias. Y quién quiera saber más de nuestra identidad, ya sabe, que vaya a beber en las fuentes del Historical Spanishquischen File y que se empape. O en su defecto, que vaya a la cantina del Historical Spanishquischen File, que beba hasta empaparse y luego… luego todo le parecerá estupendo, que esto sí que es una tradición muy nuestra, el acabar empapados. Que hay que vivir la fiesta más festiva con un extremado sentimiento festivalero y no hay que darle más vueltas. Desde siglos atrás hasta el día de hoy 18 de nurgbumbiembre de 2185. Y así viviremos en directo el triunfo del arte y la cultura.

Enlace programa Tendido de Sol del 10 de mayo de 2020:
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miércoles, 6 de mayo de 2020

La liberalización a modo de Pandora taurina


La liberalización no nos traerá riadas de arte, no tiene nada que ver, lo que provocaría es una ausencia total de exigencia y la caída irremediable del arte de los toros.

Cuenta la mitología que Pandora, la primera mujer para los griegos clásicos, recibió como regalo de bodas una caja en la que se encerraban todos los males de la humanidad y que ella, curiosota dónde las hubiera en el Olimpo, no pudo aguantar la tentación y hala. La abrió y allá que se expandió el mal por todo el orbe. También, no podría haberse desahogado con el juego de café que te regalan en todas las bodas o el jarrón chino que nunca falta; se tuvo que tirar por la cajita de marras. Y es lo que tienen los caprichos, que unos se empeñan y se empeñan y luego a ver quién asume  y quién sufre las consecuencias. Que si en esto de los toros nos ponemos a asignar papeles, los caprichosos, Pandora, son los taurinos y la cajita serían todas las peticiones que relatan una y otra vez y que solo buscan su comodidad y el beneficio propio. Todos los males del mundo de los toros que se encierran en la caja de la “liberalización”. Que así dicho, todo término que empieza por “libera”, suena bien, pero la cosa no es cómo empiece la palabrita, sino como acaba. Vamos, lo mismo que la idea en sí, que lo malo no es cómo empecemos esa liberalización, sino en que acaba y, lo que es peor, en qué termina.

Lo de liberalización siempre ha sido una forma pretendidamente elegante y cargada de razón de decir “ a mí déjame en paz, que yo ya haré lo que me dé la gana” y que a la postre no haya nadie para pedir cuentas, porque cómo estábamos liberalizando, no caben censuras. Por un lado tenemos a los toreros, que están muy empeñados en que lo que salga por toriles es suyo de su propiedad y pueden hacer con ello lo que les dé la gana, negando a nadie la posibilidad de opinar y arrogándose a si mismos todo poder de decisión e infalibilidad que uno se pueda imaginar. Ellos deciden si se le pica o no a un toro, si se le banderillea o no o si se ponen el toro por montera o no, con el inexcusable resultado de que pase lo pase y hagan lo que hagan, el resultado será su triunfo innegociable. Pero claro, la primera liberalización que no tiene un pase es esa de que no haya veterinarios que puedan decir que tal o cual animal no pasan. De tal manera que ellos, toreros y taurinos eligen el ganado que mejor les venga, sin limitaciones por abajo que les puedan incomodar, que para eso estamos liberalizando, y dando por hecho que todo lo que salga por toriles es válido y admisible.

Pero no son los únicos que demandas tales medidas que les exima de cualquier forma de control, que a esto se unen también los señores ganaderos, que según dicen, junto con los toreros, son los que saben de verdad de esto, los demás ni saben, ni pueden saber, ni tienen que opinar. Entonces, ¿para qué un reglamento? Ellos dicen que al arte no se le pueden poner cadenas, que el arte debe ser libre y a lo mejor hasta se puede estar de acuerdo en eso, pero claro, eso si admitimos pulpo como animal de compañía y tragamos con que el arte se da absolutamente todas las tardes en una plaza de toros, seis veces, dos veces por coleta. Que eso ya es mucho suponer, por mucho que liberalicemos, ¡No, hombre, no! Que en esto del arte de la tauromaquia, el arte aparece de vez en cuando y últimamente, muy, muy de vez en cuando. Es más, habrá toreros que no hayan hecho arte en su vida, ni lo harán, por mucho que ellos se crean. Que no se puede tomar una consecuencia como el todo, ni reducir el todo, los toros, a una consecuencia que se da contadas veces, el arte.

Que si nos paramos a echar cuentas, estos caballeros quieren algo muy sencillo, que les dejen a su aire, que unos paguen una pasta para que estos vayan a su aire y que nadie les rechiste por querer ir a su aire. Ellos siempre a lo suyo y quieren hacer creer que pelean por evitar que se hunda un barco, sin importarles si se va a pique el resto de la flota. Así no es de extrañar que les sobre la autoridad, que les sobren los aficionados y que les sobre todo el que no vaya con la pasta por delante y las palmas y el jolgorio por detrás. Y resulta que ahora a eso le llaman liberalización. Y es que uno escucha la palabrita y le entran unos escalofríos por la espalda, que no me llega la camisa al cuerpo. Que solo nos faltaría eso, un Leman Brothers a lo cañí, que se llevara por delante la fiesta de los toros. Porque bien es cierto que los públicos, los menos exigentes, que pueblan todos los tendidos de todas las plazas, aunque sena cada vez menos, son los que sustentan este espectáculo, porque son los que más aportan económicamente, pero los aficionados, los que estos liberalizadores no quieren ver ni en pintura, los que según unos caben en un autobús y según otros en un taxi, son los que mantienen a la fiesta en su sitio, en el lugar en que debe estar, con el toro, toro, con la verdad en el toreo, con la integridad en los tres tercios y haciendo que la gloria se gane de verdad y que esté al alcance solo de los elegidos, porque si la juerga se da todos los días, será de todo menos la gloria. Y a ver si por atender los caprichos de unos ególatras que se creen que la fiesta son ellos y nada más, vamos a acabar lamentándolo si llega la liberalización a modo de Pandora taurina.

Enlace programa Tendido de Sol del 3 de mayo de 2020:
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jueves, 30 de abril de 2020

Sin público, sin aficionados, sin toro, sin nada


¿Hay alguien ahí? Sí, los de la tele. ¿Pero hay alguien ahí?




Demasiado a menudo se escucha, cuándo quieren justificar los regalos de despojos, que esto de los toros es una fiesta del pueblo, aunque igual no se les entiende bien y lo que quieren decir es que es una fiesta para sacarle la pasta al pueblo y en agradecimiento les reembolsan con casquería a tutiplén. Y que si para intentar llenar la bolsa hay que prescindir del pueblo, pues adelante con los faroles. Total, ¿qué más da? Que hoy en día, con los adelantos de la técnica se puede suplir al respetable con mil y un artilugios. ¿Qué no se oye el rumor de la gente? Unos altavoces así, bien gordos, que haga retumbar los muros del templo de Salomón. ¿Qué no hay quién pida los despojos sacudiendo pañuelos al viento? ¡Naaa! Manden un mensaje al 3232 con la palabra “despojo1” o “despojo2”, si quieren que estos sean dos y si han de ser más, manden los dos mensajes juntos. O bien, voten en nuestra cuenta de tuiter o de güasad, indicando su nivel de agrado, con las siguientes palabras: “bueno, no ha estao mal”: “ha estao por encima del toro”; “Olé los toreros güenos”; “Hay que abrir la puerta!; “Inmenso”. Y en cuanto a los toros, solo se admitirá el mensaje “este toro es de vacas”, no admitiéndose ningún otro. Eso sí, yo quiero verles dar la vuelta al ruedo a una plaza sin un alma, aunque igual tampoco es demasiado inconveniente, bastaría con ir repartiendo a lo largo de las tablas, de forma estratégica, ramos de flores, botas, puros, manojos de espárragos o gallinas boca abajo. Y ahora que me digan a mí que para esto de los toros hace falta público. ¡Anda ya!



Aunque lo mismo, pensándolo bien… Que a lo mejor no es momento de poner esto en manos de la tecnología, de los adelantos inventados por el hombre blanco, ni los cerebros del oriente, que igual la cuestión es pararse un segundito nada más y volver a recapacitar sobre lo que es esto del toro y no echarnos sin reservas en los brazos del e.taurus versión 2.1. No parece muy aconsejable que para salvar la cartera de cuatro se eliminen a alguno de los actores de la fiesta de los toros. Que la demagogia puede ponernos por delante justificaciones casi humanitarias, salvar una res, salvar una ganadería, minimizar el desgaste económico de tal o cual señor, lo que me recuerda a quel final de la Lista de Schlinder en el que el protagonista se deja llevar un tanto por la sinrazón, pero los parches nunca han sido buenos, si acaso los medicinales que calman el penar de los pacientes, pero que solo palían el mal, sin ponerle un remedio definitivo. Que si solo vamos a lo económico, lo mismo estamos tirando de la manta para taparnos las orejas y dejamos los pies al aire, para que se nos acabe llevando por delante nuestra fiesta una pulmonía doble. Que a otros parece que les han entrado ahora las prisas y solo quieren que les arreglen lo suyo y nada más que lo suyo, porque la fiesta les importa entre poco y nada.



Nos viene ahora un señor con que tiene que sacrificar la mitad de su ganadería, como si las circunstancias actuales fueran la causa definitiva de ello, como si no lo tuviera decidido hace tiempo, como si la causa real no fuera la inviabilidad de una vacada sobredimensionada, como tantas otras, porque un día solo se pensó en lo económico, en ampliar el negocio y no en otras cosas, como la buena salud de la ganadería o, yendo más allá, de la fiesta en si. Y si de parches hablamos, ahora nos viene la tele oficial del taurinismo y dice que quiere dar festejos a puerta cerrada, en los que por supuesto que caben todas las ocurrencias y barbaridades que se puedan pensar y que el absurdo ya apuntaba unas líneas atrás. Que igual nos vienen con el caramelito de que habrá encastes variados y toreros no habituales. Parche, parche y otro parche más. Porque díganme ustedes qué hierros se verán agraciados con la lotería de la tele. Pero si así calmamos el rugir de nuestra conciencia y hasta lo podemos vestir de mérito protaurino, pues nada, los disfrazamos y que salga el sol por “ande quiera”. Y si a este engendro no se apuntan las figuras, pues ya saben ustedes, que dicen que si se pagan los mínimos y entonces el parche ya gusta poco, ya gusta menos que uno de nicotina en un ojo. Eso sí, sin personal, el Valhala taurino, torear sin nadie que reproche nada, que pida nada y que censure nada. Así lo ven ellos, el público molesta, el aficionado molesta, porque es el que no les permite el confort del hacer de su capa un sayo. Eliminamos a uno de los actores principales de la fiesta y todos tan contentos. O igual público si quieren, porque estos son los que ponen la guita por delante, que escala en la bolsa del empresario, termina en sus bolsillos. Quieren esa fiesta liberalizada que les permita campar a sus anchas. Y sí es verdad que el público mantiene esto económicamente, pero el aficionado es el que hace que la degeneración no avance, el que lucha por mantener las esencias de todo esto, el que exige el toro íntegro, el que no traga con el toreo trampa y el que puede hacer que no siempre sean los mismos, los mismos hierros, ni los mismos toreros. El aficionado es uno de los contrapesos de la fiesta, o debería serlo, en oposición a los toreros, ganaderos y empresarios, cada uno por su lado, aunque en los últimos tiempos más parece que el aficionado se encuentra solo ante los otros tres estamentos, lo que se viene llamando “taurinos”. Que igual estos caballeros no son conscientes de adónde nos puede llevar todo esto, ni las consecuencias, ni dónde está el final del camino, quizá más cerca que lejos, pero lo que está claro es que su objetivo, aunque no sean conscientes del todo, es una fiesta sin público, sin aficionados, sin toro, sin nada.



Enlace programa Tendido de Sol del 26 de abril de 2020:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-26-abril-se-audios-mp3_rf_50441099_1.html

miércoles, 22 de abril de 2020

La naturaleza desbocada


Quizá no solo no sea posible volver a la edad de las cavernas y además, no parece muy recomendable

La verdad es que no me gusta eso de que no hay mal que por bien no venga, porque mejor es que el mal no aparezca y que el bien nos llegue cada mañana, como tampoco me agrada eso de que hasta del infortunio hay que sacar enseñanzas positivas, pero así es la vida y no la vamos a cambiar ahora, aunque bien es cierto que de todo se pueden sacar conclusiones que nos pueden venir bien, si es que nos aplicamos en ello, porque también puede ser que no y que permanezcamos en esta negra ignorancia.

Uno de los argumentos de muchos urbanos ecologistas es el pretender que se deje la naturaleza a su aire, dejar a los animales en paz, sin cazarlos, sin regular su población o, como en el caso de los toros de lidia, permitir que anden a su aire en la dehesa, que se les eche de comer, sin mentar ni de lejos una plaza de toros. Tal cual como en los tiempos en que nos cubríamos con pieles de los animales que cazábamos, por cierto, y que nos alimentábamos de bayas, frutos del bosque y la escasa carne cruda de los animales a los que “arrebatábamos estas pieles.

Eso quizá estuviera muy bien en aquellos años en que el urbanismo era cosa del diablo, cuándo los loft se reducían a un rincón en dónde acurrucarse en una cueva, cuándo la expresión artística era pintar ciervos, búfalos, mamuts y toros en la gruta y cuándo, desde luego, no había wifi para watshapear con los neardenthales que conocimos recogiendo moras. Pero si ahora dejamos a los animales a su aire, puede pasar lo que está pasando, que los animales se desmandan, que las poblaciones se disparan en unos casos y en otras quedan muy mermadas porque no hay quién las atienda, cuando no es que sus depredadores se han multiplicado sin medida. Otros atacan directamente a plantaciones de frutos, con el perjuicio que esto acarrea para el ser humano que no tiene acceso a las bayas y se tiene que alimentar de lo que se siembra en el campo, eso que se ha dado en llamar agricultura. Y precisamente para que se alimenten los que habitan en eso que llaman ciudades. Vaya, que se nos está empezando a resquebrajar el mito de la naturaleza a su aire, o cómo diría el clásico, a su p… bola.

Pero miren, al menos con esto de la pandemia y el tenerse que quedar en casa lo mismo neardenthales, que cromagnones, que ecologistas/ veganos/ almas puras/ que malajes carnívoros, van a dejar a los toros en el campo, sin que nadie les moleste, sin que nadie les muestre trapos rojos provocadores. ¿Seguro? Pues no, la vida no es tan simple. Quizá precipitadamente, no digo yo que no, pero ya ha empezado el desfile de reses al matadero. Algo que si no era hoy, tenía que llegar. Que bien, un toro de lidia sacrificado en un cajón con una descarga, en el mejor de los casos, desollado casi cuándo aún le queda resuello, en demasiados casos. Que bonito espectáculo, ¿verdad? Una maravilla. Que habrá a quién le parezca más justo, más ético y de mejor persona. Pues si así lo creen, perdonen y permítanme que les diga que desconocen de medio a medio la naturaleza de lo que llamamos toros de lidia. ¿Sufrimiento? Pues no me atrevería a asegurar que el matadero les estrese más que una plaza de toros. Que aunque les parezca inverosímil, en esta la sangre se evita mucho más minuciosamente que en un matadero industrial.

En una plaza de toros el hombre aprovecha el instinto de un animal, el toro, que nació y está configurado morfológicamente para luchar, para pelear hasta la muerte si es preciso. Igual que el caballo o el galgo viven para correr, los perros para cazar o los pájaros para volar. Díganme en qué caso defendemos la dignidad de este animal en un matadero, cómo dejamos que aflore su instinto. Que una cosa es la idealización que podamos recrear en nuestra cabeza, tan llena de bondad, buenas intenciones y supuesto amor a los animales y otra la realidad, el resultado de millones de años de un laborioso proceso llevado a cabo por la naturaleza. Que no discuto que a ustedes no les gusten las corridas de toros, si hasta puedo llegar a entenderles y soy capaz de ponerme en su lugar, pero a cambio, ¿por qué no intentan ponerse en el lugar del toro? Que aunque ustedes crean lo contrario, no creo que hayan podido conseguirlo jamás. Bueno, sí, se ponen en lugar del toro, pero sin perder su condición de bípedos animales racionales. Eso no me vale. Cómo apuntaba Luis Landero, intenten ser toros, ¡qué gran afán, ser toro! Pues pónganse a ello y si les cuadra y tienen wifi, háganlo mientras ven embarcar toros cuajados de cuatro años camino del matadero. Y piensen que si esto de los toros se acabara mañana mismo, tendrían que ampliar la potencia de su wifi, porque entonces los vídeos se multiplicarían exponencialmente con vacas y terneros yendo en busca de ser apuntillados o electrocutados. Y sdi quieren, a continuación deténganse un instante viendo un tercio de varas, ese momento en que se pica al toro desde un caballo. Contemplen al toro arrancándose de lejos al peto, despreciando cualquier oportunidad de huida y vean cómo jinete y montura bailan sobre los pitones conducidos por la fiereza, la casta y la bravura. Entonces, no les quepa duda, ustedes sabrán de verdad lo que supone y lo que es la naturaleza desbocada.

Enlace programa Rendido de Sol del  19 de abril de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-19-abril-de-audios-mp3_rf_50169028_1.html