martes, 14 de septiembre de 2021

La fórmula maldita

 

El ingrediente principal de esta fórmula maldita al que pocos quieren delante

En esto del toreo se pasan la vida queriendo inventar las sopas de ajo y aún no han llegado ni a enterarse de que hay que prepararlas con ajo. Quizá porque no les gusta el ajo, que es algo que puede pasar. Están que si innovar, que si no sé qué de modernizarse, que si adaptarse a la sociedad, pero no llegan a ninguna parte, porque los taurinos ni quieren innovar, ni modernizar, ni preparar sopas de ajo. Lo que ellos buscan incesantemente es cómo hacer esto más cómodo a los de luces de su escudería, cómo co0nseguir que los que crían animalejos descastados puedan producir más para sus toreros y ya de paso, meter debajo de la alfombra sus miserias, hacer desaparecer todo lo que pueda incomodarles y poner en peligro su negocio y gracias a la tele, con los telepredicadores televisivos, extender por el mundo su doctrina del medio toro, del toro mentiroso y la fiesta verbenera, triunfalista y más mentirosa aún.

Que lo mismo ustedes piensan que cómo es posible que desprecie la innovación y la modernidad así, con esta soltura y sin pararme a pensar un minuto. Pero claro, juzguen ustedes mismos. Que ahora la modernización es más estética y formal, que ética y de fondo. Lo primero, nos olvidamos del toro; y luego nos centramos en lo aparente. Nos ponemos a inventar que si una corrida picassiana, en la que lo único que se varía son los trajes, que no se crean que salen toros y toreros cuadrados, con los dos ojos en un lado y con manos desproporcionadas con los dedos gordos como morcones. Que si la magallánica, que si la pinzonizana, que si… y allí ni un nudo marinero te enseñan. De nuevo, toda la innovación es disfrazarse. Que no es que uno esté en contra de este tipo de conmemoraciones, ni mucho menos, pero que no me lo vistan como la gran innovación de la fiesta. Que cualquier día van a inventarse la corrida disneyniana y me veo a los toreros vestidos Micky, Pluto o el Pato Donald. ¿Se imaginan? A mí me cuesta. O la corrida marxista y ya estoy viendo a Ferrera, Perera y el Juli de Groucho, Harpo y Chico; y repartan ustedes los papeles. Pero tranquilos, que nadie dice “na de na”, todo vale, porque es moderno.

Eso sí, no se le ocurra a usted pensar en montar una feria, de novilladas, por poner un ejemplo; que primero anuncia el ganado, con hierros de esos que quitan la ilusión a los chavales, uno de un encaste, otro de otro y así hasta cubrir los días que se programen y después, una vez anunciados los toros, se ponen a buscar los que irán en cada terna. Lo cual está muy bien, porque así los de luces no se tienen que preocupar de llevar los toros debajo del brazo. Se les libera de esta tarea, ¿no? Que no es justo que los actuantes se tengan que preocupar por lo que van a torear, que bastante tienen los pobres. Que a lo mejor no hay que ponerse a innovar tanto, ni a buscar la modernidad por todas partes. Que, ¿dónde estará la modernidad? No lo sé, pregúntale a tu padre que lo guarda todo en el trastero sin preguntar.

Aunque no sé si algunos prefieren eso de las innovaciones y modernidades, porque eso de anunciar primero las ganaderías y luego que cada uno apechugue, parece una fórmula maldita que solo satisface a los que no gozan y se deleitan hasta el éxtasis con el arte artístico. Y lo que son las cosas, esta fórmula, maldita por supuesto, tiene cabida solo cuando no asoman por los carteles los figurones y rara vez, solo excepciones, en plazas de postín. Esto es ya costumbre en pueblos que, llenos de orgullo, organizan sus ferias de novilladas. Pueblos que meterían en media plaza a todos los habitantes del pueblo, pero que curiosamente llenan prácticamente todas las tardes. ¿Y cómo es eso? Pues muy sencillo, que será cosa de esa fórmula maldita que atrae a esa gente extraña que se regocija con el toro, que son capaces de dejar la familia, cónyuge, niños, suegros y cuñados con la paella en su punto, cogerse el coche y hacerse una montonada de kilómetros para encontrarse con su amante: el toro. Que, aún siendo novillos, ofrecen seriedad y no desmerecen el llamarse toros de lidia.

Pero claro, lo que los taurinos oficiales no pueden permitir es que esta fórmula maldita cunda ejemplo, no vaya a ser que aparezcan por ahí alcaldes y ayuntamientos que decidan hacerla suya y que obliguen a los de luces a ganarse el pan con el sudor de sus taleguillas. Sudor que por otra parte hace sentirse orgullosos a los que después de una tarde de toros salen a pie y sabiéndose vencedores ante el toro, pero el toro de verdad. ¿En contra? En contra hay muchos y a veces se ponen tan fuera de si, que pierden los papeles, las formas, la dignidad y la torería, aludiendo a cosas que dan grandeza a la fiesta, pero que ellos no las practican. Eso sí, quizá solo hay una vía posible para conseguir que esto no se nos vaya por el desagüe y esa no es otra que la fórmula maldita.

 

Enlace Programa Tendido de sol Hablemos de Toros del 12 de septiembre de 2021:

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jueves, 9 de septiembre de 2021

La nueva tauromaquia

 

Cualquier cosa del pasado acabará pareciendo un sueño

Renovarse o morir, decían los sabios. Pues nada, nada, a renovarse. Que si todo el mundo dice que esto de los toros está desfasado, parece que el acuerdo inicial está asegurado y que todo el mundo estará abierto a nuevas opciones de divertimento. Porque claro, esto parece más que necesario, pues esos mismos que piden renovación no paran de cavilar fórmulas que aligeren una tarde de toros. Que si hace falta se pasa de seis a cuatro toros, que ya que nos ponemos, que eliminamos lo de los caballos con faldas y, ¿por qué no? Se puede instalar una parrilla con panceta, sardinas, y alitas de pollo para que el respetable entre y salga a buscar la pitanza.

Pero yo les rogaría que no frivolicen con esto de la renovación de la fiesta. Hay algo más, no nos pongamos límites. Porque no podemos abstraernos de usos que en la actualidad se van abriendo paso decididamente y que, aunque ahora no nos demos cuenta, pueden venir para quedarse. Todo sea por dinamizar esta fiesta tan nuestra. Lo primero de todo, hacer un pequeño cambio en la denominación. Que uno recuerda a sus mayores cuándo hablaban de ir a los toros, de su gusto por los toros, de los periódicos de toros, incluso de programas de televisión que se llamaban “Revista de Toros” o de radio, como “Los Toros”. Pues ya es hora de cambiar, ¿no? Más que nada, por no confundir a la gente, no vaya a ser que se presente en una plaza de ¿toros? Y no vea al toro por ningún lado. Que no es que proponga yo el nombre, que ya está más que institucionalizado; a partir de ahora se hablará siempre de “la tauromaquia” y si algún carca se resiste, se le dan dos amables collejas.

Pero lo que no se puede negar es que el espectáculo ya comienza antes de entrar en la plaza, plaza de tauromaquia, por supuesto. Porque esto es algo que hace brotar las sensaciones, los sentimientos y hasta las… bueno, todo, hasta lo que es mejor no nombrar. Por eso, a partir de ya mismo habría que regular antes del festejo que diferentes colectivos se manifestaran contándonos sus cosas. Por un lado profesionales broncas citando al personal con los clásicos de siempre: “Eso no me lo dices aquí”, “¿Tú y cuántos más cómo tú?”, “ Me vas a c…” (Esto solo puede leerse si es a partir de las diez de la noche. Completen ustedes la frase). Por otro lado, vendría bien un grupo de antitaurinos, lo más numeroso que se pueda, procurando que al menos lleguen a la docena, porque en caso contrario sería una pantomima en la que parecería que los convencidos antis están ahí porque les pagan y eso nadie lo quiere. Ante todo, el convencimiento. ¿No? Y entre ambos grupos, evidentemente, una unidad de agentes del orden, provistos de sus cascos, porras y gafas de sol, repitiendo a todo el que pasara por allí “por favor, más atrás”, “por favor, no pase la línea”, “por favor échense pa’tras”. Pero el cuadro no estaría completo si no hubiera rondando a los antis elementos aislados de personas mayores gritándoles improperios hasta quedarse sin resuello. Quizá estos sean los más auténticos. Bien es verdad que no cumplirían las normas del show, pues ellos hablarían de los toros, quizá no llevarían una almohadilla con asa y con los colores patrios, pero esgrimirían con increíble habilidad esa bolsa de plástico en la que transitan la almohadilla inflable, el periódico que dan a la entrada, todos los panfletos publicitarios que les pongan a la mano, la botellita de agua y alguna foto firmada de un torero, conocido o sin conocer. Son esas personas que una vez calmado el acaloramiento contra los antis te cuentan aquella tarde de Manolo Vázquez, el día que vieron a José María Martorell, la alternativa del Viti o cuando la plaza se llenó un día de plumas blancas que manaban como un volcán de las almohadillas que reventaron una tarde de cabreo.

Luego, todo lo que pase dentro de la plaza daría lo mismo, solo importaría en un caso, si esa marabunta entusiasta de la tauromaquia consigue que haya un indulto y como consecuencia, el toreador en cuestión sale a cuestas de los profesionales de la estiba de señores de luces. En este caso las normas dicen que la masa tiene que intentar a base de tirones, hacer jirones el vestido de torear y dejar al aclamado poco menos que con las vergüenzas al aire. Pero no se crean que aquí acaba todo. Es entonces cuando los profesionales que se manifestaban al principio empiezan a querer gana la posición próxima al maestro a base de codazos, bocados y empellones, para ser los primeros en decir eso tan de la tauromaquia actual del “bien, torero, bien”, “maestrooo”. Mientras, los antis se seguirán manifestando, pero no contra los toros, ni tan siquiera contra la tauromaquia, sino contra esos profesionales y la masa jarta de alcohol y panceta, por intrusismo, por no respetar el sitio de cada uno, porque esos, resulta que van a ser los que realmente acaben con los toros y no ellos que llevan tanto tiempo trabajándoselo, porque si los propios taurinos acaban con esto, ¿de qué van a comer ellos? Y ahora, díganme si les convence o no la nueva tauromaquia.

Enlace programa Tendido de Sol del 5 de septiembre de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-5-audios-mp3_rf_75018321_1.html

martes, 31 de agosto de 2021

Tauromaquia que no tauromaquias

La Tauromaquia, la pelea, la lidia del toro es solo una, aunque con múltiples variedades y muchas más formas de interpretarlo, pero no queramos disfrazar de tauromaquias alternativas el fraude y la mentira.

 

Es muy habitual que taurinos y palmeros de taurinos utilicen la coartada de que hay muchas tauromaquias, para así justificar cualquier aberración que muchos de luces perpetran en los ruedos y así convertir su incapacidad en algo excelso. Que dirán ustedes que eso no hay quien lo pase, ¿no? Pues están ustedes muy equivocados, pues baste con repetir esta cantinela una y otra vez para que los palmeros hagan suya esta teoría de las múltiples tauromaquias. Y si no, intenten convencer a un palmero de lo contrario; eso sí, dispónganse a recibir multitud de improperios, pero no esperen ningún argumento, quizá no los tienen. Que es posible que no los necesiten, les vale con que les repitan lo grandioso que es lo que ejecutan sus ídolos, para hacer suyo todo el entusiasmo por la vulgaridad, la incapacidad y la trampa.

Pero seamos serios y sobre todo, coherentes. Tauromaquia hay una y punto, de la misma forma que hay una literatura, una pintura, una música, una escultura, ya que las artes no son fraccionables según nos convengan y, si hay una forma de diferenciación, esta sería la pintura mala y buena, la música mala y la buena y en este caso la tauromaquia buena o la mala. Y partiendo de lo que es la tauromaquia, la lucha con el toro, o según la Real Academia, el arte de lidiar toros, lo que sí encontramos son diferentes formas de tauromaquia, toros en las calles, recortes, encierros, corrida landesa, corrida a la portuguesa, el toreo a caballo y por supuesto, la forma más refinada y también la más complicada, la corrida de toros, el toreo a pie. Quizá esta modalidad de tauromaquia sea la cumbre de la tauromaquia, la que encierra más matices, la que ofrece una mayor variedad de posibilidades para el espectador, el estudioso, el curioso y evidentemente, para el aficionado, uno de los actores principales de lo que se ha llamado fiesta brava, fiesta de toros o cómo ustedes prefieran, esa persona que nunca se cansa de querer saber más y más u que cuanto más sabe, dice que más se da cuenta de lo poquito que sabe; reflexiones de los sabios.

Pero lo que es innegable es que en esta parcela de la tauromaquia, como en todas las demás, caben tantas formas de interpretación como intérpretes en el ruedo, criadores de toros o aficionados. Y solo hay un elemento invariable que debe presidir la celebración de todo festejo taurómaco: la integridad del toro y la verdad en la ejecución de las suertes. Porque la dignidad de la tauromaquia, el argumento de mayor defensa de esta es la lucha por evitar y erradicar, si es que se da, el fraude, la trampa. Allá cada uno con sus formas, pero siempre habrá que ofrecer al toro su oportunidad y será el hombre el que con sus conocimientos, sus facultades o la ayuda divina, quien libre los envites del animal. Porque cualquier intento de minimizar el riesgo mediante el fraude, no puede suponer nunca ni una forma admisible de interpretar, ni muchísimo menos pretender imponerle el sello de “tauromaquia propia”. Un toro mermado, con las astas manipuladas, seleccionado para aguar la casta o sin la edad en que se garantice su plenitud, lo mismo que un toreo ventajista, con trampas que ayuden a escapar de los pitones, no es otra cosa que retorcer los fundamentos, la esencia de la tauromaquia, lo que la legitima ante cualquiera que pretenda atacarla o deslegitimarla. Todo aquel que se ponga delante de un toro debe asumir el compromiso de darle la oportunidad al toro de hacer por él, pero, y aquí es dónde entraría el arte, evitar una y otra vez el ser alcanzado y en el caso de la corrida de toros, a través de la lidia, conseguir enseñar al animal a embestir, poderle, mostrarlo y culminar el rito con una estocada en todo lo alto, de frente, sin huidas traicioneras, esquivando a la muerte y honrando siempre al toro. Cargar la suerte, pasárselos por la faja, sí; esconder la pierna, atravesar el engaño y pasárselo a metro y medio, no. Pero no creo que a los aficionados a los toros les haya descubierto nada, espero que disculpen mi descaro. En cambio a otros, pues habrá que dejarles en sus penosas diatribas, dándole vueltas y más vueltas al molino para seguir intentando encontrar la coartada perfecta para justificar el fraude, la trampa, la incapacidad, la vulgaridad y lo que es peor, la falta de integridad del toro. Pero bueno, yo, con todo y con eso, me sigo quedando con una idea tan sencilla como esta de hay una solo Tauromaquia que no tauromaquias.

 

Enlace programa Tendido de Sol del 29 de agosto de 2021:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-hablemos-toros-del-29-audios-mp3_rf_74705777_1.html

 

domingo, 22 de agosto de 2021

Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos


Pues a ver cómo les llamamos sin ofender a los ofendidos de carrera... Mejor no les hacemos caso y que se llamen como la vaca que les pario, ¿no?

 

Tal y como están las cosas, a ver quién es el valiente que se pone flamenco y pronuncia tan siquiera un “hola” o un “¿cómo está usted?” si no es entre su círculo de allegados más estrecho, uno mismo y su circunstancia, o en presencia de su abogado, lo que tampoco es seguro de nada bueno. Que ahora vas a llamar un camarero para pedirle la cuenta haciendo ese gesto de escribir en el aire y lo mismo te acusan de que le estás pidiendo el teléfono para hacerle propuestas indecorosas o para acosarle a las tantas de la mañana con llamaditas en las que solo se escuchara una profunda y apresurada, o no, respiración. Pero claro, que también puede entender el dueño del local que estás sugiriendo a su trabajador que se apunte a la revolución del nuevo proletariado, influenciado por las soflamas extremistas de un partido que además pretende acabar con las tradiciones y cultura del país: el botellón en la calle hasta casi el amanecer, el ir cada uno a lo suyo sin importarle un pito lo que le pasa al vecino, el echar en cara a un hombre de color que nos quitan el trabajo mientras recoge cartones por la calle, el celebrar todo lo celebrable que sale en las series americanas, como Jalogüín, Acción de gracias, el Blackfriday, el Blue Monday, la Superbowl y lo más enraizado en nuestra carácter ibérico, dejarnos embobar con una pluma que vuela, mientras nos chupan la sangre, nos desvalijan el alma y nos vetan poder acceder a cualquiera de los derechos que tenemos como ciudadanos.

Y dirán ustedes: ¿y a qué viene toda esta parrafada? Pues muy sencillo. Hace unos días, una señora, antes corregidora y hoy alcaldesa de la bella Gijón, se enteró, vaya usted a saber cómo, del nombre de dos reses que se lidiaron en el Bibio. Que no creo que ella fuera esa tarde a los toros, ni que por no haber podido ir hubiera pedido que le guardaran el programa de mano, porque los colecciona todos desde que su abuelo iba a los toros. Que hay que ser bocas, pelagatos y chupalámparas para irle corriendo con el cuento a la señora alcaldesa. Que me lo estoy viendo corriendo por los pasillos perdiendo el culo y gritando a voz en cuello: “¡la que se va a liar!”, “¡Qué vergüenzaaaa!”, “¡El ocaso de la civilización occidental, moderna, y amante de la cultura, los animalitos y las botellonas en Cimadevilla o en San Lorenzo!” Y claro, ante semejante panorama, la señora alcaldesa solo podía tomar una determinación: “a tomar por c… los toros”. Señora alcaldesa, que no se puede, porque son legales y además hay que adjudicar la plaza en nada de tiempo. Que a tomar por c… he dicho. Y así estamos, que nos subimos por las paredes, que los taurinos se han puesto a mandarle cartas a la señora alcaldesa, que se va a pensar que es los Reyes Magos, los tres en su única persona. Venga cartas y hala cartas y más cartas. Y mientras estamos dándole trabajo a correos, algunos de esos que de repente se han entregado al género epistolar, nos la están liando parda. Que si se dan cuenta, hace unos días, semanas, nos anunciaron en Madrid los carteles de la Feria de Otoño, aquella que nos anunciaba el señor Casas como algo grandioso, monumental, sensacional, sideral y resulta que es lo de siempre, los mismos de luces y los mismos de los cuernos. Que si al menos me hubieran cambiado las ganaderías, pues igual hasta me llevaba un alegrón. Pero nada, cuatro murmullos, cuatro quítate pa’llá en las redes y a otra cosa. Que como si queremos no es obligatorio sacar nada para conservar el abono, pues nada, no pasa nada, “toe r mundo e güeno”. Que el señor Casas, visto lo visto, se debió crecer y soltó que para el año próximo eso de la temporada de Madrid que no, que iba a haber temporada, pero cómo él dijera, ósea, san isidro, otoño y dos festejos sueltos, uno de ellos en la Paloma. Que no es por nada, pero temporada, lo que se dice temporada, no es; si acaso, astracanada, pero no temporada. ¿Y creen que alguien dice algo? Los cuatro “reventadores” de siempre, los cuatro “amargados” de siempre, la misma asociación de siempre y el resto… el resto hasta ve cositas interesantes. ¡Válgame! Pero claro, Madrid se había convertido desde hace años en la única posibilidad para toreros que apenas pillan toro, para ganaderías que no venden ni cacahuetes a la puerta de la plaza y en una fuente de ingresos para los subalternos que no van con los que copan casi todos los carteles en casi todas las ferias del mundo, para los que como personal de plaza se medio defienden con lo que sacan las tardes de toros de marzo a octubre, los puestos alrededor de la plaza, los bares y restaurantes y tantos y tantos. Pero no, el único tema de conversación, la única causa por la que preocuparse son los nombrecitos de dos toros, según le contaron a la señora alcaldesa, que por otra parte ni tiene, ni quiere tener, idea de cómo se bautiza un toro o una vaca, que no es como buscarle nombre al nuevo panda del Zoo Acuario, organizando una votación. Que ni tan siquiera es por un personaje de dibujos animados, como podría ser Bob Esponja, de 548 kg, nacido en diciembre del… de la afamada ganadería de… famosa por meterse los becerros en la cama con su propietario, hasta que estos cumplen los cinco años. Así que parece que no nos queda otra que cuidar el lenguaje, tener la precaución de no utilizar nombres, expresiones o gestos que puedan molestar a cualquiera, porque ya se molestan aquí hasta los muñecos de los semáforos y si ustedes por casualidad son parte de los invitados a una boda entre un señor originario de un país africano y su amiga de siempre, reivindicativa y solidaria, tengan cuidado y mucho tacto para contar la unión. Y si les vale mi recomendación, yo no me apartaría ni un dedo de esto: Ciudadano africano entabla relación igualitaria con dama reivindicativa de sus derechos.

 Enlace programas Tendido de Sol:

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domingo, 1 de agosto de 2021

Hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda

 

Seguirá esperando en los corrales y el toro de verdad, el que gusta en Madrid, todavía más, mientras muchos aplaudirán el que les dejen asomarse por una rendija, haciéndoles creer que son unos elegidos

Es momento de reconocer las cosas, de rendirse a las evidencias que esta realidad del momento nos pone frente a nuestros estupefactos ojos. Hinquemos la rodilla y reconozcamos sus méritos a Plaza 1, empresa gestora de la plaza de Madrid, a la CAM, propietaria de la misma, a la televisión que retransmite los festejos y que con tanta eficacia consigue que se filtren los mensajes de los taurinos que manejan todo esto y al Sursun Corda, que no se sabe por qué, está en todos los perejiles. Entre todos nos han pegado dos largas cambiadas, un trincherazo y el salto del batracio y nos han dejado sin toros, mientras el aficionado se ha quedado con cara de lila, como la vaca que ve pasar el tren. Y que nadie se me ofenda, que en este grupo de perplejos y lilas, servidor reservó plaza hace…

Que bien lo hicieron, cuando empezaban a arreciar las protestas nos pusieron un mitin de cierre de campaña solo aptos para hábiles con el teclado y las redes, que con todo su empeño convirtieron las Ventas en capital de la vulgaridad propia de la tan extendida escuela talanqueril. Pero bueno, ahí la cosa era no que las Ventas sufrieran tal afrenta, si no el que cada uno pudiera ir, guiados por ese espíritu tan poco edificante del “san para mí, que los santos no comen”. Mientras yo tenga mi entradita, allá penas, que hubieran tenido un wifi más potente o un bolsillo aún más todavía, para enriquecer a la reventa; siempre denostada, menos cuando soy yo uno de sus parroquianos. Pasó el mitin festivalero y cuando parecía que la cosa se iba a poner dura, nos ponen dos festejos que nos callaron la boca pensando que iba a ser el reinicio de la temporada. Si hasta se afirmaba que si una de Parladé, otra de… todo sabido de buena tinta. Pero nada, el tintero se vertió y seguimos nadando en el borrón. Unos acabaron decepcionados tras los dos festejos, quizá no tanto por el juego del ganado, sino por comprobar cómo el público, incluida parte de la cátedra, se rendía a la vulgaridad, a la superficialidad y al toro muletero, el que no existe durante los dos primeros tercios, como sus espadas, y asoma con todas sus limitaciones con la tela roja que un caballero medio agita sin dar un muletazo completo. Si la cátedra se desinfla y se pone de hinojos ante esta pantomima, ¿qué nos queda? Y mientras unos andábamos debatiendo por estos andurriales, Plaza 1, la CAM y demás satélites del poder, tan felices en sus casas. Ya saben, divide y vencerás.

Y ahora que parece que las cosas se vuelven a poner duras para los que mandan, ahora que se han alzado voces pidiendo explicaciones, que incluso han agradecido la celebración de esos dos festejos, que lo uno no quita lo otro, pero que siguen sin entender el por qué de que la plaza de Madrid siga clausurada, que ni entienden ni comparten el que el Director de Asuntos Taurinos no solo esté de brazos cruzados, sino que muestra un descarado alineamiento con los suyos, los que sistemáticamente se ponen frente al aficionado. Y ante esta inactividad, esta incapacidad, esta desidia se pide la destitución de este señor que lo más que ha hecho es decir que no sabe nada. Bueno, sincero sí que parece, pero… Y para una vez que se le ocurre algo, es deshacerse de quién no parece comulgar con sus estratagemas de malote del bloque. Pues vaya. Que como pacificador no tiene precio, igual que como gestor. ¡Ah, sí! Que si tiene precio, un pastizal que podría parecer poco si hiciera algo, pero tal y cómo funciona, un euro se hace demasiado.

Entonces había que calmar al personal, había que darle otro caramelito para callarles la boca. Pues ya está, soltamos posibles carteles de la feria de Otoño, para allá por el mes de octubre. A ver, echando cuentas nos ponemos en dos meses sin toros. Pero que aún hay más, que tales carteles son de los que gustan a los taurinos, a los de la tele, a doña Cristina Sánchez, la voz del taurineo, que cree a pies juntillas que esto es para ellos, para los que cobran y no para los que pagan. Las ganaderías de siempre, esas que a algunos tanto gustan porque van a la muleta y se hacen lenguas de la tontuna de esos borregos tan dóciles como aburridos. Y los espadas, pues eso, los de siempre, hasta dos veces. Lo que el señor Simón, los de la tele y los talanquerófilos consideran figuras. Pues que no pare la música; adelante con los faroles. Que si se trae al señor Ferrera, reciente accionista del Ringling Circus, a ver si ya de una vez enhebra el salto del batracio con el caminito de pasitos cortos para cobrar un bajonazo. ¿Y qué responden los grandes aficionaos? Pues que se vislumbran grandes cosas plenas de interés. Que el gran mérito de todo esto ya no es que se confeccionen carteles interesantes y del gusto de Madrid, no. Vale con que se abran las puertas de la plaza, como si esto fuera un pueblo que llevara años sin el festejo de fiestas en el que trasegar el primer mosto del año. Y los demás, los que sufren el cierre, los que exigen de verdad, no de boquillas, los que no quieren títulos de ningún tipo, pues viendo como todo esto pinta cada vez peor. Peor por los taurinos, peor por el ganado, el de siempre, peor por los coletudos, los de siempre y peor porque son testigos de cómo los que creían de los suyos, los que pensaban que pedirían el toro y demandarían el toreo, han cruzado a la acera de enfrente y se sienten más que satisfechos de poderse codear con fulano y mengano, que serán lo que serán, pero son buena gente. Lo que cambian las cosas con una pandemia, tres festejos en casi dos años y… Dejémoslo aquí, que tampoco es cuestión de hacer amigos. Eso sí, que nadie me tome el número cambiado y me crea de sus amigos mientras hunden algo que tanto he querido, tanto me ha dado la vida, tanta ilusión y felicidad me ha regalado y tanto ha llenado mi vida, aunque afirme, con todo el dolor de mi corazón, que es la hora de felicitar a Plaza 1, a la CAM, a la tele de los taurinos y al Sursun Corda.

Enlace programas Tendido de Sol:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol_sq_f1254883_1.html

lunes, 19 de julio de 2021

Reta de Casta Navarra, una revelación

 

Y la mansada de libro nos puso a hablar y discutir de toros, sin que nadie se atreviera a poner al otro de mentecato para arriba. 

Al fin, hacía un siglo que estos colorados no pisaban un ruedo y ya lo han pisado. Creo que deberíamos felicitarnos por ello, aunque no regodearnos en el logro que hay que reconocer al ganadero y su familia, por supuesto. Que no creo que ellos caigan tampoco en ese regodeo. Lo más probable es que se den cuenta, si es que no lo habían hecho antes, que seguro que sí, que están al principio de un largo y tortuoso camino lleno de piedras, baches y palos que muchos querrán ponerles en las ruedas, siempre con buena intención, por supuesto. He leído y escuchado mil y un comentarios sobre lo que sucedió en la placita de Ceret. Y todo se podría resumir en dos vertientes, la de los amantes del arte y emociones dulces y placenteras que abogan por alimentar el matadero con estas reses y casi hasta con toda la fauna y flora de la zona en que se cría este ganado. Bueno, siempre es bueno que haya diversidad de pareceres, ¿no? Pero enfrente están los otros, los que también buscan emociones, pero de las otras, emociones que te hagan saltar el corazón más allá de la coronilla y que no te deje aguantar en la mano ni las pipas, ni el yintonic, ni casi un abanico para combatir el sofoco y la calorina. Pero no se equivoquen, de estos últimos no he oído a nadie que elogiara lo de Reta como una gran corrida de toros. Los más benévolos hablan de ella como una mansada mala a reventar, que honestamente creo que fue como resultó. Pero todos coinciden en que no se aburrieron, casi afirman que se les hizo tan corta como larga a los de luces. Complicada, avisa, peligrosa, perdón, peligrosísima, pero que espantó ese aburrimiento que algunos quieren convertir en una de las señas de identidad de la fiesta y que solo lo es de esta Tauromaquia 2.0. Y curiosamente, lo que son las cosas, nadie habla de picos, de trampas, de echarse el toro para afuera, que claro que hubo carencias en los lidiadores, seguro, pero bastante tenían con estar ahí, como para encima ponerse bonitos. Que la majeza y la torería era el poder con eso que les echaron por delante. Si bien es verdad que los coletudos de hoy no tienen hábito para pechar con esto. Carreras de caballos por el ruedo, capotes al viento, los de los palos teniendo que encontrar toro allá dónde los colorados quisieran y si algo se les puede achacar a los matadores quizá sea que estos no están para derechazos y naturales. Pero, ¿se lo van ustedes a echar en cara? Yo, desde luego que no. No me atrevo, no me sale.

Y dicho todo esto, ¿nos apuntamos al primer grupo, el de los amantes del arte dulzón, empalagoso y vacío y pedimos que esto acabe en el matadero? Pues definitivamente, no. Además creo que esto no se puede comparar ahora mismo con nada. Esto es una circunstancia única que debemos contemplar con máxima atención. Hay que ver, esperar y seguir viendo y seguir esperando para ver cómo evoluciona todo esto. Que se escucha muy a menudo eso de la pureza, de si este tiene puro de tal o de cuál, incluso de ganaderos que llevan trabajando en la pureza desde que yo jugaba al gua y ya no puedo porque si me agacho, me troncho, pero que a lo más que han llegado es a echar un novillo bueno en Torremocha del Rey Matías. A ver si ahora resulta que hay que salvaguardar tal o cual encaste, por supuesto, pero tenemos que dejar morir a una de las castas fundamentales definitivamente. Que sí, que eso no es puro, que ha defraudado a muchos aficionados, que tiene difícil entrada en los circuitos habituales, pero, ¿quién se sorprende por ello? El mismo ganadero, Miguel Reta, lo tenía muy claro, que no ha engañado a nadie, ni ha pretendido crear falsas esperanzas. Quizá es el que más claro tiene todo esto. Y me dirán que qué porvenir se puede esperar después de la mansada de Ceret; pues muy sencillo, que al menos se está en el camino. Haciendo un símil con el Camino de Santiago, lo de Reta está saliendo de Estocolmo, pero se ve camino, se sabe que hay ir primero al sur y luego al poniente, que ahora mismo ya es bastante. Que no quiere decir que de aquí en adelante se le perdone todo, claro que no. Que sinceramente no creo que nos vayamos a encontrar al ganadero entreteniéndose en fiestas por Copenhague, ni desviándose a Moscú, Sebástopol o haciéndose la ruta del caviar. Que él sabrá cuándo y cómo lidiar, si novillos, si cuatreños, si las calles, pero habrá que ir viendo que cruza la mar para adentrarse en Alemania, que sigue guiado hacia el sur y Dios sabe cuándo llegará a Compostela. Que como él mismo reconoció, igual serán sus nietos los que lleguen al Monte O Gozo.

Si nos muestra ese deseo de seguir avanzando en esa dura pelea de recuperar una sangre, de cambiar la fiereza asilvestrada por casta y de buscar la bravura, ahí estaremos. Que habrá decepciones, seguro y muchas y más de las esperadas, pero creo que este esfuerzo hay que apoyarlo. De la misma forma que a medida que se avance ya no se podrá entender lo de las fundas, por poner un ejemplo. Igual que tampoco se explicaría que eso emigrara a Salamanca, Extremadura o Madrid. A ver si a mitad del viaje cambiamos el barco por el avión. Este experimento tiene que respetar, según mi opinión, todos los condicionantes que debe cumplir la Casta Navarra, que no es solo un tipo de ganado, un color de capa o unos pitones asó o asao. El medio también tiene su parte. Y ya les digo que ahora mismo no tengo ninguna prisa en volver a ver a Reta de Casta Navarra en los carteles; prisa, la que ellos necesiten. Eso sí, si los ponen, intentaré ir y si no voy, pues me moriré de ganas, aunque seguro que habrá quién me lo cuente muy bien contado. Que cosas tiene el toro cuándo aparece, que te llega alguien que ha visto toros hasta en los bailes de pueblo y te dice días después que aún está asimilando lo que vio. Quizá porque había mucho que asimilar de algo tan diferente para todos nosotros y porque el aficionado en cuestión busca, busca y rebusca y no se cansa de buscar respuestas a tantas preguntas que el toro nos plantea. Y es que nos pongamos como nos pongamos, esto es Reta de Casta Navarra, una revelación.

 Enlace programas Tendido de Sol:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol_sq_f1254883_1.html

martes, 13 de julio de 2021

Caligrafía taurina

 

Solo hay uno que engrandezca los bellos trazos caligráficos del toreo: el toro encastado, fiero e imponente. Y si es bravo o manso, pues eso ya es otra cosa.

Qué cosa más bonita que una letra bien hecha, clarita, las redondas bien redondas, las alargadas bien alargadas y estilizadas, como si casi tocaran el cielo. La caligrafía que han cultivado grandes artistas en todas las culturas y que convierten el escrito en sí en una obra de arte, a veces incluso sin un excesivo detenimiento en el contenido, pero bueno, todo sea por ese placer de ir recorriendo los trazos con la mirada. Calígrafos de Oriente, del Medio Oriente, anglosajones, medievales, modernos, contemporáneos. Ellos repetían una y otra vez textos religiosos, textos que alababan la prudencia, la humildad, que declaraban el amor a una dama. Y si será a tener en cuenta esto de las artes caligráficas, que sus anhelos de belleza se han trasplantado a otras bellas artes. Que no es cuestión de entrar en ellas ahora mismo, baste con centrarnos en el toreo.

El toreo, la tauromaquia como dice ya todo el mundo que no se acuerda de aquello de los toros, actualmente es un perfecto ejercicio caligráfico. Quizá con la diferencia de que se presta aún menos atención a los contenidos e importa muchísimo menos la repetición de estos una y otra vez, una y otra vez y… así hasta casi el hartazgo. Eso sí, sin que a nadie se le permita manifestar tal hartazgo, que ya saben, que si la educación, que si el respeto, que si el baja tú a ver si lo haces mejor, que si a mi torero ni me lo mientes. Pero sí, todo bonito, pero vacío y repetitivo.  El mismo libro, el mismo relato, el mismo cuento, una tarde tras otra. Evidentemente, se han cambiado los términos, se le ha dado la vuelta a la tortilla y aunque esté cruda, es la tortilla que tenemos. El fundamento sobre el que durante siglos se fue construyendo este edificio del toreo era, y debería ser, el poder, el dominar al toro, un toro fiero, encastado, bravo o manso y de imponente presencia. Y después, si el cielo y la providencia lo permitían, el arte se hacía presente. De forma caprichosa, repentina y por supuesto, inesperada. Pero, y aquí viene el pero, no sé quién, o sí sé quiénes, un día decidieron que el leit motiv de todo esto era el arte, el arte y nada más que el arte. Y entonces es cuando ese arte se llevó todo por delante. Si arrasaría con todo, que hasta lo hizo con el propio arte, el de verdad y no el amanerado, el que surge en los momentos de exigencia de los de luces y no este programado todos los días y que se pone en marcha a toque de clarines y timbales. Que ya digo, si al menos fuera arte de verdad y no esas pantomimas, si al menos sus artífices fueran artistas y no señores poniendo poses rayando en lo absurdo, por no hablar de ridículo, que igual eso podría sonar demasiado fuerte y destemplado.

En el toreo se ha olvidado el contenido de esta historia tan llena de verdad, que ciega con su resplandor, esta historia en la que solo los privilegiados pueden convertirse en actores y solo los héroes en sumos pontífices del arte. Ahora parece ser que nos vale con trazos a medios esbozar, con palabras inacabadas y con letras unas veces redondillas y otras picudas, achaparradas y desgarbadas. Nos vale con una caligrafía llena de adornos, ribeteada, con ápices retorcidos y desmedidos, aunque el contenido sea un pueril bla, bla, bla, bla. ¿Ustedes admitirían el “Teo va a la escuela o Teo va al parque o Teo va al zoo, con una esmerada caligrafía como candidatos al Nobel de Literatura? Quizá no le cabría en la cabeza ni al autor de toda la serie de Teo; Lo más probable es que se sintiera avergonzado, casi tanto como  lo orgulloso que pueda sentirse de empujar para que los críos se aficionen a la lectura. Pero no, en el toreo, en la tauromaquia al uso, los del parloteo vacío, los del “El maestro va la finca”, “El maestro da un trapazo” o “El maestro no ve un toro”, se ponen ufanos e hinchan el pecho como si lo ofrecieran en holocausto para cargarlo de condecoraciones de hojalata con crespones de plastilina. Eso sí, que cada uno se entusiasme con lo que mejor crean, con la caligrafía vacua o incluso con un remedo de caligrafía llena de borrones, pero dejen a los que no pasan por ahí y quieren algo más, quieren que ese libro que es el toreo les cuente cosas, cosas que les levanten del sitio, que les graben el tiempo en la memoria, que les hagan entender el por qué de su pasión, obras con letras de oro bañadas en la tinta bravía del toro, el único que puede engrandecer esa caligrafía del toreo y alejen de nosotros eso que tanto les gusta, salpicado de vulgaridad, de esta penosa y actual caligrafía taurina.

 Enlace a programas de Tendido de Sol:

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