martes, 16 de enero de 2018

Sevilla y Madrid ya son amigos, Valencia y Simón han aceptado su amistad


El toreo siempre fue lo que mejor unió a Sevilla y Madrid, sin duda

Ahora sí que sí. El señor Valencia y el señor Casas ya son amigos de verdad, se han mandado una notificación por facebook y la han aceptado. No se sabe a ciencia cierta quién dio el primer paso, pero eso da igual, lo que cuenta es el hecho. Deberíamos felicitarnos por ello. A partir de ahora el uno podrá ver las publicaciones del otro y viceversa. El señor Valencia podrá ver los carteles de Madrid y sabrá que es un cartel económico, que no dará problemas y que le servirá para llenar una fecha en el calendario taurino hispalense. Y el señor Casas tendrá acceso a una puerta a ese mundo del toro de más allá de Despeñaperros.

Todo son ventajas, basta que el señor Casas lance los carteles de Valencia, que los postee en todos los grupos y de ahí ya irán tirando para otras ferias. Eso sí, no van a ser carteles cerrados para todo el año, que siempre hay que estar atento a que desde Sevilla pueda llegarte un mensaje que te diga que fulanito quiere torear, económico y sin molestar a las figuras, reenvíalo a 25 amigos o tendrás cinco años de desgracias o lo que es peor, que los aficionados espabilen y te hagan la cusqui tarde tras tarde. Aficionados de esos amargados y que van a vocear a la plaza, porque no les dejan ni chistar en casa. Esos que seguro que no tienen más de quince amigos en su perfil. ¿Quién les va a querer a estos? Y si llegan a quince, que desde que les echaron del grupo “los malotes de cuarto de primaria”, ha bajado mucho su popularidad.

Ahora todo serán facilidades, ya no hace falta reunirse tanto. Ahora basta engancharse al chat y pergeñar estrategias comunes para luchar contra los caprichos de algunos toreros que se creen con derecho  a tener derechos. “No sabes cómo se me ha puesto fulanito”, “¿qué me dices? Se está viniendo arriba”, “que no va y me dice que quiere cobrar por torear”, “¡Válgame! No sé dónde vamos a ir a parar, son unos enemigos del arte, la cultura y la tauromaquia”. Y con todos estos argumentos, Sevilla y Madrid, Madrid y Sevilla, deciden expulsar al díscolo del grupo y que dé gracias que no se le denuncia a facebook; eso sí, queda bloqueado pa’ los restos.

¿Y lo que se van a ahorrar en veedores? Tú te vas a las ganaderías de por allí y yo a las de por aquí, se hacen las fotitos pertinentes y luego se comparten, que cómo pasa en todos los grupos, siempre habrá quién sin falta dirá aquello de “¡Vaya pavos!” acompañando el comentario con el indispensable “Jajajajajajajaja”. Que no sé por qué será, pero el trapío se viene arriba en las fotos y se viene abajo en el ruedo, pero eso ya se sabe que es por el transporte. Aunque igual también influye el que en un caso posaban con fundas y en el otro… Hay que tener cuidado con estas cosas, que en las redes sociales cada uno saca la mejor cara, pero también la peor y una nadería puede convertirse en un drama monumental. Imaginemos que en un despiste de eso, al señor Casas se le olvida etiquetar al señor Valencia en la publicación de los carteles de San Isidro. ¡Huuuyyyy! ¿Para qué queremos más? Que en Sevilla no se le ocurrirá eso de llamar por teléfono y pedir una copia, más que nada, por tenerla, por elegir a ver qué días se cogerán el AVE para ir a los toros a Madrid, que una escapadita no viene mal. Pues no, el primer impulso es responder de aquella manera y cómo aquí no hay entonaciones que valgan, todo se malinterpreta. “¡Vaya! ¡Qué sorpresa! Ya están los carteles de Madrid en la calle”. Y la respuesta puede ser, un poner: “Pues sí, ya se ha publicado el ciclo de producciones artísticas más grandioso del mundo, en la plaza uno”. ¡Huy! Estamos pisando terreno pantanoso. “Pues tanta producción artística y, perdónenme, pero lamentablemente no llegan al nivel de la feria de abril de Sevilla, que esa sí que es una plaza grandiosa y respetuosa y no esa jaula de grillos de Madrid” Y ya la tenemos liada. El señor Casas sacando emoticonos con cortes de mangas, el otro con caritas con el hocico torcido, más caritas de asombro, otras tapándose la carita con las manos, hasta llegar al límite del civismo, cuándo asoman los mojones pestilentes. Entonces sí que sí, uno pide amparo al administrador del grupo, que resulta que es el otro, el otro dice que consultará su expulsión del grupo con el otro administrador, que casualmente es el otro. Así que uno bloquea al otro, el otro al uno y se sucederán una serie de mensajes en el limbo, pues se supone que la comunicación es imposible, con puyitas como: a veces uno se embarca en un sueño para ayudar a los demás, pero el mundo está lleno de desagradecidos que no saben apreciar la amistad verdadera. Y el otro saldrá con: a veces uno piensa que los sueños se hacen realidad, pero al final no era más que una pesadilla, por no dar con la persona ideal con quién compartir lecho. Yo solo me acuesto con personas que valen la pena. Y en estas es cuando entran en acción las parejas de esta pareja, pero eso ya nada tiene que ver ni con facebook, ni con los toros, ni con na’ de na’. Pero cómo esto va cómo va, dentro de un tiempo les saldrá una notificación que les invite a compartir un recuerdo que les diga: Sevilla y Madrid ya son amigos, Valencia y Simón han aceptado su amistad.


Enlace programa Tendido de Sol del 14 de enero de 2018:

martes, 9 de enero de 2018

Los Toros y la Tauromaquia


La Tauromaquia siempre con el toro, pero, ¿toda la tauromaquia es admisible?

Se ha extendido denominar a los Toros como Tauromaquia, convirtiéndose para muchos este último en el único término utilizable. Desconozco los motivos, no sé si será por influencia de la Francia taurina, dónde siempre se habla de tauromaquia, tauromachie, lo cual me parece muy respetable y no solo no tengo argumentos en contra, sino que no soy nadie para tan siquiera cuestionar tal hecho. A ver si ahora, sin saber una palabra en francés, me voy a poner a cuestionar lo que ignoro. O quizá algunos, ya de los Pirineos para abajo, se sientan investidos de una pátina culta al hablar con  grandilocuencia de tauromaquia para referirse a aquello que sucede dentro de una plaza de toros, con una lidia regulada según un reglamento, constando de tres tercios, el de varas, banderillas y muerte. Resulta innegable que las corridas de toros integran la tauromaquia, eso no creo que nadie se atreva a negarlo, sería como negar el día y la noche. Pero permítanme que me resista a utilizar sistemáticamente esta palabra.

Puede que sea porque no estoy de acuerdo, ni me siento partícipe de todas las manifestaciones que forman la tauromaquia. Es más, abomino de algunas de ellas. Otras simplemente no me parece que su desarrollo sea de acuerdo a la norma, la suya, lo cuál hace que tales celebraciones sean difíciles de asimilar. Lo que podría ser un ejercicio de valor y gallardía, dependiendo de cómo se lleve este a cabo, pueden decir bastante poco de la tauromaquia y lo que es peor, hacer que tales prácticas poco admisibles sean asimiladas a las corridas de toros. Todo son tradiciones, como las mismas corridas, pero eso no quiere decir que haya que admitirlas sin rechistar y sin que el aficionado pueda manifestar su rechazo. ¿Y cuál es el límite? Pues para mí, este está en el punto en el que el toro no mantiene su integridad, cuando a este se le manipula de cualquier modo que no le presente tal y cómo vive en las dehesas y cuándo en esos festejos pelea en clara inferioridad, ya sea por tener que soportar cualquier artefacto sobre su anatomía o porque el número de adversarios sea exageradamente alto.

Quizá algunos ya atisben por dónde van mis preferencias personales, y recalco esto, preferencias personales. No me resulta agradable ver un toro con dos bolas de fuego sobre sus pitones, nada tengo en contra de su suelta por las calles, con mesura, por supuesto; incluso admito los toros ensogados, por supuesto los encierros, las capeas populares, que todo es parte de la tauromaquia, quizá en sus formas más ancestrales, pero eso no le quita valor. De la misma forma que tampoco rechazo los recortes, independientemente del gusto personal. Un hombre ante un animal que se le viene encima y que aquel libra con un quiebro o con una acrobacia las embestidas. Valor tiene, aunque tampoco voy a caer en la tentación de establecer una escala de lo que resulta más difícil y de mayor mérito, si realizar esos recortes o si llevar el peso de la lidia de un toro hasta el momento final, aunque a nadie engañaría si no dijera que uno tiene su opinión, por supuesto. Y otra cosa quiero aclarar, en todos los casos estoy hablando de festejos en los que interviene el toro íntegro, pretendiendo hacer una reflexión sobre máximos, dejando de lado los tramposos de la fiesta y el fraude que tanto y con tanta fuerza rechaza el aficionado.

Caso aparte creo que merece el famoso Toro de la Vega. Bien, pues sé que mi opinión puede producir rechazo, desde luego, ya sea en uno o en otro sentido. Si me tengo que ceñir a las imágenes que se ven en televisión, que es lo único que conozco de este tipo de festejos, me manifiesto en contra, pues lo único que veo es una multitud de gente rodeando y acosando a un toro en mitad de un campo. Pero claro, si me tengo que atener a las normas que lo deberían regir, mi opinión cambia al extremo opuesto, pues volvemos al origen, el hombre cara a cara con el toro y cada uno peleando por su vida. Pero es el desarrollo de todo esto lo que convierte algo que, guste o no, sería una lucha justa y hasta con cierto equilibrio, lo que la convierte en algo que sobrepasa los límites que debe mantener cualquier manifestación de la tauromaquia. Porque si tauromaquia significa pelea con el toro, no permitamos que nada se aleje de esta idea fundamental.

Siguiendo este hilo conductor, poco me parece que tenga de tauromaquia ese espectáculo de “encierros” por el campo con unos “valientes” señores acosando a los animales embistiéndoles ellos con coches, tractores y aprovechando para apalearlos desde la capota de toda clase de vehículos. Perdonen, pero no, no creo que esto tenga que ver, ni de lejos, con las corridas de toros. Que insisto que las corridas de toros son parte de la tauromaquia, quizá la máxima expresión de esta, la forma más elaborada, sofisticada y en la que se exige mayores conocimientos, ya sea de los toreros para enfrentarse al toro y salir con bien de tal compromiso, que lo que precisan los propios espectadores para saber y poder descifrar el misterio del que están siendo testigos, que todo ese saber y experiencia de los criadores, que desde antes de meterse a llevar una ganadería ya tienen que saber adónde quieren llegar, para después conocer el camino y los métodos para alcanzar su objetivo. La corrida portuguesa, la corrida landesa, son muchos los caminos que emprendió la tauromaquia y las corridas de toros uno de ellos, aunque puede que también pese más en mí aquello de ir a los toros, de ser aficionado a los toros, de leer la sección de toros, libros de toros, revistas de toros, ver los programas de toros, las retransmisiones de toros o hablar de toros y quizá por eso yo, como opción personal, prefiero no convertir en sinónimos los Toros y la Tauromaquia.


Enlace programa Tendido de Sol del 7 de enero de 2018:

miércoles, 3 de enero de 2018

Señores del Oriente



Cómo empiecen a llevarse lo malo, anda que no nos va a quedar espacio para casi todo.

Ya son muchos años en los que pido, pido y piso, siempre lo mismo y ustedes me traen lo que mejor les parece, aunque no venga en mi lista de regalos. Es más, hay veces en que más que regalos, parecen castigos. ¡Hombreeee! Que tampoco creo haberme portado tan, tan mal. Que al final entre lo de no traerme el Scalextric, no hacerme caso en aquello de la bicicleta, la moto, el coche, el crucero por el Mediterráneo y lo de hacerse el sordo con la petición de toros encastados y toreros arrojados, uno va a empezar a desconfiar. Que cómo hagan igual en todas las casas, sin hacer ni un mínimo alarde de celo profesional, va a haber que pensar en que están puestos por el ayuntamiento, en lugar de eso de la magia, la ilusión y esas cosas que se dicen de ustedes. Que al final me da que va a ser todo márquetin. Que ya andaba yo con la mosca detrás de la oreja cuándo mis amigos me hacían subirme a una escalera para hacer guardia y avisar en el momento en que sus majestades asomaran, pero que no, que no asomaron. Deben ser cosas de los reyes, que andan a sus cosas, ajenos a las peticiones de sus súbditos, así que tampoco hay que extrañarse, ¿no?

Bien, pues cambiemos de táctica. Uno, que es comprensivo, para que luego digan, este año no va a pedir que me traigan nada, no voy a colaborar con esa sobreexplotación de pajes y camellos, obligados a cargar regalos de todos los niños del mundo. Que tanta magia y ya podrían idear algún encantamiento que otorgara una fortaleza extraordinaria a sus colaboradores; y además, todo el curro reconcentrado en una noche y esquivando las indiscretas miradas de los regalados. Qué cansinos, todos los años queriendo sorprender a los Reyes. ¿No te traen regalos? Pues ya está, déjalos vivir. Ya veis cómo me sé poner en el lugar de los demás, así que este año, lo que quiero es que se lleven cosas, algo parecido a lo de la retirada de muebles del ayuntamiento, pero sin limitaciones, que aparte del butacón desvencijado y roído de la abuela, se lleven otros muchos trastos que no hacen más que incordiar y estar por medio. Que parece complicado, pero ya les digo yo que no.

Les pido que se lleven a todos los golfillos aprovechados que no buscan más que arañar el último céntimo a base de montar carteles penosos que ofenden al más básico sentido común y buen hacer taurino. No se me asusten, ya sé que son unos pocos, pero a veces no hace falta cargar con ellos, basta con que se les diga que al fondo del precipicio dan duros a peseta, que tanta es su ruindad, que van de cabeza y a toda prisa, no vaya a ser que otro se llevo los cuatro duros que puedan quedar allí. Que les sería más fácil invertir en un buen paracaídas o ni tan siquiera eso, con montar festejos del interés del aficionado, festejos que fomentaran la afición, con el toro de verdad y que engancharía de por vida a quién viviera esa sensación que nace del toro en el ruedo.

También me gustaría que se llevaran a tanto tramposo que quiere disfrazar la vulgaridad de arte. ¡Uff! Duro, ¿verdad? Pero que tampoco es para tanto, porque estos que se dicen artistas, maestros, genios y seres de más allá de Orión, desaparecen en el momento en que husmean que pueda hacerse presente la verdad del toro. Vamos, que ni tiempo dan para despedirse de ellos. Que se querrán excusar que si su arte no puede con esas barbaridades del toro, que si no pueden expresar, que la casta no es que no les entre en la muleta, como los pitones de algunas ganaderías, es que no les cabe a ellos en su cabeza. Y ya puestos, si nos fijamos bien en la dirección por la que salieron volados, igual hasta conseguimos que vayan detrás todos esos palmeros interesados. Que bueno sería que dejaran sitio al toro, al torero y al aficionado; pero tranquilos, que estos no me los tienen que traer, ni mucho menos llevárselos, que estos ya tienen sentido y decisión para elegir y seguro que se quedarían al calor de una fiesta íntegra.

Y ya puestos, a ver si va a poder ser, porque en esto igual se les complica eso de la logística, llévense todos esos borregos con una ligera apariencia de toro, cara como de toro, cuernos como de toro, orejas como de toro, rabo como de toro, pero sin ser toro. No tiene pérdida, aunque a priori lo vean complicado, es muy fácil de distinguir a unos y a otros; Estos especimenes que quieren hacer pasar por toro, se dejan tocar, acariciar, juegan a buscar la pelotita, a la gallinita ciega y hasta te dan la patita. El toro, no, así de simple. Bueno, pues espero haberles dejado claros mis deseos, al menos más claros que todos los años anteriores, en los que yo pedía blanco y me traían negro, pedía redondo y me venía cuadrado. Reciban todos mis respetos y agasajos, de parte de un súbdito insatisfecho de años, para ustedes, los Señores del Oriente.


jueves, 28 de diciembre de 2017

La verdad vuelve a resplandecer


Otro año más, saquemos los pies del tiesto

En estas horas de frío, ya metidos en el invierno, los taurinos van moviéndose, con calma, pero sin pausa, para preparar a conciencia la nueva temporada, que aunque parezca lejana, en un abrir y cerrar de ojos abrirá sus puertas. Al tran tran van tomando posiciones y aunque quieran hacerlo con sigilo, hay veces que no pueden esquivar la audacia felina de los reporteros de Toros Grada Seis. Menudos son.

-        Definitivamente se ha confirmado que el Juli se ha apuntado a la de Miura de Sevilla, siempre y cuándo salgan como los de Ceret del julio pasado. Ante ese desafío el resto del escalafón, parece que va a responder, afirmativamente, Ponce, Morante, Manzanares, Castella y Daniel Luque. ¿Daniel Luque? Y ahora díganme que se extrañan de este y no de los otros. La gesta puede que no se produzca solo en Sevilla, sino también en Madrid, Bilbao, Pamplona y Atarfe. El único obstáculo que podía presentarse era la falta de ganado, pero las empresas ya se han puesto manos a la obra y han pedido ayuda a Núñez del Cuvillo. Alimaña por alimaña, ¿no?

-        Ante el éxito conseguido la temporada pasada por la “Corrida Total/ Integral/ lo que sea”, el empresario de la plaza de Madrid, monsieur Nautalia, ha decidido hacer suyo el reto de reeditarla en San Isidro 2018. Se había pensado en Ponce y en otros mandones del toreo actual, incluido Morante, como gran reentré en Madrid del torero de la Puebla, después de su retirada de los ruedos, de un par de meses. Y todo esto con una ganadería del gusto del aficionado… a las pipas, Núñez del Cuvillo. Queda por confirmar si se podrá contar con la participación de la Banda Municipal de Madrid, para que amenice la lidia de cada toro, desde el centro del ruedo. Lógicamente, por el inconveniente que tiene la convivencia en la arena de músicos y toro, se ha previsto que los maestros toquen los pasodobles programados sin apenas menearse, que ya se sabe, si no te mueves, no te coge. La parte bailada la interpretarán los toreros, con mucha mayor experiencia en estas lides, las de la danza taurina, claro.

-        A partir de la temporada que viene, Nautalia implantará un control de alcoholemia a los espectadores que quieran entrar al coso de la calle de Alcalá. El límite de alcohol en la sangre será de 0,8, impidiendo el acceso a todos aquellos que no superen tal tasa. “Los serenos que se vayan a cerrar portales”, ha declarado el señor Casas, don Simón.

-        La recientemente estrenada película del toro Ferdinando ha contado con el apoyo de diversos profesionales de la fiesta, entre los que se cuentan como más destacados a José María Manzanares, Sebastián Castella y el maestro Rincón, quienes parece ser que se sintieron muy identificados con eso de sentir pena por tener que estoquear un toro. Igualmente han manifestado su apoyo asociaciones taurinas que están a favor de la evolución, humanización y el sentimiento artístico de la tauromaquia. Entre estas están la “Asociación Cultural de la Tauromaquia, la Suerte de Varas nos da cosa”, “Club Taurino amigos del Velero”, “Agrupación por una Tauromaquia sin sangre, ni otras guarrerías asquerosas”, “Peña Taurina el pegapases y punto”, así cómo otras que han preferido mantener el anonimato, por aquello de que no les llamen cosas feas los aficionados a los toros.

-        Aprovechando las inminentes obras que hay que abordar en la plaza de Madrid, parece ser que va tomando fuerza un proyecto ambicioso y vanguardista, siempre para favorecer la tauromaquia y el sentimiento artístico de esta, de reducir el gigantesco de las Ventas y agigantar el reducido callejón, dónde se podrían instalar varias barras de bar temáticas, la de los mojitos, los yintonis, la mayofest con cervezas de importación y la del kalimocho para aquellos que su nivel adquisitivo no les permita codearse con la jet de la tauromaquia (la Martínez Bordiú, Froilán, Ramos, Mario Vaquerizo, Belén Esteban o la mismísima Cristina Cifuentes), que frecuentarán las otras. Además, para hacer más llevaderas las tardes de toros, se instalarán unas terrazas en el mismo callejón y si hay que suspender la corrida por exceso de aforo en los bares, se suspende y ya está. 

-        Diferentes agrupaciones de aficionados están recogiendo firmas para que a partir de ahora los toreros se vean obligados a indicar el tiempo mínimo que permanecerán apartados de los ruedos, una vez anuncien su retirada. Así mismo se intenta precisar si un torero que actúa voluntariamente menos de dos veces por año, está retirado, prácticamente inactivo, inactivo matando el gusanillo de vez en cuando o como José Tomás. Simultáneamente ha surgido otra iniciativa impulsada en la anterior, según la cual, los toreros estarán obligados a lucir coleta, sin añadido, por lo que si se la cortan, la coleta, malpensados, solo podrán volver cuándo esta haya crecido hasta una longitud suficiente para poder ser manipulada por el mozo de espadas, la coleta, malpensados.

-        Una empresa japonesa, la Ayke T Komo, ha diseñado un artefacto basado en la tecnología de los drones, que sobrevolando el ruedo durante la lidia será capaz de captar la colocación de los toreros respecto de la posición del toro y en tiempo real, al instante, procesar la imagen recibida y determinar la posición correcta de acuerdo a los cánones del toreo. La máquina permitirá un error del 25% sobre la colocación ideal y más allá de este desajuste, esta emitirá un pitido que haga saber al público y al torero, que debe corregir el sitio. Tal sistema parece que se probará durante los festejos de la feria de Madrid y si la experiencia es satisfactoria, quizá se implante en otros cosos. Las primeras reacciones no se han hecho esperar y así la práctica totalidad de las figuras han manifestado que debido a las condiciones adversas, no actuarán en 2018 en Madrid, pero que si no quedara más remedio, que lo harían con tapones en los oídos. Excepto Morante de la Puebla, que quizá se retire para esas fechas, por un ratito, y el Fandi, que ha manifestado que “si no le pilla el radar de los civiles, como para que le pille el trasto de los japoneses”.

Después de este esfuerzo de investigación periodística, periodismo de investigación, solo espero que no se lo tomen a chufla y sepan valorarlo en su justa medida. Y para todos, un muy feliz año 2018 y que nos traiga el toro íntegro y encastado, que igual con esto más de uno se pensaba el asomarse por los ruedos y ni máquinas, ni pitidos, bastaría con el toro. Muchas gracias y un abrazo para todos.

martes, 19 de diciembre de 2017

La hora de los teloneros taurinos



A todos os deseo muchas felicidades y os quiero agradecer vuestro seguimiento, que es el que hace que años después, sigamos por aquí.

Hubo sorpresa entre los aficionados cuándo en la corrida Guadalupana, en la México, se varió el orden de lidia y, excepcionalmente, la antigüedad no determino el orden en que actuarían los matadores. Alegan que era para ir alternando un matador local con un foráneo y así mantener la tensión, intentando establecer un mínimo de competitividad, un toma y daca; aunque las malas leguas aseguraban que lo que se pretendía evitar era una desbandada general a mitad de festejo, justo cuándo según la lógica deberán salir a la arena lo matadores mexicanos. No voy a decir que haya aplaudido tal medida, nada más lejos y menos si este sucedido es por tan lejanas latitudes para mí, que cómo dice el refrán, más sabe el tonto en su casa, que el listo en la ajena, pero eso no quiere decir que no haya producido bastante extrañeza.

Pero esto que a unos hace fruncir el ceño, a otros les da ideas y les hace atisbar una inmediata aplicación a la fiesta. Anda que no ha tardado poco el señor Casas, o Nautalia, en descolgarse que eso de que se mantenga el orden de antigüedad es una gaita, que les complica mucho la confección de carteles y en consecuencia, que para qué seguir el camino de siempre. Pues claro que sí, total, ¿qué más dará? Sigamos adaptando el mundo a la medida de los caprichos de los niños, niños a los que se les hace cuesta arriba coger la cuchara solos; pues se les da de comer en la boquita; niños a los que se les hace un mundo masticar, pues se le pasa todo por el pasapuré; niños que no se “ajuntan” con otros niños con los que no quieren compartir ni la pizarra en el colegio, pues se les traen los maestros a casa. Que puede que eso del cambio en el orden de lidia no sea tan trascendente, pero es que es una u otra y otra y otra más, no para allanar el camino, que ya lo está bastante, sino para evitarles la más mínima mota de polvo que los más incapaces pueden ver como una montaña. Comodidad, comodidad y comodidad, a cambio de vulgaridad, vulgaridad y más vulgaridad. Eso sí, que luego se dicen artistas. Y lo que es peor, que tal y cómo está el ambiente de matadores, como fulanito, menganito y zutanito digan que les pongan a un chaval por delante, no se crean que nadie se les va a plantar y a decirles que nanay, que el orden de lidia, según la antigüedad, es el que es y punto. Que esto es como aquello del Guerra y que no había quinto malo, hasta que los demás se revelaron y decidieron que a sortear. ¡Anda! ¿antes no se sorteaba y por una marejada del sector para acabar con los abusos del mandón, empezó eso de los papelillos? Porque ahora parece que volvemos para atrás, que a nada nos imponen por decreto la desaparición del sorteo. ¿Una barbaridad? Desde luego, pero estos no tienen límite. 

Esto se ha convertido en una carrera por acomodar, acomodar y acomodar y a los únicos que beneficio este camino hacia la nada es precisamente a esos, a los que no aportan nada. Les empezó molestando lo de la espada, luego que si los tres puyazos, luego lo de Cultura, después las chepas, luego los regados, que si los pitos, que las protestas, que si esto, que si lo otro. Y cada vez van buscando más y más para facilitarse la ruta, llegando, inevitablemente, al ridículo más espantoso. Si es que no ven el fin, ni por lo que parece, el futuro. Que no es cuestión de adivinaciones, es simplemente pararse a mirar y ver qué dirección lleva esto. Que ya puestos, si el festejo empieza a las siete de la tarde, que pongan por delante a dos desarrapados del toreo, o ni del toreo tan siquiera, que desarrapados siempre habrá, y hora y media después se anuncia la actuación estelar del figura de turno. Pero que no vayan ustedes a pensar, que ni paseíllo, ni gaitas. Primero un pase de moda taurina, con modelos estilizados/as, luciendo las nuevas tendencias de Justin Al Gabax; a continuación se representaría la entremés titulado “Te traigo las llaves”, con reconocidos actores que representarían el rito de entregar las llaves de los toriles al buñolero de turno, que bien podría ser un personaje popular y en el momento de la entrega, que la megafonía dijera eso de: Hoy viene a pasarlo chupi a la plaza… Bertín Osborne, por poner un ejemplo. Y luego los teloneros, que andarían por allí, pero sin que hiciera falta que nadie les hiciera demasiado caso. El personal podría estar bailando la polea por los tendidos, comiendo Hot dog con salchichas de tofu y pan de semillas de nogal, vendedores de palomitas, pipas, chicles, caramelos y cada dos tendidos una barra con un celebrado barman, preparando yintonis, que dada la hora, con uno, ya te vas cenado a casa. Y cuándo ya el cocimiento y estado de desenfreno alcanzara unos niveles suficientemente infames, haría su presentación el figura de turno, envuelto en plumas y pieles de leopardo, para si le viene bien crear arte y si no, no, que para eso es un artista. Que me dirán que esto poco tiene que ver con los toros, pero a lo mejor sí que anda cerca de “la tauromaquia”, según Nautalia/ Casas. Lo que no sé es si el aficionado, si a estas horas aún quedaba alguno, esperaría con más ilusión al figurón o la hora de los teloneros taurinos.

Enlace programa Tendido de Sol del 17 de diciembre de 2017:

viernes, 15 de diciembre de 2017

Alegato de Miura



En estas fiestas, llévenme a sus casas

Hace unos meses, cuándo aún apretaba el calor, y de qué manera, el aficionado se escandalizaba con las fotos de unos pitones despitorrados como tulipanes estampados contra un muro. Escobones más que pitones. ¿Cómo es posible? No se podía consentir semejante atropello. Pero la cosa empeoró cuándo al pie de foto aparecía el nombre de la ganadería, Miura. No puede ser, eso es una blasfemia taurina que no entra en cabeza humana. Pues sí y ahora, los señores de Ceret, plaza dónde se produjo tal afrenta, han hecho públicos los resultados de los análisis de las astas de aquella corrida celebrada en el mes de julio. Que habrá a quién le parezca que demasiado ha tardado, pero mejor despacito y con buena letra, con minuciosidad, que a tontas y a locas. Que nunca he ocultado ciertas reticencias a lo que sucede en la Francia taurina, pero lo que es innegable es el espíritu que preside todas sus actuaciones, ese querer hacer las cosas bien, con rigor y seriedad. Que no es la primera vez que estos señores han respondido con transparencia argumentos fundamentados en informes nacidos a partir de analizar astas sospechosas, más que nada, para que luego no quede lugar a dudas, ni para bien, ni para mal. 

Quizá los señores ceretianos podrían haber colado este informe de tapadillo, sin que nadie se enterara y para adelante, pero quizá hay otro aspecto que les distingue de la mayoría de plazas del mundo y no es otra cosa que el orgullo por mantener el buen nombre, la fama de seriedad de la plaza de Ceret y de su feria a mediados de julio, lo que con el tiempo se ha convertido en lugar de peregrinación para muchos aficionados que buscan el no sentirse engañados, el encontrarse con el toro en toda su extensión. Para ellos su plaza es un patrimonio que no solo no pueden permitirse malograrlo, sino que tampoco están dispuestos a ceder un milímetro. Quizá son conscientes de que primero una pizca, luego otra y otra, puede llevarles a la ruina, a esa que desgraciadamente vemos cómo se ha adueñado de la casi totalidad de plazas, al abrigo del aplauso de las masas, la complicidad de la autoridad y la justificación de los medios taurinos, que siempre encuentran un porque “convincente” a tanto engaño. Qué envidia, dejando de lado otras plazas y centrándome solo en la mía, ya me gustaría ver eso mismo en mi plaza de Madrid y no ser testigo de cómo el público se alinea incondicionalmente con su torero, el paisano y les importa un bledo el prestigio y el respeto a una plaza que debería ser señera. Ya me gustaría que el empresario no fuera parte activa del entramado taurino al que solo inquieta arrebañar hasta el último euro, aunque sea de la venta de refrescos, que la pela es la pela y si para maquillar las cuentas hay que meter gato por toro, pues se mete y ya está, que la propietaria, la Comunidad de Madrid, consentirá encantada. Pero Ceret es otra cosa y puntualizo, Ceret, que no Francia. Es cierto que no es un caso aislado, pero más allá de los Pirineos también está Nimes; y ahí lo dejo.

Se han atrevido con Miura, seguro que con todo el dolor de su corazón, pues este hierro no puede ser uno más, los de la gaita van mucho más allá de ser una simple vacada de bravo. Miura es el toro, un nombre legendario que ha traspasado las propias fronteras del mundo del toro. Precisamente en el año en que cumplían su 175 aniversario. Un año que se esperaba que fuera de celebraciones y que al final ha cosechado más sombras que luces. Sombras muy negras, sombras que albergaban sospechas de todo tipo y en casos cómo este de Ceret, estas sospechas se han disipado y han dejado paso a una fea y dolorosa realidad. No han tardado en publicar una carta de los ganaderos dirigida al señor Valmary, intentando justificar lo sucedido en el ruedo de Certe. Ignoro el porque de la fecha de 4 de julio de 2017, pero pensemos simplemente en una errata, dejémoslo ahí. Esta sería otra cuestión a investigar. De momento es suficiente centrarse en el contenido, en la defensa basada la supuesta integridad de las astas a la vista de los toros en el campo, en varias ocasiones, antes del traslado, con posterioridad a este, en los corrales de la plaza y antes del enchiqueramiento de las reses. Que eso está muy bien, por algo se hacen los reconocimientos previos a  los festejos, pero seamos serios, el afeitado no es fácil de apreciar a simple vista, sobre todo si tenemos en cuenta la maestría con que desarrollan su infame labor los barberos. Todo parecía perfecto hasta el momento en que los de Miura saltaron al ruedo. ¡Válgame! Todo iba a las mil maravillas y fue en ese momento justo en el que todo se vino abajo. Según la explicación de los ganaderos los toros no habían parado de derrotar en los chiqueros. Y los señores de Certe, tan minuciosos ellos, tan cuidadosos de la integridad del toro, tan pendientes del más mínimo detalle y no cayeron en que tendrían que haber acolchado las paredes de los toriles, precisamente para evitar todo. Lo de las camisas de fuerza no parece tener motivo por el momento, si acaso para los propios responsables de Ceret o para los aficionados que ya se quedaron perplejos en su día ante el espectáculo de toros con plumeros del polvo en los pitones o casi mejor a los responsables de ese desmarañado y poco razonable alegato de Miura.


Enlace programa tendido de Sol del 10 de diciembre de 2017:

jueves, 7 de diciembre de 2017

Historia de una mesa


Creían en el poderoso influjo de la mesa y resulta que lo sobresaliente estaba en el propietario de esta, en su afición, su idea del toreo y sobre todo en esa cabeza privilegiada, única e irrepetible en la historia del toreo

La historia del toreo está llena de hechos curiosos, sorprendentes coincidencia e hitos que se mantienen en la memoria de los aficionados, por muchos años que hayan pasado y aunque sus protagonistas ya no estén presentes. En estas fechas ha adquirido especial protagonismo una mesa. Otro de los caprichos del mundo del toro en que cualquier objeto, por banal que pueda ser su naturaleza, de repente el destino quiere que se convierta en algo único. Esa mesa quizá no lo sea solo por el nombre de los que en su día la poseyeron, lo que ya será suficiente, sino por haber sido soporte o testigo del transcurrir de la historia. Quizá sobre ese tablero aquel joven maestro, aquel genio del toreo, garabateo y trazó lías proyectando la plaza perfecta, la que debería ser el ideal para el buen trato del toro, de los toreros y, sobre todo, para que allí se pudiera dar la lidia perfecta. Esta llegaría o no, pero las condiciones estaban, nunca mejor dicho, encima de la mesa. Allí, quizá, se establecieron las dimensiones de un ruedo, para que las querencias no viciaran la posibilidad de poder ver al toro en toda su dimensión y quizá sea mucho aventurar, a lo mejor hasta se vio con buenos ojos que hubiera una pendiente en el piso, pero ya digo, que esto es mucho aventurar.

Quizá en esa mesa era dónde se cerraban los contratos que en la plaza de Madrid enfrentaría al Rey de los Toreros con cualquiera que empezara a despuntar, cualquiera al que los aficionados empezaban a ver como el nuevo mandón del toreo. Esa plaza no parecía ejercer ninguna mala influencia sobre su dueño, empujándole a esquivar hasta el ridículo estar en la plaza de Madrid, ante la afición de Madrid, ante ganaderías de compromiso y con el compromiso de codearse con quién pretendiera ser en esto del toro y al tiempo no dejar pasar la ocasión de dejarle claro quién realmente ya era y quién se lo iba a poner muy crudo si alguien que calzara taleguilla quisiera descabalgarle de la posición conquistada. Esa mesa quizá vio cómo nombres de promesas emergentes iban paseando del brazo de su dueño por los contratos que allí posaba la empresa de Madrid. Uno, otro, otro, otro más y hasta aquel que calificaban de revolucionario, que hasta disputó la hegemonía del toreo al Rey, y al que este nunca hizo ascos para alternar cuándo fuera, dónde fuera y las veces que fueran. 

Es posible que sobre esa misma mesa, lo mismo se escribieran las misivas exigiendo corridas de Miura, porque esas las debían matar los mejores, los más capaces, que se esbozaran los planos de una Monumental en Sevilla, que se tomaran notas, ideas sobre cómo mejorar la lidia, cómo mejorar la fiesta, trazando el tipo de toro que permitiera ese toreo en redondo que calaba en los públicos y en los propios toreros, la firma de seis toros de Martínez, el esperar a que se parara al toro para que salieran los montados. ¿Quién nos dice que esa mesa no es en si misma un compendio de torería, de historia del toreo? Pero los tiempos son otros y del maestro indiscutible, la cabeza pensante del toreo, aquella testa privilegiada, hemos pasado a otros modos, a otras intenciones no tan reconfortantes y fructíferas para el aficionado. Allá dónde hubo grandezas, ¿quién nos dice que no se ha pedido que se rectifique a aquel Rey de los torero? Lo mismo en dimensiones de ruedos, que en chepas alisadas, que en negarse a matar nada que puede parecer un toro, que se comporte cómo un toro, que sea encastado cómo un toro y que en definitiva, sea un toro. Puede que sea aquí dónde se veten ganaderías de las llamadas duras, se exijan otras de las denominadas comerciales y hasta se establezcan estrategias para manejar el cotarro las mañanas de apartado, cuándo no se cumplan los caprichos sin sentido de quién se piensa maestro.

Más bien parece que la mesa que en su día soportó los papeles que generaba una leyenda, ahora solo sirve para que un personaje excéntrico diseñe su nuevo disfraz de lince, de cigüeña o de pollino de Sierra Morena; quizá allí sea dónde se planeen chiquilladas de niño travieso, pero que muchos aplaudirán cómo genialidades. Y cómo las genialidades se supone que son exclusivas de los genios, hasta se atreven a querernos hacer creer que tal personaje lo es. Que se entiende esa necesidad de algunos de tener siempre un ídolo ante el que postrarse, pero entiendan que a veces resulta complicado, porque el supuesto genio lo pone muy difícil, tomarse en serio todo este numerito de varietes. La única diferencia es que la vedette no bajará la escalinata zarandeando esbelto plumaje, sino que lo mismo hoy se sienta en ese añejo escritorio para redactar una retirada que nadie creyó, que para exigir firmar allí mismo su vuelta a Sevilla, allá para San Miguel. Que igual nos cuentan que es con el afán de iniciar ahí su temporada, que por muy optimista que se sea, a todo lo más que llega es a esta, la de San Miguel, el Pilar, la feria de Otoño de Madrid y la feria de Jaén. ¡Un temporadón! Aplaudan los que quieran aplaudir, muestren su desacuerdo los que no quieran almorzar ruedas de molino, aquí solo hemos querido contar lo que sobre aquel tablero ocurrió un día, esto no es más que la historia de una mesa.

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