lunes, 10 de diciembre de 2018

Ciudadanos ejemplares


Pocos son los que pueden haber presumido de ejemplaridad, dentro o fuera del ruedo

Vaya cómo está el patio, que uno no da abasto, que te sueltan un sopapo por la derecha y cuando no has reaccionado, te enderezan con otro por la izquierda, y que nadie vea en esto sesgos políticos, aunque no sería nada complicado verlos. Que si ya es complicado lo de ser ciudadano, sin más, el serlo ejemplar ya queda solo para los elegidos. Que lo de ser ciudadano más bien parece que es serlo, sin más, opinando, ejerciendo los derechos que vienen con el cargo. Pero lo de ejemplar ya es otro cantar, porque para ello hay que contentar a los demás, a todos los demás y eso más bien parece más un imposible, que una lejana utopía.

Complicado tiene hoy en día el ser ciudadano ejemplar un aficionado a los toros, porque ya de salida te echan encima una serie de consideraciones que es difícil quitarse de las espaldas. Eso sí, a los otros aficionados a esto del toro aún les puede caber esa ejemplaridad en sus esquemas, basta con seguir unas pautas muy simples: callar y tragar. A partir de ahí, dispóngase a recoger elogios allá por dónde vaya. El ciudadano ejemplar para muchos de estos taurinos es el que no es capaz de levantar la voz ni para toser, el que todo lo ve bonito, el que sigue a la mayoría y ni tan siquiera amaga con poseer un criterio propio que pueda contradecir a esa masa y los mandatos de los que manejan esa masa. La crítica es mala, no se ve jamás como un aliciente para progresar, quizá, porque pretenden un inmovilismo imposible y solo se admiten los cambios, la evolución que llaman ellos, según dictan los que mandan.

Pero no se crean que esto de la opinión unánime y monolítica solo va en un sentido, ni mucho menos. Esto también se da en el bando opuesto, en el que se posiciona antisistema y exige que se ensalcen sus propios ídolos, en virtud a un casi único mandato, el no estar dentro de ese poder. Pero al final, también pretenden conducir las opiniones y se sienten incómodos con las críticas a su modelo de ver esto de los toros. Parece como si los blancos y los negros acabaran uniéndose en un mismo camino, pero queriendo que su color predomine sobre el otro. Y esto, ambos lo aplican lo mismo en el toreo, que en la vida. Los modelos están muy marcados, los marcan ellos y deciden que nadie puede apartarse de esa línea, so pena de destierro en la isla del Hierro.

Luego está otra opción de ciudadano ejemplar. Tomemos esa intolerancia a la crítica, esa negación a otra escala de valores o a otra concepción de la vida. Curiosamente, un elemento común a todos es el enarbolar la bandera de la libertad, que no tiene porque referirse a la libertad del prójimo y salvo excepciones, solo tiene en cuenta la libertad propia. Bueno sí y la tuya, siempre y cuando te sometas a la mía, así de sencillo. Eso sí, en este caso, dispóngase a poner cara de bueno, esa cara que se les queda a los que están en plena armonía con la naturaleza, el mundo, el universo, siempre que todo esto tenga cobertura de móvil, güifi o admita que se pueda ir en bici. Si opta por esta idea del mundo, su ideal debe aspirar a que el planeta vuelta a su estado natural antes del cuaternario, sin seres humanos, sin coches, sin prisas, sin dinero, sin propiedades, pero con bicis. Estos se declaran fervientes amantes de los animales, piden que estos vuelvan a la naturaleza y para ello están dispuestos a sacar a sus mascotas al campo todos los fines de semana, si no llueve, claro y si en ese campo se puede ir en bici, por supuesto. No se les ocurra decir que es aficionado a los toros, porque entonces son capaces de mandarte a las mazmorras del castillo de If, de tenerte cinco décadas a pan y agua, incomunicado y sacarte solo para enfilar el camino de la guillotina. Y lo peor es que te llevarían andando, ni bici, ni leches.

Quizá caiga usted en la tentación apartarles de ese estado de ciudadanía ejemplarizante e intente explicarles que cosas como los toros y la caza no son malos para la naturaleza ¡Vade retroooo! Ni lo intenten. Que ya, hasta lo dice la señora ministra, que se supone que algo de formación tiene y más si ostenta la cartera de: Transición Ecológica. Que si es para que nos alumbremos y calentemos con placas solares, bienvenida sea, abrimos los brazos para acogerla entre nosotros. Pero claro, con estas ideas, lo del Medio Ambiente ya empieza a cojear. Evidentemente, entre tanto cargo aquí o en París, no se ha detenido ni dos segundos en intentar entender lo de la caza. Que puede ser que no le guste, porque hay quien no puede con un animal sacrificado, eso es más que comprensible, pero no por ello hay que quitárselo de en medio. Pero cuidado, que aún hay más, que para eso de apoyar con estas ideas de bonachón en bici, nos salen más ciudadanos ejemplares con eso de que hay que eliminar del castellano expresiones como matar dos pájaros de un tiro o coger el toro por los cuernos. ¡Silencio por favor! Mantengamos la calma y no nos riamos de ocurrencias ajenas. ¿Ya? Bien. Concluyendo: vemos que no se puede ser ciudadano ejemplar siendo un ejemplo para todo el mundo, que unos u otros no le votarán; elija si quiere ser un aficionado a los toros silente, amable y sin opinión manifiesta, ni mucho menos contraria a lo que mandan las buenas maneras de toda la vida de Dios, o también puede optar por ser una persona silente, amable y sin opinión manifiesta, ni mucho menos contraria a lo que mandan las buenas maneras, pero eso sí, subido en una bici y evitando expresiones como coger el rábano por las hojas o entre col y col, lechuga. Y si se encuentra en mitad de estos dos mundos que la verdad, a veces no parecen de este mundo, no se extrañe que le echen del grupo de güasap y facebook de los “Ciudadanos Ejemplares”.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Entre rebajas, Navidades y Blaqui frili


A veces nos dejamos deslumbrar por las lamparitas de colores

La verdad es que no se dónde vamos a parar con eso del consumismo. Que empezamos a ver asomar a diciembre y nos entra un no sé qué por el cuerpo, que nos dan unas ganas terribles de tirar la casa por la ventana. Venga comprar y comprar, aunque lo que se compre no valga para nada, aunque lo hayamos compramos mil veces mil y nos haya salido rana, no acabamos de aprender. Y si no, vean al señor Casas, don Simón, que ha picado de nuevo y le ha comprado tres novilladas y tres corridas de toros a don Fuente Ymbro. Que vale, que la última no anduvo mal del todo, sobre todo si comparamos con los antecedentes más inmediatos de este hierro, pero, ¡hombre! De ahí a compararle 18 toros y 18 novillos, va un trecho. Que no quiero ni pensar lo que va a ser de nosotros como al señor Casas, don Simón, le dé por darse un garbeo por lo de Garcigrande o Núñez del Cuvillo. Que el cartelón de los pesos lo van a dejar fijo con hierro y divisa y si acaso le cambian el peso. Que con tres cartelones hacemos el año.

Que dicen que en la variedad está el gusto, pero también se dice que eso, el gusto, no se vende en hipermercados, ni tiendas del ramo; del ramo del buen gusto, se entiende. Pero claro, si enloquecemos así, súbitamente, tenemos que tener en cuenta que esto puede tener sus consecuencias. Vamos, que si el señor Garcigrande desembarca toda su camada en el chiringo del señor Casas, don Simón, detrás se nos viene don Julián. Que se rumorea que tiene ya reservada una planta en el hotel que hay casi enfrente de la plaza, ese con nombre de pájaro. Que dadas así las cosas, igual hasta se permite el lujo de vender la “fregoneta” a Morante y se desplaza del hotel a la plaza y de la plaza al hotel, en patinete, con una pausa en el puesto de helados junto al metro, para refrescar el cuerpo.

Pero la cosa no queda ahí, que hay más, agárrense, que detrás de los Cuvillos viene un Manzanares y un Roca Rey, otros dos que se cogen una planta exclusiva para ellos en el hotel con nombre de pájaro zancudo. Eso sí, el trayecto de la esquina de Alcalá hasta el patio de caballos va a estar más que concurrido. Ya me veo a los maestros y a las cuadrillas los días de toros deslizando su porte torero por la explanada de Ventas. Eso sí, para evitar lesiones inoportunas, cada uno con su casco reglamentario, sus coderitas, sus rodilleras protectoras y un bidoncito de bebida isotónica con su gomita de la mochila de los Milwacki Backs a la boca, que hay que hidratarse.

Que luego igual queda algún hueco para otras ganaderías y para otros toreros, que ya aparecerá Castelá en la de Alcurrucén y en la de Lozano Hermanos y si llegan a un acuerdo, también en la del Cortijillo. A Ferrera le dará lo mismo, que para ponerse “exagerao” le vale cualquier cosa, que sus partidarios se lo sabrán agradecer. ¿Y Perera? ¡Caramba! Se nos había olvidado Perera. Que a ver cómo se le hace entender a Perera que hay que pedir poco, que si no el señor Casas, don Simón, se nos arruina. Aunque bien pensado, tampoco es problema, que pida lo que quiera pedir, que lo que no se le abone en moneda de curso legal, también se le puede pagar con vales comida y bonos por noches de hotel, que así aprovechando la coyuntura, se le hace gasto a los socios del señor Casas, don Simón. Y por si fuera poco, hasta un crucero por la costa suiza, ¡que no se diga, oiga! ¡Venga ya! Que seguro que ya andaba alguno poniendo pegas a la temporada que viene, ¿qué digo temporada? Temporadón. Ni nos vamos a enterar de lo de las obras, que ensanchen puertas y ventanas, que amplíen los pasillos, que el arte necesita espacio. Acondicionarán los tendidos, gradas y andanadas, el ruedo lo harán más chiquito, que así grandote uno se desorienta. Dicen que hasta los corrales van a acomodarlos para que estos toros modernos estén a sus anchas; bueno, mejor dicho, a sus estrechas, pues se rumorea que van a ponerles boxes, como a los caballos de carreras y que por ganar espacio, hasta los comederos van a cambiar, que van a sustituirlos por unos tubitos de esos de los canarios, que va cayendo grano a medida que el animalito lo va consumiendo, que en lo de Fuente Ymbro se comenta que fue la solución a aquellos problemas de los cereales, los chococrispis y el salvado para periquitos.

Que no digo yo que ustedes no echen de menos a los Urdiales, Chuzón, de Justo, Valdellán, Rehuelga, Pallarés y alguno más, pero entiéndanlo, que no se puede tener todo y además, esos hay que ir a comprarlos a otras tiendas que no son ni las de los chinos ni esas que se ponen ahora de bote en bote entre rebajas, Navidades y Blaqui frili.

Enlace programa Tendido de Sol del 25 de noviembre:

Enlace programa Tendido de Sol del 2 de diciembre:

lunes, 19 de noviembre de 2018

El Conde de la Maza, una pesadilla menos


Lo que se pierde, no se recupera y aunque a veces lo parezca, luego viene el "elimina todo lo anterior" y se acabó definitivamente.

Que buena noticia para los taurinos, una ganadería de las que a veces te complicaban la vida, se va directa al recuerdo y si me apuran, ni eso, que bastarán cuatro grandes tardes de esas de toros colaboradores, toros artistas, ¿qué digo? Coleguitas para echar un buen rato entre bieeeeejjnes e indultos. Que los jartistas se puedan expresar, eso es lo que hace falta, no pasar miedo, como decía un día el propietario del hierro condenado a la desaparición. Pero, ¿qué es eso de que los toreros pasen miedo? ¿Es que estamos locos? Que esto ha evolucionado, según dicen; lo malo es que igual a eso que ellos llaman evolución, otros lo llaman degradación. Así de simple.

 Que no es que desaparezca un encaste único e imposible de recuperar, ni muchos menos, porque en definitiva, guiándonos por eso ahora tan obsesivo de los encastes, la pureza y no sé qué más milongas, esto del conde no era más que una de encaste Núñez, precisamente del mismo de lo de Alcurrucén, que tantas tardes de gozo y alegría da a los taurinos, taurinillos y públicos adyacentes. ¡Ea! Una por otra. Pero si simplificamos tanto, igual cualquier día nos encontramos con el carnet de “afisionao”, sin haberlo pedido. Claro que se pierde y mucho, sin tener que entrar en el debate de si lo del Conde de la Maza era ya un encaste diferente o no. Se pierde la obra de un ganadero que partiendo de algo nada extraño, pues repito que de lo de Núñez aún queda, a base de saber, de afición de selección y de un criterio propio, de una forma de entender un toro de una forma determinada. Eso es lo que se pierde. Que si ardieran las Meninas, el Guernica o las Pinturas Negras, seguro que habría reproducciones fieles al extremo, para saber como eran esas pinturas, pero nos habríamos quedado sin esas pinturas y para volverlas a tener habría que resucitar a Velázquez, Picasso o Goya y reconstruir aquel momento de la creación de tales maravillas. La recuperación del Conde de la maza no pasaría tan siquiera por tomar una punta de vacas y un par de sementales de Núñez y ponerlos en manos del actual ganadero. Otra vez volveríamos a ese simplismo estúpido. Habría que resucitar hasta los años en que el conde se decidió por crear, alimentar y hacer crecer esta vacada. Si será imposible, que ni tan siquiera podría contar con los toreros que permitieran vera a las vacas en los tentaderos y a los toros en la plaza; porque si ahora un ganadero aspira a que la torería más boyante le deje ver algo en una res, que le regale una cámara de fotos, a ver si así se dan maña.

Se nos llena la boca de hablar de tradición, patrimonio, cultura y a las primeras de cambio celebramos que una parte de todo esto se arranque del tronco del toreo y se haga cisco para el brasero de los incompetentes y guardianes de su bolsa. Que esto no es por una decisión arbitraria de hoy para mañana, ni tan siquiera un inevitable accidente, no señor; todo esto obedece a un estrategia muy bien definida, a una ruta muy bien marcada que siguen los taurinos al pie de la letra, esos que cuando sale una corrida complicada de un hierro alejado de las bobonas para triunfo, que no hablo tan siquiera de ganaderías duras, pero que lo mismo los de luces, que los de los micrófonos, se hartan a echar sobre los toros la culpabilidad de su incompetencia, de su falta de afición y se hacen cruces, no entendiendo que eso siga saliendo a los ruedos del mundo. No sé si alguno de estos de palabras dulces malintencionadas, se lamentarán de esta pérdida, sinceramente, no lo creo. Quizá en público pondrán cara de mohínos, gesto de cínica lástima, incluso hasta echarán mano de esa afición enciclopédica para contarnos que una tarde de septiembre del año tal, en la plaza de dónde quiera, tal torero le hizo una sensacional faena al toro currutaco, que cumplió con creces en el caballo, que se le dieron mil vueltas al ruedo y al que se le cortaron las orejas. ¡Miau! Porque si miran por un agujerito en sus casas, en sus fiestas o en sus sesudas tertulias, seguro que no dan abasto a descorchar botellas de champán para celebrar que estos animales ya no les volverán a sacar los colores, que solo se quedan con que se ha perdido definitivamente  el Conde de la Maza, una pesadilla menos.

Enlace programa Tendido de Sol del 18 de noviembre de 2018:


martes, 13 de noviembre de 2018

La medallita, eso que nos avergüenza de cuando en cuando


Si al menos nos hubiera dejado un par de banderillas en la cara

Que no escarmentamos, ¿eh? Que llevamos unos años, salvo excepciones, que cada vez que nos enteramos de la concesión de la medalla que el Ministerio de Cultura concede en nombre de la Tauromaquia, se nos ponen los pelos de punta. Que viendo los resultados, uno no sabe si se otorgan para pagar favores a alguien; si es un yo me lo guiso, yo me lo como entre una camarilla de taurinos; o igual en esto también entra en funcionamiento el bombo. ¡Caramba! ¿No lo habían pensado? Eso explicaría muchas cosas.

Que uno ve el jurado y cuesta no pensar mal, cuesta no pensar en que ahí puede haber devolución o petición de favores, un ser taurinamente correcto, el no molestar al poder, querer mantenerse aislados cómodamente en esa supuesta élite que manejan unos pocos y que disfrutan algunos más. Lo que sí está claro es que esto de los toros es un coto cerrado a un determinado grupo y no están dispuestos a que se les escape ni un premio, ni una medalla, ni un céntimo de los 30.000 euros. Esto del toreo, la tauromaquia, como dicen los modernos, se ha convertido en una realidad oficial construida con paciencia, sin dar un paso atrás, negando la existencia de cualquier hecho que no sea aceptado por esta nebulosa que componen los taurinos. Un control que va desde la elaboración de las ferias, con ese famoso corta y pega, siempre con los mismos toreros, con el mismo perfil, debiendo cumplir un requisito imprescindible, que no molesten, que no se salgan de carril de mediocridad y vulgaridad impuesto por las figuras y sobre todo por sus mentores, que son los que de verdad gobiernan. Se dejan de lado a ganaderías que estén bien o mal, al aficionado le gustaría ver, pero claro, en todo este tinglado, el primero en ser excluido es ese aficionado que puede exigir, protestar, argumentar y a lo mejor, hasta abrir los ojos al público. Todos a la calle.

Se han encargado de hacerse un mundo a su medida, mundo ficticio, en el que lo tienen todo pensado, los triunfos, los fracasos y hasta las medallitas, contando con la inestimable colaboración de la prensa, estando a la vanguardia los señores que aparecen en la televisión, esos que no dudan en tergiversar la verdad en directo, para favorecer siempre a esos de los que se pueda recibir algo; porque si el de luces es un pobrecito, anda que no se les agudiza la vista. Lo que en unos es solvencia, torear según su “tauromaquia”, elegancia y no se cuántas mandingas más, en los otros es meter el pico, estar fuera de cacho, no templar, no mandar y un largo etcétera aplicable también a los otros, incluso al de la medallita, pero como estos pueden enfadarse, nos descargamos con los más modestos y leña al mono.

Que no seré yo el que le niegue el mérito del pundonor y fuerza de voluntad a Padilla, su trabajo para volver a vestirse de luces tras un accidente tan terrible como el que él padeció, pero no es el único, también hay otros que según sus circunstancias, también se sobrepusieron a circunstancias tan graves, como adversas. Pero claro, estamos hablando de toreo, estamos hablando de una medalla que se supone que tiene que premiar los valores y aportaciones del premiado a la Tauromaquia. Y ustedes me dirán, ¿y a quién se le podía premiar entonces? Pues ahí está el principal problema que no hay a quién colgarle la medalla, porque ahora mismo no hay nadie que la pudiera merecer. Que cuentan que es porque este año Padilla se va de los ruedos. Pues nada, empezaremos a pensar en las retiradas de cada año y así hasta podríamos acertar a futuros galardonados. Ya está, el premiado en 2019 será el Cid, en 2020, igual el señor Ponce, aunque no parezca muy decidido a irse, pero igual si es por la medallita, lo mismo decide cortarse la coleta. Que también podría abrirse el abanico y medallear a periodistas o aficionados, ¿por qué no? Pero igual es ampliar el problema, extender la vergüenza. A los primeros, porque más que premio a la Tauromaquia, sería el premio propagandista taurino de cabecera; y allí que irían los voceros del régimen a cobrar sus 30. 000 del ala. ¿Y los aficionados? Pues tres cuartos de lo mismo, sería un aspecto más del yo me lo guiso, yo me lo como, sería premiar a los más entregados y fervorosos palmeros del sistema y sus fechorías. Que quizá lo único que podemos tener claro es que si la condecoración cae emparejada con la retirada, a Ponce le quedan varios lustros, tantos que lo mismo la recogerá cano o calvo, pero siguiendo repartiendo ese magisterio de tropelías en los que se doctoró hace demasiado. Así podremos seguir contemplando como se incrementará la lista de homenajeados con la medallita, eso que nos avergüenza de cuando en cuando.

Enlace programa Tendido de Sol del 11 de noviembre de 2018:

miércoles, 7 de noviembre de 2018

El bombo no es la bomba, porque no quieren


Y el premio es el toro

Aún seguimos pensando en que el bombo va a ser una de las soluciones de la fiesta, sorteo puro, todo a merced del capricho del azar, pero… ¿Realmente podemos, debemos arriesgarnos a que sea el azar el gobernante de todo esto? Pues quizá, solo quizá, si pretendemos darle un fundamento, sea preferible, recomendable, coger las riendas y zarandear el cacumen un ratito, reflexionar y tomar decisiones para montar carteles interesantes y con sentido, con primeras, segundas y terceras intenciones, que satisfagan las expectativas del aficionado. Que no quito yo ese morbo que pueda provocar el pensar en cualquiera de las figuras con la incertidumbre de qué le tocará o que no. Que da mucha risa el imaginar a los que todos sabemos, atormentados la noche antes de la rifa pensando si les tocarán los Garcigrande, como siempre, o esos malajes de Saltillo, que una veces tiran tornillazos, otras bocados y otras las dos cosas a la vez.

Pero que se nos quite eso de la cabeza, que no será el azar quién ponga sentido a esto, sino el mismo sentido común y que lo mismo empresarios, como ganaderos, se pongan en su sitio y no cedan ante los caprichos de los figuras. Que ya sé que esto es muy fácil decirlo, pero no tanto ponerlo en práctica, porque entre otros inconvenientes nos encontramos el que los ganaderos/ empresarios/ toreros, en demasiados caos, son lo mismo. Que igual nos vendría mejor que el bombo, una ley de incompatibilidad en el mundo del toro, que cada uno tuviera su lugar y que lo defendiera con decisión. Que si un señor empresario solo se dedicara a gestionar plazas, sin tener que colocar a sus toreros y vender sus corridas, probablemente actuaría de otra forma con toreros y ganaderos. Que si los toreros no tuvieran garantizada su temporada en el mes de enero, puede que no se instalaran en esa comodidad, en ese conformismo de profesional. Porque los toreros no son, ni deben ser profesionales, son toreros, que es mucho más.

¿Y ustedes creen que estas figuras nuestras iban a admitir esa incertidumbre del bombo? Detengámonos un segundo en lo sucedido en Guadalajara, México, y lo que se dice que afirmó el señor Ponce, que los toros con genio, para su pa… Que a él le pongan las borregas adormecidas, dóciles y hasta simpaticonas, que le permitan expresarse. La gente se puso cómo se puso y Ponce respondió indignado con esa falta de la idolatría exigida a un maestro, un catedrático, un ser superior, él. Que le consolaba, según decía, que la “mayor parte” de la plaza estaba con él, pero él lo quiere todo, nos quiere a todos fanáticos entregados a su apostolado del pancismo. ¿Y creen que este caballero se va a dejar enlotar con todos los compañeros del escalafón? Eso no lo verán nuestros ojos y ni falta que hace; bastaría que los empresarios hicieran caso a las palabras de El Juli, aunque quizá no de la manera que este querría.

Si cada estamento fuera independiente, sin intereses en los demás, sería tan fácil como que empresarios con afición y personalidad compararan ganado según méritos, no por preferencias e imposiciones de los actuantes; que además decidieran las ternas sin importarles si unos quisieran o no torear con otros, si quisieran estar comoditos sin que nadie les achuchara, solo atendiendo el interés del aficionado en virtud de logros en el ruedo. Entonces no harían falta bombos, ni bombas. Eso sí, puede resultar que el empresario en cuestión sea uno más del taurinismo, que no quiera enfadar a este o aquel, no vaya a ser que en otra plaza le hagan la puñeta a sus toreros y llegados a este punto, que a lo más que se atreva sea a eso, a confiar en el azar para la composición de los carteles, única y exclusivamente con los toreros que no pueden exigir, que no van a levantar la voz y que bastante afortunados se sienten con el hecho de que les pongan. O lo que es lo mismo que ha ocurrió con ese numerito anunciado a bombo y platillo, nunca mejor dicho. Puede que haya reediciones del sorteo para los modestos, mientras los figurones esperan en la puerta con sus toros, sus reporteros de cabecera, su presidente ad hoc y hasta su propio público, ese que tan bien mide los tiempos de los bieeeeenes, pedir el indulto en el preciso momento, sacar pañuelos y jalear con frenesí los triunfos prefabricados. Y al final va a resultar que el bombo no es la bomba, porque no quieren.

Enlace programa Tendido de Sol del 4 de Noviembre de 2018:

viernes, 2 de noviembre de 2018

Libertad para su arte, manga ancha para los artistas


Ese traslado del eje del toro al torero y al jarte, puede provocar el mismo efecto que si se modifica el eje de rotación de la Tierra, una catátrofe

Es una conocida reivindicación del taurinismo eso de que al arte no se le pueden poner barreras, no se le puede limitar, hay que dejarle volar y que él mismo descubra dónde están sus fronteras. ¡Qué gran verdad! ¿Quién osaría tal barbaridad? ¿Quién se atrevería a diezmar el arte de Morante, Fran Rivera, Finito o quién sea? Yo no, desde luego y el abogado de alguno de ellos, tampoco. Claro que al arte no se le puede poner límites, pero hombre, una cosa es querer hacer arte en el mundo y otra pretender adaptar el mundo para ver si surge el arte. Que mientras que me digan que van a hacer arte en lo que viene siendo una corrida de toros, al menos habrá que procurar que eso siga siendo una corrida de toros. Pero sin empezar manipulando desde el primer instante al que da nombre a todo este tinglado, el toro. Que si el toro es toro, adelante con los faroles. Eso sí, si sale el toro íntegro, el de verdad, el encastado, no me veo yo a todos estos artistas pidiendo que no se pique, que se le hagan mil perrerías durante lo que ellos creen que es la lidia y atreviéndose a trapacearle con poses de opereta venida a menos, trampeando a su manera y durante lo que llega a parecer cuarenta días con sus cuarenta noches.

Que estos señores taurinos amantes de la libertad ya parten de una base engañosa, con que eso donde ellos consideran que brota el arte, es una corrida de toros. ¡No, hombre, no! Llámenlo show, performance con cierta inspiración taurina, taurineo unplugged, lo que quieran, menos corrida de toros. Que si quieren montar sus cositas extrañas, allá penas, pero no me cuenten que es otra cosa, porque igual uno va allí esperando ver eso, toros y se encuentra con el show de los Teleñecos. Que vamos a ver una de romanos y nos sueltan una de chinos y tortazos, pero sin corazas, sin cascos con plumeros, sin aves, sin césar y sin circo máximo. Repito, ¡no, hombre, no!

Que igual a la postre no les queda mal el espectáculo resultante, incluso puede resultar algo familiar, para pasar el día y salir alegre, feliz y hasta con ese alejamiento de la realidad que producen los excesos etílicos. Que igual uno se arranca a cantar desde el tendido, que otro hace que se encara con el palco, que si otro va y se desplanta ante el animalito que todo lo aguanta. Y hasta te permiten jalear con entusiasmo al artista, quién previamente ha tenido que recibir los convenientes despojos, que como si estuviera en los cacharritos de la feria, son los que le permiten al susodicho darse una, dos o más vueltas en ese tío vivo pseudotaurino. Y para completar la tarde, hasta cabe la posibilidad de salir del lugar con la conciencia henchida de satisfacción y creyéndose que son unas bellísimas personas, magnánimas como nadie, indultando a uno o varios animalitos, que eso ya depende mucho del artista, de la plaza y del señor del palco, pero torres más altas han caído.

Este es el resultado de un cambio del eje de rotación de esto que se llama fiesta de los toros. En origen tal eje se sustentaba sobre el toro, sobre su integridad, sobre el toro encastado, manso, bravo o todo lo contrario y con ese material era con el que el que podía, hacía arte, pero solventando los problemas que presenta la casta, era primordial preparar el lienzo y a partir de ahí, a crear, aunque el mero hecho de poder a aquel animal, con arte o no, pero con absoluta observancia de los principios de la lidia y teniendo siempre presente el respeto al toro, ya era digno de alabanza. Solo para esto había que cumplir un requisito fundamental, ser torero. En estos casos no hacía falta buscar coartadas mentirosas y cogidas con pinzas, como eso de que cada uno tiene sus maneras, cada uno tiene su tauromaquia, unos lo entienden así y otros asao. ¡No, hombre, no! Que el toreo es toreo, es verdad que cada uno con su personalidad, pero no con sus maneras, porque hasta puede ocurrir que las maneras de ejecutar la suerte suprema en unos la eleven a sacrificio ritual y otros se desvíen a ser meros matarifes. Qué fácil y qué difícil, la línea recta nos lleva a lo excelso y las artimañas a mero apiolamiento de carnicero de un animal. Y quizá sean estas cosas lo que me hace desconfiar cuándo interpreto que lo que me piden es libertad para su arte, manga ancha para los artistas.

Enlace programa Tendido de Sol del 28 de octubre de 2018:

jueves, 25 de octubre de 2018

Pasados los diez años


Él estuvo en esta grada desde el primer día, pues que siga estándolo

Pues sí, esta grada ya ha sobrepasado los diez años de vida ¿Quién me lo iba a decir a mí? Un día comencé a andar y con alguna parada para descansar, hasta aquí he llegado. Viéndolo todo con perspectiva, la que da el tiempo, no sabría decir si lo realizado coincide con lo en un principio planeado, pero al menos sí se ha cumplido la premisa fundamental: se ha hablado de toros. Muchas han sido las ocasiones en que me he visto con la llave en la mano dispuesto a echar el candado, pero siempre había algún taurino profesional que lo evitaba, siempre había unos Choperitas, un Casas, un Morante o aquellos “Geses”, ¿los recuerdan? Que desbarraban a destiempo.

En diez años he tenido ocasión de pensar que Morante iba a dar poco de si, de hacerme morantista acérrimo, de desengañarme, de no entender sus cosas y hasta de ser testigo de como un personaje devoraba a un torero. La creación se tragó al creador. Dos lustros esperando a ver la reaparición de José Tomás en Madrid y aquí seguimos, que si quieres arroz… Que si viene a Madrid, es con gorra, barbas, una camiseta y a la grada del 4. Eso sí, no se paga con dinero el ver a los “aficionaos” correr como debutantas escaleras arriba en las Ventas, para pedirle una foto al torero, que por otra parte no parecía nada entusiasmado con la idea. También en su día se formaron los ya mentados “geses” peleando por el bien de la fiesta, según decían, pero fue sacar su propio beneficio y ¡plum! A la fiesta, que le vayan dando. Ahora andan ahí, en sus cosas, unos más cabreados que otros, tanto, que hasta se cortan la coleta; otra cosa es saber cuánto tardará en crecerles de nuevo. Dicen que los billetes hacen milagros y que a golpe de morados, les crece hasta una cola de caballo.

Empezamos padeciendo a los Choperitas en la plaza de Madrid y de momento vamos a ver cuándo cae la estrella Michelín para el señor Casas, don Simón. De la esperanza en plazas como Bilbao, Sevilla o Madrid hemos llegado al “otra plaza que ha caído”. Eso sí, al menos han asomado más nombres, esos que dieron en llamar toreros emergentes, que confirmaron muy rápido que eran más de lo mismo, pero dejando respirar a las figuras, porque si se reparte el peso, la vulgaridad se lleva con mayor comodidad. Y de entre todos, el vendaval de Roca Rey, que dicen que es un fenómeno. Bueno, a ver si el año próximo hay suerte y le podemos ver torear en Madrid, porque hasta el momento, solo ha sido cuestión de que el toro pasara, siempre con el mismo ganado, que tampoco hay que probar hierros y encastes diferentes, ¿verdad? Aunque si tiramos por ahí, igual caemos en la cuenta de que las figuras y sus emergentes llevan poniéndose delante de lo mismo desde antes incluso de que este Toros Grada Seis se hubiera tan siquiera ideado.

Diez años y recuerdo a Juan Mora o Diego Urdiales, recuerdo una cuadrilla dando la vuelta al ruedo, recuerdo a los que un día nos ilusionaron y ya no están, Fandiño, Víctor Barrio. Aquella despedida triunfal de Esplá, aclamado por los mismos de los que ahora reniega sin pudor. Cuantas tardes de toros, a veces tarde- noche. Cuantos toros lidiados, cuantos toros buenos que se fueron, cuantos que no nos dejaron ver, cuantos pseudotoros. La consolidación de la Tauromaquia 2.0, con sus empresarios/apoderados/ ganaderos/ toreros/ opinadotes/ todo lo que se les pueda pasar por la cabeza. Y tanto corre el tiempo, que ya casi se ha superado esa Tauromaquia 2.0, para dar paso a este engendro que no hay cristiano que lo bautice.

Pero lo mejor, y con diferencia, han sido todas las personas que este Toros Grada Seis me ha traído hasta esta grada imaginaria. Muchos amigos, muy buenos amigos, compañeros de afición, de pasión, de penas y alegrías, porque si las penas se rumiaban, las alegrías se celebraban y de qué manera. Pocas cosas son comparables a encontrarte con alguien, que te pare y te recuerde la última entrada, aunque si me lo permiten, voy a revelarles un secreto. Una vez que escribo algo y lo publico en este blog, se me olvida casi instantáneamente. Que seguro que ustedes saben más de lo que aquí se ha publicado, que yo mismo. Recibido el regalo de amigos de Madrid, de fuera de Madrid y hasta de México, el DF y Aguascalientes, de Perú, Dinamarca, Rusia, Italia, que no se me olvide mi milanés. He tenido que escuchar estremecido como una familia, ya mi familia, se agarraba a mis escritos con una frase mágica: traigo un papel. Que me perdonen los que gastaron papel y tinta por mi culpa. Un sabio, un maestro, que me comentaba con pseudónimo y que hasta me apadrinó en mi primera aparición en público, mis ojos en el campo, en Trigueros. Hasta un programa de radio me regaló este Toros Grada Seis, un programa y los que se dejaron embarcar en él. Entiéndanme, no puedo dejar de agradecerles el estar siempre ahí, el estar en desacuerdo y manifestarlo con tanta elegancia como sabiduría. Y por supuesto hasta detractores he tenido, ¿cabe mayor privilegio? A todos, muchas gracias, muchos abrazos, muchos besos y si me permiten, a quién un día me puso en este camino de la afición a los toros, un beso muy grande allá dónde se fuera; él que lo leía todo de toros, nunca me leyó una línea. Quizá tenía que ser así. Y ahora a ver si ya alcanzo las mil entradas, el millón de visitas y muchas más satisfacciones, pero eso ya se lo contaré pasados los diez años.