martes, 18 de abril de 2017

Entre Morante y sus colegas no nos dejan vivir


Que esto parece ser que es lo facilón, pues tiren por lo facilón de una vez por todas




Se abrió la veda, se descerrajaron las bocas, se perdió la vergüenza, desapareció el sentido del ridículo y se desataron las lenguas. Basta que a los señores taurinos les toquen el callo, que saltan como langostas y parece que todos lanzan a la vez sus andanadas de verborrea que pueden hacerse insufribles. Que empezó aquel que tiene vacas que van cinco veces al caballo, que es lo facilón, lo que para el señor del Río, don Victoriano es como tomarse un fino y le siguió don Álvaro, el criador de “productos” y que eso del caballo le importaba menos o nada, si acaso para ahormar, pero lo fetén, dónde él ve la bravura es en la muleta. Que por nosotros no lo hagan, no se compliquen la vida, de verdad, que si dejan de criar “productos” y se dedican a lo del toro de lidia, al que aguante tres puyazos y se entregue en el caballo, tampoco nos lo vamos a tomar a mal; es más, igual hasta nos lo tomamos a bien.



Pero ya lo decían nuestros mayores, las desgracias no vienen solas y así para ir haciendo boca, entre col y col, el mano a mano de Madrid, con mulos y acemileros, que están empeñados en que el toreo artista es lo más parecido al Lago de los Cisnes”, pero con medias rosas, que los “artistas” son los que se limitan a poner posturas elegantes y garbosas y si acaso enganchan un trincherazo, uno del desprecio o ni eso y ya nos tenemos que aguantar, sin tener en cuenta las trampas de no cargar la suerte, del abuso del pico o de echarse el toro para afuera. Que Curro Díaz y José Garrido se encontraron con una bueyada infumable es un hecho incontestable, pero si con las cuatro embestidas, o quizá alguna más, que les regalaron se limitan a acompañar el viaje, pues ya me dirán. Que si ya habían apuntado escasa capacidad lidiadora allá por la feria de Otoño, en los albores de la primavera no han dicho mucho más, pero eso sí, son artistas.



Y para artista incomparable, pues ya saben ustedes, el genio de la Puebla, que no sé si se cree genio por las perlas que suelta o si suelta tales lindezas porque se cree genio. A uno casi no le había dado tiempo a digerir aquello de que cuándo él falte se acabó el arte, cuando nos salta con esta retahíla de la plaza de Madrid. Evidentemente, es su opinión y viendo sus formas y sus cosas, tampoco nos puede sorprender a estas alturas, esa es su sensibilidad y con su trayectoria quizá no sea difícil adivinar cuáles son sus expectativas. Empezando porque él quiere una plaza construida según sus criterios arquitectónicos, luego espera un público que caiga rendido a sus pies por el mero hecho de vestir de luces. Corríjanme, por favor, pero no recuerdo ningún caballero con las exigencias y caprichos de Morante de la Puebla, incluso de aquellos que nunca vieron entregada la plaza como él, aunque hace ya muchos, muchos años, tantos, que ya hasta cuesta contarlos. Que a lo mejor se podría hacer con él una excepción y atender esas demandas de divinidad terrenal, pero, ¡hombre! Que tampoco se puede decir que él haya tratado con especial mimo a la plaza de Madrid, que en no sé cuántos años de alternativa solo ha sido capaz de regalarnos dos quites y pare usted de contar. ¿Qué es un genio? De acuerdo, que venga a Madrid y lo demuestre, pero que lo haga tratando de imitar la humildad de los grandes de verdad y emulando lo que estos hicieron en el ruedo. Pero ya digo, en la arena de Madrid y si lo consigue, con el toro, por supuesto, verá cómo le responde Madrid. Aunque estas ideas quizá no las tenía en aquellos tiempos en que se quería agarrar a esto como un clavo ardiendo y estaba dispuesto hasta a encerrarse con seis toros en esta plaza ahora maldita. Con aquellos seis primeros que pasaron sin pena ni gloria o los seis siguientes en los que enardeció a la plaza más por su pundonor que por sus cualidades lidiadoras. Entonces Madrid sí que le venía bien, ¿verdad? Lo que cambian los tiempos.



Pero que no se engañe, porque el público de Madrid no va ya predispuesto al cabreo por el mero hecho de ir a los toros, quizá sea más producto de que le queda algo de  memoria. Quizá el recelo que le despierta el recuerdo de los bailes de corrales habituales en las mañanas de los días en los que Morante de la Puebla se ha anunciado en los últimos años, ya bastantes, o cuando no, ha declinado rendirnos visita porque le molesta la panza del ruedo. Quizá también tenga que ver la racanería en sus apariciones, contadas, escogidas y de mala gana. Que aunque el genio no lo crea, la gente de Madrid también tiene su corazoncito. Y después, con toda la expectación que despertaban sus visitas, era ver el ganado que tanto escogía y no digo que fuera para quemar la plaza, pero que entienda que eso ya enfada al personal. Que eso sí que lo tiene Madrid, si el toro no es toro… Aunque eso ya se da cada vez menos, el artista puede estar tranquilo. Pero él interesadamente confunde la indignación con la mala educación. No hombre, no, que tampoco somos unos lilas babeantes. Pero este año volverá, igual que los que crían productos o los que guardan las vacas de cinco puyazos debajo de la cama y luego se extrañan de que digamos que entre Morante y sus colegas no nos dejan vivir.


domingo, 9 de abril de 2017

Pero es que yo quiero ser torero


Descanse en paz el niño que quería ser torero y para los suyos un deseo de consuelo por una pérdida tan grande, pero...




Se cuenta que un día de abril llegó a las puertas del cielo un niño que quería ser torero y que, ya que antes no pudo cumplir su sueño, al menos esperaba que este se hiciera realidad allá arriba, donde se juntan sueños, ilusiones de mayores, que son los más, con los pequeños, que no son tantos; por fortuna, porque aunque por allí dicen que se está muy bien, no es lugar para que haya niños, mejor que se hagan mayores, muy mayores y luego ya les llegará su momento, porque aunque sea el Paraíso, tampoco hay que tener prisa por llegar.



-          ¡Hombre! Mira que niño más guapo ha venido hasta aquí. ¿Cómo te llamas?

-          Me llamo Adrián. ¿Y qué es este sitio?

-          Bueno, tampoco te preocupes por el nombre, dependiendo quién, lo llaman de muchas maneras, pero tú solo preocúpate de estar a gusto.   Seguro que te gusta jugar, ¿verdad?

-          Claro. Y aquí, ¿hay que ir a la escuela?

-          Si tú quieres, puedes ir, pero no es imprescindible, aquí sabrás todo lo que necesites saber, sin necesidad de estudiar o tenerte que examinar, aquí ya tienes todas las asignaturas aprobadas.

-          ¿Hay muchos niños?

-          Algunos hay, pero no es lo que más abunda. Tenemos de todas las edades, pero la verdad es que suelen venir más personas mayores que niños. Los niños es mejor que tardéis en venir, porque cada uno que viene aquí es un ángel que nos llevamos de allí abajo y allí necesitan mucho de los ángeles. Pero claro que encontrarás niños con los que jugar. A ver, ¿a qué es a lo que más te gusta jugar?

-          A los toros.

-          ¿A los toros? ¡Caramba! A mí también me gustan los toros, aunque no he jugado demasiado.

-          Yo te enseño, primero tú haces de toro y yo te toreo y luego, cuándo aprendas, cambiamos.

-          ¿Y por qué tengo yo que hacer primero de toro?

-          Pues porque sí, porque para saber torear, primero hay que saber hacer de toro. Me lo han contado los toreros de verdad.

-          ¿Los toreros de verdad?

-          Sí, yo conozco a muchos, ¿sabes?

-          ¡Aaah! No sabía.

-          Sí. Es que una vez, cuando yo estaba malo, que me pasaba el tiempo en el hospital, pues para curarme se juntaron un montón y torearon para mí; bueno, para mí y para toda la gente que estaba en la plaza. Pero a mí me brindaron los toros y todo.

-          ¿Te brindaron los toros?

-          Sí, es cuándo ya van a torear con la muleta, van a una persona, se quitan el sombrero, o la montera, si van de luces, y es como si le dedicaran lo que van a hacer. A mí me gustó mucho. Aunque ya me habían brindado más toros, pero con toda la gente a la vez. Eso es brindar al público, que el torero va al centro y hace así.



Y el niño metió los riñones, levantó el brazo y con el labio de abajo sacado para fuera exageradamente, dio una vuelta completa sobre su eje, cruzando las piernecitas a medida que giraba como si fuera el Sol deslumbrando al Universo.



-          Y luego tiran la montera, pero tienen que hacer que caiga boca abajo.

-          Y yo que me perdí esa tarde en la que los toreros te brindaban los toros.

-          Síii, pero es que luego, cuándo acabó la corrida, me cogieron a hombros, como si hubiera cortado yo dos orejas y me pasearon por el ruedo.

-          ¡Caramba! Eres toda una celebridad.

-          ¿El qué?

-          Que eres famoso.

-          Sí, pero no te creas, que hubo gente a la que no le gustó. Ponían cosas feas en el ordenador y mi madre lloraba. Eran unos, unos…

-          Eran unos pobres hombres que no sabían lo que es la ilusión de ser torero, unos pobres infelices que seguro que también querrían ser amigos de los toreros, que les brindaran sus toros y que les llevaran a hombros por el ruedo.

-          No sé, pero es que decían cosas feas.

-          ¡Bah! No hagas caso a esas palabras feas, ahora estás aquí, en el Paraíso, o cómo prefieras llamarlo y serás un ángel y podrás cuidar a los tuyos desde aquí arriba.

-          ¿Un ángel?

-          Claro, es lo mejor que hay, ¿o es que no quieres ser un ángel?

-          Bueno sí, lo seré si tú quieres, pero es que yo quiero ser torero.





PD.: Que el niño torero descanse en paz y un beso muy grande para los que no podrán ya encontrar consuelo por no tenerle a su lado y que han recibido un golpe tan fuerte que nadie, nadie puede ni imaginar.


Enlace programa Tendido de Sol del 9 de abril de 2017:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-9-abril-de-audios-mp3_rf_18047434_1.html

martes, 4 de abril de 2017

¿A quién beneficia ese divertido triunfalismo?




 
Todo lo que se hace con verdad y con el toro de verdad, no sé si será divertido, pero interesante y valorable, desde luego. Otra cosa es que haya muchos capaces de hacerlo


Parece algo inamovible eso de que el triunfalismo, moda tan extendida por nuestras plazas, es garantía de diversión y que además constituye un derecho irrenunciable de las mayorías. ¡Caramba! Mucha tela, ¿no? Parece como si hubiera un decreto por ahí que dice que no se puede perturbar, ni hurtar la diversión a las mayorías, ni mucho menos contradecir las decisiones que las masas toman como un ente uniforme. Es que a medida que avanzo, más miedo me da esta cuestión y menos llego a comprenderla, porque claro, estos razonamientos expuestos de forma tan categórica lo mismo por un periodista o un comentarista delante de un micrófono, eso de la soberanía del público, lo mismo en el calor de las emociones de una tarde de toros, que tranquila y sosegadamente durante la grabación de un programa, no tienen ni un pase.

Pongámonos en una situación que desafortunadamente puede darse en cualquier momento. De repente llega la mayoría que no le gusta esto de los toros, que piensa que es un resto de barbarie primitiva y que no es moral eso de “divertirse viendo cómo se maltrata a un animal” y de la noche a la mañana deciden de forma soberana, prohibir las corridas de toros y encarcelar a todos los que han practicado de una forma o de otra esta actividad. ¿Lo verían justo? Aparte de que les pareciera una aberración y se desgañitaran llamando ignorantes a los impulsores de tales medidas. Pues según sus razonamientos, está perfectamente motivado y además de forma irrefutable. Absurdo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué se afanan en aplicar el mismo patrón a los que simplemente defienden una norma establecida y recogida en el reglamento taurino en cuanto a concesión de trofeos, indultos y demás? Mala cosa es cuándo alguien se siente fuerte por pertenecer a una supuesta y ruidosa mayoría y decide aplastar sin miramientos a los que consideran minoría y por ello más débiles. Líbrenos la providencia de las mayorías ciegas y de las minorías amordazadas.

Pero hay valores en nuestra sociedad que si se aíslan y se desvinculan de la razón, la justicia y la igualdad, pueden convertirse en pseudovalores con su esencia pervertida, dirigidos justamente a lo contrario que en un origen se esperaba. En eso no s encontramos con el argumento en cuestión, el de las mayorías. Estas pueden decidir sobre la elección de sus representantes o sobre la aprobación de leyes, por poner dos ejemplos, pero nunca pueden ser los que dictaminen si una ley o un reglamento, como es el caso taurino, debe ignorarse según su capricho y mucho menos por diversión y para conseguir un mayor divertimento. Pero como nos escudamos en lo de la mayoría… Un linchamiento a las normas en toda regla y lo que es peor, con un responsable en hacerlas cumplir que se convierte en cómplice necesario y decisivo. Pero, ¿quién sale beneficiado de todo esto? Suele ser frecuente que los que se amparan en esas mayorías, los que no quieren que la norma les ate, los que quieren imponer sus caprichos a la legalidad, aparte de unos expertos manipuladores, es muy posible que sea unos mediocres consumados.

Pongámonos en situación. Si por una de esas casualidades de la vida a los presidentes y demás autoridades les diera por hacer cumplir el reglamento y además explicaran motivadamente el por qué de sus decisiones, de no conceder orejas, de no regalar indultos, de permitir que se simule la suerte de varas y demás, ¿quién quedaría en entredicho? Pues los mediocres incapaces ante el toro, los que no saben más que trapacear en lugar de torear, los que acribillan vilmente por la espalda al toro al ejecutar la suerte suprema, los que crían animalejos para que esos mismos mediocres se los maten año tras año, los que tienen enganchados a toreros, ganaderos y medios de comunicación y algún colaborador más que les orbita a ver si cae algo. Si estos son los que tendrían que irse para su casa. El cambio se produciría por incomparecencia de los aludidos. Los mismos que nos quieren hacer creer que los despojos a mansalva y los indultos atraen más público a las plazas, sin importarle que esto sería pan para hoy y hambre para mañana. ¿Ustedes creen que si todo volviera a una mínima normalidad no habría también triunfos, orejas y entusiasmo? Por supuesto que sí, pero lo que cambiaría serían los nombres, sin lugar a dudas, pues estos que nos atormentan no podrían aguantar el tirón y quizá los que crían los semitoros verían como las ventas de sus “productos” caerían en picado; ¿cabe algo más feo que llamar “producto” a un toro de lidia? Los señores empresarios igual tendrían que contratar y pagar y bien pagados, a los que sí pudieran con el toro íntegro. Si hasta se le ha escapado a un agente fundamental de este sistema eso de que los figurines actuales no soportarían siete embestidas con fiereza de un toro con casta y trapío. Será que se ven tan crecidos, tan sobrados y tan dominadores de esto, que hasta se permiten estos deslices, aunque solo sea para agradar a su auditorio. Lo mismo este, que sus colegas de esta banda del taurinismo presente tendrían que adaptarse a lo que siempre ha sido esto. Bien es verdad que la maquinaria propagandística no deja de funcionar y no cesan de inventarse mentiras que a fuerza de repetirlas y repetirlas, siempre encuentra quién se las crea ¡Qué cosas! Justamente, esa mayoría, que si los triunfos atraen más público, que si la mayoría manda, que si lo que la gente quiere son faenas eternas llenas de trapazos o que el triunfalismo es aval de pasarlo en grande. Lo que sí está claro es que cada vez encontramos más respuestas a la pregunta de: ¿A quién beneficia ese divertido triunfalismo?


Enlace programa Tendido de Sol del 2 de abril de 2017:

miércoles, 29 de marzo de 2017

Pero, ¿cómo llegamos al indulto?


Excepcional debe ser el que el toro vuelva con vida de dónde salió




Parece mentira que con lo frecuentes que son últimamente los indultos, algunos no acabemos de saber cómo se llega a ese punto y con lo que se oye por ahí, lejos de aclararnos, entendemos cada vez menos sobre la cuestión. Ingenuos aquellos que creían tenerlo claro, aplicando eso de: un toro excepcional en los tres tercios. Pues no, porque ahora parece que esa excepcionalidad se hace imprescindible el saltársela a la torera, con el único fin de conseguir que un hecho extraordinario se convierta en un aliciente al alcance de cualquiera y disfrutable por el mayor número de personas que acudan a una plaza de toros. Que en lo que antes decidían, una vez pedido por el público, el matador, la autoridad, asesorado en consecuencia por quienes deberían estar a su derecha e izquierda, y el propio ganadero, quien tendría que considerar si ese ejemplar le es apto para padrear. Que me dirán que nada ha cambiado en la actualidad; sí, pero. ¿Y cuál es el pero? Pues que manda más el entusiasmo del público, sin tener en cuenta esa excepcionalidad en los tres tercios. No es infrecuente el ver cómo la caldera se va calentando ya en el último tercio, ante la repetición de las embestidas del toro. Ahora mismo me cuesta recordar un indulto construido a partir de ese entusiasmo en el primer tercio, ante el espectáculo de un toro acudiendo al caballo tres veces, con prontitud y sin derivaciones como empujar de lado, echar la cara arriba, sin la fijeza y codicia precisa o sin recibir un mínimo castigo en el peto. Todo puede ser eludible, si el fin es el indulto.



No paro de preguntarme si eso del indulto es tan necesario para la Fiesta. Perdónenme, pero no acabo de entenderlo, llegando incluso a escuchar eso de que si nos ponemos exigentes, entonces no habría indultos. ¿Y cuál es el problema? ¿La Fiesta no podría subsistir sin ellos? ¿Sería el fin de la Fiesta? Se me hace difícil echar cuentas de los toros que he podido ver en más de 50 años de ver toros en Madrid merecedores del indulto. A la memoria se me viene Capitán y aquel Belador, con B, que ya en su día no mereció tal honor, pero es que era de Victorino y al personal se le habían calentado bastante los cascos en fechas previas a la corrida, por parte de la prensa de la época. Tantos años sin indultos y no pasaba nada, ni se han desmoronado los cimientos de la plaza, ni se ha resquebrajado por ello la afición, ni ha habido que lamentar ningún cataclismo en el barrio de Ventas, igual que antes tampoco hubo que lamentar desgracias ni por la Fuente del Berro, ni por la Puerta de Alcalá, ni en la Plaza Mayor, ni en otros lugares como Tetuán, Carabanchel, Ciudad Lineal, la Plaza de San Ildefonso o la mismísima plaza de Oriente. ¡Qué cosas! Siglos sin un indulto en Madrid y no ha pasado nada.



Quizá esta ausencia de indultos era soportable porque no había necesidad de justificarse ante los antis con eso de que hay toros a los que les salvamos la vida y los devolvemos al campo. ¿Cabe mayor barbaridad? ¿Cabe mayor reconocimiento de culpa o de mala conciencia por parte de los aficionados?  Por consiguiente, todo toro no indultado y muerto a estoque es motivo de vergüenza y signo de la barbarie que quieren hacer que parezcan los toros. ¡Hombre! Qué buenos aficionados seremos si nos quedamos en eso, si esgrimimos argumentos de tal simpleza y bobonería? Damas y caballeros, que esto es la Tauromaquia, no la taurodanza, que el motivo y el fin último de todo esto, no es otra cosa que la muerte del toro de lidia en el ruedo y no será así, solo en casos excepcionales. Eso sí, desde que nace un becerro hasta que es lidiado y estoqueado en la plaza, transcurre un tiempo y se dan una serie de acontecimientos que hacen que este fenómeno se convierta en un hecho cultural del que en el trayecto final puede brotar el arte, auténtico y verdadero arte, sin que ello dependa del indulto o no. Señores “indultofilos”, calmen su conciencia de otra manera, no sé, sienten un pobre a su mesa, paguen unas misas por la cabaña brava, vayan en romería al cabo de San Vicente, retírense del tabaco o si quieren, ofrezcan su castidad para santificar su alma, pero no pretendamos cambiar lo construido con tan buen juicio durante siglos.



 También suele ocurrir que en este maremagno de sucesos intempestivos surjan las ocurrencias, con la mejor voluntad, por supuesto, pero que no pasan de ocurrencias, que en muchos casos obvian lo construido con anterioridad, la idoneidad de lo ya probado, eso de la prueba error y que por si no fuera suficiente ha servido para asentar unos sólidos fundamentos, en este caso los del toreo. Muchas veces he escuchado eso de que si el toro ha sido bueno, a más de uno, para aclarar dudas, le pedía el cuerpo mandar salir de nuevo al caballo. ¡Hombreee! Un primer tercio con el toro empleándose, un segundo y el de muerte ¿y le sacas de nuevo el caballo al pobre animalito? Eso ya me parece sadismo. Que digo yo, que no tengo por qué tener razón, ¿y no se puede aplicar la lógica? ¿No podemos hacer caso a nuestros mayores y poner en práctica lo que nos enseñaron? Pues parece ser que algunos no están contentos del todo y no son capaces de aprender en cabeza ajena, no, tienen que equivocarse ellos mismos. Parece muy sensato el pensar que si un toro va tres veces al caballo, sin hacer feos, y si es necesario se le hace ir una cuarta, quinta o decimoquinta vez, dándole la vuelta al regatón a partir del puyazo en que se considere que el toro ya está picado, que a continuación se le prendan tres pares de banderillas y en último lugar la faena de muleta de veinte o treinta muletazos. ¿Para qué más? Ni menos. Díganme ustedes si entonces aún tienen dudas y si asoman, muy sencillo, a por el estoque. Pero es que así no va a haber casi indultos ¿Y? ¿Cuál es problema? Porque si alguien me dice eso, lo que me está reconociendo es que las maneras actuales son un coladero y una forma de satisfacer a los amantes de la fiesta, que no de la Fiesta. ¡Ah! Y eso sí, que cuándo se decida un indulto, por favor, evítense el cachete en el morrillo y volvamos a la tradición y a lo que siempre ha indicado el reglamento, a simular la suerte suprema con una banderilla. Pero no sé si las masas y las voces de los medios, con sus adoctrinados incluidos, estarán muy por la labor de hacer las cosas con criterio y así estaremos dándole vueltas al majín, pensando y pensando: pero, ¿cómo llegamos al indulto?


lunes, 27 de marzo de 2017

¿Los guardias sacan abono o van de gañote a los toros?


Vuelve la pasión, ¿volverá también el toro? ¿Volverá el toreo?




Dirán que esto de los toros no interesa, pero que equivocados estamos, y si no, fíjense que hasta los señores guardias van en masa a las plazas y hasta intervienen en las discusiones y protestas en los tendidos; algo a lo que antes rara vez se atrevían, pero ahora también se meten en harina y es que esto tira mucho. Y habrá quién quiera apuntarse el tanto, pero hay que reconocer el mérito que en esto tiene el señor Casas, Simón I el Innovador, que seguro que no quiere reconocer sus méritos, pero ya es mucha casualidad eso de que cuándo hay una protesta en una de sus plazas, no tardan ni un suspiro en asomarse las fuerzas del orden en querer sumarse a la controversia. Si eso no es afición y ganas de aprender de los aficionados, que venga Dios y lo vea. Que estoy seguro que habrá agentes a los que esto no les interesaba, pero claro, ya digo que esto tira mucho, y es casi imposible el abstraerse de un debate taurino.



Eso sí, que me perdone el señor Casas, don Simón I el Innovador, pues en la primera de la temporada madrileña no pudimos disfrutar de esos debates que se originan en los coloquios taurinos entre el aficionado que protesta y los señores agentes de la policía. Bueno, calma, que estamos empezando, bastantes innovaciones aportó el señor Casas, don Simón I el Innovador, con eso de ponerles un anorak azul eléctrico al personal de la plaza. Que está muy bien, no vean lo útil que resulta cuando el acomodador de tu grada aún sigue colocando a los espectadores más tardones incluso con el caballo en el ruedo y tú solo tiene que buscar el azul rompe ojos para decirle eso tan socorrido de: “que el toro está en la plaza”. Pero es que en la primera del año ya se percibía ese afán por la fiesta, no sé si por la Fiesta de los toros, pero sí por la fiesta en general, así como concepto universal. Que no voy a entrar en el detalle de lo que fue la novillada, pero sí que quiero detenerme un poco, lo justo, en las reacciones de los aficionados, los nuevos y los otros. Que dicho sea de paso, cuentan entre sus filas a los más aguerridos y rudos ejemplares de chicarrones del norte, aunque sean nacidos en Méntrida. El fresquioto que hacía y los había luciendo sus camisas de cuadros abotonadas hasta medio pecho, para que corriera el aire. Que igual era una forma sutil de demandar un anorak azul revienta retinas. Y lo bonito e ilusionante que resulta ver a la chavalería, ninguno de más allá de cuarto de la ESO, con sus americanas ajustaditas, su corbata colgandera y un veguero, Farias, Montecristi o Cohiba, que no digo yo que no, echando humo como para nublar una y hasta dos plazas. Sería tal bruma y los efectos de estar ahí tira que tira, lo que a algunos les hizo pensar que la novillada de Fuente Ymbro era la del toro Diano y Jaquetón al unísono, que salió buena, claro que sí, pero para hacer que saliera el señor mayoral y pedir la vuelta al ruedo al sexto, ¡no hombre, no! ¿Qué vamos a dejar para cuándo venga los Zalduendo y los Núñez del Cuvillo? Eso sí, por ahí he leído no sé de qué, que el presidente se quiso erigir en protagonista al no conceder la vuelta al ruedo y en no sé que más jaleos. Vamos, saca el pañuelito azul y entonces sí que sería protagonista, pero de “La Matanza de Texas”. Sería por lo del humo de los puros, que ya bastante perjudicó al personal que se decidió a otorgar un despojo al albaceteño Carretero, por trapacear a su buen sexto novillo. Aunque lo que cambian los tiempos, antes no eran una panda de chavales los que se jartaban a echar humo de sus puros, eran muchos aficionados y en casos como el que nos entretiene, más le habrían abroncado al bueno de Carretero por dejarse ir semejante carretón, que pedirle un despojo.



Mi extrañeza es que los señores agentes de la autoridad, en estos casos no quieren entablar diálogo con los felices aficionados plenos de entusiasmo y solo buscan la charla con los más airados, que ya digo que en esta primera no fue el caso, pero se echó de menos. Quizá si lo sucedido en el último hubiera sido en el segundo, por poner un ejemplo, que casi era mejor y más completo que el sexto, que también se le fue sin torear a Leo Valadez, pero como no cortó despojos, no hubo lugar a la protesta. Ni tan siquiera se pidió la vuelta al ruedo, sería que estábamos leyendo un tutorial en Internet de como ahumar todas las plazas del mundo con una batería de puros incontrolados o que aún estábamos perplejos con el resplandor de los anoraks azul te vas a quedar pa’ vender cupones. Que uno escucha lo de la educación taurina, así muy serio y se pregunta si en eso se incluye lo de los puros, los yintonis y las pipas; está claro que ya no dice nada de eso de no ocupar o abandonar la localidad durante la lidia de cada toro, ni de levantarse a mitad de la lidia y soltar eso tan clásico de: “dos cervezas, una Fanta y un Aquarius, que tengo al niño malo de eso”. Que la lidia dura mientas el toro está en pie, que aunque se esté tambaleando hay que estarse en su sitio, que no puedes decidir que te pones de pie para hablar por teléfono, ni de lado a lado para hablar con tu colega de la otra punta, ni para sacar el tabaco, ni para fuego, ni para saludar al cuñado de tu cuñado, ni para preguntar el horario de los autobuses de vuelta, ni tantas cosas más. Eso sí, solo pido que los próximos puros no sean tan humeantes, que luego salen las mulillas que no tienen fuerzas ni para ir al toro y van a paso cangrejo, mientras el paisanaje, una vez que ya sabía que el autobús esperaba, se desgañitaba pidiendo el despojo para Carretero. Y siendo el último ua no había tiempo ni ganas para nada, ni para protestar, ni para establecer animada charla con los señores agentes de la autoridad a los que el señor casas, don Simón I el Innovador, anima a que visiten y se interesen por los aficionados disparatados ante sus atropellos. Aunque a mi me ronda desde hace tiempo una duda y es ¿los guardias sacan abono o van de gañote a los toros?

PD.: Espero y deseo la pronta y plena recuperación del novillero Pablo Aguado, que fue cogido de tan mala manera y que tanto intranquilizó a los asistentes a la novillada. Para él y los suyos, un cordial saludo




Enlace programa Tendido de Sol del 26 de marzo de 2017:

miércoles, 22 de marzo de 2017

Que lo de Navarra no va en serio, ¿no?


Los legendarios toros navarros se echarían las pezuñas a la testuz si vieran en lo que quieren convertir la fiesta en su tierra




Esto de ser aficionado a los toros modo apasionado se está convirtiendo en una actividad de riesgo, que no salimos de un indulto de Manzanares a un mulo en Illescas, que nos vuelven con el de López Simón en Fallas, incluyendo en el paquete la penita que a los dos señores estos les daba tener que usar el estoque y entre tanto nos han dejado conocer las ocurrencias que las cabezas de unos políticos han pergeñado como novedades para otro reglamento taurino en Navarra. Que no digo yo que no esté bien modificar las normas para garantizar la seguridad en espectáculos como pueden ser los encierros, pero estos “legisladores” parece ser que quieren colar entre col y col, lechuga. Eso no, nos vengan por detrás, no quieran ponernos un par a la media vuelta, si quieren torearnos, adelante, pero vayan por delante, porque si no, igual empezamos a pensar mal. Primero que muy valientes no son, que muy claros tampoco y que además tienen mala conciencia o simplemente se andan con negocios turbios que quieren que cuelen por la patilla.



Todo indica que la fiebre liberalizadora de algún sector de la política española, ha llegado al toreo. Fuera regularización, a partir de ahora todo vale o mejor dicho, no vale nada que no dicten los caprichos de los que manejan todo esto, empresarios y “profesionales”, que son los que saben. Y si usted es aficionado y quiere opinar, porque al fin y al cabo será usted el que afloje la mosca, pues se aguanta las ganas y si acaso vaya perfeccionando eso de soltar la guita y callar, que hay veces que le falta práctica y ni llena las plazas, ni tiene la boca callada. ¡Chitón y a retratarse! Que tampoco hay que ponerse estupendo, que al fin y al cabo, lo único que pretenden es simplificar todo este jaleo de presidentes, que lo mismo te sale alguno díscolo y no suelta las orejas ni por asomo, que para contar dos idas al penco y seis palitroques, tampoco hace falta haber estudiado mucho. Que mejor dejamos las cosas en manos del señor empresario, que seguro que velará por los intereses del aficionado, sin tan siquiera que se le pase por la cabeza el engañar al que paga. Sería la primera vez, ¿verdad? Y que si además los actuantes están bajo su manto, que se anden con cuidado, que seguro que no les consiente ni esto, que hay que velar por los intereses del que paga. Si serán honrados, que hasta pretenden permitir que se puedan afeitar los pitones, pero avisando, ¿eh? Nada de meterlo de tapadillo, se le dice al respetable y así, con esa transparencia tan admirable, ya no es que se desternillen del aficionado, es que ya se descoj… en su cara. “Para que veas que no te engaño, te digo que he afeitado”. ¡Viva la sinceridad!



Que los señores estos tan avispados que se han metido en lo del nuevo reglamento navarro lo mismo se pusieron manos a la obra escuchando a los comentaristas de la tele cuando llenos de autoridad decían esa cosas de que el matador debe decidir que si se pica o no al toro, que si se el profesional es el que sabe, que no se puede poner coto al arte, que si las faenas duran tres días, pues que duren y esas barbaridades que a los aficionados les hace que le sangren los oídos. Eso sí, como no deben estar demasiado interesados en esto del toro, por ahí sí que no pasan, que esté el maestro en las que esté, a los veinte minutos, ¡pumba! Se acabó lo que se daba, el toro, desmochado o no, para adentro. Hay quien en todo esto ve maniobras antitaurinas., pero yo les confieso que ya me cuesta diferenciar si fechorías como esta vienen de la mano de los antis o de los más antis del mundo del toro. Que hasta no me extrañaría que los gobernantes actuales en Navarra hubieran pensado en hacer una gracia, un guño al taurinismo y para ganar tres votos más, para que vean que no pretenden prohibir las corridas de toros, pues nada, se dedican a dinamitarlas, que es mucho mejor, ¿verdad? Claro que sí.



Que igual todo esto se acababa con un único reglamento, quizá con especificidades propias del tipo de festejo popular de cada sitio, con sus especificidades particulares. Pero es que al final, lo mal hecho acaba saliendo. Recuerdan cuando el señor Corcuera, sí, el de la patada en la puerta y ya de paso el de la patada a la fiesta, permitió lo de los mil reglamentos, lo de las dos varas en lugar de tres, la trampa del guarismo para poder lidiar toros una temporada antes, luego lo de la cultura y tantas y tantas aberraciones que los sucesivos gobiernos nacionales y autonómicos han ido apadrinando sin sonrojo. Y lo que es peor, que hasta sacaban y sacan pecho tras perpetrar semejantes melonadas. Pues nada, sigamos con el folklore, aunque yo le sigo dando vueltas al caletre y a lo del reglamentito en ciernes; que lo de Navarra no va en serio, ¿no?


lunes, 20 de marzo de 2017

Demolición en nombre de la democracia


Imprescindible para un indulto, imprescindible para la lidia y para la fiesta


Si hay un valor indiscutible y absoluto que nadie se atreve a cuestionar ese es la “democracia”; otra cosa es lo que muchos entienden como tal y para saberlo no hay más que sentarse, esperar y observar. Es probable que bajo el paraguas de eso que llaman democracia no consientan que entre ni la justicia, ni la igualdad, ni mucho menos el sentido común. La democracia para ellos es alcanzar la mayoría e imponer lo que les venga bien, sin pararse a pensar que a lo mejor lo del vecino les viene mejor. Y esto también tiene su aplicación y extensión en el mundo de los toros. ¡Ay! ¿Por qué los toros tienen que ser siempre un reflejo tan fiel de lo que es esta España? Que aunque fuera por un ratito, no más de dos o tres minutitos, podríamos ser como los franceses, los suecos o los tailandeses, que no serán ni mejores, ni peores, pero son diferentes.

Que andábamos el otro día enfurruñados con lo del indulto o con esas incomprensibles concesiones de despojos por esas plazas de Dios y aún había que escuchar eso de que como lo pide la gente, chitón. Es como lo de “lo dijo Blas, punto redondo”, pero en masas y en toros. ¿Qué la muchedumbre entre bocado y bocado del bocata de tortilla pide que le den el toro al torero? Adjudicado. ¿Qué de postre los buñuelos habían sido alegrados con una cañita de Ojén? Un indulto. ¿Qué se va a enterar la Loli de lo hombre que es su hombre y como se entrega cuándo hay que entregarse? Un rabo, con perdón. Y aquí paz y después la locura y el desenfreno. Que no hay show más agradecido que el de los toros, que si se te ponen de acuerdo la peña los Tropezones con la del Traspiés, vamos de boca a montar el cotolengo más enloquecido del orbe taurino. Que basta sacar pañuelos y gritar mucho para conseguir una cosecha de cienes de orejas y decenas de indultos. Que esto es mucho mejor que el fúrgol, perdón, fúmbol, que ahí vas con toda la buena intención y con el mejor ánimo y va tu equipo y pierde. En los toros no, porque como esto es muy democrático, solo hace falta ponerse a la labor y ¡zas! ¡Histórica tarde triunfal en el coso de la Sanjuanera! Y te vas a casa más feliz que na.

Que no digo yo que no sea sano eso del disfrute y el entusiasmo y si es colectivo, mucho mejor, pero, ¿esos que tanto quieren favorecer al torero paisano, al simpático, al guapo o al que parece un comulgante han pensado en el daño que hacen a la fiesta? Una tarde en una plaza perdida de la mano de Dios, si se montan un sarao pseudotaurino no pasa nada, pero es que estas orgías de mentecatez se han convertido en la norma, norma obligada a la que todos debemos obediencia, porque lo dice la mayoría y como esto es una democracia, la minoría disidente tiene que callar, algo muy propio del espíritu democrático, obligar a callar al prójimo, y tirarse al abismo a ciegas. ¡caramba con los demócratas!

Este sentir democrático, aunque los furibundos entusiastas no lo crean, se va llevando toda la esencia de la fiesta de los toros. Primero y antes que nada, al toro, arrebatándole su dignidad e integridad, para convertirlo en simple monigote colaborador de la charlatanería taurina. No me dirán que no es saber lo que se hacen, porque empezando por el eje, si se admite la degradación y mutación de toro a jamelgo, lo demás ya viene de corrido y cuesta abajo. El fraude triunfará con toda seguridad y los que urden estas estrategias y manipulan el cotarro, de momento se aseguran el poder manejar todo y sacar sus beneficios, que por otra parte cada vez son menos, pero eso tampoco es para preocuparse, porque si hay menos a repartir, se hace que se reparta cada vez entre menos bolsillos.

Pero claro, si trastocamos el eje, la reacción en cadena se nos va de las manos, el primer tercio se convierte en una pantomima, llegando a extremos como el que el público, el que paga, admita sin pudor que si se pica un toro se cae, en consecuencia no se le puede picar, pues que no se le pique. ¿Cabe mayor estupidez? Te roban una tercera parte del espectáculo y no solo no protestas, sino que tragas y hasta te muestras comprensivo y te sientes orgulloso porque te crees un aficionado fetén. Y los taurinos, sobre todo esos de micrófono en mano, no solo lo asumen y lo entienden, sino que lo ven como una cuestión que hay que desregularizar y dejar todo en más del trincón de turno, convirtiéndose en cómplice del señor que vende mulos fofos por toros. Pero claro, si no te ha dado un jamacuco, en cuanto ves al señor de las medias rosas coger los trastos y ver como hace de la mentira ley, entonces ya ves que esto no tiene remedio, que el entramado es un enredo que no hay quién lo desenrede. Eso sí, luego vienen los clamores de la masa, esa que como casi único argumento esgrime eso de: “lo ha pedido el público”; sin caer o sin querer caer en que estamos viviendo una demolición en nombre de la democracia.


Enlace programa Tendido de Sol del 19 de marzo de 2017: