miércoles, 15 de enero de 2020

Que no nos quiten nuestra libertad


La esperanza de verlo siempre

Está el patio un pelín revuelto, con algunos creyendo que se nos van a limitar las libertades y el derecho a decidir en muchos aspectos y más concretamente en lo que respecta a los toros. Y la verdad, es para pensárselo, aunque quizá puede que lo que haya que variar es el punto de mira y ampliar la defensa de los flancos y no quedarnos solo en lo de hacer frente a los ataques antitaurinos. Que no digo yo que nos olvidemos de ellos, ni que los infravaloremos con eso de que van cuatro a manifestarse contra los toros, ni mucho menos. Hay que tenerlos siempre muy a la vista, pero cuidado con el que pueda estar a nuestro lado en la trinchera, no vaya a ser que a las primeras de cambio nos liquide con eso que eufemísticamente llaman fuego amigo.

Hay amenazas como las que planean sobre los aficionados de Madrid, que no se pueden desatender ni por un segundo. Y digo aficionados, porque al público le afectarán muy poco los desmanes que se perpetren en la capital. Que a estos seguro que no se les privará de que una tarde al año puedan merendar en las Ventas, con sus yintonises, canapés y bocatas de dos palmos y ya puestos, igual sazonan la juerga con algún despojo generoso. Pero, ¿y el aficionado? ¿Podrá seguir manteniendo la temporada de Madrid? ¿Podrá seguir viendo su ruedo como siempre y con el toro que siempre ha exigido? Esto depende del que supuestamente está a su lado en eso de la defensa de la fiesta, y que no le tire con lo de reducir el ruedo, acortar festejos y prácticamente limitar los toros en Madrid a San Isidro, Otoño y tres días más por aquello de no cortar en verano durante tres meses sin festejos.

Que ya es una señal de que las cosas no van bien si te tienes que encontrar con alguien en una trinchera, pero parece que ese es el panorama que nos quieren pintar. Nos marcan el enemigo, aquel con quién tenemos que ir en contra, que no es que esté fuera de lugar, el problema es ese, que no es el único que nos debe preocupar. Nuestros males pueden llegar directamente de la oficialidad del mundo del toro. Nuestras penas pueden nacer, crecer y hacerse ingobernables en el momento en que la autoridad, los políticos, los partidos en el poder cedan a los caprichos de estos que señalan a otros, queriéndonos convencer de su santa y pueril inocencia. Si nos detenemos en la Comunidad de Madrid, basta ver cuales son las primeras medidas de calado que ya están sobre la mesa, las obras de las ventas, que son absolutamente necesarias, pero con la receta añadida que tanto desean ganaderos, toreros y demás satélites de este tinglado, achicar el ruedo y dejar sitio para zonas vip que alicaten hasta el techo el bolsillo de los señores empresarios de Plaza 1. Todo sea por el negocio, todo sea por el auge de la hostelería en la plaza de Madrid.

Y ya puestos, a ver si la cara visible de la empresa consigue su propósito y el de gestores precedentes, acortar considerablemente, si no eliminar, la temporada capitalina. Llevan años queriendo demostrar la hipótesis de que tal temporada no es rentable. Y por supuesto que no es rentable, ¿cómo va a serlo con semejantes carteles? ¿Cómo va a serlo cuando en todo el verano se dan un par de corridas de toros y mil novilladas con espadas que en la mayoría de los casos vienen a la desesperada, a ver si suena la flauta y les toca el gordo de Navidad en julio y agosto? Estos señores y los anteriores y los anteriores, pusieron todo su empeño en hacer que el madrileño perdiera el hábito de ir los domingos a los toros y vaya si lo han conseguido. Y eso es lo peor que podría pasar. ¿Por qué? Pregunten a los aficionados de Barcelona. Que sí, que los habituales eran unos pesados de tomo y lomo, que exigían el toro, exigían a los de luces y no le pasaban una a las empresas correspondientes. Que los transeúntes cegados por el paisanaje son mucho menos incordiones, mucho más amables y verbeneros, pero esos, esos que tanto ánimo ponen para acompañar al paisano recorriendo kilómetros y kilómetros, esos no sustentan, ni mantienen ninguna plaza. Que igual no han conseguido ni mantener la suya, como para mantener la plaza de Madrid. Pero los señores empresarios insisten en eso, en quitarnos la libertad de poder ir a los toros todos los domingos de la temporada madrileña, como toda la vida de Dios. ¿Y qué esperanza nos queda? Pues esa, que los políticos, que los responsables y propietarios de la plaza hagan oídos sordos a esos caprichos de pan para hoy y miseria para mañana, manteniéndose en su sitio ty velando por la afición de Madrid. Porque como ya caiga Madrid… Y a ver si así al menos conseguimos eso tan preciado para los aficionados a los toros, que no nos quiten nuestra libertad.

Enlace programa Tendido de Sol del 12 de enero de 2020:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-12-ene-2020-audios-mp3_rf_46403259_1.html

miércoles, 8 de enero de 2020

Vaciando los altares


De momento nos quedan algunas divinidades en nuestros altares. Quizá el más grande, Joselito

Muy a menuda se habla de esto de los toros como algo que va mucho más allá de una simple afición, de un espectáculo o de un entretenimiento, llegando a asimilarlo casi con una religión, con sus ritos, santos y divinidades a las que entregar el alma taurina, cuando este precisa de alimento espiritual. Y como toda religión que se precie, en los toros también encontramos nuestros altares habitados y dedicados a los que, de alguna manera, un día engrandecieron esta fe. Pero ya se sabe, una cosa es tal fe y otra sus feligreses, que, como en todas las religiones, también cuenta con esos elementos que predican más en favor propio, que no para honrar a la divinidad, ni para transmitir las enseñanzas que esta nos legó.

Aunque no vistieran de luces, ni criaran el toro bravo, los aficionados a los toros ofrendaban y dirigían sus oraciones taurinas a santos y mártires como Lorca, Goya, Picasso y otros tantos. Si bien es verdad que, a veces, pretendiendo inconscientemente emparejarse en sensibilidad y genialidad con esos ilustres aficionados, aferrados al hecho de compartir fe taurina. Pero hete aquí que a modo de reformistas luteranos aparecen los fieles de la doctrina antitaurina y nos quieren robar a nuestros santos; y no se crean que empiezan por lo bajo, que tiran directamente a lo más alto de la corte celestial taurina, a don Paco el de los Toros, a Goya. Que ahora se convencen y nos quieren convencer del antitaurinismo de don Francisco. Que no creo que haya mucha opción a debatir sobre ello, pero ojito con la mala baba que vienen estas huestes antis. Que la cosa va más allá, la cuestión es esa, querer vaciar de todo a los toros. Neguemos la sensibilidad, neguemos la posibilidad de que nuestras divinidades pudieran acoger el más mínimo aprecio por la fiesta. Que si cala eso de que Goya estaba en contra de esto, ya podemos enfangar a cualquier hijo de vecino, llámese Picasso, Lorca o Miguel Hernández. Quien incluso vivió escribiendo de toros. Despojemos a estos primitivos seres que van a las plazas de toda cualidad humana, acerquémoslos a los animales y habremos descalificado cualquier manifestación taurina. Que no digo yo que no ganemos si nos empiezan a tratar como animales; igual así nos permitirán poner los pies en su sofá, nos comprarán un abriguito y botitas para pasar el invierno, nos permitirán pasarnos el día encerrados en sus casas y nos dedicarán todo el cariño que cabe en sus corazones para todo lo que no suponga algo de humanidad. Primero la animalidad y luego, si queda algo, la humanidad.

Pero, ¿creen que esto de vaciar los altares es algo exclusivo del reformismo antitaurino? No hombre, no. Qué cosas piensan ustedes. También los hay en los que se dicen aficionados a los toros que descabalgan unos santos para poner otros, los suyos. Y como decía antes, en beneficio propio, para engrandecer a los que ahora ven pasearse en loor de santidad por los ruedos del mundo, amparados en una antigua fe, pero queriendo solaparla con sus nuevas creencias. No sé si existe el concepto de la desbeatificación, pero si no existe, en esto de los toros podemos encontrar un buen ejemplo de ello. Se pretende bajar de los altares a los santos de antes, para colocar a los suyos, a los que se intenta santificar antes de que tan siquiera se hayan cortado la coleta, hayan embarcado su último toro o montado su última feria. Como un nuevo protestantismo taurino, asaltan las capillas del clasicismo para sustituirlas por ídolos que según los casos ni cabrían en la hornacina, no por su devota genuflexión, sino por su herético retorcimiento. Y creo que no hará falta dar nombres.

Y si se ven en la necesidad de buscar un poco más atrás en el tiempo, se aferran a las hazañas de un señor de Córdoba, de guedejas revueltas y sonrisa fácil, o a las de otro de excelsas facultades de Barbate o a quien tantos pases le contaron que perdieron la cuenta. Que no quiero yo faltar al respeto a quien no está, ni mucho menos a quien dejó su todo en la arena, pero de ahí a subirles a los altares hay un trecho y grande. Pero ya ven, sea por los unos, sea por los otros, nos encontramos con dos nuevas creencias, la anti y la “moderni”, que nos hacen ser testigos de cómo ambas, frente al toreo de siempre, al clasicismo, a la verdad del toro, se afanan en pasarse el tiempo vaciando los altares.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

En el año nuevo, fuera reglamentos y arte libre




También desde Tendido de Sol muchas felicidades, Feliz Navidad y un muy feliz año 2020


Lo malo de los artistas es que cuándo les da, les da fuerte. Cuándo les viene la inspiración, eso no hay cristiano que lo frene; mejor hacerse a un lado y que sea lo que tenga que ser ¿Y qué hay con más arte artístico que esta tauromaquia 2.0? No busquen, no hay nada que la supere en arte e inspiración. Que aquí tienen arte hasta los que venden almohadillas, refrescos o almendras por los tendidos. Y que se nos quite de la cabeza, el arte es un torrente indómito que cuándo se lanza, se lanza. Y cómo se lanza.

Que no llega ahora don Justo Hernández y dice que fuera reglamentos, que el arte no se puede limitar con normas que sirvan al aficionado para medir la bravura de un toro, ni tan siquiera para exigir que este tenga un mínimo de trapío. Todo por el arte y para el arte. Eso sí, que igual habría que poner freno en eso de saber qué es arte, que no lo es y que es una chabacanada tramposa y vergonzante. Que igual este señor y todos los que piden esa demolición de la normativa taurina, lo que precisarían es que los límites se establecieran precisamente para aclararnos lo que es el arte. Igual ahí empezaban las discrepancias. Arte es lo que se nos ponga a cada uno en el moño y si la pervivencia, el que pueda seguir con vida la fiesta de los toros depende del moño de cada uno y del momento del moño, mal vamos, pero que muy mal.

Que también se puede calificar como arte todo aquello que no me complique a mí la vida y que me permita seguir contando billetes de la venta de borregos fofos y descastados. Que arte también puede ser, y a ver quién me dice que no, el poner posturas tramposas delante de esos borregos descastados y recibir una buena montonada de billetes a cambio. Que arte puede ser incluso montar una feria tras a otra con borregos descastados y caballeros poniendo posturas tramposas delante de ellos, a los que se les paga una montonada de billetes, mientras otros primos pagan una tela por entrar a contemplar semejante espectáculo. Eso sí, libremente, lo que hace que uno empiece a pensar en el arte de aquellos por sacarles la pasta a los primos, con tanto arte.

Que eso de calificar las cosas como arte, como cultura o incluso como fuente para la creación de muchos puestos de trabajo, ya lo hemos oído muchas veces y resulta que siempre, o casi siempre, viene de boca de unos señores que quieren tener vía libre y el campo abierto para llevar a cabo sus fechorías. Que cualquier norma les parece una cadena al cuello, pero que no dudan en querer ponérsela al que dude mínimamente de su “arte”. Y no digamos de quién les critique o rechace abiertamente esa actividad “artística”. Entonces ya te mandan a galeras del tirón, con cadenas en el cuello, pies y manos. Que tampoco es mal plan, que igual te encuentras a Ben Hur y de colegueo, luego te da una vueltecita en su cuádriga. Y que te explique eso de las carreras sin reglamentos, caballitos y carros guiados por unos locos de la cabeza.

Pero los que piden que no haya reglamentos en esto del toro, de locos tienen muy poquito; de espabilados y vivos lo tienen todo, pero de locos no. Unos con eso de que lo pican lo que a ellos les parece o como si no quieren picarlo, que el caballo ni tan siquiera asome, otros que si no les toquen avisos, otros con que les gusta el bichejo y se lo quieren llevar para su casa, los que quieren recoger despojos a fuerza de berridos de la masa, los que si no les cuadra a media lidia hacen que lo echen para atrás, los que deciden que sardinas desmochadas pasen por toros, los que quieren echar de las plazas a los disconformes, los que quieren callar a todo el discrepante. En definitiva, los que pretenden que les lluevan los billetes del cielo sin escuchar la más mínima queja y sin esfuerzo, ni riesgo, ni complicación alguna. Pues nada, ya que estamos en estas fechas tan especiales, apretémonos los machos y en el año nuevo, fuera reglamentos y arte libre.

Enlace programa Tendido de Sol del 15 de diciembre de 2019:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-15-diciembre-de-audios-mp3_rf_45481188_1.html

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Ring, ring, le llamo de Plaza 1


Muchas Felicidades y que la afición llegue a todo el mundo y a todos los rincones




El otro día me llamaron de la plaza de toros, o eso me dijeron. Que yo pensaba que era para felicitarme las fiestas, pero no. ¡Qué chasco! Que quieren saber si quiero que me den el día libre los lunes, por aquello de así aprovechar para hacer la compra, que si tienes que quedar con la querida/señor respetable que te pone un piso, que si pides hora para el médico. Lo que son las cosas, toda la vida teniendo que pedir permiso para salir antes y marchar a los toros y ahora en los toros, estos señores de plaza 1 te dan permiso para que arregles tus cosas terrenales. Que ya puestos, si en un fin de semana, sábado y domingo, te ponen dos de caballitos, te montan un puente de dulce para irte a la playa y ni feria, ni ferio, al chiringuito a ponerse to’ morrosco de mojitos, caipirinhas y sales de frutas con paracetamol para lo de la acidez y la resaca. Que todo son ventajas, o casi todo, porque claro, si alargamos el final de la feria, lo mismo nos ponemos en San Juan y ahí viene el lío. Que empezamos que si petardos, que si quema de trastos inútiles y nos montamos una pira que llegue al cielo con todo lo que el aficionado querría apartar de su fiesta. ¿Se imaginan? ¿Tal o cuál figura? ¡A la hoguera! ¿Tal ganadería? ¡A la hoguera! Siempre en sentido figurado, claro, que aquí eso de mandar a la hoguera, aunque sea metafóricamente hablando, tiene un peligro de no te menees. Que aquello también llegó a ser tradición. Y con las mismas, puede haber quién se ponga a celebrar a San Juan llevándole a la Pradera y sacándole en andas para que se rieguen los campos. Un lío.



Pero vamos a ver. Parafraseando a los americanos de las series de abogados, ¿quiz proculo, o quinqui prorreo o te da cuin al propio o…? ¿a quién le viene esto de perlas? Esto de quitar los lunes y alargar la feria sine die. Pues pensando, pensando, igual le evita al señor Casas, don Simón, tener que montar alguna que otra novillada en el mes de junio y eso que se ahorra. Que lo de cenarse las Ventas podrá cruzarse con la feria del siglo y acabar con un adefesio amorfo y sin sentido. ¿Qué iba a ser de los autobuseros que los domingos transportan tanta ilusión y alegría desde los lugares de origen de esos novilleros rayanos en la treintena? ¿Qué iba a ser de los que con tanto primor convierten los pasillos de la plaza de Madrid en una grandiosa fritanga? O igual estos acaban incorporándose a mitad de feria y todos contentos, a entrar y salir a mitad del toro, porque lo del ruedo ya no importa, lo verdaderamente importante es la merienda y cenarse las Ventas y el hígado de algunos que lo echarían por la boca viendo tanto despropósito taurino.



Táchenme de malpensado, pero es que uno ya no se fía de nada que venga de los políticos, aunque este haya vestido de luces, ni aunque lo firme el partido amigo de la fiesta, ni mucho menos si detrás está el señor Casas, don Simón. Que quién nos dice que de repente esto les parece que se alarga mucho, que se lían a eliminar festejos para el año siguiente, si no es para el curso inmediato y de esta forma ya encuentran la vía perfecta para llegar a su Dorado, acabar con la temporada de Madrid. Que no ha hecho más que llegar el señor Abellán y ya estamos embrollando lo que ya estaba bastante embrollado. Que no cabe dejar las cosas que estaban bien, tal y cómo estaban, no, hay que menear el guindo, a ver si así tenemos una buena cosecha de melocotones.



Hay que marear la perdiz, hay que distraer la atención por arriba, mientras te la cuelan por abajo, hay que provocar grandes cortinas de humo, para que cuándo el viento se las lleve encontrarnos con el Edén del taurinismo más salvaje, soez y traicionero. Un ruedo más pequeño, los precios por las nubes, la temporada en el limbo, los aficionados expulsados definitivamente de la plaza, un público transeúnte que ni protesta ni se queja, una fiesta devaluada sin toro y con figurines amanerados y si esto no pita y se acaba hundiendo, la culpa se le echa a los antis, a la crisis, al gobierno, al desgobierno, a Bruselas o al Sumsum Corda. Y para colmo, siempre llegará el espabilao que apuntillará al moribundo y se querrá arrobar para sí todos los méritos, declarándose un Teseo de nuestros días, derrotando a la feria corrupta de la fiesta de los toros. Y todo esto comienza con un simple e inocente Ring, ring, le llamo de Plaza 1.



Enlace programa Tendido de Sol del 8 de diciembre de 2019:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-8-diciembre-de-audios-mp3_rf_45208977_1.html

jueves, 5 de diciembre de 2019

Levantadores de la fiesta


Si se trataba de levantar la fiesta, de verdad,pocos mejor que el maestro que hace poco cumplió años.




Parece ser que la fiesta de los toros ha estado en momentos mucho peores que en la actualidad, ¿qué digo peores? Rayanos en lo pésimo. Que si ahora creemos estar al borde del abismo, entonces ya estaba la cosa en caída libre. Pero siempre había un levantador que hacía resurgir la fiesta, siempre aparecía uno como el señor de Córdoba, de cuyo nombre no quiero acordarme, o un señor de Velilla o hasta uno de Lima, del Perú. Esos son los que revitalizaron y revitalizan la fiesta. Y que se nos quiten otras ideas de la cabeza. Y aquí mismo podría dejar zanjado el tema y poner la rúbrica debajo. Pero, ¿se quedarían conformes? Pues al igual que quién suscribe, creo que no.



Quizá esos levantadores lo fueran para el negocio, que algunos confunden con la propia fiesta. La buena salud de uno y de la otra no tienen por qué ir de la mano; es más, hay momentos en los que se encuentran en lugares absolutamente contrapuestos. Que realmente, la fiesta da la sensación de que nunca ha gozado de buena salud, si nos atenemos a las opiniones de los contemporáneos, pero si cada período lo observamos desde la distancia y comparándolo con el presente de cada uno, pues igual esa mala salud no era tan mala. Que habrá quién me diga que esto mismo ocurrirá con esta actualidad que nos está tocando vivir. Pues bien, como en algún momento alguien vea esto como un modelo a imitar, no quiero ni pensar en lo que les toque pasar a los aficionados del futuro. ¡Que Dios les pille “confesaos”!



Mala cosa como los aficionados por venir añoren a los Juli, Ponce o Roca Rey. Que es verdad que el pasado se tiende a idealizar, porque sin ir más lejos, ahora los hay que le echan redaños y hablan de aquel señor de Córdoba como de un maestro. Que sí, que llevó gente a las plazas, hizo que el negocio fuera viento en popa, pero entonces volvemos al comienzo, ¿es lo mismo la buena salud del negocio con la buena salud de la fiesta de los toros? Que con el paso de los años uno se entera de que unos y otros fueron maestros, a unos que les contaban los trapazos a coro, a otros que les acompañaba el escándalo por anunciarse con monas desmochadas, a otros que se manejaban en la vulgaridad sin rubor… pero ahora ya son maestros.



Y en estos años de este primer cuarto del siglo XXI parece que va mal el negocio y la fiesta en si misma. Que se empeñan en meternos por los ojos a unos fenómenos que no consiguen que esto interese a alguien más que los habituales. Que si en una feria falla cualquiera de esos figurones, esos que se supone sustentan la fiesta, no pasa nada y nadie les echa de menos. Es más, resulta más frecuente que el aficionado los eche de más cuándo ven su nombre anunciado en las grandes ferias. Y se supone que estos van a levantar la fiesta. ¡Caramba! Que ya tendría mérito que al tiempo fueran levantadores y enterradores. Si acaso, no voy a decir que sean el maná que salve el negocio, a lo sumo puede que lo mantengan cuatro tardes al año. Y mientras tanto, entre levantadores y puntilleros, los maquilladores, los que disfrazan la realidad y que con un empeño admirable quieren hacer ver que la realidad no es tal cual la vemos, sino tal cual nos la quieren contar. Eso sí, si hay que utilizar un argumento de peso tiramos de estadísticas y asunto concluido. Empiezan a contar despojos, indultos y algarabías de las masas y asunto zanjado. Pues bien, permítanme echar mano de unas estadísticas que se han hecho públicas recientemente. En el año 2010 entre España y Francia se celebraron 721 corridas de toros. En 2019, 450. El número de plazas con actividad taurina ha pasado de 324 a 224. Que no sé yo si los que viven de este negocio se sentirán muy aliviados con estos números. Y si además hablamos de datos socioculturales, ¿para qué más? Son cuatro cifras que las podrán interpretar cómo les de la gana. Eso sí, solo les pido que con estos datos no me hablen de estos levantadores de la fiesta.



Enlace programa Tendido de Sol del 1 de diciembre de 2019:

https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-1-diciembre-de-audios-mp3_rf_44937374_1.html

viernes, 29 de noviembre de 2019

Don Francisco se ha desapuntao de los toros


Puestos a elucubrar, ¿por qué no pretender que los artistas rupestres fueran también antitaurinos? Tiempo al tiempo

De lo que se entera uno, que ahora resulta que don Francisco, el de los toros, pintaba y dibujaba toros para mortificarse el espíritu. Que iba a la plaza de la Puerta de Alcalá para autolesionarse moral y físicamente y lo mismo hasta sentía dentro de su ser eso de hacerse vegano y comer hamburguesas de tofu o acelgas ecologizadas y disfrazadas de algo rico. ¿Qué entonces no había tofu? Vaya, don Francisco, que o se nos muere de hambre o le da a la pata del cabrito. Qué cosas. Uno podía esperar muchas sorpresas de don Francisco, pero eso del antitaurinismo… Que no lo vi venir. Vamos, ni yo, ni creo que él mismo lo supiera. Que ahora resulta que todo lo que pintaba era para criticar, para reflejar su rechazo a través de los lápices y los pinceles.

Quizá pueda resultar muy infantil y hasta ingenuo, el pretender que nuestro ídolo, nuestro símbolo, en este caso Goya, cumpla con todas las virtudes que personalmente consideraríamos que debería ostentar un gran hombre. Y de esta forma, con esa pretensión de perfección, de idealización humana, puede que estemos despojando de todo rasgo de humanidad al genio, en este caso a Goya. Que si aplicamos esos criterios de perfección cuasi divina, igual nos quedamos sin ídolos, aunque siempre serán genios. Pero claro, si a la señora y reconocida experta mundial en el pintor aragonés le pide el cuerpo que este fuera anti y a otro experto le cuadra que fuera taurino, ¿a quién creemos? Que no es la primera vez que se oye esto, quizá para ver si eso de repetir una mentira mil veces al final consigue que se convierta en verdad, una verdad prefabricada, pero a la que muchos acabarían dando crédito de verdad.

Pero, ¿por qué ese querer reescribir la historia? Cambiar el pasado a la medida de los deseos y valores actuales de los manipuladores máximos del presente, como si aquel 1984 de Orwell llegara a ser realidad, también en esto. ¿Por qué ese empeño en quitarnos los estandartes que muchos aficionados toman como modelo? ¿Por qué nos quieren robar nuestra historia, nuestro pasado? Ellos consideran que de acuerdo a esa moral suya, esa moral que quieren imponer sea como sea, que no puede permitir que Goya, al igual que otros genios de nuestra cultura, pudiera vivir los toros con apasionamiento. Pero señores, que lo de ser aficionado a los toros no quiere decir nada de una persona; quizá la única consecuencia válida, admisible y contrastada sea que el toreo despertó algo que le llevó a crear belleza, arte supremo.

Quizá los antis tengan en común con los taurinos ese afán y ese orgullo de contar entre los suyos a grandes hombres que pasaron a la historia por sus pinturas, sus versos, su música, su saber, por mil y una cosas. No tengan prisa, ya tendrán ustedes su propia lista de adeptos a la no fiesta. Si quieren les ayudo, pueden empezar por Mario Vaquerizo, Alaska, Jorge Javier, Lluvia Rojo, Dani Rovira, David Broncano y tantos y tantos personajes que tanto han aportado a la cultura. Que no se trata de entablar ningún tipo de campeonato de a ver quién pone más genios sobre la mesa. Sería ridículo y tampoco sería justo, pues el toreo lleva años de ventaja al antitoreo. Y hasta puede que igual que algunos antis, los propios aficionados estemos cayendo en el ridículo al comentar cosas como esta. Que yo me pregunto: ¿cambiaría en algo lo aportado por Francisco de Goya al mundo, a la pintura, a la cultura, al arte, si fuera una cosa u otra? Porque si su afición le descalifica como artista, entonces ya entramos en otras vías y no parecen demasiado adecuadas, si nos lleva a lo de las listas negras, a lo de censurar la obra artística y a acabar silenciando a unos u otros.

Puede que no sea la mejor idea el entrar en estos caminos de clasificarlo aquí o allá. Dejémonos atrapar por el arte de un señor que lo mismo ridiculizaba a su majestad, que mostraba al pueblo divirtiéndose, que nos ponía delante los desastres de la guerra, que nos invitaba a participar en las ceremonias con el cabrón satánico, que nos relataba las hazañas de el Licenciado de Falces, de la Pajuelera, que nos presentaba en persona a Pepe Hillo, Pedro Romero o Costillares. Y no nos vengan a estas alturas con que don Francisco se ha desapuntao de los toros.

Enlace programa Tendido de Sol del 24 de noviembre de 2019:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-24-noviembre-de-audios-mp3_rf_44672937_1.html?fbclid=IwAR3j_Qapd5ucitSkyRY2gqJHDWqUZi_GMMIZk-kd6RFXxpt28vkviAk2Yg4

jueves, 21 de noviembre de 2019

De apoderados a conseguidores


A veces reconforta volver a los principios de todo esto

Una figura trascendental en la historia del toreo, aunque casi siempre sin demasiados protagonismos, es el apoderado. El que en otros momentos se convertía en descubridor de talentos y en quién iba esculpiendo el torero para sacarlo adelante. Así era la materia prima, así iba puliendo al aspirante a vestirse de luces. Ha habido apoderados de leyenda, empezando por Ojitos que encontró al primer fenómeno mexicano, Gaona, o Calderón que reconoció el genio heterodoxo de Belmonte, siguiendo por los Camará, Dominguín, Marcial Lalanda, después Florentino Díaz Flores o el Pipo y más recientemente Antonio Corbacho, descubridor del último gran fenómeno del toreo. Repárese que no he mentado a ninguno de esos empresarios/ apoderados/ ganaderos que proliferan en la actualidad llevando las carreras de los “profesionales” que se visten de luces. Quizá ahí está el quiz de la cuestión.

El ser torero no es solo vestirse bonito, salir, pegar pases a un animalejo y para casa. Porque si ese animalejo deja de ser eso y vuelve a ser lo que nunca debió dejar de ser, hace que entren en juego multitud de factores. El ser torero es poder a ese animal, pero al mismo tiempo es convencer al público y por esta vía, convencer al que firma los contratos. El ser torero es una carrera inacabable de perfeccionamiento, de superación, tanto en el cómo se torea, como en esa pelea con uno mismo que le haga ser capaz de superar obstáculo tras obstáculo. El ser torero es también vivir en torero, sentirlo, conocer al toro, conocer a todos los toros, los de este encaste, los del otro, los de este hierro, los del de más allá y entender lo que son los toros, lo que ahora llaman tauromaquia. El ser torero también es alcanzar el triunfo y encajar los malos días, disfrutar los halagos, compartir con los partidarios y tener alguien que no te deje caer en la peligrosa ceguera de la vanidad. De los que dicen “bien torero”, “que grande torero”, de esos sobran. Lo que hace falta es que también haya quién diga las cosas cómo son y porque son, que para decir que mal has estado valemos todos, pero para decir por qué se ha estado mal y ofrecer soluciones, eso ya es harina de otro costal. El torero, y cualquier, que tiene a una persona para echarle una bronca y a continuación darle un abrazo de verdad, ese tiene un tesoro. Y quizá esa persona, la que desempeña todos los papeles que hacen que el torero, que la persona eche para adelante, quizá sea el apoderado, entendido como siempre se entendió.

Está claro que los apoderados también tienen que defender a su torero y los intereses de este en los despachos, unas veces haciéndose valer y otras, a tumba abierta, para lo que sea, porque el chaval tiene que abrirse camino en esto del toreo. Que está claro que en un principio todo arrancaba por intereses puramente crematísticos, lo que hacía que hubiera que tener muy buen ojo con el muchachillo que quisiera ser torero. Había que verle cualidades y disposición para hacer el camino de querer ser torero. Ahí se la jugaban todos, el de luces y el apoderado, aunque los meneos solo se los llevara el primero. Pero había que hacerlo poco a poco, pulir los defectos con los engaños, los terrenos, las querencias, que si había que echar horas y noches reventando el carretón con la espada, que si había que buscar un ganadero que le pusiera unas vacas. Es un no acabar.

Pero los tiempos han cambiado tanto, que ahora hay apoderados que lo mismo se limitan a pegar voces destempladas para desquiciar al chaval, que como todo consejo no dan más que para decirles eso de “véndelo”, que delegan en otra persona para que le acompañe por esas plazas de Dios y que al final casi ni se ocupa de liquidar a final de año, que para eso hay contables. La gran mayoría de los que se hacen ahora llamar apoderados, no miran las condiciones del chaval, primero se enteran del trabajo del padre y si tiene alguna pequeña fortuna para gastar con el niño, a ver si se hace torero y si se agota el parné, pues se le deja tirado y a otro. Que empiezan loando al nuevo Lagartijo y cuándo la fuente ya no da agua, se cortan las ilusiones del torerillo y de la familia con un “es que esto está muy difícil y el chaval no vale”. Y se permiten aconsejar al papá con que siga con los estudios, que estudie una carrera. Pero, ¿con qué dinero? Si la sanguijuela le ha chupado hasta el último céntimo. Y así pasa, que los chavales no están preparados, que lo mismo llegan a la alternativa y no se han enterado de que va esto, porque le han ocultado la verdad. Y si acaso puede continuar, una vez fuera de ese ficticio camino de rosas, viene la dureza del toro y del toreo.

Y quizá ya sea demasiado tarde cuándo los estafados se den cuenta de que lo que había hecho falta era un apoderado, una persona que supiera guiar los pasos del neófito y no un simple conseguidor de contratos, que en muchos casos florecían a costa del dinero del padre o la familia. Estos caballeros se ocupan muy bien de aislarlos, de mantenerlos en una burbuja de falsas promesas, de triunfos imposibles si no son prefabricados y de una carrera de glorias que ellos muy bien saben que no va a ser. Y lo peor es que siempre habrá una víctima que sin darse cuenta transite por ese camino que le hace tomar el desvío que le lleve de apoderados a conseguidotes.

Enlace programa Tendido de Sol del 17 de noviembre de 2019:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-17-noviembre-de-audios-mp3_rf_44398287_1.html