jueves, 19 de diciembre de 2024

Los valores de…

A todos, muy felices fiestas y que el año que entra nos haga olvidar el pasado, que sea como si nunca hubiera existido, aunque...


Que no habremos escuchado una y mil veces eso de los valores del toreo, pero quizá eso sea generalizar demasiado. Que el toreo tiene unos valores indiscutibles y hasta ejemplarizantes para todo el mundo, aficionados, no aficionados y mediopensionistas. Valores como el de enfrentarse a una fuerza de la naturaleza poniendo la vida por delante, enfrentarse a un toro, al toro íntegro, con edad, con sus defensas sin manipular, habiendo sido seleccionado manteniendo su casta, la fiereza propia de su estirpe, un ser que impresiona, hechiza, atemoriza solo con la mirada, la mirada de un animal dispuesto a arrancarte lo más precioso. Unos valores admitidos por todos, por el que decide vestir el traje de luces, respetando el rito, un rito heredado generación tras generación que ha llegado hasta hoy. Los valores que puede encerrar la tradición, el uso y la costumbre. Valores que respetan, hacen suyos y exigen que se respeten los que son espectadores de todo esto; que no solo espectadores, sino estudiosos, entusiastas pensadores, tertulianos, compartiendo su pasión de igual a igual con todo el que quiera rendirse al toro, eje del rito, fuente de todos estos valores.

Pero… y aquí viene el pero, una cosa son los valores del toreo y otra los valores de los taurinos, que para entenderlos mejor, borren todo lo anterior y así no habrá lugar ni a confusiones tendenciosas, ni a contaminación de todo lo dicho hasta ahora, todo lo que ha hecho grande esto del toreo, pero que estos taurinos se empeñan en… dejémoslo en no tenerlo en cuenta. Que si empezamos por el principio, por el eje, el toro, eso es lo primero para lo que los valores mutan en fraude. La casta, la integridad, el respeto que debe imponer el toro y el respeto que se le exige, todo salta por los aires en cuanto empiezan las manipulaciones. Que si una selección buscando la docilidad, la ausencia de casta, la exclusión de la fiereza, pretendiendo convertir al toro a un simple colaborador de aquel hacia quién han trasladado el eje, el torero. Sus valores van dirigidos a la eliminación de todo lo que pueda incomodar al de luces, ya sean encastes poco habituales, pitones en puntas, exigencias de cualquier tipo. Y sus valores solo se ven ensalzados cuando los réditos económicos son jugosos. ¡El parné! Que no quieren perder ni un céntimo y si para ello hay que poner unas fundas a los animales, con el evidente perjuicio para la lidia y para el toro, constituyendo en un afeitado encubierto y legal, aunque que ilícito. Esos valores que suponen el escapar de la verdad, el zambullirse con delirio en las trampas, en el destoreo y en la imposición de la mentira como verdad, anulando no gustos, que también, sino cualquier voz discrepante, cualquier voz que pretenda tan solo hacer referencia a lo que se vio en otro tiempo. Estos son sus valores, los de los que nda vale si se sale de sus esquemas, de sus intereses. Los valores de despreciar al que paga, en la mayoría de los casos con mucho esfuerzo, pero que nunca es suficiente, el no entender que esto no es solo para privilegiados, es para todos. Como ellos dicen, es del pueblo, pero claro, según sus esquemas, es solo del pueblo seguidista, de la masa que aclama su vulgaridad, porque si uno dice que así no, ese queda desterrado, a partir de ese momento ya no es pueblo, es…

Pero estos valores también alcanzan a los que se sientan en los tendidos. Ahora solo pueden estar dirigidos en una dirección, la del triunfalismo, sin preocuparse de que ese triunfalismo mine los cimientos de la fiesta de siempre y de esos valores que engrandecieron el rito del toreo. A ver dónde están los valores del saber estar en una plaza, con seriedad, con apasionamientos, incluso con partidismos, pero por encima de todo, leales al toreo. Los valores de estar en una plaza con ese respeto y a la vez exigencia, esta por encima de todo, han mutado en el botellón, la algarabía sin criterio, los vivas y los jaleos al paisano, que ni tan siquiera se dice ¡olé! Mucho alcohol, incluso impulsado por los propios empresarios, para los que es más importante convertir una plaza en una macrotasca, que conservar la dignidad de una plaza de toros. Eso sí, todos estos luego van corriendo desaforadamente a hablarnos de los valores de…

 

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lunes, 2 de diciembre de 2024

El valor de las orejas

El toreo es mucho más que orejas, el toreo fundamentalmente es poder, mando, y hasta arte, para enfrentarse a la casta, a la fiereza.


Parece que lo único importante en esto de los toros sean las orejas. Da lo mismo el afeitado, las fundas, la alarmante falta de casta, la galopante pérdida de la variedad en favor de la asfixiante monotonía, la desintegración de la integridad, el abandono del rito, la vulgaridad en el trapaceo, la desaparición de una lidia solo enfocada a la muleta, la continua pérdida de aficionados que hartos deciden irse sin mirar atrás, todo esto y muchas cosas más no tiene importancia para los que solo pretenden ver cortar, cortar, pasear y contar orejas. Que bien más grande sería eso de quitarlas, de eliminar este premio que quizá un día tuvieron sentido, pero que hoy en día. Eso sí, si de repente se eliminara esto de dar orejas, para una atronadora mayoría sería como si de repente se apagara el sol, como si se quedaran completamente a oscuras. El gran apagón, ya no se dan orejas. Pero algo habrá que dar, dicen muchos. Pues denles una caja de galletas y gorrito de papel, y para los que pidieran los premios, otro gorrito, así cuando volvieran al barrio, al pueblo o a la “urba” no tendrían que dar explicaciones, bastaría con verles con el gorrito. Que igual se sentirían un tanto ridículos, pero… igual es que no se han visto pidiendo y celebrando las orejas.

Que las orejas se conceden desde hace décadas, por ejemplo en Madrid, pero no tanto como algunos podrían llegar a pensar. Que sí, que siempre ha habido regalos, para desesperación de algunos que no entienden esto como el Gran Bazar Orejil, pero lo que sufrimos tarde a tarde en plazas como Madrid, en la que todo supone un mérito para el triunfo, menos lo que precisamente debería ser un mérito para el triunfo; las carreras, estar a merced del toro, apelotonar trapazos, irlos cazando por el ruedo allá adónde el toro decida, pero todo sea por el despojo, todo sea por convertir esto que un día fue un rito, en un holocausto orejero, una oda a la vulgaridad. Pero esto no se queda en algo tan superficial como eso, porque si así fuera, cualquier despojo serviría a unos y a otros para luego verse anunciado en los carteles. No, esto va más allá. Antes, hace ya tiempo, el corte de una oreja en una plaza como Madrid a los empresarios les salía caro, les tocaba rascarse el bolsillo, porque eso era excusa para que el coletudo pidiera más dinero, que por otra parte le tenían que dar, porque el público le quería ver y al señor de los despachos no le quedaba otra que aflojar la mosca ¡Qué tiempos! Tanto haces, tanto cobras y cobras por lo que vales, no por lo que las estadísticas dicen que vales, ni porque los paisanos en un delirium táurico decidieron. Pero claro, eso ha cambiado y de qué manera. Ahora el corte de despojos, que no de orejas, solo supone engrosar las estadísticas y que esos empresarios en lugar de ver encarecido un caché, puedan usar los números como excusa para poner a este o al otro, que es de su casa o de la casa de enfrente, que por esa misma razón igual no se puede poner gallito y pedir más dinero, no vaya a ser que le manden a su casa. Y ejemplos seguro que se nos viene alguno a la memoria, ejemplos de alguno que hasta tuvo que quedarse en casa, porque a alguien le enfadó una barbaridad el que le pidieran un aumento de sueldo.

De la misma forma que nos encontramos carteles conformados con supuestos triunfadores, construyendo esos triunfos sobre un manto de despojos infames, y que el aficionado no entiende cómo se lo ponen una y otra vez. Que igual acaban devolviendo los despojos, pero eso ya no importa, porque ya te lo han colado y el señor empresario te ha montado un festejo de “triunfadores” por cuatro chavos. Que los taurinos a la hora de montarse una feria se fija en el cuánto, premios, y el aficionado se queda con el cómo, la manera en que se le cubrió de despojos que a él le dejó frío. Y quizá también se podría añadir el cuándo, si coincidió con aquel día en que los paisanos tomaron la plaza en mitad de una festera algarabía, bien regada y bien… Pero para los taurinos solo cuenta el cuanto y así andamos, subidos en una estadística tan falseada como se quiera falsear, aunque, eso sí, pretendiendo darle una verosimilitud que cuesta hasta pronunciarla. Y si no, repitan eso de verosimilitud. Y ahora, el que quiera, que se convenza de que ese es realmente el valor de las orejas.

 

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lunes, 11 de noviembre de 2024

Tauromaquia para todos

Para disfrutar en los toros, hay cosas que resultan imprescindibles y si no, no sé cómo alguien puede pasarlo bien en la plaza.


Tenemos que reconocer que a todo el mundo hay que garantizarle los medios para que puedan disfrutar de las grandezas que el género humano ha ido creando a lo largo de los siglos. No podemos consentir que una mera dificultad de comprensión, de insuficientes conocimientos o porque la obra encierre una dificultad excesiva, esta llegue a todos. Que el Quijote estará muy bien, según dicen los sabios, pero, ¿para qué se han creado las ediciones para jóvenes? ¿Por qué enfangarse en una obra tan densa como extensa, cuando hay hasta una serie de dibujos animados’ Que me dirán que no es lo mismo. Por supuesto que no es lo mismo, los dibujos animados son mucho más entretenidos y además no hay que pasarse horas con un libro en la mano. Que si seguimos por la literatura, ¿para qué tener que leerse esos tochos interminables, si ya han sacado la película? ¿Para qué leer un periódico si ya tenemos X, antes Twitter? Que ahí te enteras de todo. Pero no solo está la cuestión del “librismo”, porque si vamos a eso del arte… eso es para echarle de comer aparte, que si un huevo frito es arte, que si tal retrato de un papa es todo enjundia. Y anda que no hay cuadros y cuadros y más cuadros. Pero yo sé la forma de quedarse con lo importante de verdad. Cualquier obra que no aparezca en una camiseta, en una taza o en un posavasos, no es una obra importante. Que a poco que uno se descuide, te meten cualquier cosa diciendo que es una obra maestra. Y de música, tanto que hablan de música clásica, de ópera, ¿las han sacado en algún anuncio de perfumes o en una peli? Pues entonces, descartadas.

Y en esto de los toros, pues ocurre tres cuartos de lo mismo, que unos nos vienen con que si el toro con casta, que si la verdad en el toreo, que si las lidias completas, ¡anda ya con las milongas! Que ahora va a resultar que para saber de esto y para que te guste va a haber que tragarse todo un tostón hasta llegar a que atoreen con la muleta. Que si al menos lo hicieran con la capa, con chicuelinas o lopecinas, pues vaya que vale, pero estar ahí traga que traga con que si el caballo por aquí o por allá. Que en esto, lo que vale es que se den muchas orejas, que lo dicen los de la tele y los que no son de la tele, que esto es para que el pueblo se divierta y punto y si todo el mundo pide la oreja, ¿quién es nadie para no darla o protestarla? Pues eso, no son nadie. Que ya está bien de los culgachapas esos que te dan unas murgas que no se aguantan ni ello. Y que me perdone mi tío Juan Hermenegildo, que dice que los hay que lo que quieren es simplificar esto cada vez más, para que medio lo entiendan los que no saben ni lo que es un toro. Como si eso importara. Un toro, es un toro y ya está, que lo sacan para que el torero atoree y punto. Que empieza que si el torero tiene que cargar la suerte, que si rematar los pases, que si lucir al toro en los tres tercios, que si al toro se le ve en el caballo, que si en banderillas te dice cómo va a ir a la muleta, que si… Pero, ¿para qué tanta leche, si al final en la muleta o sirve o no sirve y no hay que darle más vueltas. Que si la suerte suprema, que si hacer la suerte, que si la espada en todo lo alto; pero, ¿la cosa no va de que el toro caiga y punto? Pues para qué marear la perdiz.

Que sí, que nos llaman ignorantes a los que nos sobran todas esas historias que cuentan. Que dicen que esto es inabarcable, que no se puede saber nunca todo. Pues yo he ido dos veces a las Ventas con la Conchita, solo este año, voy a los encierros de mi pueblo y los del pueblo de la Conchita y ya me lo sé todo ¡Ea!  A ver cómo me explicas eso, ¡chúpate esa! Pero, ¿qué hay que saber? ¿Para qué tanta historia de los listos esos que se inventan las cosas para hacer creer que saben? Si es que nos gusta complicar las cosas para darnos importancia, por significarnos. Que dice mi tio que así se nos maneja como les da la gana y que somos ignorantes y que lo peor es que alardeamos de nuestra ignorancia. Pues yo no soy un ignorante, que me sé todas las cosas que dicen los de la tele y si quiere mi tío, se las repito en la jeta, para que vea que no soy ningún ignorante. Y que el torero bueno es el que llena las plazas y el que más orejas corta, ese es el bueno y si no, ¿Por qué corta tantas orejas e indulta tantos toros? Que yo no sé. Pues como dice mi Conchita, yo me las sé todas, sé más que los ratones colorados, cuando voy a la plaza y entro con dos vasos de los gordos llenos hasta rebosar de yintonis, como si no hubiera un mañana y si se acaba, pues a por otro, que un toro entero sin bebida se hace muy largo y si no te puedes pegar un buen peloti, ya me dirán cómo se alegra uno, que así ni te diviertes ni nada. Que no sé, dice mi tío. Él sí que no sabe, que va a la plaza y el tío no levanta la vista del albero, que dice que no hay que perder detalle. Pues él sí que los pierde, ni una fanta se toma el tío seta. Que déjense de que esto es muy complicado, que nunca se sabe de toros. Pues yo sí que sé e igual que hacen el Quijote en dibujos animados o te resumen lo que pasa en el mundo en “X”, antes Twitter, lo que tenían que hacer es un resumen de todo esto, una Tauromaquia para todos.

 

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domingo, 13 de octubre de 2024

Nos quedan los buenos recuerdos… pero no desde el ruedo

Ya solo nos queda esperar al nuevo año y mientras, soñar el toreo, zambullirnos en libros, láminas, charlas y recuerdos de toros 


Se termina una temporada más y a pesar de que se pueda pensar lo contrario, para algunos ha sido un visto y no visto; cosas de la edad. Tardes interminables, ferias interminables, tostones interminables y mira tú, que se ha hecho corto. Y ahora, si me lo permiten, voy a recordarles mis mejores momentos de lo sucedido esta temporada… Ya está. Nada o quizá quede algo, pero tendría que hacer mucha memoria, muchísima. Quedarán charlas con amigos, encuentros, visitas inesperadas, ausencias, pero de lo sucedido allí abajo, un momentito, que voy a ver si con más detenimiento… Nada, que no. Que si me pongo a revisar mis notas seguro que habrá esta o aquella tarde, pero, ¡hombre! ¿No sería algo lógico que se me viniera de golpe algo a la cabeza si ese algo fuera tan sobresaliente? Pues nada, que no hay manera. Pero bueno, siempre nos queda la última corrida, la que ha echado el cierre, pero… Recordar, recuerdo cosas, pero quizá lo que más recuerdo es quedarme petrificado al ver cómo mi plaza ha perdido el gusto por el toro, por el toreo de verdad y se ha acomodado al toro moderno, en el que ya entra sobradamente lo de Victorino, y el toreo más moderno aún, del que esta tarde había dos representantes, uno más clásico, un clásico de la vulgaridad clásica, Miguel Ángel Perera, y un excelso exponente del fototoreo, Emilio de Justo, que si te ponen una foto delante en el momento en que ha pasado el toro y se pone a sacar la panza y no se ven ni las carreras de antes y después y no se ve que corta de un tajo los muletazos, da el pego de toreo de jarte del güeno.

Lo de Victorino Martín no ha ofrecido la mejor de las presentaciones, ni de lejos. Que se puede argumentar eso de que este encaste es así, aunque esto también depende de a quién se le pregunte, unos buscan lo de Victorino “de antes”, lo cual ya es tan poco probable como encontrar la tumba de Genghis Kan, que igual existe, pero, ¿dónde? Otros dirán que lo de Victorino es así o asao, lo cuál suele coincidir con si el que opina se ha levantado con el pie derecho o con el izquierdo. El caso es que su presentación no parece la mejor de las posibles. En el caballo no se emplearon demasiado, a alguno se le castigo, pero sobre todo se les picó mal, sin ponerlos bien en suerte y sin ejecutar esta a modo. Que en eso de poner un toro en suerte no me refiero a casos como el de Perera, que de repente decide que deja ahí el animal y él se marcha por detrás del caballo, lo que vulgarmente se llama “por el culo del mulo”. En descargo del ganado hay que decir que no fue bien lidiada y que en bastantes casos se les dieron capotazos de más. Eso sí, como los más fieles de esta moderna taruromaquia, en la muleta iban y venían que era un gusto. Unos más parados que otros, pero iban. Tampoco eran bobonas, pero al final iban y venían y hasta seguían las telas allá dónde se las ponían, si se la echaban a las nubes, a las nubes que iban, si la cosa era para echarse el toro encima, pues el toro se venía encima, que si les dejaban un hueco enorme entre el trapo y el bulto, pues tiraban por el hueco que le dejaban, pero nada que no se pudiera solucionar simplemente con toreo y un poquito de mando.

De los dos espadas, pues si hacemos caso a unos, estuvieron memorables y lástima que fallaran a espadas, pero otros dirán que de toreo más bien nada, de trapazos mucho y a veces, de teatro, en exceso. Perera sigue con ese empeño de castigar a sus no afines con su destoreo, prolongando la faena hasta conseguir la desesperación de los presentes. Poco capaz con el capote, solo levantó los ánimos en un recibo rectificando en cada lance. Inoperante durante la lidia, como siempre en la muleta, siempre en línea, muy distante y abusando del pico. En su segundo pasó con la lentitud que marcaba el de Victorino, acompañando siempre en línea, escupiendo siempre para fuera al animal. Un aviso antes de pensar en tomar la espada, con la que recetó una entera muy caída y por aquello de no “estropear” la obra de arte, haciendo por no desacabellar, sin importarle ni el toro, ni la imagen, ni la desesperación del personal. A punto, por unos pocos segundos, no escuchó el tercer aviso, pero aún así, el respetable, que a veces se hace respetar muy poco, le concedió un despojo. Perera es un habitual de trasteos eternos y de ir cambiando de mano sin criterio alguno, dando más la sensación que lo hace porque se le cansa el brazo, que por necesidades de la lidia.

Emilio de Justo mostró su disposición, y la del público, en un primer quite por chicuelinas apartándose en todas, que el respetable jaleó con entusiasmo. Después, en el recibo de sus dos primeros no aguantó y tuvo que darse la vuelta para perder terreno hacia los medios, lo que también gustó, quizá debido a su firma tan teatral de adornar sus modos. En el sexto se gustó, como parece gustarse siempre, con unas verónicas con la puntita del capote y rectificando demasiado. Con la pañosa en su primero inició pegando respingos, para después pasárselo a una distancia más allá de lo prudencial y siempre tirando del pico de la muleta, pico y a correr, pico y a correr, lo que en lugar de desanimar a los asistentes les enardecía cada vez más. Carreras y voces, muchas voces, que casi eran más efectivas en los tendidos, que en el de Victorino. Medios muletazos, quitando el engaño de golpe para recolocarse a la carrera, mientras el toro seguía la tela allá dónde se la pusieran, aunque lo que más emocionaba era cuando se la arrebataba del hocico. El fallo a espadas desinfló el suflé, que rápidamente volvió a subir en el cuarto, al que de primeras no parecía saber por dónde entrarle. De nuevo pico y carreras y en una de estas se descubrió y el toro hizo por él, afortunadamente no impidiendo que pudiera seguir en el ruedo. Siguió con esos medios trapazos, encogido, pero que una vez que pasaban los pitones, sacaba la panza para adelante. Y con el sexto, que medio se aguantaba en pie a duras penas, pues de nuevo lo mismo, la uve de la muleta con la zurda, dejando que le tocara demasiado la tela, sin acabar de poder con su oponente, más pico, más separación, más voces, que ahora tiro el palo, eso que ahora llaman la ayuda, la de mentira de toda la vida de Dios, y el personal enardecido. Que bien que iban a cerrar la temporada todos esos que han llenado los tendidos de sol durante todos y cada uno de los festejos del curso, hiciera frío o hiciera calor… ¡Ah! ¿Qué no? Pero si se manejaban como si fuera los hijos de Díaz Cañabate, Corrochano, Navalón y don Joaquín. O sea, que… Pero bueno, qué más da, entre el teatro del espada para no descabellar y la algarabía de… de mucha gente, le dieron un despojo que el matador paseo con la parsimonia del que no tiene prisa, quizá porque ya tenía la cena hecha y los niños acostados. Y así se cerró un año más la temporada de Madrid, con gritos de Plaza 1 dimisión, con Plaza 1 sin hacer el más mínimo caso a las protestas, con unos y otros despidiéndonos de aquellos con los que hemos compartido largas tardes feriales, más largas tardes caniculares y así al final siempre nos quedan los buenos recuerdos… pero no desde el ruedo.

 

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jueves, 10 de octubre de 2024

Esa Santa Hermandad… de la Pasta Gansa



Seguro que lo que voy a contarles a continuación lo saben ustedes más que de sobre, entre otras cosas, porque ustedes son habituales sufridores de esta prole de interesados fieles de la Santa Hermandad de la Pasta Gansa. Una especie de secta en la que si hay que traicionar al hermano de al lado, se le traiciona, todo por la Santa Pasta. Esa devoción al dinero todo lo justifica. Que aparentemente todos están en concordia y armonía, eso que llaman “unidad”. Pero caramba, carambita, cuando hay un duro en el suelo y no tiene nombre, que como te agaches a cogerlo, te puede pasar de todo, que te corten una mano, que te empujen a los pies de un tráiler que pasa por allí o que te hagan perder el honor varonil y viril en un nada y menos. Hay que ver los besos y abrazos que se dan en público, pero siempre tienen que estar atentos a que no les decoren la espalda con una daga genovesa. Pero ellos insisten en lo mucho que se quieren, se admiran, se alegran de verse, se… Que como pillen al otro desprevenido…

Eso sí, como alguien ajeno y mucho más si es alguien que se coloca frente a ellos, toca lo más mínima a uno solo de la Santa Hermandad, hay qué ver cómo se ponen. Y si además el “ofendido” es alguien de quién puedan depender sus ingresos o de quién dependa su posición de supuesto privilegio, entonces habrá que ponerse a cubierto. Que ya puede ser una mosca del vinagre, una sola, que despliegan todo su arsenal tierra aire, la brigada acorazada y el séptimo de Michigan en desbandada. Que siempre se revuelven con arreones de manso al sentir el más mínimo amago de lo que ellos consideran falta de respeto, pero cuando les tocan a los jefes, ¡ojito! Aunque por ir aclarando conceptos, una falta de respeto es todo lo que diste un milímetro de ese servilismo cínico que ellos practican. Servilismo cínico y perjudicial para los torsos cuando estos son arrastrados por el lodo con demasiada frecuencia.

Hace unas semanas, en la plaza de Madrid, los pocos asistentes a un festejo dominical fueron testigos de uno de los más bochornosos espectáculos recordados por un encierro cuya principal característica, aparte de una impecable presencia, una bella lámina, era su insultante invalidez. Era asomar un toro por la puerta de chiqueros y en los primeros resuellos ya dejaba evidentes muestras de invalidez. Las causas pueden ser mil, pero el resultado solo era uno, los animales no se sostenían en pie. Hasta diez reses habían pisado el ruedo, cuando solo íbamos por el cuarto de la tarde. En total fueron diez los toros, aunque bien podían haber sido más. Y, ¿qué sucedió? Pues que los escribas del régimen no tardaron ni un suspiro en arremeter contra las protestas y los que protestaron indignados la manifiesta invalidez. Que en palabras de estos escribanos a sueldo, aquellos eran lo pero de lo peor que habita bajo el sol. Que si tenían demasiadas prisas en protestar, que si ni un mínimo de paciencia, que si estos son los verdaderos enemigos de la “tauromaquia”, que si había que deportarlos a todos a la isla del Diablo, que si mal rayo les parta. Como si nunca hubiera habido un festejo con tantos toros devueltos al corral por manifiesta invalidez, como si nunca hubiera salido una corrida infame al ruedo de Madrid y lo que es peor, como si tal invalidez solo la vieran unos ojos enfermos y unas cabezas corruptas. Y, ¿por qué tan airada y agresiva reacción encabezada por letristas pertenecientes a conocidas dinastías que en otro tiempo manejaron más de la cuenta en esto de los toros? Pues, llámenme mal pensado, pero es que el hierro anunciado era el de Antonio Bañuelos, máximo exponente de la Unión de Criadores de Toros de Lidia. Sí, esa misma, la que solo se preocupa de los dineros, de los suyos y que no ha movido un dedo desde hace años por detener el penoso deterioro de la cabaña brava, la práctica desaparición de multitud de encastes, dejándolos en el mejor de los casos en un mero testimonio del pasado. Pero claro, el jefe es el jefe y no vamos ahora molestarle y afearle su gestión quizá con el único objetivo que engrosar las arcas de todos estos ilustres ganaderos, sin importarle que el toro de verdad, que la casta, que la fiesta puedan no estar amenazados por tantos males que no se sabe hasta adónde nos van a llevar. Y ni una palabra si el señor presidente afirma que para él el caballo no es importante para medir la bravura de un toro, ¡faltaría más! Es más, la mayoría van corriendo perdiendo la dignidad para alinearse en esa fila de negacionistas del primer tercio, quizá porque esa también es una forma de conseguir poder colar muchos más de sus productos, que no toros.

Pero lo que podía haber quedado en simple anécdota adquiere nueva dimensión cuando resulta que se anuncia en la feria de Otoño de Madrid al máximo ídolo de las masas, ese que él solo es la reencarnación del Guerra, Machaquito, Joselito y el Bombero Torero. Y sale el susodicho y empieza a hacer lo de siempre, quizá con la diferencia de que sus romeros no le echan demasiadas cuentas de lo que está desarrollando en el ruedo, quizá porque en los dos primeros tercios puso en práctica su repertorio habitual en estas fases de la lisia, la nada. Nada, como siempre, ni tan siquiera estar pendiente de auxiliar a sus compañeros en caso de necesidad. Pero sí que había quién no quería perder detalle de todo lo que pasara en el ruedo el ratito de su pobre comparecencia y el de todo el festejo. Empezó con la muleta a seguir su línea de regularidad, trapazos ventajistas y más trapazos. Y unos protestaban, mientras otros… ¡Pásame el yintonic! ¿Alguien tiene pipas? Pero ya se sabe que en esto, cualquier toro te da un meneo y el meneo llegó, se quedó él solito al descubierto y llegó el percance. ¡Aleluya! Los silentes durmientes despertaron y culparon del accidente a los que protestaban. Se montó la marimorena y en la bronca es cuando mejor navega este caballero, se siente como un ibérico en un charco de m… Un despojo y ahí quedó la cosa, pero entonces, una vez acabado el mitin, desembarcaron las fuerzas del régimen taurino, los adalides del sistema y empezaron a soltar por la boca y por las plumas lo imaginable, lo inimaginable y lo inadmisible. Le habían tocado el pan y saltaron como resortes a decir cuantas barbaridades se les pasaban por la boca, como si esperaran despertar a los dormidos para lanzarlos contra los que solo veían lo que muchos, el destoreo que en nada se parece a lo que hacían aquellos con los que algún cerebro avinagrado y panza agradecido se puso a hacer comparaciones. ¿Quiénes se creían esos señores para protestar a una de sus principales fuentes de ingresos, según dicen las malas lenguas, que luego vayan ustedes a saber, que igual no les invitan ni a un café. Pero ellos sacan toda la artillería, y si se llevan por delante el prestigio de una plaza, los valores del toreo o lo que sea, les da igual, pero no me toquen al figura, a ver si… Que sepa todo el mundo lo que hay si alguien se mete con alguno de los capos de esa Santa Hermandad… de la Pasta Gansa.

 

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lunes, 7 de octubre de 2024

A saber qué tienen esas gentes en las cabezas

Vamos a la plaza, que hoy viene el ídolo de masas, el que más gusta a los del negocio y el que más aclama la muchedumbre y que nadie les contradiga o les culparan de todos los males del mundo, porque a alguien hay que culpar.


Última de la feria de Otoño de Madrid, con la presencia de la gran figura, el que dicen que llena las plazas, el que despierta más interés por esos mundos de Dios, el que dicen que arrastra las masas. No me voy a poner a discutir nada de eso, más que nada, porque me importa entre nada y menos, que se interesen por ello los del negocio, pero no creo que sea cosa que deba interesar a los que clamamos por una fiesta íntegra y llena de verdad, con el toro como eje de todo esto. Pero lo que sí que me atrevo a afirmar es que este figurón no aporta nada al toreo, es más, creo que resta, y si llega algo de su mano solo es ponzoña. Un señor que navega como nadie en la bronca y que para engrosar sus estadísticas de despojos tiene que echar mano de ella y nunca jamás de conocimientos de la lidia, de verdad en su toreo, de mando, de dominio, porque, que me perdonen sus partidarios, pegar trapazos, lanzar las telas al aire, permitir que se las enganche el toro y pasarse el toro por el culo nada tiene que ver con eso, con el dominio y el mando y si añadimos ese permanente abuso del pico y de citar desde muy fuera, pues nos queda lo que es, un vulgar pegapases con un márquetin admirable. Tan admirable que convence a las masas, esas mismas que van a la plaza con el único fin de ver despojos y más despojos y creerse que han visto algo grande, porque en lugar de ver la incapacidad de un señor para hacer el toreo, se creen ver un héroe dispuesto a inmolarse por una causa divina, que en realidad no es otra que alimentar su vanidad y llenar la bolsa a coste de incautos que van a eso que ahora llaman la “tauromaquia”. Pero si solo les guiara la inocente ingenuidad, pues venga que vale, pero no parece que sea así. Estos son los que no consienten que nadie mantenga, ni mucho menos razone, una opinión opuesta a su triunfalismo rayano en la necedad. Que se ponen a jalear, muy a menudo con falso y hasta escaso entusiasmo, pero que solo se ven espoleados cuando alguien no está por la labor de entregarse a su delirio talanquereño. Y en estas, en gran medida por esa falta de recursos y vicios exagerados de su ídolo, resulta que el toro le levanta de mala manera y le tiene a su merced unos interminables segundos. Cite de pecho desde muy fuera, el brazo estirado exageradamente y el animal opta por tirar por el hueco y se produce el indeseable percance. Y la reacción de esta gente, reacción infantil de niño caprichoso, es buscar un culpable inmediatamente y automáticamente miran al sector que protestaba las trampas del ídolo; ellos, ellos son los culpables, por su culpa el ídolo ha sido cogido, no hay otra causa nada más que ellos. Pero, ¿qué tiene esta gente en la cabeza? Que no es la primera vez y como en otras ocasiones, me pregunto: ¿se puede ser más…? ¿Cabe mayor ruindad? ¿Qué razonamientos tiene esta masa de…? Que igual no caen en la cuenta de quizá los que protestan uno de los motivos por lo que lo hacen es por eso mismo, porque con esas maneras es muy probable que un toro te levante los pies del suelo. Eso sí, despechados, piden el despojo para su ídolo, la oreja del rencor. Y así en un suspiro saltan por los aires, una vez más, esos supuestos valores que estos y otros a los que solo les importa el negocio, atribuyen a la fiesta de los toros. Los toros, que si son de Fuente Ymbro, pues poca novedad, clones modernistas tras clones modernistas que sirven para colaborar a lo que es todo este circo. Dignamente presentada, justa de fuerzas, sin poderla picar y lista para el trapaceo.

Además había dos actuantes más, que gracias a estas mañas de este ídolo de pacotilla, esta divinidad de la ignorancia, pasan a segundo plano. Uno, paco Ureña, torero al que se le podrán reprochar muchas cosas, pero que no se le puede negar nunca ni la honradez, ni la entrega. En su primero, uno de Fuente Ymbro justito de fuerzas, le trasteó atravesando la muleta y entre enganchones, que cuando daba la salida antes de tiempo el animal se le venía al hueco entre trapo y bulto. Inédito con el capote, a su segundo, que no se le picó, le llegó incluso a recibir medio aseado, para después dejarse invadir por una faena de más dar aire que torear, dejándose tocar demasiado las telas, mano alta, achuchado por momentos, muy fuera y trapazos de uno en uno muy encima de su oponente. Y en el que le hubiera tocado al ídolo de la muchedumbre, que no estaba por la labor de ir al caballo, después de un mitin en banderillas de la cuadrilla del ídolo, que no parecían ver cómo dejarle los palos a un animal que esperaba mucho, lo que ciertamente complicaba bastante el parearlo, pero quizá tampoco están acostumbrados a estas cosas, quizá están acostumbrados a lo mismo que su jefe, a la boba y a la bronca con quien no le ríe las gracias; gracias que maldita la gracia que tienen. Ureña intentó por ambos pitones y el de Fuente Ymbro solo se defendía, provocando enganchones y algún desarme. Tampoco era como para ponerse a hacer gollerías.

Víctor Hernández se vio favorecido por la corriente despojista provocada entre las masas por la divinidad de la “tauromaquia” y en su primer toro, al que recibió con flamear incomprensible de telas sin pensar antes en fijarlo, pagó su osadía durante la lidia; suelto al caballo, ahora voy, ahora me marcho, cabeceando frenéticamente en el peto. Tomó el espada la muleta y se lio a pegar trapazos muy distante, aparte de que citara de lejos, dando aire al Fuente Ymbro, siempre distante, con el pico de forma exagerada y poniendo posturas y más posturas, con con5tinuos enganchones y los rencorosos con los críticos que no se sabe si estaban muertos o estaban de parranda, que apenas reaccionaban, hasta que con el toro a paso de caracol le regaló un viaje que acompañó al mismo ritmo y le “bienearon” con algo más de ímpetu, llegando al éxtasis con un intento de bernadinas que comenzó con una situación comprometida que dio paso a un alboroto de trapazos sin sentido que enaltecerían a un maletilla en las fiestas patronales… y a la masa con ansias de despojos, que colmaron con eso, con un despojo. A su segundo le volvió a dejar a su aire, flojo, no se le picó, si acaso se dejaba poner el palo encima, sin que el de arriba y el de abajo hicieran además de hacer fuerza. Con la pañosa comenzó con telonazos, aquello que alguien llamó del celeste imperio, porque el personal enloquecía y lo que pasaba era que se les engañaba como a chinos. Y efectivamente, la muchedumbre se entusiasmó, por supuesto. Lo que vino después es lo de siempre, trapazos con la muleta al bies, ventanazos, muchas prisas, haciendo lo que marcaba el toro, hasta un desarme con un violento golpe en la cara. Más arreones, desarmes y mucha carrerita. Sería por el metisaca traicionero en la paletilla que el personal obvió lo del despojo, aunque seguro que se quedaron con ganas, porque si a lo que se viene es a eso, para que disimular. Y que nadie les quite el caramelito, que ya saben, se pillan un perraque de padre y muy señor mío y si no consiguen lo que quieren, como los niños caprichosos, embisten contra lo que se les ponga delante y si tienen que culpar al de enfrente de ser culpables de una desgracia, pues al cuello a por ellos, que solo son unos que protestan por todo, sí, por todo lo que ellos no son capaces de ver y mucho menos de enterarse y de lo que tampoco se quieren enterar, porque ellos… Y viendo estas actitudes uno solo puede decir que a saber qué tienen esas gentes en las cabezas.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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sábado, 5 de octubre de 2024

Si es que dan, para lo que dan, portagayola y …

A veces lo sucedido en el pasado más parece un sueño y el sueño que se persigue se convierte en una simple pesadilla y es momento de andar devolviendo orejas que te regalaron de la manera en que se regalan las orejas en estos tiempos de tauromaquia modernista.


Dos de los triunfadores estadísticos de la temporada de Madrid. Y digo estadísticos, porque los números son algo innegable, algo que está ahí y punto, no hay discusión. Eso sí, si entramos en la forma en que se engordaron esas estadísticas, ahí igual sí que la hay; que unos vieron el renacimiento de Lagartijo el Grande y otros… Otros solo vimos a un señor que con trampas, una parroquia muy fiel y una plaza llena de feriantes se le entregaban con el único fin de ver a su amigo, paisano o al paisano del vecino, salir a cuestas. El otro encarnaba todo por lo que antes se pitaba y abroncaba a los que calzaban las rosas. Pero en su momento hubo una extraña conjunción de los astros y ¡hala! a convertirles en figuras, en mandones que tenían que estar en todas las plazas, en todas las ferias y en Madrid más que en ningún sitio, porque en caso contrario se estaría cometiendo una ignominia que el afisionao no podía imaginar. Pues nada, van y los ponen en esta feria de Otoño, con ganado a modo, aunque algunos quieran ver en lo de Victoriano del Río unas fieras que se comen a los niños vestidos de luces. Pero también hay que tener en cuenta que en Madrid en otoño, pasado el verano, con toros cinqueños o a punto de serlo, más fuertes, no es lo mismo que en mayo. Fernando Adrián, acelerado toda la tarde, como si tuviera prisa por ir a celebrar el triunfo que creía seguro. Y Borja Jiménez, que estaba dispuesto a soltar el repertorio de siempre, a veces más deslumbrante que lo que realmente era.

Lo de Victoriano del Río ha seguido su guion habitual, con la inestimable colaboración de sus lidiadores. Un encierro que no se puede picar, que no aguanta más allá del picotazo y medio, al que dejan a su aire los dos primeros tercios y después, en el último, pues que les da por seguir los engaños. Solo el sexto pasó por alto eso de no poderlo picar y sí, a ese sí que se l picó y hasta cumplió en ese primer tercio, peleando debajo del peto. En cuanto a la presencia, bueno, alguno iba más justito que otro, pero bueno, tampoco era para cortarse las venas. Fernando Adrián se fue a portagayola en su primero y a su segundo, y así de primeras se puso a darle afarolados y chicuelinas, que ya si eso el propio toro se pararía y fijaría solo, que esa es su obligación, saber lo que tiene que hacer ya de salida. Aunque no se lo debieron explicar muy bien, porque ya en los primeros banderazos con la muleta parecía que se comía al madrileño, que quizá no esperaba verse desbordado tan pronto. Trapazos con el pico, agazapado en las orejas para citar y que el animalito se le estaba subiendo a las barbas. Que si a ver si cazo un natural por aquí, ah, no por allí, absolutamente incapaz, cerrando de un solemne bajonazo. Pero aún le quedaban dos. El que hizo tercero ya flojeaba casi de salida, picotazo casi en la barriga y ni tan siquiera picotazo, se dolió en banderillas y ya con la muleta, trallazos por abajo y ahí ya se le volvían a complicar las cosas a Fernando Adrián. Insulso, aburrido y sin parar quieto, bailando constantemente. Otro que se le iba a marchar sin haber podido hacerse con él. Que sí, que esto es muy difícil, pero, ¡hombre! Algo tendrá que poner de su parte el matador, no solo posturas, carreras y más posturas con gesto altivo y retador. Que ya solo quedaba uno y a Adrián le entraron las prisas, por si no había tenido pocas toda la tarde. Al menos el recibo de este fue el más orinal de los seis, no le esperó a portagayola. Eso sí, no se puede manejar el capote con más desgana. Hablar de picar sería una utopía, si acaso un raspalijón, mientras el de Victoriano pegaba algún amago de arreón muy discreto. Que ya estábamos en el último tercio y aún nadie había fijado al toro y allá que fue el espada de rodillas en los medios, más dando la sensación que a la desesperada, que siguiendo una idea con cierto criterio y algo de lógica. Banderazos por delante y por detrás jaleados por la popular que aún esperaba reverdecer pasados ridículos para la plaza de Madrid. Por supuesto que siempre abusando del pico, el animal se le revolvía, más que por tener malas ideas, porque nadie lo llevaba embarcado y porque adelantaba el engaño más de la cuenta, quedándose al descubierto. Daba uno, dos y ahí ya le quitaba la muleta y pretendía un desplante. Esa precipitación le costó algún susto; como diría uno de los viejos del lugar, se cogía solo. Siguió cada vez más precipitado, alborotado y cada intento de entusiasmar a su parroquia, más encendía a los que veían que se le iba el toro sin haberlo visto, que alargaba el trasteo sin otro beneficio que desesperar y dejar más que en evidencia su escasa capacidad lidiadora. Que habrá quién tire de la estadística y nos salga con no sé cuántas salidas a cuestas. Pues muy bien, pero en este mano a mano ha despejado todas las dudas de lo que puede dar de sí. Un torero mediocre y con escaso bagaje para algo más que para que los partidarios le pidan despojos simplemente por sumar.

Borja Jiménez era otro de los nuevos ídolos de muchos, que iba sumando despojos y al que se le aplaudía lo que en otros tiempos en Madrid se pitaba y no se consentía. Quizá es que los tiempos… Poca originalidad en los recibos, tres portagayolas, tres, incluyendo alguna de esas de cuerpo a tierra. Recibo aparente a su primero, muy jaleado, aunque fuera resbalando la pierna de entrada en cada capotazo, pero vistoso, ha sido vistoso. Se palpaba la predisposición favorable del respetable, que llegó a ovacionar al picador por no picar. Así va la cosa. Inicio medio sentado en el estribo con tintes toreros, pero que quedaron en banderazos destemplados, para seguir por abajo tirando de pico por el pitón derecho y más acomodado en los trincherazos. Luego vino lo de siempre, pico, medios muletazos y citando casi de culo, tirones, enganchones y siempre fuera, muy fuera, para concluir con naturales de frente y ayudados por abajo, siempre atravesando la pañosa. En su segundo, otra vez a la puerta de toriles y mantazos, chicuelinas y lo que haga falta, yéndose el de Victoriano suelto por el ruedo, hasta llegar al peto al hilo de las tablas. Mucho cabezazo y nada de picar o tan siquiera intentarlo. Inicio de faena de rodillas a base de trallazos, para proseguir con empalmados y alborotándose por momentos, trapazos y más trapazos, desarme y cuidadín, que el animal se le empezaba a venir arriba y otro desarme, para concluir aprovechando que el toro se le viniera de repente. Y salió el sexto, nueva portagayola, nuevo desbarajuste, el animal de aquí para allá, que si mira al callejón, más carreras y recibiendo dos puyazos peleados, algo inusual en lo que este hierro nos ha regalado en esta plaza en los últimos tiempos. Se arrancaba con alegría y hubo quién pedía una tercera entrada, aunque personalmente me caben todas las dudas de si habría acudido de la misma forma a ese tercer puyazo. Parecía que el toro pedía media distancia y en los terrenos en los se había sentido cómodo planteando batalla, pero el espada decidió llevárselo lejos, al amparo de las tablas y empezar a sacudirle el repertorio de trapazos insulsos, uno tras otro, después de un inicio agarrado al olivo. Muñecazos, pico, muy fuera, dando la sensación de que el toro se les estaba yendo sin torear. Unos protestaban y como en toda la tarde, otros protestaban a los que protestaban, un clásico cuando Madrid se disfraza de plaza de talanqueras. Y como la cosa no acababa de pitar, pues a meterse entre los cuernos, pero ni ese magno recurso de la vulgaridad consiguió que después florecieran los pañuelos, a lo que tampoco colaboró un bajonazo escapando de mala manera. Quién lo iba a decir, los de Victoriano del Río por encima de unos espadas que no pudieron con ellos, que se limitaron a lo de siempre, pero en esta ocasión con un resultado muy diferente. Cantaron la gallina los “triunfadores” de la temporada, sin posibilidad de regalarles despojo tras despojo, de sacarlos a cuestas, pero no nos engañemos, si es que dan, para lo que dan, portagayola y …

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

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