martes, 19 de marzo de 2019

Don Simón no quiere que nos abonemos


La fuerza que tomarían ciertas peticiones de indulto si antes hubiera emoción en el primer tercio

La primera gorda, Valencia. Y aparte de premios verbeneros, que no precisan más comentario, si nos detenemos en lo del ganado, incluidos los que quisieron devolver al campo, la conclusión es que mejor no detenerse y pasar de largo. Olvidar qué se deja atrás, pisar el acelerador y corriendo para adelante y alejarnos de todo lo que pueda recordar esa vergüenza de lo que el señor Casas, don Simón, ha echado en la plaza de Valencia. Pero claro, si uno se para a pensar, así, como sin querer, se da cuenta de que el señor Casas, don Simón, es el mismo caballero que ejecuta la feria de Madrid y si el tiempo no lo impide, disparará con la misma munición, los mismos borregos desfondados que se felicitan por mantenerse en pie dos ratitos seguidos.

Que no sé ustedes, pero a servidor le asaltan todas las dudas del mundo. En primer lugar, ¿quiere el señor Casas, don Simón, que el aficionado de Madrid se saque su abono para la feria o se ha zambullido en una campaña para alejar definitivamente a estos aficionados de la plaza de Madrid? Que vaya usted a saber, que lo mismo le compensa que su gestión dé pérdidas y así poder montar en la plaza una sala de conciertos monumental. Pero claro, en esto de San Isidro no están solo los abonados de la plaza, que también están los de la tele. Que igual el señor Casas, don Simón, quiere hundir al canal de los toros y montar él otro de cine para adultos; que no les diría yo que no, que uno ya no sabe qué pensar. Que queriendo o sin querer, hasta ha provocado que los “ecuánimes” comentaristas del canal de los toros afirmen que esto no se sostiene y que hay que protestar en la plaza. Bueno, todos, todos, no, que doña Cristina anda a lo suyo y le parece bien y divertido hasta que le den un tartazo en plena jeta, si eso está bien pagado. Pero a sus compañeros igual les han llegado mensajes de la superioridad quejándose de las audiencias o de no llegar al objetivo de abonados deseado. Y estos, los de la superioridad televisiva, ya sabemos cómo se las gastan, que hoy estás y mañana dejas de estar. Palmadita, gracias por los servicios prestados y todos al paro. Y eso sí que no, que se puede intentar ser amigos de todos los taurinos de este mundo y de otros mundos, pero las lentejas son sagradas.

Y la otra opción que nos queda es pensar que el señor Casas, don Simón, está haciendo méritos para que le nombren socio de honor del PACMA, porque le han propuesto montar una clínica homeopática en la plaza de Madrid, con salas de hidromasajes, de masaje tailandés, de sado- maso, de audiciones de la Voz , sesiones de Sálvame, mítines de todos los partidos, pero a la vez, entremezclados y con un concurso en el que el público tuviera que adivinar el partido de cada uno. Será que no tiene posibilidades la plaza de las Ventas. Eso sí, si el señor Casas, don Simón, lo que pretende es que suban los abonos de Madrid, que se incrementen las audiencias del canal de los toros y que la fiesta tome fuerza y auge para combatir al antitaurineo… Mal vamos, ¿eh? Mal vamos.

Que lo mismo la cosa está en que el señor Casas, don Simón, lo que quiere es echar al aficionado y recibir con los brazos abiertos a ese público verbenero dicharachero, irradiador de tonta felicidad, que ni se queja, ni protesta y que está dispuesto a pagar un pastizal por una entrada, una vez al año, que ya se sabe, un día es un día. Pero, ¡aaah! Que el problema es ese, que es un día o tres, pero no muchos más al año, que el resto del tiempo, de marzo a octubre, ni saben que se dan toros en Madrid; es más, que si en la puerta les ponen un chiringuito con las copas dos euros más baratas, ahí se quedan. Que aunque no lo crea y le pese al señor Casas, don Simón, quien mantiene esto es el aficionado. ¡Sí! Hágame caso. Que estos son los que sacan el abono año tras año y tras año y tras año y otro año más y que lo dejan en herencia a los hijos a los que hicieron aficionados. Que el aficionado es el que va a los toros durante todo el año, si hay carteles, porque si no, si lo que dan es lo que vienen dando ya desde años atrás, solo se llena ese cuarto de plaza de siempre a base de autobuses y de los cuatro locos que no tenemos ni vida, ni amigos, ni familia, ni perrito que nos ladre. De verdad, no entiendo nada, que casi es mejor no pensar, no sentir, dejar el cuerpo muerto, porque a poquito que uno se para a ver cómo está esto, me parece más que evidente que el señor Casas,  don Simón no quiere que nos abonemos.

martes, 12 de marzo de 2019

Los antis van de dos en dos


Aquí, esperando a los antis, los de dos en dos y los otros, a ver qué se cuentan

El ver a dos activistas antitaurinos echarse a un ruedo es algo que molesta sobremanera a los que asisten a una plaza con la idea de ver un corrida de toros o novillos. Es como si profanaran su espacio sagrado. Una circunstancia que ocurre más frecuentemente de lo que a la mayoría nos gustaría. El último caso ha sido en Illescas, antes de la celebración de un festejo de campanillas; hasta el rey emérito acudió a esa cita que parecía que ni pintiparada, para la gente guapa. Y un día así no se puede estropear por una inconveniente de semejante porte, con lo bien que lo tenían todo preparado los organizadores. Que es salir esta gente a la arena y el personal se desata, unos se acuerdan de las madres, otros de los padres; división de opiniones, cómo diría el genial Rafael el Gallo. Que los que van tan a modo esa tarde a los toros pierden cualquier rasgo de mesura y buenas maneras. Dos fulanos que saltan allí en medio y provoca que nos volvamos del revés. Que si pudieran, tomarían el lugar de las fuerzas del orden, y la porra, y despejaban aquello en un zas, zas, sin mediar palabra. ¡Hay que ver! Con lo civilizados que somos la gente de los toros y que perdamos la compostura por esto.

Dense cuenta lo civilizados que podemos llegar a ser, que después de haber pagado una tela fina por una entrada a los toros aguantamos que en lugar de l toros, tal y cómo estaba anunciado, nos echan novillos y aquí no pasa nada, que lo primero son las formas. Que en este caso fue lo de José Vázquez, pero que en la línea de puntos pueden rellenar con cualquier nombre de cualquier hierro de los habituales. Lógicamente, estos seis animales se anuncian acompañados de tres señores que visten el traje de luces, con sus correspondientes cuadrillas. Pues bien, nada importa con que los de a caballo sean simple testimonio de una parte de la lidia que en su día fue; no importa que los señores espadas se limiten a dar dos capotazos con porte aflamencado, ni que el segundo vaya de casi de incógnito y que un tercero se limite a jugar en el ruedo sin respetar a sus compañeros, que se dedique a trapacear y que cuando no le cuadran las cosas solo intenta escurrir el bulto. Y a todo esto, la autoridad que no sabe ejercer precisamente su autoridad. Y aquí paz y después gloria, nadie se inmuta, nadie se ofende, nadie se ofusca, ni pierde las formas una vez comprobado y cometido el fraude a quien ha pagado una pasta por ir a los toros.

Que esto fue en Illescas, pero, ¿cuántas veces ocurre a lo largo de una temporada? ¿Cuántas veces va a ocurrir? Que más bien parece que lo que molesta es que molesten los ajenos a la fiesta, que para eso están los propios. Lo que no se puede consentir es que sean los antitaurinos los que quieran perjudicar y acabar con la fiesta de los toros, que para eso ya tenemos los nuestros, que con todo el derecho del mundo son los que pueden demoler este espectáculo. A ver si ahora van a venir de fuera a decirnos cómo apuntillar todo esto. Que habrá quién vea en esto una tremenda incoherencia, que no les digo que no, pero así somos. Y que no se les ocurra llamar antitaurinos a estos taurinos, lo mismo al que cría esos animalejos que quieren  hacer pasar por toros, a los toreros, que ya sabemos que no tienen límites en lo de buscar y encontrar la máxima comodidad, a quién organiza este circo, a quién debería regularlo con el reglamento en la mano y hasta a los que pagan su entrada y solo quieren felicidad, ficticia, pero felicidad al fin y al cabo, que como si fueran al barrio rojo de Ámsterdam, quieren confundir con amor lo que allí reciben, pero al final, ni eso es amor, ni esto es la fiesta de los toros. Eso sí, todos saben muy bien y no vaya usted a discutírselo, que los antis van de dos en dos.

Enlace programa Tendido de Sol del 10 de marzo de 2019:


miércoles, 6 de marzo de 2019

Ferias de primera en plazas de tercera


La fiesta de los toros parece haber encontrado refugio en pueblos que no renuncian al toro. Mejor que sea un punto de partida, que no el testimonio de otros días.

Como diría el otro, de toda la vida de Dios, dónde se marcaban las directrices de la fiesta, las tendencias, dónde daban los campanazos toros y toreros, era en las plazas de primera, las ya sabidas Bilbao, Valencia, Málaga, Sevilla o Madrid. Cualquier cosa que allí pasaba trascendía al resto del mundo de los toros. El aficionado miraba y confiaba en esas plazas. La expectación por conocer carteles, de ferias y de no ferias, porque por aquellos días, los toros no se movían solo a golpe de feria y los toreros lo mismo actuaban en mayo en Madrid, que en junio, marzo o septiembre. Las ganas de no faltar a un festejo señalado no diferían de San Isidro a julio, ni de abril a septiembre. Y el aliciente era mayor, pues no resultaba fácil poder tener una entrada, solo las que dejaban los abonados, en su mayoría público local. Pero, ¡cómo ha cambiado el cuento!

Hemos llegado a un punto en el que no solo no se entiende que fulanito o menganito mate tal o cual hierro, sino que ya parece o una locura o una gesta sin precedentes, el que se anuncie fuera de los respectivos ciclos feriados. Y el aficionado se traga esta perla, encantado y convencido de que las cosas deben ser así ¡Válgame! Pero conscientes o sin darse cuenta, que quizá no quieren dársela, los aficionados acaban yéndose a buscar el toro a otros ruedos que no son precisamente los de primera. Paradojas de la vida, para encontrarse con el toro los hay que van para ver novilladas y esto solo se lo garantizan algunas plazas de tercera, plazas de pueblo, pequeñas, sin la grandeza de las monumentales, pero manteniéndose fieles a esa fe única del toreo, la del toro.

Ahora mismo en España, el que quiera calmar su hambre de toro, toro serio y al margen del toro comercial, tiene que viajar al sur. A la provincia de Murcia, Calasparra; a Toledo, Villaseca de la Sagra y a la Rioja, a Arnedo. Cosas del toro. Cin listado de ganaderías con mucha chicha, Escolar, Cuadri, Ibán, pArtido de Resina, Cebada, Fernando Peña, El Puerto, Jandilla, Monteviejo, La Quinta Prieto de la Cal y Miura. Que podrán cuestionar tal o cual hierro, pero que variedad hay. Y repito, esto en plazas de tercera y para novilleros. El mundo al revés.  El mérito de los modestos se convierte en el sonrojo de los opulentos. Sin pretenderlo, esas ferias de novilladas se convierten en una denuncia de lo que es en la actualidad el poder establecido de la fiesta.

Queda claro que todo lo que no sea comercial se convierte poco menos que en clandestino y no solo es casi inviable verlo en las grandes ferias, quizá a excepción de Madrid, sino que el desprecio de los magnates de la fiesta es manifiesto y motivo de orgullo para todos ellos, porque llegados a ese punto que ellos consideran de exquisitez, ya no tienen por qué cruzarse con nada que no sea el medio toro. De la misma forma que esos que manejan todo esto no tienen ninguna consideración por la fiesta de los toros, no cuidan el fortalecimiento de esta y nada les interesa, a no ser que sea el llenar la saca en provecho propio. Parece evidente que han dimitido de su obligación de mantener y engrandecer los toros y lo dejan en manos de esas escasas ferias de pueblo, en plazas de tercera. Que está claro que en los pueblos, las plazas de tercera y segunda tiene que crearse el sustrato que soporte todo esto, pero dejarlo en manos de unas pocas localidades de un puñadito de ferias, aparte de irresponsable, es injusto. Ahora resulta que el futuro, o el poco presente que nos queda, lo dejamos en manos de Calasparra, Arrendó o Villaseca de la Sagra; que muestran dan de no arrugarse con el compromiso, pero estas ferias, estas plazas, también necesitan el modelo de Madrid, Sevilla y el resto de plazas de primera. Porque la ovación a unos no puede tapar el bochorno de otros, pero así están las cosas. Que parece que por el momento, al aficionado no le queda más salida que acudir, y con gusto, a las ferias de primera en plazas de tercera.



martes, 26 de febrero de 2019

Doña Manolita cerrará los carteles de San Isidro


El domingo, conmigo, en Madrid. Este no necesitaba bombos para demostrar que era el primero de todos

Una vez iniciado el proceso de transferencias de la gestión de la plaza de toros de Madrid al Negociado de Azar, Rifas y Loterías, se confirma que tras los resultados arrojados por el bombo del señor Casas, don Simón, será la celebérrima lotera doña Manolita quien cierre el grueso de los carteles isidriles. La verdad es que las gestiones han sido más que arduas, pues en un principio esta especialista en el azar no se veía en condiciones de superar los resultados de la primera rifa de San Isidro 2019. La buena de Manolita creyó que tendría confeccionar unos carteles arrojándose a los brazos de la suerte, de la diosa Fortuna, y que el resultado tendría que ser casi idéntico a lo que sucedería si estos fueran confeccionados por el señor Casas, don Simón y siguiendo el gusto y caprichos de los taurinos.

Doña Manolita no lo veía claro, pues ella no ha trabajado nunca ni con bolas calientes, ni con nada parecido, ella simplemente vendía décimos y luego, al que Dios se la dé, que San Pedro se la bendiga. Pero claro, si ahora nos metemos en que a las figuras no les pueden Tovar ni Rehuelgas, ni Valdellanes, ni Cuadris, ni muchísimo menos Saltillos, la cosa se complica. Pero cuidado, que esto no para ahí, que además hay que evitar por todos los medios que en las dulzonas entren los desheredados del toreo. En esas solo se pueden anunciar a lo más chic de los coletudos. Si acaso algún jovencito carita guapa, pero nada más; que si salen ranas se les aparta con elegancia y delicadeza, así como haciendo ver que los pobres chicos no pueden codearse con las divinidades terrenales de la Tauromaquia.

Que claro, doña Manolita no quiere pasar por lo que le está tocando vivir al incauto que se presto a sacar las bolas en el primer bombo, el güeno, que va, saca la de Adolfo y resulta que casa con la de Roca Rey. ¡Lástima! Con el calor que hace a mediodía en el Sahel y el frío que pela de por las noches. Y cómo la cosa fue tan rápida, no le dio tiempo ni a coger una rebequita ni nada. Si hasta se bebe con gusto una caja de San Miguel 0’0; cómo estará el pobre. Con la alegría que se llevaron en casa cuando se enteraron de que el señor Casas, don Simón, le iba a hacer fijo. Y, claro, viendo lo de este hombre, doña Manolita dice que nanay pero, claro, o acepta o le cierran el chiringuito de Sol, que es lo que a ella de verdad le da de comer. Que, además, ella lo de las sin alcohol tampoco lo acaba de ver. Que claro, en un principio, cuando el señor Casas, don Simón y el resto de taurinos le quisieron endilgar el mochuelo, ellos no paraban de decir que no pasaba nada, que era lo de siempre, que solo tenía que ser la cuestión como toda la vida de Dios pero, claro, la buena señora entendió que lo de siempre era sacar números, sacar premios y pa’lante, y nunca imaginó que era el resultado lo que tenía que ser “como siempre”. Que a ver quien iguala eso, que ya tiene mérito que desde hace años nada cambie y ahora con la rifa, todo siga sin cambiar.

Que estaba doña Manolita violenta, porque parece que los hay que no se apuntan ni a bombo. Ni a bombas, ni bombardeos, porque dicen que ellos no están para sortearse, que eso para los quintos de reemplazo, que  ellos ya gastan una categoría, un caché y que nanay de sorteos. Pero ya le han dicho que no se haga mala sangre, que la realidad no es que se rajen por el bombo, que estos ya venían con la idea metida en la cabeza, que si se ausentaban de Madrid no iba a ser por los bombos, quizá más bien por no llegar a un acuerdo con el señor Casas, don Simón; pero siempre es bueno que haya niños pequeños o bombos a los que echar las culpas.  Que peso más grande se le quitó de encima a doña Manolita, no lo sabe usted bien. Que ya pensaba la pobre que era por una mala palabra o una mala mirada suya, pero naaaah. Si las ausencias ya estaban más que sabidas.

Pero con ese no querer hablar por no ofender de esta buena mujer, va y cae en la cuenta de que hay otros muchos muchachos que siempre tienen que tragar con lo más duro y que igual ya sería la hora de que fueran un poquito más desahogados, ¿no? Pero, ¡quita! Si esos con estar ya van más felices que la mar, si con esos no hay que tener miramientos, esos son más duros que unos zapatos de Segarra, que no los rompía ni un crío en mil recreos. A esos les cuadran hasta los que no pueden cuadrar a nadie. Pero, ¿cómo es que no se apuntaron ellos también al bombo, si tan necesitados estaban? Curioso, ¿no? Ya saben, sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas y por el momento Doña Manolita cerrará los carteles de San Isidro.

Enlace programa Tendido de Sol del 24 de febrero de 2019:

martes, 19 de febrero de 2019

Juan Pedro Domeeecq, miiiil euuuros


¿Se lo imaginan en el bombo? Yo no.

Señoras y señores, damas y caballeros, niños y niñas, que va a haber bombo. Que esperemos que con más garbo y salero que en otoño, que esta vez llamen a los niños de San Ildefonso y con un bombo enorme, como el de Navidad, sorteen toreros y ganaderías. Que no acudirán esos pintorescos personajes que siempre aderezan el sorteo, pero, ¡qué caramba! Como si en los toros no tuviéramos elementos de una vez. Que ya me imagino yo a los señores todos repinaos, engominados hasta los pelos de orejas y narices, con su sahariana beige salpicada de lamparones, discretos, pero lamparones de las bravas que se han tomado un ratito antes de acudir al acto. O ese con la parpusa bien cubierta de pines con divisas, torerillos de zinc, banderitas patrias y algún que otro “orgulloso de ser taurino”, dando sombra a una camisa con los puños rosa capote de brega, que para el tráfico para cruzar la calle de Alcalá, pensando los coches que son un aviso de “peligro, obras”. Y esas señoras y señores, con una edad y hasta dos y tres edades cada uno, que no se pierden una y menos si es gratis. Los afisionaos con su libreta para apuntar y ser los primeros en twittear el resultado, los que te saludan con el “me alegro verte” y por supuesto, el capo taurinieri, el señor Casas, don Simón, que ese día y especialmente por la trascendencia del acto, tampoco fue a la peluquería. Que en lugar de hacer el sorteo en el patio del desolladero o en el de caballos, van a tener que hacerlo en la Puerta del Sol, y aún faltará sitio.

Ya se conocen las ganaderías, nada que se pueda salir de carril habitual de lo que están dispuestas a torear las figuras. Que es como si a un golosón le dan a elegir entre un Miguelito de la Roda, un bombón, un tocinillo de cielo o una miloja de merengue; no hace ascos a nada y si no fuera por lo de la línea, probaba de todo, si lo pagan bien. Que habrá ganaderías que buscando, buscando, puedan montar una corrida que le amargue la cena al más pintado, pero si los acartelados son los que todos imaginamos, no esperemos sorpresas. Que sí, que igual en otro momento algún que otro hierro podían poner de los nervios a las figuras y a los gladiadores de siempre, pero en esta ocasión no vamos a poner en apuros a los espadas, ¿no creen?

Y ahora hay que llenar de bolas el otro bombo, el de los premios, perdón, el de los toreros y resulta que en un ataque de locura, los primeros que se apuntan son los que están bajo en manto simoniaco del señor Casas, don Simón. Que lo estoy viendo, que en un arranque de vaya usted a saber qué, sin decirle nada a su apoderado, se han apuntado al bombo Ureña y Castella. Que está muy bien, no vayamos ahora a decir lo contrario, pero que igual también algo ayudan a su representante, que si no, lo mismo se quedaba demasiado al descubierto. Luego fue Ginés Marín e incluso ya suena algún nombre más que se apuntan al rasca y gana del francés, pero lo que ha acabado de quitar credibilidad, si es que le quedaba algo, a esto del bombo, es que el señor Ponce se ha apuntado al numerito. Si Ponce se adhiere, es que la cosa está mucho más amarrada de lo que podíamos pensar. Esta es la prueba del algodón de que esto no hay por dónde cogerlo.

Que me consta que esto de la rifa de Las Ventas despierta no sé si más expectación que morbo o más morbo que expectación, pero la fórmula sigue sin convencerme. Que en el deporte está muy bien, que el sorteo te puede emparejar a los dos máximos rivales en semifinales y si no, igual se encuentran en la final, en un duelo por todo lo alto, pero es que en esto de los toros, si los señores empresarios actúan como tales y no como niños de San Ildefonso, pueden ofrecernos todas las finales que quieran y puedan pagar. Y si son espabilados y no les importa que se quiebre el  compadreo con los toreros, hasta pueden enfrentar a los figurones entre sí o lo que resulta más estimulante, hacerles alternar con los que quieren abrirse camino y con ganado no habitual. Y si no, díganme ustedes con cuál se quedan, con la de Garcigrande con Juli, que se ha borrado, Perera, que también se ha apuntado, y Castella, que entra por el bombo o la de Fuente Ymbro para el Juli, Urdiales y Chacón, por la gracia del señor del empresario. Yo sin dudarlo, le pego una patada al bombo que le hago rodar del desolladero a la M-30 en un abrir y cerrar de ojos. Que luego, si me quiero dormir con el soniquete, ya le pediré a los niños de San Ildefonso, los de la Lotería, que me canten lo de Juan Pedro Domeeecq, miiiil euuuros.

Enlace programa Tendido de Sol del 17 de febrero de 2019:

martes, 12 de febrero de 2019

Criogenizado a vegano en el 2185




La verdad es que en su momento no lo veía del todo claro, los médicos me dieron seis meses de vida, justo en ese momento en el que me llovió el dinero del cielo, como decían en mis tiempos, tenía el dinero por castigo. Para que se hagan una idea, en aquellos días el salario mínimo interprofesional no aupaba ni a los mil euros, que era la moneda en curso entonces, y a mi un juego de azar me puso 32 millones por delante, así, un billete detrás de otro. No me daba tiempo a gastarlo, ni tirándolo por la ventana. Me aboné a todo el tendido 8 de la plaza de Madrid, para invitar todos los días a todas mis amistades, durante toda la feria del santo, que por entonces era San Isidro. Y quizá sus abuelos les habrán hablado sobre esto de las ferias, de los toros. Era algo parecido a eso que llaman ahora “Tauromaquia Artist Encoded & Dancing”, pero en lugar de utilizar un dron de la generación X24KWW, con el que bailan los actuantes mientras pasa debajo de las telas que estos agitan, había un toro, que iba y venía haciendo prácticamente lo mismo. Incluso se podía programar, pero sin chips, ni cosas parecidas, por dónde iría este ente taurino. Quizá lo más chocante para estas generaciones es que a ese animal se le picaba con un palo que portaba un señor subido en un caballo, otros le clavaban seis palos, las banderillas, que no eran banderas de pequeño tamaño, y tras mostrarle unos trapos rojos y juguetear con él, se le sacrificaba en la arena. Luego el personal consumía la carne del toro y hasta había quién corría para comer el rabo de este.

Fue una gran feria, me pude despedir de todos mis amigos, contraté camareros, un catering que servía a todo el mundo mientras se esperaba a que saliera el toro siguiente y hasta se llegó a interrumpir el espectáculo a la espera de que todos mis invitados se saciaran. Llegué a adquirir cierta fama entre los aficionados a esto que se llamaba por aquel entonces, los toros, aunque ya empezaba a gozar de bastante aceptación el término “tauromaquia”. La gente ya me conocía como el “aficionado finito” “el del tercer aviso”, “el que se va a cortar la coleta” o “el buñolero de Dios”. Todo muy cívico, comprensivo y evitando recordarme que en nada iba a dejar de fumar. Pero, ¡caramba! Una tarde viendo un programa de difusión científica de entonces, “Sálvame”, vi la solución a todos mis males. Por una módica cantidad, al menos para mi en ese momento en el que el dinero era mi gran problema, no por escasez, como era lo habitual, sino porque me podía dar baños de billetes, podía asegurarme un futuro a largo plazo, en un futuro con mejores vistas. Mi felicidad se llamaba criogenización, me congelaban de arriba abajo y cuándo la medicina hubiera encontrado cura a mi mal, me devolvían a la vida y pa’lante. Podía congelarme todo yo o solo el cerebro. Que no era por dinero, sino porque estaba harto de mi chasis, así que decidí que solo me congelaran el cerebro; total, con el disco duro intacto, igual me reimplantaban en un chavalote de veintitantos y con mi experiencia, ¿quién se me iba a resistir?

Pues la medicina ha avanzado hasta límites insospechados, el mundo es el cielo en la tierra, yo tengo un cuerpo joven de 23 años y toda una vida por delante. Al final va a ser verdad eso de que el dinero da la felicidad. Lo que no quiere decir que no haya algún que otro inconveniente. Ya no vivo en Madrid, ahora se llama Madr 22. En lugar de Josema, se me conoce por Rachel. Y este punto no lo voy a aclarar. Pero bueno, pelillos a la mar, que por cierto, tras no sé que líos, el mar llega hasta Honrubia, provincia de Cuenca y Despeñaperros se ha convertido en una zona de bellos acantilados. Quizá el choque más brusco fue cuándo el primer domingo quise tomar el metro e irme a los toros. ¡Qué ganitas! No había metro, ahora hay una especie de píldoras gigantes en las que te metes por un lado y sales por otro al instante y ya estás en tu destino. Por no haber, ni tan siquiera existía la estación de Ventas. La verdad es que la plaza estaba un tanto cambiada, conservaba el arco de la Puerta de Madrid y un puesto de helados que había en la explanada, que ahora expedía una especie de batidos de extraños colores, sobre todo para ser batidos. Entre en la ¿plaza? Una señorita autómata me acompañó hasta mi localidad y hasta me ofreció unos servicios inconfesables en la época de la que yo venía. Una voz que todo lo llenaba anunció que el show iba a dar comienzo. Luces, sonido y hologramas de otros tiempos, toreros paseando en triunfo por la arena, volatines al aire agitando telas, pero sin noticias de que hubiera o fuera a haber un toro. Lo que yo creí el paseíllo era un desfile de impostados personajes en patinetes flotantes. ¡Vaya! Lo que imaginaba, no había caballos de picar, al final lo consiguieron, se cargaron la suerte de varas. Se apagaron los focos, dejando iluminado solo el círculo central. Pero, no había tablas, ni gente en el callejón. Al fin el progreso acabó con los parásitos de la fiesta. Una especie de esfera a pintas blancas y negras emergió de una nube como por arte de magia. El torero, o lo que fuera, le mostró una tela en la que podía leerse “Nautalbus, finde en Marte por 32 klugs”. Y la pancarta empezó a volar por los aires al ritmo de palmas acompasadas de los asistentes, mientras el artefacto iba y venía. No daba crédito. Miré a mi compañero de localidad y entusiasmado llegó a balbucearme algo que interpreté como: Es el mejor, no hay otro igual, un maestro, ¡qué arte! Y que quieran quitarnos algo tan nuestro, tan de nuestras tradiciones. ¿Usted es también aficionado a la tauromasquia o es la primera vez que viene? Usted no es de este cuadrante, ¿verdad? No, yo vengo de lejos, le respondí. Salí fuera a tomar un poco el aire y reponerme del shock. Me acerqué a una de las mil barras en que servían comida. Abrumado, pedí un bocata de jamón y una cerveza, que eso siempre me levantaba el ánimo. Me pusieron una cosa extraña, verdosa, con pintas anarajandas, entre dos… no sé si llamarlo rebanadas, dos cosas de color marrón con rodelas de moho a discreción. Me dirigí a… a lo que parecía un camarero y le dije que qué era esa mi… porquería. Lo que ha pedido el ciudadano, me contestó, jamón puro de brócoli con brotes de acelga y motas de perejil, lo más exquisito de nuestra carta 100% vegana. ¿Esto jamón, esto un bocadillo? Y faltaba lo mejor, la cerveza, una especie de pis caliente, con un tono entre amarillento, verdoso y espuma turbia, que decía ser una cerveza isotónica de algas marinas maduradas en sótano a 33º Pascal. Lo reconozco, alce la voz, le lancé a la cara a aquel elemento lo que había pedido el “ciudadano” y aparte de un sonido estridente y un fogonazo que me cegó, no recuerdo más. Y aquí estoy en una celda esperando que venga alguien que me conozca, algún familiar que responda de mí, pero… ¿dónde estarán mis familiares, mis amigos, alguien que me conozca? Estarán criando malvas hace un siglo. Si levantaran la cabeza se darían la vuelta y seguirían penando entre las ánimas del purgatorio, que en el infierno ya estaba yo, aquí, en un lugar que no sé ni como se llama, en un calabozo, por querer escapar de la tauromasquia, por tirarle a un aparato a la cara una cosa que decían que era jamón. Me han adjudicado un “Iuris consulter”, que lo primero que me soltó fue: ya sabía yo que no era de este cuadrante, se lo noté en seguida. Eso sí, me ha hecho perderme las chicas del ballet del final del show de la tauromasquia, espero que me merezca la pena. Y no cesa de repetir esa memez de que se ha trasmutado de criogenizado a vegano en el 2185.

Programa Tendido de Sol del 10 de febrero de 2019:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-del-10-febrero-de-audios-mp3_rf_32420146_1.html

miércoles, 6 de febrero de 2019

La fábula del bombero, el policía y…


Lo fundamental, lo verdaderamente importante, va antes

Últimamente, de unos años para acá, el mundo de los toros parecía dividirse entre toristas y toreristas, como si el aficionado, el de verdad, pudiera partirse en dos y dejar de entender la integridad de la fiesta. Pero ahora parece que han emergido dos nuevas categorías, bomberos y policías y por favor, no me hagan el chiste fácil de policías y ladrones, tengamos la fiesta en paz. Ni tampoco me vengan con que quién vela por la defensa de los toros es el Bombero Torero, que, por otra parte, quizá sería de los que se dejaran la piel en el intento.

Que eso de ser bombero puede estar bien o mal. Que vale que el bombero no tiene que hacer de policía, pero hombre, es como si los de las Fallas se callan que unos pirotécnicos meten dos bombas nucleares dentro de un ninot, por aquello de darle más repercusión a su falla y para que esta sea conocida en Kuala Lumpur. Y que luego dijeran que lo suyo es apagar incendios, que lo demás es cosa de los señores agentes, guardias, guindillas o picoletos. Que ellos son bomberos, no son ni policías, ni ciudadanos, ni tan siquiera personas con un mínimo de humanidad, que si Valencia entera salta por los aires, allá penas. Y si esto lo trasladamos al toro, la traducción literal del hecho, de esta actitud tan poco comprometida, puede que nos cuente que hay unos señores que solo se preocupan de que su negocio continúe, de la forma que sea, y que eso de la afición, por mínima que esta pueda ser, es ciencia ficción.

Pero lo peor de todo esto, si cabe algo aún peor, es que los que se dicen aficionados están llegando a entender el discurso de estos señores, no de los bomberos, sino de los que supuestamente se han erigido en apagafuegos de la fiesta, siempre que las llamas vengan de fuera, que si los incendios los provoca un amiguete del sistema, pa’lante, y si hace falta, les llevan el fuelle de una fragua, para que eso se avive hasta quemar las nubes. Que ya empezamos a creernos que la amenaza principal es la de tal o cual partido, a los que no hay que perderles el ojo; los antis, que quizá no sean muchos, pero vaya lo que enredan, pero sin depositar toda la carga que les corresponde a los propios taurinos. Estamos llegando a un punto en el que ya se empieza a admitir como mal menor, el que la fiesta de los toros se modifique hasta tal punto, que no la conocería ni la madre que la parió. Que si evitar sangre, que si las corridas sin muerte, que si la suerte de varas, que si… Todo les vale, mientras que siga el show. Ya no sería la fiesta de los toros, pero bueno, al menos esto les permitiría a unos continuar con el negocio y a otros el poder ir una vez al año a merendar con los amiguetes de la peña, se podrían seguir juntando para cenas, tertulias, excursiones al campo, más merendolas y continuar en ese incesante cambalache que tanto gusta, precisamente a los menos aficionados al toro. Que nadie vea en esto una oficina de reparto de carnets de aficionado, pero, ¿qué quieren que piense? Si se admite suprimir el motivo de todo esto, si se admite eliminar de golpe el último instante en que el toro puede luchar por su vida, cara a cara con el torero, entonces hay que reflexionar y mucho sobre la afición de cada uno.

Que puede ser que antes de pensar en los bomberos, los policías y la policía montada del Canadá, tengamos que plantearnos si la fiesta de los toros es ética o no. Si no lo es, fuera con ella, pero no caben modificaciones que la conviertan en algo moralmente adecuado. Fuera y no hay más vueltas. Que si consideramos que en estos tiempos no es adecuado ver como a un toro se le pica en el caballo, se le ponen banderillas y se le mata a estoque, se echa el cierre y todos al cielo por buenas personas, pero no entremos en eso de evolucionar, porque eso es una trampa, precisamente la que usan los que ahora parece que se han hecho bomberos, para continuar en ese camino de acomodar a los que se visten de luces, de que no se sientan molestados, ni amenazados por un animalejo y los otros, los jaleadores, a seguir sacando su tajada. Yo no tengo ningún reparo, ningún cargo de conciencia en afirmar que la fiesta de los toros es un espectáculo en el que muere un animal, el toro y que así debe ser mientras la fiesta siga viva, algo que solo será posible si el toro se hace presente y mientras este no dé lástima, como la da en esa fiesta “evolucionada”, más acorde con los gustos y en la que nos cuentan cosas tan esperpénticas como la fábula del bombero, el policía y…

Enlace programa Tendido de Sol del 3 de febrero de 2019:

miércoles, 30 de enero de 2019

Adiós amigos, compañeros de mi grada


La fuerza de la juventud es comparable con una estampida

Con el alboroto y parabienes que hubo aquel día en que se anunció la creación de la “Grada Joven”. La chavalería, los únicos aficionados que pueden llevar esto más lejos en el tiempo, los únicos que conocerán un futuro más lejano, iban a acercarse un tantito más al ruedo. ¡Cuidado! Que la cosa no iba ni de aficionados prácticos con mucha práctica, ni de liarse la manta a la cabeza y lanzarse tras un retador “baja tú”. Tan solo era que pasaban de la andanada a la grada; que ya es avanzar en esto de ser aficionado. Y unos se quedaron en su nueva ubicación bien acomodados y con el confort que da una buena compañía, la comprensión de esas amistades que te hacen darte cuenta de que no eres ni un bicho raro, ni un amargao, ni un outsider taurino. Que resulta que había más gente que pensaba lo mismo, más gente que clamaba por el toro, que se revelaba contra el fraude y le sacaban de quicio las trampas en el toreo. Con estos, al fin del mundo. “Mama, que he hecho amigos en los toros”. Que de la noche a la mañana, las gradas otrora vacías, otras veces con gente ya demasiado entrada en años, recibían en plena jeta el frescor de la juventud, el de esa rebeldía, inconformismo e ilusión por creer que la utopía es posible. ¿Quién nos lo iba a decir a algunos. Más de tres décadas viendo pasar abonados, preguntando por aquel señor de la delantera, por el que se ponía siempre en el balconcillo, por el de la garrota, por tantos que no es que dimitieran de afición, que habían dimitido de la vida y habían cambiado su abono del seis, por uno del tendido bajo de la corte celestial, pegaditos al coro de ángeles custodios que se cuidan de que en esos ruedos de ahí arriba no haya percances.

Y en estas que la chavalería empezó a darse cuenta de que eran muchos los que no querían esa fiesta que se les pretendía meter por los ojos. Que no, que no y que no y empezaron a exigir. Hicieron de la protesta su forma de expresión y si alguien les preguntaba el porqué de su amor por los toros, quizá no sabían decir que les había enganchado con esos eslabones de acero fundido, pero sí sabían que había algo, que hubo algo, que se resignaban a no ver nunca más. Ellos también querían sentir como se les salía el corazón por la boca y el alma por el corazón con el toreo puro y con el toro toro. Preguntaban, comentaban, pero no se dejaban engañar y si acaso alguna vez tenían dudas, preguntaban y para la próxima ya sabían a qué atenerse. ¡Caramba con los niñatos! Su afición y exigencia empezó a dejar de ser una simpática anécdota para los taurinos y allá dónde veían una feliz y bullanguera chavalería empezaron a encontrar unos aficionados serios, severos y tan respetuosos con el toro y el torero cabal, como intransigentes como la breva desmochada y el tramposo sacude telas.

Bien es verdad que en esa “Grada Joven” también los ha habido que de 80 festejos picaron la tarjeta en cuatro o cinco tardes, precisamente las de carnaval, en que asomaban por la bocana de la grada atufados por un puro que era más un tormento que un goce, su yintonic agitado, que no removido, algunos con clavel, pantalones tobilleros y moda fashion taurina, que no juvenil. ¡Pobres! Ellos que iban a dar palmas, orejas y bienes a destajo y se encontraban con los de las protestas. Para un día que iban y les amargaban la fiesta. “Mama, unos niños protestaban todo el rato, seguro que no tienen amigos”. Unos pagaban 105 bolos por cuatro tardes y los otros, los amigos que no tenían amigos, 105 por casi 80. Bueno, tampoco es así, porque así sin justificación alguna, había alguna tarde que no asomaban y al día siguiente llegaba tal justificación: es que tuve examen. ¡Pobres!

Pero todo acercamiento a la utopía tiene un fin y ese fin parece que el señor casas, don Simón, ha decidido que llegue a partir de ya. Que esos levantiscos vuelvan a su sitio, al sitio del que nunca debieron salir, ni “Grada Joven” ni gaitas, a la andanada otra vez. Y el que no quiera subir al gallinero, que pague no 105 lereles, sino 198. A ver si así. Que ya se sabe, dónde el señor Casas, don Simón, pone el ojo, pone la subida. Allí arriba no habrá ni que mandarles a los seguratas a poner orden, se cierra la puerta y a otra cosa. Pero… ¡Ay amigo! Que la chavalería ya se nos ha hecho mayor y hasta pueden decidir seguir en la grada, que para una vez que tienen amigos, no los van a abandonar así de golpe. Si hasta tenían grupo de guasap y todo. Si hasta movieron su afición por otras plazas, encierros, capeas y comidas y ya se sabe, cuando el español monta una comida o una cena con otros del mismo corte, eso no lo rompe ni un taurino, ni dos, ni tan siquiera un señor casas, don Simón. Que igual alguien piensa que la propietaria de la plaza, la Comunidad de Madrid, regida por el partido amigo de la fiesta iba a decir que eso no se hace, pero ni hablar del peluquín. Callados como muertos. Nadie espera ni ayuda, ni comprensión, que tampoco hace falta. Los de las cinco tardes igual se apartan y los de las 80, salvo causa mayor de examen, aunque cabreados, seguirán en su grada, porque ya es suya y mientras unos seguiremos gozando de tener allí a esa levantisca chavalería rebosante de afición, escucharemos como le cantan a los que se marchen eso de adiós amigos, compañeros de mi grada.

Enlace programa Tendido de Sol del 27 de Enero de 2019:

miércoles, 23 de enero de 2019

Una fiesta sorpresa


Poca sorpresa, como no sea que los toros echen a volar.

Si a un aficionado a los toros ahora mismo le hablan de fiesta sorpresa o la sorpresa en la fiesta, es fácil que piense en una tarta gigante con un alguien dentro saliendo de ella, una montonada de globos cayendo del cielo o en caso de los más jóvenes, el que aparezcan los padres antes de tiempo y den la luz sin avisar; eso sí que era una sorpresa, un sorpresón. Porque en esto de los toros o “tauromaquia”, como gusta decir a los modernos, pocas cosas hay que no puedan ser previsibles, todo está encauzado para que nada quede fuera de control. Si acaso, saber si el maestro de turno cortará dos o dos mil despojos, todo dependiendo si el animalejo se aguanta en pie y le da por bailar la danza del pasimisí, pasimisá taurino.

Empezando por la confección de los carteles, que se repiten y se repiten y se repiten y se… hasta la saciedad, temporada tras temporada y tarde tras tarde. Los figuritas siempre alternando entre ellos con las borricas de siempre, que es con lo que se atreven a salir a poner posturas de “jartista”. Luego está el grupo de los que parece que echan para arriba, la mayoría queriendo acomodarse en el grupo anterior, pero que a la mínima que peguen un tropiezo les mandan al rincón de pensar. Estos con toros que lo mismo pueden complicarte la existencia, que ponerte el cortijo delante casi llave en mano, amueblado y todo. Y luego están los que tragan con lo que les pongan, que bastante tienen con poder tragar, aunque sea con fieras corruptas de las que el salir andando ya es un triunfo de categoría. Así, año tras año y que nadie se atreva a enmendar el guión, que a la próxima ya no sale en la foto.

Que los hay que esperan sorprenderse ya llegados a la plaza, pues que se sienten y esperen, que igual les sale la barba que no tienen y hasta tienen que hacerse tirabuzones para no pisársela. Que parece cosa de brujas, de los duendes del toreo, el que un aficionado acierte sistemáticamente el que tal ganadería va a dar que hablar en los corrales la mañana de corrida, que los pupilos de tal o cual hierro no se van a sujetar en pie y que con suerte, con mucha suerte, lo mismo entre los seis de la corrida se reparten medio puyazo y no sin esfuerzo. De la misma forma que son capaces de adivinar que fulanito o menganito no va a ser capaz de llevar medianamente la lidia. Que dos mantazos de salida y a esperar la hora de la pañosa. Y cuidado, que si no empieza la faena del primero con banderazos por delante y por detrás, lo hará en el segundo. ¡Vaya sorpresa!

Esto del toreo, en la actualidad, en la inmensa mayoría de los casos todo se reduce a que un señor llegue y suelte su repertorio sin el menos miramiento, sin tener en cuenta la salud de los espectadores. Que siempre se había dicho que cada toro tenía su lidia y así fuera el toro, así obraba su matador, pero eso ya es historia. Que sería mucha sorpresa que saliera un toro que no se ajustara a eso de ir y venir, ir y venir y acabar de nuevo yendo y viniendo. El panorama ideal para que los de luces suelten su número gimnástico, su ballet o cómo lo quieran llamar, ensayado una y mil tardes, una y otra vez. ¿Sorpresa? Pues si acaso, que el de luces se ponga a bailar el Moonwalker; a partir de ahí, no esperen mucho más. Y así, año tras año, sin esperar que nada cambie, lo cual sería una grandísima sorpresa. Que no esperen que el relevo que viene por detrás haga otra cosa, porque ellos se entregan sin reservas a emular  a estos modelos, prototipos de la monotonía y del aburrimiento. Eso sí, si a continuación les dicen que eso es arte, no se escandalicen, ni tan siquiera se sorprendan, porque hasta esto entra dentro de lo que muchos llaman hoy “tauromaquia”. Querrán ustedes saber como acabar con este tedio que parece no tener fin y que tampoco tiene remedio. Pues es posible que la solución la tengamos ante nuestras narices, aunque creamos que es un imposible. Simplemente, pongamos al toro en el ruedo, al toro de verdad, no al borrego descastado, al medio toro, al toro mutilado en su integridad, sencillamente el toro, encastado, bravo o manso. Entonces será cuándo pensarán en otras cosas cuándo, hablando de las corridas de toros, les hablen de una fiesta sorpresa.

Enlace programa Tendido de Sol del 20 de enero de 2019:

martes, 15 de enero de 2019

Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fíiiigaro


Tanta evolución resulta insoportable

Ya han pasado las fiestas, pero da lo mismo, siempre habrá ocasión de arreglarse y de ir presentable y para eso hay que empezar por el barbero y si no, pregunten a los maestros Ponce y Juli y les darán las pautas a seguir. Que ellos, como figurones de tronío, seguro que tienen que pensar muy a menudo en eso de ir arreglados, lo mismo ellos, que sus acompañantes. Ya no hace mucho, saltó la noticia de que le habían arreglado unos toros de una corrida, pero la historia no cesa y se vuelven a escuchar ruidos de navajas, en este caso para Huesca, seis toros, seis arreglos. ¿Qué desean los señores? ¿Lavar y marcar o solo cortar y embetunar? Solo cortar, sin medida, y embetunar, como si fuera para rejones. Y esto sale con las fotos de una corrida en Manizales en la que se anunciaba el señor Ponce. De verdad, no te dejan ni respirar, se nos acumulan los escándalos, no hemos hecho la digestión de una vergüenza y ya nos estamos avergonzando por otro lado.

Seguro, segurísimo, que el señor Ponce no sabía nada, no tenía ni idea y el Juli, pues tres cuartos de lo mismo. Si es que, ¿para qué quieren enemigos, teniendo los amigos que tienen? Que es lo mismo que podría decir la fiesta de los toros, ¿para que queremos antitaurinos, teniendo los taurinos que tenemos? Que luego estos son de los que se llenan la boca con que los aficionados piden imposibles, con que así no se puede hacer arte, con que hay que estar unidos. Que viendo lo que vemos, parece ser que el señor Ponce pone todo de su parte para poder “expresarse”. Y don Julián no duda en ponerse a su altura, para poder mostrar todo su magisterio y poder.

Que quizá esta sea la manera en que estos dos maestros insignes desplieguen todo su magisterio infinito de la tauromaquia moderna, aquella Tauromaquia 2.0 que ya se va quedando obsoleta, pero si es así, avisen para quitarnos de la foto, porque que a uno le identifiquen como aficionado de eso, cuando menos, sonroja. Que difícil resulta convencer a nadie no cercano al toreo de que eso nada tiene que ver con los toros. Que serán casualidades, pero que con tanta frecuencia aparezcan firmando la infamia Ponce, Juli y el Vellosino hacen que uno no pueda pensar en que son cosas del azar, en que estos señores nada sepan de que una tarde sí y otra también, el ganado que va a salir por toriles sale intencionada y artificialmente mermado en su condición física y muy especialmente en lo tocante a la integridad de sus defensas. Que el descrédito, la vergüenza de esta merma de la integridad del toro coincide plenamente con el daño que se produce a la integridad, al buen nombre de la fiesta. Y así, poco a poco, con estas actitudes delictivas se va negando cualquier posible futuro a esto que unos llaman rito, otros fiesta, los más modernos “tauromaquia” y los más desencantados, pantomima, vergüenza.

Señores taurinos, maestros magistrales Ponce y Juli, junto con su cómplice del Vellosino y todos los Vellosinos que campan por la fiesta, por favor, dejen ya de evolucionar, que cada paso que avanzan en esto que ustedes llaman evolución, es un paso más hacia el abismo. Su evolución no es más que un ahondar en la búsqueda de su comodidad, sin importarles otra cosa que el negocio, su negocio. Que si tanto confort necesitan, puede ser que hayan equivocado el camino, que ustedes no nacieron para ser matadores de toros, sino para ser provadores de colchones o sofás cama en el IKEA. Eso sí que es comodidad y sin riesgo. Eso sí, está peor pagado. Allí no les hará falta que ningún mandado sin escrúpulos siegue la integridad y la honra del toro. Que donde ustedes leen arreglar, otros ven insidia, mentira, trampa, fraude, vergüenza. Que lástima que aparte de al ganadero, no les sancionen a ustedes con una temporadita sin poder torear en España, que lástima que los aficionados sean cuatro y que no se puedan hacer oír en las plazas para que todo el mundo les llame lo que son, aparte de los verdaderos verdugos de la fiesta de los toros. Pero claro, ese público entusiasta se pasa el tiempo queriendo amordazar a los que les intentan abrir los ojos, en lugar de abrirlos y ver en qué consiste el magisterio de estos dos fenómenos que emborronan la historia del toreo, la tradición, una tarde sí y siete también. Si al menos en lugar del Gato Montes se les recibiera por esas plazas de Dios jaleándoles a coro el Ponce y Juli, Fígaro, Fígaro, Fígaro.

A Jorge Guevara, QEPD

Enlace programa Tendido de Sol del 13 de enero de 2019:

lunes, 7 de enero de 2019

Por la unidad, sin complejos


Al final, siempre es el toro el que tiene que poner orden y si este no aparece...

Malos tiempos para el toreo, malos tiempos para declararse aficionado a los toros. Vivimos momentos en los que hay que estar dispuestos a apretar los dientes y quizá de manera especial, son los propios taurinos los que podrían dar un paso adelante para que los demás nos pongamos a su lado buscando el bien de la fiesta de los toros. Los ataques vienen de todas partes, unos de forma activa por parte de aquellos dispuestos a poner en práctica cualquier medida, con el único fin de acabar con este rito: los toros. Otros se limitan a navegar entre dos aguas, ni dicen que sí, ni dicen que no, pero, ¡ojo! No se confíen, que tienen tanto peligro o más que los otros, precisamente por eso, porque parecen almas cándidas, inofensivas, incapaces de nada, pero no los perdamos de vista. Que igual que dejan hacer para no crearse enemigos, pueden pasar a la acción creyendo que así ganan amigos.

Es el momento de que se imponga la unidad, pero no se confundan, no hablo de que un señor o varios decidan por los demás, enarbolen la bandera del taurinismo y todos detrás como perfectos papanatas. No, hombre no. Que eso del mesías salvador que se erige en líder supremo y que luego veja la fiesta de los toros en cuanto se pone el chispeante, eso ya no cuela. Que ya saben, una cosa es predicar y otra dar trigo. La unidad debe llegar por otras vías. Quizá el primer paso y el más importante de todos sea la que el aficionado lleva esperando desde hace tiempo, el que dejen de existir dos fiestas diferentes, la de las figuras con el medio o cuarto de toro y la de los gladiadores que se enfrentan a lo que los anteriores no quieren ni en pintura. Dos mundos generalmente admitidos por todo el mundo, porque, ¿cómo exigir a los que dicen artistas, ponerse con el toro? Y por otro lado, ¿cómo permitir que los que simplemente tragan con lo duro desperdicien al medio o cuarto de toro creado para expresar el arte sublime del trapazo vacío, superficial y tramposo, pero jaleado con entusiasmo?

Pero aunque parezca mentira, aunque ustedes no lo crean, para los suyos, para los de su mundo, según en el que cada aficionado se sienta más cómodo, apenas se percibe el más mínimo asomo de sentido crítico. En el mundo de la comercialización extrema todo vale, el maestro es omnipotente y hasta omnipresente, ya puede subirse a hacer cabriolas sobre el animalito, que se aplaude y si alguien protesta, te salen con lo de la tauromaquia de cada uno es cómo es. Se permiten los pimientos morrones como pitones, el destoreo como arte sublime, excelso y origen de éxtasis colectivos. Porque ya saben, al arte no se le pueden poner limitaciones. Pero, ¿es que esa cosa tiene algo de arte? Pues si tiene usted bemoles, vaya y se lo dice a la cara, que del susto igual a la dama o caballero en cuestión se le vuelca el paquetón de pipas o se les derrama el yintonis.

Y si nos vamos a la otra cara de la moneda, al otro mundo que compone esta fiesta actual, la crítica suele brillar por su ausencia. A un encierro nefasto, manso y complicado al exceso se le erige un monolito en dos minutos, porque como ellos dicen, no se han aburrido. Que yo no digo que no, pero lo malo es malo y lo bueno, en cuanto al toro, es trapío, casta y bravura y no hay que hacer concesiones, si lo que pretendemos es el bien de la fiesta de los toros. Que ya les digo, que no me falten estas corridas, pero para todos los días y como utopía, uno prefiere otras cosas. Pero no acaba aquí la cosa, ahora viene lo de los de luces;  esos matadores que se la juegan como jabatos delante del toro de verdad, claro que sí, pero a los que no debe dejar de exigírseles, faltaría más. ¿Y cuál es esa exigencia? Pues muy fácil, que pongan en práctica saber y recursos taurinos para poder a ese tipo de toro y si luego asoma el arte, miel sobre hojuelas, el nirvana, el balhala, la gloria bendita. Pero por estar a merced de un animal, por limitarse a sortear los empellones sin tan siquiera oponer un mínimo de torería, por eso no podemos subir a nadie a los altares. Que es de mérito el estar ahí, por supuesto, pero el toreo es mucho más, muchísimo más, por eso esto es tan complicado.

Pero esta condescendencia con los propios se traduce en desprecio por los del bando contrario. Y aquí es dónde creo que debería instaurarse esa unidad. Que esto no es nuevo, que es tan sencillo como que todos alternen con todos, que todos se anuncien con todos los hierros y que la ganadería y torero que no aguanten el tirón, a su casa. Así de fácil y quizá así de poco probable, tal y como están las cosas en la actualidad. Que no les da la gana, pero si esto volviera a unos cauces más sensatos, igual volvía el interés, la emoción y el toreo a las plazas y hasta podría ser que los que ahora atacan con tanta saña y facilidad a la fiesta de los toros o los que se mantienen en esa postura del ni blanco, ni negro, empezaran a ver los toros de otra manera y, ¿quién sabe? Hasta harían cola para sacarse un abono. Pues si así fueran las cosas, creo que muchos seríamos los que abogaríamos decididamente por la unidad, sin complejos.