jueves, 21 de enero de 2016

Cuando yo sea alcalde de Madrid

Con toda mi corporación local


Ya está, me he liado la manta a la cabeza y me he decidido: me presento a las próximas elecciones a la alcaldía de Madrid. Que no, que no, que no me quieran quitar la idea de la cabeza, que ya está pensao y repensao, que le he dedicado el tiempo que va del aperitivo a la comida y en esos cinco minutos lo he meditado muy detenidamente. Las cosas hay que pensarlas y uno no se puede echar al ruedo así por las buenas. Y digo más, no hago otra cosa que seguir el ejemplo de la señá Manuela, tanto en esto, como en el programa que voy a poner en práctica. ¿No decide ella quitarse del medio lo que no le gusta? Pues servidor también. Y si a alguien le molesta, que se vaya de Madrid, qué digo de Madrid, de la España entera. Que luego para criticar siempre hay bocas, que uno va por ahí y no para de escuchar a los insatisfechos atacar a todo el mundo, que no te dejan tomarte el vermú o la cañita a gusto. Si es que al final no va a haber quien vaya a los bares. ¡Coño! Si se quieren quejar, que vayan a la OCU, al Ayuntamiento, que voten a otros, que pidan hojas de reclamaciones, que pasen reclamaciones por el registro de los organismos oficiales, pero que nos dejen vivir.

Aquí les expongo mi programa electoral, que no se piensen que es para pedir su aprobación, ni consejo, ni na’ de na’, al que no le guste, ya saben, que se vaya de España. Eso sí, durante la campaña les pasaré la mano por el hombro, campechanamente me mezclaré con ustedes en las celebraciones populares, abrazaré niños, besaré a las señoras de edad, trataré a los ancianos como si fueran imbéciles y se acabaran de caer de un guindo, guiñaré el ojo a los jóvenes, así como si fuera su colega, bailaré la Macarena, les hablaré y les hablaré, pero sin decir nada, en fin, lo habitual de las campañas. Y ya vale de preámbulos. Vamos al lío. Estas son mis medidas:

-                          Eliminaré el Bicimad y prohibiré circular en bicicleta por la capital, pues servidor no sabe montar en bici y a mi edad no lo veo ya muy factible.

-                          Se prohibirán las pescaderías y se erradicarán de los mercados de abastos, mercados, hipermercados, súpermercados, minimarkets y hasta de las tiendas de los chinos, porque no me gusta el pescado y me recuerda la represión infantil que sufría cuando me obligaban a comerme la merluza rebozada. Me traumaticé, así de claro.

-                          Queda prohibido el consumo del gazpacho en lugares públicos y privados, por la misma razón de lo del pescado.

-                          Se eliminará el Estadio Bernabeu, se prohibirá cualquier sentimiento o acto de adhesión a dicho club, que por otra parte deberá desaparecer en el plazo de “en seguida”. Igualmente se hará desaparecer cualquier posible referencia a dicho club, como la editorial Santillana, la calle Velázquez, la estatua de Velázquez, el Domingo de Ramos, los cristianos, el nombre de Raúl y, por supuesto, nadie se llamará ya jamás Santiago. Y el color blanco será “el clarito”. ¿Qué pasa? Yo soy del Aleti. Estoy en mi derecho, ¿no? Si a mí no me gusta, ¿por qué no lo puedo hacer?

-                          Se cerrarán todas las piscinas de la capital, porque a mí no me gusta bañarme en las piscinas, y si acaso podrán continuar su actividad solo aquellas que tengan el agua calentita.

-                          Se suprimirá toda actividad que se realice por las mañanas, que a mí no me gusta madrugar.

-                          Se impondrá la asistencia a las corridas de toros al menos una vez a la semana, porque a mí me gustan los toros y considero que eso es algo bueno para todo el mundo. Y aplaudirán y protestarán a quienes yo diga, que para eso soy el alcalde.

-                          En lugar de conciertos de cantautores, solo habrá pasodobles, copla y música de los Beatles, así que los Rollings, ni hablar. Si acaso Queen y Pavarotti.

-                          Se retirarán todas las licencias a los restaurantes vegetarianos, chinos, vietnamitas, wok, cocina de Turkmenistán, Uzbekistán, Azerbayán, Kafiristán y todos los tan que a mí no me gusten, bien porque lo que me gusta es la tortilla de mi suegra o porque no soy capaz de pronunciar esos países con soltura.


Pero estas son solo algunas de las primeras medidas; ya se me irán ocurriendo más cosillas para mejorar la convivencia. De momento ya tengo planeado el volver a incluir los toros dentro de la página web del Ayuntamiento de Madrid, porque eso sí que me gusta a mí. Y les garantizo que a partir de entonces viviremos en una ciudad en libertad, en fraternidad, en paz y con todo el mundo contento y al que no le guste... Pero todo eso será cuando yo sea alcalde de Madrid.

6 comentarios:

Raùl Sánchez dijo...

Porque tu lo vales Enrique.
Esa ironia que no se pierda.

antonio monedero dijo...

Cuenta con mi voto. Aunque solamente consigamos el tuyo y el mio.

Anónimo dijo...

Oiga señor Martin, de alcade de Madriz nada, uste, alcalde de Pamplona, por que uste si que vale.
un saludo.
Kaparra

Enrique Martín dijo...

Raúl:
A veces cuesta, no te creas.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Antonio:
Ya he apalabrado también el de mi mujer, no sin mucha discusión.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Kaparra:
Pues igual el que salía ganado con el cambio era yo. Otra cosa serían los pamploneses.
Un saludo