jueves, 23 de mayo de 2019

La verdad de Roca Rey


El tercio de varas en versión moderna

Que se nos ha vuelto la plaza loca y ya saben, las locuras es mejor no intentar comprenderlas y mucho menos aplicarle la lógica. Ni tan siquiera creo que fuera fructífero el que nos pusiéramos a preguntarle a los entusiastas, porque igual nos encontramos con lo que no queremos, pocas explicaciones, vueltas y más vueltas, para acabar con el consabido:”pues a mí me ha emocionado”. Y contra eso ya no hay argumento que valga, que eso es cosa de cada uno y ahí nadie se puede meter. Es meter la subjetividad para juzgar en este caso una tarde de toros y según esa vara de medir, como en los mítines políticos, lo que a uno le parece una sarta de mentiras, a otro le parece la verdad más verdadera e inamovible del mundo. Eso sí, en este caso hay que partir con que esta verdad universal del toreo de Roca Rey parte del punto de una corrida de Parladé a la que ni se ha podido picar, ni lidiar, ni mucho menos torear, que ya salían toreados de casa. Y más concretamente de un toro que a esta alturas está en el CSI, a ver si la puya finalmente tocó o no el morrillo del animal.

Pero en una tarde de toros como esta de los Parladé, pasan más cosas, aunque no tengan que ver con lo que espera el aficionado. Esta misma tarde se despedía de Madrid un torero. De acuerdo que lleva muchos años, demasiados, a la deriva y empeñado en borrar todo lo bueno que hizo en este mismo ruedo, se despedía el Cid. No ha tenido su tarde, ha mantenido ese estar a la deriva de los últimos tiempos. A su flojo primero le llevó bien al caballo. El animalito hasta metía los riñones, pero si acaso hacía que se meneara algo la cucarda del picador, pero poco más. Se fue sin picar y el Cid lo recogió a una mano, por abajo, con la muleta algo atravesada. En los medios, le dio sitio, para iniciar un trasteo que transcurrió entre muletazos con el pico, echar el toro para afuera, él más fuera, teniendo que recuperar su lugar y muletazos sin rematar. Su segundo, blando como todos, se echó una siestecita debajo del peto. Comenzó el Cid su último trasteo en Madrid con una tanda de derechazos aseados, con la muleta más plana de lo habitual, para después ya sí tomar sus precauciones y atravesarla, consiguiendo que no le tocara la franela. La faena empezó a discurrir por los caminos de la sosería, con un toro ya parado, muletazos con el engaño retrasado, para alargar ya demasiado aquello. Y para que el Cid no dejara de serlo, esta tarde tampoco se manejó con los aceros. Pero a pesar de todo, a pesar de los pitos, las desilusiones, los descalabros, los fallos a espadas, el Cid ha sido un torero que lo hizo, un torero que enamoró con su izquierda y esta afición de Madrid, tan mala, rara, estruendosa o lo que cada uno quiera añadir, tiene memoria y a los que un día hicieron el toreo se los tatúa a fuego en su corazón de aficionados a los toros. Y el que lo quiera ver, que pida a cualquier aficionado que le enseñe el corazón y entre otros verá escrito: el Cid.

Pero la realidad de la tarde distaba mucho de cualquier ideal del toro y del toreo y mucho más de lo que se entiende como una buena afición. En este carnaval taurino que es la feria, tocaba disfrazarse de plaza de talanqueras, populachera, bullanguera y sin el más mínimo sentido crítico. Es más, que ningún cristiano osara mostrar un mínimo de desacuerdo, que lo mandaban al fuego eterno del santo oficio de la Tauromaquia 2.0. Y como muestra lo sucedido primero con el segundo de la tarde, para López Simón, al que le recibió con solemnes mantazos, sin preocuparle si alargar la embestida o templar los viajes, que eso es cosa de otros tiempos. Si les hablo del primer tercio, igual puede haber quien se ofenda por detenerme en ese trámite, pues ni trámite fue. Comenzó la faena de muleta el madrileño con telonazos por alto, pases por el … por detrás, para proseguir dándole distancia al toro, con la diestra y a partir de ahí, trallazos, pico, mucha aceleración, prisas para nada, retorcimientos, muy fuera y todas las vulgaridades que puedan imaginar. Pero llegaron las bernadinas y el público espabiló. Que no quiero imaginar un trasteo a base de estas y de manoletinas. Revientan Valdelatas y todos los manicomios de Madrid, la provincia de Toledo, Guadalajara y Ávila. Bajonazo y a pedir el despojo, que lo de las bernadinas lo merecían, claro que sí.

Veía López Simón abierta la Puerta de Madrid y no quería dejarla pasar. Se fue a portagayola, para ver como el de Parladé le sobrevolaba y se llevaba la tela por delante. Primeros compases y el animalito ya no podía con su alma. Se cree que le arañaron dos veces en el caballo, imagino yo que sí, porque si no, el exigente público que poblaba los tendidos habría puesto el grito en el cielo, ¿no? Sí, ¿No? Esperaba mucho a los banderilleros con dos pares de mucho mérito de Yelmo Álvarez, no por colocación, ni ejecución, pero si por aguantar dentro del terreno del toro, ganarle la cara y dejar los dos palos, que ya era bastante. El toro primero buscaba los terrenos de chiqueros. López Simón se lo llevó a los medios y nanay. El animal tiró hacia tablas en cuanto pudo. Se empeñó el matador en darle pases, pero era imposible. Quizá hasta alargó más de lo debido. El Parladé pegado a las tablas, defendiéndose y aguantando solo el arrimón, que tampoco tenía ya mucho sentido. Al final se fue pasito a paso al abrigo de toriles, evidenciando lo que era y lo que llevaba dentro.

Al primero de Roca Rey hubo que devolverlo por manifiesta invalidez, teniéndose que enfrentar el joven matador a uno del Conde de Malladle, al que recibió con verónicas a pies juntos y echándose el capote a la espalda. La consecuencia de tal sin sentido lidiador fue que le levantaran los pies del suelo. Prosiguió con chicuelitas, sin preocuparle esas cosas de enseñarle a embestir o alargar los vuelos del capote para prolongar lo más posible el viaje del toro. Que será lo que le admiten los hierros con los que habitualmente se cruza en las plazas. Su sentido de la lidia es absolutamente nulo, se desentiende de la suerte de varas y deja que el animal ande a su aire, enterándose de todo. Que esto no es lo pero, es que en los toros de los compañeros se entretiene en torear de salón allá alejado de todo o en mirar a las musarañas, sin pararse a pensar en que puede tener que auxiliar a un compañero que solo tiene dos palos para defenderse. Lo suyo es el show, esa es su verdad, la más potente, show y punto. Lo del toreo, la lidia y demás, se lo pasa por el arco del triunfo. Eso sí, siempre habrá entusiastas de la revista que le jaleen sus cabriolas y volatines. Y perdonen, humildemente opino que eso no es el toreo. Que también es verdad que con lo que le suelen echar puede hacer eso y bailar el can can. Inició la faena con telonazos sin moverse, incluso en un viaje en el que se libro porque una mosca se interpuso entre él y el pitón. Mucho trapazo con el pico, mucho enganchón, lo que hizo que el del conde se fuera enterando un poquito, complicándole algo más su mitin. Al final consiguió que el toro saliera de la tela buscando dónde estaba aquello que seguía y que de repente desaparecía. La muleta iba por un lado y el toro por otro, hasta acabar en los terrenos de toriles. Para concluir con un bajonazo infame soltando el trapo.

El que cerraba plaza ya buscaba las tablas de salida, no se le picó lo más mínimo, mientras el Parladé hacía méritos para premio, tirando coces a los de luces. Deambulaba a su antojo por el ruedo, fue a que tampoco le pitara el que hacía puerta. Ya con la muleta en la mano, Roca Rey recompensó a sus más fervientes y ardorosos seguidores, la gran mayoría fieles del toreo clásico. Y allí que fue la verdad del toreo de este caballero, primero banderazos en los medios, por delante, por detrás, por el norte, sur, este, oeste y hasta el suroeste. Dándole distancia empezó a instrumentar su repertorio al completo, mucho trapazo con pico exagerado por ambos pitones, pierna escondida y siempre cerrando el muletazo delante, trazando líneas rectas, muy fuera, sin rematar, medios muletazos, largando tela, mientras el público perdía las maneras y hasta el oremus. Llegando la guinda con las bernadinas, que eso nunca falla. Y en verdad que eso es lo que muchos quieren ver. Olvídense del parar, templar y mandar, olvídense del toro, que la verdad, su verdad, lo real, es el trapazo y el borrego dócil que no llega ya ni a medio toro. Y mientras unos salían del mitin sintiéndose engañados, otros, muchos, la mayoría, salía más que convencida, feliz, que habían visto en todo su esplendor, la verdad de Roca Rey.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues otra tarde de toros a modo para el público de aluvión y matadores 2.0. No se comían a nadie, escasos de fuerzas y propiciando el triunfo en el último tercio a poco que se les cuidara un poquito.

El Cid ha tenido enfrente dos toros a los que se podía haber cortado una orejita fácil. Con el primero realizó labores enfermeriles, con algún muletazo suelto de calidad pero que dejaba de cobrar importancia viendo lo que tenía delante. Con más fuelle salió el cuarto y la faena fue por los mismos derroteros que la anterior.

López Simón volvió a cortar una oreja de la que ni me acuerdo como de ninguna de sus puertas grandes anteriores. Lo de salir a saludar por su cuenta en el quinto de la tarde es como para ponerse a pensar si él mismo pensó que hizo algo meritorio en esa faena.

No catalogo el toreo de Roca Rey de valor, sino más bien de temeridad. Todo ese repertorio de espaldinas y otras suertes que implican riesgo pero no llevar toreado al toro es al fin y al cabo eso. El valor es otra cosa, es exponer las femorales, es no echar el toro afuera, es no abusar del pico y eso no lo vi por ningún lado en el que cerraba plaza. El mérito que le doy es que se inventó el toro. Tal vez en otras manos, como las de López Simón, hubiera sido un toro rajado pero he de reconocer que el peruano logró meterle en el canasto y hacer “su faena”. La estocada no fue de las peores que hemos visto pero el premio gordo es a todas luces exagerado.

Un abrazo
J.Carlos

Hector1975 dijo...

Felizmente hay libertad de expresión, y felizmente, la controversia es buena, estar todos de acuerdo es aburrido, pero los que piensan como usted parecen ser pocos, por algo será, o ya no hay gente que sepa de toros?....

Hector1975 dijo...

Felizmente hay libertad de expresión, las discrepancias son buenas, estar todos de acuerdo es aburrido, pero pocos piensan como usted, por algo será, o es que ya pocos sabe de toros?

Anónimo dijo...

Sigue usted siendo aspirante a buen aficionado y con este tipo de pseudo crónicas creo que va muy lento. Muy lento.

Hector dijo...

Menos mal que no soy el único que no me transmite nada este chico. No pude protestar la puerta pero tampoco me dejó disfrutarlo porque hizo nada más que pasear

Eso sí, ves que la legión de pseudofans que tiene vienen aquí a leerte

Joselito dijo...

Cuanto sabe usted de toros!, es impresionante, Andrés Amorós, Zavala de la Serna, Fernández Román y por supuesto, el jurado en pleno del premio Paquiro no saben nada...

pedrito dijo...

"Felizmente hay libertad de expresión, las discrepancias son buenas, estar todos de acuerdo es aburrido, pero pocos piensan como usted, por algo será, o es que ya pocos sabe de toros?"
No señor, felizmente son muchos los que piensan como el autor y J.Carlos, a pesar que no son suficientes, porque ya lo sabeis, los nuevos espectadores prefieren aplaudir a faenitas sin sabor y sobre todo sin peligro, que preocuparse de la lidia y de la suertes autenticas de la corrida integra, sin trampas, la que màs veemos hoy en las plazas del medio toro.
Les invito leer en mi blog lo que hé escrito sobre la feria de PARENTIS EN BORN, modelo de serio y autenticidad.( Perdòn por mi aproximativa redacciòn en vuestro idioma) Hay plazas aqui en Francia de màs a màs frecuentadas por amigos aficionados españoles que resisten frente a la corrida "moderna" de la fiesta circo, condenada a màs o menos largo termino.
Con su permiso: http://puraficion.blogspot.com/
Un saludo a todos

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Pues pasa eso, lo de RR no tiene calificación. No sé cuántos triunfos le llevamos vistos, pero solo recuerdo temeridades que nada tienen que ver con el toreo y a la vez me pregunto qué ocurriría con un toro, y más visto lo que sucedió con su primero.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Héctor 1975:
La cuestión no es estar de acuerdo o no con las mayorías, porque si nos basamos en eso, dese cuenta de que la mayoría ahora no quiere las corridas de toros, entonces, ¿nos ponemos de acuerdo con la mayoría o defendemos lo que creemos?
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Anónimo:
Gracias

Enrique Martín dijo...

Héctor:
Como decía aquel, hay gente pa'to. Hasta existimos los que nos quedamos que ni frío, ni calor.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Joselito:
Usted se lo dice todo.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Pedrito:
Faltaría más. Muchas gracias por el apunte y gracias por la alegría de verte de nuevo por aquí, siempre un placer.
Un abrazo

Marco Gonzales dijo...

Es impresionante como denigran la tauromaquia de un foraneo. Parecen viejas celosas que no sea un español el que este revolucionando la tauromaquia. Y son mentirosos al decir que torea con el pico de la muleta. Infames comentarios. Lo gracioso es que mientras mas pasa el tiempo la leyenda de ARR se agiganta y aparecen gusanos detractores que se creen buenos aficionados. Escuchen al Juli a Ponce como hablan de este muchacho. Ellos si saben de lo que hablan pero este escribiente??? Por favor. Entre por curiosidad y salgo asqueado. No vuelvo a esta letrina llamada blog

Enrique Martín dijo...

Marco Gonzales:
Es muy fácil echar la culpa a la xenofobia, es lo más simple y de lo más antiguo del mundo. Usted lo verá como le dé la gana, pero quizá haga bien en no salir al mundo y además en quedarse con las opiniones de los dos señores que nombra. Bastante dice eso de su afición.
Un saludo