viernes, 10 de junio de 2016

La Voz y Got Talent en mi San Isidro particular. Muchas gracias

El primero que me abandonó, un amigo se enamoró de él. No podía estar en mejores manos


¿Quién no ha visto alguna vez uno de esos programas en los que se presentan soñadores a mostrar lo que hacen? Ellos cantan desde siempre, bailan, hacen juegos malabares, pero nunca se habrían imaginado que su habilidad, su arte, pudieran provocar alguna sensación en los demás. Y van allí, se suben en el escenario, disfrutan con lo que llevan haciendo desde siempre y se encuentran con que hay quién se emociona, quién se estremece, quién se acerca y les dice que les gusta y hasta que pagarían una entrada por verle gozar de su pasión. ¡Qué grande es la gente! ¡Cuánta generosidad!

Pues hay quién empezaba la feria de San Isidro por un lado expectante por lo nuevo que se avecinaba, por tener el compromiso, el hermoso compromiso de poder mostrar su trabajo en su plaza, en la sala Antoñete, en Madrid, en Las Ventas, pero al mismo tiempo había que compaginar esto con ese deseo de dejar en su blog, cómo vio el festejo de cada día. Que lo extraordinario no eclipse lo ordinario. No creo que hayan tenido que consultar los casos de Holmes o Poirot para llegar a la conclusión de que estoy contando mis vivencias este San Isidro. ¿Y porque lo hago de esta manera y dedicándole una entrada a algo tan personal? Pues porque ustedes con sus apoyos, con sus visitas, con sus comentarios con sus saludos y sobre todo, con su presencia, han hecho que me vea superado, ampliamente superado, mucho más allá de lo imaginable. Y quiero darles las gracias especialmente. Necesitaría mucho tiempo y muchas letras para poder conseguir transmitir todo lo recibido y responder en la medida justa y merecida.

Desde la primera de feria pude comprobar cómo las cifras de visitas subían al cielo. Pensé que podía ser cosa de un hacker, de que se me había colado una palabra que desviara a los buscadores de internet hacia este Toros Grada Seis”, pero claro, si la cosa se repetía y si además lo hacía a partir de publicar mis escritos, porque no me atrevo a llamarlo crónicas, a uno ya le hacía pensar en otras cosas. En unos casos coincidían con mi punto de vista y en otros, afortunadamente, no, pero siempre, siempre, tanto en el desacuerdo, como en la discrepancia, el respeto era extremo. No solo no podía sentirme ofendido por las divergencias, sino que me sentía halagado. Que anda que no ha habido días en los que se ha podido esperar en el polo opuesto, Ureña, Mora, los Saltillo, los Victorinos... Pero siempre ese cariño. No se puede pedir más. Porque lo de un cheque con muchos ceros, eso mejor me lo evito, ¿no? Eso no tendría buena acogida, ¿verdad? Bueno, seguro que eso no me daría la felicidad completa y si no, que le pregunten a Tita Cervera. Esa sí que me quita el sueño con lo masl que lo está pasando forrada de millones.


Pero claro, aparte de el devenir cotidiano de mi grada, se unía mi exposición. Ya desde el primer momento en el que se confirmó el hecho y pude anunciarlo, las muestras de cariño y apoyo fueron increíbles y se mantuvieron hasta el momento de la inauguración. Perdónenme ustedes y no crean que les infravaloraba, pero uno no estaba preparado para ciertas cosas, en el curso de “¿Cómo recibir los halagos y el cariño de los demás?” me lo convalidaron porque el monitor era un tío salado y le hizo gracia que hiciera “novillos” para irme a los toros. Al fin colgué los cuadros, toda mi obra estaba en las paredes de mi plaza. Allí, con mi Pepe, que para recibir igual se pierde, pero que para dar siempre es el primero, los dos podíamos contemplar algo que hace un tiempo no habría sido ni una opción posible. El madrugón había merecido la pena. Y a partir de ahí, un aluvión de sensaciones de muestras de cariño, de mucho afecto, con los que se acercaban por la sala y los que aún sin estar allí, estaban presentes. No se imaginan cuántos de los ausentes estaban presentes. Permítanme que ponga primero a mi padre, que nada imaginaba de todo esto, ni de mis escritos, no de exposiciones, ni de nada, cuando hace ya unos cuántos años se tuvo que marchar, con un único fracaso en su vida, el que el que ahora escribe esto no fuera de aprender todo lo que él enseñaba. Mi padre y luego tantos y tantos, mi Manolo Troya, mi Haroldo, los que están allá al otro lado del mar y a los que quité horas de conversación por horas de pincel, los que no viven en Madrid y que siempre están ahí cuando creen que se les necesita. Los que fueron testigos del proceso de creación, los que confiaron, incluso más que yo, los que se pararon a contemplar a mis niños, pues así los considero, los que se emocionaron, los que se recrearon, los que querían mostrarme agradecimiento, como si fuera el mundo al revés, agradecimiento por mis escritos y mis pinturas. Quién movió los hilos para que fuera todo eso posible, los que son familia sin serlo, la gente de mi tierra, los de la tierra de al lado, hasta las cámaras de algunas teles, ese hijo que se salta unas clases para sorprender a su padre, la mamá, ¡Ay la mamá!, la pequeña respondona. Han sido muchos, amigos, conocidos, desconocidos, que con tanta generosidad se acercaron a esa sala y que me regalaron unos momentos de charla, los que también han hecho hueco en sus casas para colgar en el salón una parte mía. A todos, a todos, muchas, muchas, muchas gracias. Perdonen que no pueda estar a su altura, pero es que no se me ocurre más. Yo iba solo a mostrar lo que tengo en ese escenario imaginario y ustedes han llenado de alegría el teatro y han hecho que pueda entender un poco mejor a los que se presentan a  La Voz y Got Talent en mi San Isidro particular. Muchas gracias.

4 comentarios:

j.tenorio@tecnicable.com dijo...

Enrique a parte de un gran pintor eres un ser especial, Mereces lo que has vivido y mucho más. Cada vez que vea tus cuadros colgados en mi casa sera como tenerte al lado de alguna manera. Felicidades de nuevo por tu obra y pido a Dios que te de salud, trabajo y esa pizquita de suerte que siempre hace falta para disfrutar del bienestar.
Un abrazote Juan Tenorio

Anónimo dijo...

El agradecimiento es una pincelada de sentimiento.
T.Green.B.

Enrique Martín dijo...

Juan:
Ya sabes lo feliz que me hace el estar permanentemente en tu casa. A ver si llega esa pizquita de suerte y puedes tener mil cuadros míos en tu casa. Mil y mil más. Lo que me llena de satisfacción el sentir que disfrutas con mi obra. Eso no tiene precio.
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

T. Green. B:
Que bella forma de explicar lo que uno lleva dándole vueltas y más vueltas.
Un abrazo