domingo, 8 de octubre de 2023

La realidad era esto, puro jarte

El arte va muchos allá de pinturería vacía, de posturas sin sentido y de trapacear a animales que ni en pie se sujetan apenas.


Corrida del jarte, con una bonita novillada del Pilar y un público dispuesto a jugarse las tierras por una verónica de pitiminí, aunque fuera a un animal que a duras penas podía dar un paso tras otro. Pero ya digo, todo se perdona si el regalo es jarte, jarte y más jarte, hasta que lleguemos a la jartura; y vaya si llegamos, y nos pasamos de largo varias estaciones. Que igual alguno esperaba una auténtica corrida de toros de El Pilar. Octubre, final de temporada, un verano de por medio, tenían que estar eso, como toros. Pero no, si acaso una novilladita adelantada. Que lo mismo es que la empresa, esta que tanto defiende el arte, la tauromaquia, las tradiciones, las bla bla bla bla, bla bla bla bla, los reseñó a finales de agosto, cuando ya quedaba en el campo o los desechos o lo que ya iría para la temporada siguiente con un añito más. Luego lo de las mansedumbres ya no tienen que ver con la presentación y lo de la flojera, eso tiene que ver con el desastre mismo, con que un animalito se sujete a duras penas. Aunque en esto puede que también ayude eso de dejar al toro, o novillo, corretear y corretear por el ruedo, que sí, que los mansos buscaban las tablas primero y toriles después, pero ¡oiga! Al menos intentar fijarlo en las telas. Que lo mismo, según la tauromaquia moderna, el toro además de tener la obligación de colocarse bien él solito, también tiene que saber fijarse en los engaños, ponerse en suerte en el caballo, en banderillas, para acabar yendo como hay que ir a la muleta. Que visto así, entonces, ¿para qué están los señores que calzan las rosas? ¡Ah, sí! Estos son los de los triunfos, los “paseadespojos”. Ahora me cuadra la cosa. Un primero sin picar, un segundo también sin picar en mitad del caos, el tercero que se dejó y punto, empujando más en el que guardaba la puerta con la salida detrás del penco, el cuarto que casi cumplió en el primer puyazo, el quinto que quería empujar mientras le tapaban la salida, como a todos, y el sexto que mostró fijeza, pero al que nadie iba a buscar para sacarlo del caballo; eso sí, pablo Aguado hacía ostensibles gestos desde casi la Torre del oro de que no le pegaran más, sin pararse a pensar en ir a sacarle del peto. Que manía más fea esa de echar al público encima de los picas, sobre todo por no cumplir los maestros con sus obligaciones durante la lidia. Que mundo vale, vale, mucho levanta el palo, pero allí no hay un cristiano que vaya con un capote a por el toro de debajo del peto.

De los espadas, pues una cosa es la ilusión que muchos habían puesto en el cartel, lo que se notaba desde el primer momento, y otra muy distinta lo que llevan tiempo dando de sí. Damián Castaño, reciente triunfador en esta plaza después de dar aire con elegancia a un animal que iba y venía solito, intentó lo mismo que esa tarde. Ahora me pongo derechito y me lio a abanicar al de El Pilar, pero es que la corrida no estaba ni para ir y venir, o iba o venía y a cada viaje se quedaba para no volver. Pico y el intento de abanicar que se veía afeado por un enganchón aquí, una carrerita allí y el moribundo hasta parecía que se medio ponía pegajosito y Castaño que no se hacía con él. Con su segundo cambió poco el panorama, pegando tirones que hacían que el toro se viniera con más facilidad al suelo. Que los hubo que se quedaron con un buen sabor de boca hace unas fechas, pero después de esta tarde el sabor que les quede será el mismo que si se hubieran enjuagado con aguarrás.

Seguía en el cartel el trianero Juan Ortega, que parecía no querer ver la realidad de sus toros, porque lo suyo es el arte, pero… Que si el arte es poner posturas, es de un gusto excelso, pero si se trata de torear y tener en cuanto lo que se tiene delante, pues igual resulta un tanto anacrónico, por no decir ridículo. Que aparte de permitir el caos durante la lidia, con la muleta se limita a ir a la velocidad que marca el animal, aunque se vaya arrastrando, pero si el toro es una pura sosería, ortega es el acompañante perfecto. Muy separadito, citando desde fuera, con el pico y encima deja que le enganchen la tela en demasía. Lo mismo en su segundo, con el añadido de ponerse demasiado pesado con la más absoluta nada, mientras el de El Pilar porfiaba por no quedarse allí mismo despanzurrado en la arena. Pero eso sí, mucho arte, a raudales. Será por arte.

Pero aún se esperaba más arte, el que debía desplegar Pablo Aguado, para el que tampoco va eso de mandar en la lidia, eso es para los seres mundanos. Aquí venimos a dar pases de muleta y así empezó en su primero con muletazos con el piquito al moribundo de El Pilar. Pico cada vez más exagerado y despegadísimo. Si acaso acompañando, que no toreando, lo que hacía que el toro fuera por su cuenta, llegando incluso a achucharle. Sin adelantar la muleta, con ella retrasada y si la adelantaba no era para más que para citar descaradamente con el pico. En su segundo al segundo muletazo de tanteo el novillote ya besaba el suelo. Tanteos, pico y a ver si pasaba algo, pero lo único que allí sucedía era una sarta de enganchones mientras el sevillano no paraba quieto. Era como un esperar a que pasara el tiempo, porque el arte no parecía que fuera a llegar, ya se había hecho tarde. Y entonces no le quedaba al aficionado otro recurso que cerrar los ojos e intentar trasladarse a la tarde anterior, porque la realidad de la tarde no la protagonizaba la pinturería, la gracia y el buen gusto embarcando embestidas de toros con presencia, boyantes y casta, nada más lejos y la conclusión a la que se llegaba era que la realidad era esto, puro jarte.

 

Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

No hay comentarios: