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| Será que los niños ya no juegan al toro y por eso no tienen ese desparpajo y frescura del que tiene algo dentro que mostrar, más allá de eso de querer ser figura. |
Y que se quedó aquel aficionado pensando y pensando, ¿y si me apuntara a eso de pedir despojos? Con lo feliz que parece hacer al personal este agitar de pañuelos. Nada que ver con echarse una novia o novio, nada que ver con que te toque un bingo, una muñeca Chochona en la tómbola o que el camarero invite a una ronda después de quince antes, nada es comparable a pedir premios para el paisano, amigo o lo que sea, para el motor que impulsa a la gente a subirse en un autobús para ir a los toros a Madrid. Que por si esto fuera poco, con la entrada te dan una sabana/ pañuelo que lo mismo te sirve para sonarte la nariz, que para embozarte y atracar un banco, que para pedir despojos. Que me dirán que la dominical de Madrid no daba para tanto o que incluso no daba para nada, pero... ¿Es que estamos locos? ¿Qué vamos a perder la ocasión del jolgorio más juerguista? ¡Venga ya! Que solo se vive una vez y lo mismo a las Ventas no se va ni una vez en la vida y menos a ver al ídolo del pueblo, el barrio o el bloque. Sí hombre, que ahora vamos a hacer como esos que ven que el torero traviesa las tripas a un novillo y se ponen de uñas. Atino en lo negro, ¿no? Pues ya está, ¿pa qué más?
Novillos, a veces demasiado novillos, de Sánchez Herrero y dos, cuarto y sexto, de López Gibaja; que frecuentemente, en tono despectivo los aficionados utilizan esa expresión de, ¡vaya moruchada! ¡Ojalá hubiera llegado al rango de moruchada. Mansos descastados, de una flojedad desesperante, que no es que se cayeran, es que se desmoronaban rodando por la arena. Que siguiendo la costumbre, porque esto de los toros es muy de tradiciones, pues no se han hecho ni intentos de llevar una lidia medio ordenada por parte de los titulares de las cuadrillas. Que lo mismo te tiraban al animal contra la nada, allá dónde el quisiera ir, que te lo abandonaban con esa ya demasiado habitual suerte de la gasolinera, que lo dejan a su suerte y desaparecen. Los de a caballo, pues con las miras en la Luna, que si puyazos traseros, que si caídos, aparte de tapar las salidas y hacer la carioca. Pero miren lo majos que eran los autobuseros y demás moradores de las Ventas, que en el sexto, después de un picotazo en buen sitio, aplauden a rabiar, olvidando que ese mismo caballero había clavado en el primer encuentro en mitad del lomo. Cosas de la “tauromaquia” de estos tiempos de juventud y jolgorio. Pero oiga, mucha juventud, pero que anteriormente se enfadaron y cómo, porque uno de estos “partelomos”, en lugar de dar marcha atrás para irse por la puerta de Madrid, el muy osado decidió circular como manda el reglamento y avanzar hasta la puerta del seis, hurtándoles el placer de vociferarle bien cerquita. Si aunque vaya por fuera, también se le puede mentar al que masacra un toro. Pero no se crean que los seis fueron un desastre culmen, no, que los de López Gibaja solo se quedaron en desastre; eso sí, al cuarto, como salió brioso, un ejemplar escuchimizado, le aplaudieron con delirio, porque salió con brío. Que tal y como estamos, algunos necesitamos, y con urgencia, un manual que no explique esto de la Tauromaquia AI o Tauromaquia 5G o Teletauromaquia, porque todo es a mucha distancia y porque parece ser que es lo que van marcando los microfoneros de las teles. Que como saquen el dichoso manual, ya les digo yo que se agotaría... o no. Y que sea con letras gordas, por favor, que la presbicia...
Que dirán ustedes que a este cristiano se le olvidan los de luces; ya me gustaría, ya. Jesús Romero, uno de esos jóvenes valores de la Teletauromaquia, que sigue la lidia de sus novillos a una distancia más que considerable. Y nada más que destacar. Bueno, sí, que no le contaron lo que es esta plaza, que los saludos muleteros de rodillas a modo “El Bombero torero”, pues que no es que se valoren demasiado. Que luego el resto son trapazos y trapazos y más trapazos, enganchones, pierna atrás, que no entusiasmaban ni a los familiares. Que le importaba nada que el novillo se le viniera al suelo con mirarle muy fijo, como el cuarto, que él había venido a gastar su bono trapazo y no se lo iba a llevar a medio gastar. Eso sí, tras una estocada haciendo guardia, los hubo que sacaron el moquero, no se sabe si para pedir despojos o para esparcir miasmas a esos malajes aburridos habituales de la plaza de la calle de Alcalá.
El segundo era Mariscal Ruiz, un portento de desgarbada sosería, otra máquina de dar trapazos cual giraldillo. Entró en quites a los compañeros, pero por favor ruego que no pidan describirlos, guardemos un respetuoso y acusador silencio. Que como sus compañeros, delante de un cadáver con patas, aún se veía superado. Que ellos vienen a dar pases, no a torear. Voluntarioso,, que hasta se atrevió a tomar los palos en su primero, lo que le califica como un buen aspirante a tomar la plata. Y será porque Sevilla pillaba lejos, que no hubo paisanos que sacudieran pañuelos en su honor. Y cerraba pedro Andrés, que curiosamente hubo momentos en los que parecía tener buenas intenciones, pero del querer al poder hay un mundo y en ese trayecto pueden evidenciarse todas las carencias imaginables y sin imaginar. Que antes de empezar su trasteo al último de la tarde hasta se podía pensar en que no molestaría verle otra tarde, pero... Será por las ganas que le insuflaron sus amistades, que decidió tirar de repertorio talanquerero y ahí se rompió todo. Vulgar, pesado, enganchones trapaceros, muy fuera, encimista, pero que al concluir su tarea, ese cogollito de los allegados empezó a sacudir las sábanas como si no hubiera un mañana. Que nadie más en la plaza sintió la necesidad de airear vergüenzas. Pero ellos dale que dale, que igual debían pensar que si llegaban a las 250 sacudidas les convalidaban las que no practicaban el resto del tendido. Eso sí, cosas de la modernidad, no le animaron ni para que saliera a saludar. Que no me hagan preguntas difíciles, cuando salga el dichoso manual para entender esto, van y lo consultan. Pero nada, ellos tan felices con sus pañuelos como sábanas para premiar la nada del autobús.
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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