lunes, 7 de septiembre de 2026

A los toros con la fresca

La montada acorazada se está convirtiendo en un espectro sombrío, cuyo única función parece ser masacrar tapando la salida o no recetar ni tan siquiera un picotazo. O Juanín o Juanón, sin querer encontrar la medida justa.


Pocos elogios ha recibido la empresa de Madrid, para lo que se preocupa por los que insisten una y otra tarde en acercarse a la plaza de las Ventas. Que lo mismo deciden que nada mejor que un jueves por la noche para ir de toros, con merienda servida en la propia plaza, sin importarle si un señor de Toledo, Alcalá de Henares o Fuenlabrada tiene que levantarse pronto para ir a trabajar. Y ahora, aún con los calores, y vaya calores, del verano, te ponen la novillada a las seis de la tarde, que aún a estas horas igual hay alguno al que aún le sigue tostando el Lorenzo; y eso que ya han pasado de largo las horas de la cena, pero es que los de sol han debido acumular calorías de aquí hasta el mes de enero. Pero claro, si estamos en septiembre, los toros a las seis, aunque estén lloviendo candelas como melones. Que habrá quien diga, uno de esos que con tanta facilidad se ponen en lugar de la empresa, algo ya muy habitual, que el que no quiera sol, que afloje la mosca y se vaya a la sombra, que estaba vacía. Que ya nos quejamos de vicio.

Y dirán ustedes que si esta es forma de comenzar el relato de una tarde de toros; que igual no, pero que opinen los de las localidades de sol. Festejo con seis hierros distintos, que al final fueron ocho. Guadajira, La Machamona, Chamaco, José González, Ángel Luis Peña, que fue devuelto, un sobrero de El Cotillo, también devuelto, otro de Couto de Fornilhos y uno de José Cruz, que sustituía al anunciado de Jiménez Pasquau. Para los espadas, todos nuevos en esta plaza, Adrián Centenera, Tomás González y Andrés García. No sería novedad decir que se ha picado mal, tapando la salida, sin poner los novillos en suerte; que esto no quiere decir el dejarlos allí a su aire, abandonarlos como el que deja un perro abandonado en una gasolinera, que hay que colocarlos con un cierto criterio, preferiblemente después de un remate garboso, aunque esto ya sí que es pedir peras al olmo. Y que una vez que el animal acuda al peto, estar atentos para sacarlo del caballo con acierto. Sí, que dirán que me ha afectado el sol, que seguro que sí, pero es que uno a veces delira. Que no digo nada de esos matadores, tanto novilleros, como los figuras y aspirantes, que no saben cuál es su sitio y se dedican a... ¡Yo qué sé a qué se dedican! A merodear por ahí. De los novillos, el de Guadajira quiso pelear en la primera vara, el de La Machamona solo con un pitón, el de Chamaco tirando derrotes a la guata, el de José González dejándose sin más, el de Couto acudiendo en huida primero al de la puerta y el de José Cruz aguantando al de encima del mulo, a ver si acababa de atinar con el palo. Novillos que no aburrieron, que para eso estaban otros. Es más, alguno ofrecía embestidas que en el mejor de los casos solo fueron acompañadas, aunque sin ajuste.

Adrián Centenera muy perdido, con la idea bien aprendida de iniciar los trasteos por abajo, pero eso de pegar trallazos afeaba lo que podrían ser buenas ideas. Luego mucho abusar del pico, mucha carrera y en el caso de su segundo, ligando enganchones en demasiados trapazos. Tomás González, debió escuchar lo torero que es empezar con ayudados, pero volvemos a lo mismo, que no es lo mismo templar, que tirar trallazos. Un novillo que era un dulce que no merecía esos trapazos al aire con la muleta al cielo, ni permitir tanto enganchón, concluyendo en su primero con una dosantina muy bailada, o lo que también llaman un invertido. En su segundo, el quinto, aparte de proseguir con su serie de banderazos, se pasó el rato venga a colocarse como para empezar lo bueno, pero nada, que no se acoplaba y al final, pues no se acopló. El tercero era Andrés García, que a su primero, un novillo huidizo, se lo llevó a los medios y consiguió sujetarlo. Después vinieron ventanazos y muletazos con la zurda iniciados con un tirón. Después prosiguió con un toreo demasiado moderno, con las fallas de todos y las carreras como todos. El que cerraba plaza parecía salir con la lección de torearse solo y el espada se mostró más efectista que eficaz, con un inicio por abajo gustoso, pero sin llevar al toro, que ya se llevaba él. Prosiguió con muletazos que cortaba antes de tiempo, sin rematar ninguno y escuchando como la cla le jaleaba hasta los enganchones, algo ya muy habitual, con esos ¡Bieeejjjnnnn! Trompicados. Para terminar con una serie al natural de frente, en el que se hacía más evidente ese pasarlo en línea y largando tela, que por supuesto caló entre los partidarios., que si no es por el pinchazo hondo o menos de media, depende de a quién pregunten, y los ocho golpes de verduguillo, lo mismo contagiaban a alguno más y le pedían un despojo. Y así terminamos una novillada que se hizo demasiado larga, sin aire acondicionado, que debía estar en reparación, con las radiaciones del Lorenzo aún a flor de piel y encantados de que esta empresa decida que esto empiece a las seis de la tarde y que vayamos llenos de optimismo y con la mente limpia, virgen, a los toros con la fresca.


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viernes, 28 de agosto de 2026

¡Ay que me he emocionao!

La abuelita guarda emocionada el dibujo de su nieto y casi lo compara con cualquier creación de Goya, Picasso o cualquier genio cósmico.


Hay un argumento irrebatible en esto de los toros, un argumento que no admite respuesta alguna. Que no se puede oponer a este si el toreo ha estado presente o ausente, si este o aquel han podido o no con un toro, que basta que alguien te diga que con este o el otro se ha emocionao, ya no hay más que hablar. Porque, ¿cómo te vas a poner a rebatir los sentimientos de alguien? Es absurdo e inútil, aunque eso sí, con eso del “me he emocionao”, estos pretenden taparte la boca e invalidar cualquier otro argumento que se les pueda presentar. Porque, ¡quién se pone a discutir con la abuela que ve que su nieto ya se tira solo por el tobogán? Si hasta le emociona esto y el que aterrice en un charco y vaya hecho un eccehomo de vuelta a la casa de la hija. Que eso sí que la emociona, no que el repelente Emilín recite la canción del pirata del tirón, cosa que a su vez emociona a su abuela, que dice que ella conoció al tal pirata del recitado. Y en los toros, pues tres cuartos de lo mismo, que vemos a uno de los del figuranato haciendo ciertas cosas y nos falta el aire de tanto pitarle y abuchearle, pero lo hace otro y... ¡Ay que me he emocionao! Y a ver qué le dices. Que con tanta emoción, uno solo puede ofrecerle un pañuelo para que enjuguen esas lágrimas tan sentidas. Que habrá quién diga que el ambiente en la plaza era como si hubieran fumigado con algo raro desde los cielos, pero uno no cree en las doctrinas antropoestácticas del profesor Llorente, don Marcos, especialista en las nubes del firmamento. Pero la verdad es que el ambiente era de aquella manera.

Corrida de Pedraza de Yeltes, unos correctos y otros enormes, que entre el de menos peso y el de más, había casi 200 kilos de diferencia. Y entre el más longevo y el más bisoño, dieciocho meses. Que pareja, lo que se dice pareja. En el caballo unos medio cumplieron sin más en un puyazo, que en el otro casi ni se simulaba el picotazo, a otros apenas se les tocaba, pero se les dejaba ahí en el peto sin tan siquiera apoyar el palo. Al sexto es al que más le dieron candela en una vara, mientras el animal empujaba sin humillar. Por supuesto que se les hacía la carioca, se les tapaba la salida y había pocas ganas de ponerlos en suerte con un mínimo de criterio, Mal lidiados, aunque esto no importa, porque eso de mantener cierto orden en la lidia parece ser que no emociona y si no emociona, ¿pa qué?

Los actuantes fueron Francisco José Espada, que hacía que no venía por aquí, un habitual del tedio; Joaquín Galdós, el segundo torero con más cartel del Perú, y Christian parejo, que ya en otras actuaciones emocionó a la parroquia y hasta a las abuelas de otros. Espada estuvo tan soso como algunos no le querían recordar. Inédito con el capote, especialmente en su segundo, que fue ver que se le frenaba para ceder la tarea a la cuadrilla. Con la pañosa, puro toreo moderno, pero sin emocionar, lo de todos y lo de siempre, muy despegado, que el tinte luego cuesta. En el cuarto habría que añadir que después de la segunda entrada al caballo, los emotivos decidieron que el toro era un inválido y había que cambiarlo. Y sí, hubo momentos en los que besó la arena, pero igual un pelín de temple por parte del matador, sin tanto trapazo, habría ayudado algo al de Pedraza. Que igual nada tiene que ver que en la segunda vara la puya cayera un tanto baja.

Joaquín Galdós dejó a su primero que correteara buscando la salida, hasta que se decidió a darle mantazos. Y empezó el trasteo por abajo, con cierto sabor, pero lo acelerado deslucía todo. Y continuó apresurado, pero ya para administrar toda la modernidad vigente del destoreo. A los arreones respondía con trallazos y así pues no hay quién se emocione... ¿O sí? El quinto era un mercancías que se defendía ya de salida y mientras el caos se empoderó en el primer tercio, con pérdida del palo y todo, el espada solo estaba por allí. Seguro que se fijaba mucho, pero aparte de teledirigir en la distancia levantando la mano, nada más. En la faena de muleta, pues mucha desconfianza, mucho trapazo para quitarse aquello de encima y siempre muy lejos. Que tanto se separaba, que no extrañaría que en la furgoneta de la cuadrilla le pusieran para él un sidecar en un lateral, no fuera a ser que sintiera las apreturas dentro del vehículo.

Y, ¿no querían emociones? Pues prepárense, que llega el nieto a tirarse desde el tobogán para aterrizar de boca en un charco. Chistian Parejo es de esos actuantes efectistas, que por su propia poca pericia transmite esa emoción que ahora tanto se jalea. Que no le pidan que medio intervenga durante la lidia, ni mucho menos. Que no duda en si está él con el toro, hacerse a un lado y decirle al peón: ahí lo tienes, apáñate. Que lo suyo es la muleta, ahí sí que levanta pasiones. A su primero, una vez que se lo sacó de las tablas, venga pico y ventanazos, trapazos y carreras, muy acelerado. Con la zurda, la muleta atravesadísima, casi como haciendo alarde de ello. Trapazos y más trapazos, tirando de recursos de plena vulgaridad. Que después de una estocada caída y cinco golpes de verduguillo quizá el personal se dejó de emocionar, que si no... Y fue en el sexto cuando ya los ¡bieeejjjnnn! Llenaron el ambiente de este nuevo templo de la vulgaridad. Empezó con ayudados sacando en exceso el culo y con el trapo por aquí y el toro por allá. Un animal que no paraba de entrar al engaño. Un achuchón por el derecho al colarse por el hueco que dejaba atravesando tanto la tela. Siempre pico, muy arrebatado, un enganchón por aquí, otro por allí, pero que se jaleaban con el mismo entusiasmo. Trapazo y a correr, otro y otra carrera, para terminar con una supuesta tanda de naturales de frente. Que no dudo en lo de la emoción de muchos, eso es cosa de cada uno, que hasta me dirán que dio uno de aquella manera, que si esto lo consideramos torear, pues venga con la emotividad. Pero si damos un muletazo y tenemos que recuperar siempre la posición, igual es que mucho toreo, lo que se dice toreo, no hay, ¿no? ¿Pases? Miles, pero, ¿toreo? Y no digo más. Pero claro, si contra lo del emocionarse hay poco que argumentar, contra lo del bisturí taurino, poco más. Eso sí, que como ahora resulta que esto se limita casi única y exclusivamente por lo de emocionarse, ya no hay más que decir. Y quizá sea un diálogo inútil si se intenta razonar y comentar algo con alguien que de primeras se te cierra en bando y te espeta eso del ¡Ay que me he emocionao!


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domingo, 16 de agosto de 2026

Y después del primero... Vámonos de verbena

Nos pusieron la miel en los labios, pero poco dura la alegría en casa del aficionado a los toros.


Siempre he sido de la opinión de que está feo marcharse de la plaza antes de que doble el último de la tarde y no creo que haya excepciones posibles, pero en el festejo de la Paloma en Madrid, si alguien después del primer toro hubiera decidido marcharse, no se lo habría reprochado. Que no porque el resto haya sido una mansada de impresión, una mansada made in Arauz de Robles, a la que los anunciados no han sabido tampoco darles el trato que les correspondía, sino porque ha salido un toro, del mismo hierro, una pintura. No era el más grande, ni el mejor armado, pero era el que uno pintaría sin pensárselo dos veces. Era el de la confirmación de Antonio Puerta, que casi once años después ha llegado a Madrid para decir quién quiere ser en esto del toro. Sale el mozo plantándose en la puerta de chiqueros, como mirando a ver qué se cocía por allí, hasta que le mostraron un capote a lo lejos. Se frenó en la primera embestida, para a continuación irse detrás de los engaños una y otra vez, queriéndolos coger, hasta su último aliento. El toricantano manejaba el capote con eficacia, que no es poco. Con el paso atrás, pero bueno, medio aseado. Lo puso dando distancia en los dos encuentros con el caballo, dónde cumplió, en la primera vara y en la segunda tiró varios derrotes. Buscaba a los banderilleros y había que hacerles el quite para que no hiciera hilo a la salida del par. Sin abrir la boca ni para relamerse, lo recibió Puerta con muletazos por abajo suaves y cadenciosos por ambos pitones. Aquí había toro. Quería coger las telas, aunque con esa nobleza que emociona, no la bobona que desespera. Y ya en pie, el espada empezó a pegar trapazos con la punta de la muleta, siempre para fuera, cambio a la zurda y venga a dejar que le tocara la tela. Despegadísimo para intentar conducir las inagotables embestidas del toro. Y la sensación era que se estaba dejando ir un toro de triunfo, pero triunfo de verdad, no solo era cuestión de cortar una o mil despojos, era la forma en que aquel animal merecía que se las cortaran. Y sí, se le fue, que hubo pañuelos con acento de su tierra, pero que ni tan siquiera valieron para haber una simple vuelta al ruedo. Si en ese momento alguien se hubiera marchado a la verbena, ya les digo que el chocolate o el bocadillo de calamares le habría sabido a gloria bendita, porque los paladares estaban a punto para unas gotitas de verbena de la paloma al ritmo de don Hilarión dudando si la Casta o la Susana, hijas del pueblo de Madrid.

Pero no, nadie se marchó, es más, después de lo visto, hasta pensaban algunos ingenuos que lo de Arauz de Robles iba a ser el renacer de un hierro que... Pues eso. Volvía, una vez más, Javier Cortés, que sí, que hizo el paseíllo y por allí anduvo repartiendo y recogiendo trastos. Al torazo grandullón le recibió bailando, no el chotis, más bien la yenka, a izquierda, derecha delante, atrás, un dos tres. Desconfiado, incapaz, alimentando el caos con su inseguridad. El manso ni quería caballo, ni quería banderillas, que picaban, ni nada de nada, pero si algo no necesitaba eran trallazos, enganchones y a su espada sin parar quieto, para acabar encimista y sin criterio. El que hizo cuarto de primeras decía que a él le dejaran en paz de capotes y capotas. Ni caballo, ni nada y el picador que no se atrevía a pisar la raya, que ya se sabe, que eso no se consiente, aunque al final, después de evitar que llegara al de puerta y de carreras por el ruedo, no hubo otra que el que el caballo fuera al toro, porque el toro no iba al caballo. Se lo sacó a los medios, pero el manso solo tiraba arreones, bronco, violento y Cortés un tanto desganado, mientras se empeñaba en dar pases, como fuera. Así, hasta que al final el animal se refugió en tablas.

Resultaba raro ver a José Garrido por Madrid en estas fechas y menos con una corrida de estas, pero así están las cosas. Que recibió hasta con gusto a su primero a la verónica, aunque echara el pasito atrás en la mitad de los lances. Mal y poco picado otro torazo, lo recogió el pacense por abajo con la muleta, pegando trallazos por uno y otro pitón, demasiado acelerado. Continuó con la diestra y venga enganchones, prisas, más enganchones y carreras, sin poder dominar el genio del de Arauz, que con un pinchazo nada más dijo que hasta aquí y se acostó él solito. En su segundo, el quinto, capotazos recortados al que echaba las manos por delante en cada viaje, para después ponerse a correr sin rumbo. Y allí que montaron una animada capea los de luces, sin conseguir fijar al animal. Reacio al caballo, solo pareció querer pelear, después de irse, cuando ya no notaba el palo, ¡qué vivo el tío! Esperaba peligrosamente en banderillas, pero al recibir los ayudados de Garrido en el inicio de faena, se iba escapando sin disimulo. Lo siguiente fue entrar, bueno, entrar, iba como un burro a la muleta. Si bien es cierto que el espada consiguió que dejara de deambular, todo se reducía a trapazos enganchados, embarullándose, hasta vulgarote y empeñado en dar pases y más pases. Cerró con más de media muy caída.

Y cerraba el que abría plaza, Antonio Puerta, con torazo enorme que ya de salida se le quedaba y se le revolvía. Dos cuchilladas traserísimas, que igual por eso el de Arauz no quería ir al peto; que encima había un señor que le quería ensartar los riñones. Y si en en su primero pareció que, aquí ya despejó dudas, venga trapazos, venga a dar aire y dando la sensación de que los ánimos que se suponen al que viene a confirmar a Madrid, se los había dejado en casa. Una desgana, un a ver si acabo y me voy de verbena, que hasta podían ofender a los que se habían quedado a pie de piedra toda la noche. Y claro, que todavía habrá a quién le parezca mal, de malísimo afisionao, el que pensara en un momento eso de: y después del primero... Vámonos de verbena


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viernes, 14 de agosto de 2026

El mejor torero de la historia


¿Adónde va?


Oímos, leemos, que estamos ante el mejor hombre que viste de luces de la historia. Allá cada uno y hasta dónde se remonte su historia. Que esta va hasta apenas un cuarto de siglo, pues igual puede medio entenderse, siempre poniendo mucho de parte de uno; pero claro, a nada que viajemos unos añitos más atrás en el tiempo, tal afirmación puede convertirse en un insulto. Y si esta emana de cabezas con canas, ¡ojito! Que algo buscan o algo esconden. Que no creo que haga falta dar nombres, porque todo aquel que ha visto algo de aquellos tiempos, igual se pone a relatar y nos sale una lista en la que a lo mejor ni tan siquiera piensan incluir a este mejor torero de la historia de este momento.

Lo que es indudable es que este mejor torero de la historia ha contado y cuenta con la mejor y más eficaz campaña de márqueting de la historia, que ha utilizado, él y sus acólitos, los media de una forma magistral. Y a las pruebas hay que remitirse, llegándose a nombrarle sin sonrojo como el mejor torero de la historia. Sí que es verdad y es innegable, que hubo un momento en el que deleitó con su capote, algo que aún se recuerda, pero parece que aquella corriente ha querido llegar, y con fuerza, hasta nuestros días. Que ahora hace cosas variadas con e capote, cierto, pero si tenemos que considerar toreo a que el animal pase mientras le mueven la tela con una y otra mano alternativamente. Si hay que obviar que le tengan que poner al toro en el punto exacto, ni un milímetro más, ni uno menos, para que él haga sus cosas, igual... Recordaba su toreo de capote, pero hemos llegado al punto de jalear con entusiasmo el dar aire, con un porte majestuoso, pero dando aire. Y perdónenme los entusiasta que no comparta su entusiasmo, pero a uno le llega lo que le llega y estas formas ni tan siquiera llaman a mi puerta de aspirante a aficionado a los toros. Y si continuamos con la muleta, pues... que insisto en lo del porte, pero en definitiva es eso, para ejecutar como todos. Eso sí a partir de ahí es dónde empieza la parafernalia mitómana.

Empezamos por la indumentaria, rememorando al mismísimo Francisco Montes; a esto, ni una pega, pero tampoco es para montar una peregrinación de rodillas a las cuatro de la tarde en mitad de la calorina de agosto. Eso sí, para los afines, los muy afines, esto ya es algo inaudito, excelso, magisterio puro. Luego estamos que me anu8ncio, pero igual voy, que no voy, con la mística que esto provoca en tantos. Y que conste que las causas por las que no va adónde sea, las justifico sin reservas y las entiendo absolutamente. Y si ya entramos en esas loas encendidas, en esas justificaciones, en que si es un torero que bebe de no sé qué fuentes y proseguimos queriendo disfrazar de no sé qué un corte de coleta, pues ya me contarán ustedes. Que ahora resulta que hay que manejar un manual aparte del toreo para saber que un corte de coleta es esto o lo otro según cómo nos venga bien.

Y ahora que me vuelvo a anunciar en Madrid, a ver si no me fallan los fieles y me preparan otro excelso montaje, porque esta parece ser la única fórmula para que le saquen a cuestas por la calle de Alcalá. Que se dice pronto, tantos años de alternativa y la primera vez que logra triunfar en Madrid es por un vergonzoso montaje, que solo fue el principio de una práctica que se quiere convertir en tradición. Que seguro que volverán aquellos jovencitos a invadir el ruedo sin respetar tiempos, ni tradiciones que creíamos eternas en una plaza de toros. Quizá porque era a eso a lo que iban, a ese jolgorio desenfrenado. Que no vino en mayo porque decía respetar mucho esta plaza. Y ahora parece que ha perdido momentáneamente ese respeto. Pues nada, que nadie se preocupe, que unos seguiremos esperando ver algo con que relamernos con el arte torero y otros querrán relamerse con el chachachá, que lo del toreo les importa un bledo. Que si les importara, quizá, como los primeros, echarían de menos ver todas esas performances con un toro y no con lo que se anuncia, que no es poca cosa. Pero resulta que al final, es todo lo externo a lo que se proyecta en el ruedo y lo que lleva a tantos a afirmar sin rubor eso de que es el mejor torero de la historia.



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viernes, 7 de agosto de 2026

Bienvenido Mr. Marshall

Si la cosa empieza con el entusiasmo con los alguacilillos, poco más se puede esperar


Esto de los toros traspasa fronteras, eso es una evidencia; otra cosa es cómo las traspasa. Que puede ser con la grandeza que todos suponemos y deseamos, lo que ha hecho desde tiempos inmemoriales que se acerquen gentes de todas partes, gentes que se veían deslumbradas por lo que allí pasaba. Incluso se hacían películas, películas que rodadas por los americanos mostraban una visión un tanto particular de esto de los toros, lo que no dejaba de confundir a estos foráneos que se interesaban por esto tan hispano. Allí se veía un ambiente festivo, con mucho “¡Olei toreiro!”, mucha bota viajera, mucho torero galano y conquistador y ese entusiasmo obligatorio en cuanto que el de luces sacudía los engaños aunque fuera solo para quitarles el polvo. Pues así ha empezado el festejo veraniego en este inicio de agosto en la plaza de Madrid. Que ha sido ver salir a los alguacilillos y el delirio ha aparecido en los tendidos. Pero bueno, tampoco hay que echarse las manos a la cabeza, que esto ya pasa demasiado a menudo en esta plaza. Que los montados no se han visto en otra. Pero claro, sale el toro y ¡Huyyyy! Pero, si es un toro de verdad. Y por si esto fuera poco, que va un señor con calzas rosas y empieza a agitar un telón delante de su cara. Los “¡Olei!” han brotado de golpe, con la fuerza de un tapón de gaseosa. Que como sería la cosa de extravagante, que los cuatro nativos que andaban en la noche por la plaza les han reconvenido que dejaran de celebrar como si estuvieran en un rodeo, en un partido en el Yankee Satadium o en una barbacoa en casa de los Johnson para dar la bienvenida al vecindario a los Wilson. Y por ese exceso de celo intentando preservar la seriedad del rito, la animación se ha evaporado. Que podía haber sido una noche festiva, alegre y llena de “¡Oleis!”, pero se ha quedado en... Se ha quedado en que entre el ganado, toros de José Enrique de Valdefresno, y los actuantes, Luis David Adame, Alejandro Mora y Alejandro Peñaranda, no han dado opción de divertimento ni al más entregado paisanaje. Tan pobre ha resultado todo lo sucedido, que quizá a los partidarios les ha dado hasta vergüenza de que alguien les pudiera relacionar con cualquiera de la terna. Y luego nos cuentan que esto es para divertirse, que hay que venir plenos de optimismo y con la mente virgen. Pero, ¿qué virgen? Si a la mínima te sueltan un sartenazo en plena cara, que a uno se le quitan las ganas de vivir.

El ganado ha sido una mansada, sin estridencias, pero una mansada. Y digo sin estridencias, porque no es que merecieran las viudas, pero entre la falta de casta, que ni genio tan siquiera, que han salido como vienen saliendo ahora los mansitos, que sí, que tiran para toriles, que buscan las tablas, que hasta te sueltan una coz, que en el caballo pasan de perfil, que se dejan sin más y que se encelan con el peto cuando no sienten el palo, pero que no dicen na de na. La mansa sosería o la sosa mansedumbre, cómo prefieran. Por lo demás, la de siempre, puyazos traseros, tapándoles la salida y para darle emoción, un palo se rompe, algo que se está poniendo de moda.

Luis David Adame igual es un figurón en México, pero para creer tal afirmación, como no venga un notario con las escrituras del figuranato, no me lo creo. Vulgar e incapaz, pero alargando su trapaceo tramposo hasta la desesperación de los presentes. Y lo peor es que cuantas más cosas quiere hacer y durante más tiempo las quiere hacer, más queda en evidencia. Que el mayor deseo, para él y los demás, ya no es que mejore sus actuaciones precedentes, que empezamos a conformarnos con que no las empeore, que al menos no vaya para atrás, pero hasta esto es mucho pedir. Eso sí, no duden en que próximamente tendremos nuevas oportunidades para ver su irrefrenable escalada a la cima de la más inoperante vulgaridad.

Alejandro Mora volvía a Madrid y... ¿De verdad es necesario que vuelva por aquí? Aunque son tantos los que se nos hacen candidatos para no volver a Madrid. Y no me refiero solo a estos espadas de tercera cuarta o quinta fila, que habría que empezar por los figuras que lideran el escalafón, por esos que conforman el figuranato en la actualidad: y aquí pueden añadir nombres sin recato. Alejandro Mora muestra una incapacidad asfixiante, no puede con los animales, a nada se ve aperreado, aunque eso sí, pone la pose galana y de una fineza escultural, pero es bufar el toro y a tomar vientos las exquisiteces. Enganchones, acelerado, más las tópicas y típicas trampas de la modernidad. Aunque seguro que aún habrá voces que digan con toda la autoridad que se atribuyen, que a este hay que verlo más. Pues para ellos, que le inviten a un chocolate en su casa.

El tercero era Alejandro Peñaranda ¿De verdad que aún no ha dejado más que claro que no da de sí para nada y que todo lo que da es de de no? Que entre enganchones, banderazos, pico y un aperreamiento permanente, no da para más. Que como sus compañeros de terna, ya no aspiramos a que mejore, que margen tiene para mejorar, es que con que no vaya a peor ya es un triunfo. Que se le vio por aquí hace nada, mes y medio, y estamos en las mismas. Que tanto a él, como a sus compañeros de terna no les han ovacionado ni los paisanos, aunque tampoco es que hubiera demasiados y los que se hayan acercado a las Ventas en medio de la canícula madrileña, al verse rodeado de tanto guiri entusiasta, igual pensaban ser amables y hospitalarios y dedicarles a los foráneos un cinematográfico Bienvenido Mr. Marshall.


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viernes, 31 de julio de 2026

Solo faltó la piscina de bolas

El que quiera recordar el toro de Murube, que busque en los libros, porque en lo del Capea parece que no lo va a encontrar


La gran final de ese certamen taurino bautizado como Copa Chenel, que anda que no habría nombres mejores que el de copa para un evento taurino. Pero bueno, tampoco nos vamos a poner ahora a exigirles un mínimo de creatividad a los señores organizadores, con el señor Martín, don Victorino a la cabeza; que hay que ver la felicidad que rebosaba al final del magno acontecimiento, venga a aplaudir, mientras que el personal ya pensaba unos en tirar para el metro, que mañana había que madrugar, otros deseando olvidar el tedioso festejo y otros, esa chiquillería tan dicharachera y animosa, preguntando que dónde estaba la Discoventas. Que anda que no había jovencitos, jovencitos a los que les habían invitado los organizadores. Que los muchachos no paraban de cascar, como si estuvieran en clase de ética en el insti. Eso sí, era coger el espada el estoque y se vaciaban llamando al gato, ¡Sssssssshhhss! Y más ¡Sssssssshhhss! Que otra cosa no, pero lo de callarse durante la suerte suprema, eso sí que lo traían aprendido. Y no es poco, que ahora solo falta que se aprendan que durante la lidia no se pueden ni levantar, ni ocupar el asiento, ni darse garbeos por tendidos, gradas y andanadas como si lucieran palmito por los paseos del Retiro. Pero ya les digo, que estos jovencitos parecían tener más aprendido que muchos transeúntes isidros de mayo, los paisanos que vienen con el torero del pueblo, barrio o vecindario. Que ternura ver a esa chiquillería, que eso sí, en el arrastre del quinto levantaron sus reales quizá porque tenían hora de llegada a casa, ¿no? Que no creo yo que fueran a coger sitio en la Discoventas, ¿verdad? No, con lo formalitos que eran, dicharacheros y parlanchines, pero formalitos, no iban a perderse un toro por coger sitio en la barra del bar. O igual es que esperaban que hubiera piscina de bolas y entonces sí que hay que ubicarse bien. Y justo en el sexto toro, cuando parecía que muchos habían caído en la cuenta de que la fiesta se acababa y tenían que soltar todos los vivas que aún les quedaban en el pecho.

Que anda que no han preparado la finalísima a conciencia, toros del entorno del Capea, cuatro a su nombre y dos al de su cónyuge, Carmen Lorenzo, tercero y cuarto. Que unos querían justificar lo que ha salido por toriles que si son toros para caballos, que si esto queda raro en una a pie, pero ni para caballos, ni para toreo a pie, ni para rebozarse en la piscina de bolas. Que los había que plenos de optimismo buscaban esa cara acarnerada de Murube, pero que sigan buscando. Otros esa fortaleza de este encaste, pues nada, a ver si encuentran, pero que busquen en otra parte. Siendo muy optimistas, pero mucho, casi tanto como para caer en la estupidez, diremos que estuvieron justos de presentación. Que ha habido novillos en Madrid con mejor presencia que lo del Capea. Nobles hasta la tontería, pero tranquilos, que tan nobles y bobones, pero que no han podido con ellos; que ya tiene delito decir que ni con esto han podido los actuantes, Alejandro Marcos, Héctor Gutiérrez y Manuel Diosleguarde. En el caballo, pues por andaban, a su aire, porque los lidiadores se han declarado en huelga de capotes caídos, incapaces de llevar la lidia, incapaces de fijar un animal y así pasaba, que los animalitos. Imaginen que lo mejor ha sido un picador, Espartaco, al que han ovacionado por dos picotacitos muy leves en el sitio. Y que luego me digan eso de “¡Hay que picar!” No diría que ha sido una mansada o quizá sí, una mansada bien disimulada, ninguno pregonao, pero todos faltos de casta y solo el segundo ha sacado una pizca de genio, suficiente para que Alejandro Marcos se perdiera entre trallazos destemplados y enganchones, sin tan siquiera amagar con conducir una sola embestida. Que habrá quién esperara algo, pero... Si es que de dónde no hay, no se puede sacar. En su segundo, sin ese genio, ya anduvo aperreado desde los primeros mantazos de recibo. Y con la pañosa, pues a seguir con trallazos y más trallazos enganchones y carreritas. Que ya muchos pensaban que la copa no la iba a catar.

El segundo era el confirmante Héctor Gutiérrez, que sin ser un dechado de virtudes, al menos en su primero no ofendía a la vista. Nada ajustado en ningún momento, pero como se ponía medio derechito,, muy despegado, pero al personal le llegaba. Pico, medios muletazos siempre aliviado, en línea y poses galanas, aunque el del Capea rodara por el suelo. Su segundo acudía bronco, sin que Gutiérrez supiera como ahormar aquellas entradas. Se le echaba encima, sin que le bajaran la cara, para acabar con el recurso tan poco estético del encimismo farfullero. Y cerraba Manuel Diosleguarde, que parece que va a poder aparentar algo y hacer creer al respetable que allí hay toreo, pero abusa tanto del pico y trampas modernistas, que ni la chavalería aguantaba tanto pico, ni tantas ventajas, quizá por eso se marcharon antes de que saliera el sexto, evitándose tanto baile ya con el capote, con la muleta y hasta con el capote de paseo al brazo para irse para el hotel. Tirones, más baile, venga trapazos, enganchones, al final encimista, pero sin nada que ofrecer. Con lo bien preparada que estaba la fiesta, que no faltaba un colín, con el señor Martín, don Victorino encantado aplaudiendo solo, con el señor Martín, don Miguel, haciéndole la visita a uno de los jefes supremos de la neotauromaquia, con Héctor Gutiérrez levantando el trofeo como campeón, con las parrillas a todo tren en las galerías, la chiquillería eufórica, vamos que con todo esto tan bien montado, con la chavalería de prota, solo faltó la piscina de bolas.



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viernes, 17 de julio de 2026

Hay que poner subtítulos en los toros, ¡urgentemente!

¿Y qué encabritaría al personal tiempo ha, cuando no había rayas del tercio? Igual tampoco las necesitaban, no las echaban en falta. 


Se supone que esto de los toros tiene que ser un espectáculo al alcance de todo el mundo, que todo el que habita una plaza de toros tiene que poder entender lo que pasa allí dentro, ¿no? Pues parece que no, que esto es solo para unos cuantos... o quizá debería decir que no es para unos cuantos, quizá los que necesitamos que nos lo expliquen todo, que uno está tan tranquilo viendo a un señor no picando o a otro corriendo y venga a correr pegando trapazos y de repente, ¡aplausos! ¿Aplausos? Y miras a un lado, a otro, a los compañeros de localidad, al palco, el móvil... y nadie te da una explicación del porqué de ese arranque de entusiasmo. Y qué quieren que les diga, no resulta agradable sentirse marginado, excluido, apartado, discriminado y arrinconado, sobre todo de algo que se supone que provoca alegría y divertimento. Que la solución es bien sencilla, bastaría con que se instalaran unos paneles y que allí fueran apareciendo unos cartelitos que te fueran explicando de que va la música. No sé, algo así como: el picador no ha picado, el torero ha alcanzado los diez kilómetros corriendo sacudiendo un trapo, el banderillero ha superado su marca personal en salto con banderillas, un señor ha gritado viva su pueblo... ¿No sería todo más fácil y democrático? Pues parece ser que esto no va de eso, que es excluyente, que nos deja fuera a los que no estamos duchos en esta neotauromaquia que ya cansa un poquito; y por si fuera poco, ahora esto, que no podamos enterarnos con subtítulos de lo que pasa en la noche de cenas y tragos a tutiplén.

Que el primer subtítulo tenía que empezar por la ganadería, que más de uno, uno que sigue y está pendiente de esto, no uno que haya entrado en la plaza al olor de la chistorra, se preguntara que de dónde venía eso de Sagrario Moreno. Es de Juan Pedro, ya, pero, ¿de dónde viene eso? Pues eso, de Juan Pedro, qué preguntas hace también la gente, ¿de qué va a ser si no? Pues con un cartelito subtitulando, todo arreglado. Que fieles a sus ancestros, pues han sido modernos, que no han dicho ni fu, ni fa, que les han pegado trapazos, que más o menos iban y venían hasta que se hartaban de tanto trapaceo. Alguno demasiado manso en el caballo, como el quinto, que ni dándole caramelos quería peto. Y la que ha montado el personal, que ira, que furibundez, que el compañero me decía que era porque el caballo no es que pisara la raya, es que se pasaba las dos por los bajos del peto. Que le tiraban al de doña Sagrario entre las dos rayas, pero nada, que ni palpando con el palo, hasta que al final algo se le ha podido picar en el seis y más allá del tercio. Y digo yo, que qué cuesta poner un subtítulo que por ejemplo dijera: el sindicato de pintores de rayas declara su airada protesta por la falta de respeto a su trabajo por parte del gremio de picadores y caballos de picar. Y todos tan contentos. Que así, mientras unos vociferaban un nuevo grito que dice: Picadooooorrrr, que malo eres. Si es que no hay como innovar. Pero ya les digo que a servidor casi hasta le daban ganas de aplaudir por decidirse a irse a los medios a por el novillo. Eso sí, el maestro, López Peregrino, seguro que lo ha visto todo desde muy cerquita, pero sin intervenir, que él no está para esas cosas. La terna la componían Luis Pasero, el ya citado López Peregrino y Mario Vilau.

Los tres han sido lo de tantos, cada uno a su manera. Que tentado estoy de soltar una retahíla de cosas y ya ustedes las van colocando dónde mejor les parezca. Nulos con el capote, incapaces de poner un novillo en suerte en el caballo, aunque mandaban como gendarmes adónde colocar el penco venga a agitar la manita, ponerse de rodillas y a la mínima tenerse que ponerse en pie para no verse arrollados, teletorear manteniendo las distancias con descaro. Que el personal lo aplaudía, pero no me pregunten por qué, si acaso, cunado pongan subtítulos, igual les puedo dar una idea. Muchos trapazos, venga a cazarlos por todo el ruedo, allá dónde los de doña Sagrario mandasen, ¿aquí? Pues aquí ¿Allí? Pues allí. Que no se sabe si lo que se jaleaba era el trapazo, la carrera, que ya era uno menos que soportar o vaya usted a saber. Que se aturullaban echándose el novillo encima, que se perfilaban para teleestoquear, muy fuera, para pinchar o dejar la espada lo mismo caída, que trasera traserísima. Pero también les digo, que igual con subtítulos no habría forma de explicar cómo alguien pensaba que podía pedir un despojo en el sexto para Mario Vilau, pero han aflorado los pañuelos, incluido el del usía, que ese sí que podía haberse explicado con un: le doy el despojo porque estoy harto y ya me importa un pito, que lo que quiero es irme a mi casa y olvidar este peñazo con este ganado y estos novilleros. Pero imposibles aparte porque no cabe tanta explicación en unas líneas, es evidente que hay que poner subtítulos en los toros, ¡urgentemente!


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martes, 14 de julio de 2026

Dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada

Los encierros, encierros son, pero... !Cómo pasa el tiempo¡


Sea de dónde sea, hay que reconocer el embrujo que generan los sanfermines en todo el mundo, y no es una frase hecha. Sino se ha vivido en Pamplona entre el 7 y el 14 de julio, esto se convierte en un aliciente, en un deseo que se quiere satisfacer casi de por vida, hasta que se consigue un día vestir de blanco y lucir el pañuelico rojo. Pero hasta entonces, y después, los encierros son un rito para empezar el día en las fechas ya citadas. Levantarse o empezar en el trabajo con el sonido de los cencerros y las voces que provocan la emoción del toro, el toro en la calle. Un rito de uno no sabe cuánto tiempo y el que lo quiera saber, que consulte los libros en los que se detallan las crónicas de correr los toros por la calle. Esa emoción del toro y de los mozos conduciéndolo hasta la plaza. Carreras a cuerpo limpio, con la única ayuda de un periódico enrollado y el saber correr, que eso es muy importante; esto no va solo de echarle una carrera al animal, no se trata de llegar antes, la cuestión es templar las embestidas y conducirlo, porque si de ir más rápido se tratara, que sepan que cuatro patas corren más que dos.

Pero los que llevamos viendo encierros desde... desde hace mucho, desde que nuestros mayores nos levantaban de críos muy temprano, antes a las siete de la mañana, y después del encierro, otra vez a la cama, que un niño tenía que dormir sus horas, para estos ancestros era ver si un toro miraba mal, si hacía por el que se cruzaba, si estaba queriendo enterarse de todo lo que allí pasaba. Peo ahora las cosas han cambiado y de qué manera, aparte de la hora, esa masa de gente que parece la calle Preciados de Madrid en Navidad; no sé cómo puede nadie dar un paso y mucho menos pegarse una carrerita. Que muchos dirán que han corrido el encierro, pero sin ver al toro, que si alguno pilla un pitón y puede hacerse su tramo, ya puede ir a ponerle una vela al santo, que le ha tocado el gordo de San Fermín. Mucha gente, unos, no demasiados, de blanco y con el pañuelico rojo al cuelo, pero luego están los de las camisetas de colores. Del Athletic, la Real, la Penya Taurina de Ribaretjes, los de los Bous de la Mayaeta, los amigos de un pueblo de Soria, los defensores de la Tercera de Madrid, los del Club de Atletismo la pértiga azul, los de... Si es que son tantos. Y cosa curiosa, no sé si se ven camisetas de Osasuna; curioso, ¿no? Pues es para pensarlo. Y todos, todos, corren que se las pelan, los corredores, los cabestros, los toros y al final el encierro se resume en muy pocas palabras, gracias a los “expertos” de la retransmisión. Que cuanto se echa de menos a aquel señor que ya no corría, pero que vivía el encierro desde el micrófono y nos lo hacía sentir a todos. Ahora el encierro se reduce a dos minutos y veintitrés segundos, la manada agrupada o fragmentada, porque dos se han descolgado después de haberse caído en mitad del recorrido. Y el “experto” en cuestión te suelta sin despeinarse, que tampoco es que pueda, que los toros han sido nobilísimos, como si eso fuera una virtud. Que ya puestos, que los saquen de los chiqueros y los lleven al programa de Chenoa, a ver si los adopta una familia. Pero, ¿a qué punto hemos llegado? Eso sí, mires por dónde mires, cuesta saber que sucede por las tardes en el ruedo de Pamplona, si acaso que fulano o mengano han despojado a uno de esos nobilísimos de por la mañana. Y como siempre sucede en esto de los toros de hoy en día en su relación con la sociedad, no sabremos lo que pasa en el festejo vespertino, pero si hay una pancarta, sea la que sea, si hay un tipo con el pelo verde o si a alguien se le ocurre desafinar con el “Sigo siendo el rey”, paran los noticiarios y te lo ponen en primera plana. Realmente, ¿eso son los sanfermines? ¿Ojo! Que nadie piense que estoy en contra de la fiesta, de los amigos que se reúnen para vivirla juntos, para almorzar, para cenar, para bailar, para acompañar a los gigantes y cabezudos, que hay tiempo para todo y para la alegría, mucho más. Pero lo que cuesta asimilar es el trato que se da a todo lo que tenga que ver con el toro, de lo que los principales perjudicados es posible que sean los propios aficionados navarros, los que es posible que sientan que se les está arrebatando algo muy suyo y que les cuesta entenderlo tal y como es todo esto ahora. Pero tampoco querría ponerme a opinar por boca de otros, simplemente es lo que a uno le cuentan amigos que sé que aman al toro y su fiesta y que puede que también les rechine eso de reducir algo tan lleno de matices al dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada.


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sábado, 11 de julio de 2026

Entender la Neotauromaquia

A veces, muchas veces, es escuchar a los eruditos de la Neotauromaquia y uno no puede evitar pensar que le están colgando un muñequito en la espalda.


Los tiempos son cambiantes, pero no siempre es fácil avanzar a la velocidad que estos nos quieren marcar. Por ello se hace imprescindible acudir a fuentes bien formadas e informadas que nos guíen, que nos tomen de la mano y nos lleven por esos vericuetos que para los simples mortales se nos hacen realmente intransitables y que tarde o temprano nos harán desembocar en un abismo por el que nos despeñaremos sin remedio. Pero en esto de la tauromaquia tenemos a un sabio que siempre nos ofrecerá un candil al que seguir, siempre podremos alumbrarnos con la luz que tanto nos ilumina, la del profesor Cienfuegos, el doctor don Arsenio Cienfuegos Aguado, Catedrático en Arte Abstracto en la Universidad de Chesterton de Virginia del Norte, ¿o es del sur? Y él, siempre al quite, en su permanente proceso de observación de la realidad, nos ha hecho llegar una serie de palabros, adjuntando su docta y desinteresada explicación. Quizá estos nos ayuden a entender mejor sucedidos que acontecen en muchos ruedos del mundo mundial. Y sin más demora, vayamos al tema.


  • MulillEuros o AcemilEuros: Son esos encargados de conducir las mulillas en ese momento en que se requiere su presencia para arrastrar al toro. Pero, cosas de la vida, hay días en los que queda en evidencia esa capacidad suya para precisamente conducir las mulillas. Que de repente estas retardan inexplicablemente el paso, llegando con mucho esfuerzo a alcanzar la velocidad crucero de un caracol. Que justo suele coincidir cuando en los tendidos aparecen un puñado de pañuelos, no importa si muchos o pocos; entonces bien parece que las acémilas quedan hipnotizadas por ese albo blanquear de lienzos, a veces sábanas, y que nada, que no avanzan. Que hay quien dice que esta calma calmosa es recompensada monetariamente por... por alguien. Y si estos, los encargados de las bestias, acceden a recibir papeles de colores por la tardanza, entonces se convierten inmediatamente en mulillEuros y acemilEuros. Pero que nadie intente opositar a tal función, que según dicen, los puestos están más que cogidos.

  • Asaltaplazas: Aunque no parezca que pueda entablarse relación alguna con la descripción anterior, parece que están más ligadas de lo imaginable, pues son estos señores y su entorno los que alimentan a los primeros. Estos caballeros se caracterizan por quizá haber vuelto del revés el sentido de la profesión de matador de toros o novillos y su único aliciente en este mundo sea el de ir acaparando despojos allá por dónde se hagan presentes. Y para conseguir este fin valen todas las artimañas posibles. Aparte de practicar con entusiasmo el destoreo y dejar de ser matadores de toros o novillos para convertirse en matarifes, gozan de una corte de colaboradores que se entregan a la labor de asaltar plazas con verdadero entusiasmo. Hay colaboradores que bienean desde la barrera con voces y más voces, sin otro fin que buscar que el resto de presentes se contagien de este impostado entusiasmo. También está el que se planta para no dejar avanzar a los mulillEuros y acemilEuros, que encantados de la vida, se paran a esperar. Y claro, entre interrupciones, clama desesperante y vocinglerío, hay quien saca el pañuelo despojeador y despojo al canto.

  • Presiausente: Aquí nada está sin razón, todo está conectado por una fina línea de intereses, en la que todos salen ganando, menos el aficionado y por supuesto, la fiesta. Este señor es un caballero que colocan en el palco, sin otra obligación que dar a troche y moche muchos despojos. Que solo tiene que atender los caprichos de los asasltaplazas y demás miembros de esa inescrutable nebulosa de taurinos que miden sus escrúpulos, de acuerdo a la valía de los billetes. Que el aficionado puede llegar a pensar que por momentos parece que los palcos están vacíos, que no hay nadie que haga respetar el reglamento, la fiesta y la integridad de esta. Pero sí, sí que hay alguien allí subido, aunque no lo parezca. En la mayoría de los casos, los palcos están ocupados por un presiausente, y así va la cosa.

  • La gasolinera, suerte de la: Esta es una suerte muy practicada por jóvenes y mayores, por nóveles y expertos en eso de atorear destoreando. Que se supone, o eso dicen, que el primer tercio, la suerte de varas es una fase fundamental durante la lidia, que los actuantes tienen la obligación de llevar la lidia con corrección. Y en esto se incluye el que pongan al toro en suerte, llevándolo con el capote y dejarlo frente a frente con el caballo con un recorte. Pero, ¡dónde ha quedado eso! Resulta muy habitual que el responsable ni lo lleve, ni lo ponga en suerte, que lo deje allí al toro abandonado, allí dónde a este le parezca mejor, y no dónde decida el de luces. Allí lo dejan abandonado, como el que abandona a un perrillo en una gasolinera cuando la familia se va de vacaciones y la mascota se convierte en una molestia; molestia como es el toro para el que no sabe qué hacer con él, ni por dónde echarle mano.

  • A planchagayola: Se oye con cierta frecuencia que el que un matador se vaya a la puerta de toriles a esperar a su oponente es una declaración de intenciones, cosa que nadie puede discutir, porque nadie está dentro de la cabeza del ejecutor para poder saber si esto es así o responde a otras cuestiones. Que allí que van todo decididos supuestamente a dar una larga de rodillas según se les viene el animal de frente, pero en demasiadas ocasiones eso de dar el lance de rodillas, permanecer de rodillas, levantarse y dar comienzo a la lidia, es pedir demasiado. Y el resultado muta y el recibidor en este caso según ve lo que sale del túnel oscuro, tira la tela al viento y él se lanza en plancha como si pretendiera darse un atragantón de tierra. Y todo queda descompuesto y sin gracia, pero tranquilos, que el entusiasmo de muchos de los presentes hará que se jalee ese atragantón, como si la larga la hubiera ejecutado el mismísimo Guerrita.


Y hasta aquí la contribución del profesor Cienfuegos para que podamos entender de la mejor manera posible e imaginable esta neotauromaquia que demasiado a menudo no es algo indescifrable, que lo es, sino que se convierte en algo absolutamente atragantoso o atragantable, pero bienvenido sea todo lo que nos ayude, dentro de nuestra ignorancia, a Entender la Neotauromaquia.


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viernes, 3 de julio de 2026

Para ganarse el cielo

A veces lo soñado y lo que provoca el sueño no coinciden


Hay días y días. Días en los que un festejo es largo y pesado, un día en el que no hay nada de nada y aún menos, días en los que nada es lo que se podría esperar. Y luego hay otros en los que a lo mejor no se alarga demasiado la cosa, comparándolo con otras tardes, pero que se hace eterno. Y esto pasó en este nuevo “Cénate las Ventas”, que con solo, ¡solo! Dos horas y cuarto, parecía aquello un penar por los siglos de los siglos en el purgatorio. Que para cuatro que deciden perderse el “fúrgol”, van y les endiñan una noche en la que las sales de fruta y los antiácidos eran pura necesidad y no por la grasaza que te servían como si fueran delicias divinas. Eso sí, también les digo que todo depende de a quién se le pregunte, que uno subía la cuesta de Alcalá de vuelta a casa y escuchó a unos señores a la espalda tan felices con no sé cuáles de los novillos lidiados y que si no es por el viento... que si no es por este, igual habríamos descubierto a Mazzantini, el Guerra y Antonio Fuentes redivivos.

Pero ya sabemos cómo va esto, que los hay que si el animalito, cuanto más desgreñado, mejor, acude al trapito bobaliconamente, eso es bravura. Que si es capaz de llevar al peto y que le apoyen el palo, a nada que tire un derrote es un dechado de bravura. En banderillas no es que se fijen mucho, a no ser que alguno realice un supremo ejercicio gimnástico. Y en el último tercio, pues qué se puede decir, que al estar atropellado, pegando respingos, carreras y más carreras, le llaman estar en novillero. Cuanto más se abuse del pico, más técnica, como si ahora la trampa fuera eso, técnica y no fraude. Que después de mil trapazos te sueltan que el “shaval” ha estado para repetirlo. Sí, para que repita, pero en la escuela, desde primero de toreador hasta el último curso. Que me gustaría ver qué pasaría si a los alumnos les pusieran a todos un antifaz, que nadie supiera el trabajo o la hacienda de los padres, que solo se les midiera por lo que hacen y no por lo que los ponedores pudieran ofrecer, a ver cuántos prosperaban en esto del toreo. Y para cerrar, lo de la espada, si se pega un bajonazo es que se ha tirado como un rayo. Y si pincha una vez y otra y otra y... y además no atinan con el verduguillo, es que el animal se ha movido, no ha colaborado con su propio sacrificio. Ya digo, que hay que mirar a quién se le preguntan ciertas cosas. Si usted quiere felicidad y alegría, busque a un profesional de estos, pero si quiere otra cosa, aunque lo que vaya a escuchar no sean fiestas, pues... Usted verá.

Que a todo esto, el castigo de este jueves era una de López Gibaja, justa, justísima, alguno más caprino que bovino, aunque bobinos eran todos. Demasiado anovillados. Demasiado mansos, pero mansos sin nada, sin sustancia. Que andaban por allí, que acusaron la inoperancia de los novilleros, que iban a pegar derechazos y naturales y si el novillo se les iba escapando, pues solo les daba para intentar seguir arreando trapazos. Que a ninguno se le ocurrió no solo eso de poderles macheteando por abajo, sino que ni tan siquiera fijarles. Como es la norma, les dejaron a su aire y a ver si luego cazaban dos o tres trapazos jaleados por el personal; pero que mala suerte, había “fúrgol” y el paisanaje y la cla se habían quedado a ver la roja y los que acudieron, pues que o aplaudían o merendaban, que todo tiene su momento. De los picadores, pues hubo alguno que hasta se propuso zurrar al novillo, aunque rápido se le quitaban las ganas, mientras otro debió donar la paga del día, por no habérsela ganado con el palo y gracias que no le cobraron por darse un paseíto en el penco.

Si hablamos de los actuantes, pues igual acabamos poniéndonos tan pesados como fue la noche y no es plan, nadie se merece tal castigo, aunque claro, si ustedes me cuentan el “fúrgol” ¿no les voy a poner contar el...? Pero no. Cristian González, Juan Alberto Torrijos y Jairo López fueron una muestra de lo que es esto en la actualidad, unos muermos incapaces a los que las palmas solo les engañan y los “bieeeejnn” solo les distraen. Torpes, con las trampas muy bien aprendidas, que hasta parecen saber que son trampas, porque a nada que les corrigen desde los tendidos, bien que intentan ponerse. Las diferencias entre unos y otros, pues que Cristian González insiste e insiste en martirizar a los presentes, pero dando muchas voces, jaleándose solo, que hasta un ole se dedicó. Eso es tener ánimo. Muy alborotado, pero animoso. Juan Alberto Torrijos desplegaba un porte como si acabara de descubrir el toreo al mundo, no descubriendo otra cosa que el destoreo enganchado, aunque no fue el único. Y como la cosa no avanzaba, pues el arrimón, pero esta noche no pareció ir a la plaza ese “afisionao” que en mitad del silencio, o de la siesta generalizada, se arranca con una solemne ovación que arrastra a más de uno que despierta de repente y como ve que aplauden, aunque no sepa de qué va la cosa, pues aplaude también. Y no se atreve a preguntar el porqué, porque lo último es reconocer que se estaba pegando una plácida cabezada. Y Jairo López, pues quería dejar clara su voluntad de triunfo, pero... alguien le chivó cuales son los resortes para encender al personal, pero no le debieron contar ni cómo, ni cuándo ponerlos en práctica. Que ahora de rodillas, que me achucha y de pie, venga a alborotarse con la pañosa, que si me pego un arrimón, que si un “¡Viva México!” que si me voy a portagayola para tirarme en plancha, que si una larga de rodillas en el nueve y ya acaba de darla y el novillo aún no ha llegado a jurisdicción, que si más de rodillas, que si me retuerzo exagerando la pose, que si arrimón ¡Qué suplicio! Que esto era como un partido de “fúrgol” entre el Desganaos FC y el Racing de los Sin Sangre, con prórroga, tres prórrogas y sin penalties, no fuera a ser que ahí hubiera emoción. Y es que al final, a los cuatro y medio que se acercaron a la plaza solo se les podía decir que habían ido a las Ventas para ganarse el cielo.


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martes, 30 de junio de 2026

Modernidad per tutti

Hay términos que hay que explicar muy bien y aún así...


Resulta innegable la expansión de la nueva tauromaquia por todos los rincones del arrabalero y hortera mundo de la modernidad. Esto hay que reconocerlo. Que antes se hablaba de toros y hasta se daban clases prácticas en lugares como las peluquerías, dónde el barbero, antiguo pretendiente a vestir de luces y renco desde entonces por un mal golpe, aireaba las toallas, delantales y cepillos a modo de estoque. Te pones así, citas al toro y a su arrancada respondes adelantando la pata, así... y un rotundo olé de los parroquianos llenaba la barbería. Hoy... hoy igual esto no es posible, primero porque no hay peluquero que por un mal golpe de un eral renquee de remos. En estos días, a todo lo más, llegamos a que unos jovenzuelos monten un botellón en un tendido, ya haya toros, toras o lo que les pongan, porque lo que importa es que haya para beber, para comer, para bailar y si además nos ponen al ídolo oficial al que adorar, ya tenemos el menú completo. Ellos se manejan a las mil maravillas con una terminología nueva para oídos añejos, terminología y doctrina que inunda sus orejas, que no oídos, desde las teles del sistema. Pero claro, también está el que acostumbrado a otras cosas, a otra fiesta, no sabe cómo calificar lo que sucede en los ruedos y califica las cosas su libre entender. Pero esto no acaba aquí, ¿y cómo hacer que esta forma de llamar a las cosas se entienda más allá de los Pirineos? Difícil empresa y por eso no ha habido más remedio que echar mano del saber y conocimiento del conocido filologotaurómaco don Arsenio Cienfuegos Aguado, Catedrático en Arte Abstracto en la Universidad de Chesterton, Virginia del Sur... ¿o es del norte? El ha sido capaz de poner negro sobre blanco ciertos palabros que algunos utilizan con absoluto descaro. Vamos a ello, a la definición y a su traducción a la lengua de monsieur Jean Baptiste, Moliere para los colegas.


  • Mantazo: Dícese de cuando un señor portando un capote lo menea al aire como se menean las mantas con la llegada de la primavera y antes del invierno, en previsión de desalojar a las polillas allí acomodadas. Hay casos en que esos zarandeos provocan pequeños remolinos en el aire, aunque sin peligro para las personas por causa de enfriamientos, aunque si para la condición del toro, que al no verse toreado, puede responder escapando para corretear por la plaza, quedándose corto para sucesivos mantazos, echando la cara apuntando a las nubes.

  • Telonazo: Llámese tal a cuando el señor que toma la muleta se planta muy garboso él y, sobre todo al inicio del trasteo, llama al toro y sin intención de torear, levanta la pañosa como dando comienzo a una función teatral, cómica o tragicómica, sin importarle adónde va el animal al que le han retirado la tela de repente. No confundir con un ayudado, en el que el caballero sí que marca el viaje que desea que siga el toro. El telonazo suele ser celebrado por muchos, tanto, que hasta son capaces de interrumpir el botellón por aplaudir, perdiendo el sentido cuando esta retahíla de pases se corona con uno del desprecio; ahí ya es el acabose. Imprescindible que en los telonazos no se tenga en cuanta ni la condición, ni las necesidades del toro. El telón se tiene que levantar y punto, ya saben, the show must go on.

  • Trapazo: Estamos frente a la cima, la cumbre de la modernidad. Quizá hasta sea un atrevimiento intentar describir el trapazo ajustándose a la realidad y dejando de lado ese parloteo vacío de este movimiento imperante. Esta artimaña se ejecuta tanto con la diestra, como con la zurda, pero con la participación de todo el cuerpo. Para un trapazo sublime es recomendable colocarse bien apartado de la posible trayectoria del toro, estirando el brazo ejecutor hasta que el hombro en cuestión casi quede descoyuntado. La muleta, cogida todo lo atrás que se pueda, se coloca torcida, esto es, casi perpendicular a la testuz del toro y ofreciendo solo el extremo de esta. Una vez se arranque el animal, con la punta, el pico, entre los dos pitones, dejando uno fuera, por supuesto, se mueve el brazo describiendo una línea recta, sin tener en cuenta por dónde ande el animalito, que se supone que, con la inercia, también irá en línea recta, llegando hasta el punto en que él mismo, y no el de luces, decida. El final puede resolverse de dos formas, una, largando tela al aire, allá dónde llegue. La otra es a mitad de... de esto, pegar un giro brusco a la muñeca como si abriéramos una ventana dando un portazo, o más propiamente dicho, un ventanazo. Y a continuación, si queremos darle enjundia al trapazo y demostrar la inutilidad y nula efectividad de este, el actuante deberá pegar un respingo, como si le diera una descarga eléctrica y echar a correr para prepararse para el siguiente trapazo. En ocasiones el toro no pasa, pero esto es lo de menos, en estos casos, aunque lo que importa es que el toro pase, si no pasa, será el autor del trapazo quién se moverá y correrá antes del supuesto fin del trapazo, en dirección opuesta al viaje del toro y si es a refugiarse detrás de las orejas, mejor, que mejor. Que la cosa parece difícil de entender, pero le digo que esto en la práctica se ve en nada y menos. Vamos, que no tiene misterio, el misterio es saber por qué se entusiasma tanto el personal con tanto trapazo.

  • Trallazo: Aunque los trallazos se dan mayormente con la muleta, también se podría decir que se pueden perpetrar con el capote y si no, siéntense a ver a la modernidad dar gaoneras o cualquier quite aireado y bien aireado. El trallazo es ejecutar con suma rapidez, que en el momento en que el toro se arranque, pegar un tirón, cuanto más violento, más trallacero. Que si se consigue alborotar al toro o que su alboroto no disminuya, mejor que mejor. Que si nos detenemos en el cóctel que se produce al mezclar trallazo con trapazo, lo siguiente y que le pide el cuerpo a los aficionados añejos es subirse al palo de la bandera y... y gritar mucho y muy alto. Pocas cosas más vistosas que un trallazo a la velocidad de un sputnik.

  • Banderazo: Por norma general, esto describe muletazos por alto, pases de pecho, supuestos ayudados, todo por alto, con la principal característica de obviar la presencia del toro y solo esforzarse en agitar el trapo al aire a modo de señalero, guardamarina de las naos a vela. El mayor peligro de esta práctica, aparte del vendaval que se puede ocasionar con tanto zarandeo y sacudida de telas, es el confundir a algún navío que transite por las inmediaciones de la plaza, que no entienda el mensaje emitido por el señor de luces y que provoque que la nave encalle y naufrague frente a las costas del coso. Algo quizá poco creíble, pero que confirma el hecho de que durante varios festejos en la plaza de Madrid, se registraran varios choque y hundimientos de las barcas del Parque del Retiro. Y decía que esto mayormente es atribuible a los muletazos por alto, pero no se debe desdeñar a esos que calzan las rosas, que un natural o un derechazo lo acaban, que no rematan, tan arriba, que lo convierten en un soberbio banderazo. Y es que la modernidad, por mucho que se ponga el aficionado en lo peor, no tiene límites para sus ejecutores.

  • Descaradísimo: Este término puede acompañar a todos los anteriormente descritos y no hace referencia a ninguno en particular, pero a todos en general y es cuando el artista en cuestión y sin el menor pudor, exagera todo lo anterior sin tan siquiera sonrojarse y haciendo alarde de lo que él se piensa una obra de arte, no siendo otra cosa que la culminación de la vulgaridad y la total ausencia de eso que se llamó gusto y vergüenza torera, pero estas son palabras casi en extinción en esta modernidad que nos devora.


Quizá pueda haberles sabido a poco esta sucinta exposición de estos términos que solo pretenden describir lo que sufrimos y la voluntariosa traducción a otra lengua no sé si le aclarará algo a alguien, pero es lo que sucede con este fenómeno, aunque lo que está claro es que aquí hay modernidad per tutti.


PD.: Este escrito está especialmente dedicado a mi amigo Serge y espero que esto le ayude a encontrar un término paralelo en esa lengua que ignoro y muy a mi pesar, ya me gustaría.



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viernes, 26 de junio de 2026

Una de bravas, dos Chateau del Trapazeao y... ¿a alguien se le ha escapado el gato?

 

Y el que no se divierte es porque no quiere, que facilidades las dan todas.

En un ambiente festivo, alegre, familiar, distendido y muy poco taurino, ha dado comienzo la feria de la tasca en las Ventas 2026. Que olores, que aromas, que... Que no pase usted botellas de cristal a la plaza, que ya en la puerta un funcionario se ocupaba de evitarlo. Que las almas candorosas pensarán que es para evitar posibles males mayores; pero los no tan cándidos igual iban más por la idea de que la gente consumiera en el Tascuzo 2026. Allá cada uno. Y entre zampa y zampa, que como aderezo, no como elemento principal, resulta que echaban unos animalitos al ruedo y unos caballeros vestidos de colores se entretendrían con ellos, a ver si en una de estás les regalaban un despojo y ya hacíamos la juerga completa. Que está preparado que te mueres, las tapas, el alcoholazo y de postre la Discoventas a todo lo que dé ¿Qué podía salir mal? Pues nada, cómo iba a salir algo mal. Pero sí, resulta que en medio de un permanente molesto bullicio, a alguien, parece que a muchos, se les ha escapado el gato y toda la plaza llamando al gaterío con un atronador ¡Ssssssssshhh! Y el gato que no aparecía y otra vez ¡Ssssssssshhh! O lo mismo... y si resulta que no fuese que Robespierre se le hubiera escapado a un desconocido y que los del siseo fueran aficionados al tenis. Pero no creo, no había pelotas.

Pero dejemos de lado las bravas, bastante más bravas que los novillos, esa delicia del Chateau del Trapazeao y... ¡Ssssssssshhh! Y si nos dejan, hasta el gato que no parece haber sido encontrado. Ganado de los Chospes, alguno de una sin caballos, otros justitos y nada más y el quinto que al lado de sus hermanos parecía el padre de todos. Oiga, que comportamiento tan parejo, todos mansos, pero mansos de la mansedumbre. Eso sí, tampoco han tenido los mejores colaboradores en los tres espadas, Álvaro de Chinchón, El Mene y Félix San Román. Que si tienen algo ahorrado, para el año que viene se podían montar su tascuzo para este certamen tan, tan, tan poco inspirador para los aficionados a los toros. Eso sí, que no lo monten de sardinas, porque con tanto gato suelto, a ver quién protege el género. Lo de los caballos, pues será una atracción más para este público tan, tan, tan particular, el ver unos pencos paseándose por el ruedo con unas faldas taloneras. Anda que los de los Chospes no han pegado derrotes a la guata y el que no, pues sencillamente se dejaba picar en mitad del lomo, de la paletilla, dónde cayera. Y que griterío, sin importarles espantar a los gatos; ¡Ssssssssshhh! Que fijación de los novillos con irse a tablas, con buscar la puerta de toriles, con escapar para que el maestro fuera detrás. Aunque los maestros...

Álvaro Chinchón no solo no sabe dónde colocarse durante la lidia, que a lo más que llega es a plantarse como un plantón a ver qué pasa y cuando se cansa, pues se quita la montera para pedir el cambio ¡Tan difícil! ¡Tan complicado! ¿Cuesta tanto decirles a los futuros figuras que aquí no se desmontera uno para pedir el cambio? ¿Que en su pueblo sí? Pues cuando vayan para allá, ya saben. Pero lo de la montera ya es casi lo de menos, lo peor es la absoluta ausencia de conocimientos y recursos taurinos del espada en cuestión. Que aparte de banderazos, ventajas, quedar siempre fuera, los enganchones, las... lo de siempre. Incapaz de conducir una embestida y así le pasa, que a nada se ve complicado, se queda a merced, con lo peligroso que es esto. Que si al menos supiera llevar un toro con el capote, por ejemplo para ponerlo al caballo, igual podría ser hasta un digno peón, pero permítanme que lo dude.

El Mene, el que iba para figurón, pues... Que nadie le ha contado de qué va esto, ¿no? Que no intenta ni fijar a un novillo, solo el darle mantazos, a ver si se pone bonito, pero que no lo logra, ¡oiga! Que le sale un manso de libro y él, que debió escuchar campanas en algún sitio, va y lo pone para una segunda vara de lejos. Pero, ¡Chico, fíjate un poco! Pero que no ha manera. El animal pronto decidió refugiarse en tablas, después de correr y correr por el ruedo, y ya no hubo manera, se empezó a defender y acabó parado como un marmolillo. El quinto era como un burro, pero con cuernos, pero por esas cosas de la vida o por las bravas o por el Chateau del Trapazeao, que la gente dejó de llamar al gato, ¡Ssssssssshhh! Y empezó a jalear los enganchones, el que el borrico no pasara, el recolocarse a cada trapazo, ese encimismo tan poco... ¿cosmopolita? Y que hasta hubo quien pidió un despojo. Pues para él, buen provecho; por la oreja, claro, bueno y por las bravas y el alcoholazo trasegado en la noche.

El tercero era Félix San Román, que dejó claro, pero muy claro, que lo suyo puede ir más por lo de montar un tascuzo con sus compañeros de terna, que por eso del toreo. Que hasta nombre tienen ya: “Los Reyes del Trapazo”. Aunque no me extrañaría que el nombrecito ya estuviera registrado, hay demasiados candidatos. Pues resulta que el madrileño parece que tiene voluntad, pero muy poca destreza. Que si recibir de rodillas con una larga es una declaración de intenciones, se lo damos por válido, pero el que ya te enganchen el capote a las primeras de cambio es también una declaración de aptitudes, pocas o casi ninguna. Que posturas pone, sí señor, pero posturas de corista de opereta francesa alrededor de la vedette. Trapazos con el pico, muy, pero que mu descarado, echándose al toro fuera. Luego un arrimón y punto, en el tercero. En el sexto, pues intentó lo mismo, pero en este caso el manso no le dejó, que el animal no estaba para juergas. Y el espada detrás, a ver si te pego un trapazo, a ver si me planto para una foto y venga detrás del animal; que se pegaron vuelta y media al ruedo, pero no vuelta triunfal, ni mucho menos, uno escapando y el otro poniéndose ya pesadito y los gatos sin aparecer ¡Ssssssssshhh! Con el ambiente festivo, alegre, familiar, distendido y muy poco taurino que había y que los gatos seguían huidos. Y no me extraña, que lo mismo es que se olían el percal y no querían pagar los platos rotos. Aunque lo mismo aparecieron en la Discoventas, que no me extrañaría, al menos para echarse un bailecito. Pero algunos aún estaban en lo importante, en lo sustancial, en lo que la empresa anuncia con tanto entusiasmo, y seguía oyéndose esa música celestial del Expo Tascuzo 2026, una de bravas, dos Chateau del Trapazeao y... ¿a alguien se le ha escapado el gato?


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domingo, 21 de junio de 2026

A ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado

Deseandito estoy de apuntarme a un cursillo para saber cuándo y a quién aplaudir, que así no podemos seguir.


Ya volvimos a la rutina de la rutinaria temporada de Madrid. Vuelta a los autobuses, vuelta a la plaza casi desierta de aficionados de Madrid y ocupada en parte por paisanos, seguidores y amistades de los actuantes. Que dirán muchos, agarrándose a este clavo ardiendo de unos tendidos demasiado despoblados, que es que la temporada no interesa, que no es rentable, o que no es rentable, porque no interesa. Pero, por favor, no se hagan trampas al solitario, que la temporada claro que interesa, pero si esta la componemos con carteles infames, con carteles que solo interesan, y no por el contenido taurino, sino por otras causas, por otras afinidades ajenas a lo puramente taurino. Si el interés reside en que acudan los paisanos, los partidarios o los amigos, mala cosa. Que si se confeccionaran carteles de interés y la empresa se preocupara de publicitarlos, igual otro gallo nos cantaría, pero no, porque entonces se les des montaba el argumento de que la temporada no interesa. Que suena a galimatías, pero todo se reduce a que esta empresa, auspiciada por la Comunidad de Madrid, solo quiere dar festejos con sus figuras y con los toros de estas figuras, sin importarles lo más mínimo ni la plaza, ni la afición de Madrid. Y si no, echemos un vistazo al cartel de la noche en cuestión, toros de Valdefresno, con dos parches de Couto de Fornilhos, sin entrar en juego y presentaciones, para Juan Pablo Sánchez, Cristian Pérez y Alejandro Peñaranda. Que hay que ir con la mente muy en blanco, con el espíritu absolutamente virginal, como para pensar que se nos avecinaba un festejo de época. Eso sí, si usted es del grupo de los paisanos, seguidores y amistades de los actuantes, entonces ya me callo, que uno no es nadie para entrar en cuestiones personales de cada uno; o quizá sí, sí, si alguien de esta gente me obliga a que me guste y aplauda a su paisano, seguido y amistad actuante, entonces la cosa cambia. Que ustedes no se lo creerán, pero está muy complicado eso de ir a los toros ahora a las Ventas, que antes tienes que conocer las relaciones de cada uno con cada uno. A este se le puede protestar y además, se le debe protestar; a este no, que es colega, a este, ni fu, ni fa. A este otro... Que uno no sabe a qué atenerse. Que antes, los legos en la materia echábamos un vistazo al líder que nos amparaba y ya sabíamos, si él aplaudía, todo quisque a batir palmas, si él se quedaba mohíno, todos mohínos. Y así nos orientábamos, pero es que ahora no hay quién se aclare, que hemos perdido a nuestro líder espiritual, que el gps del “afisionao”, nos ha dejado de funcionar, que vamos a devolverlo porque no va y nos dicen que aquello es un convento de clausura.

A ver qué decimos de lo que ha salido por toriles, que si decimos que la presentación a veces no ha llegado ni a justa, igual no deberíamos, pero es que no ha llegado ni a justa, que alguno, como ese castaño, era lo que por tierras del ganadero llaman un vaco. Corrida mansa, pero de manual, a lo que hay que añadir que los maestros han carecido de todo intento lidiador. Les dejaban a su aire y que se apañaran, que ellos habían ido a sentirse a gusto. Mansos en el caballo, tirando derrotes cuando no saliendo de najas, sueltos, sin que nadie hubiera hecho por fijarlos mínimamente, aunque fuera intentar echarles un capote al suelo; que igual no se habría conseguido nada, pero al menos así veríamos que ni por esas. Mal picados, aunque el personal hasta ha aplaudido a uno de aúpa, por un picotacito en el segundo encuentro, después de haberle pulverizado los lomos previamente. Solo en el quinto, Santiago Pérez, ha picado aguantando a ese que daba muestras de manso. Le ha hecho la carioca, sí, pero ha impedido que se le fuera del peto, que ya era mucho pedir. Que los recursos hay que utilizarlos cuando son necesarios y no convertirlos en norma. Que dirán que qué barbaridad es esta, pero es que les confieso que en ese momento no he podido fijarme en lo que decidía nuestro líder. Que a uno le ha dado por ponerse a comentar lo sucedido con los compañeros de localidad. Y así pasa, que no estamos a lo que teníamos que estar y nos enredamos con lo que sucede en la arena. Mil perdones.

De los actuantes, a ver cómo me explico yo sin ofender, si es que no he ofendido ya lo suficiente. Juan Pablo Sánchez, pues a lo de todos, que si me lio a pegar trallazos con el trapo al bies, que si enganchón por aquí y por allá, que si ahora me recoloco y después también. Que si voy de aquí para allá con la muleta en la mano y el toro va a su aire, para al final no decir nada de nada. Cristian Pérez ha entusiasmado a muchos, con los defectos de todos, con una incapacidad más que manifiesta, pero según dicen, le pone mucha voluntad. Pues cuidado, que con tanta voluntad y tan poco conocimiento, con tanta actitud y tan escasa, nula, aptitud, cualquier día se puede llevar un disgusto. Que estamos en la de siempre, que ahora en Madrid se aplauden las carreras, la incapacidad con los engaños, que lo que no se hace con la pañosa, hay que corregirlo a base de carreritas. Que los enganchones, abusar del pico y los trallazos se aplauden como si fuera toreo, sin ser otra cosa que destoreo. Que en su primero, al que aburrió, le dio trapazos y más trapazos hasta que el animal acabó buscando las tablas descaradamente. Y tras una estocada trasera y caída, aunque remoloneando, el del palco le regaló el despojo. Cómo aplaudía la masa, que con eso ya les valía la pena el viaje hasta las Ventas. En su segundo quedó más evidente esa falta de aptitud, con un toro con un pitón derecho que o se triunfaba o te comía, porque exigía mando, toreo y nada de trapazos al aire. Pero en la primera tanda ya se le vio a Cristian Pérez muy, muy perdido y al segundo trapazo le levantó mientras intentaba huir, cayendo de muy mala manera. Entró en la enfermería y volvió a salir dispuesto a pegar más trallazos, adornos, pico y enganchones, sin parar quieto un instante, para culminar la sinfonía con manoletinas. Y habrá quién se moleste, pero solo el mal manejo de la espada impidió una nueva salida a cuestas que avergonzara una vez más a Madrid. Que lo mismo ya hay que ponerse así, unos jalean a sus ídolos pase lo que pase y otros intentamos defender al nuestro, la plaza de Madrid, sin reparar en paisanos, seguidores y amistades de los actuantes.

Alejandro Peñaranda hacía tiempo que no asomaba por aquí y visto lo visto, igual tendría que pasar una temporadita para volverlo a ver. Un prototipo de esta modernidad que nos asfixia. Su primero no quería nada con nadie, siempre buscando sus terrenos, tablas, chiqueros, sin que el espada intentara al menos doblarse para así poder entrar con la espada y no andar como anduvo, a ver si le cazaba, gazapón, acabó casi aculado en tablas. En el sexto venga trapazos y más trapazos, venga a recuperar el sitio una y otra vez, pico, brazo largo, que ni el iniciar de rodillas le valió para calentar los ánimos, sobre todo y en ese trance acabas liándote tú solito. Pero al final uno se queda que no sabe si sorber o soplar, que esto de ir a los toros nos lo están complicando más de la cuenta. Unos que solo íbamos a ver toros y a ver torear, ahora te tienes que enterar de demasiadas cosas ajenas a lo que sucede en la arena, así que urge que nos guíen, que nos marquen el camino y a ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado.


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viernes, 19 de junio de 2026

Esa diversión solo provoca pena

Aquella tarde en la que la conmoción se llevó por delante cualquier tipo de vacía diversión.


En esto de los toros hace tiempo que se creó una deriva al menos un tanto cuestionable y que nos está llevando adónde quizá no podíamos imaginar y que, desde luego, no deseábamos. Que empezamos con aquello del arte, todo es arte, un trapazo, un banderazo, hacer el paseíllo medio compungido, el vender almendras por los tendidos, arte, arte y más arte. Que arte de verdad es formular tal afirmación y aguantarse la risa y no ponerse colorado. Que ya me dirán si se les puede llamar artistas a los que hasta en los andares parecen ir sorteando caballones en un sembrado. Que veneno ese de querer ensalzar lo censurable. Pero es que ahora ha llegado la moda de la diversión, que hasta mente preclaras se atreven a decir que tal plaza es la más aburrida del mundo ¡Anda valiente! ¡Anda y anda y no pares! Pero eso que podría encerrar buenas intenciones, que no, lo que nos quiere decir con esa autoridad que ellos mismos se atribuyen, cómo es eso de divertirse en una plaza de toros, por ejemplo la de Madrid. Que para divertirse no hay que tener ni al toro, ni al quehacer del torero, que si nos entretenemos en eso, igual no nos divertimos; siempre de acuerdo a esos parámetros de las mentes preclaras, aunque igual sería más exacto llamarles mentes interesadas o estómagos agradecidos. Y cuidadín, que si usted, usted o usted no se divierte viendo cortar despojos, viendo a un señor ejecutando un desgarbado baile meneando telas, es que usted es un malage, un “amargao”, un “frustrao” o un antitaurino, que esta ya es la máxima categoría. Bueno, no, lo máximo es que te digan que eres un mal español. Que, ¿qué tiene que ver esto? Pues no lo sé y si ustedes lo averiguan, por favor, ilústrenme.

Que eso de divertirse es algo muy sano y que hay que practicar todo lo que el cuerpo aguante. Que uno se ha divertido como nadie en las fiestas del pueblo, en los Moros y Cristianos, en las reuniones con los amigos, en el gusano loco en el parque de atracciones, en las fiestas de Nochevieja, en las comidas y celebraciones con la familia, intercambiando anécdotas con los amigos, como aquella vez que paseando por la plaza de Santa Ana se paró un coche a nuestro lado, bajaron la ventanilla y de un coche lleno de toreros uno de ellos nos pidió un cigarro. Incluso a la salida de los toros cuando un grupito de amiguetes nos íbamos a empezar la noche. Que hasta de los toros ha brotado la diversión, pero en la plaza, en los toros... Ustedes me perdonarán.

Que igual en los toros no he encontrado momentos de diversión, pero, momentos inolvidables, todos y aún más. Y precisamente momentos en los que no se dejaba de lado la exigencia, el respeto al rito, el respeto a quién a nuestro lado nos enseñó a sentir esto como algo mucho más enriquecedor que la simple diversión. Eso es, la simple diversión, que poca ambición, con qué poquito se conforman los pobres, que con un barreño de alcoholazo y un despojo ya van listos para casita. Y mientras unos se divierten, otros solo podemos sentir pena, la pena de ver como un lugar, la plaza y el sentimiento de esta afición, se reduce a la nada más primaria. Y no intenten explicárselo, porque nunca lo entenderán, quizá porque lo primero que no entienden es la propia fiesta de los toros. Que no digo entender de toros, que eso lleva tiempo y quizá nunca se llega, pero sí entender de qué va esto. Porque resulta un imposible explicarle a algunos el que en una plaza de toros haya momentos en los que se te hace un nudo en el corazón y por mucho tiempo que pase, ese nudo nunca se libera. Momentos que años después la memoria hace que volvamos a aquella tarde, a aquel instante de inspiración en el que el arte o el poder domeñaban la casta y la fiereza, en ese momento compartido con quién hace años que ya no está a tu lado abriéndote los ojos para entender el misterio del toro, pero que cada vez que se entra por la puerta, cada vez que llegas a tu sitio, el de siempre, sigue a tu lado, en la plaza y en cada conversación en que salta el toro al ruedo de una tertulia ¿Divertido? Pues... Allá cada uno. Y ahora, con tanta diversión, tanta alegría, tanta celebración, uno ve como toda esta algarabía solo parece querer borrar esos momentos de conmoción y siente pena, una pena muy honda, tan profunda que parece querer enterrar esos nudos que atenazaron el corazón.

Explícales a estos divertidos, a estos que no faltan como poco dos veces al año a los toros, a estos que te hablan de los cuatro tercios de la lidia, a los que cuentan su arte por arrobas de despojos, que eso no es divertido. Ni lo intenten, porque además se atreverán a volverse y echarles en cara que su ídolo ha despojado a un borrego, un borrego al que usted prestó toda su atención desde que asomó en la arena y ellos solo desde que asomó el trapo rojo para pasárselo por el culo. Que a ver si eso va a ser lo divertido, pero... que no, si es que esto es como al que no le gusta el gazpacho, que por mucho que se lo metan con un embudo, que no, que no hay manera. Y como para contarles, y pretender que lo entiendan, que esa diversión solo provoca pena.


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