viernes, 17 de julio de 2026

Hay que poner subtítulos en los toros, ¡urgentemente!

¿Y qué encabritaría al personal tiempo ha, cuando no había rayas del tercio? Igual tampoco las necesitaban, no las echaban en falta. 


Se supone que esto de los toros tiene que ser un espectáculo al alcance de todo el mundo, que todo el que habita una plaza de toros tiene que poder entender lo que pasa allí dentro, ¿no? Pues parece que no, que esto es solo para unos cuantos... o quizá debería decir que no es para unos cuantos, quizá los que necesitamos que nos lo expliquen todo, que uno está tan tranquilo viendo a un señor no picando o a otro corriendo y venga a correr pegando trapazos y de repente, ¡aplausos! ¿Aplausos? Y miras a un lado, a otro, a los compañeros de localidad, al palco, el móvil... y nadie te da una explicación del porqué de ese arranque de entusiasmo. Y qué quieren que les diga, no resulta agradable sentirse marginado, excluido, apartado, discriminado y arrinconado, sobre todo de algo que se supone que provoca alegría y divertimento. Que la solución es bien sencilla, bastaría con que se instalaran unos paneles y que allí fueran apareciendo unos cartelitos que te fueran explicando de que va la música. No sé, algo así como: el picador no ha picado, el torero ha alcanzado los diez kilómetros corriendo sacudiendo un trapo, el banderillero ha superado su marca personal en salto con banderillas, un señor ha gritado viva su pueblo... ¿No sería todo más fácil y democrático? Pues parece ser que esto no va de eso, que es excluyente, que nos deja fuera a los que no estamos duchos en esta neotauromaquia que ya cansa un poquito; y por si fuera poco, ahora esto, que no podamos enterarnos con subtítulos de lo que pasa en la noche de cenas y tragos a tutiplén.

Que el primer subtítulo tenía que empezar por la ganadería, que más de uno, uno que sigue y está pendiente de esto, no uno que haya entrado en la plaza al olor de la chistorra, se preguntara que de dónde venía eso de Sagrario Moreno. Es de Juan Pedro, ya, pero, ¿de dónde viene eso? Pues eso, de Juan Pedro, qué preguntas hace también la gente, ¿de qué va a ser si no? Pues con un cartelito subtitulando, todo arreglado. Que fieles a sus ancestros, pues han sido modernos, que no han dicho ni fu, ni fa, que les han pegado trapazos, que más o menos iban y venían hasta que se hartaban de tanto trapaceo. Alguno demasiado manso en el caballo, como el quinto, que ni dándole caramelos quería peto. Y la que ha montado el personal, que ira, que furibundez, que el compañero me decía que era porque el caballo no es que pisara la raya, es que se pasaba las dos por los bajos del peto. Que le tiraban al de doña Sagrario entre las dos rayas, pero nada, que ni palpando con el palo, hasta que al final algo se le ha podido picar en el seis y más allá del tercio. Y digo yo, que qué cuesta poner un subtítulo que por ejemplo dijera: el sindicato de pintores de rayas declara su airada protesta por la falta de respeto a su trabajo por parte del gremio de picadores y caballos de picar. Y todos tan contentos. Que así, mientras unos vociferaban un nuevo grito que dice: Picadooooorrrr, que malo eres. Si es que no hay como innovar. Pero ya les digo que a servidor casi hasta le daban ganas de aplaudir por decidirse a irse a los medios a por el novillo. Eso sí, el maestro, López Peregrino, seguro que lo ha visto todo desde muy cerquita, pero sin intervenir, que él no está para esas cosas. La terna la componían Luis Pasero, el ya citado López Peregrino y Mario Vilau.

Los tres han sido lo de tantos, cada uno a su manera. Que tentado estoy de soltar una retahíla de cosas y ya ustedes las van colocando dónde mejor les parezca. Nulos con el capote, incapaces de poner un novillo en suerte en el caballo, aunque mandaban como gendarmes adónde colocar el penco venga a agitar la manita, ponerse de rodillas y a la mínima tenerse que ponerse en pie para no verse arrollados, teletorear manteniendo las distancias con descaro. Que el personal lo aplaudía, pero no me pregunten por qué, si acaso, cunado pongan subtítulos, igual les puedo dar una idea. Muchos trapazos, venga a cazarlos por todo el ruedo, allá dónde los de doña Sagrario mandasen, ¿aquí? Pues aquí ¿Allí? Pues allí. Que no se sabe si lo que se jaleaba era el trapazo, la carrera, que ya era uno menos que soportar o vaya usted a saber. Que se aturullaban echándose el novillo encima, que se perfilaban para teleestoquear, muy fuera, para pinchar o dejar la espada lo mismo caída, que trasera traserísima. Pero también les digo, que igual con subtítulos no habría forma de explicar cómo alguien pensaba que podía pedir un despojo en el sexto para Mario Vilau, pero han aflorado los pañuelos, incluido el del usía, que ese sí que podía haberse explicado con un: le doy el despojo porque estoy harto y ya me importa un pito, que lo que quiero es irme a mi casa y olvidar este peñazo con este ganado y estos novilleros. Pero imposibles aparte porque no cabe tanta explicación en unas líneas, es evidente que hay que poner subtítulos en los toros, ¡urgentemente!


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martes, 14 de julio de 2026

Dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada

Los encierros, encierros son, pero... !Cómo pasa el tiempo¡


Sea de dónde sea, hay que reconocer el embrujo que generan los sanfermines en todo el mundo, y no es una frase hecha. Sino se ha vivido en Pamplona entre el 7 y el 14 de julio, esto se convierte en un aliciente, en un deseo que se quiere satisfacer casi de por vida, hasta que se consigue un día vestir de blanco y lucir el pañuelico rojo. Pero hasta entonces, y después, los encierros son un rito para empezar el día en las fechas ya citadas. Levantarse o empezar en el trabajo con el sonido de los cencerros y las voces que provocan la emoción del toro, el toro en la calle. Un rito de uno no sabe cuánto tiempo y el que lo quiera saber, que consulte los libros en los que se detallan las crónicas de correr los toros por la calle. Esa emoción del toro y de los mozos conduciéndolo hasta la plaza. Carreras a cuerpo limpio, con la única ayuda de un periódico enrollado y el saber correr, que eso es muy importante; esto no va solo de echarle una carrera al animal, no se trata de llegar antes, la cuestión es templar las embestidas y conducirlo, porque si de ir más rápido se tratara, que sepan que cuatro patas corren más que dos.

Pero los que llevamos viendo encierros desde... desde hace mucho, desde que nuestros mayores nos levantaban de críos muy temprano, antes a las siete de la mañana, y después del encierro, otra vez a la cama, que un niño tenía que dormir sus horas, para estos ancestros era ver si un toro miraba mal, si hacía por el que se cruzaba, si estaba queriendo enterarse de todo lo que allí pasaba. Peo ahora las cosas han cambiado y de qué manera, aparte de la hora, esa masa de gente que parece la calle Preciados de Madrid en Navidad; no sé cómo puede nadie dar un paso y mucho menos pegarse una carrerita. Que muchos dirán que han corrido el encierro, pero sin ver al toro, que si alguno pilla un pitón y puede hacerse su tramo, ya puede ir a ponerle una vela al santo, que le ha tocado el gordo de San Fermín. Mucha gente, unos, no demasiados, de blanco y con el pañuelico rojo al cuelo, pero luego están los de las camisetas de colores. Del Athletic, la Real, la Penya Taurina de Ribaretjes, los de los Bous de la Mayaeta, los amigos de un pueblo de Soria, los defensores de la Tercera de Madrid, los del Club de Atletismo la pértiga azul, los de... Si es que son tantos. Y cosa curiosa, no sé si se ven camisetas de Osasuna; curioso, ¿no? Pues es para pensarlo. Y todos, todos, corren que se las pelan, los corredores, los cabestros, los toros y al final el encierro se resume en muy pocas palabras, gracias a los “expertos” de la retransmisión. Que cuanto se echa de menos a aquel señor que ya no corría, pero que vivía el encierro desde el micrófono y nos lo hacía sentir a todos. Ahora el encierro se reduce a dos minutos y veintitrés segundos, la manada agrupada o fragmentada, porque dos se han descolgado después de haberse caído en mitad del recorrido. Y el “experto” en cuestión te suelta sin despeinarse, que tampoco es que pueda, que los toros han sido nobilísimos, como si eso fuera una virtud. Que ya puestos, que los saquen de los chiqueros y los lleven al programa de Chenoa, a ver si los adopta una familia. Pero, ¿a qué punto hemos llegado? Eso sí, mires por dónde mires, cuesta saber que sucede por las tardes en el ruedo de Pamplona, si acaso que fulano o mengano han despojado a uno de esos nobilísimos de por la mañana. Y como siempre sucede en esto de los toros de hoy en día en su relación con la sociedad, no sabremos lo que pasa en el festejo vespertino, pero si hay una pancarta, sea la que sea, si hay un tipo con el pelo verde o si a alguien se le ocurre desafinar con el “Sigo siendo el rey”, paran los noticiarios y te lo ponen en primera plana. Realmente, ¿eso son los sanfermines? ¿Ojo! Que nadie piense que estoy en contra de la fiesta, de los amigos que se reúnen para vivirla juntos, para almorzar, para cenar, para bailar, para acompañar a los gigantes y cabezudos, que hay tiempo para todo y para la alegría, mucho más. Pero lo que cuesta asimilar es el trato que se da a todo lo que tenga que ver con el toro, de lo que los principales perjudicados es posible que sean los propios aficionados navarros, los que es posible que sientan que se les está arrebatando algo muy suyo y que les cuesta entenderlo tal y como es todo esto ahora. Pero tampoco querría ponerme a opinar por boca de otros, simplemente es lo que a uno le cuentan amigos que sé que aman al toro y su fiesta y que puede que también les rechine eso de reducir algo tan lleno de matices al dos minutos y veinte segundos, con la manada agrupada.


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sábado, 11 de julio de 2026

Entender la Neotauromaquia

A veces, muchas veces, es escuchar a los eruditos de la Neotauromaquia y uno no puede evitar pensar que le están colgando un muñequito en la espalda.


Los tiempos son cambiantes, pero no siempre es fácil avanzar a la velocidad que estos nos quieren marcar. Por ello se hace imprescindible acudir a fuentes bien formadas e informadas que nos guíen, que nos tomen de la mano y nos lleven por esos vericuetos que para los simples mortales se nos hacen realmente intransitables y que tarde o temprano nos harán desembocar en un abismo por el que nos despeñaremos sin remedio. Pero en esto de la tauromaquia tenemos a un sabio que siempre nos ofrecerá un candil al que seguir, siempre podremos alumbrarnos con la luz que tanto nos ilumina, la del profesor Cienfuegos, el doctor don Arsenio Cienfuegos Aguado, Catedrático en Arte Abstracto en la Universidad de Chesterton de Virginia del Norte, ¿o es del sur? Y él, siempre al quite, en su permanente proceso de observación de la realidad, nos ha hecho llegar una serie de palabros, adjuntando su docta y desinteresada explicación. Quizá estos nos ayuden a entender mejor sucedidos que acontecen en muchos ruedos del mundo mundial. Y sin más demora, vayamos al tema.


  • MulillEuros o AcemilEuros: Son esos encargados de conducir las mulillas en ese momento en que se requiere su presencia para arrastrar al toro. Pero, cosas de la vida, hay días en los que queda en evidencia esa capacidad suya para precisamente conducir las mulillas. Que de repente estas retardan inexplicablemente el paso, llegando con mucho esfuerzo a alcanzar la velocidad crucero de un caracol. Que justo suele coincidir cuando en los tendidos aparecen un puñado de pañuelos, no importa si muchos o pocos; entonces bien parece que las acémilas quedan hipnotizadas por ese albo blanquear de lienzos, a veces sábanas, y que nada, que no avanzan. Que hay quien dice que esta calma calmosa es recompensada monetariamente por... por alguien. Y si estos, los encargados de las bestias, acceden a recibir papeles de colores por la tardanza, entonces se convierten inmediatamente en mulillEuros y acemilEuros. Pero que nadie intente opositar a tal función, que según dicen, los puestos están más que cogidos.

  • Asaltaplazas: Aunque no parezca que pueda entablarse relación alguna con la descripción anterior, parece que están más ligadas de lo imaginable, pues son estos señores y su entorno los que alimentan a los primeros. Estos caballeros se caracterizan por quizá haber vuelto del revés el sentido de la profesión de matador de toros o novillos y su único aliciente en este mundo sea el de ir acaparando despojos allá por dónde se hagan presentes. Y para conseguir este fin valen todas las artimañas posibles. Aparte de practicar con entusiasmo el destoreo y dejar de ser matadores de toros o novillos para convertirse en matarifes, gozan de una corte de colaboradores que se entregan a la labor de asaltar plazas con verdadero entusiasmo. Hay colaboradores que bienean desde la barrera con voces y más voces, sin otro fin que buscar que el resto de presentes se contagien de este impostado entusiasmo. También está el que se planta para no dejar avanzar a los mulillEuros y acemilEuros, que encantados de la vida, se paran a esperar. Y claro, entre interrupciones, clama desesperante y vocinglerío, hay quien saca el pañuelo despojeador y despojo al canto.

  • Presiausente: Aquí nada está sin razón, todo está conectado por una fina línea de intereses, en la que todos salen ganando, menos el aficionado y por supuesto, la fiesta. Este señor es un caballero que colocan en el palco, sin otra obligación que dar a troche y moche muchos despojos. Que solo tiene que atender los caprichos de los asasltaplazas y demás miembros de esa inescrutable nebulosa de taurinos que miden sus escrúpulos, de acuerdo a la valía de los billetes. Que el aficionado puede llegar a pensar que por momentos parece que los palcos están vacíos, que no hay nadie que haga respetar el reglamento, la fiesta y la integridad de esta. Pero sí, sí que hay alguien allí subido, aunque no lo parezca. En la mayoría de los casos, los palcos están ocupados por un presiausente, y así va la cosa.

  • La gasolinera, suerte de la: Esta es una suerte muy practicada por jóvenes y mayores, por nóveles y expertos en eso de atorear destoreando. Que se supone, o eso dicen, que el primer tercio, la suerte de varas es una fase fundamental durante la lidia, que los actuantes tienen la obligación de llevar la lidia con corrección. Y en esto se incluye el que pongan al toro en suerte, llevándolo con el capote y dejarlo frente a frente con el caballo con un recorte. Pero, ¡dónde ha quedado eso! Resulta muy habitual que el responsable ni lo lleve, ni lo ponga en suerte, que lo deje allí al toro abandonado, allí dónde a este le parezca mejor, y no dónde decida el de luces. Allí lo dejan abandonado, como el que abandona a un perrillo en una gasolinera cuando la familia se va de vacaciones y la mascota se convierte en una molestia; molestia como es el toro para el que no sabe qué hacer con él, ni por dónde echarle mano.

  • A planchagayola: Se oye con cierta frecuencia que el que un matador se vaya a la puerta de toriles a esperar a su oponente es una declaración de intenciones, cosa que nadie puede discutir, porque nadie está dentro de la cabeza del ejecutor para poder saber si esto es así o responde a otras cuestiones. Que allí que van todo decididos supuestamente a dar una larga de rodillas según se les viene el animal de frente, pero en demasiadas ocasiones eso de dar el lance de rodillas, permanecer de rodillas, levantarse y dar comienzo a la lidia, es pedir demasiado. Y el resultado muta y el recibidor en este caso según ve lo que sale del túnel oscuro, tira la tela al viento y él se lanza en plancha como si pretendiera darse un atragantón de tierra. Y todo queda descompuesto y sin gracia, pero tranquilos, que el entusiasmo de muchos de los presentes hará que se jalee ese atragantón, como si la larga la hubiera ejecutado el mismísimo Guerrita.


Y hasta aquí la contribución del profesor Cienfuegos para que podamos entender de la mejor manera posible e imaginable esta neotauromaquia que demasiado a menudo no es algo indescifrable, que lo es, sino que se convierte en algo absolutamente atragantoso o atragantable, pero bienvenido sea todo lo que nos ayude, dentro de nuestra ignorancia, a Entender la Neotauromaquia.


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viernes, 3 de julio de 2026

Para ganarse el cielo

A veces lo soñado y lo que provoca el sueño no coinciden


Hay días y días. Días en los que un festejo es largo y pesado, un día en el que no hay nada de nada y aún menos, días en los que nada es lo que se podría esperar. Y luego hay otros en los que a lo mejor no se alarga demasiado la cosa, comparándolo con otras tardes, pero que se hace eterno. Y esto pasó en este nuevo “Cénate las Ventas”, que con solo, ¡solo! Dos horas y cuarto, parecía aquello un penar por los siglos de los siglos en el purgatorio. Que para cuatro que deciden perderse el “fúrgol”, van y les endiñan una noche en la que las sales de fruta y los antiácidos eran pura necesidad y no por la grasaza que te servían como si fueran delicias divinas. Eso sí, también les digo que todo depende de a quién se le pregunte, que uno subía la cuesta de Alcalá de vuelta a casa y escuchó a unos señores a la espalda tan felices con no sé cuáles de los novillos lidiados y que si no es por el viento... que si no es por este, igual habríamos descubierto a Mazzantini, el Guerra y Antonio Fuentes redivivos.

Pero ya sabemos cómo va esto, que los hay que si el animalito, cuanto más desgreñado, mejor, acude al trapito bobaliconamente, eso es bravura. Que si es capaz de llevar al peto y que le apoyen el palo, a nada que tire un derrote es un dechado de bravura. En banderillas no es que se fijen mucho, a no ser que alguno realice un supremo ejercicio gimnástico. Y en el último tercio, pues qué se puede decir, que al estar atropellado, pegando respingos, carreras y más carreras, le llaman estar en novillero. Cuanto más se abuse del pico, más técnica, como si ahora la trampa fuera eso, técnica y no fraude. Que después de mil trapazos te sueltan que el “shaval” ha estado para repetirlo. Sí, para que repita, pero en la escuela, desde primero de toreador hasta el último curso. Que me gustaría ver qué pasaría si a los alumnos les pusieran a todos un antifaz, que nadie supiera el trabajo o la hacienda de los padres, que solo se les midiera por lo que hacen y no por lo que los ponedores pudieran ofrecer, a ver cuántos prosperaban en esto del toreo. Y para cerrar, lo de la espada, si se pega un bajonazo es que se ha tirado como un rayo. Y si pincha una vez y otra y otra y... y además no atinan con el verduguillo, es que el animal se ha movido, no ha colaborado con su propio sacrificio. Ya digo, que hay que mirar a quién se le preguntan ciertas cosas. Si usted quiere felicidad y alegría, busque a un profesional de estos, pero si quiere otra cosa, aunque lo que vaya a escuchar no sean fiestas, pues... Usted verá.

Que a todo esto, el castigo de este jueves era una de López Gibaja, justa, justísima, alguno más caprino que bovino, aunque bobinos eran todos. Demasiado anovillados. Demasiado mansos, pero mansos sin nada, sin sustancia. Que andaban por allí, que acusaron la inoperancia de los novilleros, que iban a pegar derechazos y naturales y si el novillo se les iba escapando, pues solo les daba para intentar seguir arreando trapazos. Que a ninguno se le ocurrió no solo eso de poderles macheteando por abajo, sino que ni tan siquiera fijarles. Como es la norma, les dejaron a su aire y a ver si luego cazaban dos o tres trapazos jaleados por el personal; pero que mala suerte, había “fúrgol” y el paisanaje y la cla se habían quedado a ver la roja y los que acudieron, pues que o aplaudían o merendaban, que todo tiene su momento. De los picadores, pues hubo alguno que hasta se propuso zurrar al novillo, aunque rápido se le quitaban las ganas, mientras otro debió donar la paga del día, por no habérsela ganado con el palo y gracias que no le cobraron por darse un paseíto en el penco.

Si hablamos de los actuantes, pues igual acabamos poniéndonos tan pesados como fue la noche y no es plan, nadie se merece tal castigo, aunque claro, si ustedes me cuentan el “fúrgol” ¿no les voy a poner contar el...? Pero no. Cristian González, Juan Alberto Torrijos y Jairo López fueron una muestra de lo que es esto en la actualidad, unos muermos incapaces a los que las palmas solo les engañan y los “bieeeejnn” solo les distraen. Torpes, con las trampas muy bien aprendidas, que hasta parecen saber que son trampas, porque a nada que les corrigen desde los tendidos, bien que intentan ponerse. Las diferencias entre unos y otros, pues que Cristian González insiste e insiste en martirizar a los presentes, pero dando muchas voces, jaleándose solo, que hasta un ole se dedicó. Eso es tener ánimo. Muy alborotado, pero animoso. Juan Alberto Torrijos desplegaba un porte como si acabara de descubrir el toreo al mundo, no descubriendo otra cosa que el destoreo enganchado, aunque no fue el único. Y como la cosa no avanzaba, pues el arrimón, pero esta noche no pareció ir a la plaza ese “afisionao” que en mitad del silencio, o de la siesta generalizada, se arranca con una solemne ovación que arrastra a más de uno que despierta de repente y como ve que aplauden, aunque no sepa de qué va la cosa, pues aplaude también. Y no se atreve a preguntar el porqué, porque lo último es reconocer que se estaba pegando una plácida cabezada. Y Jairo López, pues quería dejar clara su voluntad de triunfo, pero... alguien le chivó cuales son los resortes para encender al personal, pero no le debieron contar ni cómo, ni cuándo ponerlos en práctica. Que ahora de rodillas, que me achucha y de pie, venga a alborotarse con la pañosa, que si me pego un arrimón, que si un “¡Viva México!” que si me voy a portagayola para tirarme en plancha, que si una larga de rodillas en el nueve y ya acaba de darla y el novillo aún no ha llegado a jurisdicción, que si más de rodillas, que si me retuerzo exagerando la pose, que si arrimón ¡Qué suplicio! Que esto era como un partido de “fúrgol” entre el Desganaos FC y el Racing de los Sin Sangre, con prórroga, tres prórrogas y sin penalties, no fuera a ser que ahí hubiera emoción. Y es que al final, a los cuatro y medio que se acercaron a la plaza solo se les podía decir que habían ido a las Ventas para ganarse el cielo.


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martes, 30 de junio de 2026

Modernidad per tutti

Hay términos que hay que explicar muy bien y aún así...


Resulta innegable la expansión de la nueva tauromaquia por todos los rincones del arrabalero y hortera mundo de la modernidad. Esto hay que reconocerlo. Que antes se hablaba de toros y hasta se daban clases prácticas en lugares como las peluquerías, dónde el barbero, antiguo pretendiente a vestir de luces y renco desde entonces por un mal golpe, aireaba las toallas, delantales y cepillos a modo de estoque. Te pones así, citas al toro y a su arrancada respondes adelantando la pata, así... y un rotundo olé de los parroquianos llenaba la barbería. Hoy... hoy igual esto no es posible, primero porque no hay peluquero que por un mal golpe de un eral renquee de remos. En estos días, a todo lo más, llegamos a que unos jovenzuelos monten un botellón en un tendido, ya haya toros, toras o lo que les pongan, porque lo que importa es que haya para beber, para comer, para bailar y si además nos ponen al ídolo oficial al que adorar, ya tenemos el menú completo. Ellos se manejan a las mil maravillas con una terminología nueva para oídos añejos, terminología y doctrina que inunda sus orejas, que no oídos, desde las teles del sistema. Pero claro, también está el que acostumbrado a otras cosas, a otra fiesta, no sabe cómo calificar lo que sucede en los ruedos y califica las cosas su libre entender. Pero esto no acaba aquí, ¿y cómo hacer que esta forma de llamar a las cosas se entienda más allá de los Pirineos? Difícil empresa y por eso no ha habido más remedio que echar mano del saber y conocimiento del conocido filologotaurómaco don Arsenio Cienfuegos Aguado, Catedrático en Arte Abstracto en la Universidad de Chesterton, Virginia del Sur... ¿o es del norte? El ha sido capaz de poner negro sobre blanco ciertos palabros que algunos utilizan con absoluto descaro. Vamos a ello, a la definición y a su traducción a la lengua de monsieur Jean Baptiste, Moliere para los colegas.


  • Mantazo: Dícese de cuando un señor portando un capote lo menea al aire como se menean las mantas con la llegada de la primavera y antes del invierno, en previsión de desalojar a las polillas allí acomodadas. Hay casos en que esos zarandeos provocan pequeños remolinos en el aire, aunque sin peligro para las personas por causa de enfriamientos, aunque si para la condición del toro, que al no verse toreado, puede responder escapando para corretear por la plaza, quedándose corto para sucesivos mantazos, echando la cara apuntando a las nubes.

  • Telonazo: Llámese tal a cuando el señor que toma la muleta se planta muy garboso él y, sobre todo al inicio del trasteo, llama al toro y sin intención de torear, levanta la pañosa como dando comienzo a una función teatral, cómica o tragicómica, sin importarle adónde va el animal al que le han retirado la tela de repente. No confundir con un ayudado, en el que el caballero sí que marca el viaje que desea que siga el toro. El telonazo suele ser celebrado por muchos, tanto, que hasta son capaces de interrumpir el botellón por aplaudir, perdiendo el sentido cuando esta retahíla de pases se corona con uno del desprecio; ahí ya es el acabose. Imprescindible que en los telonazos no se tenga en cuanta ni la condición, ni las necesidades del toro. El telón se tiene que levantar y punto, ya saben, the show must go on.

  • Trapazo: Estamos frente a la cima, la cumbre de la modernidad. Quizá hasta sea un atrevimiento intentar describir el trapazo ajustándose a la realidad y dejando de lado ese parloteo vacío de este movimiento imperante. Esta artimaña se ejecuta tanto con la diestra, como con la zurda, pero con la participación de todo el cuerpo. Para un trapazo sublime es recomendable colocarse bien apartado de la posible trayectoria del toro, estirando el brazo ejecutor hasta que el hombro en cuestión casi quede descoyuntado. La muleta, cogida todo lo atrás que se pueda, se coloca torcida, esto es, casi perpendicular a la testuz del toro y ofreciendo solo el extremo de esta. Una vez se arranque el animal, con la punta, el pico, entre los dos pitones, dejando uno fuera, por supuesto, se mueve el brazo describiendo una línea recta, sin tener en cuenta por dónde ande el animalito, que se supone que, con la inercia, también irá en línea recta, llegando hasta el punto en que él mismo, y no el de luces, decida. El final puede resolverse de dos formas, una, largando tela al aire, allá dónde llegue. La otra es a mitad de... de esto, pegar un giro brusco a la muñeca como si abriéramos una ventana dando un portazo, o más propiamente dicho, un ventanazo. Y a continuación, si queremos darle enjundia al trapazo y demostrar la inutilidad y nula efectividad de este, el actuante deberá pegar un respingo, como si le diera una descarga eléctrica y echar a correr para prepararse para el siguiente trapazo. En ocasiones el toro no pasa, pero esto es lo de menos, en estos casos, aunque lo que importa es que el toro pase, si no pasa, será el autor del trapazo quién se moverá y correrá antes del supuesto fin del trapazo, en dirección opuesta al viaje del toro y si es a refugiarse detrás de las orejas, mejor, que mejor. Que la cosa parece difícil de entender, pero le digo que esto en la práctica se ve en nada y menos. Vamos, que no tiene misterio, el misterio es saber por qué se entusiasma tanto el personal con tanto trapazo.

  • Trallazo: Aunque los trallazos se dan mayormente con la muleta, también se podría decir que se pueden perpetrar con el capote y si no, siéntense a ver a la modernidad dar gaoneras o cualquier quite aireado y bien aireado. El trallazo es ejecutar con suma rapidez, que en el momento en que el toro se arranque, pegar un tirón, cuanto más violento, más trallacero. Que si se consigue alborotar al toro o que su alboroto no disminuya, mejor que mejor. Que si nos detenemos en el cóctel que se produce al mezclar trallazo con trapazo, lo siguiente y que le pide el cuerpo a los aficionados añejos es subirse al palo de la bandera y... y gritar mucho y muy alto. Pocas cosas más vistosas que un trallazo a la velocidad de un sputnik.

  • Banderazo: Por norma general, esto describe muletazos por alto, pases de pecho, supuestos ayudados, todo por alto, con la principal característica de obviar la presencia del toro y solo esforzarse en agitar el trapo al aire a modo de señalero, guardamarina de las naos a vela. El mayor peligro de esta práctica, aparte del vendaval que se puede ocasionar con tanto zarandeo y sacudida de telas, es el confundir a algún navío que transite por las inmediaciones de la plaza, que no entienda el mensaje emitido por el señor de luces y que provoque que la nave encalle y naufrague frente a las costas del coso. Algo quizá poco creíble, pero que confirma el hecho de que durante varios festejos en la plaza de Madrid, se registraran varios choque y hundimientos de las barcas del Parque del Retiro. Y decía que esto mayormente es atribuible a los muletazos por alto, pero no se debe desdeñar a esos que calzan las rosas, que un natural o un derechazo lo acaban, que no rematan, tan arriba, que lo convierten en un soberbio banderazo. Y es que la modernidad, por mucho que se ponga el aficionado en lo peor, no tiene límites para sus ejecutores.

  • Descaradísimo: Este término puede acompañar a todos los anteriormente descritos y no hace referencia a ninguno en particular, pero a todos en general y es cuando el artista en cuestión y sin el menor pudor, exagera todo lo anterior sin tan siquiera sonrojarse y haciendo alarde de lo que él se piensa una obra de arte, no siendo otra cosa que la culminación de la vulgaridad y la total ausencia de eso que se llamó gusto y vergüenza torera, pero estas son palabras casi en extinción en esta modernidad que nos devora.


Quizá pueda haberles sabido a poco esta sucinta exposición de estos términos que solo pretenden describir lo que sufrimos y la voluntariosa traducción a otra lengua no sé si le aclarará algo a alguien, pero es lo que sucede con este fenómeno, aunque lo que está claro es que aquí hay modernidad per tutti.


PD.: Este escrito está especialmente dedicado a mi amigo Serge y espero que esto le ayude a encontrar un término paralelo en esa lengua que ignoro y muy a mi pesar, ya me gustaría.



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viernes, 26 de junio de 2026

Una de bravas, dos Chateau del Trapazeao y... ¿a alguien se le ha escapado el gato?

 

Y el que no se divierte es porque no quiere, que facilidades las dan todas.

En un ambiente festivo, alegre, familiar, distendido y muy poco taurino, ha dado comienzo la feria de la tasca en las Ventas 2026. Que olores, que aromas, que... Que no pase usted botellas de cristal a la plaza, que ya en la puerta un funcionario se ocupaba de evitarlo. Que las almas candorosas pensarán que es para evitar posibles males mayores; pero los no tan cándidos igual iban más por la idea de que la gente consumiera en el Tascuzo 2026. Allá cada uno. Y entre zampa y zampa, que como aderezo, no como elemento principal, resulta que echaban unos animalitos al ruedo y unos caballeros vestidos de colores se entretendrían con ellos, a ver si en una de estás les regalaban un despojo y ya hacíamos la juerga completa. Que está preparado que te mueres, las tapas, el alcoholazo y de postre la Discoventas a todo lo que dé ¿Qué podía salir mal? Pues nada, cómo iba a salir algo mal. Pero sí, resulta que en medio de un permanente molesto bullicio, a alguien, parece que a muchos, se les ha escapado el gato y toda la plaza llamando al gaterío con un atronador ¡Ssssssssshhh! Y el gato que no aparecía y otra vez ¡Ssssssssshhh! O lo mismo... y si resulta que no fuese que Robespierre se le hubiera escapado a un desconocido y que los del siseo fueran aficionados al tenis. Pero no creo, no había pelotas.

Pero dejemos de lado las bravas, bastante más bravas que los novillos, esa delicia del Chateau del Trapazeao y... ¡Ssssssssshhh! Y si nos dejan, hasta el gato que no parece haber sido encontrado. Ganado de los Chospes, alguno de una sin caballos, otros justitos y nada más y el quinto que al lado de sus hermanos parecía el padre de todos. Oiga, que comportamiento tan parejo, todos mansos, pero mansos de la mansedumbre. Eso sí, tampoco han tenido los mejores colaboradores en los tres espadas, Álvaro de Chinchón, El Mene y Félix San Román. Que si tienen algo ahorrado, para el año que viene se podían montar su tascuzo para este certamen tan, tan, tan poco inspirador para los aficionados a los toros. Eso sí, que no lo monten de sardinas, porque con tanto gato suelto, a ver quién protege el género. Lo de los caballos, pues será una atracción más para este público tan, tan, tan particular, el ver unos pencos paseándose por el ruedo con unas faldas taloneras. Anda que los de los Chospes no han pegado derrotes a la guata y el que no, pues sencillamente se dejaba picar en mitad del lomo, de la paletilla, dónde cayera. Y que griterío, sin importarles espantar a los gatos; ¡Ssssssssshhh! Que fijación de los novillos con irse a tablas, con buscar la puerta de toriles, con escapar para que el maestro fuera detrás. Aunque los maestros...

Álvaro Chinchón no solo no sabe dónde colocarse durante la lidia, que a lo más que llega es a plantarse como un plantón a ver qué pasa y cuando se cansa, pues se quita la montera para pedir el cambio ¡Tan difícil! ¡Tan complicado! ¿Cuesta tanto decirles a los futuros figuras que aquí no se desmontera uno para pedir el cambio? ¿Que en su pueblo sí? Pues cuando vayan para allá, ya saben. Pero lo de la montera ya es casi lo de menos, lo peor es la absoluta ausencia de conocimientos y recursos taurinos del espada en cuestión. Que aparte de banderazos, ventajas, quedar siempre fuera, los enganchones, las... lo de siempre. Incapaz de conducir una embestida y así le pasa, que a nada se ve complicado, se queda a merced, con lo peligroso que es esto. Que si al menos supiera llevar un toro con el capote, por ejemplo para ponerlo al caballo, igual podría ser hasta un digno peón, pero permítanme que lo dude.

El Mene, el que iba para figurón, pues... Que nadie le ha contado de qué va esto, ¿no? Que no intenta ni fijar a un novillo, solo el darle mantazos, a ver si se pone bonito, pero que no lo logra, ¡oiga! Que le sale un manso de libro y él, que debió escuchar campanas en algún sitio, va y lo pone para una segunda vara de lejos. Pero, ¡Chico, fíjate un poco! Pero que no ha manera. El animal pronto decidió refugiarse en tablas, después de correr y correr por el ruedo, y ya no hubo manera, se empezó a defender y acabó parado como un marmolillo. El quinto era como un burro, pero con cuernos, pero por esas cosas de la vida o por las bravas o por el Chateau del Trapazeao, que la gente dejó de llamar al gato, ¡Ssssssssshhh! Y empezó a jalear los enganchones, el que el borrico no pasara, el recolocarse a cada trapazo, ese encimismo tan poco... ¿cosmopolita? Y que hasta hubo quien pidió un despojo. Pues para él, buen provecho; por la oreja, claro, bueno y por las bravas y el alcoholazo trasegado en la noche.

El tercero era Félix San Román, que dejó claro, pero muy claro, que lo suyo puede ir más por lo de montar un tascuzo con sus compañeros de terna, que por eso del toreo. Que hasta nombre tienen ya: “Los Reyes del Trapazo”. Aunque no me extrañaría que el nombrecito ya estuviera registrado, hay demasiados candidatos. Pues resulta que el madrileño parece que tiene voluntad, pero muy poca destreza. Que si recibir de rodillas con una larga es una declaración de intenciones, se lo damos por válido, pero el que ya te enganchen el capote a las primeras de cambio es también una declaración de aptitudes, pocas o casi ninguna. Que posturas pone, sí señor, pero posturas de corista de opereta francesa alrededor de la vedette. Trapazos con el pico, muy, pero que mu descarado, echándose al toro fuera. Luego un arrimón y punto, en el tercero. En el sexto, pues intentó lo mismo, pero en este caso el manso no le dejó, que el animal no estaba para juergas. Y el espada detrás, a ver si te pego un trapazo, a ver si me planto para una foto y venga detrás del animal; que se pegaron vuelta y media al ruedo, pero no vuelta triunfal, ni mucho menos, uno escapando y el otro poniéndose ya pesadito y los gatos sin aparecer ¡Ssssssssshhh! Con el ambiente festivo, alegre, familiar, distendido y muy poco taurino que había y que los gatos seguían huidos. Y no me extraña, que lo mismo es que se olían el percal y no querían pagar los platos rotos. Aunque lo mismo aparecieron en la Discoventas, que no me extrañaría, al menos para echarse un bailecito. Pero algunos aún estaban en lo importante, en lo sustancial, en lo que la empresa anuncia con tanto entusiasmo, y seguía oyéndose esa música celestial del Expo Tascuzo 2026, una de bravas, dos Chateau del Trapazeao y... ¿a alguien se le ha escapado el gato?


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domingo, 21 de junio de 2026

A ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado

Deseandito estoy de apuntarme a un cursillo para saber cuándo y a quién aplaudir, que así no podemos seguir.


Ya volvimos a la rutina de la rutinaria temporada de Madrid. Vuelta a los autobuses, vuelta a la plaza casi desierta de aficionados de Madrid y ocupada en parte por paisanos, seguidores y amistades de los actuantes. Que dirán muchos, agarrándose a este clavo ardiendo de unos tendidos demasiado despoblados, que es que la temporada no interesa, que no es rentable, o que no es rentable, porque no interesa. Pero, por favor, no se hagan trampas al solitario, que la temporada claro que interesa, pero si esta la componemos con carteles infames, con carteles que solo interesan, y no por el contenido taurino, sino por otras causas, por otras afinidades ajenas a lo puramente taurino. Si el interés reside en que acudan los paisanos, los partidarios o los amigos, mala cosa. Que si se confeccionaran carteles de interés y la empresa se preocupara de publicitarlos, igual otro gallo nos cantaría, pero no, porque entonces se les des montaba el argumento de que la temporada no interesa. Que suena a galimatías, pero todo se reduce a que esta empresa, auspiciada por la Comunidad de Madrid, solo quiere dar festejos con sus figuras y con los toros de estas figuras, sin importarles lo más mínimo ni la plaza, ni la afición de Madrid. Y si no, echemos un vistazo al cartel de la noche en cuestión, toros de Valdefresno, con dos parches de Couto de Fornilhos, sin entrar en juego y presentaciones, para Juan Pablo Sánchez, Cristian Pérez y Alejandro Peñaranda. Que hay que ir con la mente muy en blanco, con el espíritu absolutamente virginal, como para pensar que se nos avecinaba un festejo de época. Eso sí, si usted es del grupo de los paisanos, seguidores y amistades de los actuantes, entonces ya me callo, que uno no es nadie para entrar en cuestiones personales de cada uno; o quizá sí, sí, si alguien de esta gente me obliga a que me guste y aplauda a su paisano, seguido y amistad actuante, entonces la cosa cambia. Que ustedes no se lo creerán, pero está muy complicado eso de ir a los toros ahora a las Ventas, que antes tienes que conocer las relaciones de cada uno con cada uno. A este se le puede protestar y además, se le debe protestar; a este no, que es colega, a este, ni fu, ni fa. A este otro... Que uno no sabe a qué atenerse. Que antes, los legos en la materia echábamos un vistazo al líder que nos amparaba y ya sabíamos, si él aplaudía, todo quisque a batir palmas, si él se quedaba mohíno, todos mohínos. Y así nos orientábamos, pero es que ahora no hay quién se aclare, que hemos perdido a nuestro líder espiritual, que el gps del “afisionao”, nos ha dejado de funcionar, que vamos a devolverlo porque no va y nos dicen que aquello es un convento de clausura.

A ver qué decimos de lo que ha salido por toriles, que si decimos que la presentación a veces no ha llegado ni a justa, igual no deberíamos, pero es que no ha llegado ni a justa, que alguno, como ese castaño, era lo que por tierras del ganadero llaman un vaco. Corrida mansa, pero de manual, a lo que hay que añadir que los maestros han carecido de todo intento lidiador. Les dejaban a su aire y que se apañaran, que ellos habían ido a sentirse a gusto. Mansos en el caballo, tirando derrotes cuando no saliendo de najas, sueltos, sin que nadie hubiera hecho por fijarlos mínimamente, aunque fuera intentar echarles un capote al suelo; que igual no se habría conseguido nada, pero al menos así veríamos que ni por esas. Mal picados, aunque el personal hasta ha aplaudido a uno de aúpa, por un picotacito en el segundo encuentro, después de haberle pulverizado los lomos previamente. Solo en el quinto, Santiago Pérez, ha picado aguantando a ese que daba muestras de manso. Le ha hecho la carioca, sí, pero ha impedido que se le fuera del peto, que ya era mucho pedir. Que los recursos hay que utilizarlos cuando son necesarios y no convertirlos en norma. Que dirán que qué barbaridad es esta, pero es que les confieso que en ese momento no he podido fijarme en lo que decidía nuestro líder. Que a uno le ha dado por ponerse a comentar lo sucedido con los compañeros de localidad. Y así pasa, que no estamos a lo que teníamos que estar y nos enredamos con lo que sucede en la arena. Mil perdones.

De los actuantes, a ver cómo me explico yo sin ofender, si es que no he ofendido ya lo suficiente. Juan Pablo Sánchez, pues a lo de todos, que si me lio a pegar trallazos con el trapo al bies, que si enganchón por aquí y por allá, que si ahora me recoloco y después también. Que si voy de aquí para allá con la muleta en la mano y el toro va a su aire, para al final no decir nada de nada. Cristian Pérez ha entusiasmado a muchos, con los defectos de todos, con una incapacidad más que manifiesta, pero según dicen, le pone mucha voluntad. Pues cuidado, que con tanta voluntad y tan poco conocimiento, con tanta actitud y tan escasa, nula, aptitud, cualquier día se puede llevar un disgusto. Que estamos en la de siempre, que ahora en Madrid se aplauden las carreras, la incapacidad con los engaños, que lo que no se hace con la pañosa, hay que corregirlo a base de carreritas. Que los enganchones, abusar del pico y los trallazos se aplauden como si fuera toreo, sin ser otra cosa que destoreo. Que en su primero, al que aburrió, le dio trapazos y más trapazos hasta que el animal acabó buscando las tablas descaradamente. Y tras una estocada trasera y caída, aunque remoloneando, el del palco le regaló el despojo. Cómo aplaudía la masa, que con eso ya les valía la pena el viaje hasta las Ventas. En su segundo quedó más evidente esa falta de aptitud, con un toro con un pitón derecho que o se triunfaba o te comía, porque exigía mando, toreo y nada de trapazos al aire. Pero en la primera tanda ya se le vio a Cristian Pérez muy, muy perdido y al segundo trapazo le levantó mientras intentaba huir, cayendo de muy mala manera. Entró en la enfermería y volvió a salir dispuesto a pegar más trallazos, adornos, pico y enganchones, sin parar quieto un instante, para culminar la sinfonía con manoletinas. Y habrá quién se moleste, pero solo el mal manejo de la espada impidió una nueva salida a cuestas que avergonzara una vez más a Madrid. Que lo mismo ya hay que ponerse así, unos jalean a sus ídolos pase lo que pase y otros intentamos defender al nuestro, la plaza de Madrid, sin reparar en paisanos, seguidores y amistades de los actuantes.

Alejandro Peñaranda hacía tiempo que no asomaba por aquí y visto lo visto, igual tendría que pasar una temporadita para volverlo a ver. Un prototipo de esta modernidad que nos asfixia. Su primero no quería nada con nadie, siempre buscando sus terrenos, tablas, chiqueros, sin que el espada intentara al menos doblarse para así poder entrar con la espada y no andar como anduvo, a ver si le cazaba, gazapón, acabó casi aculado en tablas. En el sexto venga trapazos y más trapazos, venga a recuperar el sitio una y otra vez, pico, brazo largo, que ni el iniciar de rodillas le valió para calentar los ánimos, sobre todo y en ese trance acabas liándote tú solito. Pero al final uno se queda que no sabe si sorber o soplar, que esto de ir a los toros nos lo están complicando más de la cuenta. Unos que solo íbamos a ver toros y a ver torear, ahora te tienes que enterar de demasiadas cosas ajenas a lo que sucede en la arena, así que urge que nos guíen, que nos marquen el camino y a ver si me explican cuando protestar y cuando aplaudir cuan palmípedo amaestrado.


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viernes, 19 de junio de 2026

Esa diversión solo provoca pena

Aquella tarde en la que la conmoción se llevó por delante cualquier tipo de vacía diversión.


En esto de los toros hace tiempo que se creó una deriva al menos un tanto cuestionable y que nos está llevando adónde quizá no podíamos imaginar y que, desde luego, no deseábamos. Que empezamos con aquello del arte, todo es arte, un trapazo, un banderazo, hacer el paseíllo medio compungido, el vender almendras por los tendidos, arte, arte y más arte. Que arte de verdad es formular tal afirmación y aguantarse la risa y no ponerse colorado. Que ya me dirán si se les puede llamar artistas a los que hasta en los andares parecen ir sorteando caballones en un sembrado. Que veneno ese de querer ensalzar lo censurable. Pero es que ahora ha llegado la moda de la diversión, que hasta mente preclaras se atreven a decir que tal plaza es la más aburrida del mundo ¡Anda valiente! ¡Anda y anda y no pares! Pero eso que podría encerrar buenas intenciones, que no, lo que nos quiere decir con esa autoridad que ellos mismos se atribuyen, cómo es eso de divertirse en una plaza de toros, por ejemplo la de Madrid. Que para divertirse no hay que tener ni al toro, ni al quehacer del torero, que si nos entretenemos en eso, igual no nos divertimos; siempre de acuerdo a esos parámetros de las mentes preclaras, aunque igual sería más exacto llamarles mentes interesadas o estómagos agradecidos. Y cuidadín, que si usted, usted o usted no se divierte viendo cortar despojos, viendo a un señor ejecutando un desgarbado baile meneando telas, es que usted es un malage, un “amargao”, un “frustrao” o un antitaurino, que esta ya es la máxima categoría. Bueno, no, lo máximo es que te digan que eres un mal español. Que, ¿qué tiene que ver esto? Pues no lo sé y si ustedes lo averiguan, por favor, ilústrenme.

Que eso de divertirse es algo muy sano y que hay que practicar todo lo que el cuerpo aguante. Que uno se ha divertido como nadie en las fiestas del pueblo, en los Moros y Cristianos, en las reuniones con los amigos, en el gusano loco en el parque de atracciones, en las fiestas de Nochevieja, en las comidas y celebraciones con la familia, intercambiando anécdotas con los amigos, como aquella vez que paseando por la plaza de Santa Ana se paró un coche a nuestro lado, bajaron la ventanilla y de un coche lleno de toreros uno de ellos nos pidió un cigarro. Incluso a la salida de los toros cuando un grupito de amiguetes nos íbamos a empezar la noche. Que hasta de los toros ha brotado la diversión, pero en la plaza, en los toros... Ustedes me perdonarán.

Que igual en los toros no he encontrado momentos de diversión, pero, momentos inolvidables, todos y aún más. Y precisamente momentos en los que no se dejaba de lado la exigencia, el respeto al rito, el respeto a quién a nuestro lado nos enseñó a sentir esto como algo mucho más enriquecedor que la simple diversión. Eso es, la simple diversión, que poca ambición, con qué poquito se conforman los pobres, que con un barreño de alcoholazo y un despojo ya van listos para casita. Y mientras unos se divierten, otros solo podemos sentir pena, la pena de ver como un lugar, la plaza y el sentimiento de esta afición, se reduce a la nada más primaria. Y no intenten explicárselo, porque nunca lo entenderán, quizá porque lo primero que no entienden es la propia fiesta de los toros. Que no digo entender de toros, que eso lleva tiempo y quizá nunca se llega, pero sí entender de qué va esto. Porque resulta un imposible explicarle a algunos el que en una plaza de toros haya momentos en los que se te hace un nudo en el corazón y por mucho tiempo que pase, ese nudo nunca se libera. Momentos que años después la memoria hace que volvamos a aquella tarde, a aquel instante de inspiración en el que el arte o el poder domeñaban la casta y la fiereza, en ese momento compartido con quién hace años que ya no está a tu lado abriéndote los ojos para entender el misterio del toro, pero que cada vez que se entra por la puerta, cada vez que llegas a tu sitio, el de siempre, sigue a tu lado, en la plaza y en cada conversación en que salta el toro al ruedo de una tertulia ¿Divertido? Pues... Allá cada uno. Y ahora, con tanta diversión, tanta alegría, tanta celebración, uno ve como toda esta algarabía solo parece querer borrar esos momentos de conmoción y siente pena, una pena muy honda, tan profunda que parece querer enterrar esos nudos que atenazaron el corazón.

Explícales a estos divertidos, a estos que no faltan como poco dos veces al año a los toros, a estos que te hablan de los cuatro tercios de la lidia, a los que cuentan su arte por arrobas de despojos, que eso no es divertido. Ni lo intenten, porque además se atreverán a volverse y echarles en cara que su ídolo ha despojado a un borrego, un borrego al que usted prestó toda su atención desde que asomó en la arena y ellos solo desde que asomó el trapo rojo para pasárselo por el culo. Que a ver si eso va a ser lo divertido, pero... que no, si es que esto es como al que no le gusta el gazpacho, que por mucho que se lo metan con un embudo, que no, que no hay manera. Y como para contarles, y pretender que lo entiendan, que esa diversión solo provoca pena.


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lunes, 15 de junio de 2026

¡Agua va!

Verás como todavía nos mojamos. Y el paraguas en el coche. Mira que te dije que lo cogieras. Y yo con la permanente reciente.


Esto de los toros tradicionalmente se ha manejado siguiendo la lógica que marcaban los acontecimientos. Una lógica que solo los más insensatos se atrevían a cuestionar, precisamente porque esa lógica había superado la dictadura del tiempo con algo tan simple como lo de la prueba y el error. Las normas, los usos del toreo, han demostrado su idoneidad con las evidencias de cada momento. Una lógica al servicio del espectáculo y del aficionado, además de no dejar de lado la integridad de los actuantes; pero que nadie se equivoque, no era cuestión de eliminar los riesgos propios de enfrentarse a un toro, se trataba de no añadir más a los ya inevitables, por encima de otras cuestiones. Pero estamos en otros tiempos, otra época, otros intereses, otras prioridades. Si en otros momentos se ponía a llover como si no hubiera un mañana, si el toro estaba en el ruedo se despachaba de la mejor y más rápida manera posible y si había que suspender, se suspendía y a otra cosa. Y el personal ya sabía que con agua, no se podía torear. Que se llegaron a dar casos de salir el primero de la tarde, abrirse el cielo en dos y se daba el festejo por concluid, pero ya digo, eran otros tiempos. Y ahora, ¿qué pasa? Pues que si rompe a llover y caen chuzos de punta, se sigue para adelante. Y motivos no faltan para explicar la no suspensión. Que igual el público no lo iba a entender y se pondría de manos, porque para algo han pagado su entrada. O también puede ser que un espada decida por todo el mundo que la cosa no se para y todos a pisar charcos como infantes en un patio de colegio. Lo malo es que esto de torear, fácil, lo que se dice fácil, pues no es. Que a la complicación de mover las telas le añadimos el toro y, ¡para qué más! Y encima con la piscina del antiguo Parque Sindical de Madrid o la Playa de Madrid. Y ruego que nadie de la periferia peninsular se ría, pero sí, hubo un tiempo en que por aquí se era tan pretencioso que hasta hubo una playa y una carretera de la Playa.

Y llegamos a la “Gran Corrida Extraordinaria de la Beneficencia” La más importante del año, porque en ella actuaban los triunfadores de la feria. Lo que digo, que por favor no se rían. Toros de Victoriano del Río, aunque saliendo seis, solo pudimos ver tres, porque los del diluvio... Aunque los que quedaron en la piedra tras la estampida general que prácticamente vació los tendidos, celebraban los trapazos como si no pasara nada. Bien presentados, aunque... que flojitos ellos, de no poder con su alma, de no poderse picar los dos primeros, no fuéramos a tener un disgusto y que hubiera que devolverlos a los corrales, con el evidente perjuicio para la empresa de tantos desvelos por hundir esta plaza. Al tercero tampoco se le picó, echaba la cara arriba, pero al menos no se desmoronaba. Al cuarto no se le picó, amagaba con pelear mientras le tapaban la salida, pero debió pensar que estaba en la ducha y medio aguantó en pie. El quinto hasta puso en apuros al picador, que ya es noticia, al igual que el sexto. Si al final a esto de don Victoriano le van a poder dar un picotazo. Pero en la muleta, con las fuerzas que cada uno tuviera, más o menos iban a la muleta, unos como un burro, otros como un perrillo, otros como una babosa sosita.

De los tres triunfadores de San Isidro... sí, ¿no? ¡Ah! Que ya no, que ahora cogen a tres y punto. Y yo pensando que aquí se respetaban las tradiciones. Bueno, pues ahora instauramos la tradición del me paso las tradiciones por dónde me parezca ¡Qué bonita tradición! Que si no han sido los triunfadores, se les monta una corrida a modo y verás como salen en volandas por la puerta de Madrid. Alejandro Talavante estuvo pesado con su primer inválido, pasándose del tiempo lógico con un animal en esas condiciones. Para pegarle un sartenazo con derrame, que a pesar del lamentable espectáculo, algunos aplaudieron. En su segundo, en mitad del diluvio, se limitó a la nada habitual, trapazos con enganchones y con el pico, concluyendo su primavera madrileña con un soberbio e infame bajonazo. Y que muchos pensábamos que nos iba a deleitar con el más exquisito repertorio de plaza de talanqueras para hacer las delicias de ese público tan conformista como agradecido.

El segundo no triunfador era Roca Rey, un señor al que algunos nos resulta de difícil comprensión. Aunque resumiendo podríamos decir que todos los días que viste de luces, al menos en Madrid, se empeña en soltar todas sus vulgares triquiñuelas de golpe, sin dar un respiro a los presentes que tampoco entienden sus maneras, sus poses, sus inhibiciones y su estar en su mundo de gloria estelar. Que no se le puede negar su insistencia, pues una y otra vez nos quiere deleitar con lo mismo, ese pegar pases ventajista, con la tela atravesada, muy distante, largando tela sin sonrojo, salpicado según su inspiración, de ahora de hinojos, ahora por la espalda, ahora un enganchón, pero siempre, que no se olvide nadie, poniendo ese gesto de dolor de estómago permanente. Que buen montaje tan bien montado es este señor que no sé en otras plazas, pero en Madrid no ha hecho nada hasta el momento que poner de los nervios a los habituales del recinto; a los no habituales ya es otra cosa, que hasta los bajonazos se los celebran como si fueran una obra de arte.

Víctor Hernández sigue siendo ese torero que a pesar de todo, le siguen esperando. Que es tan modernamente vulgar como todos, que parece que torea al natural como los ángeles, si eso va de meter el pico con un descaro insoportable y largar tela en línea, cunado no estirándose con peligro para su salud lumbar. Y luego eso de no manejar la espada y esperar y esperar y esperar casi hasta el tercer aviso, con media tendida y trasera, a ver si el animal dobla, todo por no dar un mal golpe de verduguillo. Pero de todo esto no pregunten a nadie que se encuentre con la camisa solo un poco mojada, que son los que escaparon al bar a las primeras gotas. Esto solo lo vieron o los que estaban sequitos, sequitos porque estaban en gradas y andanadas, o los que fueran empapados como sopas por haber querido permanecer en el tendido contemplando a los triunfadores de la feria ¡Ay, no! Que ya no van los triunfadores. Pero estos se quedaron impasibles, por mucho que algunos vociferaran una y otra vez eso de ¡Agua va!


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lunes, 8 de junio de 2026

Ir por lana y salir trasquilado

El aficionado no necesita "in Memoriam" para homenajear a los que hicieron grande la fiesta, los homenajean todos los días en los que sueñan con el toro y los que hicieron el toreo.


Ya empezábamos la tarde recogiendo el programa de mano y la portada hacía daño a la vista, al alma y a todo aquel que tuviera una cierta sensibilidad e inquietud por el arte y la cultura, y admiración por ese polímata llamado Sánchez Mejías. Pues nada, que ponen su foto junto a la del único actuante. Que si es un homenaje a la figura histórica de Ignacio, no le mezclemos con... con nada, ni nadie. Que si ya el aficionado no entendía que hacía Borja Jiménez con seis toros en solitario y además en la corrida que se ha dado a llamar “In memoriam”, al menos no carguen las tintas. Que si para algo ha servido esta encerrona es para que los aficionados hablaran de toreros con seis toros, de recuerdos de grandes triunfos y de las condiciones que creían absolutamente necesarias para enfrentarte a un compromiso como este. Eso sí, también ha servido para recordar tantas y tantas encerronas, “gestas” que les llaman, de los que se anunciaban con la esperanza de cortar dos orejitas, una más una, dos de un golpe de suerte y salir a cuestas en triunfo y así tener la deseada fotografía del torero medio desnudado por los entusiastas macarras arrancando los alamares a tirones. Decían muchos que no veían a Borja Jiménez para seis toros en solitario; vamos, que lo que más se escuchaba era que tenía un repertorio único y que se lo endilgaba a todo hijo de vecino tarde tras tarde. Entonces, ¿qué sentido tenía semejante esperpento? Pero si hurgamos un poquito más y vemos la ganadería anunciada y luego vemos lo que ha salido por la puerta de toriles, o se entiende todo o no se entiende nada. Que los había que hablaban de que el espada tenía que despedir al veedor inmediatamente, pero, ¿y si en lugar de veedor lo que tenía era un escogedor? Alguien con capacidad y autoridad para entrar en una ganadería y decir ese, ese, aquellos dos y esos dos, cada uno de su padre y de su madre y sin importar las hechuras.

La ganadería, perdón, ganaderías anunciadas eran las de Domingo Hernández y Toros de Cortes, que creo que los propietarios no se conocen ni de vista, ¿no? Pero con lo que no contábamos era que iban a salir tres sobreros, pudiendo haber sido más, de Victoriano del Río, otro de Domingo Hernández y uno más de El Torero. Que a don José Luis González, presidente del festejo, le ha costado devolverlos, porque si un toro está inválido, está inválido y no hay que esperar hasta llegar a banderillas, a ver si más o menos cuela y tira para adelante. Eso es algo feo y que da mala sensación. Así es difícil no ser pesimista y creer que hay premeditación en lo de tangarnos vilmente. De los toros y su comportamiento, ¿qué vamos a decir? ¿Les cuento toro por toro lo que han hecho en los tres tercios? No tengo tan mala idea como para hacerles pasar por esto. Una bueyada descastada, que igual luego iban al trapito en el último tercio, como el cuarto, pero tampoco creo que esto sea para ponerle una plaza en el Batán, ¡Ay, no! Que el Batán ahora es el Bluespace de la empresa para meter allí toros como el que guarda la cómoda carcomida de la abuela en el trastero. No, que ahora las placas las ponen en el desolladero, sí, dónde van las guapas y los guapos a tomarse un peloti y que quedan en el patio de arrastre, que es más fino. Bueno, y si tienen alguna duda más sobre el ganado, háganlo por privado en el correo feriahistoricaquetemueres@feriahistoricaquetemueres.plof

Y llegamos al gran protagonista de la tarde, Borja Jiménez ¿De verdad quieren que entre en detalle toro a toro? Que si se ponen insistentes ya les digo que me marco un corta y pega en las seis faenas, que lidias no han existido, y me quedo más ancho que ancho. Que la única variación sea si se va a portagayola o no, que se lo pase en los inicios por el pandero o no, que se arroje de rodillas o no y que acabe entre los pitones antes o después, son muy poquitas diferencias para rellenar una tarde con seis toros para él solito. Lo demás, pues ya saben, toreo moderno, pero a tope. Con la derecha o la izquierda, pero con el trapo siempre al bies, que a veces hasta los empalmaba, que eso pone al personal a cien, salpicado todo de enganchones, muchas, pero que muchas carreras, para terminar que si de bajonazo, de medias escasas, siempre yéndose, cuando no soltando el trapo en la cara del toro. Él que, por lo visto, iba a por los dos despojitos y se ha quedado muy lejos hasta de uno. El personal, que iba a sacar a cuestas a su ídolo de la tarde. Otros quizá que esperaban otra tarde histórica, una más, y se han quedado con dos palmos. El presidente, que tenía los pañuelos bien planchados y oliendo a un suavizante de los que anuncian en la tele. Si hasta los mulilleros se han quedado que no han podido ganarse un jornal extra. Así es que no se puede. Y los que iban esperando ver toros y deseando ver toreo y se han encontrado con un monumento a la chabacanería, a la vulgaridad y al ganado impresentable e insufrible. Que como decían los mayores, a esto de le llama ir por lana y salir trasquilado.


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domingo, 7 de junio de 2026

¿Era Victorino Domecq o Juan Pedro Martín? Y el del palco en un 2x1

Parece que eso de la suerte de varas es cosa de un remoto pasado, pero que vuelva el toro y verán como volverán modas que creíamos pasadas. A ver si la cuestión va a ser el toro.

Pues ya se acabó la feria, ¿no? ¡Ah! Que queda una, pero esa no es de la feria, esa solo es del invento de Plaza 1 para sumar un festejo más a rebufo de la propia feria, para que los abonados saquen una entrada de más y los no abonados se crean que siguen honrando al patrón sacrificando su bolsillo; aunque parece que esto les importa poco, que al final, entre copas y más copas, el precio de la entrada es pura bagatela. Que un día es un día ¿Un día? Si llevamos... pregúntenle a las espaldas, rodillas y posaderas de los habituales a ver si un día es solo un día. Pero a lo que estamos. Se cumplía una tradición secular, que ya en tiempos de los Reyes Católicos parece que se cerraba la feria con una de Victorino y como esto es de seguir tradiciones o eso dicen los taurinos, pues este año repetimos ¿Repetimos? Que igual esas tradiciones han sufrido algunas modificaciones. Y este, como años atrás, se anunciaba una de Victorino y por la puerta de toriles ha salido una de... Que de verdad, uno no sabe lo que ha visto, que se suponía que íbamos ver la máxima expresión del toro en el caballo, como siempre, y lo que hemos visto ha sido lo de siempre, con las ganaderías de siempre. Que si hablamos de presentación, pues habrá quién diga que ese es el tipo de Victorino. Sí, de Victorino, pero no de Albaserrada. Que no se han protestado, pues vaya usted a saber. En el peto no se les ha picado como a todos, que a lo más que se llegaba es a que uno quisiera empujar y solo llegara a apoyarse en el peto. Pero luego hasta iban a la muleta ¡Viva el toro moderno! El toro moderno cuyo máximo exponente es... ¿Victorino Domecq? ¿Juan Pedro Martín? ¿Cómo juzgamos esto? Pues a lo mejor no hay ni que juzgarlo, que esta es una pieza más de este monopolio del taurinismo y al que hay que alabar sin límites, porque su titular es el piramidón dorado de esta mole que todo lo devora y que no permite que haya nada que sea diferente fuera de su mundo.

Y ante este encierro tan generosamente mandado por el ganadero, pues tres que no molesten y la verdad es que no molestan ni un tantito así. Morenito de Aranda no sabemos si está en un profundo bache o en sus últimos días calzando las rosas. Incapaz en todos los tercios. Incapaz con el capote aunque solo sea para poner un toro en suerte y conseguir que se quede en el sitio. Con el paño rojo es un no poder, es un correr y correr, trapazo tras trapazo y que el animal, por muy endeble que sea, se le suba a las barbas. Muletazos llevando la mano a las nubes, uno, dos y ya está en apuros. Con la muleta retrasada, abusando del pico y sin llegar a ningún puerto.

Lo de Fernando Adrián uno no sabe si es para que lo estudien en un programa de misterio o directamente para que no vuelva y se entretenga por esas plazas en las que se aplaude la más insoportable vulgaridad. Tiene todos los vicios de la modernidad elevados a la máxima potencia, quizá con el agravante de que no entiende por qué se le pita y se le protesta. Que la cosa es bien sencilla, porque es todo trampa, trampa con unas precauciones que las ve hasta un gato de escayola. Que él se retuerce como para hacer ver que ahí hay drama, pero lo único que puede haber es una ciática de manual. Un señor que no sabe seguir la lidia, que se planta por allí a ver qué pasa, que no sabe cuál es su sitio en sus toros en el primer tercio y mucho menos en el segundo en los de los compañeros. Que hay que empujarle para que vaya a amparar a los banderilleros, que estos ya van a entrar con el par, cuando él llega por allí, a lo lejos, con paso cansino. Que de verdad, si no volviera, pues... que me dirán de su excepcional estadística de puertas grandes por esos mundos de Dios. Pues nada, que siga por ahí y que deje visitar la calle Alcalá, donde alguien le debía decir que el cambio de tercio no se pide descubriéndose, si no al alguacil. Cosas de Madrid.

Y volvía Román, un torero moderno, modernísimo, que siempre hace lo mismo, no cambia, pero al que yo creo que hay que reconocerlo su honestidad y hasta respeto por esta plaza, algo muy infrecuente. Que le salió un toro de carril, uno de esos modernos al que le costaba a veces mantenerse en pie, pero es que es ver la tela roja y se transforman. Repetía una y otra vez, que no se cansaba. Y Román tiraba de él con el pico una y otra vez, muy acelerado, corriendo para recolocarse constantemente, pero la emoción del toro prendió en los tendidos y la virtud del animal la proyectaron sobre el espada, que por supuesto se supo aprovechar de la circunstancia. Daba lo mismo que le tropezara la tela, para acabar fuera del tercio citando para recibir, cobrando una entera fulminante algo desprendida. Y ahí estaba el señor presidente, el señor Fernández Serrano, que le deben poner los pañuelos al rojo vivo y los saca con una velocidad del rayo. Dos orejas. Que algún entusiasta incluso decía que era solo de un despojo y los menos, que ni dos, ni una, pero tal y como está la plaza, en la semana fantástica, medio gane una y le regalan la otra ¿Y qué más da ya? Si esto está tan desnortado y la plaza tan humillada, que lo que haga este o cualquier presidente ya no tiene valor alguno. Que solo nos queda esperar... ya saben lo que esperamos y no deseamos, ¿no? ¡Líbrenos el cielo! En su segundo toro, Román hizo prácticamente lo mismo que en su primero, pero el toro era otro, no daba esa sensación de emoción y todo quedó en nada. Una nada que lleva presidiendo el palco y la plaza durante toda esta feria en la que unos se han preocupado y ocupado en honrar y adular a otras gentes y no precisamente al santo patrón de la capital. Pero que aún le ando vueltas a lo que se ha visto en esta última de feria y es que no acabo de saber, no paro de preguntarme ¿Era Victorino Domecq o Juan Pedro Martín? Y el del palco en un 2x1.


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sábado, 6 de junio de 2026

Tanta feria histórica ya agota

 

¿Estarán ya pastando los que serán toros encastados que nos vuelvan a enganchar y que nos hagan olvidar tanto acontecimiento histórico que solo pasará a la historia de la gran vergüenza de estos tiempos?

Que ya anda ya más de uno sacando la bandera del triunfalismo con que nunca se habían cortado tantas orejas, tantas puertas grandes, tantas vueltas al ruedo, tantos llenos, tanta juventud, tanto de tanto y de todo, que es para reservar una temporadita en un balneario en Tierra del Fuego, como once meses, hasta el próximo serial isidril. Que claro, las cifras son estratosféricas, siderales, cósmicas, pero que nadie se pare a ver no el cuánto, sino el cómo, porque igual se lleva el chasco de su vida. Que le entregan una cajita de una joyería cara, usted se piensa que dentro hay un anillo con un diamante engastado con rubíes, lo abre y se encuentra la arandela de una lata de aquarius; que ni de cerveza, ni de coca coa, ni una bebida energética, no, de aquarius, eso que la gente se toma cuando no puede tomar otra cosa,no vaya a ser que le provoque unas prisas repentinas y que cuando llegue, el lugar de las prisas esté ocupado. Pues así andamos en esta feria, que no sé si esto nos provoca prisas o deseo de tenerlas. Aunque seguro que, metafóricamente, a alguien le den ganas de pronunciar improperios que literalmente nos conducirían a ese destino de las prisas. Pero esto es solo para los que no saben divertirse; que anda que no nos han dado motivos para el goce más festivo jamás conocido. Que sí, háganme caso, que esto es un no parar del divertimento. Y si usted no encuentra motivo, péguense unos cuantos vivas con la bañera de alcoholazo al viento y verán cómo les cambia la película. Que eso es imbatible y no puede con ello ni una bueyada de Juan Pedro Domecq, ni un Uceda Leal pasado de rosca, ni un Clemente más perdido que Wally en un partido entre los dos Atletis, el papá bilbaíno y el retoño madrileño.

Lo de Juan Pedro Domecq, Juan Pedro para los más allegados, es una cosa para que la traten en un programa de misterio. Que no se explica que venga dos veces a Madrid en una feria, como tampoco se explicaría tan solo una presencia. Bueno, sí, basta ver los que se acartelan y uno se va haciendo una idea. Pero claro, Uceda y Clemente, no sé yo ¡Ah! Pero el tercero es Pablo Aguado. A ver si va a ser eso, ¿no? No. seguro que no, no sean mal pensados. Aunque si no es así, igual es que el ganadero te coloca dos y de la segunda pagas la mitad. Que dirán que el aficionado es duro con este hierro. Pero, ¡no me digan eso! Si les oyes hablar y te dicen que para ser lo que es no ha estado mal, que ha habido un toro que si tal y que cual.

Que sale el primero que no podía con su alma, pero como se revolvió un poquito en la muleta, ya lo salvamos, sin importar que no se picara y sí le picaran las banderillas. Y Uceda, tan elegante él, que parece un marqués venido a menos en un baile de Versalles, un marqués de Bradomín en guapo. Que el paradito sin fuerza resulta que se puso a enredar, a poner en apuros al espada, un moribundo pudiendo con el maestro y este inseguro y con demasiadas precauciones El segundo era un sobrero de Montalvo, que ese no se caía, pero como derrotaba mucho en el peto, ya se podía decir que peleaba. Pero si lo que no quería era pelear, que quería que le quitaran esa incomodidad del lomo y las banderillas que vinieron después. Que claro, no pretendería el animal que todo fuera como ese manteo insípido y nada molesto con el que le recibió Clemente, que prosiguió con la muleta con unos trallazos impresionantes, que parecía que en cualquier momento iban a restallar como un látigo de siete cabezas. Pero él estaba a lo suyo, a soltar lo que debía tener pensado desde casa, sin importarle esa minucia del pico, los enganchones, citar desde muy, pero que muy fuera, ventanazos, tirones y el verse sorprendido en algún momento le importaba solo porque le pudiera afear la estética y la figura al destorear. El tercero, ya de la ganadería buena, buena, tiraba cornadas al peto con descaro, pero aún así, no se le pico. Eso sí, en la muleta iba y venía, ¿se puede pedir algo más? Si vamos a malas, seguro que sí, que siempre habrá quién ponga pegas. Como se las pondrían a los banderazos de Pablo Aguado en el comienzo de su trasteo. Un toro insulso y le trajo de cabeza, viendo que eso del pico, de citar desde fuera y el no parar de correr no entusiasmaba a nadie.

El cuarto de la tarde y vuelta a empezar, Uceda de vuelta, al que le costaba hasta poner el toro en el caballo. Un espectáculo, pero que nadie hiciera ruido, no fuera a ser que el Juan Pedro despertara de repente de ese sueñecito debajo del peto. Que claro, se despertó y luego volvía una y otra vez al peto, pero sin que el de aúpa tan siquiera le apoyara el palo en el morrillo. Empezó el madrileño con muletazos por abajo, siempre trallaceros y el toro al suelo. Un poquito de mimo, ¡oiga! Y prosiguió con lo de siempre, ya saben, el toreo moderno y así nos entendemos todos. Otro mortecino y que no podía con él, que se derrumbaba a nada que le hiciera acudir al trapito, pero que no había manera, que resultaba que el viejo marqués ya empezaba a dar muestras de no poder acudir a estos bailes de etiqueta, no fuera a ser que le pusieran la etiqueta de caducado y pasado de fecha. Con lo que él había sido. Al quinto se fue Clemente a recibirlo a la puerta de toriles y a parte de dar una larga extraña, se quedó descolocado y un poquito vendido. Entraba rebrincado y embistiendo como un burro, sin tan siquiera amagar con humillar. En el caballo hasta parecía querer empujar el Juan Pedro, pero la gaseosa ya se sabe, empieza como un volcán y acaba como una charca de rañas, dormitando en paz. El bordelés empezó entre telonazos, para proseguir entre enganchones y a merced del toro, evidenciando que no podía con ya de primeras. Cogió el truco del pitón derecho, que parecía para algunos que allí había enjundia, pero lo que había era un no poder, ni saber, pegando los trapazos que se daba el animal. Y en un momento de distracción, en que parecía que el espada iba a ponerse de cháchara con el tendido, le pegó un arreón, teniéndole suspendido por un pitón lo que pareció una eternidad. Toda la plaza creyó que le había metido el pitón por el muslo hasta la mazorca, pero luego en frío y viéndolo repetido, no había sangre, nadie taponaba nada, pero el gesto de dolor era evidente. Y les confieso que en ese momento no reparé en nada de esto, la conmoción era grande. Y no se sabe si fue mejor esto o la fractura que la caída le produjo. Salió Uceda Leal a despachar a este quinto. Y acababa Pablo Aguado, la tarde y su feria, todo en uno; y que descanso. Han sido seis toros y no recuerdo nada diferente en ninguno, todo lo mismo, ese recibir bailando, como al que cerraba plaza, el no picar a sus toros, como en este sexto y muchos trapazos, mientras da la sensación de no saber por dónde meterle mano, desganado, teniendo energías según parecía, para las carreritas y más carreritas entre muletazos. Y así una tarde y otra y otra, dando igual los nombres de los actuantes, casi lo mismo con las ganaderías, que solo varía el público, cada día diferente, pero que parece clonarse una tarde tras otra. Que si de repente a alguno, por arte de magia le hubieran dado un despojo, habría salido alguno diciendo que había sido una buena tarde. Que este es el panorama. Se mide la bondad por kilos de despojos, como esto tuviera algún sentido. Y luego, sumando despojos por aquí y por allí, echando mano de esas estadísticas que nadie de los taurinos quiere interpretar, resulta que hemos vivido, aún vivimos, una feria histórica, única, irrepetible. Y de verdad, que sea única e irrepetible, que esto no vuelva a pasar jamás, que tanta feria histórica ya agota.


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viernes, 5 de junio de 2026

Y en la fiesta de la modernidad se coló un intruso y todo patas arriba

Hay días en los quizá la mejor opción sea doblarse y poder por abajo a un animal, antes que querer liarse a dar derechazos y naturales o meterse entre los pitones a ver qué pasa.


Si uno empieza a ver la corrida de Jandilla con dos remiendos de Santiago Domecq, de primeras todo le puede resultar familiar, lo de siempre, que si los dos primeros tercios no cuentan, que unos de luces van a buscar despojos sin importarle nada más y que esos animales modernos van a responder como se les enseñó en la escuela de toros de la ganadería; pero sucede que a veces no se pone el celo suficiente en eso de dejar pasar solo a los recomendados y si se te cuela alguien que no estaba invitado a la fiesta, la que se puede montar es chica. En este caso el intruso, el que no iba vestido para la ocasión, el que no había estudiado en el cole de pago de los toros, fue el sexto, de Santiago Domecq. Que a todas luces el toro tenía que venir rebotado de un centro público, un centro de esos en los que no se cuidan las formas igual que en una escuela de pago, en un Centro de Estudios Domecq, todo con alumnos educaditos que toman el té a las cinco levantando el meñique y cogiendo las pastas de una en una. Que sí, que se pusieron de pastas como el tenazas, pero con un estilo, con un saber hacer. Que lo tengo que escribir en román paladino, porque como servidor no fue a una escuela de semejante postín, pues no aprendió francés, como ese sexto, que ni francés, ni lenguas muertas del Cáucaso, ni tan siquiera protocolo de la modernidad taurina. Pase por aquí, señor burel, como usted ordene, señor maestro, ¿algún trapazo más desea el señor? El sexto igual me lo encontré alguna vez jugando en el patio al “cómo te pille, te reviento”.

Los de Jandilla muy en lo que deben los descendientes con ese nombre glorioso en sus ancestros de Domecq, hasta justitos de presentación, que a alguno le quitabas los kilos que le sobraban con cinco minutos en un baño turco y te cuadran para otro tipo de festejos. Lo de picarles, ¿qué les voy a contar? Que estamos hablando de la modernidad. Ni se les picó, ni se hizo por al menos llevar una lidia medianamente lógica. Que si un picotazo por aquí, que si la carioca por allí, que si al segundo lo agarran mal, derriba y se marcha con un único picotazo, que si en eso de taparle la salida acaban toro y jinete bailando la yenka en los medios. Un verdadero despropósito, el despropósito de todos los días. Los de Santiago Domecq variaron poco de esta tónica, al menos en el primer tercio. Solo el quinto parecía que quería pelea, aunque sin humillar.

Lo de las lidias, pues para qué seguir, exceso de capotazos y a veces los maestros pendientes de sus cosas en lugar de estar atentos en algo tan básico como la colocación en banderillas. Quien para algunos no defraudó fue Emilio de Justo, torero al que no se sabe quién, auparon al podium de figura, pero ya digo, no defraudó, atizó a los presentes con un rotundo sopapo de vulgaridad, incapacidad, trapaceo muy rápido. Quizá había apostado con alguien que llegaba a la centena, sin ningún criterio lidiador, que lo mismo te recibe a un toro por chicuelinas, que por manteos bailados, muy bailados. Y con la muleta, pues parece que el éxito depende de las voces que pegue, a más voces, mayor respuesta de los leales. Toreo moderno muy exagerado, poniéndose descaradamente perfilero, pero alargando hasta la desesperación del que está en la piedra, los trasteos sin sentido. Con unas cosas de plaza chica, que si cambio el palo por la espada y acto seguido la tiro adónde vaya. Molinetes por aquí forzando la pose, trapazos por allá y con la espada... ¡Ay la espada! En su primero, después de un bajonazo, venga golpes de verduguillo, muy alejado y con la espada demasiado horizontal. Pero él quiso desquitarse en su segundo, ahí sí que voceó a placer. Después de muchos mantazos de la cuadrilla, allá que se fue al tercio a lo suyo, trapazos y más trapazos entre enganchones, instrumentados desde el metro del Carmen. Perfilero, acelerado, más voces, venga trallazos y no se imaginan lo encendidos que estaban los ánimos entre los hijos de la modernidad. Que llegó la hora de entrar a matar y ellos que vieron todo el acero enterrado, ¡qué felicidad” Lo más grande. Pero, ¿qué les pasa a esos amargaos? Seguro que no son de cole de pago. Que no les gusta que la espada este en mitad del lomo o más allá ¡Hombreee! Esto no se puede consentir, apiolar así a un toro que acudía una y otra vez a las llamadas de De Justo. Que hasta podría haber embestido hasta a las mulillas camino del desolladero. Y con lo que nos las prometíamos tan felices viendo a un torero a cuestas, al final, na de na. No se podrían haber callado los que protestaban que el solomillo hubiera quedado hecho una brocheta.

Borja Jiménez parecía que venía a tener una actuación estelar, prólogo de la que deberá ser gloriosa dentro de dos días. Pero a él, como a sus compañeros, parece que no le explicaron detenidamente lo del temple o quizá es que le dedicaron más tiempo a lo de los trallazos y tirones. Primero en las proximidades de toriles, a ver si veía con claridad por dónde meterle mano al animalito. Siempre tirando de pico, citando exageradamente desde fuera, para cerrar en su primero muy encimista. A su segundo un precioso sardo de lámina impresionante, solo supo empezar a pasarlo por la espalda, para continuar con los trallazos de rigor y los enganchones inevitables, según parece. Pero igual es que se estaba reservando para su gran día, que esperemos que tenga una revelación taurina y abandone ese toreo ventajista que practica cada tarde.

Víctor Hernández era esperado por quienes quizá dejaron de esperarle después de su anterior y anodina presencia en la feria. Y la cosa parecía que iba a continuar por unos caminos bastante similares. Que a partir del insulso recibo de capote a su primero, solo había que añadir una faena de muleta al suyo de toda la tropa de la modernidad, con tirones, enganchones, echarse encima de su oponente, demasiado acelerado, quedándose al descubierto por ese empeño en meter el pico y el querer dar muchos muletazos. Su segundo, el que cerraba plaza, ya empezó con un tremendo sobresalto; en el saludo de capote quizá se quedó a merced del animal al marcar antes de tiempo la salida. La voltereta, el zarandeo puso los pelos de punta a todo el mundo. Con un toro reservón, que no paraba de escarbar, dando la sensación de que eso era el preludio de un arreón inesperado. Tremendo desorden en el ruedo durante la lidia, el toro cómodo en tablas, pero con bastante peligro. Y llegado el último tercio, el espada decidió ponerse a dar derechazos y naturales, que quizá no era lo más conveniente, con un toro que exigía mando, que le pudieran. Quizá podría haber sido mejor opción el toreo por abajo, un macheteo decidido hasta que se le quitaran las malas ideas y las ganas de seguir pegando arreones. Quizá los habrá que califiquen esta actuación de valiente, que el valor está muy bien y es más que necesario, pero en el toreo y sobre todo en casos como este, puede que lo más sensato sea que impere la cabeza, el conocimiento, los recursos para hacerse con el mando y no estar a merced de esas arrancadas y a ver qué pasa. Que quizá se lo podrían haber apuntado desde el callejón o quizá quién debería hacerlo pensaba más en eso que dicen que hay que echarle cuando se habla de valor y no raciocinio y conocimiento de la lidia, que tan bien viene para días así.

Y cuando todo el mundo esperaba orejas tras faenas interminables, va y en la fiesta de la modernidad se coló un intruso y todo patas arriba.


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