lunes, 1 de febrero de 2010

Pepín Martín Vázquez: el toreo de siempre



La verdad es que no sé si el título es el más oportuno, o si quizás mejor habría sido comenzar con: “el toreo que ya no gusta a nadie”. Pero de lo que no me cabe ninguna duda es de que nadie se atrevería a criticar a un torero de los años cuarenta, ni de poner en duda su forma de hacer, ateniéndose a las imágenes de un vídeo, como es el caso.

Sería muy presuntuoso por mi parte descubrir a Pepín Martín Vázquez, aparte de ignorante. De éste o aquel torero he oído que a unos les gustaba más y a otros menos, pero del protagonista de esta versión de Currito de la Cruz siempre he visto cómo los aficionados más curtidos hablaban con verdadera admiración. Recuerdo una conversación que hace muchos, muchos años, mantuve con un peñista de “Los de José y Juan”. Me contaba cómo se oían crujir los toros con la muleta de Domingo Ortega, o la asombrosa quietud de Manolete, el arte inigualable de Pepe Luís o la gracia de Manolo González, pero a la mínima me sacaba a Pepín Martín Vázquez, en el que descargaba toda su admiración.

Tras tanto elogio que más parecía de un héroe clásico que de un torero, me encontré con la película Currito de la Cruz. Recuerdo que en su momento me puse a verla con el mismo interés con que veía cualquier filme ambientado en el mundo de los toros. Pero aparte de otros aspectos cinematográficos, por fin pude ver al torero. ¡Qué gracia, qué naturalidad y qué forma de torear! La mejor ilustración para definir en la verónica, qué es jugar los brazos y con la muleta, qué es correr la mano.

Los seis minutos de este vídeo son una estupenda instantánea de una época. Empezando por el toro, que no es el de ahora, del que según se habla es el mejor toro de toda la historia del toreo que, sin ser exageradamente grande, no era nada chico y, además, iba detrás de todo lo que movía con ganas de comérselo. Esos banderilleros pareando sin ese horroroso salto tan de moda ahora, buscando la luna y que les hace quedarse descolocados.

Al inicio del vídeo se ve a Pepín Martín Vázquez toreando a la verónica y cómo se quita al toro literalmente de encima, sólo con el movimiento de los brazos una y otra vez, para rematar con una media muy personal y llena de gracia. Una gracia que a veces se ha pretendido equipar con superficialidad y alivio, pero a la vista está que esta gracia no tiene nada de truco.

Con la muleta se notan las influencias de Manolete o propias del gusto de la época, citando en ocasiones con la muleta retrasada, pero que nada tiene que ver con la trampa de nuestros contemporáneos. Antes de llegar el toro a la muleta el torero ofrece el muslo, para a continuación llevar al animal muy toreado, muy metido en el trapo, para rematar el pase con ese juego de muñeca que hace que el toro se salga del lance y que vuelva a por el siguiente. Cosa muy distinta al vaciado actual que requiere la consabida carrerita para poder colocarse para el siguiente pase. Pepín llevaba al toro muy metido en la muleta, muy encelado, pero no consentía que se la tocara nunca. Lo mismo toreando por bajo para poder al animal, que como queda demostrado se puede hacer con arte y elegancia, que los ayudados por alto sin enmendarse ni un poquito o eso que se puede considerar uno de los fundamentos del toreo, el natural ligado con el de pecho y que conjuga a la perfección lo que es arte, valor y poder. Eso es torear. Y la suerte suprema metiendo la mano en el morrillo.

Pero quizás lo mejor es ver el vídeo y darse cuenta de cómo se toreaba con toda la naturalidad del mundo, sin retorcimientos, con un temple exquisito y un mando excepcional.




8 comentarios:

Iván dijo...

Enrique TREMENDA la entrada.
No sabía de la existencia del blog.Le he echado unas cuantas horas esta tarde y me parece buenísimo.
Te agradezco que me tengas enlazado.
Voy a enlazarte con el mío.
Un abrazo.

Pablo G. Mancha dijo...

A muchos amigos Diego Urdiales nos recuerda cosas de Pepín Martín Vázquez. Un afectuoso saludo Don Enrique.

Enrique Martín dijo...

Iván:
Gracias por tu tiempo, por tus ánimos y por enlazarte con el mío, pero que conste que sólo sigo los blogs de los buenos aficionados. Y esto va para ti y para todos los demás que sigo con verdadero interés. Todos coincidmos en una cosa: En nuestra forma de entender esto de los toros.

Enrique Martín dijo...

Pablo:
Diego Urdiales es un torerazo como tú muy bien sabes. Y lo saben otros muchos que no lo saben ver como un aliciente para superarse y si como una amenaza. Sólo espero que no se le encasille en un tipo de toro y que no podamos verle tantas veces como nos gustaría. Yo en Madrid iría a verle todos los domingos.

Anónimo dijo...

Todos mis respetos para Diego Urdiales, torero que no debe nada a nadie, y el mismo respeto a las opiniones anteriores, pero, en mi opinión, no creo que su interpretación del toreo recuerde mucho a la de Pepín Martín Vázquez, basada más en la gracia y la alegría sevillanas … Chicuelo, Pepe Luis, etc.
Lupimon

Enrique Martín dijo...

Lupimon:

Respetando igualmente las opiniones anteriores, si la comparación es puramente artística, estoy de acuerdo contigo. Corrígeme si me equivoco, pero creo que Pepín Martín Vázquez ha sido uno de los representanres más genuinos de la gracia sevillana, que no debe confundirse con superficialidad. Desgraciadamente hoy en día esas diferencias ya no son tan evidentes, del mismo modo que el torero gitano ya no es sinónimo de arte, de duende, como se decía antes.

Anónimo dijo...

No sé, Enrique, si me llegaste a entender bien y voy a tratar de ser más explicito.
Para mí todo aquel que se pone delante de un toro, es un torero, bueno, regular o malo, aunque torero, pero luego, cada uno, tiene su estilo, su personalidad, o, lo que es lo mismo, “una manera diferente de interpretar el toreo” que le hace distinto a los demás. De ahí que haya toreros artistas, valientes, técnicos, poderosos, pusilánimes, profundos, etc., etc., -aunque últimamente predominan los clónicos y los ventajistas-.
Por ejemplo, torerazos indiscutibles que han salido por la Puerta Grande de Las Ventas en diferentes ocasiones: El Viti (14 veces), Curro Romero (5), Ruiz Miguel (10), Antoñete (5) … ¿tienen algo en común en su personalidad? ¿puede recordar alguno de ellos a cualquiera de los otros “en su interpretación del toreo”?. Sinceramente creo que no y esto es lo que quise decir en mi anterior comentario, pero, en ningún caso quise referirme a la categoría, como torero, de ninguno, que eso sería otro tema y habría mucho que hablar.
Completamente de acuerdo en que no hay que confundir la gracia sevillana con superficialidad; Pepe Luis es el ejemplo: torero rebosante de arte y gracia sevillanas y uno de los que ha ejecutado el toreo más puro y profundo de la historia.
Lupimon

P.D. He puesto esos ejemplos porque creo que a todos los hemos visto personalmente, pero la lista que se podría hacer de grandes toreros, pero diferentes, sería interminable.

Enrique Martín dijo...

Lupimon:
Creo que te he entendido perfectamente y me lo has corroborado con tu respuesta posterior. A lo que yo me refería es a que actualmente la personalidad es un valor escaso. Casi todos torean dentro de unos márgenes muy reducidos. Y hay algunos que van forjando su propia personalidad, pero la mayoría siguen el mismo carril que los demás. Y en cuanto a lo de ver torear a unos o a otros, yo aparte del vídeo, no he visto en la plaza ni a Pepe Luís, ni a Pepín Martín Vázquez, pero si los pude ver en mi cabeza cuando mi padre me contaba como toreaban, como cogían la muleta, como toreaban a la verónica o como mataban. Ahora también hablo con mi padre con mi corazón, porque él también se marchó con Manolo González, Manolo Vázquez y tantos otros con los que se entusiasmo.
Un saludo