domingo, 25 de marzo de 2012

El Experimento Castellón, un buen invento


Con lo fácil que es esto, se empieza por el toro y a partir de ahí, lo demás

Ya han pasado las dos primeras ferias del año, de este año decisivo en que las figuras seguro que ratificarán su posición de privilegio. Pero las verdaderas figuras, que no aquellos que ahora por un quítame allá esas pajas se han caído de las dos ferias más importantes, Sevilla y Madrid, como El Juli. Si le aplicamos al madrileño la teoría de otros, esta ausencia es por no querer torear en plazas de responsabilidad, porque le tiene miedo a las figuras de verdad y porque le atemoriza que le puedan ver por la tele. No me dirán que no es fácil, y simple, el argumento. Aunque me da que la verdad dista mucho de esta memez que acabo de escribir, porque esas conjeturas son verdaderas estupideces y ganas de simplificar las cosas.
Bueno, a lo que iba, que uno se desvía a la mínima. De las dos ferias pasadas nos queda lo hecho por Iván Fandiño y el Experimento Castellón, ese duelo entre ganaderías a cara de perro. Un triangular ganadero, a modo de trofeo Carranza en época de vacas flacas, pero sin copa monumental para el ganador. Los pupilos de Miura, Victorino y Cuadri se batieron el cobre en la arena de Castellón. De los resultados artísticos está demás hablar y si alguien no está al tanto, lo tiene muy fácil, que se pase por el blog Orocárdeno y lea lo que escribe Iván Colomer. Y así de paso algunos se podrán quedar tranquilos y verán como no es verdad eso de que no le gusta nada, y que cuando le gusta algo, hasta pierde la cabeza.
Cuando se planteó la idea de este duelo de ganaderías, hubo opiniones para todo. Que era un invento raro, que era innovador, que ni fu ni fa, de todo. A mí particularmente me gustan más las corridas completas o las concurso, pero la verdad es que no me molesta esta nueva fórmula. Quizás los problemas que pueda presentar sean más de cuestiones logísticas que taurinas. Si los aficionados de Huelva organizan un viaje para ver los Cuadri, al menos tienen que pensar en ir dos tardes a los toros tienen que contratar hoteles, restaurantes y autobús para varios días. La verdad es que el plan es de lo más prometedor, pero claro, si miramos las economías domésticas, quizás no estén para demasiadas alegrías. Pero bueno, aparte de esto, la fórmula no parece que resulte mala.
Una vez conocidos los resultados, habrá quien le adjudique todos los méritos a este tres de tres, en tres días consecutivos. Pero aquí tengo que discrepar. No creo ni remotamente que el éxito se deba a esta combinación. Para mí el éxito radica en que se ha construido un proyecto en el que la idea fundamental es el toro. Y volvemos a lo de siempre. Ya se puede decorar la Fiesta con flores naturales, guirnaldas y la Filarmónica de Berlín tocando Paquito el Chocolatero, que si no hay toro, no hay nada. Pero claro, si lo primero que se hace es contratar a tres ganaderías que pueden salir buenas, malas o regulares, pero que siempre echan el toro por delante. Con más o menos clase, más o menos bravos, pero encastados. Victorino, que no solo no vive su mejor momento sino que incluso a veces parece que llevan sangre Domecq, pero que todavía tiene casta y bravura para levantar del asiento a cualquiera y para que las figuras se lo piensen tres veces antes de anunciarse con los de la “A” coronada. Miura, con los problemas lógicos de esta ganadería por ser única en el campo bravo, que le cuesta sacar un toro de calidad, que le cuesta entrar en las plazas de primera, pero que a pesar de todo mantiene como una reliquia la casta y no ha caído en la bobonería de otros hierros, por el simple hecho de que lo maten los primeros del escalafón. Y Cuadri, que atraviesa un momento dulce, en el que sus criadores están viendo los frutos de un trabajo de años, manteniéndose firmes a una idea y empujados por una admirable y desmedida afición.
Lo que son las cosas, en ningún caso se ha hablado ni de toreabilidad, durabilidad o una nobleza sinónimo de candidez taurina. La gente salió loca de la plaza y lo que se llevaban en la memoria era ver a un toro ir al caballo una y otra vez, aunque también hubiera matices en la forma en que lo hacían unos y otros. De cómo se atrevieron a lucir el toro sus correspondientes lidiadores, incluso a fuerza de sacrificar su triunfo personal; si entendemos como triunfo el cortar orejas. Pero para el aficionado no cuentan los despojos y sí el mostrar el toro en el caballo, el ponerlo de lejos a contraquerencia, el medir el castigo y el darle a la faena de muleta la duración justa. Entonces creo que los coletudos del reto ganadero triunfaron e incrementaron su crédito como matadores de toros.
Creo que la lección que debemos aprender, y sobre todo los empresarios, es que al éxito nos acerca el toro, éxitos contundentes y sin discusión, que si se hacen bien las cosas empezando la casa sobre unos cimientos sólidos, es más difícil que se nos vuele con las primeras ventoleras de la Tauromaquia 2.0. Y ya que nos ponemos, hasta podríamos extrapolar esta experiencia a toda la Fiesta de los toros; ¿por qué no empezamos a edificar sobre los cimientos del toro? Confío tanto en el toro encastado, que hasta creo que casi desaparecerían los malos vicios del pico, de las malas lidias, del simular la suerte de varas, de torear para atrás, de las líneas rectas, de la muleta zanahoria que no torea y solo acompaña. El toro les obligaría a los señores coletudos primero a saber defenderse y segundo a torear con la pureza necesaria que exige el toreo para quebrantar al de negro y poder ejecutar con cierta “comodidad” la suerte suprema.
¿Alguien imagina un reto ganadero entre Núñez del Cuvillo, Zalduendo y Garcigrande o Juan Pedro, Daniel Ruiz, Jandilla y tantos otros? Pues yo no me pongo en situación ni con siete “sol y sombra” animados con un chorrito de whisky o vodka. También puede ser que mi imaginación sea extremadamente limitadita. Pero claro, si en el “Experimento Castellón” un toro fue cinco veces al caballo, en la versión de la Tauromaquia 2.0, entre cinco toros igual recibían una vara y se tenían que ir repartiendo el castigo. No es lo mismo 1 con 5, que 1 para 5. Cuestión gramatical, basta con cambiar la preposición y cambia el panorama de un vergel a un desierto árido y abrasador. Sea como fuere, creo que hay que aplaudir cualquier idea en la que el protagonista sea el toro. A partir de ahí, vengan “Experimentos Castellón” o Sevilla, Madrid, Zaragoza, Bilbao o Barcelona, porque, ¿qué pasaría si en Barcelona se llevara el toro toro y no el noble bovino de las figuras?

8 comentarios:

Anónimo dijo...

El “experimento Castellón” puede calificarse de todo un acierto. Soy un poquito “clásico” como tú y prefiero ver lidiar 6 toros del mismo hierro pero vamos, que firmaba porque fuera así toda la temporada.

Con lo bonito que sería poder comentar tras el festejo que “si éste me gustó más porque entró más veces al caballo”, “que si el otro entró una menos pero cumplió mejor en las que tomó”, “que si aquel entró menos al caballo pero tuvo más codicia en la muleta”.
Desgraciadamente pocas oportunidades vamos a tener durante la temporada de hablar de este tipo de cosas.

Creo que, de seguir así las cosas con los del G10, es posible los empresarios opten por este tipo de fórmulas pues así consiguen atraer a un público más de corte torista. Además se ahorran el caché de unas figuras que pocas veces colocan el cartel de “no hay billetes” en la mayoría de plazas en las que actúan.

Saludos
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Es que lo que tú pretendes es hablar de toros y no de esas bobadas con que llenamos los inviernos y a veces la primavera y el verano, que si Paco ha dicho, que si un comunicado, cosas que al final son cotilleos de patio de vecinos.
Un saludo

MARIN dijo...

No sé que mas decirte Enrique, si ya lo has dicho tu todo. Además, que sabes que pensamos lo mismo en este aspecto.

Sinceramente, no pensaba que la gente fuese a cubrir los tres tercios de plaza en este "desafio ganadero", pero me voy dando cuenta, que todavia hay gente a la que importa el toro.

Un saludo.

Enrique Martín dijo...

Marín:
Si la gente empezara a ver este tipo de corridas, yo estoy seguro que la balanza se inclinaría hacia el lado del toro. Pero como siga donde estamos ahora, mala cosa. Después de ver la novillada de hoy en Madrid, es difícil ser optimista.
Un abrazo

Diego Cervera Garcia dijo...

Enrique:
Como siempre el toro pone de acuerdo a todos, y a partir de eso, todo lo demas....

Enrique Martín dijo...

Diego:
Pero tú muy bien sabes que hay quien no quiere ver la evidencia. Qué te voy a contar a ti ¿no?
Un saludo

Iván dijo...

Enrique cada día me gusta menos entrar en tu blog.
Lo dices todo tan bien, tan bonito y tan claro que ¿ahora que digo yo? jeje
Mira si hay algo que me jodió del desafío es que no estuvieses para verlo.
JAMÁS olvidaré ese fin de semana.
Queda todo dicho. UN ABRAZO AMIGO!!!
El dibujo que ilustra la entrada...INMEJORABLE!

Enrique Martín dijo...

Iván:
Pues por favor, no dejes de entrar, ni de comentar. De esta entrada además tú sabes más que ninguno que no lo vimos. Yo esa tarde disfruté mucho leyéndote y el tono en que escribías. Estabas que te salías.
Si es que el toro es lo que tiene, que te engancha.
Un abrazo