martes, 13 de marzo de 2012

Taurinos, políticos y mandamases inútiles del mundo, váyanse a la…


Que malos tiempos estamos viviendo ¿verdad? Se podría decir como consuelo que son cosas de de esta época y que hay que aguantarse y aguantar lo que nos venga, pero no hombre, eso es demasiado fácil para los responsables de este monumental disloque. Lo que no tiene remedio es que un terremoto asole un país, que unas inundaciones arrastren las esperanzas de mucha gente o que al contrario, sea una sequía la que hipoteque el futuro de un pueblo, aunque en este supertecnificado y globalizado siglo XXI, hasta eso puede ser relativo.
La constante de todas las mañanas al oír las noticias y leer los periódicos es que nuestra realidad diaria es el prólogo de un futuro incierto, en el que lo único cierto es que cada vez estaremos peor y con menos derechos. Justo cuando las cifras de beneficios de las mayores fortunas del mundo coinciden con lo que el pueblo ha perdido en estos años. Lo que demuestra que la riqueza ni se crea, ni se destruye, simplemente se acumula, se concentra en unas pocas manos, por gracia divina, la misma que les concede este derecho.
Resulta que Europa ha sufrido un ataque financiero sin precedentes y los señores políticos de la UE, acaudillados por dos que se han autoproclamado los machacas de turno, no se preocupan de otra cosa que de mantener a raya el déficit. Muy bien, pues adoremos al becerro de oro del déficit y no miremos más allá. Total, si solo tenemos que estar sin comer un año y ya está; y sin cenar, ni desayunar. Total, si un año pasa enseguida, que era lo que te decían cuando te ibas a la mili, los que no se iban, no habían ido, no irían en el futuro. Y los políticos del resto de países dicen a todo que sí y que bueno, no vaya a ser que les pongan de cara a la pared. Y ¿por qué mantener el déficit a raya? Por los mercados. Pues que le den a los mercados. Pero claro, si a estos solo les planta cara un país cuando deciden ponerle en el punto de mira, mientras los demás piensan que a ellos nunca les tocará, pues la labor de zapa es sencilla. Incluso parece que hay un cierto poso xenófobo; a los países del sur les pasa eso porque son vagos, juerguistas, manirrotos y no se cuantas bobadas más.
Es curioso, para salir de la crisis tiene que crecer el consumo, pero al mismo tiempo, para que el señor déficit no se ponga rojo de ira, no hay que gastar. La cosa es fácil, ¿no? Como diría el otro “me lo expliquen”. Y hace falta ser capullo, para que los mercados consientan que la gente pierda sus casa que está dispuesto a pagar, para que en una casa no haya nadie con trabajo, para deteriorar la enseñanza pública y la sanidad hasta unos límites ciertamente peligrosos, con lo cual solo tendrán derecho a la educación a la salud los que se lo puedan pagar. Pero claro, es que los mercados mandan. Son los que ordenan eliminar derechos a los trabajadores, obligaciones a las empresas, tanto con sus empleados como con sus clientes y consumidores, a los que solo les queda el recurso del pataleo. Qué paradoja, esos mercados que no se enteraron de la que se nos venía encima y ahora son los que tienen esa solución mágica que nunca llega. Señores encorbatados y circunspectos que se tragaron la bola más grande posible y que ahora se permiten sentar cátedra sobre economía, señores que apelan a esos mercados que dan golpes de estado encubiertos para cambiar gobiernos e instalar en el poder a los que se rendirán a ellos.
Hay quien dice que esto es una sofisticación de la guerra, que estamos viviendo la Tercera Guerra Mundial, pero sin bombardeos. El origen de las guerras era aniquilar al enemigo y conquistar sus tierras, luego el apropiarse de estas y esquilmarlas para beneficio propio y no de los nativos, hasta llegar a la perversión de que mejor era herir al enemigo, que no matarle, pues así el enemigo tendría que desviar recursos para atender a los heridos. Y ahora parece que el método es acorralar a los países hasta el límite de la pobreza, según creen, para convertir a sus dirigentes en guiñoles, que les meten la mano por el culo y dicen lo que se les manda. Quizás han errado el cálculo y la pobreza es superior a la prevista. Que genios, han logrado lo que no parecía posible, vamos a robarles el futuro a la gente y solo les permitiremos tener la esperanza que a nosotros nos dé la gana.
Quien haya llegado hasta aquí dirá que qué tiene que ver esta parrafada con el mundo de los toros. Pues yo creo que mucho y si no miren a su derecha e izquierda y juzguen. Resulta que un determinado grupo de señores nos han empujado hasta el rincón de la vulgaridad y el despropósito taurino, poniéndonos a un paso de la más absoluta ruina y son ellos precisamente los que no paran de hacer maniobras que les perpetúen en su puesto mientras esto dure, con suma comodidad y con el único objetivo de mantener sus bolsas bien repletas. No reparan en exprimir a los asistentes a las plazas, con unos precios prohibitivos para una economía normal, más en estos tiempos, para ofrecer a cambio cada día menos calidad y más bazofia, toneladas de bazofia.
Pero que no piense nadie que en el toro no hay disconformes, claro que los hay, pero tanto si están dentro del toro, como si son simples aficionados, se les toma por utrerosflautas a los que no hay que escuchar y mucho menos hacer caso o tomar en consideración, porque no saben de que hablan y lo único que quieren es acabar con la fiesta. Que cosas, igual están celosos y quieren apropiarse de este mérito ellos solitos. Que no quede lugar a dudas, los únicos arruinadores profesionales son los taurinos. Pero para ser considerado utreroflauta no hace falta pertenecer al sector díscolo de la fiesta, no hace falta más que no estar en el círculo de privilegiados y tragadores de ruedas de molino, o pretender criar un toro fuera del encaste oficial o tan solo querer hacer el toreo puro clásico. Eso en si mismo ya debe ser castigado con el destierro. Destierro del mundo de los toros se entiende. Ahí tenemos aún las heridas supurando del final de los Coquillas de Cifuentes, con día y hora adjudicado para su defunción.
De momento los taurinos van empujando al desagüe a los disconformes y a los diferentes, pensando que éste quedará taponado al decir las palabras mágicas de “para, para, a mí nooooo”. Habrá que ver si dicha fórmula resulta eficaz o si es simplemente una patraña para que se confíen los tontos, que se darán cuenta de su error cuando estén dando vueltas en la vorágine del desagüe. Decía Ortega que la historia de España y la de la tauromaquia discurrían en paralelo y que no se podía entender la una sin la otra y viceversa. Pero uno ya está un poco cansado de que esto sea así por los siglos de los siglos. Más que una teoría parece una maldición formulada por la Bruja Avería; muy eficaz, eso sí, porque a lo de Cataluña se puede sumar lo de Galicia, el lento y seguro desmantelamiento del Campo Charro, el abandono de las plazas por parte de los aficionados, quienes son sustituidos por las bárbaras huestes de la diosa Vulgaridad, la desaparición de la variedad, la emoción y la pasión, así como la transmutación de una fiesta nacida del pueblo en un espectáculo para horteras, listos inútiles y pandilleros con bocata y cubata, mientras los tontos útiles nos vamos marchando en silencio y con una terrible pena, porque vemos como se dilapida la herencia recibida de nuestros mayores. Y todo lo más que llegamos a decir es: Taurinos, políticos y mandamases inútiles del mundo, váyanse a la… mierda, pero váyanse ya.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

Enrique, en esta ocasión voy a discrepar abiertamente contigo, pero sólo en el plano económico.

Queda bien eso de ir contra los mercados pero ¿qué son los mercados? Mercados son los ahorros del pobre viejito que, en vez de irse de vacaciones como hacía el vecino de al lado, se quedaba en su casa en Agosto para tener una peseta por si venían mal dadas. Mercados son los planes de pensiones que trabajadores honrados han ido apartando en vez de gastárselos en mariscadas, cruceros de lujo o en cocaína. Incluso mercados son los ahorros (legítimos, no digo lo contrario) de muchos políticos que tienen cuentas a plazo fijo o fondos de inversión. Lo que resulta extremadamente cínico es oír las declaraciones de algunos de ellos, alineados o al menos simpatizantes del 15M, criminalizando a los mercados cuando ellos también son mercados, basta con mirar la relación de bienes que el Congreso y Senado pusieron a disposición de todos los españoles.

No, los mercados no son los malos, los mercados se defienden de unos políticos irresponsables y gastones del dinero ajeno. Los mercados no apuntan con una pistola a los políticos para prestarles dinero, son los políticos los que acuden a los mercados financieros a por dinero para seguir despilfarrando y, en muchos casos, seguir comprando votos. Resulta aterrador que, en plena crisis financiera, los PIIGS de la periferia europea piden a los mercados más de 200.000 millones de euros, amén de los 3.000.000 millones que aún deben. Somos nosotros los que, mediante nuestro derecho a voto, podemos castigar las políticas hiperdespilfarradoras.

¿Qué cómo extrapolamos esta parrafada al mundo de los toros? Muy fácil. Los empresarios no nos obligan a comprar entradas de unos espectáculos cada vez más adulterados, somos nosotros los que voluntariamente vamos a ellos. Si, todos a coro, boicoteáramos esos pseudoespectáculos ya se romperían la cabeza para ser “competitivos” y luchar por el dinero de nuestros bolsillos con otros espectáculos como pueden ser el fútbol, el teatro, el cine o las terracitas de verano.

Saludos
J.Carlos

Enrique Martín dijo...

J. Carlos:
Pues yo no veo esa discrepancia de la que hablas, con perdón. Porque esos despilfarradores de que hablas, al final nos lo quieren hacer pagar a nosotros, para calmar a esos mercados. Pero claro que la causa también está en los aeropuertos sin aviones, en las obras públicas monumentales e inútiles, en el AVE a todas partes al coste que sea, en que haya universidades en todas las provincias, en aeropuertos a menos de cien km unos de otros, grandes auditorios, bibliotecas teatros y monumentales montajes, mientras que la cultura de base se desatiende, con bibliotecas sin libros y sin atención y tantas cosas más. Así que al final igual coincidimos más de lo que parece.
Un saludo

Elías Zamora dijo...

Muy bien, Enrique.
Coincido contigo. Y también con el comentario de J. Carlos. Si dejáramos de ir a los toros se lo pensarían empresarios, ganaderos y toreros. Porque para ellos se acabaría la gallina de los huevos de oro: volverían los empresarios honestos, los ganaderos responsables y habría menos toreros pero que harían las cosas como se deben hacer. Digo yo.
Saludos.

Xavier González Fisher dijo...

Enrique: Hace muchoa años leía en un diario de la Ciudad de México, que las plazas de toros "del futuro" serían recintos techados, de poca capacidad, con asientos forrados, en los que "unos cuantos" disfrutarían del "espectáculo" y los demás lo veríamos por la tele.

Yo creo que "el profeta" se quedó corto. Ya nada más lo veremos por la tele, en un canal de esos de "nostalgia" y en PPE, porque al paso que vamos, los intereses económicos de unos cuantos, nos van a dejar ladrándole a la luna y recordando un pasado que un día fue.

Y quienes "nos representan y defienden nuestros intereses", bien, gracias, haciéndole la pelota a los dueños del parné...

Y mejor me voy, que la mona señorita vestida de blanco, viene con una jeringa, corriendo detrás de mí...

Enrique Martín dijo...

Elías:
Conociendo a estos elementos y a los que nos gobiernan, todavía me espero que si dejamos de ir a las plazas promulgarán una ley que nos obligue bajo multa cuantiosa. No sé si dejando de ir a las plazas se darían cuenta del problema, porque el problema principal son ellos. Y no sé si tienen humildad y capacidad suficiente como para apuntar la flecha hacia ellos mismos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Elías:
Conociendo a estos elementos y a los que nos gobiernan, todavía me espero que si dejamos de ir a las plazas promulgarán una ley que nos obligue bajo multa cuantiosa. No sé si dejando de ir a las plazas se darían cuenta del problema, porque el problema principal son ellos. Y no sé si tienen humildad y capacidad suficiente como para apuntar la flecha hacia ellos mismos.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Tú sigue escribiendo estas cosas y verás como te "regalarán" una sesión extra de electroshock. Esa predicción, como ocurre casi siempre, se verá ampliamente superada por la realidad.
Un saludo

MARIN dijo...

Es la entrada que llevo metida en la cabeza hace mucho tiempo y que nunca me salia por no expresarla así de bien Enrique.

Soy uno de esos "utreroflautas". SI, lo soy y a mucha honra. El rumbo que está tomando la fiesta no se identifica para nada con esa fiesta que me enseñaron y que mamé desde pequeño. Y me niego a salirme de la trayectoria por mucho que me fuerzen aun con el riesgo de seguir siendo un utreroflauta toda mi vida. A el amigo Juanito se lo digo muchas veces Enrique, que esto ya no me llama la atención porque simplemente, ha perdido LA EMOCION. ¡Que palabra verdad!... emoción.

Hace un tiempo que puse un comentario en un blog (creo que fue en este, no me acuerdo seguro), en el cual decia que los aficionados somos los primeros que tragamos con todo, y que a lo mejor teniamos que dejar de ir a los toros para que se pusieran las pilas. En aquel momento, muchos me tomaron por loco, y ahora fijate que me encuentro con J.Carlos que me hace ver que no era un bicho raro (en esto tampoco).

En fin Enrique, que creo que los aficionados, esos como tu y muchos mas, y los aspirantes como yo, tenemos marcado el mismo camino que los Coquillas del pobre Mariano.

Un saludo y vuelveme a perdonar por la parrafada.

Enrique Martín dijo...

Marín:
Pues sí, parece que están empeñados en marcarnos la salida e invitarnos a tomarla. Lo que no saben es que en el fondo el aficionado e3s el que dará perdurabilidad a la Fiesta, el que no abandona a la primera de cambio, y que el público igual va un día a los toros, que va tres, que no va jamás. Y ¿sabes qué empiezo a pensar? Pues que no somos tan bichos raros, que porque la gran mayoría tenga dos cabezas y cuatro piernas, no quiere decir que ellos no sean raros. Eso sí, somos pocos usales ¿no?
Un abrazo

Emilio Roldán Hernández dijo...

Amén. Completamente.

Enrique Martín dijo...

Emilio:
Pues otro más que les desea que se den un paseo hasta ese sitio y que se queden allí.
Un saludo