sábado, 3 de noviembre de 2012

A ustedes es que no les gustan los toros

No sé cómo no les gustan los toros.



Anda que no llevamos tiempo de disputas, intercambio de opiniones contrapuestas, tertulias, entradas en los blogs, comentarios, comentarios a los comentarios, disertaciones, conferencias, charlas de bar y aparte de que unos hablan de una cosa y otros de otra, lo que cada día me está quedando más claro es que a los nuevos aficionados, los que aclaman esas cosas tan raras que a otros nos horrorizan y los propios protagonistas que las perpetran no les gustan los toros. Así de simple. Y no solo no les gustan, sino que no paran de cargar continuamente contra todo lo que ha supuesto la base y los pilares de la fiesta. Lo cual me parece más grave, porque yo entiendo que les guste el show ese de la “tauromaquia”, que ya no son “los toros”, ahora es “la tauromaquia”; que el término es correcto, pero no se usaba a la primera de cambio. Solo falta que te digan “¿Hay hoy tauromaquia en Las Ventas?” o “¿Televisan hoy la tauromaquia desde Benidorm?” Aunque todo llegará, no se angustien por ello.

Pues sigan ustedes con su tauromaquia, y déjennos a los palurdos e ignorantes con “los toros”. Quédense ustedes con eso de torear para el toro, el toro para el torero y el que paga a callar, las faenas eternas, el arte y la cultura de garrafón que repiten una y otra vez como queriendo convencerse de que les gusta lo que les aburre y tantas y tantas cosas a las que muchos no llegamos. Leía yo hace poco cómo un señor muy comprensivo con la Tauromaquia 2.0, se atrevía a plantear una nueva medida para incorporar a la plaza de Madrid, sobre todo teniendo en cuenta los gustos del público del momento, la evolución del espectáculo, que ya no rito, y lo que demandan los hartistas (Xavier González Fisher dixit); esto no era otra cosa que reducir el diámetro de las Ventas en 10 metros, lo que a su vez posibilitaría la ampliación del aforo, añadiendo unas cuantas filas más. Lo que está muy bien, sobre todo ahora que ya no se llena la plaza ni en la feria, y que como mucho se cuelga el no hay billetes dos o tres días, incluyendo en estas fechas la de Paquirri, Fandi y El Cordobés, ahí es na’.

Ya tenemos una modificación de importancia, los ruedos deben ser más reducidos, para que el toro no deambule a su aire por el ruedo, cosa que se resolvería fácilmente en el momento en que hubiera alguien que supiera fijar al toro, algo poco habitual. Así tampoco cantaría tanto la incompetencia de los coletudos, ni la falta de casta y mansedumbre de los mochuelos con plátanos que salen ahora por la puerta de chiqueros. Pero no satisfechos con este hurto a la contemplación del comportamiento natural del toro y a la expresión del instinto e ideas que lleva dentro, como si esto no nos interesara lo más mínimo, queremos dulcificar, disimular o camuflar la suerte de varas. ¡Peligro! no vaya a ser que al final el público descubra la mala condición del toro y que con ello cambie la opinión de una ganadería, una de esas que cuenta sus cabezas casi por millares, que le fabrican los crotales XXXL, para que le entre el número completo; sin importar que lleguen de la oreja al suelo. Pero da lo mismo, si es que no les gustan los toros, perdón la tauromaquia.

Como les van a gustar los toros si enloquecen con la borriquilla de un belén cuando sigue a una lavandera porque está encogida, estira los brazos y lleva un trozo de tela colgando. Pero los pobres se creen muy aficionados al toro y al toreo, aunque cuando sale el picador ya buscan al de los refrescos, con la esperanza de que cuando tengan la cerveza en sus manos, el del jamelgo con faldas ya se haya pirado a molestar a otra parte. Adónde habremos llegado, que ahora se plantean la posibilidad de eliminar uno de los caballos de picar. En serio, que esta idea no es fruto de una alucinación después de ingerir una cantidad importante de psicotrópicos. O sí, pero lo que quiero decir es que la ocurrencia estúpida esta no es cosa mía, sino de los taurinos, esos a los que yo creo que no les gustan los toros. Será por eso por lo que quieren achicar el ruedo de Las Ventas. Será porque quieran poner alrededor una pista de atletismo. Será porque quieran poner un carril bus, o un carril solo bici. Pero que no se les ocurra ampliar las localidades para invitados de postín, porque si no, en el centro no dejarán sitio ni para una piscina de bolas. Eso sí, si al ruedo, grande, pequeño o mediano sale un toro encastado, un galán de esos que exigen un torero que sepa, enseguida le cuelgan el cartel de imposible, a él y a toda la ganadería.

Pero no les pueden gustar los toros, que no, que no se lo cree nadie, si justo en el segundo tercio, cuando el toro se debería definir para el tercio de muerte ellos no tienen idea mejor que ponerse de wasa, no de broma, sino de wasar o wasap o guasup, o como demonios se diga y se escriba y sueltan en voz alta: “Mira, mira, mi cuñao y yo en la despedida de soltero de mis padres”. Que no digo yo que no sea interesante la estampa, pero, ¿no se podrá uno esperar a que doble el toro? ¡Noooo! Esa es la hora de las orejas, eso es importante, lo más importante. A ver si uno aguanta doscientos doce pases, IVA incluido, jaleando “bieeeeeejjjjnes”, para luego no soltarse el pelo agitando sus vergüenzas nasales. Alguien me dirá entonces que esa es una prueba suficiente de que sí les gusta la Fiesta; que es verdad, les gusta la Fiesta, la de Moros y Cristianos, la Tomatina, la Batalla del Vino, los Zancudos de Anguiano o el Octoberfest de Munich, pero no la de los toros. Porque su exaltación no se debe al derroche de arte, poder y dominio de un hombre ante un animal fiero, encastado y de una presencia imponente y que da miedo al más pintado. Se van calentando a partir del trigésimo cuadragésimo quinto trapazo. Tanto se ciegan, que desprecian el momento final, la culminación de la lidia. Aquello que justificaba todo esto, la cría del toro y su lidia, la suerte de matar, la suerte suprema, que ya es secundaria. No importa la ejecución, ni la colocación del acero, basta con que todo sea rápido. Ya puede haberle pinchado en un callo, atravesado de lado a lado o incluso haberle pegado un navajazo traicionero, es lo mismo, como si sale un matarife o una tribu del Kalahari, la cosa es que el toro caiga rápido, no se recrean en el momento en que el torero se cuadra, echa la muleta hacia delante, se tira detrás de la espada y tras clavar en lo alto del morrillo sale con limpieza del encuentro. Y, ¿por qué? Muy sencillo, porque no les gustan los toros, les gusta otra cosa, que llaman tauromaquia, pero que solo se parece a la Fiesta de siempre en que unos señores se ponen medias rosas sin que se avergüencen de que les vean miles de personas, que encima, no reparan en este pequeño detalle. ¡Señores! Que… a ustedes… es que no les gustan los toros.

10 comentarios:

I. J. del Pino dijo...

Enrique, qué ganas tengo de comer contigo y analizar todo esto que escribes. Yo personalmente no encuentro fòrmulas para evitar esta mutación genética del aficionado.
p.d.- si es imprescindible, pago yo.
Saludos cordiales.

Enrique Martín dijo...

Isidro:
Pues si no hay más remedio, tendremos que comer juntos, jejejejeje. Anda que no tengo yo ganas de sentarme un rato con el clan riojano. Creo que me iba a callar y solo escucharía. Un abrazo para todos. Y esa comida, mejor antes que después ¿no?

franmmartin dijo...

Admiro la afición ,la fé y el entusiasmo que destilan tus comentarios de enamorado de la Fiesta de los Toros,vulgo tauromaquia.
Pero Enrique,qué malos, difíciles y duros son los tiempos en los que hay que demostrar la evidencia cada día.No te aburras.
Un abrazo y buen provecho para esa comida tan taurina que preparais.

Enrique Martín dijo...

Paco:
La misma afición que muchos como tú, que no te resignas a admitir esta realidad sin dar batalla. Mi afición realmente creo que es egoísmo puro, pues no sé cómo podría vivir sin el toro. En esa comida, aunque no me dejen probar bocado, será un gusto oír hablar de toros a esta cuadrilla de amigos y buenos aficionados. Pero me extraña que con unos riojanos no se vaya a comer bien, eso es más difícil que arreglar la fiesta.
Un abrazo

POCHO PACCINI BUSTOS dijo...

Enrique, por suerte todavía hay TOREROS que respetan al TORO, que se distinguen por su vergüenza torera y nos dicen calladamente que la tauromaquia que emociona es posible.
No son parte del trust de bergantes, que se quieren cargar la fiesta a cualquier costa.
Esos toreros y aficionados como tú alientan a aficionados como YO, que desde Perú (Concretamente de Acho, plaza en la cual solo se dan en promedio 5 tardes de "toros" en todo el año) seguimos luchando para que no nos sigan robando nuestra fiesta, esa que antaño fue posible y no la que nos quieren hacer tragar hoy en día, remedo de circo y pantomima.

Saludos,

POCHO PACCINI

MARIN dijo...

Enrique, sabes que siempre te he dicho que aprendo de ti una "jartá", y que tus entradas son sencillamente geniales. Pero hoy voy a cambiar el discurso: ESTA ENTRADA ES GRANDIOSA. Es para quitarse el sombrero contigo una vez mas.

Fijate que yo podria ser uno de esos a los que les gusta ese tipo de tauromaquia que dices que gustan ahora en el siglo XXI. Sabes que te he dicho que para torear prefiero un toro y para aficionado otro... no soy tonto. Pero tampoco hice ascos nunca a ninguno de los dos. Pero hablando de aficionado a aficionado, creo que soy un troglodita de la fiesta de LOS TOROS porque he bebido de unas fuentes puras como aficionado. Quizás ese sea el problemas de todos estos a los que no le gustan los toros.

Por cierto, me apunto a esa comida. Yo pongo la caña de lomo y el vino.

Un abrazo.

Xavier González Fisher dijo...

Por lo visto, eso de pensar en "los toros" es efectivamente, como dices, cosa de palurdos. Pero entonces, yo me confieso orgullosamente palurdo...

Prefiero pensar en los toros que en la "toreromaquia" o "tauromaquia 2.0" que hoy se nos quiere endilgar, a título de "fiesta", cuando no pretende ser más que un mero espectáculo estandarizado, que deviene en una mera repetición incasable de los mismos hechos, en lugares distintos.

Por eso prefiero ser un troglodita palurdo, que otra cosa...

Enrique Martín dijo...

Pocho:
Acho es quizás una de las plazas que más querría conocer en el mundo. No sé si por influencia de Vargas Llosa. De momento solo nos queda esperar tiempos mejores, pero no dejando que avance la peste. Me alegra poder dar ánimos a alguien, yo los recibo permanentemente con vuestras lecturas y comentarios.
Un saludo

Enrique Martín dijo...

Marín:
No te veo yo de moderno en esto del toreo, me cuesta creerlo, como bien dices eres un troglodita, expresión que me impuso Juan Pelegrín y que me encanta. Sigamos a lo nuestro, esperando que podamos volver a saltar del asiento sin poderlo controlar. ¿Estaría bien esa comida, eh?
Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Xavier:
Palurdos y trogloditas recalcitrantes. Y además orgullosos de serlo. Lo que no creo es que todos estos modernos hayan visto alguna vez el toro y toreo de verdad; si no, no encuentro otra excusa para esa adoración por ese espectáculo repetitivo y aburrido.
Un abrazo