miércoles, 24 de julio de 2013

Seguimos con los encastes, pero sin ganaderos

Los Urcola casi están en el limbo y su presencia en las plazas es más que extraordinaria, pero, ¿podría cambiar esto?


Una de las peleas que con más énfasis e ilusión mantienen los aficionados, los toristas, según unos mamertos que se creen que así ofenden, es la de la conservación de los encastes a costa de lo que sea. Hasta ahí no puedo esta más de acuerdo, incluso pienso que no hay otra opción posible, pero partiendo de este punto, creo que es necesario seguir andando el camino. En una ocasión un aficionado, y no incluyo lo de bueno o buenísimo, pues decir aficionado ya es mucho decir, don José Olid, que conoce la genealogía taurina como nadie, me cogió del brazo y me dijo: “El problema llega cuando los ganaderos creen que tienen algo”. ¿Pues vaya! Claro que tienen, un tesoro genético, dirán algunos. Y no es del todo falso, pero también encierra una trampa que propicia el inmovilismo y cierra cualquier puerta a una posible evolución. Luego, dependiendo de quien sea el qué la impulse o de la manera en qué lo haga, esta puede ser beneficiosa u otro cáncer más para la Fiesta.

¿Qué hubiera pasado si hace un siglo y algo más, los señores ganaderos hubieran pensado igual? Puede que en aquellos tiempos tuvieran un ideal por el que trabajar, además de la afición para meterse en camisas de once varas. Sí es verdad que hubo ganaderos que no sentían tanto el afán de criar toros, pero al final tampoco aguantaban demasiado. Pero la norma era que siempre se encargaba de las vacadas alguien atrapado por el toro, bien el marido de una rica heredera, la mujer de un ocupado hombre de negocios con mucho dinero, hermanos, cuñados, potentados aconsejados por toreros y hasta criadores de manso que se decidieron a cruzar a la otra orilla del río.

Parece fuera de discusión que hay que mantener las bases, la materia prima con la que poder conseguir bravura, fiereza y sin perder una gota de casta, aunque quizá lo más correcto en este caso sea intentar recuperar lo perdido, si esto es posible. Pero son excepciones los que se atreven a hacer de alquimistas de la bravura y los que se meten a ello, más que alquimistas parecen el doctor Bacterio, cogen un óvulo fertilizado y se lo implantan a una vaca mansa, como en su día parece ser que hizo Álvaro Domecq, pero esto más parecía dirigido a favor de la cantidad, que no de la calidad; y así pasa, que tenemos macroindustrias ganaderas de borregas espasmódicas. Otros se atreven a enganchar un charolés y cruzarlo con una vaca brava, que no sé yo si esta práctica viene de lejos y en especial en esas factorías de toros para figuras, porque viéndolos en el ruedo, dan toda la pinta de haber nacido para ser filetes.

Pero no todo van a ser ocurrencias fruto de una curda de rebujito, también podría haber intentos serios para conseguir un toro serio, bravo y encastado; fíjense que en ningún momento he usado la palabra nobleza. Quizá debería hacerlo, pero es que en la actualidad, a uno le da tanta alergia como un bosque de arizónicas y gramíneas en el salón. Quizá Victorino y familia han sido de los últimos que hayan arriesgado en eso de los cruces, aquello de Monteviejo, que no cuajó, el amago de lo de Urcola, pero todo parece haber quedado en nada, entre otras cosas por el poco apoyo de esos aficionados ancastófilos y que nos creemos el colmo del purismo. Todo progreso ha necesitado de la prueba y el error para seguir buscando y llegar al éxito. Pero cuidado, que lo que se ha conseguido con los Juan Pedro, para mí no es ningún triunfo, más bien es detenerse en el fracaso e insistir en él, una y otra vez, extendiéndolo por el campo bravo, cómo la peste con las ratas. Si bien es verdad que muchos ganaderos llevan años empleando todas sus fuerzas en recuperar lo que tenían, quizá se hayan cerrado demasiado en si mismos, precisamente por lo que comentaba al principio con la teoría de José Olid, que se creían que tenían algo.


Espero no ser crucificado por lo dicho hasta ahora, especialmente por los amantes de los encastes inmovilizados, pero, ¿no estaría bien que los señores ganaderos abrieran más sus mentes y que hubiera ciertos movimientos de ganado entre las fincas? Seguro que muchos de los nuevos ganaderos, esos que se han comprado los Juan Pedro por kilos y esperando ser reconocidos y entrevistados en la tele, lo mismo hasta se atreven a cruzar sus animales. ¿Qué pasaría si echáramos un semental de Santa Coloma a unas vacas de Núñez del Cuvillo? Puede parecer descabellada la idea, pero… Que ya se sabe que en esto del toro dos y dos son lo que la naturaleza quiera, que lo mismo cogemos el semental y vacas más bravas del mundo mundial, y nos salen borregos de machos y alimañas de hembras, pero ya no me voy a meter en más líos, pero pensemos que además de conservar, también se puede evolucionar. Incluso, hasta se podía pedir ayuda al Estado para lo primero y soporte para lo segundo, en lugar de dinero para los señores taurinos.

4 comentarios:

MARIN dijo...

Uff, esto es tela de complicado Enrique. Pienso, porque no soy ganadero, que a la hora de criar toros, no hay ciencia cierta para nada. Lo único que se puede hacer es buscar la casta y la bravura a través de la selección. Lo que no se puede buscar es la nobleza antes que lo otro, porque sino al final te salen como peluches de feria. A los hechos me remito.

Y lo de los experimentos... virgencita! virgencita! que me quede como estoy. Te puedo decir que he ido a ganaderías a tentar donde se estaba cruzando Juan Pedro con Atanasio y... pa que se las metiese por donde habían salido. Aparte, para ver esos resultados tienes que esperar como mínimo dos años para lidiar de erales, y tal como está la cosa... ¿Y si el experimento sale malo? pues has perdido cuatro o cinco años y te tienes que comer con papas lo que tienes en el campo.

Lo mejor y mas sensato, pienso yo, es buscar la casta y la bravura en algo puro, que se exija en los tentaderos (que pa eso se hacen), y sobre todo se exija en el caballo que es donde se canta la casta o la mansedumbre. Pero que no me eches cuenta que yo no soy ganadero ni na.

Un abrazo.

Enrique Martín dijo...

Marín:
Por supuesto que esto es tela de complicado, pero esa búsqueda no tiene por qué interferir en el curso de la ganadería, donde se tiene que mantener ese rigor en la selección, por supuesto. Como tú dices, igual juntas el semental más bravo y las vacas más bravas, no te ligan y te salen ovejas espantadas, igual que hay ganaderías en que los machos salen blandos y las hembras unas hijas de sus madres, o que los machos son buenos de novillos y de toros se quedan en nada. Esto es difícil, difícil, porque además hay agentes externos que te pueden influir una barbaridad, la sequía, el exceso de agua, una plaga, mil cosas. Pero aún así, creo que se podría seguir ensayando en paralelo y seguir buscando esa variedad por otra parte, y a lo mejor, hasta podrían ser útiles las reses bodegueras. Y por supuesto, asegurando siempre la conservación de los orígenes.
Un abrazo

Alberto Ariza Moreno dijo...

Enrique:

Como dice nuestro amigo MARIN este es un tema bastante complicado en el que entra en juego la opinión de cada ganadero.

Desde mi punto de vista, que tampoco soy ganadero, yo también hacía ese tipo de pruebas sobretodo si la ganadería no te va demasiado bien. No a nivel de toda la ganadería sino a unas pocas vacas, a unas 10 o 15. Si sale bien pues lo seguía intentando y si sale mal pues tampoco perdía mucho.

Otro problema que veo es que los ganaderos intentan escusarse en defectos con la frase "es típico del encaste". Si el toro Núñez o el de Atanasio sale muy frío de salida y en la mayoría de los casos manseando ¿por qué no intentar cambiarlo en lugar de decir que es típico del encaste?

Incluso en el encaste Domecq más aborregado ¿por qué no buscar poco a poco la bravura y la transmisión? Algunos dirán que así todas las ganaderías serían iguales, pero siempre quedará una parte del sello que le da el encaste y además a cada ganadero le gustan unos matices y entiende de una forma diferente la bravura por lo que sería muy difícil que todo saliese igual.

Os hago una reflexión: cada encaste actual tiene su origen en cruzas y pruebas anteriores. Si cada ganadero probase en unas pocas vacas a ver que sale ¿qué pasaría? Puede salir mal pero ¿y si alguna vez sale bien?

El problema de todo esto es que hay que ser ganadero por afición al ganado bravo y no a salir en revistas y presumir de estar en tal o cual cartel. Y ganaderos por afición apenas quedan...

Un abrazo a ambos

Enrique Martín dijo...

Alberto:
Como decía, lo primero es conservar, e ir a lo seguro, pero como bien dices, se puede tomar una punta de vacas y probar a ver qué pasa y así incluso poder abrir puertas para conocer el comportamiento de ciertos ejemplares con unas y otras sangres. Lógicamente, son dos caminos que tienen que andarse en paralelo y los posibles trasvases a la vía principal sólo se podrán hacer en los casos positivos y contrastados.
Un abrazo