martes, 27 de enero de 2015

Haroldo se me ha ido, Haroldo siempre estará

Haroldo, con este picador puedes abrir tu carpeta de pinturas en el cielo.


Acabo de enterarme de que acabo de perder un trozo de la alegría que había en mi corazón; no sé cómo, ni de qué manera, solo sé que no está, que ya no me aparecerá esa luz desde Carora. El hijo del gallero se ha marchado con su papá. Cuanto me contaba de él, de la afición de su papá a los gallos, de su filosofía de la vida. Se me vienen ahora tantas cosas a la mente, se me apelotonan y se me desordenan, su voz profunda y varonil, con ese dulzor del Caribe, con ese oleaje melódico, pero fuerte, de su risa. Qué feliz me hacía cuando me decía que leía todas mis entradas y que se “descojonaba” con mi “fina ironía” como él decía. Me leía todo, guardaba mis pinturas en una carpeta y su disfrute era mi orgullo.

Cuanto hablamos de política, de toros, de la vida, de los nuestros, de nuestra pasión, de su mal que le hacía tanto padecer, aunque no sé si tanto como el sufrimiento que le producía ver el momento de su querida Venezuela. Un tío grande, grande todo, de aspecto, pero sobre todo de espíritu, con un corazón dañado, pero en el que cabía toda la bondad o igual no, igual este no ha podido aguantar tanta generosidad, tan buena voluntad y tanta honradez y honestidad. Le llorarán los suyos hasta el final de sus días y le echarán de menos con cada aliento. No es posible, Haroldo no se ha podido marchar, tiene que haber sido un motivo muy principal el que le haya hecho partir y dejarnos aquí solos, el dejar solos a los suyos. Será que Dios, en el que él tanto confiaba y creía, le ha pedido que le acompañe y él no lo ha dudado, a Él no se podía negar.

Más de una vez me hizo la misma pregunta: “¿Cómo se te ocurren esas cosas que escribes?” Y yo le contestaba que muy fácil, que solo hacía falta tener una obsesión, los Toros, y cruzarla con la realidad, así de simple. La carcajada atravesaba el teléfono y me llegaba fresca desde el otro lado del mundo, siempre con la coletilla de “me descojono”, aparte de eso tan de allí de “carajo”. ¡Qué carajo! Ya no  volverá a llamar desde tan lejos, cuando cogía el teléfono mi hija y me decía que preguntaba por mí un señor con acento raro. Cogía el aparato y ahí estaba él, Haroldo, “descojonado” por las dudas de la niña. Cómo resonaba aquel “Enrique, aquí Haroldo”. Cómo se pasaba el tiempo conversando con él, hablaba y hablaba y no te cansabas nunca. Me transmitía su ilusión por venir a España, por conocernos en persona. Nunca le tuve delante, pero siempre le sentí a mi lado y ya estará dentro de mí para siempre. Yo conocí a Haroldo Izquierdo Rivero, un señor de Carora que se enorgullecía de su herencia española, que quería ver una tarde de toros en la plaza de Madrid. Tenía la costumbre de elegir un párrafo de algo que yo hubiera escrito y lo colgaba en las redes, como se cuelga el pescado para secar y hacía que yo mismo empezara a leer esas líneas y que no las reconociera como mías hasta muy avanzada la lectura. Cómo se reía cuando se lo contaba y que a gusto me sentía contándole lo que yo tenía dentro.

La última vez que hablé con él tenía que cuidar su salud, pero las circunstancias hacían que esto no fuera fácil, de la misma manera que no resultaba fácil convivir con las circunstancias del país. Le dolía España y le destrozaba su Venezuela, pero no faltaba su toque irónico, como cuando se nos cortaba la comunicación y al recuperarla decía que eran las escuchas, que nos habían cortado por decir cosas poco convenientes. No le vi nunca en persona, pero me parece tenerlo aquí delante, alto, flacucho y con la sonrisa de lado a lado. Haroldo, te has marchado a la llamada de alguien a quién no te podías negar. Estoy seguro de que nos encontraremos y que podremos preparar una buena tertulia de toros, tu papá el gallero, el mío desde Tamames, tú y yo. Creo que no me dejaréis abrir el pico, pero que gusto poder abrir los oídos y escucharos. Pero hasta que ese día llegue, no te quepa la menor duda de que yo te recordaré, te echaré de menos y te tendré siempre presente cuando tenga que explicar el por qué de mis escritos. No me lo creo, no es posible, pero la realidad no es otra cosa que muy testaruda.


Haroldo Izquierdo Rivero, un hombre bueno, mi amigo.

14 comentarios:

Jesús Mª dijo...

Enhorabuena, Enrique.... Todos los que charlmos con él lo estamos sintiendo en el alma... D.E.P

Rita Vaz Cabreira dijo...

Besos Enrique y gracias

MARIN dijo...

Joder Enrique, si te digo la verdad, esta noticia me ha dejado bastante tocado. Era una persona a la que le tenía bastante aprecio. Yo también he hablado mucho con el...puff Haroldo, Haroldo, mi amigo venezolano, el que compartía pasiones de toros y caballos, que se me ha ido...

Paqui Ferez Fernandez dijo...

Enrique, como me ha emocionado leer lo que has escrito sobre Haroldo, ni siquiera se quién es (ya sabes que yo no entiendo el mundo de los toros) pero me ha encantado conocerle un poquito a través de tus palabras. Ahora entiendo tu estado de ánimo del martes. Un abrazo compañero.

Miguel Angel dijo...

Como lo dices, nunca lo conocí en persona, pero no era necesario hacerlo para descubiri la luz que irradiaba; esa luz que ahora busca uno entre tanta oscuridad...

Gregorio Tebar dijo...

Otro zarpazo a destiempo. Grande Haroldo Izquierdo. Buen amigo te mando una invitación para la tertulia con Joaquin Vida.

Haroldo Izquierdo dijo...

Amigo, te agrdezco los comentarios de mi Papa.
Es muy bueno saber que su amistad trascendio fronteras.

Enrique Martín dijo...

Jesús Mª:
Un abrazo. No le olvidaremos.

Enrique Martín dijo...

Rita:
Muchos besos también para ti

Enrique Martín dijo...

Marín:
Tenía cariño para todos nosotros.

Enrique Martín dijo...

Paqui:
No lo sabía aún, pero la cosa ha sido fuerte y muy inesperada.

Enrique Martín dijo...

Miguel Ángel:
Era muy, muy especial, no le cabía tanta bondad.

Enrique Martín dijo...

Gregorio:
Creo que lo van a disfrutar los dos. Un abrazo

Enrique Martín dijo...

Haroldo:
Me emociona mucho el que en estos momentos se tome tiempo para responder aquí. Cualquier cosa que le diga sobre él no le sorprenderá. Usted ya sabe lo grande y bueno que era su papá. Por favor, mande un abrazo fuerte a todos los suyos y aquí tiene a todos los que le queríamos desde tan lejos y que siempre le sentimos muy cerca. Nunca olvidaré sus risas.
Un abrazo