lunes, 20 de febrero de 2017

No se verá por Sevilla


Seguro que el aficionado de Sevilla, el cabal, el que sabe, ha sabido y sabrá de toros, querrían ver al toro en el caballo seis veces por tarde y tres veces por toro, ¿no creen?




Ya están los carteles de Sevilla en la calle, ya tenemos tema de conversación para un buen rato, para poder explayarnos y disertar sobre la conveniencia o no de que esté fulano o mengano, de exigir responsabilidades a la empresa de la Maestranza de por qué no está Currillo de la higuera, que tanto nos gusta, nos agrada y nos emociona y que se sirvan de enmendar el error a la mayor brevedad posible. Que es verdad, que para unos y para otros se hace difícil entender el que estén unos sí y otros no. Quizá los primeros harán el paseíllo en el albero maestrante por pertenecer a una casa potente, por inercia o quizá y llanamente, porque le agrada a Sevilla, que ya es una buena razón. Puede que los aficionados estén indignados y que tengan su razón, pero ya sabemos que ni la plaza del baratillo, ni ninguna, se llena de aficionados, a los que por otra parte se han preocupado de echar de las plazas. Ahora no cabe tanto la cuestión de méritos, como lo de la pasta. Que vamos a llevar a las figuras y así nos compromete mucho menos, que son los que salen en las revistas y punto. Que luego puede ser que dependiendo del día y de quienes pueblen los tendidos, pueden pasar del silencio castigador a salir por la Puerta del Príncipe como exhalaciones, que si no miden la velocidad y la fuerza, lo mismo llenan el Guadalquivir de alamares.



Siempre he procurado ser muy respetuoso con la plaza de Sevilla, con las demás también, pero con Sevilla algo más; bueno no, de jovencito también era de los que decía que allí no entendían, que los que sabíamos éramos los de Madrid. ¡A! Esa soberbia e ignorante juventud. Aunque yo sé que no les quita el sueño lo que yo piense o deje de pensar de Sevilla y su afición, les pido mil disculpas y reconozco que aquella prepotencia casi infantil estaba tan fuera de lugar, como errada. ¿Cómo no iban a saber de toros en Sevilla? Pues lo mismo que se sabe en Madrid, con sus gustos y sus prácticas particulares y por eso, aparte de caprichos del empresariado, que bastante responsabilidad tienen en las contrataciones o no contrataciones de toreros y ganaderos, también puede ser que algo tenga que ver el que los méritos de Juan o Manuel en la palza de tal o cual sitio, no sean suficientes para llevarles a la Maestranza en abril. Lo que me recuerda cuando otros años salían los carteles de Madrid, mi Madrid, y salían voces pidiendo que se pusieran a toreros que todo el mérito que habían hecho en Madrid o para estar en Madrid, era para vender Fantas. Y lo del ganado, pues ya sabemos todos que si van las figuras, pues que llevan sus torillos debajo del brazo sí o sí y que eso no admite discusión y para más INRI, es algo ya asumido por todo quisque y nadie se atreve a discutirlo. Bueno, sí, los aficionados, pero ya sabemos que esos no cuentan, a esos hay que desterrarlos a Tombuctú para que no joroben y no rompan el clímax de arte, jolgorio y esa efusiva generosidad para construir triunfos a costa de lo que sea, aunque en ello vaya la dignidad de la plaza o de la afición.



Pero aparte de no ver a unos u otros, yo me pregunto cuántas veces durante todo el serial, aparecerá el toro, toro, porque en Sevilla siempre ha gustado el toro, que se nos quiten las tonterías de la cabeza, y cuántos tercios de varas se verán en toda la magnitud que demanda el aficionado. Cuántas veces suplirá la simulación a la verdad, a la honestidad con la fiesta y cuántas veces será tomado el primer tercio como baremo irrenunciable para valorar lo que un toro lleva dentro. A mí me gustaría que no se volviera a reproducir el espectáculo de Cobradiezmos y ese indulto del que muchos aficionados hispalenses se me quejaban amargamente, como si a su plaza les hubieran arrancado la honra violentándola de mala manera. Que ya sabemos eso de la tauromaquia democrática, pero debe ser el único caso en el que no puedo estar de acuerdo con el parecer de una mayoría, lo siento y mucho. También me pregunto cuántos trofeos se darán para que la cosa no decaiga y cuántos por torear, porque si el fin de esto son los triunfos, las orejas y pasear a los alternantes a cuestas de los lomos de los porteadores, pues, ¿para qué lo demás? Deja de tener sentido esto de los toros. Pero que nadie se me ponga de manos y me diga que si Sevilla tal o cual y que Madrid… Porque ahora estoy con Sevilla, porque es la primera, que de lo de Madrid solo hay que esperar un poquito más, porque aunque alguno se lo piense, aquí no atamos los perros con longaniza, que las mismas carencias las vamos a vivir desde marzo a octubre y con mayor intensidad y difusión en mayo, cuándo queriendo honrar al santo patrón, le haremos que se avergüence y se tape los ojos al ver en lo que ha quedado su plaza de Madrid. Pero ya digo, de momento abril está antes y por eso ahora hablamos de lo que  no se verá por Sevilla.



Enlace programa Tendido de Sol del 19 de febrero de 2017: