lunes, 6 de marzo de 2017

Cuándo Ángela luchaba por su sueño


Los toros que esperan a Ángela, allá a dónde ella haya partido


Hoy en día, afortunadamente, parece que el ver anunciada a una mujer en un cartel de toros ya no resulta sorprendente y creo que hasta se ha perdido ese aspecto de curiosidad malsana y hasta cierta carga de morbo. Pero esto no siempre fue así e incluso antes, simplemente para poderse anunciar y actuar a pie en una plaza de toros, hubo que luchar mucho e intentar derribar muros más altos que los de Jericó. Y quizá una de las personas que más peleó para poder vestirse de luces y torear, fue Ángela, aquella torera de rubia melena, con desparpajo, hablar con un cierto deje y entusiasmo rebosante, especialmente cuándo el tema era el toro. No era infrecuente verla en la televisión, la que había, en programas de actualidad, pidiendo que la dejaran torear, que se derogara aquella ley absurda que impedía que las mujeres ejercieran de matadores de toros o novillos.

La historia no ha sido del todo justa con Ángela. Primero, porque el paso del tiempo ha actuado como cortina de humo y ha suavizado y relativizado todos sus esfuerzos, la rigidez de las instituciones y la situación del país en aquellos momentos, que era de todo menos favorable, para que una mujer pudiera no solo ser torero. Y no es solo eso, que no se viera esto con buenos ojos, es que ni se llegaba a atisbar que pudieran tener igualdad de derechos y acceso a muchas profesiones en igualdad con los hombres. Pero allí estaba Ángela con un mensaje muy simple, aunque incomprensible para gran parte de aquella sociedad: quiero torear. Y al final, lo consiguió: logró echar abajo tanta prohibición, tantos impedimentos, tantos prejuicios… y las mujeres pudieron volver a pisar la arena de las plazas a la vista del público y vestidas de luces. Tras demasiado tiempo de espera, después de Juanita Cruz y dejando al margen aquel rumor que decía que el jefe del estado del momento quiso ver a Conchita Cintrón en las Ventas a puerta cerrada, se podría volver a ver a una mujer de luces. A Ángela la acompañaba en aquellos días Alicia Tomás, otra aspirante a torera y que también tuvo que soportar las miradas y las opiniones desfasadas de los aún amarrados a la caverna. Pero, ¡qué cosas! Esa falta de justicia de la que hablaba fue la que no permitió a la torera hacer el paseíllo en Madrid, fue otra mujer, Maribel Atienzar, la primera que rompía la prohibición en las Ventas.

Ángela no pudo gozar de ese privilegio de liarse el capote en Madrid, aunque sí que la casualidad hizo que una tarde de lluvia se viniera a sentar en la localidad vecina a la mía. La corrida se suspendió por el jarrear continuo, pero en esa media hora de espera me permitió saber del entusiasmo y afición que le rebosaba y la dignidad de quien habiendo sido pionera, inconformista con lo establecido durante décadas y vencedora al conseguir hacer realidad aquella reivindicación. Lo que a ella le preocupaba es que se diera la corrida. Qué desilusión se llevó, como si fuera su primera y única vez en una plaza de toros. ¿No es de admirar? Luego ya han sido muchas las mujeres que han vestido de luces en Madrid y en todas las plazas, incluso las ha habido que aunque se quejaron de que el machismo, real e imperante en este mundo, no les permitió continuar su carrera, aunque quizá había que preguntar si no explotaron también esa circunstancia, pretendiendo abrirse camino echando mano del pintoresquismo de una mujer torero. Me gustaría saber si Cristina Sánchez, por ejemplo, habría llegado a torear lo que toreó si su condición hubiera sido otra. Sé que esto igual no gusta, pero de verdad, ¿creen que a otro torero se le habría aguantado esa incapacidad perpetua con la espada? No lo sé y tampoco sé qué fue lo que la obligó a cortarse la coleta, pero lo que sí sé es que motivos para no ponerla más de siete tardes, sí que había. No me gusta eso de la discriminación, ni positiva, ni negativa, pero echar mano de ciertos argumentos, no me parece demasiado justo. Otro ejemplo es el de Conchi Ríos, que incluso se ganó merecidamente el triunfo en las Ventas, simplemente por torear, pero luego, como tantos otros, no aguantó el tirón y ahora está prácticamente desaparecida, a pesar de la influencia que le reconocen medios extranjeros. También se me viene a la memoria Mari Paz Vega, a la que apetece ver más que a muchos de sus compañeros y que para poder torear ha tenido que irse a hacer las Américas y que no sé si tendrá queja porque no la ponen por ser mujer o simplemente porque no la ponen. Que al final todo esto no debería quedarse en lo del sexo y sí en si vales o si no vales, si puedes a los toros o si no, si manejas las telas y si eres certero con la espada, pero eso ya son cosas del día a día del toro, cosas que vivió, aunque no con la plenitud que ella deseaba, cuándo Ángela luchaba por su sueño.


Enlace programa Tendido de Sol del 5 de marzo de 2017: