lunes, 20 de marzo de 2017

Demolición en nombre de la democracia


Imprescindible para un indulto, imprescindible para la lidia y para la fiesta


Si hay un valor indiscutible y absoluto que nadie se atreve a cuestionar ese es la “democracia”; otra cosa es lo que muchos entienden como tal y para saberlo no hay más que sentarse, esperar y observar. Es probable que bajo el paraguas de eso que llaman democracia no consientan que entre ni la justicia, ni la igualdad, ni mucho menos el sentido común. La democracia para ellos es alcanzar la mayoría e imponer lo que les venga bien, sin pararse a pensar que a lo mejor lo del vecino les viene mejor. Y esto también tiene su aplicación y extensión en el mundo de los toros. ¡Ay! ¿Por qué los toros tienen que ser siempre un reflejo tan fiel de lo que es esta España? Que aunque fuera por un ratito, no más de dos o tres minutitos, podríamos ser como los franceses, los suecos o los tailandeses, que no serán ni mejores, ni peores, pero son diferentes.

Que andábamos el otro día enfurruñados con lo del indulto o con esas incomprensibles concesiones de despojos por esas plazas de Dios y aún había que escuchar eso de que como lo pide la gente, chitón. Es como lo de “lo dijo Blas, punto redondo”, pero en masas y en toros. ¿Qué la muchedumbre entre bocado y bocado del bocata de tortilla pide que le den el toro al torero? Adjudicado. ¿Qué de postre los buñuelos habían sido alegrados con una cañita de Ojén? Un indulto. ¿Qué se va a enterar la Loli de lo hombre que es su hombre y como se entrega cuándo hay que entregarse? Un rabo, con perdón. Y aquí paz y después la locura y el desenfreno. Que no hay show más agradecido que el de los toros, que si se te ponen de acuerdo la peña los Tropezones con la del Traspiés, vamos de boca a montar el cotolengo más enloquecido del orbe taurino. Que basta sacar pañuelos y gritar mucho para conseguir una cosecha de cienes de orejas y decenas de indultos. Que esto es mucho mejor que el fúrgol, perdón, fúmbol, que ahí vas con toda la buena intención y con el mejor ánimo y va tu equipo y pierde. En los toros no, porque como esto es muy democrático, solo hace falta ponerse a la labor y ¡zas! ¡Histórica tarde triunfal en el coso de la Sanjuanera! Y te vas a casa más feliz que na.

Que no digo yo que no sea sano eso del disfrute y el entusiasmo y si es colectivo, mucho mejor, pero, ¿esos que tanto quieren favorecer al torero paisano, al simpático, al guapo o al que parece un comulgante han pensado en el daño que hacen a la fiesta? Una tarde en una plaza perdida de la mano de Dios, si se montan un sarao pseudotaurino no pasa nada, pero es que estas orgías de mentecatez se han convertido en la norma, norma obligada a la que todos debemos obediencia, porque lo dice la mayoría y como esto es una democracia, la minoría disidente tiene que callar, algo muy propio del espíritu democrático, obligar a callar al prójimo, y tirarse al abismo a ciegas. ¡caramba con los demócratas!

Este sentir democrático, aunque los furibundos entusiastas no lo crean, se va llevando toda la esencia de la fiesta de los toros. Primero y antes que nada, al toro, arrebatándole su dignidad e integridad, para convertirlo en simple monigote colaborador de la charlatanería taurina. No me dirán que no es saber lo que se hacen, porque empezando por el eje, si se admite la degradación y mutación de toro a jamelgo, lo demás ya viene de corrido y cuesta abajo. El fraude triunfará con toda seguridad y los que urden estas estrategias y manipulan el cotarro, de momento se aseguran el poder manejar todo y sacar sus beneficios, que por otra parte cada vez son menos, pero eso tampoco es para preocuparse, porque si hay menos a repartir, se hace que se reparta cada vez entre menos bolsillos.

Pero claro, si trastocamos el eje, la reacción en cadena se nos va de las manos, el primer tercio se convierte en una pantomima, llegando a extremos como el que el público, el que paga, admita sin pudor que si se pica un toro se cae, en consecuencia no se le puede picar, pues que no se le pique. ¿Cabe mayor estupidez? Te roban una tercera parte del espectáculo y no solo no protestas, sino que tragas y hasta te muestras comprensivo y te sientes orgulloso porque te crees un aficionado fetén. Y los taurinos, sobre todo esos de micrófono en mano, no solo lo asumen y lo entienden, sino que lo ven como una cuestión que hay que desregularizar y dejar todo en más del trincón de turno, convirtiéndose en cómplice del señor que vende mulos fofos por toros. Pero claro, si no te ha dado un jamacuco, en cuanto ves al señor de las medias rosas coger los trastos y ver como hace de la mentira ley, entonces ya ves que esto no tiene remedio, que el entramado es un enredo que no hay quién lo desenrede. Eso sí, luego vienen los clamores de la masa, esa que como casi único argumento esgrime eso de: “lo ha pedido el público”; sin caer o sin querer caer en que estamos viviendo una demolición en nombre de la democracia.


Enlace programa Tendido de Sol del 19 de marzo de 2017:

4 comentarios:

Curro dijo...

Ayer asistí, entre apenado y confundido, a la segunda parte de la pantomima, pues si difícil era ver alguna corrida emocionante en estas Fallas con el ganado que anunciaban, más iluso fui al pretender que mi lánguido Sevilla diera una tarde de bravura junto al Manzanares.
A lo que íbamos: asistí cabreado al habitual destoreo efectista del Juli en su primero más los 3 últimos ¿toros? Pero lo increíble llegó con la delirante aquiescencia y complacencia del palco con el desvarío general, concediendo vuelta al ruedo e indulto a dos toros que facilitaron la labor de los coletas, sin más.
Me imagino al Sr. Matías sentado en el sillón de su casa, viendo el carrusel de destoreo, de despropósitos, de fraudes.. y recordando la tarde en la que antepuso el prestigio de una plaza de primera y le dijo al figurín que ayer cortó 3 despojos: "chaval, estoy es Bilbao, aquí hay que mandar... bueno, TOREAR!!
Tristísimo lo de ayer.
Un saludo y siga defendiendo la Fiesta ÍNTEGRA, BRAVA y COMPLETA.

fabad dijo...

Enrique, ¿la suerte de que?. ¿De varas?. Sería mejor llamarle de cañas. Como cañas tratan a las antes varas. No solo porque parece que van a pescar al Toro (que es lo que hacen). Es que según he podido ver en la divertida feria de Valencia, esas cañas deberían ser un poco mas largas para facilitar que el anzuelo llegue al lomo del animal. En esta divertidísima Feria lo han hecho en varias ocasiones. En vez de esperar de frente al Toro y recibirlo con la antigua vara de detener, han descubierto que es mejor poner el caballo de lado y en vez de esperar, ahora van metiendo el culo del caballo hacia "el enemigo" a la vez que alargan el brazo (como el gachetobrazo) hasta poder posar la caña sobre el lomo y empezar a arrear. Lo tengo grabado pero no vale la pena el trabajo de buscarlo.
Cuando alguno hace la suerte "en condiciones a la moderna", es decir metiendo al toro debajo del caballo y pinchando... Manuel Caballero dice que se ha agarrado muy bien y que ha puesto un gran puyazo... por supuesto cuando pescan se callan.
Lo malo es que estas cosas ya no se protestan en las Plazas... Se ha asumido como toreo moderno (2.0).
Y conste que la primera vez que vi al picador acercarse al toro metiendo el culo del caballo fue en Madrid y no recuerdo si fue estando en la grada seis o fue hace dos años en la beneficencia que me siento en otro lado.
No se si debería retirarme antes de convertirme en antitaurinos...
Un abrazo y paciencia...

Anónimo dijo...

La afición siempre ha manifestado sus preferencias por el toro,que lo exige con trapío e íntegro,y este es un grave inconveniente para la empresa,los toreros y sus apoderados.
Con el incondicional apoyo de la prensa taurina están empeñados en que se acepte el toro con mediana presencia,sin fuerza y con una dulce mansedumbre que se acomode a la limitada capacidad técnica,artística y anímica de los toreros denominados "figuras".
A los del taurineo les molesta la afición y todo hace suponer que el objetivo es acabar con ella,pero todavía no están para enhorabuena.Felicitaciones por su defensa del toro y la fiesta.
Docurdó.

Anónimo dijo...

El toro como debe ser,con sus dificultades y peligros,da la medida de cada diestro,y si saliera en plenitud para todos,produciría un cambio tremendo en el escalafón de matadores,es evidente que hacen cuanto sea necesario para que no pueda producirse.
Lo razonable es que una empresa con sentido comercial ofreciera a su clientela el toro auténtico,ya que tanto le complace,y que la autoridad,por las mismas razones extremara el rigor en los reconocimientos del ganado.Sin embargo sucede lo contrario y el aficionado lo sabe y está harto del fraude.Es lamentable que un sector del público con talante triunfalista a el que lo trae absolutamente sin cuidado la ilusión del toro,la lidia y arte del toreo clásico y que si no se cortan orejas cree que no ha visto una corrida.
M.D.S.