sábado, 17 de junio de 2017

Gol en las Gaunas



Cuándo la Beneficencia era la Beneficencia

Hay veces que uno no sabe si está en una plaza de toros, en un campo de fútbol, en una sesión del parlamento filipino o en la lonja del pescado de Teruel, después de que los barcos pesqueros hayan llegado a puerto y expuesto el género tras un día en la mar. ¿Qué en Teruel no hay ni mar, ni puerto? Si ya les digo que a veces uno se pierde. Uno va a los toros con la idea de ver una corrida de toros, ¡qué coincidencia! Y viendo como celebran el que uno de los actuantes, como si hubiera marcado su equipo el gol del campeonato, poniéndoles caras a una parte del público, cortes de manga y hasta gestos amenazantes de rebanar el pescuezo, lo que, cómo en un campo de fútbol, sirvió para que el “amenazante” tuviera que abandonar su localidad acompañando a las fuerzas del orden. Quizá faltaban las bufandas y las banderas, aunque con los pañuelos blancos algunos ya se daban por satisfechos. Si ya lo intuía un despistado cuándo tras sonar el himno en honor del rey, que presidía la corrida extraordinaria de Beneficencia, preguntaba si no tocaban también el del equipo contrario. 

Ya digo, Corrida Extraordinaria de Beneficencia, la más importante del año, porque siguiendo la costumbre, los actuantes son los triunfadores de la reciente feria de San Isidro y hasta llegan a anunciarse sin cobrar un duro, donando sus beneficios a… Perdón, perdón, me he vuelto a despistar. ¡Vaya día! Que no me centro. Pues eso, la Beneficencia, que ya no es de Beneficencia, con tres matadores que no son los triunfadores de nada, aunque en su día pasearan algún despojo, El Juli, José María Manzanares y Alejandro Talavante, con ganado elegido y muy elegido, de don Victoriano del Río y el tercero de Toros de Cortés. Más un sobrero, el que hizo segundo, de Domingo Hernández. No quiero pensar el mal rato que habrán pasado los taurinos con algunos de los ejemplares, productos les llaman sus criadores, que saltaron al ruedo, pasados de kilos más de uno y de dos. Eso sí, en la segunda mitad ya se calmarían al ver salir esas raspas con cierto aire anovillado. Toros modernos, por supuesto, que para resumir, ya adelanto que no se les picó, excepto al sobrero de Domingo Hernández, que presentó cierta pelea, poniendo en apuros A Chocolate, que se agarró bien al toro y mucho mejor al palo, porque ya se veía midiendo el suelo con los lomos. 

El Juli recogió a su primero por abajo, con muletazos con la diestra, para seguir con todo el pico que puedan imaginar y tres palmos más, retorcido, despegadísimo, enlazando tanda tras tanda, recolocándose, ahora te pego uno por aquí, otro más, para cerrar con esa forma tan “particular” de sacrificar a los animales, echando a correr en rededor del toro, bordeando el Amazonas y cuándo ya ha ganado la orilla, a la altura de las orejas, ¡zasca! Sablazo. Ya ven, suerte suprema, sí, supremas de pollo con salsa barbacoa. Quizá vio en el escurridito cuarto a algo más acorde a lo que está acostumbrado a enfrentarse por esas plazas del mundo y corriendo buscó en sus archivos que tipo de repertorio le va mejor a semejante criatura y ni corto, ni perezoso, le endilgó una lidia y una faena digna de una talanquera de charol. En el primer tercio, cuando el caballo deambulaba por allí para no hacer nada, hizo un quite con capotazos del revés y muy desmadejaos, de esos que despiertan al respetable. Esos oleses sentidos le hicieron ver la luz. Derechazos, cambio de mano por detrás, enganchones y la parroquia entregadita, para continuar incluso con más pico que en su primero, como palmo y tres dedos más. Trapazos, por aquí, ahora con la zurda, más trapazos, metido entre los pitones, venga a recomponer con carreritas lo que no mandaba con la muleta, el toro para afuera, trapazos largando tela hasta el infinito, sin rematar jamás atrás, el toro muy parado ya muy despacito y El Juli gustándose con trapazos lentos, pero sin torear, aunque vaya usted y explíquele eso a los que veían que marcaban el gol del campeonato, que cómo sería la cosa, que hasta se enrabietó el maestro. Una entera trasera y caída y ahí llegaron los enfrentamientos, esos de los que los señores de la tele están tan orgullosos y echan tanto de menos. Pero, ¿qué quieren? ¿Qué nos matemos? ¿Qué es eso de incitar a que los que aplauden se enfrenten y le planten cara a los que protestan? ¿Qué sin sentido es ese? ¿Para salvarle el negocio al señor empresario, a ellos, a los criadores de productos, a los pegapases y a toda esa peste del taurineo? La lástima es que hoy la policía ha pedido que les acompañara a un caballero quizá cargado de alguna copa de más, que solo iba a pasar una tarde en los toros y que quizá contagiado por ese fervor populachero, se ha estropeado la tarde, mientras estos incitadores a vaya usted a saber qué, volverán mañana y pasado y al otro y cobrarán una tela por servir a los taurinos y por vejar la fiesta de los toros. Pues eso, lo dicho, una orejita para El Juli, que afortunadamente no montó la zapatiesta de Toledo, porque el usía no le concediera el segundo despojo.

José María Manzanares se las vio con ese sobrero que no se aguantaba en pie de salida, al que los lidiadores le echaban los capotes al cielo para evitar que se cayera. Pero inesperadamente en el caballo pareció revivir, peleando en el peto y por momentos con fijeza, arrancándose al peto con las ganas del que quiere echarlo abajo. El de aúpa picando, según los embates del de Don Domingo, con firmeza, sin barrenar y aguantando bien. Si es que lo que debería ser la norma, ahora nos parece casi extraordinario. Ya en el último tercio, Manzanares empezó a componer, que se le da, que lo monda, pero es que… compone tan lejos, que casi no se le oye. Abuso desesperante del pico, sin bajar la mano, escondiendo descaradísimamente la pierna de salida, carreritas y más carreritas, que dirán que uno se pone pesado con el tema, pero es que creo que es un sigo inequívoco, uno más, de que allí falla algo, que no hay toreo, que no existe el mando, el dominio. Al final el toro acabó en toriles, ¡qué cosas! Al quinto, más de lo mismo; parecía que aquello podía tomar vuelo con un galleo andando para llevar el toro al caballo, pero en esto que el animal se empezó a caer y ya nada podía tener sentido, a pesar de que el matador insistía e insistía, dejando que pasara el tiempo, sin más.

El tercero en cuestión era Alejandro Talavante, ese torero que unas veces parece que… y otras que tampoco. Un maestro al que le cuesta no solo fijar al toro, ni llevarlo al caballo, es que como les ocurre a muchos, le cuesta un mundo deshacerse del toro con un remate. Telonazos y naturales enganchados para comenzar, se dejaba puntear demasiado la tela, el toro hasta parecía arrancarse con brío, más pico y más enganchones a un toro que se quería ir constantemente a su querencia en tablas, hasta casi acularse para plantear su defensa. Poco se le podía hacer al inválido que cerraba plaza, que se caía a cada muletazo, a pesar de lo cuál el matador insistía en prolongar innecesariamente la faena y desesperando al personal, que ya llevaba un buen rato aguantando el calor de la tarde, tarde que no se sabe por qué motivos, empezó con un considerable retraso, quizá porque nadie pensó en retirar antes la lona decorativa instalada en el ruedo, quizá porque nadie cayó en que había que regar lo cubierto y pintar las rayas, quizá porque pocos cayeron en la cuenta de que aquello era una corrida de toros, lo más puntual que existe en España, que viendo esas celebraciones de los trofeos hasta se podía pensar que estábamos jugándonos el título y que dependíamos del resultado en otro campo, desatándose el jolgorio y la celebración cuándo al sacar el usía el pañuelo blanco para El Julio se oía una voz que gritaba Gol en las Gaunas.

2 comentarios:

Antonio Jiménez López dijo...

Estoy de acuerdo con esta publicación,a la fiesta la revientan desde dentro y afición queda poca

Anónimo dijo...

Otra tarde sin nada que rascar, pero nada! Otra tarde en la que se nos priva de ver la auténtica suerte de varas, algún toro podría haber tomado 3 puyazos, aunque luego hubiesen cantado la gallina pero algo es algo. Ni un solo par de banderillas que reseñar.

El Juli puso más voluntad que sus compañeros y cortó una oreja a base de acortar distancias hasta la extenuación y hacerse el héroe ante un toro que no quería pelea, un toro que iba y venía sin un mal gesto. Descolocación y pico por doquier, convenientemente rematado por esa peculiar ejecución de la suerte suprema que aún no entiendo porque se sigue aplaudiendo.

Manzanares algo de capote y poco más. El sobrero de Domingo Hernández era de dos orejas que se le escaparon. Eso de no exponer un solo alamar no gusta en la capital. Eché de menos la suerte de recibir, otra vez será!

Y Talavante en plan pasota sin querer saber nada de la lidia ni de sus oponentes. A los otros dos nunca les he visto torear, a éste sí. Por eso me fastidia su actitud apática. De nada vale quejarse del estado de los toros. Si no tienen fuerzas o están inválidos que los eche al suelo en el primer tercio. Eso es lo que tiene levantar capotes por las nubes para que no bese el piso el toro. Qué diferencia con Hermoso de Mendoza! El otro día pidiendo que le cambiaran al toro sólo porque era un manso pregonao. Estos quieren mantener a toda costa el toro en el ruedo, sea manso, cojo o ciego. Y muy mal eso de dejar vendido al banderillero por dos veces a la salida del par. Igual oíste mis gritos, a la tercera parece que reaccionó y cubrió al subalterno.

Y al Rey, que aprenda. Aquí se aplaude al himno, no se le silba como en el fútbol!

Un abrazo
J.Carlos