martes, 13 de febrero de 2018

Los quehaceres de la ONU


Siempre habrá que agradecer que un día alguien creyó oportuno el llevarnos a los toros, una y cien veces

Agradezcamos a las sesudas mentes de la ONU su preocupación por la infancia hispana o quizá mejor debería decir por la infancia ibérica, aunque así puede que excluya a parte de la infancia gala y americana, con las dudas que esto plantea, pues puede ser que esas infancias puedan sentirse excluidas y discriminadas de las preocupaciones de las mentes pensantes de la ONU. ¿No les parece un lío? No he hecho más que empezar y ya me he perdido. A ver si esto va a ser para minar la trascendencia de la nueva medalla de las Bellas Artes. Que igual lo señores ONUdios se han visto ninguneados por esa medallita a don Julián López Escobar y en represalia nos salen por estas de los niños, las corridas de toros y lo dañino de los bocadillos de chorizo para merendar, en detrimento de una ensalada de quinoa con pipas de girasol, brotes de canguingos y rebrotes de aire. Pero claro, ¿qué niño pueden estar jugando y corriendo con una ensalada en una mano y la tizona del Cid en la otra? ¡Aaaaah! Que ahora no va así la cosa, que ahora no corren y para picar en la ensaladita les vale pulsar la pausa.

Lo que han cambiado las cosas, tanto que algunos nos perdemos casi tanto cómo con el asunto de las medallitas y los méritos obtenidos para que a uno se la den. Uno que siempre había pensado que esto de los toros tenía un aspecto educativo, que tenía unos valores que los mayores intentaban inculcar a los niños para la vida y ahora resulta que no. Pero que no digo yo que los señores ONUdios no tengan razón y no se sepan lo que se hacen, pero… Porque a ver cómo me explican a mí cómo se le enseña a un crío algo en principio tan contradictorio como es el que a un señor, en este caso un torero, hay que reconocerle el enorme mérito de enfrentarse voluntariamente a la muerte, con todo lo que esto conlleva, sin desear, sin tan siquiera querer imaginar, no solo que esta llegue, sino que se evite el más mínimo percance; pero claro, esto bajo la premisa de la exigencia y el respeto a su oponente, el toro, que es quién tiene entre sus pitones la gloria o la muerte y al que no se toma cómo enemigo. Dirán que vaya lío, ¿no? Pues no quieran ni pensar en lo de las medallitas de las Bellas Artes.

A ver cómo se les enseña a los niños que la vida es vivir y morir, que la vida es gloria y fracaso y que este puede implicar censura, crítica, pero siempre el respeto a quién se enfrenta a esta circunstancia con gallardía, nobleza, verdad y miedo, un miedo absoluto, que se vence con afición, con amor al toro, ¿qué cosas? Y a ese rito que un día aprendieron de sus mayores. A ver cómo se le puede educar a un niño en eso de enfrentarse a una dificultad con verdad, dando en cada embestida la opción de ser cogido, pero al mismo tiempo salvándola a fuerza de experiencia, conocimientos y el saber que fueron acumulando generaciones de toreros, ganaderos y aficionados. Que no digo yo que no haya un tutorial en youtube que explique todo esto, porque ya hay tutoriales hasta para quitarse las legañas de buena mañana, pero permítanme algunas reservas.

Que igual resulta fácil de enseñar eso del respeto a la experiencia, el reconocimiento absoluto a la antigüedad de los mayores, los que antes se iniciaron en este camino y que en su momento, hasta ceden paso, le dan la alternativa a los jóvenes que vienen detrás, admitiendo que un día serán los que les aparten del camino. Eso ocurre con los matadores, que puede ser que cedan los trastos al chaval que un día les mostrará la salida, igual que los aficionados, los padres o los abuelos, ceden un día su puesto a los que les seguirán, los que puede que les superen en saber, aunque es complicado que se dé el caso, haciéndoles sentir ese inmenso orgullo de haber sabido y podido transmitir el amor al sacramento del toreo. Verán cómo sus pupilos caminarán solos y con solvencia por el ruedo o los tendidos, aportando su óbolo a mantener viva su pasión. Pero hasta en esto, cómo en la vida, aparece esa contradicción del que parece ya valerse por si mismo y de repente, cuanto más profundiza en el toreo, en la vida, más echa de menos a sus maestros, más necesidad tienen de saber qué habrían hecho, que habrían dicho ellos, cómo lo habrían visto y cómo lo habrían contado. Que ya digo que habrá tutoriales magníficos que puedan enseñar todo esto y hasta con infografías explicativas de los porcentajes de sentimientos contradictorios que se puedan dar en cada fase del proceso, siempre avalados por la experimentación de prestigiosas universidades de por allá lejos, pero de lo que no me cabe duda es que el alumno, por muy aventajado que sea, no sabrá por esta fuente de amores, pasiones, sentimientos, emociones y hasta identificación con las raíces, con la tierra y sus ancestros. Quizá tampoco acaben de asimilar eso del sentido crítico, del rigor al enjuiciar las causas por las que unos señores bien pensantes de un Ministerio son capaces de otorgar la medalla de las Bellas Artes a don Julián López Escobar, siendo él un ejemplo tan aventajado de la vulgaridad, la trampa y el despropósito torero, experto en esquivar el toro; no en el ruedo, sino en los despachos, procurando no encontrarse con este ni en un callejón oscuro y de forma sorpresiva. Pero no creo que esto se incluya de ninguna manera en lo que esos señores ONUdioses cuenten como parte de los quehaceres de la ONU.

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