viernes, 10 de agosto de 2018

La animalasmia, sin tratamiento conocido


La mejor cura para el animalismo y demás males del cuerpo

Si usted se encuentra delante de un chuletón de Ávila y justo en el momento en que va a pincharlo con el tenedor, duda, ¡cuidado! Si usted se ve un día haciéndole un jersey de punto a la serpiente pitón a la que ya considera como uno más de la familia, ¡ojo! Si usted empieza a pensar en la pesada carga que para un caballo supone su jinete y opta por subirse a la chepa, a su chepa de usted, al caballo e intenta un trote alegre por un prado, ¡Mucho cuidado! Y si se ve en el zoo, dentro de la jaula de los leones, sentado frente a un melenudo ejemplar de lo que la ciencia conoce por “Pantera Leo”, intentando negociar sobre un cambio en su dieta, sustituyendo la carnaza por tofu enriquecido con salsa de soja, ¡Alerta! Tenga a mano la tarjeta del médico a mano, llame a urgencias y dígales que usted padece “animalasmia”, el mal del siglo XXI. Ese mal que dejo pequeña a la Gripe Española, a la Peste Bubónica, a las chancletas con calcetines grises. Esto es serio de verdad.

Y esto son solo los primeros síntomas, que luego viene lo de liarse a gorrazos con todo aquel que no siente a los animales como hermanos, en versión San Francisco de Asís del s. XXI, con gafas de sol galácticas, chancletas de vestir y con el iPhone grabando para subirlo a Instagram. Ese banco de alimentos para animales, ese refugio para animales, con las ovejitas, los lobos, los leones, las anacondas, las pirañas, los dóciles toros de lidia, todos juntitos en amor y compañía y cuidadito con que al hermano lobo no le dé por zamparse a la hermana oveja; que todos sabemos que es jugando, pero es que a veces, al lobo le pierden las formas.

Que no es que quiera yo ahora alarmar al personal, porque, ¿quién no ha sentido algún tipo de afecto con un animal en alguna ocasión? Es más, hasta puede que hayan sentido hasta amor y yendo más allá, que hayan sentido la pérdida de alguno de ellos. No, no se asusten, que esto es propio de la condición humana, el problema empieza en el momento en que se sorprendan con la escala de valores del revés, cuando sitúen en la cúspide a cualquier animal, al que además dotan de valores propios del ser humano, arrinconando, casi condenando, a las personas al escalón más bajo de tal escala, tal y como si fuera un animal. Si se ven en esta situación, ustedes padecen animalasmia, todo para los animales, nada para los seres humanos. A los animales se les dotan de todos los derechos propios del hombre y al hombre, a la especie humana, se le niegan todos estos mismos derechos y es más, respondiendo a una especie de justicia sobrenatural, extraterrestre o vaya usted a saber de dónde emanará tal sentido de esa justicia.

Pero esto de la animalasmia no solo resulta peligroso para los hombres, que si solo fuera eso, aún podríamos defendernos de este mal de nuestro tiempo. Lo peor de todo es que la animalasmia también perjudica y seriamente, al reino animal y en consecuencia a la naturaleza. Porque no es infrecuente que los anilasmiáticos pretendan una extraña urbanización y asfaltado de la naturaleza, procurando un bienestar animal más propio para las personas, que para los animales. Lioso, ¿verdad? Cómo no va a serlo, porque así, sin quererlo, estamos queriendo explicar y razonar el mundo al revés. El bienestar animal es poner zapatos a un perro, abrigo, estar encerrado en una casa y salir solo a mear, tratando de que el trato con otros congéneres no pase de olerse el culo, pues ni gruñirse pueden, porque tienen que darse cuenta de que el gran danés que mea en mi esquina con un chorro como el Amazonas, es mi amiguito. Anda, no te j… Que el que te encierren en una cristalera de dos por uno y que te echen un ratón vivo de cuándo en cuándo es la mayor aspiración para una pitón “domesticada”. El bienestar animal es impedir que el caballo corra, que el perro cace, busque, husmee, que el gato trepe, cace ratones, se aparee, merodee en la noche, que el galgo corra, corra y corra o que el toro embista, luche, pelee y se sienta poderoso, el más poderoso de la creación. El bienestar animal es reprimir cualquier instinto de todo animal que nos empeñamos en que viva en el asfalto, sin que este entienda lo que es el asfalto. ¿Será eso del bienestar animal una consecuencia de la animalasmia o la animalasmia una consecuencia del tal bienestar animal entendido desde el punto de vista y aspiraciones del hombre?

Que este mal de la animalasmia llega a pretender que todos los animalitos vivan en libertad, felices, negándoseles incluso su capacidad de cazar para comer y que a eso del equilibrio animal le den, pero bien dado. Que puede que no sea agradable ver como un águila caza una liebre y la engulle con voracidad. Pues puede ser, pero si empezamos a pensar en cosas poco agradables de ver, igual nos falta vida. La animalasmia empuja a una vida supuestamente sana, con toda la salud que puedan dar únicamente las lechugas, los tomates, el brécol, las acelgas y las algas del Mar Muerto tratadas con iones enriquecidos con proteínas pluricelulares de las mareas del Ganges una mañana de domingo. Que cosas brotan una mañana de domingo y otros, aquí, por estos lares, desayunando churros esas mañanas de domingo. Que si nos sube el colesterol por exceso de churros con chocolate, si nos sube el azúcar en sangre, si con la grasa nos salen piedras en la vesícula, la medicina moderna tiene remedio, unas pastillitas, una dieta o ya en caso extremo, el bisturí y así vamos tirando, pero la animalasmia, ¡ay! Que para esto no, que solo una cosa tenemos cierta de momento, la animalasmia, sin tratamiento conocido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En el caso del toro,el "productor de arte y los figurones" son los pioneros del "virus".
D.C.S.