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| Quizá no sea cuestión de volver a los caballos sin peto, pero una vuelta a los fundamentos de todo esto no vendría nada mal. |
La vida de un ciudadano está repleta de reivindicaciones no atendidas, que si unos quieren meter los gastos de las vacaciones, que si las clases de hípica de los niños, el gasto de comprar un piano y nada de eso puede ser desgravable para el común de los mortales. Pero claro, ¿por qué no se puede declarar que se ha pasado una tarde infame en la plaza de Madrid? Ya no tanto por el precio de la entrada, si no por el rato que los asistentes han pasado sobre la piedra venteña. Que llevamos ya dos tardes en las que no se emocionan ni los paisanos y amigos de los actuantes; que habrá quien piense que seguro que la abuela de cada uno de ellos se emocionaría al ver a su nieto de luces y delante de un novillo en la plaza de Madrid. Pues no se me confíen, que lo mismo al salir de la plaza las abuelas juran no volver a hacerles un bizcocho para merendar hasta que no aprendieran a torear. Que sería de justicia una casilla en la declaración, ahora que estamos en plazo, en la que se marcara si es habitual de la temporada de Madrid; eso sí, presentando los oportunos justificantes, una foto dando una cabezadita, un cuaderno de crucigramas completados, un resumen de las obras completas de Thomas Mann y el padre Coloma, será por justificantes.
Novillos bien presentados de Antonio palla, aunque para algunas almas generosas, excesivas para ser novillos; aunque hasta la bondad tiene su contrapunto y los hay, con malas entrañas, que afirman que es lo justo para traer a la plaza de Madrid. Y quizá ahí debería haber quedado todo, los animales con su cuajo y punto. Porque si seguimos hablando del encierro, soso, descastado, manso pero sin ganas, que ya es penoso. Que ni ganas de mansear parecían tener. Quizá era porque eran fieles a esa “neotauromaquia”, que después de no decir nada bueno en los dos primeros tercios, en el último, si hay un señor que no les moleste y que les abanique mucho, van y vienen como un burro en una noria. No se les ha picado apenas, que si un pica decidía emplearse, inmediatamente tenía que frenar el brazo. En el mejor de los casos se quedaban en el peto, que era, viendo la condición de los bueyes. El quinto hasta se arrancaba con cierta prontitud, y hasta aparentando ganas, al peto, pero era notar el palo y en lo que tardaba en darse cuenta de que aquello hacía pupa, salía escapando del caballo y de aquel señor del palo largo.
Y usted se preguntarán que en qué estaban los tres espadas en estos primeros tercios, pero no se hagan preguntas difíciles a si mismos. Si bien es verdad que El Mella hasta quiso llevar el cuarto al caballo con un galleo, es mejor que pasemos por alto el capote de los tres novilleros. Y ya metidos en faena con el ya nombrado Mella, más Cid de María y Tomás Bastos, pues solo se puede decir que han estado en la misma línea de los de Antonio Palla. Pongan el nombre que quieran a eso de dar trapazos y más trapazos, hacer las faenas eternas por su larga duración y por lo tediosas que resultan. Pases y más pases, con el pico, desde muy fuera, con demasiado enganchón, abusando de las distancias cortas y cambiando de mano sin ningún criterio. Que a saber quién le ha dicho a el Mella que eso de ponerse de hinojos es toreo, como el que le haya chivado a Cid de maría que a su primero había que ahogarle la embestida, sin aprovechar los quizá pocos viajes que ofrecía yendo dándole algo de distancia. Y Tomás Bastos, cuya única ocurrencia ha sido irse a portagayola con ese valor que se diluye en el momento en que hay que ponerse derecho y cargar la suerte llevando al novillo. Pero que nadie piense que esto es exclusivo del luso, ni mucho menos, porque quitando eso de si se fue a la puerta de toriles, si se puso o no de rodillas, el resto son una copia emborronada del otro. Que tanto estiraban el brazo que conseguían que el animal se les metiera entre el bulto y el trapo. Que claro, uno escucha las maravillas siderales de otras plazas y otras ferias y entenderán que se coma las uñas intentando calmar la envidia, pero claro y todo tiene un pero, si lo medio ve en los vídeos laudatorios que circulan por ahí, de que esto es lo nunca visto, que si esto era de Pepe Hillo, ¡cómoooo? Que si lo otro de Manolete, de Pepe Luis, de Joselito el Gallo, de Chicuelo, de... Cómo no van querer estos proyectos de matadores ser émulos de tales acontecimientos. Eso sí, lo menos que se podrían plantear los que rigen nuestros destinos es que a los que van a la plaza en tardes como esta, hay que hacerles una gracia, porque, y que esto no desgrave en Hacienda
Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:
https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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