domingo, 3 de mayo de 2026

Toros modernos, toreo moderno, público moderno... ¡Demasiada modernidad!

Unos recordaban a aquel que tan buen uso hacía de la espada y otros los muchos fallos a espadas del resto


2 de mayo, ¡qué gran fecha! Fecha histórica, fecha recordada una y otra vez por aquel acontecimiento tantas veces rememorado, ¿se acuerdan? Seis toros, seis, para José Miguel Arroyo, Joselito, que conquistó Madrid y el mundo de los toros, quedando aquel día como una lección de lo que debe ser el toreo. Pues quizá, si quiere alegrarse la vista y el espíritu, mejor pónganse el vídeo de aquel día y así borran cualquier imagen de este 2 de mayo de 2026. Que anda que no estaba amable la plaza, amable y hasta cariñosa, y visto lo visto, hasta ñoña. Que parecía que nadie quería molestar a los ya veteranos Uceda Leal, El Cid y el menos veterano, Javier Cortés, que entre los tres sumaban casi siete décadas de matadores de toros. Y el ganado, pues El Pilar, al que tampoco le han echado muchas cuentas, que los importantes no eran ellos, que su obligación solo era el ser “colaboradores” para los triunfos de los de, ¿luces? De los que lucían unos vestidos que cada uno juzgue y califique como mejor considere.

Los toros de El Pilar, correctamente presentados, algunos acusando algo de flojera, en el caballo, aparte de no cuidarse la forma de realizarse el primer tercio, en el mejor de los casos casi cumplían, pero en líneas generales solo se dejaban sin más. Entre todos se ha convertido en un mero trámite, nada más. En el segundo tercio, aparte de los dos pares, mejor el segundo, de Pablo Gallego, ha habido momentos lamentables con los palos, convirtiendo el ruedo en un lamentable caos.

Los de ¿luces? Pues si preguntan a los más animosos, igual les hablan de maravillas, de... yo qué sé, pregúntenle a ellos. Pero la verdad es que lo desarrollado por la terna ha dejado bastante que desear, si de toreo hablamos, que si de lo que se trata es de posturear, ponerse erguido y andar con displicencia, lo han bordado. Pura apariencia, pura modernidad. Eso sí, el ganadero no podrá tener ni una queja de que no hayan dado aire a sus pupilos, que por momentos lo necesitaban.

Uceda Leal recibió sin demasiada convicción a su primero, que ya de salida estaba parado. En el último tercio parecía costarle poder a un moribundo, sin parar quieto y con cuidado con los trapazos, para que no se le fuera al suelo. Muletazos rematados por alto, siempre ausentes de mando. En su segundo, aparte de vocear demasiado, poquito más, más aire, ventajas en cada pase, muy fuera, muchos enganchones y poco más. Lo más negativo sucedió en banderillas en el segundo toro, cuando a la salida del para Rafa González se vio en extremo apurado, con un Uceda ajeno a lo que allí sucedía, por no estar en su sitio a quitar y por una actitud inaceptable en quién se viste de torero, por las nefastas consecuencias que podría haber tenido para un compañero.

El Cid, a quién al menos veremos despedirse una tercera vez de Madrid, venía con aires de maestro añejo, pero para aires, los que le daba él a sus toros con los engaños. Aplaudido en su recibo de capote a su primero, siempre rectificando con el paso atrás y una media para poner el de El Pilar al caballo. Alguno se estaba frotando las manos y mucho se tenía que torcer la cosa para que nadie quisiera aparcar ese entusiasmo triunfalista. Demasiado pico, muletazos acabados arriba, muletazos sin mando, solo dando aire al toro, la muleta lejos de estar planchada, más bien hecha un burruño, retrasada, para acabar con ese recurso tan popular como es el meterse entre los pitones. Quizá por esa ausencia de toreo, le costó cuadrar al de El Pilar, más pendiente de irse a tablas. Varios pinchazos, para acabar el toro echándose de puro manso, aunque tampoco hay que negarle el que fuera una y otra vez, pero... En el quinto se tomó demasiadas precauciones, mucho pico, mucha carrerita, brazo demasiado largo sacando la tela , enganchones y más enganchones y de nuevo lo de meterse entre los cuernos. Y al final, después de una media, fue un arreón provocado por un peón el que hizo que cayera el animal.

Volvía Javier Cortés, un torero que un día pareció que... otros muchos que no y en estas que le incluyen en este 2 de mayo. Como digno representante de la modernidad, ausente con el capote y prácticamente ausente durante la lidia. Nada en su primero, aparte de muchos trapazos, algún enganchón, demasiada sosería y escondiendo la pierna de salida. En su segundo, un animal que iba e iba y volvía a ir, pudo mostrar toda la dimensión del toreo modernos, el de esconder la pierna de salida, tirar con el pico y no rematar los muletazos, teniendo que recolocarse demasiado. Serie empalmada, que no ligada y la plaza entra en éxtasis. Y el de El Pilar que seguía acudiendo allá dónde le enseñaran un trapito. Que ya los había preparando el pañuelo, afinando la voz para berrear durante la petición, vaticinando más de un despojo, que aquello era para no creérselo; la verdad es que no se podía creer que con eso alguien pensara en... Y llegó el momento final, la espada, tremendo bajonazo, algo previsible viendo lo fuera que se perfilaba. Pero no pasaba nada, había atinado en lo negro, ¿no? Pinchazo y a continuación dos bajonazos más, aún más infames que el primero. Que los modernos pueden hacer la vista gorda con un bajonazo y casi con un pinchazo, pero con tres ya es tentar mucho a la benevolencia de los benevolentes. Y al final todo se reduce a toros modernos, toreo moderno, público moderno... ¡Demasiada modernidad!


Enlace programa Tendido de Sol Hablemos de Toros:

https://www.ivoox.com/podcast-tendido-sol-hablemos_sq_f11340924_1.html

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