martes, 14 de abril de 2009

La gesta de Talavante




El domingo pudimos asistir a lo que los taurinos de ahora llaman una "gesta" o lo que otros denominan "encerrona", y que sirve para que los que no distinguen un burro de un caballo de picar lo repitan una y otra vez; "¿qué tal la "encerrona?¿estuviste en la encerrona?". Pues a estas dos preguntas yo respondo: mal y sí. Mal porque no creo que Alejandro Talavante sea torero para seis toros, él solito. Realmente no creo que haya ahora mismo ningún matador que pueda lidiar, torear y matar a estoque seis toros. Hoy en día esto es sinónimo de a ver si de entre todos sale uno o dos y araño dos orejitas, salgo por la Puerta Grande y a funcionar. No sé lo que será para otros pero, para mí, una corrida de seis toros para un matador supone que éste sepa enfrentarse al toro bueno, malo, regular y al indiferente, dándole a cada uno lo que necesita, con variedad en las suertes, conocimiento de la lidia y ganas, muchas ganas.

De todo esto creo que Talavante se dejó casi todo en el hotel, y es una lástima, la verdad. Recuerdo aquel novillero que un día llegó a Madrid, montó la muleta y se puso a torear como si nada, pero con mucha verdad. Y esto que podía parecer un espejismo, lo repitió otra vez, ya de matador de alternativa, y demostró cómo se torea y que el camino que había elegido era el más duro, pero también el más puro. Pero está claro que ha cambiado de rumbo y ha optado por la autopista, aunque no sepa dónde le llevará.

El domingo pasado tuve la sensación de ver un torero acabado, aunque no me gustaría pensar eso. Parecía que lo mejor que podría hacer es apartarse durante uno o dos años, pensárselo, recapacitar y ver los vídeos suyos, no tiene que irse más lejos, y darse cuenta de lo que es capaz de hacer con una muleta y un capote en las manos. Porque ese toreo con marcha atrás no es el que hemos visto otras veces, ni esa forma de tirarse a matar con el freno de mano echado. Y no es porque tuviera delante una corrida infame a la que no se pudiera meter mano por ningún sitio. Aunque no fueron peritas en dulce, si que fueron toros para poder hacer bastante más, justitos de todo, de tipo, de fuerza, de picante, incluso algunos pasaban la línea esa de "justitos". El único que no estaba por ayudar era el viento, que sí fastidió lo suyo, pero no sirve como excusa. Y los que tampoco estaban para fiestas eran los miembros de la extensa cuadrilla, ni picadores, ni banderilleros y si se me apura, ni el que lleva el botijo.

Fuimos con ilusión y volvimos, yo particularmente, acordándonos del chico aquel que una tarde de seis toros empezó con el primero su lección de tauromaquia y acabó con el último; toreando bien a los buenos, lidiando mejor a los regulares y pudiendo a aquel manso "pregonao" al que le dió una lidia de libro y además contó con unas cuadrillas que no querían quedar fuera de la foto, colaborando a convertir una "gesta" o una "encerrona" en una verdadera tarde de toros, la de Joselito el dos de mayo y punto.


1 comentario:

Carlota Bloom dijo...

"De azul se arrancó el toro del toril...", dijo Rafael. ¡Esto es arte y lo demás es cuento! (Lo digo por la pintura y no por el T
Talavante) Por cierto, espero que esto no sea un aperitivo de mayo. ¡Viva el 6!