lunes, 24 de agosto de 2009

Tarí tarí tarí… el toro ya está aquí


De eso se encargó Ana María Cascón, de criar, elegir y mandarnos un toro de verdad, que nos hizo olvidarnos del tremendo calor que hacía en la plaza de Madrid. Pero que esté tranquila la ganadera, que no le vamos a pedir que todos sus pupilos sean igual de aplicados. Eso es como pedir a la Consejería de Educación que todos los niños nos salieran como Einstein o Picasso.

El joven con cuatro añitos cumplidos en julio, se llamaba Buscón y ya de salida le dio que hacer a Francisco Javier Corpas, que no fue capaz de fijarlo en su capote a base de mantazos. En esto que asomaban los picadores y allá que se fue el toro para empujar como un león, o mejor dicho, como un toro bravo. El picador, José María Expósito, debió pensar que se le venía encima un mercancías, pero sin amilanarse lo más mínimo, le cogió muy bien y aguantó los embites en la puerta de toriles, evitando un derribo que ya estaba cantado. Podía parecer que Buscón apretaba a favor de querencia, pero en la segunda cita con el caballo totalmente a contra querencia empujó igual o mejor y casi consiguiendo descabalgar al picador. Pudo haber habido una tercera vara, pero ésta quedó en el limbo del señor presidente. Tal brío no era fácil de convertir en arte, aunque el de Ana María Cascón sólo pedía que alguien se plantara delante suyo con los pies clavados en la arena y le dijera por dónde tenía que ir. El encargado de ello era Francisco Javier Corpas, quien se limitó a poner la muleta y a dar trapazo tras trapazo. Sólo en una tanda de naturales estuvo un poco a la altura de las circunstancias. A un animal con esta categoría no se le puede andar intentando engañarle con el pico de la muleta aceleradamente. No se puede estar todo el día pidiendo que el toro se mueva y cuando sale nos rebasa por delante y por detrás y por la derecha y la izquierda. El cierre a tal recital de trapazos y de embestidas de enorme calidad no fue otro que una media caída, ¡a la suerte contraria! ¿El premio? Una oreja, y como aquí a lo que se viene es a eso, pues ya está, lo de torear es otra cosa.

El confirmante Carnicerito de Úbeda, con nombre de regusto torero, evidenció la falta de contratos. Apuntó que su idea del toreo no es la misma que la de Corpas, pero no lo pudo demostrar con ninguno de sus dos toros. En el primero algo más claro no acabó de confiarse y sólo nos dejó varios naturales que nos hizo esperar más y con el segundo no se podía hacer demasiado. Si con uno se vieron detalles, con el otro sólo pinceladas. Pero como se decía antes, no me importaría volver a verlo, aunque creo que no nos lo permitirán.

Serranito reivindicó su condición de torero modernista que se mueve como pez en el agua entre retorcimientos, toreo desde la lejanía, abuso del pico de la muleta para vaciar las embestidas hacia fuera e intercalando esas feas carreras entre mantazo y trapazo.

Pero también hubo una corrida de Juan Luís Fraile muy en el tipo Graciliano, que no respondió a la expectación que tuvo en otra época, pero que fue una corrida de toros de verdad, con sus problemas y dificultades, incluso a veces con toros complicados, pero al fin y al cabo fueron toros y como tales, dignificaron a sus tres matadores, porque lo hicieran mal, bien o regular, tuvieron que enfrentarse a toros. Eso sí, sin indultos, ni tratamiento de ¡Oh, Augusto Máximo de la Tauromaquia!

1 comentario:

Xavier González Fisher dijo...

'De un toro bravo, te libre Dios...' Son tan raros los que ya salen, que cuando les tocan a los toreros, no saben que hacer con ellos. Sueñan y se preparan para los 'toros artistas', los que se dejan hacer 'verónicas de alhelí', sin tener en cuenta de que esto, en principio y en final, se trata de lidiar precisamente toros bravos.

Saludos desde Aguascalientes, México.