lunes, 20 de septiembre de 2010

Ni cornadas, ni marrajos


En este mundo de los toros en el que muchos nos empeñamos en habitar, son muchas las dicotomías inexactas que se plantean como una raya en el suelo que no se puede traspasar sin riesgo de que te tachen de blando y mojigato o de duro inmisericorde. Como suele suceder, nada es blanco o negro, entre medias hay muchos matices y muchos colores.

El verano ya está finiquitado, la temporada pega el último respingo con multitud de festejos de las ferias de la Meseta y el final en Zaragoza, aunque no sea una feria que cuiden las figuras. Como todos los años casi desde que el toreo es toreo, estas fechas coinciden con un perverso incremento del número de toreros cogidos, y casi de la misma manera, con la gravedad de los percances, siendo en muchos casos, en demasiados, cornadas que hacen peligrar seriamente la integridad de los toreros.

Y aquí es donde nos encontramos con una de esas líneas que de forma maniquea quieren organizar el mundo. No es poco frecuente ver cómo a consecuencia de una cogida grave hay voces que desahogan su angustia mirando a los aficionados más exigentes y les dicen esa frase tan odiosa de: “Estaréis contentos, ¿no? O ¿ya estáis satisfechos? Pues la respuesta a ambas interrogantes es no, no y otra vez no. Todavía no nos acabábamos de reponer del impacto de las imágenes de Luis Mariscal, cuando nos volvió a trastocar el ánimo ver como Jesús Márquez se agarraba el muslo y cómo la pierna se le teñía, casi de repente, con la sangre que sólo pudo detener a medias la mano de un compañero, evitando que por ese boquete se les escapara la vida.

Pero afortunada o desafortunadamente, el aficionado graba en su mente las cogidas, y aunque el tiempo pueda deformar la imagen, lo que no consigue cambiar son las sensaciones que el hecho dejó en él, con el agravante de que cuanto más toros se ven, más se agudiza la vista para ver por dónde entró el pitón.

A lo largo de los años he tenido la mala suerte de ver cogidas de todos los estilos, la de Curro Vázquez en Madrid, el bautismo de sangre de Joselito, Israel Lancho, el Bote, El Campeño, el Ruso, Perera, Rafael Cuesta, Aparicio y muchos más. Incluso en mis años mozos en tres tardes de San Isidro tuve que irme a casa dos de ellas antes de tiempo por estar los tres espadas en la enfermería. Y todavía recuerdo cómo los mismos que culpaban a los más exigentes de las cogidas de cada matador, eran los mismos que exigían que se concluyera la corrida y que empezaban a desconfiar de la magnitud de los percances, pero eso fue hace mucho tiempo.

No creo que nunca nadie con las facultades mentales en orden disfrute al ver a un torero por los aires a merced del toro. Pero tampoco se pueden confundir los términos y cambiar la escala de valores de las corridas de toros. El objetivo final no puede ser el que los toreros salgan ilesos, lo cual es sencillo: no se sale al ruedo y asunto resuelto, el fin es someter a un animal que acomete por naturaleza, de acuerdo a los cánones que rigen la fiesta desde hace décadas. Pero si los hombres de luces optan por dedicarse a la lidia del toro bravo, también tienen que asumir el riesgo que esto conlleva, siguiendo las normas básicas de la tauromaquia clásica. Ese respeto y esa fidelidad a esas leyes del toreo son las que convierten al torero en un ídolo al que se venerará y dará el tratamiento de maestro por el resto de sus días.

Pero no nos dejemos llevar por el error y pensemos que el aficionado quiere ver gladiadores que se enfrentan al toro en pelea singular, y que, cuanto más fiero, violento y agresivo sea, mejor para el espectáculo. No creo que un aficionado disfrute viendo a un hombre a merced de una fiera, todo en su justa medida, pero lo que tampoco es admisible es pasar de raíz al polo opuesto y empezar a pensar en el torero como en un vecino muy allegado, y creer que el toro sólo tiene que ir y venir entre los vuelos de la muleta, sin tan siquiera insinuar un mal gesto.

También es frecuente después de una corrida de esas que cazan moscas con los pitones y con las que bastante es el poder salir andando de la plaza, tener que escuchar eso de: ¿Así os gustan los toros? Ahí tenéis esos toros que es imposible torear. Pues en este caso las respuestas por orden de enunciado son: no con excepciones y sí. No es que el aficionado esté como loco por ver una mansada, pero si ésta es encastada y la otra opción es ver una reata de bobaliconas babosas soporíferas, pues la elección está muy clara. Y al contrario de algunas creencias populares, ese tipo de toro sí que se puede torear; otra cosa es que únicamente se considere torear a pegar derechazos y derechazos, con algún que otro natural y más pases de pecho de los que aconseja el buen gusto.

Así que espero haber aclarado algunas dudas y dejar claro que lo que más gusta al aficionado es ver torear y cuanto más bonito mejor, pero siempre pensando en el toro íntegro y encastado, no en un carretón empujado por un vecino. Que este mismo aficionado unas veces disfruta, otras se emociona, otras se queda mudo y otras se le seca la lengua contando las hazañas de su ídolo, pero lo que nunca espera es aburrirse en una corrida, tal y como suele ocurrir en nuestros días cuando se acartelan las figuritas con los pupilos del monoencaste imperante. Así que a ver si ya hemos logrado dejar claro que no queremos ni cornadas, ni marrajos.

14 comentarios:

Antonio Díaz dijo...

Estoy de acuerdo y firmaría casi todo, como de costumbre. Si acaso discrepo en el tema de los marrajos. A mí si me gustan, conste que no quiero una corrida con seis marrajos, pero pienso que estos toros miden el oficio, la valentía y el poder de los toreros. Del mismo modo que puedo disfrutar viendo un gladiador enfrentado a una fiera. ¿Acaso no fue eso lo de Rincón y Bastonito?


Los taurinos han desgastado tanto la palabra `arte´que ya sólo me causa aborrecimiento, asco y vómitos. Está comprobado que el arte en estos momentos, y con contadísimas excepciones como Curro Díaz o Aparicio, es la fórmula que utilizan los taurinos para camaleonizar el fraude y la mentira.

Así que yo digo marrajos sí; cornadas no.


Saludos

Anónimo dijo...

El pasado día 5 falleció, con sólo 19 años, el piloto japonés Shoya Tomizawa tras sufrir un espeluznante accidente durante la celebración del Gran Premio de San Marino ¿son culpables los amantes del motociclismo? ¿sería licito “trucar” las motos para que corriesen menos y evitar accidentes semejantes? ¿lo admitiría algún piloto o correría intencionadamente por debajo de sus posibilidades para disminuir el peligro?
El motociclismo, como el toreo, es una actividad de riesgo y los profesionales que deciden hacer de ella su medio de vida, lo hacen por su propia voluntad y hay que exigirles que la
ejerzan con dignidad y con la verdad por delante.
¡Ya está bien de criticar a los aficionados que sólo exigen que se cumpla el Reglamento y denuncian el fraude existente!
Lupimon

Enrique Martín dijo...

Antonio:
Claro que me gustan los marrajos, pero en la misma medida que a tí. Pero te pongo el ejemplo de aquella tarde del 2 de mayo de Joselito, que lució quites de todas clases, toreó cuanto quiso y cortó las orejas que le dió la gana, pero yo me sigo acordadno de aquel manso, manso, mansísimo, con unas ideas de hijo de Satanás de no te menees y al que no había manera de acercarse. Pues todavía vibro con aquel recuerdo y aquella pelea para dominar a aquella fiera. El par fallido de Carretero y el gran par que puso después, jugándose todo con dos palos en las manos. Claro que así dan la medida. Con unos se ve que bien torean y con los otros si son buenos toreros. Y Rincón para mí no fue gladiador, en el sentido de ponerse ahí a ver qué pasa, fue un torero que aguantaba lo que fuera allí plantado y con torería, sabiendo lo que se hacía y que si se despistaba un segundo igual se iba al hule. Pero es verdad eso de que ahora el arte está prostituido. Para estos modernos el arte es sinónimo de amaneramiento y posturas de vodevil, que no de torero. Así que apúntame a eso de marrajos sí, pero no siempre. Aunque volvemos a lo mismo, que no es todo blanco o negro; en la variedad está el término justo y en la fiesta de verdad había mucha variedad.
Muchas gracias por volver por estos barrios. Un saludo

Enrique Martín dijo...

Lupimon:
Seguro que nadie desearía esa tremenda desgracia del piloto japonés, pero es lo que tú dices, que son actividades con un riesgo enorme y que sí que se puede reducir al máximo, pero entonces estraríamos hablando de otra cosa. Un saludo

eltorodelajota dijo...

Coincido en todas vuestras reflexiones. La magia de esto es no saber qué va a salir de chiqueros y torear en función de lo que se tenga delante. Aunque algunos se empeñen en torear siempre el mismo tipo de toro o hacer la misma faena a todos los toros.

Por un momento, me pongo a pensar en algunos de los momentos en los que me he emocionado viendo una corrida de toros, y casi todos estos pasajes coinciden con toros complicados, con problemas por resolver, y con peligro evidente.

Bastonito que nos recuerda Antonio, el 6º de banderillas negras de la goyesca del 2 de Mayo que puntualiza Enrique... son dos ejemplos clarísimos. Otro ejemplo más reciente, probablemente lo que más me ha llegado esta temporada, el tercio de banderillas de Casanova y Arruga a un toro de Palha de asquerosas intenciones y ganas de hacer sangre.

Saludos

Enrique Martín dijo...

David:
Leyendo lo que dices y tu recuerdo a esos dos toreros que alguno llamó tontos, podemos llegar a la conclusión de que al toreo no se le puede quitar la emoción, porque si esta desparece irrumpe el sopor y la vulgaridad.
Un saludo

David Campos dijo...

Enrique:

La emoción es al toreo lo que la sal a las comidas. Si falta, todo lo que se haga, lógicamente, se convierte en una sosería.

A mi Ponce me aburre soberanamente y no me dice absolutamente nada, pero he de reconocer que en Bilbao con la corrida del Puerto se tuvo que fajar con los toros y darles la lidia que éstos pedían, incluso con el que metió en la enfermería a Iván Fandiño.

Aunque parezca mentira, un tío al que desde hace tiempo no presto atención, me tuvo pendiente de él porque hubo emoción, transmisión de que el toro es un animal con el que hay que estar con los cinco sentidos.

Un saludo!

Enrique Martín dijo...

David:
A raíz de lo que dices me acuerdo de una entrevista a un corredor en Pamplona, en el que el entrevistador preguntó si el encierro había sido emocionante. Y la respuesta no podía ser otra, todos los encierros son emocionantes, si hay un toro, hay emoción. Y es que estoy contigo en que este arte es tal si hay emoción, si no se convierte en un ballet sin la delicadeza y ligereza de la danza y con una música bastante menos sugerente que el Lago de los cisnes. Pero mira tu por dónde, que los profesionales quieren minimizar esta emoción.
Un abrazo
PD: A pesar de todo, seguimos teniendo esperanzas con nuestro Aleti ¿no?

Lola MU dijo...

Aristóteles lo dijo y es cosa verdadera....que en el término medio está la virtud ¿no?
Un beso.

(¿Te acuerdas de Paco Ibañez?)

David Campos dijo...

Enrique:

¡Por supuesto! El Atleti es siempre emoción, pase lo que pase. De momento el Barcelona está por debajo de nosotros en la clasificación y el "otro" da pena.
Atleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeti!!!

Enrique Martín dijo...

LolaMU:
Pero que difícil es ese término medio, que complicado es llegar al punto justo. Y no te creas que soy un conocedor de la música de Paco Ibáñez, es más puede que conozca sus canciones, pero uno de mis muchos defectos es que no me aprendo las letras, excepto las de Serrat. No me preguntes por qué, pero es así; incluso las de las canciones aprendidas de niño para cantar en el coro en el colegio, las he olvidado. Así que creo que te he fallado estrepitosamente.
Besos.

Enrique Martín dijo...

David:
No nos dejemos venir abajo por dos días malos, seguro que habrá más días malos, pero sigue teniendo buena pinta. Por lo menos, aunque perdamos, no es la vergüenza de otros años.
Cuanto mérito tiene seguir así al Aleti desde lejos. No desfallezcas.
Un saludo en rojo y blanco

Iván dijo...

Enrique no tiene bastante con las entradas de lujo, que encima le llueven comentarios de pata negra.
Sinceramente, ya no se que decir.
Creo que lo podéis decir más alto, pero nunca más claro.
Conectando impresora para luego imprimir y guardar.
Un abrazo y una vez más, GRACIAS por esas palabras desnudas.

Enrique Martín dijo...

Iván:
Ya sabes que los que hacen mejor este blog son los que me dejáis vustras opiniones, los mismos que a mí me impulsan a seguir adelante.
Un saludo

PD:: Como me sigas tratando de usted, entonces si que nos vamos a ver las caras; que tampoco me veo yo tan mayor.